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La balada del desierto (1970)

La balada del desierto
Trailer
7.3
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Sinopsis
El explorador Cable Hogue es abandonado en medio del desierto por sus crueles compañeros Taggart y Bowen, que le arrebatan la montura, el rifle y las provisiones. Después de caminar bajo un sol implacable durante cuatro días, cuando ya está al borde del colapso, nota que sus botas están húmedas... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Ballad of Cable Hogue
Duración
121 min.
Guion
John Crawford, Edmund Penney
Música
Jerry Goldsmith
Fotografía
Lucien Ballard
Productora
Warner Bros. Pictures
Género
Western
"Peckinpah coloca en mitad del desierto un amor acosado por la derrota. Un oeste decadente, abandonado por los héroes y acosado por la llegada del automóvil, es el escenario para una cálida fábula de crepúsculos"
[Diario El País]
"Simpático y nostálgico western que no llegó a más debido a innumerables problemas de producción"
[Diario El País]
8
El último hombre libre
El viejo Sam rodó “Grupo salvaje” y “La balada de Cable Hogue” a piñón, sin apenas descanso. Incombustiblemente fiel a su tono crepuscular, Peckinpah añade esta vez un complemento tragicómico a su peli con el que le guiña un ojo al spaghetti-western y suaviza, hasta cierto punto, el componente violento y elegíaco de su trabajo anterior.

Se trata, pues, de un film más personal, íntimo y nostálgico. Pocos como el californiano consiguieron escanear con ese peculiar lirismo el espíritu de unos hombres tan rudos como cándidos, de unos hombres condenados a escuchar el canto del cisne del far west. Cable Hogue encarna a las mil maravillas la figura del perdedor, del desarraigado, de esa voz que clama inútilmente en el desierto ante el advenimiento de una nueva era. Pero no todo acaba ahí. “La balada de Cable Hogue” es, ante todo, una entrañable historia de amor entre un trotamundos y una furcia de buen corazón. Diálogos tan breves y contundentes como el que podéis leer a continuación constatan mis palabras.

Cable: Estás preciosa.
Hildy: Ya me has visto antes.
Cable: Hildy, a ti nadie te ha visto antes.

Tal vez la peli de Peckinpah no sea una obra maestra. Me importa un rábano. Cualquier espectador puede contener la risa ante la ingenuidad de esos zooms dirigidos hacia la generosa regatera de Stella Stevens (menudo bomboncito, por cierto) o ante esas carreras a cámara rápida tan propias del cine cómico. Pero... ¿alguien conoce a un hombre capaz de vestir unos calzoncillos largos con mayor dignidad que Jason Robards?. Yo, no.
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88 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
“Supongo que con la muerte a uno se le pasa todo”.
Jason Robards empezó siendo Cable Hogue cuando interpretó a Cheyenne de la mano de Leone en “Hasta que llegó su hora”. Allí, Sam Peckinpah, igual que muchos mortales demasiados blandos entre los que me incluyo, se enamoró de un personaje que tenía el Oeste pegado hasta en la médula. Jason Robards es el personaje que mejor define la idea crepuscular que Peckinpah convirtió en su sello.

Esta Balada es un claro ejemplo de cómo se puede rodar el Oeste fuera de los tópicos. Es más, es una Balada llena de frases memorables, de encuentros entrañables y de una vendetta que como siempre pasa en el desierto, hay tiempo de sobra para ser cumplida.

Peckinpah usa en esta cinta, diferentes recursos nada comunes en su filmografía, que aunque a mi entender perjudican el producto final, liberan a la historia de la tragedia que siempre supone el final de una era.

Al final, un granuja y perfecto David Warner recita el panegírico más hermoso que yo recuerde. Es el panegírico perfecto para el Oeste del único director que por derecho propio mereció recitarlo.
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52 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil