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Crítica de moore
Madrid, España
3
Casi 40
Casi 40 (2018)
  • 5,4
    1.077
  • España David Trueba
  • Lucía Jiménez, Fernando Ramallo, Carolina África, Vito Sanz

Siempre se tiene la sensación de que tratar de conquistar un terreno conocido va a resultar más fácil.

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Y por ese motivo nos empeñamos en retomar relaciones con las personas con las que hemos estado o intentado estar. Pensamos que al no empezar de cero va a ser más fácil, no obstante, pienso que se trata de una ilusión engañosa.

Ahora bien, hacer buen cine de dicho tema ya es otra cosa, no me cabe duda de que el cine es tan grande que acoge dicha posibilidad, si bien se trata de tarea ardua (al menos en los ejemplos que yo ahora recuerdo haber visto, y ciñéndonos al cine patrio). Porque todo ese mejunje de reconquistas, nostalgias y emociones reprimidas están cortadas por el mismo patrón. Anticlímax constante, silencios estirados, diálogos y situaciones antinaturales, progresismo acaudalado (que además queda muy bien) y ñoñería por doquier. El centro de Madrid (ya sea como escenario o a través de alusiones, pero ahí está, presente) como símbolo de una postmodernidad en apariencia enrollada y buenrollista, epicentro de un paraíso discreto y escondido, diseñado por y para gente con complejo de bohemia (y sobre todo cartera repleta), pero vacua y artificial en realidad.

El hombre (tímido, pazguato, en apariencia joven con presencia, posibilidades y bondad, pero que parece anulado y del todo timorato, ya que fue abandonado) se reúne con amor de antaño (mujer siempre flamante, da igual carácter, que ha rehecho su vida con alguien más guapo, más fuerte, más rico, más divertido, más todo) a la cual olisquea el culo cual macho en celo. Para él es como una especie de segundo enfrentamiento, nueva oportunidad; contempla, estudia y prueba al adversario para lanzar sus redes al detectar el menor indicio de guardia baja (sí, así ligamos la mayoría de los tíos). Para ella no se sabe muy bien que significa ese reencuentro, puede que nada, mero pasatiempo, ocurrente contratiempo a la acomodada rutina, imagino que agradable pues contiene muchos tipos de ventajas; se me ocurren culto al ego (ella sabe que el tío se cortaría un brazo por estar a su lado toda la vida) y contenedor emocional (una variante de amigo gay que siempre va a estar ahí, cuyos sentimientos son menos importantes que los suyos, - cada hipotética vez que se vean el tío va a estar sufriendo porque le gusta y ella no está con él,-) como las más evidentes e inmediatas. Como el director es hombre, da a entender mejor los sentimientos de él.

Y dicho cuadro es tanto penoso y harto tedioso, por una parte el ochenta por ciento de las conversaciones son insufribles, de esas que gustan mucho a los que tienen el corazoncito partido, que para dos representa un mundo y para el resto nada, y tú tienes que descifrar el encriptado que va de lo cursi a lo dolido, y por otra, la razón por la que me he puesto a ver esta película es por figurar como secuela de la sugerente 'La buena vida', que sí que se puede asemejar a un cine visceral y emocionalmente abierto. Me imaginaba que esta me resultaría peor, pero es que aparte de eso, por no tener nada en común yo ni hubiera adivinado de que las dos películas compartieran alguna relación.
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