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España España · Honor al Sabadell!
Voto de Grandine:
7
Drama Primer largometraje de ficción dirigido por Rithy Panh, el más importante cineasta camboyano, que se centra en las dificultades de una familia cuya vida gira en torno al cultivo del arroz, y que a su vez, sirve como metáfora del sufrimiento y la ausencia de futuro de su propio pueblo durante y tras el genocidio. (FILMAFFINITY)
7 de octubre de 2008
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quizá en las películas de Rithy Panh no encontremos una técnica depurada, una banda sonora destacable o unas imágenes sugerentes, esos pequeños detalles que siempre hacen del cine una experiencia mucho más sugestiva y llevadera, que dotan de virtudes historias y tramas que, sin brillantes recursos que tantos han empleado con pericia, desde Orson Welles hasta Park Chan-Wook, no serían lo que son. Y sin embargo, el camboyano consigue con su "La gente del arrozal" una película tan compacta, como humana y vivaz, sin necesidad de hacer alarde de unos mecanismos grandilocuentes o estilizados.

De hecho, lo más curioso de todo, es que cuando me di cuenta que un film como éste superaba el limbo de la hora y media, creí que sería otro de tantos farragosos trabajos que se desenvuelven sin soltura y sólo apiñan excelsas reflexiones entorno al tema tratado espolvoreándolo todo con un exceso de situaciones que jamás benefician una continuidad en las relaciones entorno a sus personajes y problemas.

Craso error, pues tras la cinta de Panh se hallan las virtudes de un cineasta combativo que mezcla a la perfección el relato de un tema tan curioso como los cultivos de los arrozales y el consecuente drama familiar que todo ello conlleva debido a las apuradas condiciones en que conviven todas esas gentes que hacen de la plantación una de sus principales metas para la subsistencia diaria.

Cuando "La gente del arrozal" concluye, pues, uno sólo puede agradecer que, tras un trabajo tan limitado como honesto, se escondan los mimbres de un cine de un corte quizá más clásico de a lo que nos tienen acostumbrados en oriente, y la compañía de esa familia que pasa por tantas desdichas como intensos momentos haya resultado una experiencia tan gratificante como ejemplar para dar una óptica necesaria sobre otro de tantos rincones desconocidos de un mundo que, a la postre, parece tan insignificante, como auténtico resulta este fabuloso trabajo que ningún aficionado a testimonios tan veraces como el que aquí reside debería perderse.
Grandine
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