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México México · Ciudad de México
Críticas de Alexis Barbosa Vargas
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Críticas ordenadas por utilidad
7
3 de diciembre de 2023
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Las representaciones de los extranjeros siempre son interesantes, pero también son complejas. Ya sean admirables, confiables, sumisas, rebeldes, exóticas, inhumanas o bárbaras, las imágenes de los “otros” dependen en gran medida de la sociedad receptora.

Este es el caso de “La Familia Dressel”, un filme producido por Impulsora Cinematográfica (ICSA), una compañía que sólo realizó dos películas. Se trata del último filme en la carrera de Rosita Arriaga quien interpreta a Frau Dressel, la matriarca de una familia de migrantes alemanes que residen en la Ciudad de México. Esta mujer representa los prejuicios de la comunidad alemana frente a la sociedad mexicana. Si bien esta comunidad es representada como endogámica, esto cambia cuando Friedrich (Jorge Vélez), el hijo mayor de Frau Dressel, se casa con Magdalena (Consuelo Frank), una cantante mexicana. Por lo general, en los melodramas familiares de los años treinta y cuarenta hay un temor por parte de un patriarca o una matriarca de que los valores familiares se vean mancillados por un agente externo. Este es el caso de Magdalena quien irrumpe en la familia no sólo por su romance con Friedrich, sino también por su carácter artístico, bohemio y libertario que choca con la disciplina alemana.

La película, que está ambientada durante los años de 1932 y 1934, se estrenó el 31 de julio de 1935 cuando el racismo y la intolerancia del régimen nazi no eran tan evidentes ya que fue hasta septiembre de ese año cuando se promulgaron las Leyes raciales de Núremberg. Para mediados de 1935, las noticias en torno al desarrollo económico de la Alemania nazi eran frecuentes en la prensa mexicana. Esto podría ser una explicación de la representación positiva de los alemanes, lo que contrasta fuertemente con las representaciones negativas que se produjeron en el cine mexicano a partir de 1942 como consecuencia de la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial. Al respecto, véanse filmes como "Soy puro mexicano" (Emilio Fernández, 1942) o "Espionaje en el golfo" (Rolando Aguilar, 1943).

A pesar del conservadurismo en el cine de Fernando de Fuentes, es complicado relacionar este filme con el fascismo alemán. Más bien, la película nos habla de las aspiraciones modernas de los mexicanos en los años treinta. Aquí destaca la fotografía de Alex Phillips quien recurre a técnicas como la sobreimpresión. Sobre todo hay que resaltar los planos y las secuencias de la capital mexicana. Ya sean los aparadores de las tiendas del centro histórico o las mansiones del barrio de San Ángel, la Ciudad de México es representada como una urbe moderna que fácilmente se podría asemejar con Nueva York o Chicago. En contraste con las imágenes de la Revolución mexicana producidas en el extranjero que retrataban la barbarie y la incivilización, este filme resalta la modernidad y la civilización. En otras palabras, el orden y la disciplina de los migrantes alemanes funcionan como un espejo del México posrevolucionario.

Aunque el negativo original está perdido, existe una copia de 16 mm ubicada en la Cineteca Nacional. Lamentablemente, esta copia está incompleta y presenta algunos daños. De cualquier manera, se trata de un filme bastante recomendable debido al reparto, la fotografía y la dirección a cargo de uno de los cineastas mexicanos más importantes.
Alexis Barbosa Vargas
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