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Críticas de JLZM
Críticas ordenadas por:
Los últimos cinco años
Los últimos cinco años (2014)
  • 4,9
    545
  • Estados Unidos Richard LaGravenese
  • Anna Kendrick, Jeremy Jordan, Natalie Knepp, Nic Novicki, ...
4
Pimpinela, el musical.
No siempre va a resultar fácil para el público mayoritario disfrutar de un musical en el más puro sentido de la palabra, donde los diálogos convencionales den paso en su totalidad a la sucesión de piezas musicales. Esto no puede considerarse un hándicap per se pues, como ya sabemos, en esto del cine, el contenido va supeditado a la forma y va a depender de la pericia del director el imprimir personalidad e interés a una obra para, en el mejor de los casos, rescatarla del ostracismo y, en el peor, postergarla al olvido. He aquí el principal fallo de la misma, Richard LaGravenese (director que sí ha mostrado mucha valía en la realización de guiones como los de ‘El rey pescador’ y ‘Los puentes de Madison’) ejerce una labor de dirección totalmente impersonal y anodina que acaba convirtiendo el metraje en una mera sucesión de videoclips carente de interés.

La historia se centra en Cathy, una aspirante a actriz que es incapaz de hacerse un hueco en la industria, y Jamie, un joven novelista que sí saborea las mieles del éxito. Ambos se disponen a narrarnos los cinco años de su relación, altibajos incluidos.

Llama poderosamente la atención la estructura temporal mediante la cual se nos cuenta la historia. Se va intercalando una narración cronológica de los hechos desde el punto de vista de Jamie, con una narración cronológica inversa cuando es Cathy quien aporta su visión de la relación. Supongo que el objetivo de tan enrevesado planteamiento no es más que el de mostrar el contraste que hay entre los idílicos inicios y los desilusionantes finales, entre otros avatares propios de una relación sentimental; aun así lo considero un recurso fallido pues, llegados a cierto punto, la inconexión entre unas escenas y otras es patente. El espectador acaba preguntándose si era necesario complicarse tanto para contar una historia tan simple.

Respecto al amor en el cine siempre me he decantado por finales fallidos, por relaciones donde las vivencias buenas y malas se intercalan al igual que los aciertos y errores de quienes la forman; el ser humano es imperfecto y así lo son también sus relaciones. Comprenderéis, pues, porqué huyo de películas como 'Un paseo para recordar' (Adam Shankman, 2002) o 'El diario de Noa' (Nick Cassavetes, 2004) y, en cambio, me fascinan títulos como 'Closer' (Mike Nichols, 2004) o 'Blue Valentine' (Derek Cianfrance, 2010) Y, pese a que el pasteleo está bastante presente, es de agradecer que en esta película sí se muestre esa dualidad en las relaciones. También me interesa cómo el tema laboral parece ser clave en el devenir de la pareja, el éxito de Jamie parece minar la moral de Cathy, ella empieza a verse como una mujer florero y se niega a tener ese rol pasivo; lo cual dinamita la relación. El éxito y la falta del mismo como elemento separador. Estos son dos aspectos que rescato de la misma.

Respecto a las actuaciones los indiscutibles protagonistas son Jeremy Jordan en el papel de Jamie y Anna Kendrick como Cathy, ambos cumplen sus roles y demuestran tener química en pantalla. Un aspecto importantísimo es el elenco de temas que conforman el musical, otro gran fallo del mismo, está conformado por temas pop bastante facilones y alguna que otra balada; un repertorio muy escaso que no eleva para nada el conjunto, carece de canciones memorables.

Para concluir, que tu película esté basada en un exitoso musical de Broadway no es garantía de éxito. Con una historia cargada de tópicos, canciones sin interés y un director con el piloto automático puesto no podemos sino hablar de una película fallida. Hay mejores opciones en la cartelera actual.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stockholm
Stockholm (2013)
  • 6,5
    14.230
  • España Rodrigo Sorogoyen
  • Javier Pereira, Aura Garrido, Jesús Caba, Lorena Mateo, ...
7
El pequeño milagro
Cuando uno piensa en cómo tratan en el mundo audiovisual español, sobretodo en las series televisivas, las relaciones de los adolescentes y jóvenes es inevitable sentir muchísima vergüenza ajena. Para mí, con mis aún tiernos 23 años, me es imposible verme reflejado en esos batiburrillos de irreales relaciones ancladas en falsos tópicos y escupidas por la mente de algún guionista cincuentón. Logrando romper, de este modo, la necesaria conexión emocional del espectador para con la historia que se nos transmite. Por suerte, aún hay excepciones.

Los jóvenes de nuestra generación no somos oxidados arquetipos, ni hipotecamos nuestra felicidad por la incertidumbre de una relación, no utilizamos frases manidas ni planificamos el mañana pues sabemos que la alegría es momentánea y solo se encuentra en pequeñas dosis del presente. Jamás iremos susurrando piropos a los oídos de ninguna chica, ni regalaremos flores o cantaremos canciones; los trovadores hace tiempo que murieron.Y quizás busquemos más allá de un simple polvo pese a quedarnos, casi siempre, a las orillas de algo parecido a una relación. Bien porque no nos atrevemos a entrar en ese mar, bien porque sus olas acaban escupiéndonos. Si no somos convencionales, menos aún lo son nuestras relaciones; andamos más perdidos que orientados, más aletargados que despiertos.

Pero aquí sí, se produce el pequeño milagro. Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña logran configurar un guión donde el modo de conocerse, la situación que se forja e incluso las conversaciones nos pueden hacer sentirnos muy identificados. Todo el contexto nos es familiar, no hay idealizaciones sobre las relaciones esporádicas, la chica no es una princesa y por supuesto él no es un príncipe. Estas son las no edulcoradas relaciones de nuestro tiempo, con sus respectivas consecuencias.

La historia es simple, Un chico extrovertido y promiscuo conoce a una chica tímida y reservada en una fiesta. Hacen el camino de recogida juntos, él intenta lograr que vaya a su casa y ella, pese a mostrarse recelosa al comienzo, acabará accediendo al ir pareciéndole poco a poco un chico muy simpático y con encanto. A la mañana siguiente nada será igual.

La dualidad. ‘Stockholm’ es una película de dos actos claramente diferenciados y contrapuestos que se desarrollan sucesivamente, una dualidad que está siempre presente: el chico y la chica, el día y la noche, dos géneros diferentes en cada uno de los actos,…algo bastante enriquecedor y que nos muestra que estamos ante una producción que, pese a ser minimalista y de bajo presupuesto, está cuidada al detalle y realizada con mucho mimo. El primer acto del film peca de convencional pues, pese a ser interesante y lograr que nos sintamos reflejados, es una historia mil veces vista antes y no pasaría de ser una atractiva comedia romántica donde dos personas se conocen. La genialidad aparece una vez comienza el segundo acto donde se descoloca al espectador por encontrarnos ante un registro totalmente diferente, un ambiente malsano donde sentimos que algo no cuadra y que las reglas del juego ya no son las mismas; ahora el gato ya no persigue al ratón, sino al revés. El chico, una vez se ha acostado con ella, pierde su interés y es aquí donde afloran los miedos y obsesiones de una chica que intuimos, pues inteligentemente se deja a la inteligencia del espectador, ha sufrido mucho en el pasado y está en plena recuperación de alguna depresión o problema arraigado. Aquí es donde el protagonista empieza a darse cuenta de las consecuencias que tienen sus actos, que detrás de las personas hay historias y problemas, que la manipulación y el egoísmo dejan marcas que no se ven a simple vista. Cuando uno es consciente de ello, quizás sea demasiado tarde.

Esta producción intimista, realizada con mucho cariño y donde sus responsables han tenido que luchar muchísimo para poder realizarla y contar con una distribución, se desarrolla en esas calles de Madrid que se alejan de la presuntuosa Gran Vía; ofreciéndonos un retrato de la ciudad como pocas veces se ha hecho, serpenteando por sus calles y pisos, con la personalidad y el descaro del que cuenta con más talento que medios. Una fotografía preciosa, cargada de tonos azules, y unos planos acertadísimos que logran que verdaderamente uno quiera perderse por esas calles una noche cualquiera. Hay un romanticismo en su banda sonora, en su temática, en sus planos y actuaciones propias del cine de autor europeo.

En una película que se sustenta tanto de la actuación de los dos protagonistas sería injusto no resaltar la labor de Javier Pereira y Aura Garrido, ambos son muy naturales y hay bastante química entre ellos, un factor sin el que la película no funcionaría. Si tuviese que resultar a alguien sería a Aura con su manera de actuar contenida y frágil que embriagan al espectador, en mi caso me ha retrotraído al pasado y ha logrado escarbar.

Otro paso adelante del cine español, que sigue luchando contra sus propios fantasmas y derribando tópicos que ya suenan a pasado. Tiene sus defectos, no es redonda ni pretende serlo, su primera parte puede ahuyentar a ciertas personas, pero es de esas películas que hay que sentirlas más que analizarlas; se hace valer mucho del elemento subjetivo. Una película pequeña con un gran trasfondo, muy recomendable.

@ZarcoJL
www.cinefagosmuertos.com
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
1984
1984 (1984)
  • 6,5
    10.097
  • Reino Unido Michael Radford
  • John Hurt, Richard Burton, Suzanna Hamilton, Cyril Cusack, ...
7
I cant take my eyes off you
@ZarcoJL
www.cinefagosmuertos.com


Película dirigida por Michael Radford y basada en la obra maestra de George Orwell, escritor que insufló sus novelas de un marcado carácter político. Si en su novela ‘Rebelión en la granja’ usaba a los animales como alegoría de la revolución Bolchevique y el posterior sistema comunista, en ‘1984’ nos disecciona las entrañas del totalitarismo así como sus límites y efectos en la sociedad. Pese a que estoy introduciendo la procedencia del material en el que el director británico se basa para realizar su película cabe decir, de igual manera, que no he tenido la suerte aún de leer la obra original y que la reseña la haré exclusivamente basándome en el material cinematográfico. Esto me permite huir involuntariamente de la polémica sobre la adaptación, pues he podido ver que la mayoría de lectores de la obra original no están especialmente contentos con su paso al celuloide.

La historia nos lleva al año 1984, para entonces el futuro. Oceanía es un superestado totalitario donde los ciudadanos subsisten bajo el yugo de la extrema dictadura que se ha implantado en la sociedad. Están permanentemente bajo vigilancia, sin ningún tipo de privacidad, controlados hasta el extremo y han sido despojados de sus libertades y derechos humanos. Es un régimen militar, donde la guerra contra otros estados marca el día a día de sus vidas y son manipulados con propaganda engañosa. En este contexto la trama se centra en Winston Smith, un funcionario del Estado que trabaja para el Ministerio de la verdad cuya vida se convierte en un auténtico infierno cuando, tras conocer a Julia, comienza una relación con ella y comete los crímenes de amar y de pensar libremente.

El Gran Hermano es la figura que encarna El Partido, la única fuerza política existente en Oceanía. Una representación de todos los “principios” de ésta, la que todo lo oye, todo lo ve y todo lo juzga. Como una divinidad que no da tregua y que maneja a su antojo los hilos de todas las marionetas a su servicio. Conformando, de este modo, un sistema que está erradicando los sentimientos y los instintos; donde no se permiten las relaciones entre las personas, donde el contacto humano dejó de ser tal hace mucho tiempo. La mejor manera de encorsetar a las personas es eliminar todo el rastro de humanidad que tienen, convirtiendo lo esporádico y natural en pútrido y corrupto. Son meras herramientas de trabajo, sin presente ni futuro, sin esperanzas. Es bastante esclarecedora en este sentido la escena en que Julia le dice a Smith que se aleje de ella si busca algo puro, pues todo en ella está corrompido; entendiendo como corrupto el no adoctrinamiento, su rebeldía, su búsqueda de sentimientos y sensaciones que se alejan tanto de lo que el régimen pregona. Lo que debería ser normal se percibe como algo negativo.

George Orwell presenta en su obra una extrapolación de las prácticas llevadas a cabo por la Unión Soviética y el Fascismo. Es muy reveladora una de las frases que oímos a lo largo de la película “quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado” y hace referencia al trabajo de Smith que se dedica a eliminar las noticias dañinas para el régimen y seleccionar e inventar las que sí aparecerán en el periódico, reescribiendo la historia a su gusto. Él sabe perfectamente la manipulación a la que se ve sometida el pueblo, por tanto, está totalmente desencantado con un sistema que sabe que es una farsa y simplemente se dedica a hacer lo que se espera de él.

Es una cinta sustentada en ideologías y en las citas que, de manera acertada, se extraen del libro. Otro ejemplo de esto, y una declaración de intenciones en toda regla, es la conocida “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza” que es el lema de El Partido. Un partido que se olvidó de su pueblo hace mucho tiempo y cuyos esfuerzos se dirigen a perpetuarse en el poder. La crítica a las clases sociales está muy presente también, aunque está mucho más desarrollada en el libro. La película, en cambio, se centra más en la historia de Smith y Julia. En el último tercio del metraje cobra protagonismo el oficial O`Brien para quitarnos cualquier ápice de esperanza, en una de las escenas más crueles que se recuerdan (la conversación en la sala de torturas y posterior conversión de Smith). Dos más dos no tienen porqué ser cuatro.

Como la angosta soga que rodea el cuello, permitiendo respirar lo justo en la agonía. Aquél que está sometido a ella es consciente de que la acuerda de la que pende su vida está en manos de otro y hará lo imposible por seguir respirando, al ver que su respiración no se consume se encontrará agradecido por seguir viviendo. La gratitud al captor, la realidad distorsionada, el sometimiento acaba siendo voluntario y la voluntad prostituida. Con el tiempo dejará de ver a su opresor como tal, para empezar a apreciarlo como su salvador; aquél que subyuga pero no ajusticia. Cuestión de perspectiva.

La producción contó con un presupuesto bajo al que el director sacó mucho partido, es de destacar el que para mí es el mayor logro de la película: crear una atmósfera opresiva, pesimista y apocalíptica con una fotografía a cargo de Roger Deakings cargada de tonos oscuros y grisáceos. Parece real la sociedad en decadencia y destrucción que se nos presenta. Radford realiza un buen trabajo, exceptuando algunos flashbacks y ensoñaciones que creo que aportan poco a la obra. La labor actoral es encomiable, como si cada uno de sus actores principales hubiese nacido para interpretar dichos personajes. Especialmente John Hurt dando vida al protagonista, cuando lea la novela será imposible imaginar a Winston Smith con otro rostro que no sea el suyo; un auténtico recital de contención y emociones, la tristeza en su rostro sobrecoge. Richard Burton haciendo del oficial y Suzanna Hamilton como Julia bordan sus papeles.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La pasión de Cristo
La pasión de Cristo (2004)
  • 6,4
    90.897
  • Estados Unidos Mel Gibson
  • Jim Caviezel, Monica Bellucci, Maïa Morgenstern, Francesco Cabras, ...
7
Pura pasión.
Mel Gibson lleva las riendas de esta particular versión del relato más famoso de todos los tiempos; quizás el film que más expectación y ampollas han levantado de su filmografía y que le consiguió un grandísimo número de detractores.

La polémica. La polémica alimenta los intereses propagandísticos de una película incluso más que cualquier promoción que se le pudiera hacer, hace más por la cinta que todos los anuncios y campañas publicitarias posibles. Aquello de ‘Que hablen mal de mí, pero que hablen’ no puede ser más cierto; ‘La pasión de Cristo’ sufrió esta losa incluso antes de llegar a los cines. Vilipendiada por los rancios y casposos sectores de siempre, esos que solo despiertan del letargo intelectual para abanderar la hipocresía, y tildada de anti-semita y morbosa entre otras lindezas. La realidad es que el ser humano por naturaleza es morboso y ante tanto revuelo acudió en masa al cine –recaudó más de 340 millones sólo en USA-, no creo que al bueno de Gibson le importara tanta publicidad negativa.

Debo reconocer que nunca claudiqué con la religión cristiana, o más bien con su representante actual, la iglesia. Un constante predicar sin el ejemplo. Un bonito mensaje en manos equivocadas. Por lo tanto, y como es natural, me ceñiré a analizar la película en su lenguaje puramente cinematográfico, sin pretender sentar cátedra sobre temas que trascienden mi existencia ni mojarme más de lo que ya lo he hecho.

Mel Gibson me gusta más como director que como actor. Sabe lo que quiere y tiene decisión para llevarlo a cabo, si tuviera que destacar su virtud principal es la valentía. Hay que tener arrojos para, en una historia tan manida ya como la de Jesús de Nazaret, querer aportar tu propia visión y que, además, resulte ser personal y diferenciada de la del resto. Estamos, pues, ante un claro ejemplo de que en el cine lo importante no es qué se cuenta sino cómo se cuenta. Mel Gibson llevaba años con este proyecto en mente y con una obsesión: mostrar con todo lujo de detalles los momentos previos a la muerte de Jesús. Así asistimos al agónico proceso moral y, sobretodo, físico por el que pasa el protagonista desde la conocida como “Oración en el huerto” hasta la propia crucifixión.

La gente siempre recuerda la resurrección de Cristo pero antes de eso hubo traiciones, torturas, abusos e injusticias y no hay que pasarlos por alto. No podemos solo recordar e indagar en lo optimista y desechar la otra realidad, por mucho que sea desagradable. Una vez más, aquí aparece la curiosa naturaleza del ser humano que obvia lo que no puede soportar; no hay bien sin mal, no hay vida sin muerte, no hay alegrías sin penas, no hay justicia sin injusticias. La existencia, la vida, es una dualidad y hay que aceptar y normalizar ambas caras de la moneda. Al director no le basta con contártelo, quiere que lo sientas, su visión personal es introducirte en la auténtica pasión de Cristo. Y cuando hablamos de “pasión” no nos referimos a su significado actual, más relacionado con amoríos, sino al padecimiento y sufrimiento en su más alto nivel. Las escenas hiperrealistas te angustian y agobian, pero acaba logrando que lo mismo que al principio te estremece al finalizar no lo haga. Es decir, hace de la violencia una rutina (justo lo que era en la época). El único fallo que le veo al asunto es que llega a saturar, llega el momento en que no te dice nada y eso sí lo considero un error. Por lo demás, me encanta tantísima explicitud, aunque entiendo que es algo que depende del grado de sensibilidad del espectador.

Es una película cargada de simbolismos, como no podía ser de otra manera, desde la paloma hasta la serpiente. Llama especialmente la atención esa personificación del pecado y del mal que está presente constantemente. Ese ser andrógeno con apariencia de mujer y voz masculina que, como si fuera un espectador más, vislumbra todo lo que ocurre desde un segundo plano. Relamiéndose por lo que ve, es un mal augurio constante y disfruta perturbando a Jesús. Una vez más esa dualidad, donde está el bien, está el mal.

Mel Gibson tira de recursos a la hora de dirigir. Para adentrarnos en acontecimientos pasados en la vida de Jesús utiliza breves flashbacks que nos trasladan a esos momentos, aunque quizás alguno rompe el ritmo de la película. Hace uso del slow motion para enfatizar el impacto visual y emocional. Proliferan los primeros planos, muy efectivos a la hora de lograr transmitir y empatizar; a resaltar esas visiones subjetivas de Jesús delirando por el dolor y desvaneciéndose con la muchedumbre alrededor. El trabajo de dirección, en definitiva, me parece encomiable; hay mucho cine dentro de esta infravalorada película. Hay que destacar la excelente ambientación y diseños de producción, realmente te transporta a aquella época, contribuye a esto que utilicen los idiomas que usaban por aquel entonces: el latín y el arameo. Muy valiente, una vez más, el director en este sentido.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Blanca Navidad (TV)
Black Mirror: Blanca Navidad (TV) (2014)
  • 7,9
    24.210
  • Reino Unido Carl Tibbetts
  • Jon Hamm, Rafe Spall, Rasmus Hardiker, Oona Chaplin, ...
7
Carbón para todos
Estábamos deseando. Han pasado casi dos años desde la última entrega de ‘Black Mirror’ y, como si de un regalo navideño se tratase, el bueno de Charlie Brooker nos trae una buena ración de sus distópicas perversiones en estas fechas tan señaladas. La cuestión es que no hemos debido de ser muy buenos este año pues estamos ante un regalo pútrido, y no me refiero a la calidad que atesora el producto, sino a que, una vez más, la sociedad no se libra de la mordaz y afilada crítica del polifacético autor británico. Si algo ha hecho ‘Black Mirror’ es derribar barreras entre dos mundos que cada vez se acercan más como son las series y el cine, así que en esta ocasión nos enfrentamos a un capítulo, por llamarlo de algún modo, de más duración de la habitual y en el que dentro se engloban tres historias independientes que tienen relación con la trama principal que conforman; se cambia el formato típico de la serie para este capítulo especial dirigido por Carl Tibbets.

Supongo que la mayoría conocerá ‘Black Mirror’ pero debo hacer una breve introducción con el único fin de recomendarla encarecidamente a aquellos que aún no hayan tenido el placer de haberla experimentado. Surge de la mente de Charlie Brooker , un guionista/productor de gran relevancia en el Reino Unido a raíz de crear la serie ‘Dead Set’, donde ya se atisbaba parte de la temática que más tarde explotaría en la serie que nos ocupa, pero fue a partir de ‘Black Mirror’ donde adquirió notoriedad a gran escala. No es para menos. Cada capítulo es independiente del resto, tanto la historia como los actores, solo hay algo en común: la trama está contextualizada en futuro (muy cercano en ocasiones) antiutópico donde la malsana relación del hombre con las tecnologías es el leitmotiv de cada una de las historias. Todo esto insuflado de un ambiente enfermizo, retorcido y onírico. Para el que les escribe de lo más impactante que se ha hecho nunca en televisión, tanto por la crudeza de sus historias como por la capacidad de reflexión que produce en el espectador. Ciencia ficción de la buena.

El argumento principal de este ‘White Christmas’ no lo voy a desvelar porque no enriquecería su visionado, pero sí voy a centrarme en diferentes aspectos de los tres segmentos que lo conforman. El primer segmento nos introduce en la historia de un asesor que desde su casa ayuda a ligar a personas inseguras. A través de la pantalla de su ordenador es capaz de ver, oír y comunicarse con dicha persona , de este modo le va orientando sobre cómo actuar y qué decirle a la chica en la que se haya fijado para, finalmente, cortejarla; pero en esta ocasión algo se tuerce… ¿Acaso ven improbable que en un futuro cercano aparezcan esta clase de “expertos en ligar? Porque a mí no me parece una idea muy descabellada, es el siguiente paso de esta sociedad donde las tecnologías influyen tantísimo para encontrar pareja. Es muy triste que lo primero que hacemos hoy día al interesarnos por una persona, hay que reconocerlo, es acudir a su twitter, facebook o instagram para sacar información de ella. Vivimos en un mundo de apariencias donde pretendemos demostrar y causar buena impresión exponiendo una pose distorsionada de nosotros mismo, prostituyendo nuestra imagen y nuestras relaciones haciéndolas públicas. Como si fuera necesario hacer saber que estamos bien, que estamos en una relación; acabamos perdiendo la calidez, el contacto, las emociones. Si algo está haciendo la tecnología con nuestras relaciones es convertirlas en frías y fútiles, mecanizando el instinto, perdiendo la espontaneidad, tornando el proceso en monotonía desde un primer instante.

La segunda historia sería imposible destriparla sin soltar spoilers (no me gusta fastidiarle la experiencia a nadie) pero su crítica es más sutil, no es tan directa, y eso me gusta porque caben más interpretaciones. Hace referencia a la esclavitud contemporánea, la esclavitud a las tecnologías. No podía ser de otro modo. Parafraseando a uno de nuestros antihéroes preferidos , Tyler Durden, “Lo que posees te acabará poseyendo”.

El tercer segmento es crucial en la historia en común que tiene este especial y, antes de hablar sobre esta parte, os debo de introducir un concepto interesantísimo y uno de los grandes aciertos de esta nueva edición de ‘Black Mirror’: El bloqueo. En las redes sociales está la posibilidad de bloquear a una persona, de este modo le impides relacionarse e interactuar contigo, es como si no existiera, ¿Se imaginan el mismo concepto aplicable a la vida real? Charlie Brooker sí, en la realidad que nos presenta todo el mundo tiene la capacidad de “bloquear” a las personas que quiera. De este modo, la persona bloqueada, pasa a ser vista como una mera silueta de interferencias para quien le ha bloqueado y viceversa. Impidiendo también la comunicación entre ellos. Pues bien, en el tercer segmento un hombre es bloqueado por su mujer haciendo que no pueda comunicarse ni ver tanto a ella como a su hija recién nacida; muy cruel. Uno de los segmentos más emotivos y desalentadores. Me parece curioso que la visión de Charlie Brooker del amor y las relaciones siempre sea tan pesimista y dañina, haciendo que sus personajes lleven una carga tan grande, como si el amor siempre terminase cobrándose su peaje.

Estas tres historias son afluentes de un río mucho mayor en el que acaban desembocando.

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21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
La hamaca paraguaya
La hamaca paraguaya (2006)
  • 5,7
    496
  • Paraguay Paz Encina
  • Ramón Del Rio, Georgina Genes, Jorge López
3
La total desconexión entre espectador y película
La importancia de saber manejar el fondo y la forma en el cine es tan crucial como en la vida misma, de nada sirve saber el mejor chiste del mundo si a la hora de contarlo tartamudeas cada tres palabras. La sensación que me queda tras la visualización de ‘La hamaca paraguaya’ solo es comparable a la ingesta desmesurada de somníferos, he luchado contra el sueño para evitar la pereza de tener que retomarla unas horas después al despertarme, no me gusta eternizar los malos tragos. Y aun así miento, me acompaña otra sensación, una sensación amarga de lo que pudo ser y no fue; de ver cómo la forma estropeó tan estimable fondo. La película guarda un interesante y, en cierto modo, precioso mensaje (aunque no termina de desarrollarse) que queda totalmente solapado por una ausencia total de ritmo y una falta de acontecimientos alarmantes que eterniza los escasos 70 minutos que dura la película.

La trama nos sitúa en el año 1935, en plena Guerra del Chaco. Cándida y Ramón son un matrimonio de ancianos campesinos cuyo hijo partió como soldado en la guerra, las jornadas sin saber nada de él se suceden y esperan su llegada. El día a día pasa entre tareas recolectoras propias de cualquier pueblo que subsiste por su agricultura y largas conversaciones entre el matrimonio, sentados en una hamaca a la sombra de la arboleda. Sus caracteres difieren mucho pero, tienen algo en común, se dedican a esperar. A esperar que las altas temperaturas cesen, que la lluvia aparezca, que la perra deje de ladrar y que su hijo vuelva.
Lo primero que habría que destacar es que no estamos ante una película convencional, no es recomendable sino para aquellos curiosos que busquen en el cine cierta expresión artística. Podrá gustar más o menos, en mi caso nada, pero es innegable el reconocimiento de cierta gallardía al realizar esta película, pues es muy arriesgada. Quien haya leído alguna de mis críticas sabe que soy un apasionado de los sentimientos en el cine y de las motivaciones de los personajes, de ahí que la temática en principio me guste; estamos ante un par de ancianos en el último tramo de sus vidas que se dedican a esperar. Aquí es donde aparece la incertidumbre de quien no sabe qué acontecerá y la reacción que dicha espera provoca en los personajes, da igual que ésta sea provocada por nimiedades o asuntos más relevantes, lo interesante es que conocemos la manera de ser de dichos personajes a través de sus reacciones ante la espera.
La crítica a la guerra es sutil pero existe, haciéndonos ver como la guerra es capaz de alterar micromundos que, en principio, son ajenos al conflicto. El punto negativo es que estos temas se tratan de manera tan superficial que terminan sin aportar ningún tipo de conclusión ni enriquecimiento al espectador. Los minutos en el metraje pasan y la única sensación que queda es la de estar viendo un pretencioso y vacío sinsentido.
Tiene temas interesantes que no se terminan de desarrollar por un guión totalmente carente de interés en el que nada sucede.

Adentrándonos en aspectos más técnicos y en tareas de dirección nos encontramos con el descalabro absoluto y el gran lastre de ésta película, desprende pretenciosidad por los cuatro costados. Cuenta con largos planos secuencia en los que vemos a dos ancianos en una hamaca sentado o labrando los cultivos, nada más sucede. Conversaciones en off sin ninguna enjundia, planos estáticos, el fallido recurso de impersonificar a los protagonistas para universalizar sus problemas…unos recursos al servicio de la nada y que incrementan aún más la falta de interés del espectador. Un tostón, hace maldecir el momento en que uno se decidió a ver la película. Pienso que la película tiene un enfoque totalmente equivocado, hay miles de ejemplos de películas que reflexionan y no provocan tantísimo aburrimiento. Creo que es la línea que un buen director no puede traspasar, la de provocar tedio y la total desconexión entre el espectador y la película.

Para concluir, un experimento fallido. Es preocupante que una película que dura 70 minutos termine eternizándose de esta manera. Un trabajo de dirección y guión nefasto, que no interesa al espectador en ningún momento. Cuenta con un trasfondo que podría haber llegado a ser interesante si se hubiese profundizado en él, quizás el formato de cortometraje/mediometraje le hubiera sentado algo mejor. Una lástima que mi primera toma de contacto con el cine paraguayo haya sido así, seguro que cuenta con películas muy estimables que intentaré descubrir en el futuro.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué fue de Baby Jane?
¿Qué fue de Baby Jane? (1962)
  • 8,2
    15.860
  • Estados Unidos Robert Aldrich
  • Bette Davis, Joan Crawford, Victor Buono, Wesley Addy, ...
8
Juguetes rotos
Un prólogo abriendo en negro, un llanto de niña de fondo, así comienza esta pesadilla. Pronto oiremos la voz de un hombre, el padre de dos niñas, quizás el protagonista involuntario de todos los hechos que sucederán a continuación.

Blanche se acomoda en su silla de ruedas ante el pequeño televisor de su cuarto. Se consuela viendo sus películas, ver una versión joven de sí misma en ese pequeño televisor la retrotrae a tiempos prósperos, no es más que una vía de escape de su atormentada realidad. Recrearse en el pasado como medicina del pestilente presente.

Esta es la historia de Jane y Blanche Hudson, dos hermanas que desde muy pequeñas han estado ligadas al mundo del espectáculo. El éxito se ha ido alternando entre ambas y, aunque sus caminos siempre han ido unidos, no siempre han gozado de la misma popularidad. De pequeñas Jane fue conocida como ‘Baby Jane’, una niña prodigio, tuvo tanto éxito que incluso llegó a tener su propia línea de muñecas de juguete. Jane, al crecer, fue olvidada por el público. Blanche se mantuvo en un segundo plano hasta que, en su edad adulta, se convirtió en una reputada actriz. Tras un misterioso accidente de coche, ésta última quedó postrada en una silla de ruedas al cuidado de su hermana que disfruta atormentándola.

Jane, con el paso de los años, se ha convertido en una arrugada y decrépita versión de Baby Jane. Conserva la estética y vestimentas de cuando fue esa niña prodigio, está anclada emocionalmente a esa época, la única en la que verdaderamente se sintió protagonista y estimada por el público. Por si fuera poco, sus rudos modales y su actitud déspota solo son equiparables a la repulsión y animadversión que despierta. No deja de dar cierta pena, pese a su maldad, ser testigo de cómo merodea en estado de embriaguez por esa casa llena de recuerdos de tiempos mejores, mientras recae constantemente en una espiral de locura fruto de la nostalgia, los celos y el odio. Si me permiten parafrasearé a Richard Farnsworth, personaje protagonista de esa maravilla de Lynch que es ‘Una historia verdadera’ (David Lynch, 1999), cuando decía que “Lo peor de ser viejo, es recordar cuando tú eras joven”. Jane es un juguete roto que jamás superó su paso al ostracismo; una anciana desgraciada que ansía hallar aquel reconocimiento a una carrera prestigiosa de la que se siente privada. El haber saboreado las mieles del éxito en su infancia es una pesada losa que carga sobre su espalda, la fama que llega tan pronto y sin prácticamente buscarla puede convertirse en una pesadilla ya que, cuando ésta se ha marchado, se convierte en una obsesión enfermiza el volver a obtenerla.

El terror es un elemento más del film y es que, pese a contar con un componente drámatico principal en la historia, está latente durante toda la película una fuerte carga de terror psicológico. El histrionismo, en sentido positivo, con el que Bette Davis interpreta al personaje de Jane le confiere un marcado carácter de locura que resulta espeluznante; acaba siendo impredecible adivinar los momentos en que su mente se va a desestabilizar, actuando en perjuicio de su hermana Blanche. Le inflinge un constante maltrato psicológico, sirvan como ejemplo las brillantes escenas en que le trae comida sin saber en qué consistirá su plato principal; también la somete a insultos y comentarios hirientes desprestigiándola. Blanche está secuestrada en su propia casa, se encuentra incomunicada totalmente en su habitación y sometida a la voluntad de una demente que paga sus frustraciones con ella. Sabe Robert Aldrich jugar con estos elementos e insuflar tensión en muchas escenas. Dirige con descaro y un dominio, propio del maestro que era, que apabulla. Resulta casi arrogante ver la facilidad con la que logra transmitir los miedos de Blanche en esos intensos primeros planos. Es plausible el cómo logra capturar la esencia de la relación entre esas hermanas usando solo el lenguaje puramente cinematográfico y, reitero, la tensión que se respira durante toda la película es asfixiante. Es una obra que marcó un referente y películas posteriores beben mucho de ella, la que de forma más clara lo hace es ‘Misery’ (Rob Reiner, 1990). Por temática encontramos referencias a ‘El crepúsculo de los dioses’ (Billy Wilder, 1950).

En lo que al trabajo actoral se refiere hay que quitarse el sombre ante las dos protagonistas, Bette Davis (Jane Hudson) y Joan Crawford (Blanche Hudson) bordan unos papeles muy complejos. Si el trabajo de contención de Crawford me parece encomiable, mucho más me lo parece incluso el de Bette Davis; siendo yo de los que no suelen disfrutar los papeles histriónicos, en esta ocasión me ha ganado por completo. Una lástima, eso sí, no haber podido disfrutarla en versión original manque me pese.

Estamos ante una historia de odio, por encima de todo. La rivalidad y competencia entre dos hermanas que deriva en el más negativo de los sentimientos. Somos conscientes de ello gracias a un excelente final en el que un acertado giro argumental nos desvela que nunca estuvimos ante una “hermana buena” y otra “hermana mala”, sino ante dos seres con ganas de despellejarse y con un arraigado odio fruto de la rivalidad que desde niñas mantienen. Una película con un ambiente malsano, claustrofóbico y exasperante en el mejor de los sentidos. Al final, como en la vida, resulta que incluso los buenos callan cosas que harían temblar al ser más infame. Un drama con toques de terror psicológico imprescindible.



@ZarcoJL
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una cuestión de tiempo
Una cuestión de tiempo (2013)
  • 7,0
    34.101
  • Reino Unido Richard Curtis
  • Domhnall Gleeson, Rachel McAdams, Bill Nighy, Tom Hollander, ...
7
Algodón de azúcar en su justa medida.
No puedo negarlo, detrás de una fachada que refleja totalmente lo contrario, se esconde en mí un auténtico fan del cine romántico. Con una salvedad, nunca he sido fan de ñoñerías ni de utópicas tramas que reflejen una falsa realidad e idealización de lo que una relación conlleva. Mi cuerpo no tolera edulcoradas historias de príncipes azules modernos que trascienden de la pantalla para decorar carpetas de hormonadas colegialas, incluso de algunas maduritas que aún no saben distinguir realidad de ficción. Quizás las vivencias, quizás mi manera de ser, me hacen decantarme por finales fallidos, por relaciones donde las vivencias buenas y malas se intercalan al igual que los aciertos y errores de quienes la forman; el ser humano es imperfecto y así lo son también sus relaciones. Comprenderéis, pues, porqué huyo de películas como ‘Un paseo para recordar’ (Adam Shankman, 2002) o ‘El diario de Noa’ (Nick Cassavetes, 2004) y, en cambio, me fascinan títulos como ‘Closer’ ( Mike Nichols, 2004) o ‘Blue Valentine’ ( Derek Cianfrance, 2010). Pese a esto que les comento, hay un señor al que se le da muy bien joderme la pose pesimista, es británico y se llama Richard Curtis.


Richard Curtis saltó a la fama por producir y escribir ‘Cuatro bodas y un funeral’ ( Mike Newell, 1994). Su paso a la dirección no pudo ser más acertado ya que nos regaló esa coral comedia romántica, convertida en clásico moderno, que es ‘Love Actually’ (Richard Curtis, 2003). Su visión de la comedia romántica ha aportado un necesario soplo de aire fresco a este género vilipendiado y denostado por infinidad de directores y películas horrorosas. Un buen guión, ritmo en la narración, carisma, humor, toque British y, por qué negarlo, cierta cursilería (soportable) son sus señas de identidad.

‘Una cuestión de Tiempo’ nos traslada a la vida de Tim Lake (Domhnall Gleeson) un joven al que , en su 21 cumpleaños, su padre le desvela un secreto y es que todos los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo. Cuando Tim conoce Mary (Rachel McAdams) decide sacar partido de su don para lograr conquistarla.

Una premisa sencilla, aderezada con un toque de ciencia ficción, le basta a Curtis para realizar una reflexión sobre una temática aplicable al amor pero también extrapolable a cualquier aspecto de la vida: el disfrutar de cada día, de cada momento, el carpe diem. Un manido mensaje que cobra interés en esta película, revitalizándose. A través de los viajes en el tiempo Tim va repitiendo y arreglando situaciones en las que ha actuado mal o metido la pata; todo va sobre raíles, hasta que los cambios que realiza en el pasado empiezan a tener su trascendencia en el presente. El pasado tiene su eco en el presente y, de este modo, es necesario vivir el día a día aunque eso suponga cerrar páginas del pasado; siendo ésta la única forma de crecer. Si algo se le puede achacar a la película es de ser convencional en bastantes aspectos y es que, quitando el asunto de los espacios temporales, la trama nos produce un déjà vu constante en la manera en la que la pareja se conoce y como se va desarrollando su relación. Echo en falta una idea de pareja menos idealizada, desde el momento en que se conocen la relación fluye paulatinamente y pocos obstáculos se encuentran en su camino que les impidan prosperar; no hay discusiones, confrontamientos,…en la vida real no es así, como ya he expresado anteriormente.

Si con algo cuenta la cinta es con un grupo de actores carismáticos y entregados a la causa. Domhnall Gleeson encabeza el elenco, soportando sobre sus hombros el peso de la película y mostrándose muy solvente tanto en registros de comedia como dramáticos. Rachel McAdams se muestra encantadora, es imposible no empatizar con esa chica alegre de sonrisa perpetua que entra en la vida de Tim impregnándolo todo con su carácter, típico papel que le viene que ni pintado a McAdams. Mención especial a los secundarios, un fantástico Bill Nighy (habitual en películas del director) que encarna al entrañable padre de Tim y que aporta los momentos más dramáticos a la trama, Tom Hollander, Margot Robbie, Rowena Diamond,…todos representan personajes bien diferenciados y peculiares que contribuyen a enriquecer la película.

Destacar el ritmo narrativo, pese a las dos horas que dura la película en ningún momento se hace pesada. También, en parte, a un solvente guión que permite la evolución de los personajes y el desarrollo de los hechos alternando espacios temporales con facilidad para el seguimiento de la historia; solo los más exigentes encontrarán algún fallo reseñable en ciertas paradojas temporales de poca enjundia. La banda sonora, como ya ocurriera en ‘Love actually`, es para enmarcar. La fotografía, a cargo de John Guleserian, es otro de los puntos fuertes de la película.

‘Una cuestión de tiempo’ es una película cargada de personalidad, con el indiscutible sello de Richard Curtis, en el que ciertos convencionalismos no impiden disfrutar de una bonita historia de amor impregnada de optimismo y de mensajes vitalistas; recoge el testigo que un día dejó ‘Love Actually’. Una historia trabajada, que invita a desconectar y entretiene sobremanera durante las dos horas que dura la experiencia. Mezcla el humor, el romance y el drama con acierto. A veces, y solo a veces, idealizar el amor puede ser una buena cura. Notable.


@ZarcoJL
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Retratos de una obsesión
Retratos de una obsesión (2002)
  • 5,8
    13.476
  • Estados Unidos Mark Romanek
  • Robin Williams, Connie Nielsen, Michael Vartan, Gary Cole, ...
7
La intimidad perdida.
No era yo un niño de gustos comunes en cuanto a películas. Hubo una época en la que cada fin de semana asediaba el videoclub de mi pueblo y, para pesadilla de la que allí trabajaba que intentaba orientarme hacia un cine más infantil, acababa llevándome a casa películas de terror, asesinatos y thrillers quizás poco recomendables para un niño de primaria. Suerte la mía, de tener unos padres no demasiado restrictivos para el cine. En una de estas visitas al videoclub me llamó la atención una protagonizada por Robin Williams, sentía mucha simpatía hacia él tras haber visto un centenar de veces ‘Jumanji’ (Joe Johnston ,1995) y ‘Señora Doubtfire’ (Chris Columbus 1993), tras leer la sinopsis del VHS terminé por alquilarla; pese a la inútil advertencia de siempre por parte de Rosario, A.K.A. “la del videoclub”. La película me perturbó un poco, tanto por temática como por ser mi primer contacto con Williams en un registro no cómico, pero siempre guardé buen recuerdo de ella; gracias a este especial tengo la ocasión de revivirla. Robin Williams fue, y me pesa hablar de él en pasado, un referente para los niños de mi generación; hablar de él para mí significa retrotraerme a la infancia y a unos recuerdos muy especiales. Con esta crítica terminamos nuestro humilde pero sentido especial a la figura de Robin Williams.

El reconocidísimo director de videoclips Mark Romanek, ha trabajado con artistas de la talla de Madonna o David Bowie, se estrenaba en la dirección de largometrajes allá por 2002 con ‘Retratos de una obsesión’; film que pasó sin pena ni gloria tanto para la taquilla (costó 10 millones de dólares y recaudó 50) como para la crítica. Protagonizada por Robin Williams quien dejaba de lado su vis cómica, ya había demostrado su solvencia en otro tipo de roles, para afrontar ser el protagonista de este thriller psicológico; fue nominado al Critic´s Choise Awards como mejor actor.

Sy (Robin Williams) es el encargado de una tienda de revelado de fotos en un centro comercial. Lleva muchos años al frente de la tienda, le encanta su trabajo pues se dedica a preservar en imágenes los recuerdos de la vida de sus clientes. Pero Sy siente especial fijación por una familia aparentemente perfecta, clientes habituales, y su obsesión por ellos comienza a crecer cada vez más hasta límites insospechados.

Desde un primer momento provoca fascinación y curiosidad en el espectador el personaje de Sy, su apacible imagen no concuerda con verlo inmerso en un interrogatorio policial al comenzar el metraje. A raíz de ahí el interés va creciendo, es una película sustentada mayormente por el interés del personaje principal, que nos ilumina con un diálogo sobre su trabajo y lo que significa para él; su voz, tono y discurso son hipnóticos, así como la parsimonia que adquiere con las imágenes en pantalla. Nos encontramos ante una persona de apariencia entrañable, de gran sensibilidad y al que se le intuyen carencias afectivas. La soledad puede ser el mayor de los males y la válvula de escape de Sy es una familia a la que revela (y copia para sí mismo) sus fotos desde hace años, se imagina formando parte de esa familia a la que acabará acosando. Se dice que la infancia es el momento en que nuestra personalidad se define, donde se originan la mayoría de traumas y trastornos, e indagando un poco es fácil adivinar que no ha sido feliz precisamente la infancia del protagonista; marcada por abusos y vejaciones. De ahí proviene esa fijación por esos clientes, que proyectan la imagen de familia idealizada que tanto ha anhelado nuestro perturbado protagonista. Un giro argumental, en el que se derrumba esa idílica imagen, le hará descontrolarse aún más.

La película huye de convencionalismos, no estamos ante una cinta de psicópatas o asesinos al uso. Es un punto a favor que huya de los manidos tópicos y clichés de este género para así ofrecernos una aproximación, más real y cercana, a la mente de un perturbado y sus irracionales motivaciones. De hecho alcanza su objetivo, el espectador empatiza con Sy, en parte podemos comprenderle y logra transmitir desde pena o comprensión hasta miedo (mérito de un Robin Williams a la altura). La película tiene personalidad propia, está bien rodada y hay gusto estético en ella; la fotografía a cargo de Jeff Cronenweth es todo un acierto, ofrece una gama de colores diferenciados y con fuerza (azul, blanco y rojo) que captan la atención del público. Destacar la dualidad entre la mayoría de colores cálidos cuando aparece la familia y los colores fríos en las escenas de soledad de Sy. De igual manera, es plausible la capacidad del director de generar tensión y suspense en escenas que no resultan nuevas para el espectador experimentado.

Para concluir, estamos ante una de esas películas que podría ser considerada rara avis en la filmografía de Robin Williams que demuestra su solvencia en todo tipo de papeles. Un thriller psicológico que nos introduce en la vida de un perturbado y nos ofrece una historia atrayente cargada de tensión e intriga, culminada por un buen guión y trabajo de dirección. Se le perdonan algunas lagunas en la historia (me hubiera encantado saber mucho más del pasado de Sy) y ciertas concesiones en el final. Un infravalorado entretenimiento de calidad, muy recomendable.


@ZarcoJL
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Blue Ruin
Blue Ruin (2013)
  • 6,2
    7.558
  • Estados Unidos Jeremy Saulnier
  • Macon Blair, Eve Plumb, Devin Ratray, Amy Hargreaves, ...
6
La venganza vuelve a casa.
Dwight es un vagabundo que subsiste vagando por las calles y alimentándose de los restos de comida que encuentra en contenedores de basura. Solo se tiene a sí mismo y a su destartalado coche azul en el que duerme. Su tranquila existencia se ve alterada cuando se entera que una persona a la que conoció en el pasado ha sido liberada de prisión, este hecho le altera sobremanera e inmediatamente emprende una cruzada personal contra esta persona en busca de su muerte. ¿Quién es esta persona? ¿Qué pasó en el pasado para que Dwight le guarde tal odio?

Siendo la venganza un tema recurrente y de largo recorrido en el cine, tratado a través de cientos de perspectivas y enfoques, cabe preguntar qué nos puede aportar Jeremy Saulnier en esta producción de cine independiente sobre el tema. La película cuenta con varios puntos a favor:
-El director juega con la ventaja de no ofrecernos la historia que origina la venganza del protagonista, no sabemos qué le mueve. Conforme la trama avanza vamos obteniendo los datos paulatinamente, de este modo, se genera en el espectador una intriga e interés que permanece latente durante todo el metraje. Primero por no saber qué causa la venganza y, una vez que lo sabemos, por ver si el protagonista es capaz de llevarla a cabo.
-El protagonista, ese Dwight encarnado notablemente por Macon Blair, irradia carisma. Estamos acostumbrados al implacable asesino, al tipo duro en busca de venganza y en ‘Blue Ruin’ el protagonista se aleja drásticamente de ese cliché. Dwight no es más que un hombre desesperado que actúa impulsivamente y comete errores frutos de los nervios y la mala planificación. Es un hombre marcado por lo ocurrido en el pasado, hace tiempo que sólo vive por y para vengarse; siente que su vida carece de valor y no le importa arriesgarla para cumplir su objetivo.
-Hay que reconocerle a Jeremy Saulnier su capacidad de crear tensión. Hay un par de escenas en las que el espectador no puede despegar los ojos de la pantalla, se intercalan las escenas pausadas propias del cine independiente con otras en las que la tensión va in crescendo hasta puntos asfixiantes. Muchas de estas situaciones son provocadas por la torpeza en momentos claves de Dwight. La película está impregnada por un aire sucio, violento y sórdido que le otorga mucha personalidad.

Suena a tópico pero las personas que no tienen nada que perder son las más peligrosas. Cuando nada te ata a la cordura es cuando aflora la verdadera libertad, una libertad en su vertiente más autodestructiva; aquella que te permite lanzarte al vacío sin miramientos. El autocontrol es un último resquicio de humanidad que rechazamos cuando ya no hay seres queridos ni bienes materiales a los que agarrarte, el rechazarlo nos convierte en libres pero nos conduce a la perdición. La venganza es irracional, un bucle de dolor y heridas sin cicatrizar que nunca son sanadas, la ansiada consecución no supone más que un goce momentáneo que da paso al mayor de los vacíos; pues a ese desgraciado hombre solo le queda su vendetta. En un momento del film Dwight destruye una foto suya del pasado, se ve irreconocible. No hay ni rastro de la persona que un día fue. Sabe que ha sido consumido por el odio y la rabia, no es capaz de reconocerse en aquella foto donde sonríe con amigos. Esos tiempos nunca volverán y prefiere no recordarlos, muy significativa esa escena.

Hay un tema que me preocupa: está siendo habitual en la gran mayoría del actual cine independiente que nos llega de Estados Unidos el adolecer de falta de ritmo, en mayor o menor medida. Hay una incipiente corriente en la que para transmitir profundidad, trascendencia y reflexión parece necesario la ralentización de la trama en exceso buscando rizar el rizo en cuestiones de fotografía, planos que se alargan hasta la extenuación, sensación real del paso del tiempo y recursos similares. Esto me parece algo peligroso pues, aunque hay ejemplos de cómo un ritmo lento puede beneficiar a una película en casos como ‘Blue Valentine’ (Derek Cianfrance, 2010) o ‘Flores Rotas’ (Jim Jarmusch, 2005), es cierto que en manos equivocadas puede provocar una ralentización innecesaria de la trama provocando la desconexión del espectador o incluso aburrimiento, como ocurre en otras producciones de corte independiente como ‘Ain´t them bodies saints’ (David Lowery, 2013) o ‘Martha Marcy May Marlene’ (Sean Durkin, 2013). Y, aunque no se llega al extremo del aburrimiento en el caso que nos ocupa, sí es cierto que en algunos momentos puntuales se está a punto de traspasar la sutil línea que separa la reflexión del tedio. Es una lástima que películas con poderosos recursos para atraer al espectador acaben provocando la sensación de que podían haber dado más de sí, con una diferente concepción del tempo y evitando el ensimismamiento.

Pese a este último dato negativo ‘Blue Ruin’ es una película muy interesante. Dentro de la característica estética del cine independiente sabe conjugar elementos propios de las tragedias griegas con enfrentamientos familiares y crímenes pasionales, siempre con la venganza como telón de fondo. Un duro Thriller, con mucha fuerza y varios momentos para el recuerdo. Recomendable.

@ZarcoJL
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54 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amor
Amor (2012)
  • 7,6
    30.246
  • Austria Michael Haneke
  • Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert, William Shimell, ...
8
Te lo prometo, Anne.
Michael Haneke son palabras mayores cuando hablamos de cine, uno de los directores más personales, arriesgados y respetados del panorama internacional. Amado por muchos, entre los que me incluyo, y odiado por otros que no saben ver en su cine más que provocación infundada. Con ‘Amour’ ha tocado el cielo, ganadora de muchísimos premios entre ellos la Palma de Oro en Cannes y el Oscar a mejor película extranjera. Un crudo retrato del amor, la vejez y la enfermedad.

No es el austriaco precisamente un director fácil y asequible para todos los públicos, ni pretende serlo, es un autor en el sentido más preciso de la palabra. Para él el cine es la herramienta más poderosa para transmitir su arte, un arte que pone al servicio del intrincado ser humano al que analiza y despieza. Un arte implacable y arrollador, virulento, sin respiro ni concesiones hacia el espectador. Nos hace partícipe de su juego: en momentos de su cine se dirige a nosotros, nos cuestiona, nos guiña el ojo como en ‘Funny Games’ (Michael Haneke, 1997), sin remordimientos nos obliga a ser voyeurs de primera fila en ‘Caché’ (Michael Haneke, 2005), nos hace ser la cámara que todo lo filma en ‘El vídeo de Benny’ (Michael Haneke, 1992) , nos introduce en la intimidad de la escalofriante Isabelle Huppert en ‘La pianista’ (Michael Haneke, 2001)… su concepción del cine no concibe el entretenimiento gratuito sino el aprendizaje y la reflexión. Hay que estar predispuesto a entregarse e involucrarse; exige muchísimo a un espectador al que, como contraprestación, jamás tratará como estúpido.
Durante toda su carrera se ha marcado el objetivo de mostrarnos el horror de lo cotidiano, es el maestro de los miedos internos. Sus tramas son intimistas, desarrollándose habitualmente en un entorno familiar (más o menos estructurada); en su filmografía trata temas como la influencia de los medios de comunicación en las personas, la culpa, la vergüenza, el remordimiento, la violencia (inherente en su cine), el crecimiento en entornos represivos,… Desde luego el amor como tal nunca había sido tratado en su cine. De ahí la expectación causada por esta ‘Amour’, ¿Qué puede ofrecernos la personal visión del austriaco sobre el amor? Convencionalidad no, desde luego.

Georges (Jean-Luis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva) son un matrimonio de octogenarios que, tras una vida dedicada a la música clásica, viven tranquilamente en París. Siempre han sido un matrimonio feliz y compenetrado pero, un infarto que provoca la parálisis de la mitad del cuerpo de Anne, les llevara a ambos a límites inimaginables y pondrá a prueba esa consolidada relación.

Parte desde la felicidad para terminar en la agonía. Es una película que duele, muy desesperanzadora, de las que te dejan con mal cuerpo y con sus escenas en la cabeza. Somos testigos de cómo la compenetración da paso al olvido, cómo esa mujer de tierna mirada (increíble ese primer plano de su cara inmóvil cuando tiene el primer achaque de la enfermedad) acaba degenerando en una persona dependiente y demente. Debe ser indescriptible el sentimiento de ver que la persona que te ha acompañado de por vida y a la que amas te ve como un extraño. Aquí es donde aparece el Amor de Haneke, y lo que da significado a la película, el amor incondicional de Georges en su faceta más desafortunada, el “en la salud y en la enfermedad” que algún día prometió en sus votos. Porque el amor se disfruta en plenitud, pero también subyace en la tragedia, el amor no sería tal si sólo perdurase en la azarosa virtud y no en el infortunio. Porque el verdadero amor no se cuestiona ante el sacrificio, ni se resquebraja ante el llanto, no se fractura de usarlo ni se pudre por los balbuceos de una mujer que no articula palabra, el amor perenne dirige sillas y cambia pañales, te distrae con sus historias y toca tu canción preferida al piano. Si no es que no es amor. Y es por eso que nos es cercana la historia, ¿Qué podría hacer, sino el amor, estremecer de esta manera? Haneke nos hace perder la fe poco a poco, ¿Qué nos queda si hasta el sentimiento más hermoso puede provocar el mayor de los sufrimientos? Es cierto que su visión sobre ciertos temas universales suele estar impregnada de pesimismo y sufrimiento, visión que ahuyenta a bastantes y es criticado por ello, pero a todos aquellos que les apasione el estudio de personajes y lo intrínseco a la condición humana sabrán valorarlo. Porque en esta película estamos ante una dosis de realidad, amarga como ninguna, pero realidad. El amor te da valor para lo impensable y lo más doloroso, el que haya visto la película sabrá a qué me refiero.

Entre tanto momento rescatable me gustaría hacer mención a la crítica que Haneke realiza al papel de los hijos en este tipo de menesteres. Anne y Georges tienen una hija (Isabelle Hupert), también dedicada a la música, que aparece en momentos puntuales para visitar a su madre. La postura que ésta toma ante la situación es la de cuestionar permanentemente las decisiones de su padre, instándole a tomar otras decisiones, a que la revise otro médico, a contratar a otras cuidadores, a llevarla a un asilo,…se pone en constante tela de juicio la capacidad de Georges como cuidador y bienhechor de Anne. En cierto modo, aunque nunca dicho así, se le tilda de inútil por el simple hecho de ser mayor. Se critica la visión general que tiene la sociedad sobre los ancianos.

Sigue en spoiler sin desvelar detalles de la trama.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Redención
Redención (2013)
  • 5,0
    4.817
  • Reino Unido Steven Knight
  • Jason Statham, Agata Buzek, Benedict Wong, Siobhan Hewlett, ...
5
Un thriller a medias.
Siempre ha sido tema recurrente la guerra de Vietnam para contar historias de malogrados soldados que arrastran traumas, que no lograron reponerse a lo allí vivido y son atormentados por los fantasmas de la guerra. aquí Afganistán toma el relevo; Joey Jones es un ex soldado que, una vez terminada la guerra, vive en las calles de Londres subsistiendo cual vagabundo. Un golpe de suerte le hará salir de la pobreza y empezar a “trabajar” como extorsionador para la mafia, a la vez que intenta vengar la muerte de una vieja amiga. Por si fuera poco la trama se ve aderezada por la presencia de una monja que entabla relación con Joey. Sí, el cocktel es curioso. Una pena que no satisfactorio.

Nos encontramos ante un thriller de acción,teniendo más elementos del primer género que del segundo. Ya que las escenas de acción, como tal, pueden ser contadas con los dedos de una mano. Steven Knight intenta no quedarse en la superficie, uno es consciente de su esfuerzo por profundizar en la historia y desarrollar los personajes, lo cual es loable; pero no logra alcanzar dicha pretensión por diferentes fallos que explico a continuación.

El director parece no saber en cuál subtrama centrarse y divaga sin rumbo entre todas ellas. Es un quiero y no puedo constante, se queda siempre a mitad de un camino que quizás ni siquiera debería haber empezado a recorrer. Uno no logra entender, por una parte, ni las motivaciones de un delincuente con pretensiones de héroe ni, por otra, las de una monja que tan pronto cree en Dios de manera inquebrantable como sufre crisis de fe sin razón aparente. El papel de la monja, en general, me parece bastante irrisorio encarnando a una Pepito Grillo con brotes de sexualidad reprimida. Visto lo visto no podemos más que culpar las labores de Steven Knight al realizar un guión confuso, de personajes arquetípicos que fracasan en la necesaria evolución que deberían tener y que no logra transmitir nada de lo que, pienso, Steven quería hacernos llegar (entre tanto despropósito creo que subyace un cúmulo de buenas intenciones que no han logrado ser más que eso, intenciones). Una auténtica lástima para un director que, si algo había demostrado, es su buen manejo realizando sólidos guiones tanto en la destacable ‘Locke’ ( Steven Knight, 2013) como en esa joya en forma de miniserie que es ‘Peaky Blinders’ (Steven Knight, 2013).

Es remarcable en lo negativo el contar con un hombre carismático, algo innegable en Statham, y que dicha cualidad sea malgastada entre dilemas morales sin ninguna enjundia y tragos vacíos a botellas de alcohol. Busca remarcar constantemente la precaria situación del protagonista, en exceso, hasta el hastío; cuando ya el espectador es consciente de ello con observar los primeros compases de esta prescindible película. El subrayado acapara gran parte de la cinta y no conozco ningún ejemplo donde la reiteración se convierta en virtud, aquí no es una excepción.

Lo que sí me ha gustado de la cinta es ese aire de nostalgia y pesimismo que le rodea, creo que logra crear una atmósfera muy acertada que la aleja de otras películas similares. Un acierto, para la consecución de este fin, ambientarla en una ciudad tan característica y cinematográfica como Londres (centrándose en los suburbios). Sin restar méritos al experimentado director de fotografía Chris Menges, célebre por su participación en ‘La Misión`(Roland Joffé, 1986) entre otros muchísimos trabajos, que hace uso del contraste entre colores y la presencia de neones que tanto nos retrotraerá a las películas de Nicolas Winding Refn.

El trabajo actoral es correcto, Jason Statham tenía la oportunidad de demostrar que es un buen actor más allá de encarnar a tipos duros. Joey Jones es un personaje que transmite tristeza por no haber superado las barbaridades cometidas en su pasado, es un infeliz que sobrevive como puede y esa faceta la cubre perfectamente Statham. Si no tenemos una actuación memorable por su parte es porque el personaje tampoco tiene ninguna escena que se preste a grandes alardes interpretativos. Sigo, pues, esperando ese papel para Statham que le permita lucirse. Pese a que no me entusiasmen en demasía las películas de acción, es un actor que me gusta.
La actriz coprotagonista, Ágata Buzek, realiza correctamente su papel de monja (aunque ya haya dicho que me parece un personaje absurdo). El problema reside en que su química con Statham es nula.

Para concluir, es una película que recomendaría básicamente a los fans incondicionales de Jason Statham pese a no contener tanta acción. Tiene alguna buena escena, las de acción están muy bien rodadas, y una fotografía destacable. Una película con un endeble guión que acaba con toda posibilidad de que ésta llegue a ser algo más que un olvidable entretenimiento. Con las buenas intenciones no basta.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un lugar sin ley
En un lugar sin ley (2013)
  • 6,0
    2.966
  • Estados Unidos David Lowery
  • Rooney Mara, Casey Affleck, Ben Foster, Nate Parker, ...
6
La vida que nunca tendré.
David Lowery comentaba en una entrevista que una de sus pretensiones era hacer que “la película funcionase como una pieza de música”. Los grandes compositores de música clásica han contado historias a través de sus sinfonías, él quiere hacer sinfonía con la historia que nos cuenta. Quizás con estas declaraciones podemos entender mejor la pericia narrativa que el señor Lowery nos ofrece en ‘Ain´t them bodies saints’. Si peca de algo este neo-western crepuscular, sustentado en el drama y el romance y con reminiscencias al cine de Terrence Malick y Robert Altman, no es precisamente de ser convencional.

El título es una incorrección gramatical, una frase perdida de alguna canción que ya no pertenece a la memoria del director, pero sí lo hacen esa frase y las sensaciones que le transmitieron en su día. A veces lo incorrecto no es más que una excusa, un recuerdo a desarrollar, en forma de película.

Texas, años 70. Bob es un forajido. Tras cuatro años en prisión alejado de su esposa e hija, a la cual no llegó a conocer, decide huir de la cárcel para volver a reunirse con el único vestigio de decencia y humanidad que aún le queda en la vida, su familia. La trama se centra en la odisea de este desesperado hombre por reencontrarse con ellas y en la vida tranquila, aparentemente, de éstas mientras los acontecimientos se suceden.

Pese a tener no tener una duración extensa el ritmo que nos ofrece es bastante lento, siendo una historia concisa y de final cerrado el director aprovecha el tiempo para que la trama quede perfectamente distribuida a través de él, sin estancamientos, con una fluidez plausible. Lo cual tiene mérito, pues su remarcado gusto formal y estético podría haber lastrado esta tarea, haciéndole divagar y ofreciendo un enfoque más abstracto de la historia. Si hubiera pecado de pretenciosidad tenía todos los elementos para torpedear al espectador con un soporífero ladrillo pero, y es esto lo que le diferencia del Malick más reciente, tiene una historia concreta que contarnos y lo hace de manera directa, esa preciosa fotografía y banda sonora con los que cuenta la película están al servicio de un argumento. Sus inquietudes estéticas y artísticas no lastran el conjunto, logra enriquecerlo y sacar de la mundanalidad lo que podría haber sido una historia común. Esos páramos, esos paisajes, son un cómplice más en la huida de Bob; la historia parece mimetizarse con ellos y con la cruda belleza de esa América profunda (que tanto puede recordarnos a los Cohen). Punto a favor del bueno de Lowery.

Ante todo es una historia de amor y sacrificio. Un amor castigado por las circunstancias, por las malas decisiones y por el pasado. La búsqueda de ese amor entre páramos, entre bosques y colinas. La impotencia de ver tu vida y la de los tuyos arrebatadas, saber que tú eres el culpable de ello y no resignarte aunque la sociedad no de segundas oportunidades y aunque, quizás, no las merezcas. En la desesperación el verdadero motor es el amor, el tener a alguien por quien luchar.

En las actuaciones encontramos uno de los puntos débiles de la película. Ben Affleck me parece un error de casting, y es un actor que en otros papeles me ha convencido, pero se muestra demasiado inexpresivo encarnando a Bob; quizás era lo que el personaje requería pero no me transmite nada. Lo poco que me parece rescatable de su actuación es algún que otro monólogo, y más por el contenido del diálogo en sí que por su propia actuación. Su química con Mara es inexistente.
Rooney Mara cumple sin grandes alardes su rol como Ruth, la esposa de Bob, una actuación comedida pero creíble. Es una mujer cuyo único interés es su familia, se muestra fría con toda persona ajena a ella y desconfía de la mayoría. Formaba, también, parte de esa banda de delincuentes que encabezaba su marido antes de entrar en la cárcel.
En general me parecen mejor interpretados los papeles secundarios que los protagonistas ya que, tanto Ben Foster en el papel de Sheriff del pueblo (con una personalidad con múltiples matices), como Keith Carradine están de notable. Sobre todo éste último.

‘Ain´t them bodies Saints’ es una película que empieza cocinándose lentamente, pero desde el segundo tercio el interés va in crescendo para terminar con un final que deja buen sabor de boca. Una película interesante, que le debe más a la labor de su director (y también guionista) que a sus actores; su belleza plástica y su interés en indagar más en la forma que en el contenido le otorgan un toque diferenciador. Sentida y preciosista. Recomendable.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rompenieves (Snowpiercer)
Rompenieves (Snowpiercer) (2013)
  • 6,4
    20.929
  • Corea del Sur Bong Joon-ho
  • Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, ...
7
La rebelión de Curtis.
En una época en la que la mayoría de Blockbusters muestran una acuciante falta de originalidad, donde el único objetivo es la obtención de ingresos sin ofrecer un producto diferenciado que aporte algo más que la típica trama facilona y, donde los efectos especiales son el único reclamo para un público cada vez más conformista, es de admirar la llegada de productos como este ‘Snowpiercer’ (Bong Joon-ho, 2013) que nos ocupa.

Fruto de la, cada vez más frecuente, coproducción entre países orientales (en este caso esa fuente de gran cine que es Corea del Sur) y Estados Unidos. Es el proyecto más ambicioso del que se ocupa Bong Joon-ho -director de esa joya que recomiendo encarecidamente como es ‘Memories of murder`(Bong Joon-ho, 2003) y de las reivindicables ‘The Host’ (Bong Joon-ho, 2006) y ‘Mother’ (Bong Joon-ho, 2009)- como bien demuestran los 40 millones de dólares de presupuesto, muy bien invertidos dicho sea de paso, con los que cuenta la película.

Esta adaptación de la novela gráfica francesa “Le Trasperceneige” nos cuenta cómo, a raíz de un experimento fallido para acabar con el calentamiento global, la Tierra queda congelada y sin existencia de vida en ella. Los únicos supervivientes son los pasajeros de un tren que recorre la totalidad del mundo, el Snowpiercer, impulsado por un motor de movimiento perpetuo.

El tren. El tren es el recipiente que alberga a la humanidad en esta época de glaciación eterna; un recipiente móvil que sirve de caldo de cultivo para la creación de una sociedad que lo único que conoce del exterior es lo que puede ver a través de sus angostas ventanillas. Una Torre de Babel sobre raíles, ya que conviven en ella etnias y razas de todo tipo, las costumbres propias de cada pueblo hace tiempo que desaparecieron en pos de las exigencias del tirano que encabeza esta utópica sociedad. El único resquicio que les une con el pasado es la utilización de sus idiomas maternos.
Quizás este planteamiento no fuese tan escandaloso si no fuese por la existencia de Wilford, la autoridad suprema que lidera este peculiar tren. Donde hay poder hay injusticias y, así, queda demostrado; los pasajeros quedan diferenciados en estamentos sociales estableciéndose por clases a lo largo de los vagones del tren. Al frente del tren está la clase alta y, en el último vagón, la clase baja; éstos viven hacinados en un mínimo espacio y son tratados prácticamente como animales, no tienen derechos, viven para satisfacer los caprichos y necesidades de la clase más aburguesada. Cómo podéis intuir hay una carga crítica en la película.
En este ambiente de opresión, Curtis, el líder de los habitantes del último vagón, emprenderá una rebelión para derrocar a Wilford y liberar a los suyos de la vida de miserias que llevan. Avanzando vagón a vagón, deberá recorrer la totalidad del tren para enfrentarse a él.

Hay tres aspectos que elevan el nivel de la cinta y que me parecen esenciales en el devenir de la misma:

-La acertada mezcla de géneros: Lo que por argumento podría ser una simple película de acción aquí es una vorágine de emociones. Se entremezclan la ciencia ficción, el drama, la acción y un toque de humor muy efectivo que aparece cuando menos lo esperas. Los diferentes géneros no se nos presentan de forma heterogénea en diferentes partes de la trama, no, están presenta como si de una sola mixtura se tratase, como si conformase un nuevo género que aunara los ya nombrados. Esto hace que la película sea muy dinámica.

-El desarrollo de la trama: el tener que ir pasando de vagón en vagón hasta el final me recordó a la estructura de un Videojuego, en el que vas pasando fases hasta llegar al jefe final que, en este caso, sería Wilford. Esta estructura es un arma de doble filo pues, aunque es atractivo ver qué acontece en cada nuevo vagón, también corre el peligro de llegar a ser reiterativa si no se sabe sacar provecho de la situación. Esto último aquí no ocurre, gracias a un sólido guión y a un Bong Joon-ho que sabe exprimir los elementos a su alcance para mantenernos en vilo gracias a la incertidumbre de no saber qué será lo próximo. Cada vagón es un submundo con vida propia y uno de los atractivos de la película es ver qué nos depara el siguiente; somos testigos a través de los protagonistas de todos los estamentos sociales que habitan el tren, de cómo lavan el cerebro a los infantes, de cómo se obtienen los víveres, etc. El contraste de cómo subsisten los habitantes de la cola del tren, frente a la ostentación y hedonismo de los primeros vagones queda muy bien reflejada.

-El toque asiático. Y este es para mí el factor diferencial de esta película, cuya historia ha ganado claramente con esta unión entre oriente-occidente y, sobretodo, cayendo en las manos de un realizador tan personal como Joon-ho. El cine asiático siempre me ha llamado la atención por la naturalidad con la que abordan temas que, si bien no llegan a ser tabúes, si cuesta ver desarrollados en nuestra cultura; ese toque bizarro, esa estética tan reconocible y por otorgar pausa al metraje incluso en los momentos más frenéticos. Esta película no es Blockbuster al uso, hay un ejercicio de estilo en él, tiene inquietudes estéticas y gusto por transmitir. Bong Joon-ho salva esta película de la intrascendencia y tengo la sensación de que, si hubiera sido dirigida por otro, el resultado final hubiese sido mucho más anodino. No duda en usar la violencia explícita y en acabar con la vida de ciertos personajes. El trabajo de dirección me parece, pues, clave y sobresaliente.

Sigue en SPOILER por falta de espacio, sin destripar nada.
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13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Seguridad no garantizada
Seguridad no garantizada (2012)
  • 6,1
    5.826
  • Estados Unidos Colin Trevorrow
  • Aubrey Plaza, Mark Duplass, Jake Johnson, Karan Soni, ...
6
Viaje a través del recuerdo.
La inspiración es caprichosa, las pequeñas anécdotas siempre pueden convertirse en grandes historias. En un periódico de Seattle, en 1981, se publicó un anuncio en el que un hombre solitario y aparentemente desesperado buscaba a un compañero para viajar en el tiempo; afirmaba haber creado una máquina que se lo permitía. Esta rocambolesca anécdota llegó a los oídos de Derek Connolly, guionista de ‘Safety not Guaranteed’, que junto al director Colin Trevorrow (no perdedle la pista, su próximo proyecto es ‘Jurassic World’) nos brindan esta visión intimista de los viajes en el tiempo. El film data de 2011 pero, por esos inescrutables caminos de nuestras “amigas” las Distribuidoras, se estrena en nuestro país este once de abril.

Los viajes en el tiempo han sido tratados de múltiples maneras en la historia del cine, es indudable su atractivo y la cantidad de posibilidades que ofrece a la hora de crear una historia atrayente. Hay decenas de antecedentes, desde las que optan por un prisma serio y trascendental como ‘La Jetée’ (Chris Marker, 1962) hasta las que aprovechan los recursos que nos ofrece para crear formidables comedias en el caso de ‘Regreso al futuro’ (Robert Zemeckis, 1985) o ‘Atrapado en el tiempo’ (Harold Ramis, 1993), pasando por la acción en clásicos como ‘Terminator’ (James Cameron, 1991). Hay potencial de sobra para grandes historias cuando la temática cae en manos de gente con talento. Eso sí, en la película que nos ocupa, hay un elemento diferenciador que podemos llegar a intuir por su carácter de cine independiente: se parte de una premisa de ciencia ficción, para acabar postergándola a un segundo plano en pos de una intrahistoria mucho más humana y terrenal .

La trama nos acerca a Jeff (jake Johnson), Darius (Aubrey Plaza) y Arnau (Karan Soni) tres trabajadores de una revista que deben realizar un artículo de investigación, a raíz de un anuncio que han encontrado, en el que una persona busca compañero para viajar al pasado. Extrañados por este mensaje, emprenden un viaje hacia la localidad del “viajero del tiempo” para averiguar más sobre él y ver sus intenciones. Una vez allí Darius conoce a Kenneth (Mark Duplass), la persona que escribió el anuncio, y finge estar interesada para indagar en la investigación. Mientras, Jeff aprovecha la estancia en el pueblo para visitar a su ex novia de la infancia.
Así Jeff, un espabilado, mujeriego y vividor poco acostumbrado al compromiso en sus relaciones no por imposibilidad sino por, a mi entender, cobardía, deberá lidiar con la única mujer que en el pasado traspasó la coraza que ahora se autoimpone. Y digo cobardía porque lo difícil no es encontrar mujeres para encuentros esporádicos, lo complejo es implicarse y abrirte en canal en una relación estable que te haga vulnerable. Es, precisamente, lo que Jeff teme. Por otro lado tenemos a Darius que, una vez entabla relación con Kenneth, empieza a desechar la idea de que sea un completo demente y paulatinamente va creyendo en su, a priori descabellada, idea del viaje en el tiempo. Ambos tienen motivos para querer realizar ese viaje y, como podéis imaginar, poco tienen que ver con evitar grandes guerras u otros hitos de mayor relevancia como ocurre en otras películas del género; todo responde a unas motivaciones mucho más mundanas. Mejor no desvelarlo y así no destripar la trama en su totalidad.

Teniendo en cuenta ambas líneas argumentales, deduzco que el viaje al pasado es una metáfora de la necesaria retrospección que deben llevar a cabo cada uno de los personajes, más que un viaje físico per se.

Ser nostálgico forma parte de la idiosincrasia del ser humano. El pasado es una constante historia que nos repetimos a nosotros mismos, que retumba en nuestra cabeza y cuyo eco molesta; hay mucho de mí y de ti, lector, en esta película. Un eco abrupto de lo que debió ser y no fue, de lo que debimos hacer y no hicimos, de lo que debimos atrapar y dejamos pasar. De acciones equivocadas con repercusiones que nos acompañan perpetuamente y la constante frustración al preguntarte “¿Qué hubiera pasado si…?” . Los personajes principales de esta película están en constante búsqueda de una felicidad que no logran alcanzar en el presente ni tiene visos de ser alcanzada en el futuro, reside en el pasado, pues ahí residen también sus heridas sin cicatrizar.

Es un hecho a resaltar la escasez de medios económicos a la que tuvieron que hacer frente los realizadores de la película, en casos como este es cuando más debe imperar la pasión y las grandes ideas. Es precisamente eso lo que rescata a esta película de la monotonía y le permite destacar sobre el grueso de títulos, la pasión y dedicación de quienes la han creado. Se nota el cariño tanto en un muy buen guión, que sabe mezclar excelentemente el drama, la comedia y la ciencia ficción, como en el desarrollo de unos personajes redondos que evolucionan a lo largo del film de una manera notable. También es destacable la labor de los actores que, exceptuando el personaje de Jake Johnson que es más excéntrico, hacen de la actuación contenida y sentida una de sus virtudes.

Para mí pertenece a esa reciente remesa de cine americano independiente que se cimienta sobre las relaciones humanas y que transmiten nostalgia y encanto a raudales; como puede ser ‘Pequeña Miss Sunshine’ (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006), ‘Broken Flowers (Jim Jarmursh, 2005) o ‘Ruby Sparks’ (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2012). Aunque es cierto que las que acabo nombrar me parecen mejores. ‘Safety not guaranteed’ no deja de ser una buena opción para los que duden de qué película ver en cartelera, una película recomendable que nos recuerda que el objetivo innato del ser humano es encontrar la felicidad. Ya sea en el presente, en el futuro o, como en este caso, en el pasado.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Her
Her (2013)
  • 7,5
    68.795
  • Estados Unidos Spike Jonze
  • Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, ...
8
Tecnología humana.
Me acerqué a ella temeroso, consciente de que esperarla durante tanto tiempo había hecho crecer en mí unas expectativas, quizás, desmesuradas. En este caso era inevitable no ilusionarse, incluso a sabiendas de los fiascos que los ilusos idealizadores como yo nos llevamos. Sobre el papel todo suena tan perfecto… liderada por el personal e imaginativo Spike Jonze, a su disposición cuenta con el loco (tomando la locura como la mayor de las virtudes del apasionado) Joaquin Phoenix dispuesto a empequeñecerse, a mostrarse vulnerable, a humanizarse más que nunca. El elenco de secundarios no desmerece el conjunto, Scarlett Johansson, Rooney Mara, Amy Adams y Olivia Wilde; cuatro mujeres no precisamente nuevas en estas mimbres y que, con mayor o menor relevancia en sus papeles, aportan a la historia diferentes y necesarios soportes. Fuertes cimientos sobre los que sustentar una película, qué duda cabe.

El argumento de la película nos sitúa en un futuro cercano y se nos cuenta la historia de Theodore, un solitario y ensimismado escritor de tarjetas románticas, que no logra superar la ruptura con su antigua pareja. Decide comprar un nuevo Sistema Operativo destinado a cubrir por completo las necesidades del adquiriente. Este SO, de gran inteligencia y capacidad de aprendizaje y evolución, empieza a involucrarse cada vez más en la vida de Theodore hasta el punto en que se enamoran el uno del otro.

Pese a mi confesa efusividad, en los primeros compases de la película me mantuve escéptico ante la propuesta que tenía delante. No la afrontaba de manera natural, me costaba dejarme atrapar por la historia. Quizás todo me parecía demasiado frío. Tenía la sensación de encontrarme ante una nueva historia de Charlie Brooker, y no tomen esto como algo negativo pues pocas cosas me gustan tanto como ‘Black Mirror’, pero yo buscaba una nueva propuesta y no un “algo que me recordará a…”. Pero poco a poco me fui dando cuenta, esta no era otra película cuya sustancia sea criticar el papel de las nuevas tecnologías (aunque lo haga) y la posible distopia a la que nos veamos abocados. Su discurso es más trascendente, habla de algo inherente a todo ser humano y es la capacidad de amar, derivándola a la capacidad de sentir. ¿Qué puede hacernos sentir? ¿Es necesario que eso que sea capaz de hacernos sentir sea biológico? La película nos sitúa en un futuro más cercano de lo que parece, un futuro en el que el ser humano es dependiente de la tecnología para realizar prácticamente cualquier tarea cotidiana. Cuando la tecnología se aplica a las parcelas más intimas de nuestra vida pasamos a ser presos de ella, en la sociedad que se nos presenta es difícil discernir entre lo real y lo artificial; ambos mundos se implican y complementan. Un mundo deshumanizado, en el que cada vez estamos más aislados y la interactuación con las máquinas nos hace ser felices, enfadarnos, frustrarnos, sentirnos realizados,…Entonces, volviendo a lo que decía ¿Podría una máquina hacernos sentir? Yo creo que sí y, por tanto ¿Podría hacernos amar? Hoy día no, pero el techo del mal llamado “desarrollo” tecnológico nadie sabe dónde está. En este terreno se adentra la nueva obra de Spike Jonze. Un terreno existencialista y casi filosófico.
Habla también de la soledad autoinfligida. El aislamiento al que nos sometemos y en el que nos encontramos a veces en diferentes etapas de la vida en las que es inevitable sentirse perdido, que se ve acentuado por las nuevas tecnologías.

Llegada la hora de hablar de las interpretaciones me van a permitir centrarme en los dos protagonistas. Joaquin Phoenix ese titán de la interpretación que, como Cronos, soporta sobre sus espaldas el peso de la película. Un Phoenix mostrando más que nunca su faceta tierna y vulnerable, a raíz del divorcio con su ex mujer se ha vuelto solitario y busca comprensión. Es un animal manso y herido en busca de un refugio que nadie puede proporcionarle. Para mí el mejor actor de su generación. Y Scarlett Johansson que, aunque no la veamos físicamente durante todo el metraje, está presente y de qué manera. Una voz aterciopelada y cálida que inunda la pantalla, tanto como lo haría con su presencia, cada vez que es oída. Que se gana tanto a Theodore como al espectador por su espontaneidad, simpatía y humanidad; exacto, una voz proveniente de una máquina que suena más humana que la mayoría de los seres con los que el protagonista se relaciona. Una voz que llega a quebrarse, llena de matices e interpretaciones. Imposible no ir cayendo poco a poco en el regazo de comprensión que le brinda. Brillante el trabajo de Scarlett. Spike Jonze ha sido muy inteligente escogiéndola para prestar su voz.

Sigo en Spoiler por falta de espacio.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alabama Monroe
Alabama Monroe (2012)
  • 7,2
    9.316
  • Bélgica Felix Van Groeningen
  • Veerle Baetens, Johan Heldenbergh, Nell Cattrysse, Geert Van Rampelberg, ...
7
"Siempre he sabido que era demasiado maravilloso para ser cierto, que no podía durar, que la vida no es así..."
La música en la vida de Didier lo era todo hasta que conoció a Elise pero, desde el primer momento en que se conocen y, pese a ser tan diferentes, se entregan por completo el uno al otro. Él es cantante en un grupo de Bluegrass, bohemio y ateo confeso. Ella una mujer muy independiente, tatuada y de arraigadas ideas cristianas. Viven una relación de amor intenso, de sentimientos recíprocos, de miradas y compenetración. La llegada de un embarazo inesperado trastocará sus vidas, enardeciéndolas en un principio para terminar dinamitándolas cuando a su hija le diagnostican cáncer.

Concibo la película como una suerte de ‘Blue Valentine’ (Derek Cianfrance, 2010) europea. Más cruda, intensa y áspera tanto por los derroteros que acaba tomando la relación entre los protagonistas, como por la carga dramática que aporta la enfermedad de la hija. Durante el metraje se nos presentan tres líneas temporales que acaban conformando tres bloques bien diferenciados en la relación de Elise y Didier:
-El pasado. Cuando ambos se conocen, simboliza la plenitud de la pareja. Desde que se conocen hasta la llegada al mundo de su hija. Las ilusiones, los proyectos en común, la sensación de tenerlo todo.
-El presente. La lucha contra el cáncer de su hija y como afecta a la relación. Los cimientos empiezan a resquebrajarse, lo que era idílico se vuelven confrontaciones en esta pareja que empieza a verse superada por la situación.
-Una tercera parte que, a la postre, será la que más atención suscite en el espectador y que se desarrolla con una fuerza y efectividad elogiable. Me reservo sobre esta última parte para no desvelar más detalles de la trama.

La historia sigue un curso no lineal. Utiliza el recurso del flashback para ir dando saltos en el tiempo; proporcionando escenas del feliz pasado que sirven como bálsamo para las duras situaciones que viven en el presente. Algo que el espectador, sin duda, agradece. Eso sí, el abuso de este recurso transmite la sensación inconexa de algunas escenas y se roza el tedio en la primera hora del film. El interés y el ritmo de la película va creciendo conforme avanza.

Los actores principales Veerle Baetens (en el papel de Elise) y Johan Heldenbergh (como Didier) consiguen lo imposible, que te olvides de que están actuando, viven sus papeles, convenciéndote de que estás viendo a personas reales luchando por su hija enferma. Personas con sus contradicciones, cambios de humor, reacciones tanto lógicas como inesperadas y una capacidad de expresión increíble.
Gran fotografía y dirección.

No podemos terminar sin destacar un aspecto esencial en la película: el uso de la música en el film, cantada e interpretada por sus actores. Es el vehículo a través del cual se exterioriza los sentimientos del dúo protagonista, la música country es un personaje más en este melodrama que demuestra que somos presa de los acontecimientos que nos rodean. La estabilidad no depende de nosotros y los bonitos comienzos suelen dar pasos a tristes finales, aún así la esperanza nunca hay que perderla porque la vida nos depara otras alegrías a ritmo de country. Muy recomendable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Believer (El creyente)
The Believer (El creyente) (2001)
  • 6,6
    8.802
  • Estados Unidos Henry Bean
  • Ryan Gosling, Summer Phoenix, Theresa Russell, Billy Zane, ...
7
Odio y amo ¿Quién puede decirme por qué?
La verdad es que temía un poco ver esta película por su premisa tan singular, no esperaba tragarme la historia de este atípico judío nazi. Qué sorpresa, pues, cuando tras visualizarla no solo se logra entender al personaje, tanto sus motivaciones, sus dilemas morales, su lucha interior...sino que te hace partícipe de ellas, puedes lograr incluso entender (dentro de unas limitaciones) el por qué de su comportamiento. Algo que me parece casi milagroso debido a lo paradójico de la dos ideologías que se anteponen. Y es que esta película consigue algo que no está de moda ahora mismo, que es difícil encontrar, te hace pensar, quiere que saques tus conclusiones y que su temática te ronde la cabeza en momentos posteriores al visionado. El director se limita a exponer tanto la historia como el tema, no a explicarlo, de ahí que se exija la implicación del espectador y se deje bastante materia a la libre interpretación de éste.

¿Por qué no poner en entredicho la inquebrantable fe ciega? ¿Por qué seguir un dogma aunque sintamos que no nos representa en su totalidad? ¿Por qué adoctrinarse sin discutir, sin afrontar? Es posible que un sujeto no se sienta representado por la idiosincrasia de las personas que siguen su doctrina, que haya aspectos de la misma que le chirríen,… Es de humanos conocer, plantearse dudas y discutir lo que no se cree. Es de corderos seguir el rebaño sin ni siquiera preguntarse a dónde va y de dónde viene, sin saber si verdaderamente quieres seguir en ese camino (como el 90% de los cristianos hoy día, que lo son por costumbre, por tradición familiar. Sin preguntarse si verdaderamente creen algo del dogma al que dicen pertenecer).

El personaje que interpreta Gosling no representa la bipolaridad ni la esquizofrenia. No es un loco. Danny está muy cuerdo, es inteligente. Mantiene una lucha interna entre dos realidades a las que pertenece y son enfrentadas. Es judío, estudia la Torá, conoce el hebreo y respeta sus creencias, lo cual no quiere decir que no discuta aquellos aspectos en los que piensa diferente, pero siente apego a su religión y tradición.
Por eso pienso que el odio tan arraigado en Danny Balint es hacia su pueblo, el pueblo judío que tantas creencias comparte con él y que tan diferentes son. Él se considera fuerte, valiente y con la suficiente decisión de luchar por aquello que son sus principios y sus ideas. No entiende la idiosincrasia del pueblo judío, un pueblo que ha sido vilipendiado, expulsado de su tierra y masacrado, según piensa, sin oponer resistencia a ello. No se oponen, no luchan, no exigen. Danny da por hecho la comodidad de los judíos dentro de ese rol victimista que han aceptado, queda patente cuando afirma que "Si Hitler no hubiese existido los judíos lo habrían inventado". Por eso mantiene en secreto el hecho de ser judío, no quiere que se le relacione con gente de esa condición porque él no se considera así y los odia por ello. Por compartir tantos ideales con personas tan diferentes a él.

La película destila ese carácteristico aire indie tanto técnica como estéticamente. El peso del film se sostiene en un Ryan Gosling que hace una actuación fastuosa (aconsejable para todos aquellos que piensan que es un actor limitado con escasos registros), no podemos decir lo mismo de Summer Phoenix que no logra interpretativamente ser ese contrapunto a Gosling que, pienso, hubiera sido necesario en la película. El resto del reparto está correcto.
Se hace bastante uso de los flashbacks para ahondar en la infancia de Danny y, para dramatizar, algunas ensoñaciones del mismo (como cuando se ve como soldado nazi).
A destacar los grandes diálogos con los que cuenta durante todo el metraje, en especial esos monólogos del protagonista donde nos cuenta sus descabelladas (pero razonadas) teorías.

Una película casi onírica, filosófica. Romperá tus esquemas, para crearte otros esquemas que tú mismo te encargarás de querer romper.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Shame
Shame (2011)
  • 6,8
    37.432
  • Reino Unido Steve McQueen
  • Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale, Nicole Beharie, ...
9
Catarsis
Brandon es un joven y atractivo neoyorquino con casa propia, un buen trabajo y gran éxito con las mujeres. Aun así no todo es idílico, le mueve un consumismo compulsivo de porno, revistas eróticas, prostitutas,... haciendo del sexo la piedra angular de su vida. La repentina aparición de su hermana con la intención de pasar unos días en su casa precipitará una serie de acontecimientos.

El genial Steve McQueen realiza una película en la que se habla del sexo como necesidad primaria y primitiva. El sexo como un impulso irrefrenable, como placer culpable. Pero espero que no se equivoque quien la vea y sepa apreciar más allá del tema central, más allá de algunas escenas; pues sería un error quedarse en la superficie de esta historia. El sexo es un elemento más de ella, pero no el central, pues se utiliza como parche para unas heridas más profundas. Esta película versa sobre un hombre perdido, sumido en un mundo interior que ha catalizado el sexo como único instrumento mediante el cual poder sentirse realizado.
Shame te atraviesa y deja poso, marca como las arrugas en la sábana de su excelente cartel. Arrugas como único testigo de la vergüenza y degradación de una persona insaciable, a la que le es imposible ceder ante impulsos autodestructivos. Es la obsesión de un enfermo al que el placer sólo proporciona sufrimiento.

La relación entre los hermanos y el pasado en común que podemos intuir es la clave de todo, tal y como el personaje de Carey Mulligan afirma "No somos malas personas. Sólo venimos de un mal lugar." .Las circunstancias les han convertido en una antítesis el uno del otro: Brandon valora su privacidad, es solitario y frío. Sissy, en cambio, es cariñosa, espontánea y busca un constante reconocimiento; acude a su hermano en busca de ese apoyo que añora pero se encuentra con un lánguido bastión en el que no puede sujetarse. El frágil mundo de Sissy termina por desmoronarse ante la impasibilidad de Brandon.

Michael Fassbender, más que actuar, vive a su personaje. Es increíble lo que hace, hay escenas en las que nos transmite con su simple postura, consigue que su cuerpo hable por él. Hay una escena en concreto (quien haya visto la película sabrá a cuál me refiero) en la que parece mirarnos directamente y suplicar ayuda, se puede ver el terror en sus ojos, como se transforma su cara pasando del placer al miedo. Un espectáculo. Que no haya estado siquiera nominado al Oscar habla muy mal de estos premios.
Carey Mulligan no baja el nivel de Fassbender, su papel tiende más hacia la ternura. Es una niña adulta, transmitiendo una sensación de desprotección constante (una vez más, Mulligan, encarnando un papel de mujer frágil) que parece intentar paliar con su hermano. Se luce en ese homenaje en forma de escena que McQueen le regala, un plano fijo de su rostro cantando el conocido 'New York, New York'. Una delicia.

De la dirección poco más que añadir en lo visto en otras críticas, McQueen dirige con una valentía admirable. Excelente en los planos secuencias y el uso de diferentes recursos como, por ejemplo, los reflejos deformes de Brandon en diferentes superficies como muestra de lo distorsionada de su realidad.

Cuando la vi terminar me quedé con esa sensación que al menos yo tanto valoro. Esa sensación de no poder quitar ni los créditos, de saber que has visto algo diferente, algo que no se olvida y que permanecerá en tu cabeza durante mucho tiempo. Cine que te enriquece.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La caza
La caza (2012)
  • 7,7
    31.370
  • Dinamarca Thomas Vinterberg
  • Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp, Alexandra Rapaport, ...
7
Cuando tú eres la presa.
¿Por qué iba a mentir un niño? Es más, ¿Por qué un niño mentiría, especialmente, en un tema tan escabroso? Todos creeríamos a un pequeño que afirma haber sido víctima de abusos sexuales. Tú, yo,…Todos lo creeríamos. O, ¿Acaso confiaríamos en el cuidador de estos niños? Incluso aunque lo conociésemos y en el fondo sepamos que no es capaz de hacerlo, aunque no haya pruebas, una simple acusación es capaz de echarlo todo por tierra. La difamación, el boca a boca, las miradas de desprecio, los cuchicheos,… seríamos partícipes de ello, de la degradación de una persona que verdaderamente puede que no haya hecho nada. El germen de la mentira, del rumor que se extiende cual enfermedad e intoxica todo lo que toca, sin piedad, sin ningún atisbo de duda.
Sobre éste interesante tema nos hace reflexionar Vinterberg en su última película que por fin llega a los cines españoles, tras triunfar en el festival de Cannes y en los Premios del Cine Europeo.

Lucas es buena persona, es el calificativo que mejor lo define. Acaba de superar un difícil divorcio, acrecentado por la presencia de su hijo Marcus, se disputan su tutela y el régimen de visitas. Esto no le impide seguir con su vida, es una persona respetada y querida en su comunidad. Cuenta con un círculo de buenos amigos, un trabajo cuidando niños que le satisface y empieza a rehacer su vida con una nueva chica. Su esperanzadora situación se trunca por un comentario desacertado de una de las niñas a las que cuida, una mentira que desencadena el calvario que Lucas acabará viviendo.

Vinterberg conduce la película de manera excelente. Con el acierto de transmitirnos desde un comienzo la inocencia del protagonista, pero también haciéndonos partícipes del asombro inicial del resto del pueblo que acabará derivando en la marginación y vejación hacia Lucas. Incluso podemos llegar a entender la actitud de la comunidad porque, tristemente, todos dudaríamos en un caso así y probablemente nos dejaríamos llevar por la histeria colectiva.
Logra crear una atmósfera opresiva y fría. Hay escenas de una tensión palpable, muy incómodas y viscerales que se quedan grabadas punzantemente; logrando transmitir al espectador un sentimiento de profunda indignación e impotencia.
Lucas se ve señalado por una sociedad inquisidora, que ya ha dictado su propia sentencia sobre él y que lo acorralan como si fuera la presa de una partida de caza.

Durante todo el metraje la película se sostiene sobre la actuación de un inconmensurable Mads Mikkelsen, que se aleja aquí de sus habituales interpretaciones de personajes violentos y fríos (es un habitual de Nicolas Winding Refn, por ejemplo). Encarna a un tipo entrañable que se ve superado por una situación que intenta esclarecer para recuperar su dignidad como persona. Destacar también a Thomas Bo Larsen y a la pequeña Annika Wedderkopp.

Una película para remover consciencias. El director pretende, y consigue, que reflexionemos sobre la película, además de criticar el papel de la sociedad en este tipo de situaciones y de los juicios paralelos que se crean.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil