Haz click aquí para copiar la URL
España España · Honor al Sabadell!
Voto de Grandine:
8
Romance. Drama Josh (Robert John Burke) es un ex-presidiario que, tras salir de la cárcel con las mejores intenciones, regresa a su hogar natal en Lindenhurst, Long Island. Allí es contratado como mecánico por Vic Hugo (Christopher Cooke), el dueño de un garaje, y se enamora de su hija Audrey (Adrienne Shelly)... Película que supuso el debut de uno de los más admirados directores del cine independiente de los 90. Rodada con poquísimo presupuesto y en ... [+]
13 de junio de 2009
36 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
La sociedad es una mentira. Y no, no lo es desde sus instituciones, sus estamentos o todo aquello que la sostiene. Lo es desde su base, desde su raíz, desde aquellas relaciones que conformadas con pasividad, y mantenidas por pura desidia, hacen de este conjunto algo cada día que pasa más convalesciente, en el que hallar un ápice de realidad o mantenerse a flote no es fácil.
Hartley, desde su inicio, con una conversación entre Audry y, su pareja, Emmet, donde ambos hablan y ninguno escucha, en la que parecen mantener una relación cuyo fin está al caer, pero cuya constante se mantiene a lo largo del film (dos hablan, ninguno escucha), traza un pequeño esbozo sobre lo que a continuación vendrá: lo que en un principio parecía impostura, la execrable mentira de alguien que busca guardar la compostura, se torna con la aparición de su protagonista, Josh, la más absoluta verdad.

Josh no es un tipo que escupa evidencias, ni que se caracterice por alardear de una verdad que sabe no tener: sólo hace, desde sus conocimientos, referencia a todo aquello que ha podido aprender y conocer en un lugar como es el presidio, y en base a ello, se defiende del mejor modo que puede, conociendo hasta dónde puede llegar y, en ningún momento, escondiendo esa gran verdad que le podría cerrar las puertas de esa gran mentira que es la sociedad.
Sin embargo, ahí está Audry. Esa joven que parece encerrada en las necesidades de una familia que ve en ella la posible esperanza de obtener un resultado positivo, en las neuras de un egocéntrico que no parecer querer ver más allá de sus narices pero, sin embargo, conoce en Josh un reflejo en el que potenciar todo aquello real y veraz. Y surge el auténtico torrente de emociones.

Hal Hartley lo describe con el aplomo que sería habitual durante sus próximos films, y nos alienta con esa relación que, lejos de toda esa gran mentira, de la podredumbre que constituyen unas relaciones en las que se remarca constantemente esa vacuidad, logra que los sentimientos salgan a flote, y la increíble verdad para personajes cuya realidad no parecía construida, vuelva a crepitar como si jamás hubiésemos palpado el engaño que expone, gran parte de esa sociedad.
Grandine
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
arrow