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Críticas de deivi
Críticas ordenadas por:
Shutter Island
Shutter Island (2010)
  • 7,6
    119.848
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Emily Mortimer, ...
10
Las HERIDAS pueden provocar monstruos y usted tiene heridas profundas.
Un producto tan educado formalmente como Shutter Island podría pasar a simple vista por ser uno de los trabajos con mayor vocación comercial de Martin Scorsese. Un autor monumental que solo con la imponente firma de su presencia se basta para ser imprescindible dentro de la historia, que el cine, tiene escrita en sus representantes, los cuales no solo engrandecen al medio, sino redefinen conceptos conglomerándolos todos en un arte universal. Esto bastaría para tachar contundentemente la hipótesis inicial de que Shutter Island sea únicamente un concluyente ejercicio de estilo, es más, puede tomarse, si es posible captar todo su contenido en un insuficiente primer visionado, en retrospectiva del pensamiento ideológico de Scorsese, capaz de rodar uno de los mejores ejemplos de perturbación humana y encarar los mecanismos de la locura en un empírico juego de caracteres que, difícilmente, lograrían coexistir en las manos de otro.

La última cinta del genio neoyorquino es la etimología incorporada a un idioma audiovisual que, redefine la sustancia de la que se valen los estudios multifuncionales con propiedades curativas para honrar, intensificar, reforzar al cine. Shutter Island atrapa con psicología terapéutica al cinéfilo que se enorgullece de ello, probando un nutritivo fármaco alucinógeno con el que el realizador de Taxi Driver nos conduce de la mano por laberintos tenebrosos de gótica paranoia interna, y nunca termina de cerrarse en circulares pasillos esquizofrénicos. No hace falta rebuscar en sus brillantes ademanes para etiquetarla como un film deducido de varios ramajes artísticos, resultados de la pintura cubista que solo Picasso enmarcaría en los sueños deformes de un lienzo expresionista, o de la filosofía genérica que reparte el pensamiento de ilustres figuras platónicas – el mito de la caverna y la complicada distinción de lo real y lo que se proyecta como tal- también se acentúan las leyes mecanicistas de Thomas Hobbes – el hombre es lobo para el mismo hombre – o su antagónico derivado de Rousseau – nacemos libres pero por dondequiera que estemos nos encontramos con cadenas, en metáfora del enfermo que es raptado por sus miedos sin ser capaz de afrontarlos- una fuerte capa psicoanalítica del cerebro engañoso que nos impide ver cuál es la absoluta materialidad de las cosas – los recuerdos lynchianos, oníricos del protagonista – y la metamorfosis, mutación de los acontecimientos con repetidos ecos kafkianos.

En un plano exclusivamente óptico, es este, el título más Hitchcokniano de la carrera de Scorsese, en especial sus referencias a Vértigo – toda la parte final – a Recuerda – el confuso vaivén en forma de pesadillas dentro de la cabeza de Teddy, un tremendamente seguro Leonardo DiCaprio – a Rebeca – la desasosegante estampa del centro psiquiátrico Ashecliffe es semejante a la que provocaba la espectral mansión de Manderlay- y los movimientos de especialista superdotado.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corazón rebelde
Corazón rebelde (2009)
  • 6,7
    12.785
  • Estados Unidos Scott Cooper
  • Jeff Bridges, Maggie Gyllenhaal, Robert Duvall, Colin Farrell, ...
7
And the winner is…JEFF BRIDGES.
La sureña geografía USA siempre ha encontrado en los arruinados ídolos caídos de su propia historia americana un género expandido que, puntualmente, y al menos una vez al año, vuelve a recordárnoslo con sus leyendas. Los últimos outsider del mapa polvoriento de territorios secundarios y ambientes rurales se resisten a desaparecer, y con ellos la esencia “indie” de las estrellas country que en el cine han escrito con sus lamentos parte fundamental del poético sonido popular del hemisferio yanqui. El vaquero que lame sus heridas con alcohol y autodestrucción empieza en el western clásico (El quebrado “DUKE” de Hawks, el Eastwood de El Aventurero de medianoche, con el country nuevamente a domicilio, o el Steve McQueen de Peckinpah), y continúa a día de hoy en títulos como este.

CRAZY HEART justifica su estética decorosa de TV movie por el mero sentido de que nada debe ensombrecer el proverbial trabajo de Bridges. El actor se ata los machos para ofrecernos, como no podría ser de otra forma, un largo rosario de matices, un sincero listado de talento con el que viajamos por los lugares más desolados de la cuna del fracaso. Bad Blake intenta en el crepúsculo de su vida poner su cuenta kilómetros a cero con un amor – su ángel de la guarda - inesperado, dejando momentáneamente aparcado en alguna sucia cuneta los fantasmas del alcoholismo, y agarrando con urgencia un tren con vía rápida de redención.

Bridges se deja el alma y la garganta en los punteos desgarrados de un rol con callos en los codos de haberse pasado media existencia apoyado en las esquinadas barras de cualquier tugurio de mala muerte, y con llagas sangrantes a juego con diarreas de whisky o borbotones de amargura en destartalados moteles de carretera. La película del debutante Scott Cooper es un claro ejemplo del tributo manifiesto al deber interpretativo, y no hay casualidad en la veterana presencia de Robert Duvall - uno de los abundantes productores del film - años después de su papel en Gracias y Favores (por la que también ganaría un Oscar al mejor actor), la cual es mucho más que un modelo para Cooper.

Corazón rebelde es, incluso con un itinerario de sobras conocido, una simpática road movie que no tropieza con el sobrepeso moral del melodrama lacrimógeno, y que nos mantiene con deferencia prolongada a ras de un artista musical, Blake/Bridges, maravilloso.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al límite
Al límite (2010)
  • 5,7
    10.907
  • Estados Unidos Martin Campbell
  • Mel Gibson, Ray Winstone, Bojana Novakovic, Danny Huston, ...
7
TODO ES ILEGAL EN MASSACHUSETTS.
Un cada año más en forma Martin Campbell, causante de uno de los mejores números Bond, concretamente el 21, de la historia, vuelve, como ya hiciera para la BBC en la exitosa serie Edge of Darkness emitida por la cadena británica en 1985, a ponerse tras las cámaras en su templada consumación a la gran pantalla. El realizador neozelandés echa, con efectiva maña, el guante al denostado subgénero de venganzas con una astucia gatuna de artesano laborioso, sin dejarse engatusar por las corrientes de lo políticamente correcto se recrea en una película extrañamente anacrónica, la cual podría, evitando ciertas normas presentes del pensamiento activista y de oportuna concienciación ecológica, haberse filmado en los setenta, aunque con la recia y cada día más perdida figura del justiciero firme y obcecado del que el rostro arrugado de una vieja gloria del star system ochentero como es Mel Gibson, extrae todo el material para personificar a ese hombre de una pieza que no descansará hasta encontrar a los asesinos de su hija.

Campbell hace que un producto arropado de inequívoca vulgaridad acabe siendo una gema cortada y pulida con una profesionalidad excelente, no errando en los peligros del moderno cine de acción ni en los planos mareantes que impidan al espectador encontrarse con unos diálogos adultos e inteligentes. Para ello escarba en las posibilidades estéticas del buen thriller político y cambia las tramas de paranoia conspiratoria por las no menos recurrentes del corporativismo nuclear, el negocio armamentístico, y la escrupulosidad inexistente de los gobernantes, que llevarán a toparnos con un alarmista análisis del poder empresarial y las inmorales argucias dentro de las altas esferas. Un trabajo que honra en sus esquemas a un puñado de cintas – el Payback del mismo Gibson y a su vez el original en el que se basó, la sangrante A quemarropa del genial John Boorman - y a las miradas especializadas de cineastas no solo americanos, sino también ingleses, con unas formas muy expeditivas de contar los hechos.

Es un honor pues, que Campbell, ponga sus miras en unos encuadres precisos e impactantes amén de una fotografía extraordinaria de Phil Méheux y, sobretodo, un montaje voluntariamente lento, con un tempo dilatado no apto para generaciones de consolas y espectadores acostumbrados a un planteamiento de la acción completamente diferente, basado en el agotador lenguaje del videoclip y los acoplamientos acelerados de una estructura precipitada que no deje respirar a los protagonistas.

Aquí el salvaje “Mad Mel” rastrea un papel doloroso donde puede lucirse con absoluta tranquilidad, sabemos que el polémico artista es mucho mejor director que actor, pero aun con esas sigue siendo un icono preferente con bastantes más recursos de los esperados.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre lobo
El hombre lobo (2010)
  • 5,1
    14.323
  • Estados Unidos Joe Johnston
  • Benicio Del Toro, Hugo Weaving, Anthony Hopkins, Emily Blunt, ...
3
AULLIDOS ENTRECORTADOS
En la mayoría de los casos cuando un proyecto parte, ya desde sus primeros pasos, con una sucesión encadenada de imprevistos, de contratiempos y reajustes constantes en su desafortunado rodaje, uno puede tomárselo desde dos posturas, una bastante más optimista de poder estar ante una de esas películas malditas que, a base de sacrificios y dificultades consiguen finalmente sobreponer sus titubeos o vacilaciones comentadas en un despropósito extravagante, fallido, pero con dotes para pescar algún escollo de aprovechamiento en sus desvaríos, o por el contrario y, siendo esta la opción más familiarizada, un descalabro tieso y mutilado en donde no solo será dificilísimo sacar provecho sino especulativo el atinar a ubicar la menor coherencia en sus planteamientos. Este último es, y no por esperado o temido menos lastimoso, el carril elegido por The Wolfman. Una cinta que desgraciadamente venía con la predisposición condescendiente de patinar con nota en su retrasado, polémico y recompuesto estreno.

Numerosos cambios en los puestos de dirección, del primeramente contratado Mark Romanek al fichaje residual del insulso de Joe Johnston, reajustes precipitados tanto en las diferentes escrituras del guion como en los insertos desesperados de escenas adicionales, agregados de socorro para rehacer, no solo aspectos técnicos sino también ajustes de montaje - la llamada desesperada de Walter Munch, habitual en la nómina de Francis Ford Coppola - y sospechosos mareos en la responsabilidad final del entuerto no han promulgado, ni por asomo, al desenlace armónico de lo que a simple vista intentaba ser la refundición licantrópica en tono remake directo del clásico de la Universal que inmortalizaría Lon Chaney Jr. en 1941. Si las intenciones eran volver a dar protagonismo al mito del monstruo legendario y a un cine perdido que abogaba por un arte del horror totalmente abolido y gradualmente infantilizado, esta era una excelente oportunidad, pero si pretendíamos llevar el proceso a cabo mediante una arquitectura desfigurada, con olor a gótico de salón, y fundida con soplete de cartón piedra no negaré que la faena les salió redonda.

The Wolfman 2010 convalida el pecado de que una atmosfera sugerente y un atuendo decorativo no son suficientes para camuflar alarmantes carencias y desperfectos en cuanto a un texto unidireccional, simplón y anestesiado y unos personajes unidimensionales que no estimulan o interesan. Se traba en su rudimentaria escritura y en no acertar con la diana que la coloque en el centro de alguna parte.
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El secreto de sus ojos
El secreto de sus ojos (2009)
  • 8,1
    82.541
  • Argentina Juan José Campanella
  • Ricardo Darín, Soledad Villamil, Pablo Rago, Javier Godino, ...
10
Abre los OJOS.
Debemos ser justos con el cine, los amantes del séptimo arte tenemos la tarea de pregonar con enorme satisfacción los elementos que pueden separar la mediocridad predominante de la genialidad mas oficiosa, por eso cuando aparecen riquezas artísticas del tipo El secreto de sus ojos uno siente, con orgullo de espectador, la obligación de recomendar, aplaudir, adular y deificar, los valores básicos que reglan lo que se reconoce, desde los parámetros cinematográficos, como una obra emocionante. En la nueva cinta de Juan José Campanella se dan, en una feliz unión de compromiso, las claves del éxito de lo que viene a llamarse el “toque” Campanella, un director que ha sido muy capaz de transmitir nostalgia y sentimientos en una filmografía inconstante la cual en ocasiones se ha complementado con elevadas dosis de glucosa, pero con una especial inclinación al melodrama de personajes, a la participación de los esquemas norteamericanos donde se pueden juntar, en un idioma universal, el mejor canto porteño con la escuela del cineasta clásico que siempre se cuida de tratar con mimo a sus historias.

El secreto de sus ojos raspa con un afeitado impecable los anteriores y esporádicos defectos de la carrera de Campanella para convertir, en este su último trabajo, el mejor ejemplo de sencillez y amor al corazón de una trama excelentemente construida, mejor adaptada de la romántica novela de Eduardo Sacheri, con unos actores prodigiosos, con un profesional control de los resortes técnicos y, especialmente, con la mejor de las predisposiciones para no ceder en el empeño, loable y honesto, de no frustrar al oyente que, sentado en una butaca se deja manipular con gusto por Campanella, y adentrarse en los reductos de un guion de líneas horizontales que se va encontrando por el camino numerosos picos entrecruzados de unas almas vinculadas con el pasado y presente (un montaje que juega con maña y astucia dando una lección de complicidad narrativa), de 25 años de supervivencia.

Hay una secuencia deslumbrante, insólita en nuestro cine, la del enorme plano secuencia (trucado o no, poco importa), en el estadio de futbol donde se desarrollará una escena clave dentro del relato y que rompe de manera impresionante la contención visual del resto de la película. Campanella fascina explícitamente uno de los momentos circenses más espectaculares del 2009 (seguramente haría palidecer de celos al propio Brian De Palma si pudiera contemplar un planazo como el que se ha marcado Campanella),pero no separa lo que guarda implícito en su intriga sentimental, en sus episodios de intima belleza, de paseos por la soledad y la muerte, de coloración noir (o deberíamos decir marrón, la tonalidad expandida por las estanterías de esas cuatro paredes de una gris oficina de justicia, de la cual la fotografía de Félix Monti extrae milagros),y, por supuesto, de sincronización meditada de una humanidad inmejorable.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Chéri
Chéri (2009)
  • 5,3
    1.857
  • Reino Unido Stephen Frears
  • Michelle Pfeiffer, Kathy Bates, Rupert Friend, Felicity Jones, ...
8
LA ARRUGA ES BELLA
Han pasado más de 20 años desde que los nombres de Hampton, Frears y Pfeiffer se juntaran felizmente en aquella extraordinaria adaptación de la novela galante de Choderclos de Laclos que fue Las amistades peligrosas. En todos estos años el director británico ha tocado eventualmente el cine de época con irregulares tonos e intenciones, por eso resulta una grata sorpresa el descubrir como reunirse nuevamente con una de las mujeres más bellas del panorama cinematográfico, le ha posibilitado hacer una nueva exploración de la literatura clásica con la progresista obra de Sidonie Gabrielle Colette como referente, y con los elementos artísticos necesarios para lograrlo de forma deliciosamente lírica.

Chéri, es un valiente y frívolo trabajo de principios del siglo XX escrito con habilidad asombrosa por una de las celebridades femeninas más interesantes y controvertidas de la prosa francesa posterior a la Belle Epoque. Para llevar con ligereza narrativa la fuerte intensidad de sus dos mejores creaciones, Chéri y El final de Chéri, Stephen Frears ha preferido, de una forma arriesgada, bascular entre el acento jocoso y distendido del inicio de la cinta hasta el carácter crepuscular y trágico que, paulatinamente, va haciéndose notar avanzado el relato, eso confiere un atrevido montaje que no da lugar al encorsetado tempo característico de las típicas producciones de época, el cual puede ser visto como un defecto y virtud al mismo tiempo, ya que quizás en beneficio de un ritmo más jovial y dinámico se han omitido partes importantes de la novela y algunos personajes no están del todo desarrollados (como ocurre con la joven Edmée), concentrando en unos calibrados 90 minutos toda la descripción interna de las dos figuras principales.

Como suele ser habitual en este tipo de realizaciones la calidad técnica viene a ser portentosa y fascinante. La fotografía de un maestro de la luz y el encuadre como Darius Khondji nos proporciona momentos extremadamente hermosos que apoyados por la evocadora partitura de Alexandre Desplat resaltan aún mejor las ornamentales sensaciones que funden al arte con el cine, alejando así todo el reguero teatral que podría presagiarse y configurando en la película una cortina de arrebatadora inspiración y plástica elegancia. La finura y esplendor visual no debe minusvalorar la raíz textual que Frears ha sabido promover en gran parte de la historia, sobretodo procreando un papel hecho a la medida exacta de la Pfeiffer, con los matices escénicos de una actriz en plena madurez física e interpretativa que desgraciadamente, de formas involuntarias o no, espacia cada vez más sus apariciones en pantalla.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
En tierra hostil
En tierra hostil (2008)
  • 6,7
    63.958
  • Estados Unidos Kathryn Bigelow
  • Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Guy Pearce, ...
8
Despolitizando a la guerra, humanizando los errores.
La guerra es una droga, una plaga demoledora, un cáncer funesto que raramente podrá ser justificado, pero ante todo es un conflicto político en donde los intereses de estado son manejados aleatoriamente por burócratas asalariados que, desde su posición mercantilista, juegan con jornaleros en campo de batalla, trivializando las decisiones que ponen diariamente en peligro cientos de vidas humanas. La cinta, más visceral que cerebral, que ha firmado Kathryn Bigelow no sermonea sobre los horrores morales de la contienda bélica en Iraq, y no insiste de forma discursiva en los problemas éticos que aprueben o no el drama brutal que la cruda realidad se encarga de evidenciar todos los días. La ex de James Cameron logra en The hurt locker un dispensario harto de cualidades. Rueda desde una perspectiva real la experiencia sofocante de un grupo de artificieros en la angustiante tarea de búsqueda y desactivación de bombas en el terreno hostil de una cobriza ciudad convertida en infierno, donde el peligro puede aparecer en cualquier parte, en cualquier objeto, en cualquier persona, no hay una denuncia reincidente en todo ello, pero es capaz de provocar el rechazo inmediato ante las espantosas sacudidas del dolor al descubierto, raso y extenuante, tomados por la cámara nerviosa de Bigelow con estimulante pinchazo electrizante.

Los recursos conceptuales que llevan a The hurt locker a evitar constantemente los lugares comunes del género, son los mismos que han hecho de Bigelow una de las realizadoras más interesantes del cine moderno. Su percepción cinematográfica no busca la feminidad impuesta y pide un reconocimiento mejor del que hasta ahora le había tocado en suerte, corroborando su compacta suficiencia en un hueco dominado mayoritariamente por hombres. Su entusiasta y palpitante forma de dirigir podría ser una de las causas por las que mantenemos un contacto cercano con los protagonistas, especialmente con el temerario sargento James, soberbio Jeremy Renner, y nos contagiamos sin curación del efluvio de adrenalina que salpica cada carbonizado fotograma.

La desesperanza de unos personajes que necesitan hacerse daño para sentirse vivos – la escena donde borrachos los sargentos James y Sanborn se divierten dándose puñetazos, o como la irresponsabilidad de uno de ellos puede provocar una catástrofe generalizada - que cuando no encuentran respuestas a sus temores solo les queda el compañerismo como vía de coexistencia (en eso Bigelow se guarda muy bien de que sintonicemos con el visceral papel de Renner y admiremos su valentía obligada a modo de coraza aislante y protectora). Hay aspectos que refuerzan la purificadora lección de interioridades a donde nos quiere transportar la brillante autora de Le llaman Bodhi, eso es, un caos de cableado que encienda la chispa que haga estallar el artefacto encrespado, indomesticable e inhumano encerrado en la caja torácica de un cuerpo solido, cálido y temperamental.
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1 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Invictus
Invictus (2009)
  • 7,0
    65.470
  • Estados Unidos Clint Eastwood
  • Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Julian Lewis Jones, ...
7
Soy el amo de mi destino, el capitán de mi alma.
Personalmente y, adelantándome a las voces que creerán ver en INVICTUS un trabajo menor de Eastwood, no creo que allá que valorar su ultimo, y de nuevo eficacísimo estreno, como un paso en falso dentro de lo que viene a ser una carrera tan vigorosa y llena de fuerza que apenas hay laderas en las montañas de una filmografía capital e importantísima. Si hay algo claro en la silenciosa sombra de Eastwood, es su comprometida labor pedagógica con las causas humanas que, en una o en otra parte del mundo, siguen acosando los valores de una esencia que, rehúye del enfrentamiento y alienta la lucha contra las barreras sociales para poder sacar siempre conclusiones benefactoras de las pequeñas cosas.

Un hombre como Eastwood no necesita a estas alturas presentaciones ni de tipo ideológico (sus reflexiones guardan un mensaje de amplio sabor humanitario), ni de conocimientos artísticos (rueda con elegante facturación en tiempo mínimo y con resultados máximos, en este caso apenas dos meses de rodaje le bastan para llevar a puerto un proyecto de ambición media como es Invictus), se sobra de su experiencia meticulosa y prudencia veterana para incluso en sus cintas menos buenas (me niego a hablar de descalabros son mas bien películas no tan redondas, con algunas fisuras e imperfecciones de conjunto, pero de las que no debemos renegar por completo, ya que incluso en obras intrascendentes y alimenticias como Deuda de sangre o El principiante, se suelen encontrar altas porciones de entretenimiento), no defraude ni rebaje un talento al que nos tiene, quizás demasiado, “mal” acostumbrados.

En Invictus el duro creador de Bird expone una línea continua con su magnífica Gran Torino, un punto y seguido al controvertido tema del choque de razas, si en la que supuso su despedida interpretativa se concentraba en la comunidad asiática y los lamentos del Vietnam (la figura de Kowalski) como enmienda de horrores del pasado, aquí es la población sudafricana la que pone de manifiesto la problemática racial entre blancos y negros con el terrible recuerdo del Apartheid como trasfondo. Nos plantea la situación con un inexorable carácter educativo, pero nunca cuestiona los hechos desde un foco político, representa a Mandela como un líder talentoso, convencido de un posible cambio en las mentes de su pueblo, y sin embargo no se excluye la posibilidad de que todo pudo ser un sueño momentáneo (sabemos que la situación actual en Sudáfrica sigue siendo hostil y peligrosa, en donde ahora son la minoría blanca la que padece un rechazo progresivo de la comunidad negra), es por ello que Eastwood utiliza diestramente al deporte como unión fraternal de un país en construcción, débil y rencoroso, y la potente personificación de vínculo que debe suponer la victoria en equipo. También insiste en buscar el perdón por encima del pesar de la venganza (otra norma básica del ideario Eastwood).
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9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Avatar
Avatar (2009)
  • 7,2
    165.709
  • Estados Unidos James Cameron
  • Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, ...
9
EL GRAN AZUL
Doce años después de que James Cameron se autoproclamara rey del mundo llega por fin uno de los eventos más esperados de nuestro siglo (sí, porque aunque parezca mentira desde que aquel famoso transatlántico arrasara con todo y contra todo no solo hemos cambiado de siglo, sino que hemos asistido a numerosos adelantos en las formas de ver y entender el cine), y lo hace de forma tridimensional con intenciones de revolución absoluta en el campo de la tecnología, con un proyecto meticuloso, concienzudo, que solo un pionero de la técnica como Cameron podría poner en funcionamiento así, como de la "nada", con el ruido y expectación mediática que de un megalómano podría presuponerse, y una vez puesto a su entera disposición las más avanzadas herramientas visuales y, otra vez más, un presupuesto de record, el director menos acobardado de la industria estrena juguete nuevo de manera ultramasiva. Y sin necesidades inútiles de analizar si el fin justifica necesariamente los medios solo se me ocurre una onomatopeya para describir mi experiencia una vez terminada su película: ¡guaaaauuuu! No podría expresarlo con mayor claridad que la que representa la exaltación de un niño desbordado de entusiasmo, ebrio de ilusiones y aventura, aun sobrecogido por el ESPECTACULO extrasensorial que me ha devorado durante 162 minutos de mi vida, para zambullirme sin coartadas de arrepentimientos en un universo infinito y fluorescente llamado Pandora.

Avatar es un paso de gigante en el campo de la revolución digital, crea una ciencia cinematográfica con posibilidades futuras imprevisibles, pero revulsivas, que dan un significado distinto al cine en tres dimensiones y potencia un momento de cambio en el arte del imperio informático que avisa de que al cine todavía le quedan multitud de vías por explorar que amplifiquen su condición de fábrica de sueños. Una obra rupturista que podría honestamente ser equiparable a la irrupción del Cinemascope en los años 50, o los primeros efectos especiales vistos en pantallas con obras tan vinculadas a esta como fueron La guerra de las galaxias. No debemos obviar el hecho de que Cameron es un cineasta hermanado con los modernos adelantos técnicos que de una forma u otra han desatado un hit dentro del campo infográfico, Terminator 2 y los logros en el empleo del agua digital en Abyss, pero que nunca han ocultado su pasión por las historias clásicas que le dan el apelativo de ser un verdadero romántico dentro del sistema. No podremos negar que lo que cuenta en Avatar no se haya expuesto antes, pero de ahí a considerarlo poco creativo o simplista hay un cosmos que no devalúa en absoluto las sensacionales nociones de estar ante una proeza épica “Bigger than life” de la que uno solo debe sacar conclusiones optimistas ante lo que este novedoso formato puede venir a perfeccionar o fomentar en los próximos tiempos.

Continúo en spoiler por falta de espacio
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lluvia de albóndigas
Lluvia de albóndigas (2009)
  • 6,1
    15.507
  • Estados Unidos Phil Lord, Christopher Miller
  • Animation
7
MI REINO POR UNA SARDINA
Existe una pugna encolerizada entre los poderosos estudios de animación por conseguir con sus flamantes y novedosas propuestas tridimensionales un triunfo que, gracias al ingenio de Pixar, no solo pasa por ser meramente comercial (los dibus siempre han sido un valor seguro para la taquilla), sino afortunadamente artístico, encontrándonos actualmente en un excelente pique animado de dibujantes y directores con entusiastas ganas de competición para ocupar un hueco digno en el medallero que, todavía Pixar monopoliza con ventajosa distancia. Pero de todas las divisiones pertenecientes a majors que últimamente han sucumbido al apetitoso universo de la animación, Sony Animation comporta un curioso escaño con respecto a las más consagradas Dreamworks o Blue Sky (perteneciente a Fox), que amasan millones con cintas bastante más pobretonas en ideas (la secuela como único estandarte), que las hasta el momento interesantísimas llamadas de atención que Sony nos ha dosificado inteligentemente, véanse Monster House con el terror clásico de contrapunto o sobretodo Locos por el surf, extravagancia casi documental, para dar buen recaudo de ello.

Lluvia de albóndigas, basada en un popular cuento americano de Judi y Ron Barrett, decreta una simpática parodia del cine de catástrofes que sin duda haría las delicias de Roland Emmerich y de sus obsesiones destructoras, vamos, algo así como el 2012 de los tragaldabas, y logra algo tan simple como escaso en los últimos eventos 3D de buscar fuentes clásicas de ayer y hoy para forjar su propuesta sin caer en las fáciles tentaciones de imitar a sus oponentes. Vemos una clara referencia de cartoon loco y divertido, de sabrosísimo color pastel y alma en dos dimensiones, al pincel de Hanna-Barbera, a las numerosas peripecias de inventores chiflados de la Disney, el Flubber de Robin Williams sería el alter ego perfecto de nuestro protagonista, y al humor desmadrado de las Supernenas o la dinámica garra de excitación constante de los personajes de la Warner.
También notamos un encantador afán de denuncia en su sencillo, pero agradecido mensaje contra la comida basura, los malos hábitos alimenticios y la obesidad (ese orondo alcalde de Swallow Falls erigido en locuaz malvado de la historia), y despuntamos una retahíla entrañable de personajes secundarios que merecerían por sí solos capítulos aparte, el policía local doblado en su versión original por Mr.T, el cámara, medico y piloto Manny, el pescador padre de Flint (con algunos de los mejores gags de la película) o el ex niño pródigo Baby Brent, emblema del pueblo de las sardinas. Lástima que se centren más en la patosa chica del tiempo y su romance con esta variante de Jimmy Neutrón que es Flint, un héroe capaz de manar comida desde las nubes y salvar al mundo del ocaso sin tener nada que envidiar al mismísimo Bruce Willis.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Memphis Belle
Memphis Belle (1990)
  • 6,3
    2.765
  • Reino Unido Michael Caton-Jones
  • Matthew Modine, Eric Stoltz, Tate Donovan, D.B. Sweeney, ...
7
La última misión de la Fortaleza voladora
En un encomiable y sincero intento de revivalismo, el director Michael Caton Jones homenajeó, con artesanal esmero retro nostálgico, al espíritu nacionalista de fuerte carácter patriótico que poblaron las innumerables cintas marciales del Hollywood de los años 40, y que ensalzaron de forma contundente el compañerismo y la heroicidad de los soldados en duros tiempos de guerra. Lo hizo en base al documental rodado en 1944 por William Wyler sobre el mítico bombardero estadounidense Memphis Belle, el cual fue una de las fortalezas aéreas más conocidas durante la Segunda Guerra Mundial a manos de los aliados norteamericanos. Aquel bombardero B17 vuelve a ser el absoluto protagonista de esta simpática aventura que recupera el aliento épico de las hazañas bélicas de tebeo, en donde la joven tripulación del Memphis Belle deberá afrontar su última y difícil misión antes de poder volver a casa. Los valerosos y temerosos hombres tendrán el cometido de bombardear la ciudad sajona de Dresde (uno de los más polémicos ataques de la historia), hostil territorio ocupado por los nazis, y que pondrá a prueba su capacidad de respuesta ante tan dolorosas circunstancias.

Lo que a muchos les pareció un pobre y anticuado ejercicio tradicionalista trillado de tópicos, a otros nos sugirió una muy interesante propuesta demodé, que medía perfectamente los elementos del clasicismo bélico, al mismo tiempo que portaba de una estética engalanada gracias al mimado uso de maquetas y la clara exposición de las batallas aéreas. Un correctísimo film que sin necesidad de ser trascendente supo dar justo reconocimiento a épocas pasadas, y ser a día de hoy, un sentimental recuerdo de ese arte que no necesitaba imperiosamente pasar por retoques digitales, ni por acelerados procesos de montaje hiperrealista, para despertar emociones en contra de futuros ejemplos en el género demasiado ocupados en remarcar modas actuales cercanas al videojuego.

Caton Jones reunió un adecuado cast de jóvenes promesas, algunas con carreras más afortunadas que otras (Eric Stolz, Matthew Modine, Billy Zane), con veteranos no demasiado estelares (John Lithgow), y un profesional equipo técnico compuesto por el magistral director de fotografía David Watkin o la partitura musical sinfónica y espectacular del británico George Fenton, así con todo, y sin demasiado esfuerzo, el autor de Rob Roy procreaba su mejor trabajo dentro de una pobre e insatisfactoria filmografía, y dejaba un agradable regusto añejo a estilos de antaño, que desgraciadamente, han sido ya, injustamente olvidados.

LO MEJOR: La concienzuda recreación de la época, la precisa reconstrucción del célebre bombardero, la enfática y trepidante banda sonora de Fenton y su suave mensaje sobre la amistad y las inseguridades de los púberes combatientes.

LO PEOR: Cierta banalidad narrativa en la descripción de algún que otro personaje y su poca contundencia de conjunto.
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11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Confidencias
Confidencias (1974)
  • 7,4
    2.144
  • Italia Luchino Visconti
  • Burt Lancaster, Silvana Mangano, Helmut Berger, Claudia Marsani, ...
9
RETRATOS DE SOLEDAD CON INQUILINOS AL FONDO
Sin duda hay frases que reflejan a la perfección la personalidad intelectual de un artista. Luchino Visconti era un especialista en narrativa profunda y convertía, con sombría lucidez, la literatura más barroca en intensas imágenes de fuerte impacto emocional. Así fue en su penúltimo trabajo cinematográfico, Gruppo di famiglia in un interno, A.K.A. Confidencias, de la que cito textualmente: (El Profesor): “Los cuervos vuelan en bandada; el águila vuela sola”; (Konrad): “Pero en La Biblia está escrito, ¡Ay del que esté solo!, porque cuando caiga no habrá nadie dispuesto a prestarle ayuda”. Con estas significativas palabras el maestro encerraba gran parte de su filosofía, de su arrollador universo y de su lúgubre corazón al descubierto. Visconti vendría a contarnos el mortuorio camino de un lobo solitario, El Profesor (genial Burt Lancaster), y su difícil coexistencia con unos peculiares inquilinos, los cuales habitan en el piso de arriba, y que vendrán a importunar su pacifica y erudita vida como coleccionista de arte.

Formidable retrato humano el de una película exquisita, con el habitual gusto decorativo de Visconti. Melodrama inteligente, holgadamente ambiguo e intimista que vuelca un esforzado y profundo estudio del hombre en su inevitable paso hacia la muerte, ese trágico destino que aquí bien podría estar disfrazado de vida, representado en unos extraños vecinos que rozando la locura acabarán por comulgar en un mismo deseo de comprensión y entendimiento. Con el apoyo de unos intérpretes colosales, el gran duque italiano rueda uno de esos monumentales cuadros de sentimientos en donde todo, absolutamente todo, parece cristalizar en completa armonía. El oficio del cineasta sobresale incluso en las condiciones menos favorables (estaba gravemente enfermo), procreando de forma cuasi natural una meticulosa mirada reflexiva entre dos vasos comunicantes estupendamente perfilados. La relación padre-hijo/maestro-alumno de Helmut Berger y Burt Lancaster nos conmueve, nos imanta, nos transforma en bastante más que simples espectadores, somos cómplices voyeurs de corta distancia, claros participantes de una maraña piramidal donde flotan recuerdos, secretos y confidencias.

Grupo di famiglia in un interno sería, en cierto modo, una película autobiográfica, que presagiaba la inminente desaparición del autor de Muerte en Venecia. Trabajo penetrante, con amplísimo carácter testimonial, de apurado empaque fantasmagórico, fiel a las bases de un arte solo atribuible al talento desbordado de uno de los mayores y más honestos representantes que el cine, por suerte, ha sabido y deberá seguir teniendo como parte integrante de una cultura artística universal, inexcusable y académicamente imprescindible.
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25 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ágora
Ágora (2009)
  • 6,5
    64.189
  • España Alejandro Amenábar
  • Rachel Weisz, Max Minghella, Ashraf Barhom, Oscar Isaac, ...
4
Hipatia, mártir de la ciencia. Ágora un martirio astronómico.
Con un enorme despliegue promocional, y una mastodóntica campaña publicitaria, poco o nada usual para un producto español, llega la nueva cinta de Alejandro Amenábar, un acontecimiento con ambición desmesurada que sin duda eclosionará el box office proporcionando cifras millonarias en su primer fin de semana en cartel. La primera y sana de las intenciones por parte de su creador serán cumplidas con creces, en favor de una desorbitada y estudiada cinta histórica con la que el director de Los otros vuelve a poner en entredicho sus carencias e inclinaciones hacia un envoltorio de oropel y brillo en absoluto acorde con las debilidades reales de su cine. Amenábar controla lo espectacular, lo grandioso, y se olvida de lo pequeño, el detalle que da emoción y cohesión al conjunto, realiza un peplum para intelectuales donde abarca demasiadas temáticas, demasiados hechos, demasiados objetivos, los cuales nunca dan entidad a este aburrido, apasional, fresco romano.

Ágora, encierra un discurso obvio, el alegato demagógico sobre los fundamentalismos religiosos y el fanatismo desbocado de una época marcada por el imparable ascenso del cristianismo. En medio de todo ese entorno hostil aparece Hipatia, una mujer única atrapada en un tiempo dominado por hombres. Filósofa, astrónoma, matemática, la bella pensadora es, por meritos propios, un verdadero icono feminista, una mártir pagana que tuvo que convivir en los albores del coronamiento al catolicismo teodosiano, luchando por mantener invictas sus convicciones, alejándose de la fe para solo abrazar la razón y entender el caprichoso funcionamiento del cosmos. La interpretación de Rachel Weisz es de lo poco que se salva de un error de cast imperdonable, con una mala dirección de actores, otra de las lagunas de Amenábar, un tempo circular que no avanza dotando de cierta pesadez a la película, un recorrido árido y espeso que desorienta al espectador, adormecido por un texto sin entusiasmo, expoliado de expresividad narrativa, una carga de la que raramente puede sobreponerse.

Aún con esto, es sorprendente la libertad creativa de la que dispone Amenábar, es un hecho irrefutable que este juega en otra liga distinta al resto de los directores nacionales (aunque habría que ver que son capaces otros muchos con los medios de los que dispone Amenabar), sus ganas de internacionalizar el producto y dar empaque de superproducción, intimista, a un inusual drama épico científico no deben de restar puntos, pero desgraciadamente se necesitan bastante más que pretensiones para ganarse el título de autor, hasta el momento Amenábar es solo un dignísimo artesano, pero sin la autoría de un nombre con estilo propio designado, quizás funcionase mejor al servicio de las historias de otro (uno de sus peores lastres es el guión de Mateo Gil y él mismo), dentro de la industria hollywoodiense de la que tanto parece (copiar) admirar y a la que no tardará demasiado en ajustarse definitivamente.
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41 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los sustitutos
Los sustitutos (2009)
  • 5,6
    25.187
  • Estados Unidos Jonathan Mostow
  • Bruce Willis, Radha Mitchell, Ving Rhames, Rosamund Pike, ...
5
Replicantes por control remoto
Al cine le cuesta encontrar futuras oportunidades que sigan dando cancha a sus cada vez menores conatos de originalidad, solamente la búsqueda desesperada de secuelas imposibles, de sagas agotadoras, o versiones modernas de éxitos del pasado parecen serle útiles a esta industria que bucea como puede sumergido, tocado y/o hundido entre ideas abolidas de un marchitamiento argumental fatigoso y reciclados de mixtura pasajera, poco o nada, cercanos al venturoso manto de la peculiaridad. La ciencia ficción no sale bien parada de esta realidad que domina plenamente al cine comercial y multitudinario, y ni siquiera la presencia de una vieja gloria del star system, Bruce Willis, ayuda en el salvamento de estos Sustitutos de los cuales el, otras veces cumplidor, Jonathan Mostow, no saca ni para las necesidades básicas de un film reglamentario, pensado para el relleno de una cartelera que ha visto mejores tiempos para una estrella cabizbaja y para un director algo más capacitado para el buen ritmo de estandarizados productos de acción mercantilista (recuerden que Mostow rodó uno de los mejores entretenimientos de la década de los 90, Breakdown y una más que digna cinta bélica, U-571), al que aún deben de pitarle los oídos por su recriminada Terminator 3 para haber tardado casi 6 años en volver a presentar nuevo estreno cinematográfico.

The surrogates se basa, otra moda de los tiempos, en la novela gráfica, o debería decir comic, es un neologismo al que me cuesta habituarme, de Robert Venditti y Brett Weldele, uno de esos atractivos libretos que hablan de la imparable revolución tecnológica de una humanidad sometida a la existencia de las máquinas como forma de vida, ya no solo de refuerzo, sino como reemplazo en las tareas cotidianas de unos humanos robotizados, y unos robots embellecidos, que son poco menos que simples repuestos informáticos. Un punto de partida interesante, que no se mantiene ni desde el plano ideológico, el guión gira bruscamente hacia un final atropellado y precipitado, ni en la visualización elegida por Mostow para contar su historia futurista, un thriller frío y mecánico, que portaba de una base bastante más oscura y provechosa. Además la constante sensación de haberlo visto todo antes, no ayuda, sino perjudica, a Los sustitutos, dejando un extraño regusto amargo en sus, eso sí, cortísimos 88 minutos. Nos vienen recuerdos, inevitables por cierto, de Blade Runner, Minority Report, una metrópoli sin crimines, que se rompe con un asesinato inesperado al comienzo del relato, Desafío total, Yo Robot (la paradoja científica de Isaac Asimov, primeros acercamientos a la sci-fi policíaca), y a El Sexto Día, clones dentro de una sociedad ultramoderna.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Romanzo criminale
Romanzo criminale (2005)
  • 6,9
    2.552
  • Italia Michele Placido
  • Stefano Accorsi, Kim Rossi Stuart, Pierfrancesco Favino, Jasmine Trinca, ...
8
A LA CONQUISTA DE ROMA
Momento dulce, no por casualidad proveniente de una documentada cantera de realizadores, del nuevo cinema italiano, una cinematografía comprometida que se adapta formidablemente a los cambios, su pasado histórico le avala una calidad destacada, y su producción ha sabido aprovecharse, siempre con destreza, de los géneros con saludable persuasión. No es casual, que la mejor película de gansters de todos los tiempos, Érase una vez en América, provenga de un monarca romano con posición indiscutible, y de que las mejores muestras del cine mafioso norteamericano tengan sangre ítaloamericana corriendo por sus venas, Scorsese, Coppola, De Palma, analistas de orgullo y raza que presumen, con mas razón que un santo, de haber captado la singularidad de un entorno que Italia lleva granando durante muchos años de historia, ficticia y, evidentemente, real, la cuna de la camorra no ha sido ajena a la mitificación escénica, y tampoco le faltan detalles para seguir desarrollándose, bien sea tirando de patrimonio propio (que lo tiene, y cuantioso), como aprovechandose del material ajeno ( fuentes USA y buen noir europeo).

Michele Placido, actor, director y parte importante de la escuela transalpina, rueda en Romanzo Criminale, un ambicioso film río, en donde la sublimación genérica parece pedir a gritos aproximarse prematuramente a Leone, dedicando su obra al defectuoso ruedo humano, las pasiones entrecruzadas de unos murales con bestiarios elementos, y una espabilada funcionalidad trágico existencialista.

Una cinta que parece estar pensada a lo grande, como dice Líbano (estupendo Pierfrancesco Favino, ganador del David de Donatello al mejor actor secundario), a modo de los emperadores romanos, delirios de grandeza, que no siempre vienen mal en el momento de abarcar un manifiesto con agradecidas intenciones dramáticas (auge y caída de un grupo de delincuentes de la calle, que al igual que su director, respiran necesariamente unas enormes ganas de conquista), ellos lo consiguen parcialmente pero Placido cuaja un film de construcción circular y brutal biopsia del hombre imperfecto, un elaborado retrato de amistad que no chirría en ningún momento, es mas, puede enorgullecerse de tocar todos los palos sin caer en la codicia desbordante, con escrupuloso y soberbio sentido de la planificación. Romanzo criminale es un ejercicio combinado con sabia, traviesa, apropiación de los esquemas acostumbrados, pero en absoluto reprochable si nos transporta hábilmente a los escenarios mas representativos e infalibles del rufianismo delictivo, extrapolando al concepto del mote, Frió, el Líbano, Dandi, el negro, Búfalo, el rata, una completísima y variada (un poco a lo Guy Ritchie) presentación de personajes.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Malditos bastardos
Malditos bastardos (2009)
  • 7,8
    152.446
  • Estados Unidos Quentin Tarantino
  • Brad Pitt, Christoph Waltz, Mélanie Laurent, Diane Kruger, ...
8
¡¡¡Vamos a cortar cabelleras, compañeros!!!!
Érase una vez en la Francia ocupada…, así, de una forma abiertamente declaratoria comienza lo que en términos ilustrativos vendría a ser el Once upon a time in Tarantinolandia, la manera directa de rendir ofrecimiento al apelativo de Leone, al spaghetti western y a la referencia cinematográfica impuesta como lenguaje metalingüístico. Malditos bastardos no es ni por asomo una película de guerra, sino un film sobre el cine, el séptimo arte materializado en un arma liberadora de venganza justiciera, un símbolo histórico de tratado científico en donde Tarantino nos abre un cerebro hinchado de cinefilia, pues no hay sospecha de que a la burla burlando Tarantino hace la película que solamente un caníbal del cine podría componer, su patada cinemática de mecanismo deliberado, la mejor forma de definirse sin recurrir a la crónica de un texto restringido por las normas narrativas que limitan a un genio pulp sin modestia operativa.

Inglourious Basterds sigue la estructura frecuente del realizador de Kill Bill, la secuenciación por capítulos, cinco para ser exactos, lo que resta cierta continuidad a un relato deslavazado, hay secuencias antológicas, expuestas en si mismas como pequeñas películas con sus propios planteamientos, nudos y desenlaces (la escena de apertura en la granja, que sirve de presentación al memorable personaje del Coronel Landa, la acontecida en la taberna con la actriz alemana Bridget von Hammersmark, excepcional Diane Kruger, o sin mencionar mucho al respecto, el prolongado clímax final en el cine parisino), pero también tenemos altibajos que, curiosamente, casi siempre tienen a los desdibujados bastardos como protagonistas, es extraño que los caza nazis que dan nombre al titulo sean a la postre lo menos interesante de la fascinante comilona visual que supone Malditos Bastardos, quizás uno debería tomárselo como otra broma privada de un Quentin divertidísimo, que parece solamente haber utilizado a Brad Pitt como reclamo comercial de lo que es ya, la mas taquillera de sus obras.

En eso también parecen cambiar las intenciones del artista, aquí mas elegante y refinado, con un sometimiento de la puesta en escena delicioso, movimientos de cámara incluso depalmianos (el estreno de Stolz der Nation del ministro de propaganda nazi Goebbels en el local regentado por la judía vengativa Shosanna), travellings circulares y planos grandilocuentes que dan caché a un cineasta cada día mas completo y calibrado, estudioso aventajado del mundanal fílmico, cine dentro del cine, no es su obra maestra, ya lo dice Aldo Raine en momento clave del metraje, pero rediós cuanto he disfrutado jugando a este oficioso trivial del que Quentin Tarantino nos hace virtuales concursantes.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Distrito 9
Distrito 9 (2009)
  • 6,8
    79.836
  • Sudáfrica Neill Blomkamp
  • Sharlto Copley, Jason Cope, David James, Vanessa Haywood, ...
8
Desencuentros en la Novena Fase
El cine, como buen arma cultural, ha sabido utilizar al fantástico, y principalmente las historias extraterrestres, como metáforas sociales de la problemática de cada momento, en los 50 el género se centraba en los mensajes pacifistas y en la paranoia anticomunista de su época, los miedos de una era se plasmaban con suma inteligencia en los esquemas de la mejor serie B, pero ese carácter propagandístico no frenaba las posibilidades artísticas de unos títulos con mucha mala uva tras su inofensivo planteamiento. Allí, entonces el enemigo venia de fuera para atemorizar una nación sumergida en la Caza de Brujas, el peligro de las radiaciones atómicas y las amenazas externas del conflicto entre los estados. Posteriormente, sin obviar ese carácter concienciado, la ciencia ficción crecía, quizás solo en apariencia, hacia otro tipo de alegoría algo mas adulta, los años 70 y el 2001 de Kubrick, y fue mutando para fusionarse con otros desvíos, el de acción propiamente, en las cercanías de la última edad dorada del género, los 80.

El debutante Neill Blomkamp, nos retrotrae a tiempos en donde las cintas de alienígenas eran bastante mas que batallas entre humanos y especies desconocidas, sabe que para recuperar el fruto se debe plantar una semilla que de cierta involución en los contenidos, el carácter critico y las obvias, pero sinceras, exposiciones de problemas reales alrededor de nuestro mundo. No hay en su franco armisticio una actitud claramente panfletaria, al contrario, Blomkamp nos plantea en Distrito 9 un apartheid extraterrestre en donde numerosas criaturas malviven hacinadas en un campo de concentración de Johannesburgo, su nave nodriza recaló en la ciudad 20 años atrás y desde entonces habitan como refugiados en un área restringida con los traficantes como única fuente de recursos y unos habitantes surafricanos descontentos por unos seres, aparentemente, incivilizados, por ello reclaman su expulsión y la lucha étnica adopta un profundo malestar general dramatizado por una transformación letal y desencadenante.

No es casual que Peter Jackson haya visto un futuro clarificador en el nombre de Neill Blomkamp, bastan pocos minutos de cinta para descubrir un esfuerzo avezado de curtido aprendiz, la soltura, increíble, de un novato acaba por ser uno de los atractivos mas coherentes de Distrito 9, es mas, nadie debería criticar una película con un ritmo codiciable, que recuerda, no precisamente por pura coincidencia, a un joven James Cameron, ese ametrallador crescendo del espectáculo, violento, irónico, vitalista, alma virgen de un genio prometedor, no inventa, simplemente, reformula, sabe aprovechar cada elemento, cada céntimo de su presupuesto (solo 35 millones que parecen el triple una vez vistos en pantalla) con la intensidad formal de un proyecto atrevido, fresco, osado y virulento.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pagafantas
Pagafantas (2009)
  • 5,5
    41.901
  • España Borja Cobeaga
  • Gorka Otxoa, Sabrina Garciarena, Julián López, Kiti Manver, ...
8
¡¡¡¡¡Vamos a querernos un poquito más, hostias, que somos españoles!!!!!
Quizás sea verdad eso de que en España tenemos el cine que nos merecemos, o al menos si es mucho más cierto el hecho de que nuestra cinematografía, como todas, debe y necesita sustentarse en un público que la respalde, que de crédito a sus aciertos del mismo modo que tendría que rechazar sus (continuos) errores, huir de la mediocridad dominante de un panorama industrial desgraciado, politizado y preocupante. Y digo esto enfrascado en una extraña rabieta trompada de impotencia, al descubrir como una cinta tan fresca, divertida y arrolladoramente lucida como Pagafantas no haya conseguido el recibimiento comercial y popular (no así el de la crítica especializada, que nada o poco puede hacer para levantar un cine impedido de éxitos), que sin duda merece, no tanto por sus tibias recaudaciones sino por las vulgares y bochornosas comparaciones con comedias burdas, secas de talento del tipo Fuga de cerebros, dramas impostados y descaradamente oportunistas deudores del peor target televisivo del estilo Mentiras y Gordas, o infladuras mediáticas de autores con desesperante crisis narcisista, Almodóvar y su insufrible Los abrazos Rotos. Ese sentimiento claramente representativo nos debe hacer reflexionar en cuanto a cual es el camino a elegir de nuestro cine, si nos cegamos a descubrir, proclamar sin vergüenzas ni titubeos, una sencilla comedia que no demanda nada más que un sorprendente compromiso artístico con el género. Un campo de pruebas (el del chiste local) que vio crecer y florecer la España de los 80 y principios de los 90 con cineastas singulares y renovadores que hoy parecen recorrer un limbo creativo desarmante, léanse sendos Fernandos, Trueba y Colomo para ser exactos, y del que Pagafantas coge prestado ese tono natural, cotidiano, alocado y medido de un tipo de comedia juvenil bien escrita y mejor interpretada, que sin temores se atreve a fusionar la desternillante risa patria con las nuevas modas humorísticas del hemisferio Apatow (Virgen a los 40 versión ibérica), acogiendo con inteligencia un humor actual que busca sin duda aspiraciones diferentes.

Borja Cobeaga da el salto definitivo al largo después de una reputada y meteórica carrera como cortometrajista (la verdadera semilla productiva de jóvenes talentos con enorme ambición y posibilidades futuras), la cual consolidó internacionalmente con la nominación al Oscar por su magistral corto Éramos Pocos. Todo ese bagaje audiovisual descendiente de su experiencia en los medios proyectan en Cobeaga un prometedor perfil de escritor habilidoso, adecuadamente imbuido por la trabajada definición de personajes (similar al mejor Alex de la Iglesia), y de la narración fluidísima de gags memorables que aciertan en provocar una sonrisa permanente en sus parcos 80 minutos de metraje (a Cobeaga las comedias le gustan cortas).
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Enemigos públicos
Enemigos públicos (2009)
  • 6,3
    50.873
  • Estados Unidos Michael Mann
  • Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, Billy Crudup, ...
9
Cazadores y presas
Como bien comenta su flamante director el cine ha copiado a Dillinger al mismo tiempo que Dillinger lo hacía de sus estrellas, adueñándose de la estética y gustos del Hollywood Dorado, Clark Gable por ejemplo, (la escena en el Biograph Theater donde John asiste a la proyección de El enemigo público número 1 bastaría para justificar por si sola un film tan estimulante como Enemigos Públicos) el popular ladrón de bancos parecía portar de un glamour que lo retenía en un hueco anclado en un pasado atemporal de sueños y leyendas, circunstancias que lo convirtieron en aquel cowboy elegante y contestatario de una América en bancarrota (la Gran Depresión), y en los inicios de una nación cambiante que ante la desesperación miraba al futuro, los albores de un incipiente FBI en plena construcción, dándose de la mano en un choque de intereses que le convirtieron en singular marioneta del destino, criminal de una era (años 30) estilizada por Mann con la perfección acostumbrada.

Mann cumple la labor del veterano profesor universitario que imparte docencia con lucida maestría, sin conceder el más mínimo espacio a la improvisación, todo su trabajo queda sujeto a una obsesiva dedicación al detalle minucioso. Su cine, su arte, sugiere no tanto una seriedad excesiva como una mirada adulta, reposada en la madurez adquirida de un autor exigente, que sobredimensiona su talento natural en un recurso estilístico enormemente desarrollado. Sus personajes juegan al ratón y al gato siendo reflejos de sí mismos en el supuesto espejo irónico de la vida. La mayoría de su filmografía estaría repleta de cazadores y presas, que aunque rivales entre sí, no dejan de estar intercomunicados por una extraña dependencia. Lo eran Vincent Hanna (Al Pacino) y Neil McCauley (Robert De Niro), Will Graham (William Petersen) y Francis Dollarhyde (Tom Noonan) en Hunter, o Vincent (Tom Cruise) y Max (Jamie Foxx) en Collateral, y lo son ahora John Dillinger (Johnny Deep) y Melvin Purvis (Christian Bale), dos personajes con ecuánimes códigos de honor establecidos como pautas de conducta, en el caso de Purvis un excelente oficial, un buen policía, en el de Dillinger un experto ladrón, fiel a sus amigos y contrario a su tiempo, éticos comportamientos de némesis caballerescas, de una fe ciega en sus principios.

Mann interioriza en sus protagonistas las claves de unos héroes clásicos con mucho mas de tragedia griega que de epopeya romántica, sin por ello privar de aura a un Dillinger incrustado en un féretro épico de antihéroe nostálgico, la relación sentimental que mantiene con su chica (maravillosa Cotillard) viene a demostrar nuevamente la sensibilidad de Mann a la hora de tratar las historias amorosas, similar a la de Eady y Neil en Heat, o Crockett e Isabella en Corrupción en Miami.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
G.I. Joe
G.I. Joe (2009)
  • 4,8
    14.928
  • Estados Unidos Stephen Sommers
  • Channing Tatum, Ray Park, Lee Byung-Hun, Sienna Miller, ...
6
Juguetitos de la Hasbro
Hay un proverbio americano que dice que un actor o director vale lo que su última película, eso es lo que debió pensar el pobre de Stephen Sommers al ver como su carrera pasaba de estar en lo más alto, las dos entregas millonarias de La momia, hasta darse de bruces con el batacazo comercial, lo de artístico mejor ni mentarlo, de Van Helsing. Cinco años ha tardado en volver a la palestra con otro de esos productos, que no películas, con el que toda compañía sueña manufacturar en prototipo de franquicia, algo que a Sommers le viene como anillo al dedo después de su retiro involuntario.

G.I. JOE es la nueva comercialización cinematográfica de los famosos muñecos de la Hasbro, compañía juguetera convertida en no solo una de las fabricas más potentes e imperialistas del mundo sino en una venturosa y reluciente productora que al estilo de Marvel Enterprises pronto empecerá a tener control total de las traslaciones al cine de sus pertenecías y enseres, uniendo sus soldados articulados al patrimonio multimillonario que le ha proporcionado la saga de los Transformers, (todavía deben de estar contando los cuantiosos billetes recaudados por la exorbitante secuela de Michael Bay), y consolidando su condición de factoría convenientemente lucrativa para que el cine se sirva de su avituallamiento en la búsqueda incesante de artículos palomiteros, superproducciones para salas multiplex y espectadores con mínimas intenciones reivindicativas.

Sommers afirma que tuvo muy presente durante la filmación de su cinta el cine de James Bond como modelo e influencia, y no le falta parte de razón en ello, claro que puestos a comparaciones estaría más cerca de Moonraker, fantasía e infantilismo, que de cualquier otra aventura de la serie, de todas formas hay alguna que otra semejanza que aporta divertimento a este desbocado e intrascendente blockbuster de verano, el villano megalómano que da vida Christopher Eccleston como líder de la organización Cobra y fundador de M.A.R.S es un acercamiento apropiado a los archienemigos del agente británico y su fuente de armamento nano tecnológico seria un guiño a la ilustre SPECTRA que tantos quebraderos de cabeza dió al personaje de Fleming, lo mismo que la base secreta submarina bajo los casquetes polares o las intenciones destructivas de sus integrantes, especialmente de una chica Bond malvada e insultantemente sexy en el cuerpo de Sienna Miller o esa especie de homenaje acuático a Operación trueno que tiene cabida en la batalla final consumada con los ecos del Episodio I de la siempre recurrente obra de Lucas.
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