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Críticas de Sinhué
Críticas ordenadas por:
La balada de Buster Scruggs
La balada de Buster Scruggs (2018)
  • 6,6
    11.500
  • Estados Unidos Joel Coen, Ethan Coen
  • Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, ...
8
Coplas a caballo
Recreación de cotidianas historias que, a lo largo de treinta años, tendrán lugar por la salvaje zona ecuatorial del siglo XIX en USA. Eran los días de colonos en búsqueda de tierras, de la fiebre del oro, de la limpieza étnica, de buhoneros y funcionarios listos a la caza y captura de incautos e ignorantes.

Los Hnos Coen aprovechan relatos de la época e inventan personajes y leyendas perfectamente factibles, trasladándoles su sello sorpresivo; dando a entender, una vez más, que el destino caprichoso es un inseparable compañero de camino, que la diferencia entre estar muerto o vivo es volátil y circunstancial, y el tiempo que transcurre entre la fama y el olvido es justo el que emplea el enterrador en confeccionar un pijama de madera. La parca, aunque antipática, no solo realiza un trabajo impagable, como los basureros de nuestros días, es incluso en los proyectos de Joel y Ethan, acostumbrados a humanizarla, la protagonista más reflexiva y sesuda, aunque también la menos dubitativa y la más eficaz.

La inmersión antropológica de los Hnos, como no podía ser menos viniendo de artistas tan capaces, nos presenta unos individuos, y unos usos y costumbres, con bendición científica que, aunque un poco más toscos, difieren poco de nuestros poderosos mercachifles actuales y sus políticas; que, eso sí, han conseguido aportar a la evolución maneras menos ruidosas y más sofisticadas de limpiar el forro al personal, aunque en las zonas fronterizas sigan utilizando métodos tan poco elegantes como los de aquellos pioneros de hirsutas barbas y calzoncillos de cuerpo entero.

En cuanto a las fórmulas empresariales (Netflix y todo el conflicto de plataformas) para convertir a la cultura, en este caso al cine, en una fuente incesante de beneficios, sin tener en cuenta otros derechos y valores que amparan (teóricamente) a los ciudadanos y a la vida social, me manifiesto en contra. El empeño en individualizar será una acción que interesa mucho al poder pero a nosotros, como personas con vocación solidaria, nos interesa muy poco. Nos empobrecerá en todos los niveles.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Exorcista
El Exorcista (1973)
  • 7,6
    98.772
  • Estados Unidos William Friedkin
  • Linda Blair, Max von Sydow, Ellen Burstyn, Jason Miller, ...
7
Cuando el diablo asustaba más que Trump
A pesar de que venía precedida de reacciones de pánico del respetable en las salas de todo el mundo, mi mayor miedo era que el portero me pidiera el carnet, a falta de dos años para cumplir los dieciocho. A mi favor que ya había leído, con cautela, la novela de William Peter Blatty y estaba vacunado contra los exabruptos, giros copernicanos (no solo de cabeza) y verdes vomitonas de Regan.

La paz que te invade tras sortear momentos trascendentes (el escrutinio del especialista en bigotes, ¡que no pelusas!) y lo familiar de los desenlaces, ya que el propio escritor fue el guionista, sirvió para que me mantuviera más atento a los posibles infartos, sospechosos hedores, deserciones a mi alrededor...; y a la muy remota pòsiblilidad de que Belcebú saltara de la pantalla al patio de butacas, entrando en cada uno de quienes habíamos acudido a aquel exitoso reclamo de Hollywood tan bien promocionado por los numerosos sucesos que provocaba su exhibición, según las revista y telediarios de la época. Hubiéramos sabido del éxito de esta última hazaña del Príncipe de los demonios si los espectadores hubieran corrido, entre aullidos, cual piara de cerdos que buscan arrojarse al pozo más próximo o si alguien hubiera preguntado en arameo sobre el resultado del Baracaldo-Alavés. Nada de esto sucedió, así que dimos por hecho que, como otras tantas veces, los actos insólitos son producto de nuestra imaginación y no iba a hacer falta que el aprendiz del Padre Karras hiciera horas extras para purificar, en todos los continentes, locales con olor a azufre.

Pero lo cierto es que William Friedkin dio la campanada y consiguió algo tan difícil como convertir en clásico, no irrisorio, un thriller de terror con una acertadísima banda sonora y una fotografía más que inquietante; apoyándose además en unos actores en estado de gracia; aunque también es cierto que Linda Blair debió hacer un pacto inverso con el ser que la poseyó, en la ficción: fue su primera y única película decente, a pesar de muchos, demasiados, intentos.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha
Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970)
  • 7,2
    1.082
  • Italia Elio Petri
  • Gian Maria Volonté, Florinda Bolkan, Gianni Santuccio, Orazio Orlando, ...
8
¿Quién nos protege de nuestros protectores?
¡Claro que existe el crimen perfecto! Ni siquiera ha de lucir como una obra de arte. Es más, puede ser incluso una auténtica chapuza, incluso impostada, que señale claramente a individuos como el inspector (Gian Maria Volonté) de nuestra historia. La violencia quedará impune si no existe voluntad de llegar al fondo de la cuestión, si es más interesante cargar el muerto a otros, si existe algún riesgo corporativista...; ¿o no?.

El romano Elio Petri, que gustaba escudriñar en la cara "b" de las versiones oficiales, nos hace en este film un fotográfico retrato de un psicópata e influyente policía, capaz de jugar con el sentido común y la lógica elemental, con tal de demostrar que la verdad es una ridícula pluma que nunca tocará el suelo; a menos que enfermen, y dejen de soplar, los recios pulmones que someten a esta débil aliada de la justicia a los avatares del poder.

Sí, el relato puede considerarse una broma nefasta que ponga a prueba nuestra extrañeza y dibuje un rictus cómico en nuestro semblante; pero a poco que seamos capaces de ponernos en el papel de las víctimas, veremos que es una auténtica cabronada que el destino, y el funcionario "zumbao" de turno, te elijan como chivo expiatorio, cuando no directamente como fiambre, para satisfacer sus más bajos instintos desviacionistas.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un franco, 14 pesetas
Un franco, 14 pesetas (2006)
  • 6,7
    12.045
  • España Carlos Iglesias
  • Carlos Iglesias, Javier Gutiérrez, Nieve de Medina, Isabel Blanco, ...
7
Siempre. Partir es morir un poco
Fueron justo los años, en que transcurren los hechos de "Un franco, 14 pesetas", cuando mi padre, a cuya memoria dedico esta crónica, escapó hacia Holanda huyendo de las tierras del señorito, de la explotación y la miseria con una maleta semi-vacía de cartón duro. Un florín, de los de entonces, rondaba las diez pesetas (llegaría a situar su cambio cerca de las 80, antes de la llegada del euro), y para un hombre de la montaña y el campo extremeños, la ciudad central de Philips (Eindhoven), se encontraba al final de un largo viaje interplanetario.
Mi padre, como el Martín de Carlos Iglesias, solo buscaba dignidad; para él y, sobre todo para un par de churumbeles (cinco años el mayor) y una "viudita" a los que solo abrazaría, durante un tiempo, dos o tres semanas del año.
Sí, fueron fechas en que la patria se nutrió de turistas y nóminas de los desterrados. Los pobres, como ahora, no eran conscientes de lo importantes que eran ni de como se repartían sus sacrificios los diseñadores de economías y regímenes políticos.

Todo lo que aparece en esta película, más que creíble, es milimétricamente cierto. Doy fe, ya que soy deudor y víctima de aquella ola que vació pueblos; muchos de ellos, por cierto, reciben ahora, a pedradas, a los emigrantes del siglo XXI, que piden lo mismo que nuestros antecesores: pan y rosas.
Es verdad que la mayoría de países europeos recibieron a los nuestros con simpatía, aunque solo fuera por el hecho, nada despreciable, de que iban a desarrollar los trabajos que a ellos ya les resultaban penosos. Pero para los españoles, acostumbrados a las jornadas de sol a sol y a los salarios alimenticios (chusco de pan y escudilla de aceite), aquello era un paraíso laboral.

Curiosamente los "desertores del arado", aprendices de taller, obreros sin cualificación, rebeldes con causa y resistentes de la dictadura, encontraron más allá de nuestras fronteras, salvo excepciones, cualidades desconocidas e inolvidables: la comprensión, e incluso el afecto; mientras sus nietos, "la generación más preparada de la historia", está siendo objeto del abuso, el engaño y el pillaje de los buitres especuladores, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras; aunque hemos de sentirnos ufanos por pertenecer a la crema del nuevo orden globalizado.

Martín, Marcos, Pilar y Pablo éramos quienes ahora miramos atónitos la deshumanización, o nos hemos muerto sin haber conseguido, a pesar de los esfuerzos, un mundo mejor.

El caprichoso destino quiso que el patriarca de mi propia historia, al que dedico estas emocionadas letras, aparezca fotografiado en los créditos finales de la cinta de Carlos Iglesias. Es el joven con gafas oscuras y sombrero que posa, en blanco y negro, al lado de un vehículo de la época; una licencia que se tomaban quienes ni siquiera poseían una bicicleta, para deslumbrar a quienes quedaron en las aldeas rebosantes de cuadrúpedos; allá en recónditos lugares, entre los Pirineos y África.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Contra la pared
Contra la pared (2004)
  • 7,5
    12.394
  • Alemania Fatih Akin
  • Birol Ünel, Sibel Kekilli, Catrin Striebeck, Guven Kiraç, ...
8
Demasiadas paredes como para no chocar contra alguna
Un ciclón de sentimientos enfrentados, de seres desraizados; de culturas muy distantes, aunque los bizantinos solo estén separados de Europa por un par de puentes; de músicas que explotan al lado de ritmos que fluyen... Fatih consiguió, con este grito existencial, el Oso de Oro en Berlín 2004; luego vendrían, apuntalando a su mejor película hasta la fecha: los Premios del Cine Europeo, el Goya y un gran reconocimiento en Alemania para este hamburgués de origen turco, que apenas sumaba treinta años.

Cahit y Sibel se encuentran tras aceptar que siguen alentando, a pesar de sus esfuerzos por corregir al destino. Cada uno es víctima de sus propios fantasmas y sus circunstancias. Las pocas ganas de vivir, que en ambos albergan, están alimentadas en razones diferentes. Como dos perros apaleados, deciden asociarse para curarse las heridas que no alcanzarían a lamerse solos, y para hacer creer a sus detractores que saben defenderse, jugando con los convencionalismos de los que intentan escapar: "si para ser respetables hay que casarse, casémonos y riámonos de sus normas"
Pero el ser humano es imperfecto y cada poco estrenamos un antes y un después; y siempre aparecen factores que nos complican, sobre todo si uno de los desequilibrantes es el amor; y nunca, nunca, las cosas resultan como las imaginamos.

Mucha energía y rabia derrocharon en su proyecto Akin y sus dos protagonistas principales, como si la historia fuera un tema personal. Tal vez por eso, algunos han considerado el film como áspero y desagradable. A mi me ha parecido sincero, que es un principio que mana de una virtud cristalina, capaz de barrer con la corrección política y la impostura.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
24 Hour Party People
24 Hour Party People (2002)
  • 7,1
    12.987
  • Reino Unido Michael Winterbottom
  • Steve Coogan, Paddy Considine, Shirley Henderson, Lennie James, ...
7
La fiesta que duró veinte años
Esta especie de falso documental de Winterbottom nos ilustra de forma muy esclarecedora sobre los audaces movimientos musicales que los británicos trasladaron de la calle a los escenarios, allá por los iniciales 70 del siglo pasado. Tomando como ojo del huracán la ciudad de Manchester y como punta de lanza a la compañía discográfica independiente Factory Records, asistimos de la mano de su fundador Tony Wilson (Steve Coogan en la ficción) al nacimiento de una nueva filosofía contestataria en el mundo del rock, personalizada en la escena punk (con los Sex Pistols como principal referente) y poco después con la new wave que encabezaron grupos como The Durutti Column, Happy Mondays o Joy Division (que se convirtió en New Order a la muerte, por ahorcamiento, de Ian Curtis). El nombre del sello es deudor del lugar de conciertos que Wilson y sus socios habilitaron para las bandas locales: The Factory.

El guión de Frank Cottrell Boyce es ligero y flexible e introduce a ritmo eléctrico información, sucesos, anécdotas, leyendas e historias imaginadas que muy bien pudieron ser ciertas. Siempre utilizando como cicerone al incansable y dicharachero empresario padre del invento, que duró, contra viento y marea, hasta que fue deglutido por London Records, en 1992.

Así pues 20 años que cabalgan sobre dos horas de cine: ameno, sincero, vivificador y excesivo para cuerpos cansados, que no obstante gritan antes de instalarse en la parca: ¡que me quiten lo bailao!
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida de Brian
La vida de Brian (1979)
  • 7,9
    108.633
  • Reino Unido Terry Jones
  • John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle, ...
8
Yo también soy Brian
Es, "La vida de Brian", uno de esos fenómenos que surgiendo de una "inocente" intrascendencia cómica acaba convirtiéndose en un hito cultural que azota a los más intransigentes. A estas alturas todos conoceréis los problemas que tuvo para arrancar: censuras, financiación, amenazas, rasgaduras de vestiduras..., y todo porque las "gentes de bien" tienen un sentido del humor oficialista y anquilosado; o sea, que no se ríen a menos que tras haber cursado las pertinentes instancias, debidamente selladas y cumplimentadas; hayan recibido en tiempo y lugar el plácet de las autoridades legislativas, jurídicas, económicas..., así como la bendición de su santidad (o santidades). Y, estaréis de acuerdo conmigo, esto rompe mucho la espontaneidad, imprescindible para que la saludable carcajada arrastre como una tromba de agua las muchas inmundicias que atascan nuestras vidas; que, en el fondo, se parecen a la de este contemporáneo de Jesucristo, víctima de todo tipo de ridículas casualidades, insensateces y arbitrarias decisiones de otros.

El paso del tiempo, ahora celebramos los 40 años de su estreno, ha encumbrado esta fantástica obra de los Monty Python, que además goza de una frescura y actualidad dignas de figurar en el haber milagroso de estos entrañables irrespetuosos, que tomándose a guasa la mitología y las religiones han llegado a comer chuletas en el Olimpo y ver como sus personajes eran elevados a los altares.

Y luego viene la parte sentimental de Monty Python's Life of Brian, sobre todo para quienes asistimos a su cegadora irrupción: ¿dónde estabas entonces?, ¿qué momento, de los muchos,estuvo a punto de reventar el "risómetro" de la sala?, ¡qué diferentes las refrigerantes lágrimas provocadas por Terry Jones (la madre de Brian), a las cáusticas que derramamos, por ejemplo, con Bruno en el Ladrón de bicicletas!, ¡cuántas frases memorizadas para triunfar en las reuniones de amigos!, ¡qué bocanada de oxigeno en un país como España que estaba intentando salir de la noche de los cuarenta años, y que aún olía a cacique y sacristía!...

Las filmadas vicisitudes del hijo por forzamiento (al menos al principio) de Traviesus Maximus (también conocido como Brian Cohen) es, sin duda, una de las buenas cosas que han pasado en el mundo desde que, Pijus Magnificus, paseara las calles de Roma y por eso muchos millones de individuos somos seguidores de esa secta que no te obliga a nada y que te invita a reírte de todo, comenzando por uno mismo. ¡Cuántos traumas curados, cuántos complejos superados! ¡A la mierda el sentido del ridículo!
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes que el diablo sepa que has muerto
Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)
  • 7,0
    33.652
  • Estados Unidos Sidney Lumet
  • Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, ...
10
Andy y Hank, catedráticos de la ley de Murphy
El mejor Sidney Lumet (Filadelfia, 25 de junio de 1924 - Nueva York, 9 de abril de 2011); el de: Doce hombres sin piedad, Larga jornada hacia la noche, El prestamista, Serpico, Network..., vino a despedirse con "Antes que el diablo sepa que has muerto", título heredado de un dicho irlandés: "Que estés en el cielo media hora antes de que el diablo sepa que estás muerto"; alusión a lo poco que le cuesta al señor de los cuernos y el rabo echar por tierra cualquier intento, por fácil que parezca, de actuar sin su beneplácito.

Desde distintos puntos de vista, el de cada uno de los protagonistas, se nos muestra una chapucera operación que consistiría, en principio, en un atraco a una joyería familiar con riesgo cero. El desenlace, como pueden intuir quienes aún no hayan visto el thriler, nada tiene que ver con lo calculado.
Algunos podrían hablar de una obra deudora de los Coen, obviando que Lumet estrenó Tarde de perros en 1975, mientras los ilustres hermanos comenzaron en 1984, con Sangre fácil, su carrera cinematográfica.
Introduciendo sus pesquisas por unos vericuetos transitados por la mentira y el postureo, el director acaba por aclarar algo que individualizando las versiones hubiera sido incontable
Los Hanson, esa familia que levanta envidias por sus éxitos sociales y que tan vistosa y floreciente aparece tras la fachada de cristal, en cuanto les importunas con una pajita, se transforman en un nido de torpes escorpiones que no saben si la cosa va de matar o suicidarse.

Si no te involucras, las situaciones pueden resultarte hasta cómicas; pero si empatizas con alguno de los personajes sentirás en tus carnes la angustiosa y estresante incomodidad de los perseguidos por el destino, la mala suerte y la ineptitud.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los hermanos Sisters
Los hermanos Sisters (2018)
  • 7,0
    4.858
  • Francia Jacques Audiard
  • Joaquin Phoenix, John C. Reilly, Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed, ...
8
Solo una madre cura las heridas del alma
Los Hnos Sisters sabe a wéstern del bueno desde la primera toma. No importa que haya sido rodado en Aragón, Almería y la Sierra de Urbasa, tampoco tiene importancia que eso (la captura de imágenes) tenga lugar en el 2017 ni siquiera que su muñidor central sea centroeuropeo. El teniente coronel Kilgore (Robert Duvall), mirando en cuclillas la noche y el fuego, hubiera dicho: "No hay nada como un granero ardiendo en la oscuridad, todo huele a gasolina, pólvora, sudor de caballo, madera carbonizada y a salvaje oeste"
Aquí hay respetuoso clasicismo que no disputa un ápice de veracidad al realismo crepuscular que, con permiso de Clint Eastwood (Sin perdón), utiliza certeramente el parisino Audiard.

En 1850 uno de los trabajos que ayudaban a la realización personal de algunos individuos, sobre todo si su adn estaba espolvoreado por toquecillos psicópatas, era el de asesino a sueldo: bien pagado, respetado (aunque no respetable), e incluso admirado y envidiado en la intimidad (excluyamos a la familia de las víctimas), si te precedía la fama de profesional cumplidor. Charlie y Eli Sisters se hallaban en esta tesitura, aunque uno de ellos, el bonachón, estaba dejando de disfrutar de las supuestas ventajas que le reportaba su oficio.
La búsqueda, con aviesas intenciones, de un competidor del Comodoro que no se atiene a razones, se convertirá en un auténtico viaje iniciático con posible retorno al lugar del que, tal vez, nunca debieron salir.
En medio toda una clase magistral sobre usos y costumbres de la época, incluido el descubrimiento de la pasta dentrífica.

Entre las muchas razones para ver esta exitosa traslación de la novela de Patrick Dewitt, la lectura de que aunque hayan pasado 170 años desde el arranque de la ficcionada historia siguen incólumes algunas arcaicas reglas y supuestos de "convivencia": la sempiterna lucha entre la fuerza bruta y el ingenio humanístico, con los resultados que todos conocemos (Trump en la cúspide piramidal); la convicción de que nunca ha sido más inocente el hombre que cuando nadaba en el interior del saco amniótico, que es el lugar al que queremos volver cuando somos conscientes de nuestra capacidad destructiva; y la constatación de que lo que nos pasa, o no nos pasa, en la infancia marcará el resto de nuestras vidas (¿qué le pasaría a Eli con su padre?, ¿sufrió bullying ese resentido pòlítico ultra por parte de una malvada criatura con trenzas?)
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Harakiri (Seppuku)
Harakiri (Seppuku) (1962)
  • 8,5
    9.978
  • Japón Masaki Kobayashi
  • Tatsuya Nakadai, Rentarô Mikuni, Akira Ishihama, Shima Iwashita, ...
9
Los que se sirven del honor de los otros, no practican el harakiri
El honor (¿quién sabe qué es eso?), la fidelidad a la patria o al señor (que suelen ser el mismo concepto), los códigos y protocolos (de ciego seguimiento), los formalismos (que liberan del incómodo pensamiento)…, formaban parte de la mochila vital de los samuráis del siglo XVII y también de los encargados de guerrear en nuestros días. Aunque, cierto es, que aquellos eran más profesionales y estilistas, menos chapuceros; y solían adelgazar los abusos, en su rutinaria y amedrentadora faena, cuando se trataba de acciones complementarias como: rapiña, violaciones, exterminios étnicos o, por el mismo precio, finiquito de futuras molestias de niños y ancianos (“limpiándolos el forro”, por supuesto). La novedad de estos servicios extras, tal vez radique en que antes se peleaba más en campo abierto y entre ejércitos; ahora, en cambio, los diseñadores militares basan su éxito en el número de civiles muertos, fruto de los bombardeos en pueblos y ciudades, o con inmolaciones (según cual sea la táctica); eso sí, no te mata una torpe catana, lo hará una bomba inteligente o un integrista tarado. Aunque la muerte siempre fue algo muy serio que necesitó una excusa para justificarse: una ofensa imperdonable, un dios justiciero, autodefensa, santas cruzadas...Todo suena menos burdo que tierras, castillos, vasallos y animales del gran daimio; o el control universal del petróleo y sus derivados, en nuestros días.
Detrás de aquellos gladiadores remunerados, ejemplo al que acuden los generales de hoy, estaban los intereses de grandes nobles y fortunas (las corporaciones y multinacionales de nuestra era globalizadora).

Si bien esta gran película de Masaki Kobayashi, es más profunda que mi “sinuhenólogo” inicial, no he podido reprimir el paralelismo y la constatación del escaso avance de la humanidad en algunos aspectos esenciales. Quinientos años después, algunas mentes ilustres siguen señalando a la paz como causa apocalíptica que nos arrastraría a los más profundos infiernos; pues si ya hay ejemplos en la historia, como aquellos samuráis que se quedaron sin trabajo, allá por el 1.603, ¿qué pasaría si la mayor industria mundial quebrara, qué número de desempleados nos arrastraría a la mendicidad?, así pues la paz hay que defenderla en la batalla (general dixit), y bla, bla, bla. Como veis un reduccionismo propio de mentes estrellas, pero ¡ojo!, alguno de estos jíbaros ya nos gobierna.

Y a lo que íbamos, por nada del mundo os perdáis este alegato a favor de la coherencia y la verdad del japonés Masaki Kobayashi (1916-1996), basado en la novela Ibun rônin-ki de Yasuhiko Takiguchi (1924-2004); aunque no os gusten las historias de rônins, esos perdedores sin amo que vagabundean, como los toros malheridos, buscando un lugar tranquilo y digno para morir. Porque toda la acción, aunque espectacular, de esta película es tan solo circunstancial. Lo que nos inunda, tras conocer los caminos y el destino de Hanshirō Tsugumo y Chijiiwa Motome, son: estados de ánimo universales; preguntas elementales, sin respuestas lógicas; certezas inasumibles...
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El príncipe de Bel-Air (Serie de TV)
El príncipe de Bel-Air (Serie de TV) (1990)
  • 7,0
    86.782
  • Estados Unidos Andy Borowitz (Creator), Susan Borowitz (Creator), ...
  • Will Smith, Alfonso Ribeiro, James Avery, Karyn Parsons, ...
6
De Vallecas al Barrio de Salamanca
Por aquellos días eran coincidentes la música de la serie con el olor a olla y frituras, ambos sentidos (oído y olfato) nos abrían el apetito.
El simpático paleto que, como un abducido por marcianos, aterriza en una barriada exclusiva de California, con escasos complejos y generosa verborrea e inventiva; zarandeaba nuestras meninges huérfanas de rap y aceleraba nuestras digestiones.

La familia del tío Phil, juez de perfil inflexible, estaba conformada por estereotipos internacionales: mujer conseguidora, vomitiva hija pija, hijo tardo y pelota, jovencita rebelde...; y algunos añadidos como el del mayordomo Geoffrey, siempre presto al escarnio, o el colega sinvergüenza de Will (Jazzy Jeff) que tanto vale para camellear, como para seducir a Hilary o marcarse un solo de batería.

La diferencia generacional y de pensamiento político entre el dueño de la casa y su sobrino, son fundamentales para establecer una cómica disputa en la mayoría de los episodios, aunque en el fondo ambos se dispensan un afecto de difícil disimulo.

Fue una serie pionera mostrando familias estructuradas y de clase media alta afroamericanas, acentuando el desenfado, la cohesión y la falta de complejos de la raza negra; hasta tal punto, que los personajes de raza blanca eran muy poco habituales.
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El jefe de todo esto
El jefe de todo esto (2006)
  • 6,5
    7.268
  • Dinamarca Lars von Trier
  • Jens Albinus, Peter Gantzler, Louise Mieritz, Iben Hjejle, ...
7
¡Lo que da de sí el danés!
El jefe de todo esto es claramente Lars von Trier (el von es un añadido que se puso para reírse de un profesor de la escuela de cine de Copenhague). Él es quien consigue que se hable más de su persona que de su obra, antes y después, de cada una de sus películas, que en general tienen una cualificación difícil de superar (Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad, Dogville, Manderlay...); y aunque, bajo mi punto de vista, esto contribuye a difuminar, e incluso emborronar, sus más que interesantes trabajos, no restan un ápice de valor a la mayoría de sus entregas.

No entiendo porqué muchos aficionados caen en la provocación de alguien que la utiliza como herramienta y leivmotiv de su existencia, aún a sabiendas de que no cree en lo que está diciendo, ya que para expresarse tiene la prolongación cinematográfica, que es su verdadera vida. Quiero decir que este tío no solo disfruta con los cabreos ajenos, también le sirven de espuela para reafirmarse. Es como el jugador de fútbol que se crece con los pitos y llama "negro de mierda" al contrario, para que el árbitro le expulse por reaccionar con violencia, cuando todos sabemos que está casado con una hermosa senegalesa y tiene dos hijos mulatos.

Esta supuesta comedia, que para nada lo es, a menos que introduzcamos la sátira visceral en este género, es un repaso en toda regla a muchos de los aspectos que conforman nuestra "envidiable", "inteligente", "culta" y "referencial" sociedad moderna. Es un ajetreado paseo por la intríseca ridiculez del mercado laboral: los intocables jefes, los invisibles responsables, las fraudulentas ingenierías contables, los laberínticos tecnicismos, la exagerada adoración a los empresarios emprendedores que basan su éxito en la creación de nuevos esclavos y desempleados (¿qué son si no las empresas colaborativas?)...

Eso sí, todo esto contado a la manera de un hombre que considera que lo políticamente correcto debería arder en la pira o estar públicamente expuesto en la picota; convencido de que no tenemos solución y solo nos queda reírnos de nuestras enfermizas y falsas creencias.
Si a todo este desaguisado estructural de incierto futuro, le añadimos técnicas de rodaje extrañas, máquinas que deciden, chistes de leperos nórdicos y otros experimentos con vocación regionalista..., habremos completado una sustancial pieza "Larsvontrierana" que unos aplaudirán enfervorecidamente y otros utilizarán para fabricar armas químicas.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paradise Now
Paradise Now (2005)
  • 7,2
    11.832
  • Palestina Hany Abu-Assad
  • Kais Nashef, Ali Suliman, Lubna Azabal, Amer Hlehel, ...
9
Aquí están el infierno y el paraíso. ¡Hay que elegir, ya!
En la zona norte de los territorios ocupados de Cisjordania, Khaled y Said, que crecieron juntos entre las rocas calcinadas y los campos sembrados de alambre, tratan de poner un poco de orden en su sempiterna confusión que les mantiene amarrados, entre la inoperancia y la imposibilidad de volar, única opción para huir del sesteo y la indignidad de una vida que no merece dicho nombre. Cavilan, imaginan, sueñan, dudan y planean; con la guadaña de la incertidumbre y el error silbando bajo sus pies y sobre sus cabezas.

Todos sabemos que la desesperación es la peor consejera de los jóvenes, incluso de aquellos que se sienten mordidos por la injusticia y el abuso; y que los pájaros de mal agüero anidan en las conciencias de los impulsivos y se dedican a picotear la materia gris de sus cerebros. ¡Pero qué fácil es analizar con estudiada frialdad, a miles de kilómetros de Naplusa, desde el sofá, delante del televisor, mientras el horno se ocupa en pintar de oro el lomo del cochinillo!

Hany Abu-assad, palestino, ciudadano israelí, con formación occidental, es no solo de las personas más informadas en este eterno conflicto, también es de las voces más autorizadas al gozar de tan diversas perspectivas y plantear realidades que deben cambiar radicalmente para encontrar soluciones viables.
Por eso se entiende menos la ultra-resistencia judeo-ortodoxa que solo admite como solución la invisibilidad o exterminio del vecino ( no dudo que esta postura tenga estolones en la otra banda fronteriza), que lleva al lobby sionista a perseguir la expresión libre y artística de un creador que busca razones y brotes de entendimiento.

Al menos a mí la película me plantea la necesidad de acuerdos, puntos de encuentro y cese de violencia; porque aunque algunos se empeñen en lo contrario, la angustia no es un estado de ánimo natural y, salvo para los vendedores, a todos, la paz nos interesa más que la guerra.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las distancias
Las distancias (2018)
  • 6,0
    2.821
  • España Elena Trapé
  • Alexandra Jiménez, Miki Esparbé, Isak Férriz, Bruno Sevilla, ...
7
La amistad, un término sobrevalorado
Comas, Olivia, Eloy, Guille y Anna se enfrentan, sin anestesia, a la amarga diferencia existente entre lo que nos gustaría que las cosas fueran y la tozuda realidad introduciendo, a martillazos, en nuestro cerebro, lo que las cosas son.
Esta dualidad, que anida en todo ser humano, está contada en este film de Elena Trapé a través de la historia de unos amigos, que lo fueron, y quién sabe si seguirán siéndolo tras un precipitado "finde" berlinés.

¿Qué es lo que nos hace cambiar, casi siempre para mal?, parece preguntarse la directora: ¿el tiempo, las separaciones, cumplir años, las responsabilidades...?
Las distancias, es una reflexión sobre un momento crucial de la vida, los treinta y tantos; edad en la que sentimos en carne propia que la autogestión y la supuesta libertad de decisión están marcadas con un precio, que para algunos resultará impagable
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La gran seducción
La gran seducción (2003)
  • 7,0
    2.067
  • Canadá Jean-François Pouliot
  • Raymond Bouchard, David Boutin, Benoît Brière, Pierre Colin, ...
7
Vender una burra ciega
Esta comedia, en la que subyace una realidad menos divertida, siempre gozará de plena actualidad; ya que la muerte de los pueblos pequeños es una constante amenaza en todas las geografías. En este caso, en algún punto costero de Canadá, los vecinos de Sainte-Marie-La-Mauderne se proponen hacer frente a la despoblación haciéndose atractivos a los ojos de una industria, decidiendo que la contaminación es un mal menor ante la soledad y el olvido. Para conseguir el objetivo deben cumplir algunos requisitos entre los que se incluye la existencia en la población de un médico, y como es algo de lo que carecen se ponen manos a la obra, todos a una, en la intentona de convencer a un joven galeno de las maravillosas ventajas de vivir en semejante lugar.

Sin profundizar más en las razones de la desaparición de las aldeas, Jean-Fraçois Pouliot se vuelca en las estrategias burdas y divertidas que utilizan los habitantes para convencer al doctorcete pardillo; y consigue, de forma simpática y habilidosa, que el espectador participe de los engaños, sumando más cómplices a la solidaria tarea de la necesaria persuasión.

Es, La gran seducción, humor blanco al servicio de las causas perdidas. Pero tampoco está demás imaginar que la bondad también posee poderosas armas que, utilizándolas de manera conveniente, ayudan a conseguir victorias.
Otra cosa, y eso sería otra película, es que todo este afán de supervivencia cristalizara en un triunfo pírrico que, a fin de cuentas, suele ser el vertedero de las buenas intenciones.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Caras y lugares
Caras y lugares (2017)
  • 7,3
    1.960
  • Francia Agnès Varda, Jean René
  • Documentary, Jean-Luc Godard, Jean René, Laurent Levesque, ...
8
Mírame, aunque sea con tus ojos ciegos
Un buen día, una señora inquieta y curiosa se encuentra con un chico inventivo, cincuenta y cuatro años más joven, y deciden irse a dar una vuelta por campos, aldeas, antiguas minas, playas y puertos. Ella es cineasta, un referente vivo, anterior incluso a la nouvelle vague; él, que nació artísticamente en las calles de París de la mano del grafiti, se dedica ahora a la fotografía de proporciones gigantescas.
Les une el afán de la aventura y la necesidad de conocer gentes y nuevas historias que contar. J.R. dispone de una impresora rodante y un grupo de amigos colaboradores. Agnès viaja con una gran mochila de recuerdos y la cercana e invisible presencia de un ser huraño y admirado, de nombre: Jean Luc Godard.

Más que un documental al uso, Caras y lugares (Visages villages), es la excusa perfecta para compartir, conversar, descubrir; mantener encendida la llama de la ilusión y repletas las alforjas del imaginario; y, sobre todo para cimentar la amistad, incluso la que duele, como razón de vida.
Emocionan la mirada borrosa de la incansable luchadora y el afecto contagioso que la dispensa el hombre diligente de las gafas oscuras.
Hay en la película un aire limpio y bondadoso que aventan las manos de los creadores; que brota de la sencillez del proyecto y la improvisación como herramienta de los talentosos. Y como suele suceder, cuando no se pretende la trascendencia, se consigue un excelente resultado (acentuando la pequeñez, apareció la grandeza).

No me resisto a señalar el paralelismo que hay entre esta singular pareja (Varda y Jean René) con los personajes de un film, que recomiendo con fervor, de Hal Ashby: Harold y Maude (1971). Aquellos y estos terminan convirtiéndose en seres rebeldes y entrañables; de esos, imprescindibles, que van desparramando fragancias a su paso, y te hacen creer en que no todo está perdido.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Viaje al cuarto de una madre
Viaje al cuarto de una madre (2018)
  • 6,5
    2.662
  • España Celia Rico
  • Lola Dueñas, Anna Castillo, Pedro Casablanc, Noemí Hopper, ...
7
Estrella, Leonor y las adherencias
En el momento de abandonar el nido, Leonor se plantea hacerlo de la manera menos traumática para evitar el sufrimiento de la mujer a la que más quiere y con quien se siente obligada. Miente, insinúa, disimula e incluso desiste; pero Lola, además de madre, es bruja comprensiva y aparece por los Reyes con unas botas ideales para climas fríos.

La ópera prima de Celia Rico es una introspectiva recreación de las relaciones materno-filiales, en una situación especial, donde la vulnerabilidad de las protagonistas está muy latente por desgraciados acontecimientos que dejan enfangadas las veredas que nos acercan a inciertos futuros.

El mérito de la directora, y las dos protagonistas principales, es llenar esos prosaicos instantes, de todo punto cotidianos, con verdad y con calor. Las soledades, angustias, bloqueos, incertidumbres..., y las tímidas esperanzas que se van filtrando como la luz del amanecer, están narradas sin efectismos, desnudas; como cuenta el tiempo un reloj de arena: sin precipitaciones, grano a grano.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Petra
Petra (2018)
  • 6,7
    2.357
  • España Jaime Rosales
  • Bárbara Lennie, Àlex Brendemühl, Joan Botey, Marisa Paredes, ...
8
Zeus sigue haciendo de las suyas
Petra, como Pandora, también quiere saber; y esta, en principio legítima curiosidad, marcará el resto de su vida.

Jaime Rosales acumula, en este sorprendente telar de búsqueda consanguínea, lanas cromáticas de consistencias varias, para acabar magistralmente mostrando la urdimbre rematada, donde los colores desvaídos, e incluso la rotura de algunos hilos, se incorporan como colofón de la obra artística.
Sí, la familia como motor que te acerca al precipicio; como desencadenante de tragedias inesperadas; como convencionalismo atávico insalvable... ¡Y quién sabe si también como excusa para burlar la soledad!

En siete desordenados capítulos, en su sexto largometraje, el realizador barcelonés vuelve a interesar por su original propuesta, sin complejos, donde incluye: sus personales planos geométricos, con pasillos, puertas o ventanas interfiriendo a la cámara; la no interpretación actoral, o sea, la desnuda naturalidad de sus personajes; la coherencia, sin fisuras, de "no dar cuartos al pregonero" aunque ello le suponga no obtener ni una sola nominación a los Goya, siendo, sin duda, una de las mejores películas españolas del año.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gauguin, viaje a Tahití
Gauguin, viaje a Tahití (2017)
  • 5,5
    339
  • Francia Edouard Deluc
  • Vincent Cassel, Malik Zidi, Ian McCamy, Pernille Bergendorff
6
El hombre que pintaba con el falo (Van Gogh, dixit)
Desasosiego.
El infierno del artista: la imposibilidad de encontrarse cómodo haga lo que haga.
La autocrítica como plaga de termitas devoradoras.
Sensación de ahogo, manoteos desesperados buscando aires de libertad.
La autodestrucción como lienzo estético y válvula de escape.
La incomprensión: infatigable chacal del errabundo.
Las relaciones: rémoras que dificultan el vuelo.
Las mujeres: madres u objetos, a veces deseables, en la paleta de colores.
La subsistencia: pesadísimo bagaje que resta horas al trabajo creador, el único que interesa, y es causante indirecta de la alienación.
El anonimato: cruz de tosca madera que arrastran en vida, la mayoría de los genios, y que suele convertirse en crucifijo de oro tras su muerte.

Es la radiografía que el director hace de Eugène Henri Paul Gauguin (París, 7 de junio de 1848-Atuona, Islas Marquesas, 8 de mayo de 1903), en sus dos primeros años de estancia en Tahití (1891-1893), donde conoció a Tehura su modelo y, dicen, su jovencísima amante.

Al margen de las posibles licencias de Deluc y sus guionistas; su diario, Noa Noa, tampoco es demasiado fiable, parece claro que el pintor era un volcán en constante erupción, no sabemos si por su enorme talento, las altas fiebres, los efectos de la sífilis, las sustancias espirituosas o por su desbordante capacidad de inventar; y todos sabemos que este tipo de originales individuos convierten en asuntos problemáticos, e incluso tóxicos, todo cuanto tocan: sean temas familiares, amorosos o de otra índole.

No carece de interés el retrato, aunque sea una foto de carnet, aunque esté demasiado empapado de los tics automáticos de su intérprete, el efectivo actor Vincent Cassel.
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El silencio de otros
El silencio de otros (2018)
  • 7,7
    2.535
  • España Almudena Carracedo, Robert Bahar
  • Documentary
10
Yo sí me acuerdo
No hay maldad cuando se invoca a la justicia, como principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le pertenece. A este grito de reparación, de las víctimas del olvido, solo le asisten el derecho, la razón y la equidad. No hay afán de venganza, de revanchismo, ni siquiera petición de retorno de lo robado. Solo interés en restituir lo cierto; que se reconozca a quienes pagaron con sus vidas por ser contrarios a un golpe de estado y a una dictadura militar, que se alzó contra la voluntad democrática del pueblo español y su joven república.

Los que quieren reunir los cachitos de sus seres queridos porque consideran que es más digno tenerlos cerca que desparramados por fosas y cunetas, con la "peligrosa pretensión revolucionaria" de llevarles flores, deben ser tratados con respeto.
Quienes buscan curar las heridas del alma señalando a sus torturadores, serían tratados como héroes en cualquier país que entierre una dictadura; pero haberse resistido al opresor, en Hispania, sigue penalizando mientras se conceden medallas y cargos a los represores.
Denunciar el robo de bebés debería contar, de inmediato, con el apoyo, persecución y esclarecimiento de las autoridades, ya que es un acto criminal de gravísimas consecuencias. En nuestro caso, los poderes al margen de las instituciones públicas (poderes fácticos) siguen comandando.

Aquí, en España, tras 80 años del fin de la guerra, tras más de cuarenta de una pactada monarquía parlamentaria, los corderos prestos para el sacrificio son los mismos. Algo ha fallado cuando incluso gobiernos que se llaman de izquierdas han preferido alimentar la desmemoria y han colaborado en crear un agujero negro en la historia, alejando la verdad de las escuelas y amasando, junto a quienes reniegan de los "huesos del abuelito" un muro enorme con una pintada infame: Gloria al alzheimer.

Es muy meritorio el trabajo de Almudena y Robert en este documental; y es de agradecer el esfuerzo extra de quienes deberían haber contado desde el colegio con toda la información, sin tener que tirarse seis años buceando en algo que todos, en este país y fuera, deberíamos tener asumido ya, sin miedos, sin complejos, sin susurros ni oscurantismos. Las heridas horribles son las que cicatrizan mal. Y si usted señor, si usted señora, quieren borrar el pasado cuanto antes, por algo será; ¡dejen que los demás, pacíficamente, guarden memoria de la buena gente que nos precedió! Y recuerden que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.
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12 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil