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Crítica de Quatermain80
Madrid, España
7
La brigada suicida
La brigada suicida (1947)
  • 6,7
    540
  • Estados Unidos Anthony Mann
  • Dennis O'Keefe, Mary Meade, Alfred Ryder, Wallace Ford, ...

IMÁGENES QUE VALEN MÁS QUE MIL PALABRAS

11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Y en este título condenso el juicio que me merece esta obra del clásico Anthony Mann; en efecto, la película, que visualmente es deslumbrante, que cuenta con buenas interpretaciones, ásperos y creíbles diálogos, así como una maravillosa puesta en escena y ambientación, no alcanza la categoría de perfecta a causa de los vicios característicos de los filmes propagandísticos con afán de veracidad documental. Dicho afán se traduce aquí en el empleo abusivo e innecesario de la voz en off, que subraya y reitera lo que Mann nos muestra ya perfectamente en imágenes.

Hecha esta salvedad, la cinta me parece magnífica, con una estética y unos valores formales muy dignos de tener en cuenta. La fotografía, en primer lugar, a cargo de John Alton, es de una nocturnidad impresionante, aportando una iluminación de corte tenebrista, con rostros que parecen surgir de la más profunda oscuridad. Mann aprovecha esto como pocos, componiendo unos planos de enorme dramatismo en los que el entorno y la ambientación tienen un peso fundamental, influyendo así directamente en la percepción del espectador. Esta será una característica propia del realizador, que aplicará también a sus más famosos Westerns, que serían mucho menos valiosos sin el marco en el que desarrollan sus argumentos.

Ciertamente, la historia desarrollada en el filme es una clara puesta en valor de la lucha del gobierno federal (aquí representado por el Departamento del Tesoro) contra las múltiples ilegalidades y negocios fraudulentos que florecieron en EEUU a partir de los años veinte. El cine había convertido en héroes a muchos Gángsters durante la década siguiente, y es por ello que la reacción de parte de la industria fue realizar películas como la presente, que trataban de encomiar la labor de las fuerzas del orden (dos precedentes claros y tempranos son "G-Men", de William Keighley, y "The great guy" de Blystone).

De entre todos los momentos brillantes del filme, yo destacaría: el comienzo, en el que la unión de atmósfera, ambientación, fotografía y puesta en escena alcanzan cotas virtuosas; la partida de dados en el garito ilegal, maravillosamente concebida e interpretada; un plano en contrapicado, perfectamente iluminado, en el que Bernie y el "Planificador" contrastan billetes a la luz de una lámpara. Por último, el vaporoso asesinato ambientado en la sauna resulta tan brillante como violento.

Magnífica película, innecesariamente lastrada, pero aún así de obligada visión.
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