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Críticas de Rodolfo Lasparri
Críticas ordenadas por:
El hijo de Saúl
El hijo de Saúl (2015)
  • 6,6
    10.349
  • Hungría László Nemes
  • Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér, ...
9
Fuera de campo (de concentración)
Lo que realmente sorprende de esta película es el inteligente uso de la técnica al servicio de la narración. La insistencia con los planos secuencia, la constante dorsalidad del protagonista y el uso del fuera de campo confirman que la posición de la cámara es una elección moral y no estética. Dicho de otra forma, los planos no están allí porque “quedan bonitos”. Los planos tienen una función clara al margen del texto y las carantoñas de los actores. Damas y caballeros, les presento algo en peligro de extinción: cine puro y duro.

Tres hurras por László.

- No cortes, leches.
El plano secuencia te aleja del corte, del montaje, del cine, y por contra, te acerca al terreno del teatro, del relato sinfín. La proyección de uno mismo es inmediata y palpable. El tedio, el silencio, lo que no-interesa y lo que no-sucede son retratados y filmados. Con el plano secuencia se aumenta la sensación de estar allí.

- La dorsalidad nos condena.
Su espalda nos obliga a ir siempre detrás. A perseguir. A no ver. A no llegar o a llegar tarde. A no estar donde-toca. Cierta sensación de hacerlo mal. De perder el norte. De perder el sentido. Y sobre todo, de ser un perro. Un perro atado a no más de un metro de distancia. La relación de ideas es inmediata. Correas para ellos, cadenas para el público. Es difícil no tener sensación de asfixia. De agobio. De desconcierto. De cárcel. De campo de concentración. Por más que quieras, László no te suelta. Esa sensación queda evidente con el último plano. El bofetón es casi milagroso. No lo digo yo, lo dice la cámara.

- Y lo mejor. Querer ver y no poder.
¿Porque no ver? Venga va. Hagamos un ejercicio de sinceridad y huyamos de esas lecturas manidas sobre la construcción del horror en nuestra imaginación. Algunos no somos tan brillantes como para asustarnos de lo que imaginamos. Lo que realmente inquieta es no poder ver. El cerebro en su actitud insaciable quiere resultados. Quiere saber el final de las historias y sobre todo quiere ver los peligros que hay a su alrededor. No ver, se percibe con impotencia, vacío y sobretodo, desesperación. Uno se pone realmente nervioso. El acierto para acercarse a ese infierno nazi es innegable. No ver, afecta directamente a nuestra voluntad y por ello a nuestra libertad.

Lászlo Nemes en su opera prima y mediante un uso inteligente del lenguaje, nos encadena y nos priva de la libertad de ver. No se si es la mejor forma de acercarse a Auschwitz, pero sin duda es de las más sensatas y decentes. Y a estas alturas, sorprender con "otra película de nazis y judíos" no es nada fácil. Hip! Hip!

¡Ah! y lo que diga Boyero, ni caso.

¡Hurra!
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40 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
La reconstrucción
La reconstrucción (2013)
  • 6,0
    590
  • Argentina Juan Taratuto
  • Diego Peretti, Alfredo Casero, Claudia Fontán, Sandra Villani, ...
7
Comer con las manos no es fácil
El director Juan Taratuto cambia de registro y empieza a ganarse la simpatía de una parte del público que andábamos un poco distantes con sus comedias hiperdialogadas, característica casi imprescindible del cine de éxito argentino. Hoy, el giro es, prácticamente, de 180 grados. Nos encontramos ante un drama de pocas palabras y de una profundidad emocional que se agradece. El caso, es de tal seriedad, que quien firma, prefiere no juzgar aquello que se le escapa de su universo particular; el contenido propio del film en relación a la muerte de un ser querido.

Es fácil encontrar la muerte en el cine. El proceso de banalización que la transforma en espectáculo, circo, entretenimiento o herramienta narrativa para dar giros en las historias que se nos cuentan forma parte del ADN de cualquier guionista. La muerte, siempre presente, funciona como arma para hacernos reír o para hacernos llorar, o para lo que quieran, pero siempre tiene un fin. Son pocas las veces que alguien trata con su convivencia sin buscar ese llanto o esa risa o ese fin. En fin. Sin ninguna pretensión dogmática la película de Juan Taratuto, narra una historia que no se la puede catalogar con conceptos al estilo de triste, reflexiva o contemplativa. Es, en todo caso, una historia vecina, amiga o conocida.

Tras la devastación emocional que supone la desaparición de un ser querido, ¿qué queda? Algo parecido a un desierto. Un desierto donde se aconseja construir un castillo tarde o temprano. La reconstrucción, que nos señalan ya desde el título, trata de este mismo proceso para juntar una pierda con otra. En este caso, el cartel es revelador. Un abrazo con otro.

El actor Diego Peretti se lleva el aplauso por doblete. Por protagonista y co-guionista. Es quien le da forma a ese Eduardo deambulador que come con las manos y ya no repara en las formas. Queda clara así, la total implicación del actor con este proyecto, al fin y al cabo, pequeño.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El sueño de Ellis
El sueño de Ellis (2013)
  • 6,1
    5.648
  • Estados Unidos James Gray
  • Marion Cotillard, Joaquin Phoenix, Jeremy Renner, Angela Sarafyan, ...
7
El disfraz de la libertad
El director James Gray, le pide por tercera vez, a Joaquin Phoenix que le ayude a contar una historia tan antigua como el polémico oficio. Hay dos tipos de personas, las que les gusta Phoenix y las que no saben aplaudir. The Immigrant, que así se titula en su versión original, trasciende fronteras y nos invita a mirar de cerca el vestido de la estatua de la libertad, donde encontramos barro, algo de sangre, y mucha mierda. Marion Cotillard, en una interpretación brillante, es la prota-que-agoniza. La incorporación de Jeremy Renner al relato se limita a cumplir con el protocolo narrativo, con intención de conseguir un tempo dramático exquisito. Gray lo consigue y puede presumir de magnetismo visual. Sin saber porque, el espectador cada vez pestañeará menos. Quedarse en el Lower East Side de New York de 1921 sería cantarle una sonata a la miopía. Gray nos habla de hoy. Nos habla de mujeres inmigrantes y de hombres que solo ven cuerpos desnudos.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10.000 KM
10.000 KM (2014)
  • 6,4
    9.260
  • España Carlos Marques-Marcet
  • Natalia Tena, David Verdaguer
7
Les faltó ser vulnerables
Un hombre, una mujer y un director con ideas. Dos escenarios y algún foco sin trípode. Siete años de relación. Él quiere ser padre. Ella, madre. Ella hace fotos. Él no sale en ellas. Una oportunidad laboral para ella a 10.000Km. Una promesa: “en un año vuelvo y le damos vida.” Skype como testimonio, sacerdote, oxigeno y juez. Hay cosas que solo se pueden hacer hoy. Formato íntimo y de poca producción. Contra la crisis: austeridad, ideas y planos secuencia de 20 minutos. ¿Es la respuesta barcelonesa de la madrileña Stockholm (2013)? Sería decir demasiado. Las dos están entre lo mejor de nuestro cine actual. Las dos esconden grandes momentos. Las dos brillan. Eso si, al dúo Tena-Verdaguer, les falta ganar en vulnerabilidad. Aunque lloren, no se desnudan. ¿Era necesario meter los carteles en negro de los días transcurridos?
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cómo entrenar a tu dragón 2
Cómo entrenar a tu dragón 2 (2014)
  • 7,0
    22.701
  • Estados Unidos Dean DeBlois
  • Animation
7
Luke Skywalker vikingo (y lo sabes)
Se habla del mejor trabajo de DreamWorks. Puede. Los objetivos son claros. Reír, soñar, creer y crecer, pero sobretodo volar. El equipo de rodaje convive, en todo momento, con las nubes. Saben de la envidia humana al pájaro y te dan alas durante dos horas. Pero alas de dragón. La chica, el chico, el padre, el simpático, el gordo o los gemelos se las pasan en el aire durante todo el metraje. Las texturas de la piel de los distintos dragones se pueden mascar. Los elementos como el fuego o el agua ya no son problema para la productora de Spielberg. Cierto giño a la espada laser y algún detalle más, hará que los seguidores de Star Wars vean en el joven protagonista, una especie de Luke Skywalker vikingo. Lo que le falla, y seamos sinceros, es que el dragón más mortal y único ejemplar de la especie “furia nocturna”, letal, mortífero, rápido, silencioso, invisible e implacable se llama “Desdentao” y no tiene carácter. Su parecido con el antiguo Stitch de Lilo&Stitch, da firma a sus creadores pero pierde peso y sentido en la historia vikinga. Por más que lo intente Dreamworks continúa haciendo pasteles de arándanos.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jimmy's Hall
Jimmy's Hall (2014)
  • 6,2
    1.525
  • Reino Unido Ken Loach
  • Barry Ward, Simone Kirby, Andrew Scott, Jim Norton, ...
6
Mientras se prohiba bailar, siempre habrá una voz cantante
En la que parece ser la penúltima película del director británico Ken Loach conocemos a James Gralton. Jimmy para los amigos. Un activista político y líder comunista irlandés de principios del siglo XX, quién fundó un espacio donde intercambiar ideas, cantos y bailes, en su pequeña comunidad natal y se encontró con la firme oposición de la iglesia y las clases dominantes de la época. Lo que en un principio puede parecer una película con fuerte carga política se va desvelando como un film pequeño y muy mimado. Sin buscar el melodrama entre los personajes y sin anclarse demasiado en debates ideológicos se persigue un toque ligero muy lejos de las películas de este género. A medio camino entre Swing Kids (93) y Belle Époque (92), la película no peca de grandilocuencia ni de dogmatismo. Loach se viste de abuelete que nos cuenta un cuento de injusticias con carácter universal.

Con una mirada nostálgica y un tanto condescendiente, propia de estos films rurales, se saborea aquello que pudo ser y no fue. Pero dicha nostalgia no recae en un pasado. El director es consciente de su rigurosa actualidad. Lo que antes era la iglesia, hoy son los grandes mercados. El relato de Gralton le sirve para narrar la lucha de cualquier activista allí donde los haya. Sirvan las PAH de ejemplo. Cualquier espectador, mínimamente hábil, encontrará muchas similitudes en la escena del desahucio, donde un grupo de campesinos lucha para que una familia recupere su hogar de las manos de los grandes caciques. Es preciso medir mucho las palabras antes de tachar el film de demagogia barata. El poder siempre actúa de la misma forma. No tiene ni nacionalidad ni tiempo. Loach lo sabe y lo señala.

El guión firmado por Paul Laverty (guionista de la mayoría de sus films) tiene grandes aciertos: la construcción del párroco, rico y sofisticado en matices; la insólita relación de amor entre los protagonistas; la coral de secundarios muy bien afinados; la preciosa escena de cuando algunos ven por primera vez una gramola; algunas sentencias al estilo de "usted solo escucha a la gente cuando está de rodillas”, refiriéndose a la sordera religiosa; y algunas cosas más que no es preciso desvelar.

Pero no perdamos el norte. Quien confíe encontrarse con el mejor Ken Loach continua teniendo que ir a su pasado. Las cosas como son. Otros de sus films llegan a la categoría de necesarios y este es un film tierno, bonito, sensible, pequeño, blando, sensato y todo lo que quieras, pero no, necesario. A quien busque metralla fina, no la va a encontrar. Quedan avisados.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La desaparición de Eleanor Rigby: Ellos
La desaparición de Eleanor Rigby: Ellos (2014)
  • 5,8
    3.000
  • Estados Unidos Ned Benson
  • Jessica Chastain, James McAvoy, William Hurt, Isabelle Huppert, ...
8
La construcción del Them
"Eleanor Rigby" era un díptico subjetivo: His y Her. Hoy llega la versión Them.

Un montaje recortado y adaptado a los tiempos de Twitter. Más corto. Más fugaz. Más efímero. Más frágil y más mutilado. Confiemos dé más dinero, más fortuna y más gloria a quién obligó a Ned Benson a realizar tal estrategia comercial.

El caso, tras la amputación fílmica, nos encontramos con la construcción de la ruptura entre Eleanor y Conor. Lejos de ser una contradicción, aquí se construye con cenizas, con tacto y mucha paciencia. Aunque al principio existe un elemento trágico que se va haciendo evidente a medida que pasa la película, la cámara no se centra en ese detalle desencadenador y tremendamente insoportable. Sino que persigue la búsqueda de la joven pareja del nosotros-en-drama.

¿Cómo romper, de la mejor manera, siete años de relación?

En toda pareja que se ama existen ciertos códigos internos. Toda una gramática emocional basada en las cosa buenas y malas de la vida en común. Escribir encima de los buenos tiempos es lo que hacen, por lo general, las comedias románticas. Escribir encharcados en los peores tiempos es lo que hace Ned Benson en esta desaparición. La pregunta es ¿cómo separarse de alguien a quién amas? Lejos de ser una cuestión trivial y ligera, lo cierto es que oculta una constante emocional, ciertamente contradictoria, que palpita lenta y silenciosamente en el corazón de muchas relaciones. Ellos se lanzan al vacío y lo que vemos es la lenta afinación armónica de los instrumentos corporales del dúo. La construcción del them. En un momento de la película ella pregunta a su padre, ¿cuál es el secreto para mantener una relación con otra persona durante tanto tiempo? La respuesta nos la dirán con un final solvente.

La película se sustenta sobre el trabajo interpretativo de Jessica Chastain, primero, y de James McAvoy, después. Ella carga de luz y de oscuridad toda la cinta. Él responde y persigue a la pelirroja como puede. McAvoy consigue construir un chico transparente, contradictorio, algo lento, temperamental y sincero, pero Chastain no construye un personaje. Urbaniza una figura emocional. Es una bomba contenida durante toda la película. Elegante, alocada, firme, insegura, absorta, triste, fantasiosa o tímida según convenga. Salta de un registro a otro sin que se le escape el centro. Un trabajo que hacía tiempo no veía.
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18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
El corredor del laberinto
El corredor del laberinto (2014)
  • 5,9
    31.955
  • Estados Unidos Wes Ball
  • Dylan O'Brien, Thomas Brodie-Sangster, Kaya Scodelario, Will Poulter, ...
3
¿Se puede huir sin correr?
Adaptación de la primera parte de la exitosa trilogía literaria escrita por James Dashner. Dirigida por Wes Ball, quién debutó como diseñador de efectos especiales para HBO y que se estrena hoy como director con esta producción destinada a un público principalmente juvenil. Amante de sagas, acné maquillado y chicos guapos.

El guión está excesivamente centrado en los juegos dialécticos de la narrativa del enigma. No sólo calcan la estética, sino que usan las mismas artimañas narrativas que usaba J.J.Abrams en su mítico Perdidos. Aquello que podría darse solo al principio a modo de introducción y gancho, al final nos persigue en casi toda la película. Me explico. El texto está trufado de expresiones al estilo: “¡No, no vayas!”, “Nadie ha regresado nunca de allí”, “Nadie sabe lo que hay”, “Él fue el primero que blablablá”, “Eres la última que blablablá”, “Nunca nos dijeron que blablablá”, “Si haces eso será lo peor de lo peor” y un largo etc. de dos horas. Herramientas narrativas que funcionan muy bien para generar misterio y profundizar en las relaciones entre ellos con pluma melodramática.

Imagino que este debate se daba en la sala de guión. “¿Les damos texto o les damos caña?” y ya que James Dashner, el escritor de la novela consta como co-guionista, ganó el texto. Así pues, de nuevo tenemos a un grupo de figuras de videojuego, que poco o nada nos interesa su existencia, y que se las pasan discutiendo tres cuartas partes del film. Y por lo que sabemos de los videojuegos, lo emocionante es superar pantallas. Subir niveles. Llegar al final. Vamos, correr. Y aquí Thomas no corre mucho. Lo emocionante es como Thomas se relaciona con los demás y va descubriendo su pasado. El laberinto, al final, queda como atrezo lejano. Eso si, un atrezo glorioso.

El diseño de efectos especiales va a cargo del mismo director Wes Ball, experto reconocido, que juega aquí con sus mejores cartas. Y el resultado es fascinante. La construcción del laberinto es majestuosa. Sin duda, el mejor personaje de la serie son esas callejuelas de hormigón vestidas de moho. Las gigantes paredes decoradas con kilométricas enredaderas se mueven al son de graves atmósferas y consiguen impactar lo suficiente como para tener ganas de perderse en el laberinto. Pero luego aparece el melodrama y quien quiere correr es el espectador adulto. Correr con un único objetivo: alejarse de la sala y colocarse lejos, muy lejos, de ese laberinto emocional adolescente.
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14 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ojalá estuviera aquí
Ojalá estuviera aquí (2014)
  • 5,6
    1.814
  • Estados Unidos Zach Braff
  • Zach Braff, Josh Gad, Ashley Greene, Kate Hudson, ...
5
Epifanía no es ser fan de Epi.
Zach Braff, dirige, protagoniza y co-escribe (con su hermano Adam), esta película financiada a través del crowdfunding de sus fans. Conocido por protagonizar la exuberante serie Scrubs y luego aplaudido entre la escena independiente americana por “Algo en común” (Garden State, 2004), ahora se presenta con más de lo mismo.

Braff interpreta a Aidan Bloom, hombre juguetón y poco responsable, a quién la vida (o la de su padre) le invita a reflexionar sobre aquello que es lo más importante: el dinero. El dinero para pagar la escuela judía de sus dos en-can-ta-do-res hijos. Luego de la posterior y obligada charla con su mujer decide algo grande y responsable. Y responsable. Ocuparse de sus hijos. ¿Lo primero? Sacarlos del aburrido colegio y luego ¡a pasárselo en grande! Su hermano, por su parte, incapaz de despedirse de su padre en el lecho de muerte, le dará el toque dramático al film. ¡Que no juzgo inadecuado! si no que participa de una estética seriéfila que gustará a muchos y hará chirriar a unos pocos.

La simpatía del protagonista juega un papel fundamental a la hora de sumergirse en el proyecto. La ecuación es fácil. Si Zach te cae bien, la película te gustará. Si Zach te cae mal, vas a dormirte a ritmo de Bon Iver, con sus atardeceres en el desierto y planos a cámara lenta típica de spot publicitario to guapo guapo. Promete ser un sueño agradable. No lo niego.

Eso si, serieadictos del mundo, vais a gozar reconociendo caras de la pequeña pantalla. Empezando por Sheldon Cooper (Jim Parsons), genio interpretativo hecho para un solo papel, Mandy Patinkin quien interpreta un hombre sereno y lúcido muy cerca del Saul de Homeland, o Joey King, la hija de moda, de gruesos labios en Fargo y pelo corto en este film. Ashley Greene de la saga Crepúsculo, Kate Hudson y Josh Gad terminan con el reparto.

La trama se sustenta en la capacidad del espectador de no mirar de frente. Dicho de otra manera, no es ficción, es fantasía. Pero de la peor calaña. Fantasía americana. Esa que con un “por favor” sincero, puedes saltar los controles de cualquier aeropuerto para alcanzar a tu amor antes de que suba a “ese maldito avión”. Esa fantasía de musical. Esa de panaderías francesas y abuelos bailarines. Ese infierno de Truman donde el vecino te sonríe por las mañanas mientras termina de regar su jardincito y grita “¡buenos días!”. Esa donde un padre puede probar con su hijos “como ruge esa buga nuevo descapotable” por las carreteras con planos aéreos porque el vendedor de coches piensa “¡que carajo! ¡un día es un día! ¡vamos muchachos! ¡subid, aprisa!”…ese rollo, ¿si? Pues si uno entra en ese estado de embriaguez norteamericana guiñando el ojo y sin mirar atrás, pasará un muy buen rato. Porque, al fin y al cabo, no hay mucha diferencia entre esquivar y andar haciendo eses. Y si uno puede esquivar algunos gags desafortunados por aquí, cierta fijación judía por allá, y dichas licencias fantásticas, se encontrará con una historia sencilla que habla de la vida, la muerte, la relación con el otro, la familia, el trabajo, la salud, los hijos y un montón de elementos de lo más emotivos que consiguen dar con cierta diana. No nos engañemos.

En cierto momento del film, el protagonista en un alarde de madurez, decide llevarse a sus hijos al desierto donde, cuenta, que tuvo un momento de epifanía. Se preocupa para describirnos su significado y se lo agradecemos. Pero aquellos espectadores cazadores de epifanías cinematográficas o aquellos que busquen alguna forma de manifestación luminosa en el cine, solo van a encontrar sombras y algún que otro fugaz halo de luz.
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La abeja Maya. La película
La abeja Maya. La película (2014)
  • 4,8
    306
  • Australia Alexs Stadermann
  • Animation
3
Sin miedo a las abejas
Se habla mucho de la valentía de Maya, y muy poco de la valentía de los padres que se atrevan a tal momento cinematográfico. Existe una línea muy fina entre ser valiente y ser malcriado, y Maya, baila encima de esa línea en todo momento.

Que “La abeja Maya” es un canto a la amistad, a la confianza, a la belleza, a la libertad y a la valentía eso lo vimos de pequeños en la serie televisiva. Que “La Abeja Maya, la película” se afine con su homónima de la pequeña pantalla, eso ya exigiría entrar en debate.

Articulado con un guión un tanto pobre, el metraje va avanzando a merced de la pequeña traviesa. Sin ninguna profundidad, los arquetípicos personajes van apareciendo justo en el momento preciso. Ni antes, ni después. A destacar, el dúo hormiguero, que siendo una caracterización mimética de los conocidos Trancas y Barrancas, aparecen con cierta fuerza cómica que aligera la experiencia.

La reconstrucción de los escenarios florales y los paisajes vegetales consiguen generar fascinación. Sin duda son lo mejor. Pero sospechad de una película donde lo mejor sea el decorado.

Lo cierto es que existen hallazgos educativos que nadie puede negar; la aceptación de lo desconocido, el compromiso de la amistad, la curiosidad como motor constructor, la enemistad como falta de conocimiento del otro, etc. Grandes valores. Si, pero no valen los 20 millones de dólares que se invirtieron en esta producción. Un guión más elaborado y menos vacío ayudaría a llegar a más público y conquistar más edades.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué hacemos con Maisie?
¿Qué hacemos con Maisie? (2012)
  • 6,6
    3.353
  • Estados Unidos Scott McGehee, David Siegel
  • Julianne Moore, Steve Coogan, Onata Aprile, Alexander Skarsgård, ...
6
¿De qué color es un divorcio?
Para muchos el cine es una mirada. Distante, cálida, reflexiva, atenta, inquietante, documental, contemplativa, gamberra o caprichosa según el lugar donde se coloque la cámara. En este caso, el dúo de realizadores Scott McGehee y David Siegel, con tacto y refinamiento delicado, la mirada que nos proponen es menor, de edad.

Uno de los grandes hallazgos de la novela “What Maisie Knew” de Henry James, publicada en 1897, fue saber retratar el mundo desde esta posición de no más de 85 centímetros del suelo. Tanto la reconocida obra literaria como la película se preocupan en contarnos la vida des de los ojos de una niña de seis años. Y los aplausos, tanto en el texto como en la imagen, van por aquí.

Separación, divorcio, custodia, luchas legales y discusiones a gritos, con portazos incluidos, siempre se dan en la habitación de al lado. Quedan lejos del objeto de estudio: Maisie y su mirada. Y cuando se trata de divorcios y custodias, es de manual, lo más importante es ver a la criatura. Leerla y comprenderla. Escucharla y contemplarla. El film coloca al espectador donde deberían estar los padres. Nos da su mirada.

Los recursos son varios y en su mayoría con acierto. Con escenas cortas, donde la niña ejerce de testigo mudo, se va construyendo el perfil de los personajes que la rodean. Sin voz en off, con la altura de cámara bien medida, y con el permiso de algún plano subjetivo, los realizadores nos trasladan a la mirada infantil de Maisie, interpretada de forma convincente por Onata Aprile, mientras nos cuentan una historia sin grandes escenas pero con pequeños instantes brillantes de fábula 2.0.

Hasta aquí los aplausos y las conquistas del film.

Pero hay que añadir una reflexión prudente al conjunto. Una lectura ya más sosegada del resultado final nos invita a una última reflexión en torno al proyecto fílmico entero. Seamos sinceros. El problema del film es esa forma de cinismo que envuelve este tipo de productos con intenciones pedagógicas. Es decir, que su función principal, la de dar conciencia de responsabilidad a padres poco atentos, ya nos la han dado un sinfín de otros títulos, y al final, lo que resta, el gran hallazgo de Maisie, es poco más que situar la cámara a un metro del suelo. Leyendo una sinopsis cualquiera del film americano uno ya puede formarse una opinión de la película sin necesidad de verla. El cinismo está en dar por importantes problemáticas un tanto superficiales. Seamos honestos, los problemas de una niña de clase alta no son demasiado graves. Tener dos habitaciones gigantes para dormir eso no es un problema, que no sean puntuales a la hora de recogerte en el colegio, tampoco es un drama de tal proporción como para invertir y dedicarle una producción fílmica a tu caso. Sin intención de frivolizar con el dolor ajeno, es preciso señalar esta condición banal de las producciones que llegan en formato pequeño e inocente.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La gran estafa americana
La gran estafa americana (2013)
  • 6,3
    45.088
  • Estados Unidos David O. Russell
  • Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, ...
5
FOR YOUR CONSIDERATION
Como bien anuncia Funkie_83 estamos ante una gran estafa americana. Vamos a la RAE a ver qué pone. Estafar: 1. Pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños, y con ánimo de no pagar. 2. Cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio.

...¿y no hay algo de todo esto en el circo de estatuillas?
Yo no digo nada, pero los créditos del principio son bastante claros: “Algo de esto realmente pasó”.

Damas y caballeros estamos ante una película con diez nominaciones y no son técnicas. Son las gordas. Aquí pasa algo. El tongo, como esencia misma de la materia de estudio del film, apesta incluso más allá de la pantalla. La sensación de estafa consiguen transmitirla con perfecto detalle. A mi entender, ya os digo, lo mejor el vestuario, bueno, el de ella. Y poco más. La historia relatada por etapas con Louis C.K también merece mi simpatía. Insisto, poco más. Dos horas de jerga de administración y engaño previsible.

Por ello y por mucho más, es preciso no entrar en el juego y para su consideración… intentar no pagar por ello.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Her
Her (2013)
  • 7,5
    68.943
  • Estados Unidos Spike Jonze
  • Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, ...
9
HER ES SU, NO SO
Her nos habla del Otro. De la Otra. De él o de ella. Al gusto. Quien haya sido niño o adolescente, enamorado de alguien, sin conocer al otro le va a dar un 9 o un 10. Sin pestañear. Quien no haya gozado de un amor platónico (ése que se da sólo en las Ideas) va a tratar la película des de un análisis calculado, frio y sensato, añadiendo un “hipster” por aquí, una “generación vimeo” por allá o un “estamos ante una mordaz crítica de la peligrosa alienación del hombre con la tecnología” para darle cuerpo a su afilado puñal. Oye, y van a acertar. Pero lo que la serie Black Mirror trata con indiscutible seriedad o el gusto por los filtros Nashville, Sierra, Valencia, Rise o Amaro, que le pone a la cámara, quedan, a mi entender, en segundo lugar.

Jonze da donde muchos quieren y no pueden. El Sistema Operativo le sirve para demostrar su tesis: Sentimos mediante la ficción. Sabiendo que ET es un muñeco, lloramos. Y aquí nos encontramos los amantes de las ideas, paseando por playas llenas de gente, riéndonos imaginando cómo seria tener un ano en la axila. Proyectados. Nada que Gasset no nos indicase ya, “el hombre como animal fantástico”, de creador de fábulas y todo eso. La profesión de Theodore, escritor de cartas de amor ajenas, es un ejemplo claro. Él mismo funciona como generador de fantasías y constructor de emociones. Jonze construye un personaje a medida para el despegue y la incertidumbre. Él cree.

Sobra decir lo brillante que está Phoenix en este gigantesco monólogo de más de dos horas. Porque al fin y al cabo, la Johansson solo pone la voz a un reflejo de él mismo. Por suerte o por desgracia, como amenaza o como regalo, la máquina aprende rápido.

Lanzo una última pregunta para ir a dormir calentitos de dudas:
¿No es Dios la madre de todas las ficciones? En caso negativo, ¿Dios es amor?
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Agosto
Agosto (2013)
  • 6,7
    18.525
  • Estados Unidos John Wells
  • Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Chris Cooper, ...
7
Teatro 1 - 0 Cine
Las reuniones familiares siempre han sido una tentación para los narradores del mundo. Agosto nos muestra el reencuentro de la familia americana Weston. La desaparición del padre por causas desconocidas provoca que las hijas acudan a la casa donde se criaron y a la realidad familiar de la que huyeron. Allí su madre, enferma y adicta a las pastillas, las espera con artillería pesada. “Vamos girando alrededor de un cactus”, afirma el padre antes de desaparecer. La madre, poco a poco, irá convenciendo al espectador de su condición vegetal. Pinchando, con ingenio y mucha mala baba, a quien se acerque lo mas mínimo.

Lo que podría ser una cena agradable resulta ser un festín de emociones que nunca llegan a resolverse. Consiguiendo esa sensación de apetito, deseo o hambre. Todo sinónimos de una misma condición ansiosa. El espectador deviene un carnívoro que quiere más a cada escena y, en cierta forma, la matriarca sirve los platos cada vez más pesados. Durante el banquete, la nieta de 14 años afirma ser vegetariana, argumentando que “comer carne es comerse el miedo del animal antes de matarlo”, todos ríen, incluso el público le parece absurda la afirmación. Pero lo cierto es que el miedo está en cada uno de los comensales y rige las vidas de todos ellos, de forma protagonista. La sentencia de la niña, así como el cáncer de boca de la madre o el desierto o el asfixiante calor, se suman a la lista de guiños metafóricos que Tracy Letts mete en un guión para saborear varias veces. Diálogos, pausas y monólogos van en perfecta sintonía con las dinámicas emocionales de cada instante. La armonía del texto, así como la rítmica del film, son de Oscar. Cabe añadir que estamos ante un matriarcado turbador sobre tres hijas de carácter. Aquí los hombres, desbordados por su compañía, quedan en un tercer lugar de estudio. Se puede afirmar que la obra supera, y con creces, el test de Bechdel, donde mujeres, con nombres, no hablan de hombres.

Pero todo eso es teatro. Ahora, vamos al film.

Algo de tacto, ciertas pausas, buena luz y algo de música agradable conforman los hallazgos de un director-encargo más preocupado por las estatuillas que por un cine que apueste por algo. Porque no estamos ante una buena película, estamos ante una fabulosa obra de teatro filmada. Aquí el diálogo o asociación entre imágenes es inexistente. Solo importa el texto y lo que se dice, y como se dice, y quién lo dice. Las imágenes, aquello que configura la propia naturaleza del cine, aquí solo participan a modo de maquillaje para el gran engaño. Por mucho que nos pese, Agosto es otra victoria del teatro en el cine. Pero eso si, un gran teatro. Sea como sea, la producción tiene muy claro su objetivo: ser "Candidata a los Oscars" (ya un género en si mismo, con criterios, políticas, normas y marketing propios), pero la falta de firma, de carácter, de riesgo, o de esencia misma nos impide un último aplauso. Ese perfectísimo repelente de productos hechos con cronómetros y estadísticas y estudios de mercado sirve para ganar dinero, pero no para ahondar en las conciencias de los espectadores. Es imposible no compararla con otras reuniones familiares fílmicas, como por ejemplo, “Celebración”, de Thomas Vinterberg (director que si apuesta); donde la familia europea trata de temas mucho más dramáticos que la soledad o la falta de amor o el maltrato educativo entre madres e hijas, que para qué engañarnos, no son carne roja. Con Agosto, sea como sea, uno se queda con hambre.
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida de Adèle
La vida de Adèle (2013)
  • 7,5
    36.256
  • Francia Abdellatif Kechiche
  • Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens, ...
9
La droga azul
Primero de todo, tener presente que no estamos ante una película cualquiera. Estamos ante un evento fílmico. Ganadora de la Palma de Oro del pasado festival de Cannes, "La vida de Adèle" ha conseguido algo inaudito; que toda la crítica internacional y Carlos Boyero estén de acuerdo. Con lo cual alguna cosa tiene que haber en la película. Y la hay.

Segundo, quien confíe ver una historia de amor lésbico o una historia de descubrimiento sexual, protagonizada por una adolescente Adèle y una misteriosa chica de pelo azul va un tanto equivocado. No por el contenido sino por la forma. Me explico. Lo que falla en la ecuación es ese “una historia de”. Ya que no estamos ante un relato o una narración sin más. Ficción y sólo ficción. No. Aquí de lo que se trata es de un reflejo, de un retrato, de un baño en otras aguas. Un viaje, una epopeya que debe ser sentida, cantada, vivida. La migración de ese personaje que se sienta en la butaca hacia un torbellino emocional lleno de contrastes fuertemente intensos es total. Algunos seres de piedra harán bandera de su condición geológica. Los demás nos rendimos al rostro llorón.

Y tercero, la actriz Adèle Exarchopoulos se gana a los dioses por su trabajo y absoluta desnudez a todos los niveles frente la cámara. El trabajo y la química conseguida con su compañera de reparto Léa Seydoux es algo mágico. Forman parte de otra liga. El responsable de tal tránsito es Abdel Kechiche, director que trabaja con métodos algo sombríos para extraer de las actrices esa naturalidad insultante.

Tenemos el evento, el contexto y a un dúo que funciona. Vamos, pues, al método.

Kechiche no lo duda. Si hay que hablar de sentimientos hay que cerrar el plano. Hay que trabajar el primer plano hasta que escupa. Y lo hace. Se presenta como imposible no pensar en la obra maestra de Dreyer “La pasión de Juana de Arco” (1928), cuando hablamos de primeros planos, cuando hablamos de pasiones o cuando hablamos de la pasión de Adèle. Salvando las distancias, con éste recurso mata dos pájaros de un tiro. Por una parte, todo lo que no sea ella (y su mundo emocional) carece de importancia; familia, entorno social e incluso la propia naturaleza homosexual quedan lejos de la materia, se van apartando lentamente. Y por otra parte, el grado de implicación del público es mayor. Pero no tienes nada si no hay un buen rostro llorón enfrente la cámara. En este caso, la interpretación sirve como herramienta para el estado de ausencia y entrega del público. En cierta forma, actúa como una forma extraña de droga que te lleva a un limbo donde todo es emoción viva.

Las secuencias de sexo, de las cuales se hablará, y mucho, es preciso señalar que no se dan en la red, para la red, sino que suceden en la intimidad de una habitación del yo enamorado/a. Dedicarle una mirada puramente erótica a las imágenes sería despojarlas de profundidad. La reflexión va más con el deseo, el anhelo, el tacto, el ritual, la fiesta de los órganos y, ese espacio desconocido por el hombre, y que Kechiche presenta como, una mística del orgasmo femenino.
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24 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Michael H. (TV)
Michael H. (TV) (2013)
  • 6,7
    216
  • Austria Yves Montmayeur
  • Documentary, Michael Haneke, Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, ...
6
Dirección a Haneke
Hay dos tipos de personas en el mundo. Los que les gusta Haneke y los que aún no les gusta Haneke.

A los primeros les diría que no van a encontrar muchas sorpresas más de las que hayan podido descubrir por si mismos, y a los segundos les aconsejaría directamente, no verla por dos motivos. Uno, contiene la mayoría de escenas clave de su filmografía, dicho de otra manera, está llena de spoilers. Y dos, el documental se estructura con una contracronología repasando, una a una, sus películas al detalle.

Mas que un documental, lo que encontramos son los extras de la edición en DVD de su última película “Amour (2012)”. La película empieza con ella y termina con ella. Las entrevistas a los actores y actrices que participaron con él a lo largo de los años, que son la mitad del contenido general, son en su mayoría imágenes de archivo de otros tiempos. Hay cierto aroma de promoción y propaganda. Digo aroma por no decir hedor.

Al margen de todo, Haneke continua siendo el director que ha dejado a mas gente clavada en la butaca mientras pasan los créditos. En ningún momento se niega su genialidad y el documental da fe de ello. Su precisión y exactitud, su enfermiza forma de trabajo o su rechazo absoluto a la exageración, al sentimentalismo, están a la altura de un intelecto que conoce y sabe lo que quiere. Estamos ante un director que compone las películas con los oídos, un hombre que se define como un músico, y que no cree tanto en la obra de arte, sino más bien en la pieza artesanal perfectamente elaborada. Su obsesión va más con el domino de la técnica que con el resultado. Y claro el resultado suele ser espectacular. Sirva de ejemplo su trilogía de la glaciación emocional. Tres obras maestras que deberían darse en cualquier escuela de cine. Lección segura.

El espectador se encontrará con varias respuestas al método del director. Una de ellas, que se encuentra entre las mas valiosas, es su profundo objetivo de llegar a la Verdad. Si, en mayúsculas. Perseguir un retrato de realidad que consiga agitar la conciencia del espectador. Mediante un proceso de reducción de imágenes e ideas, donde se limpia lo superficial y se quita todo aquello que sobra, se consigue reflejar la realidad. Su atenta depuración de cirujano tiene como resultado una forma indiscutible de Verdad; atroz, incómoda, pavorosa o triste, según el film.

De vez en cuando, aparecen en los medios noticias de carácter monstruoso, y la reacción general suele resumirse en ese comentario de "la realidad supera la ficción", y un servidor añadiría "salvo si la ficción es de Haneke". Su cine es el triunfo de la ficción.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sólo el viento
Sólo el viento (2012)
  • 5,6
    348
  • Hungría Benedek Fliegauf
  • Lajos Sárkány, Katalin Toldi, Gyöngyi Lendvai, Attila Egyed, ...
7
Hungría, año cero
Situados en medio de una zona rural cargada de vegetación, los protagonistas actúan como símbolos andantes. El bosque, siempre como elemento universal y espacio de naturaleza humana, actúa de hogar para la familia pero también es donde nacen todos los miedos. Ir a dormir se presenta como una amenaza. Pero vamos por el principio, cuando sale el sol.

Con gusto por el detalle y con carácter sigiloso, se nos va presentando el amanecer de la familia, uno a uno, en su cotidianidad miserable. Una madre pluriempleada, una abuelo enfermo mental en el sofá, una hija responsable y fantasmal y, por último, un hijo algo gamberro. Cada uno, a su manera afrontan el día de la mejor manera posible. La madre intenta olvidar y pasar página, la niña se refugia en el colegio e intenta buscar información vía internet de lo ocurrido, y el niño, sin ir a clase mata el tiempo deambulando de un sitio a otro, recordando los paseos de ese Edmund de “Alemania, año cero” (Rossellini, 1948). Pero por mas que intenten conseguir un estado relajado, la tensión existe y por partida doble. Por una parte, en la esfera privada, es obvia la sensación de ser los protagonistas de una caza, de una persecución, de ser blanco perfecto, de acecho invisible constante. Y por otra parte, en la esfera pública, las escenas de rechazo social son varias. Es decir, la tensión latente en todo momento por evitar ataque ajeno suma con la tensión racial que existe en Hungría de forma creciente.

Son pocos los trabajos que se atrevan con la polémica racial gitana, con un enfoque sin estereotipos y sin duendes. Más allá de los retratos de brocha gorda de reportajes callejeros y del algún que otro documental, de vez en cuanto, se nos presentan proyectos donde las comunidades gitanas simplemente están y viven como buenamente pueden. El retrato húngaro que se nos presenta no pretende ennoblecer a la etnia gitana y está muy lejos de sentimentalismos. Con perfecto temple se nos afirma, simple y llanamente, que son humanos. Nada más. Los recursos del director para apartarse de clichés del folklore gitano son varios y se agradecen. Cierto contrapunto en sus actos (vamos, que no son santos) ayudan a tomar distancia y juzgar los hechos más fríamente.

Fliegauf usa el fuera de campo para mantener al margen los elementos más significativos o las escenas más indigeribles, dando así al espectador, ese espacio para la imaginación. Con este modus operandi baña la cinta de un tono serio, frio y respetuoso. Cosa que gusta mucho a los jurados y muy poco al público perezoso. Vamos, que prefiere filmar manos, brazos, pies y espaldas andantes antes que rostros pensativos, contentos o lacrimosos. Bien por él, mal para el actor que se quiera lucir.

Esta ausencia de recursos compasivos y de tinte carroñero delata compromiso y seriedad con el proyecto y hace que la cinta esté libre de cualquier emoción. Pero no significa que el golpe no sea duro. Tras un bofetón lo primero siempre son las estrellas. Así pues, tras 90 minutos, nos encontramos en ese estado de desubicación, momento de incomprensión, de sorpresa total ante la realidad, ese zum-zum en la mejilla, esa pausa temporal en medio del tic-tac, donde uno no sabe que pensar. Pues bien, Solo el viento pega y fuerte.

Al final te ves preguntándote con cierto aire de Dylan ¿Cuántos gitanos tienen que morir antes de que sean vistos como personas? Y ya lo sabemos, esto, amigos míos, sólo lo sabe...
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El último Elvis
El último Elvis (2012)
  • 6,6
    1.443
  • Argentina Armando Bo II
  • John McInerny, Griselda Siciliani, Margarita López, Rocío Rodríguez Presedo, ...
6
EL CUERVO DE ELVIS
Criticar negativamente esta película seria un error de miopía. Situada en un contexto de opera prima y con un tono desenfado, Armando Bo, tiene claro su objetivo. Hablar de micros. Microrelato. Micromundo. Microdrama. Y lo consigue. Co-producida por Alejandro González Iñárritu, la estética recuerda las películas del mejicano.

Miradas bovinas y silencios entre personajes, dejan que el espectador rellene un guión, medido y ligero, que se construye principalmente con actos y entreactos. Con algún que otro momento cómico, por absurda seriedad, se consigue aligerar el drama. En definitiva, el conjunto funciona de maravilla.

Su ex mujer funciona a modo de "Deus ex machina" para el relato en general. Junto con la hija Lisa Marie, las dos actúan como contrapunto a la ficción de tupé del protagonista. Son, en definitiva, la voz del público. Le recuerdan a Elvis que su nombre es Carlos.

Mención especial al buen trabajo de casting por la colección de dobles/imitadores que aparecen en una escena/fiesta de viejas glorias mundiales. La versión argentina de Iggy Pop te hace saltar de la butaca.

En fin, queda esta película como testimonio de que en Argentina no todos los niños se creen Diego, algunos se ponen a cantar con peluca, se rompen las caderas y entonan un 'Love me tender'.

Lo mejor: la escena donde se olvida de la hija al salir de una actuación, ella dice; “¿donde estabas? pensaba que te habías ido". Él, responde.

Lo peor: la banalidad del conjunto.

Por último, permítanme, un aplauso tímido al equipo de peluquería. Cierto magnetismo.

…y ya sabéis,
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Journey to the West: Conquering the Demons
Journey to the West: Conquering the Demons (2013)
  • 6,1
    272
  • China Stephen Chow, Derek Kwok
  • Zhang Wen, Shu Qi, Huang Bo, Lee Shing-Cheung, ...
5
El Chow se ha acabado
Película irregular. Extraña. Aparatosa. Mal llevada. Mal pensada. Precipitada. Presurosa. Muerte de lo cómico a cargo del efecto. Sensación de enorme inversión en base a un primer borrador. Poca revisión o falta de escrúpulos hacia el espectador, o lo que es peor, hacia el propio Stephen Chow. Acercamiento frio a la narrativa fantástica asiática, mucho efecto resultón, poca firma hongkonesa. Chow no es eso, y él lo sabe. Primer (y confío que último) resbalón en su personal filmografía. Aquí gana el drama, la desmesura, la seriedad, el dogma, lo épico, y pierde la parodia, el sinsentido y lo absurdo, sus armas.

¿Será el mal del éxito?
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7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
King of Comedy
King of Comedy (1999)
  • 6,5
    169
  • Hong Kong Stephen Chow, Lee Lik-Chi
  • Stephen Chow, Karen Mok, Cecilia Cheung, Clarence Hui, ...
8
Chow 4 - 0 Zucker
En King of Comedy (99), Stephen Chow, continua con su línea de protagonista perdedor con gran corazón que, salvando las distancias obvias, huele a Chaplin. En esta cinta interpreta a un actor que no sirve ni como extra, lo cuál le sirve para dos cosas; una, mostrar sus registros faciales y niveles interpretativos, y dos, meter un cameo de Jackie Chan que ilumina y simpatiza el momento.

Aquí Chow está en estado de gracia. Si omitimos la rigidez occidental con la que se guían los géneros cinematográficos, encontramos que el hongkonés mezcla a sus anchas (y con dominio de cada uno de los lenguajes) acción, comedia, romance y drama. Dentro del marco paródico donde se encuentra toda su obra, siempre hay espacios donde la película no tiene ninguna gracia. Algunas veces, por simple tontería y otras por la controversia o agresividad a la que nos evoca. Vamos, que mientras aún te ríes le dan una paliza a una prostituta. ¿Cómo sentirse con eso?

En la comedia, y más en la comedia paródica, los personajes suelen presentarse con caracteres muy marcados y claramente distinguibles. Digamos que no existen los grises. El diálogo entre blanco y negro queda claro. Chow en cambio, incluso en medio de la estupidez más absurda presenta personajes con ciertos tonos. Queda como ejemplo máximo el personaje de ella. Presentación sobrecargada y bruta de sus intenciones y poco a poco humanización, mediante pequeños detalles, de la dama de las camelias y el Richard Gere hongkonés. Este momento de colorido y de ciertas tonalidades a los personajes cargan la cinta, en su esencia, de seriedad. Y aquí en casa, si el personaje es profundo, se toma en serio y si se toma en serio, el tema es serio y si el tema es serio, no se hace burla y si se hace burla, mal, caca. Luego, ¿cómo ver esta película?

Salvando las distancias, aconsejo ver las películas de Chow, y en especial ésta, con el mismo prisma con el que miramos las comedias clásicas americanas. Hombres mujeriegos inmaduros o directamente tontos, mujeres florero con carácter, etc. Donde el rol de cada uno sirve de disfraz y escenario para contar historias cómicas y preciosas a la par.

Lo mejor: las imprevisible piernas de ella.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil