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Crítica de Quim Casals
Barcelona, España
8
Una lección de amor
Una lección de amor (1954)
  • 6,9
    448
  • Suecia Ingmar Bergman
  • Eva Dahlbeck, Gunnar Björnstrand, Yvonne Lombard, Harriet Andersson, ...

Escenas de matrimonio

23 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
"—Sam, ¿nunca tienes problemas con las mujeres?
— No desde que maté a mi novia. Entonces tu padre, el viejo profesor, operó mi cabeza, fue una bolo…
— Lobotomía.
— Sí, puede que fuera eso. Y le estoy muy agradecido. Sólo pierdo el control dos veces al año."

Si a los espectadores nos preguntaran a qué película o cineasta pertenece el diálogo anterior seguramente casi ninguno acertaríamos a relacionarlo con Ingmar Bergman. Sus escasas comedias, sin embargo, no resultan en absoluto desdeñables y creo que conviene reivindicarlas.

Esta es la más divertida para mí, junto al genial episodio del ascensor en "Tres mujeres", con el que comparte dúo protagonista, y cuenta los vodevilescos problemas de un matrimonio al borde de la ruptura, amenizado con su relación con los respectivos amantes.

Al contrario que en muchas comedias clásicas, la gracia no se busca en la dinámica de una concatenación de hechos que funcione como un mecanismo de relojería —mayormente asistimos a escenas retrospectivas e independientes— sino que se fundamenta en dos pilares: por un lado los afiladísimos diálogos —dónde sorprenden, si nos situamos en el contexto del cine mundial de los 50, las numerosas y nada disimuladas alusiones sexuales— y, por el otro, las interpretaciones.

Como suele decirse, la comedia es siempre cuestión de "timing". Pero Bergman es muy consciente que su tempo característico, en cuanto a planificación y montaje, difiere mucho del de los Lubitsch, Hawks… (o Hitchcock, que siempre he pensado que si se hubiera dedicado más a este género habría estado entre sus grandes exponentes). Sabiamente, Bergman no trata de hacer algo para lo que no está dotado, sino que deja que sean los actores, en el interior del plano, los que lo dinamicen otorgándole el exacto y necesario ritmo que la comedia requiere (justamente lo que hacía Chaplin como actor y que explica, en parte, el fracaso de "La condesa de Hong Kong", al carecer Brando de dicho "timing" humorístico).

Es por ello que los logros del film deben mucho al buen hacer del inseparable y siempre eficiente Gunnar Björnstrand, y de Eva Dahlbeck, una sus musas de su primera época y una artista que, como Carole Lombard o Cary Grant, pertenece a esa rara raza de intérpretes enormemente bellos, pero capaces de llevar a cabo las escenas cómicas más excéntricas y estrambóticas imaginables sin perder en ningún momento la compostura y elegancia. Certeramente también, Bergman confió y delegó en ambos gran parte de la responsabilidad. En su libro "Imágenes" cuenta que, en una escena prácticamente de farsa ante la que estaba bloqueado y creía que jamás podría funcionar, los dos actores le mandaron a dar un paseo mientras la ensayaban. El resultado en pantalla es antológico en su hilaridad, como resulta francamente amena y recomendable la película en su totalidad.

"—Eres iluso, inmaduro, egocéntrico, malvado, voluble y desconsiderado, incompetente en el matrimonio, mimado, vago y simple.
— ¡No soy vago!"
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