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Críticas de Toribio Tarifa
Críticas ordenadas por:
Pan, amor y celos
Pan, amor y celos (1954)
  • 6,4
    351
  • Italia Luigi Comencini
  • Vittorio De Sica, Gina Lollobrigida, Marisa Merlini, Maria Pia Casilio, ...
7
Una película mona
Un amigo mío muy querido, que por desgracia nos dejó hace unos años, solía decir, en referencia a las que él veía en sus años mozos, "ya no hacen películas monas". Pues ésta es una película mona: un blanco y negro estupendo, para escándalo de todos aquellos (entre ellos mi propia hija) que ahora se niegan a ver una película que no sea en color, unos actores magníficos, un pueblecito italiano típico de los años cincuenta, etc. Vittorio de Sica da una lección más de cómo se debe interpretar un personaje que está a medio camino del exceso y del ridículo, pero sabiendo mantenerse en todo momento del lado de acá de esa frontera. Verle, a poco de iniciarse la proyección, felicitando al director y a los miembros de la banda de música que interpretaron la noche anterior fragmentos de ópera italiana es un goce: sus gestos, sus acentos habría que llevarlos a muchos centros de enseñanza actoral. Y luego está Gina Lollobrigida, una Gina todavía en la veintena, que está preciosa y que despierta todo tipo de pasiones entre el personal, bien esté de un lado o del otro de la pantalla. ¿La historia?. La historia no va más allá de lo que la literatura clásica prescribe desde el principio de los tiempos. Una trama sencilla y comprensible para todo tipo de públicos, cómica en algunos momentos y dramática en otros, cuando conviene que el espectador derrame unas lagrimitas para acompañar el dolor de los personajes.
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Persecución en la noche
Persecución en la noche (1947)
  • 6,4
    229
  • Estados Unidos Robert Montgomery
  • Robert Montgomery, Wanda Hendrix, Andrea King, Thomas Gomez, ...
3
¡Qué lástima Mr. Montgomery!
El arranque de la película es modélico: vigoroso, perfectamente comprensible sin necesidad de apoyarse en el diálogo de los personajes, . La lástima, Sr. Montgomery, es que todas estas virtudes solo tienen vida unos 20 minutos, hasta que Lucky Gagin (el personaje que Vd. interpreta) consigue averiguar el número de la habitación del hotel en que se aloja Mr. Hugo, mediante otro inteligente y valioso truco. El primero había sido el escondite de la llave en la consigna de la estación. A partir de esos primeros 20 minutos todo se diluye en un magma incomprensible y carente de interés. Y lo que es peor, nos queda por delante una hora y media de aburrimiento. Me asombra que alguien como Ben Hecht y Charles Lederer hayan podido alumbrar un guión tan "malapatudo". Por si fuera poco, ronda por la película un agente del FBI interpretado por un actor que, pese a sus 48 años (comprobado el dato) da la impresión de haberse escapado de un geriátrico, y es quien en última instancia, pese a todo, resuelve el desaguisado. El asunto es oscuro y tiene que ver con la venganza que quiere llevar a cabo Lucky Gagin por el asesinato de un compañero de armas en la reciente II Guerra Mundial. Y hay una prueba, un cheque, que no se acaba de entender, al menos yo no lo entendí, por qué es una prueba condenatoria, pero todo el rato subyace al desarrollo de la historia. La presencia femenina, con una Wanda Hendrix a la que disfrazan de mexicana, y que parece ser el apoyo principal con que cuenta el protagonista masculino, podrían habérsela ahorrado, puesto que carece de importancia y no aporta nada salvo metraje. Lo único verdaderamente original es que le hayan puesto a Mr. Hugo - Fred Clark, ese secundario modélico de tantas y tantas películas - un audífono del tamaño que tenían los de la época y que nada tiene que ver con los actuales, y que desempeña su papel en el desarrollo y final de la historia.
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Mercaderes de ilusiones
Mercaderes de ilusiones (1947)
  • 6,0
    93
  • Estados Unidos Jack Conway
  • Clark Gable, Deborah Kerr, Sydney Greenstreet, Adolphe Menjou, ...
5
El mercader redimido
La califico con un cinco por dos razones, una positiva, la otra negativa: el guión es inconsistente, blando y previsible a más no poder. Lo positivo viene de la mano de su elenco actoral: ¿A ver en qué película se nos ofrece la posibilidad de asisitir a un desfile de figuras de la pantalla de la categoría y de la nombradía de Clark Gable, Deborah Kerr, Ava Gardner, Adolphe Menjou, Sydney Greenstreet, Edward Arnold e incluso un secundario como Keenan Wynn?. Una Deborah Kerr de 26 añitos compitiendo por el amor de un protagonista cuarentón, pero todavía de buen ver, con una emergente y preciosa Ava Gardner, de 25. ¿Quién da más?
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Las vacaciones del señor Hulot
Las vacaciones del señor Hulot (1953)
  • 7,4
    5.094
  • Francia Jacques Tati
  • Jacques Tati, Nathalie Pascaud, Michèle Rolla, Valentine Camax, ...
9
¡Menudas vacaciones Monsieur Hulot!
Jacques Tati, que ya era familiar para muchos, especialmente después de su triunfal estreno como director de "Jour de fête", prosiguió su carrera ascendente con "Les vacances de monsieur Hulot", en 1953. Se trata de la primera película en que aparece su alter ego, Monsieur Hulot, y establece el patrón para futuras apariciones del personaje, apoyado siempre en su torpeza congénita y situándose, sin saber cómo, en el centro de la acción que él mismo desencadena sin pretenderlo. En este caso, aterriza con su viejo cacharro en un hotelito de la costa donde se aloja gente de clase media de los años cincuenta, de distintas nacionalidades, familias con niños, que aspiran a pasar unos días de vacaciones sin estridencias de ningún tipo. Y eso es lo que la llegada de Hulot va a convertir en imposible. Prácticamente sin diálogos, la película se desliza sobre la acumulación de diversos episodios sin que pueda decirse que haya una trama constituída por planteamiento, nudo y desenlace. Casi podría decirse que a Hulot, además de su inseparable pipa, le hubieran entregado una cámara para que rodara una suerte de documental sobre el veraneo en un pueblecito de la costa francesa. Hulot es el elemento distorsionador que altera la categoría del documental, frío y objetivo, informativo y pedagógico, y lo convierte en lo más parecido a la representación de "Il trovatore" en las escenas finales de "Una noche en la ópera", de los hermanos Marx.
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Muchachas de uniforme
Muchachas de uniforme (1931)
  • 7,3
    488
  • Alemania Leontine Sagan, Carl Froelich
  • Hertha Thiele, Dorothea Wieck, Emilia Unda
6
Uniformemos a las muchachas
Nos hallamos en 1910 y en la ciudad de Potsdam, junto a Berlín, en plena Prusia, con todo lo que esto representa. Manuela es una adolescente huérfana de madre a quien su tía, que no parece estimarla demasiado, a pesar de ser la hija de su hermana, decide enviar a un rígido internado. Su padre es un militar que poco tiene que opinar al respecto. La directora del establecimiento, una persona de edad y de convicciones firmes y tradicionales es abiertamente partidaria de una disciplina militar como forma de moldear el carácter de sus alumnas, pero Manuela se resiente de la dureza de esta formación. Entre las profesoras de la institución destaca, sobre todo a ojos de las alumnas, Fräulein Von Bernburg, que es la profesora más joven del internado y que, tal vez por ello, tiene puntos de vista sobre la educación menos rígidos y más en consonancia con la generación a la que pertenecen las alumnas. Todas la quieren con verdadera devoción y en todo momento se destaca el afecto con que es capaz de tratarlas. Evidentemente hoy el amor que se profesan las mujeres solo puede ser interpretado como lésbico. Incluso ya en 1958, Romy Schneider protagonizó junto a Lilli Palmer una nueva versión; los años transcurridos desde la primera (1931) tienen el efecto de decantar la balanza de la tipología amorosa claramente hacia la homosexualidad. ¡Hay que ver los efectos que pueden tener las tendencias históricas en cuanto a las interpretaciones que merecen determinadas obras!
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Bésame, por favor
Bésame, por favor (2007)
  • 6,0
    89
  • Francia Emmanuel Mouret
  • Virginie Ledoyen, Emmanuel Mouret, Julie Gayet, Michaël Cohen, ...
2
Comedia de enredo sin gracia
Supongo que Emmanuel Mouret, guionista y director de esta película, habrá pensado en recurrir como modelo a la literatura clásica y dentro de ella a las comedias de enredo, caracterizadas fundamentalmente por armarse en torno al tema del amor. Sigo suponiendo, que, por francés, habrá leído y se habrá inspirado, por ejemplo, en Marivaux, Molière, etc. Hasta aquí muy bien. El problema empieza cuando Emmanuel Mouret coge su ordenador y empieza a escribir el guión de su película. En esos modelos clásicos de autores sobradamente acreditados, el ingenio en el tratamiento del asunto es esencial. Lamentablemente en esta película el ingenio brilla por su ausencia, los actores no dan la talla en general y sólo destacaría que la película cobra mayor vuelo cuando quien ocupa la pantalla es Julie Gayet. Habría que felicitar a François Hollande por el acierto que demostró tirándole los tejos mientras ocupaba la presidencia de la República francesa y demostrándonos a los ciudadanos de a pie que el poder resulta muy atractivo en cuestiones como el amor. En cuanto a la película, para volver a ella, pueden ustedes ahorrársela perfectamente y dedicarse a otros menesteres.
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Señora Doubtfire, papá de por vida
Señora Doubtfire, papá de por vida (1993)
  • 5,6
    85.797
  • Estados Unidos Chris Columbus
  • Robin Williams, Sally Field, Pierce Brosnan, Mara Wilson, ...
3
Cine de patochada
No puedo dejar de preguntarme cómo ese actor que desfila por mi pantalla sin dejar de hacer patochadas, la mayoría sin la menor gracia, acabaría suicidándose. Mientras lo veo, esta pregunta me acosa una y otra vez.

Me imagino que para el público norteamericano sus imitaciones injustificadas de personajes, tanto reales como literarios, deben de tener su gracia, pero para mí no tiene ninguna. Lo único por lo que vale la pena ver la película pasados 25 años de su estreno es por la caracterización de Robin Williams como señora Doubtfire y por el suspense que es capaz de crear en torno al tiempo que conseguirá mantener engañados a sus familiares.
Sus pullas al tontorrón de Pierce Brosnan son extraordinariamente groseras y no se justifica de ninguna manera que él no lo descubra o lo denuncie ante la no menos tontorrona Sally Field.
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La pasión ciega
La pasión ciega (1940)
  • 7,4
    1.310
  • Estados Unidos Raoul Walsh
  • George Raft, Ann Sheridan, Ida Lupino, Humphrey Bogart, ...
7
Entre el 6 y el 8, un 7.
El arranque de la película es espectacular: con un ritmo trepidante, la aparición, tanto simultánea como consecutiva, de múltiples personajes que no se desperdiciarán, sino que volverán a aparecer en su mayoría a lo largo de la historia, y el carácter casi de documental que el guión confiere, ilustrándonos acertada e interesantemente sobre la vida de los camioneros y de sus camiones en la carretera y sobre sus relaciones entre ellos y con quienes les contratan, hace de este inicio un modelo que muchos debieran tomar como ejemplo. Lamentablemente la historia pasional que se desarrolla a partir de la intervención de Ida Lupino decanta el fiel de la balanza y rompe el magnífico equilibrio entre temas que había conseguido el film en su primera mitad. Más camión y menos pasión hubiéramos deseado de los guionistas.
Como suele ser norma, los actores están magníficos en sus papeles, desde un habitual secundario como Georg Raft, aquí de protagonista, hasta Humphrey Bogart, a punto de alcanzar el fulgor del estrellato, que le llegaría un par de años después, pasando por la ya mencionada Ida Lupino (a quien no le sobrarían unos cuantos kilos, so pena de que un vendaval impío se la llevara por delante), sin olvidarnos de Alan Hale, Ann Sheridan o Roscoe Karns, quien sabe sacar partido de su físico para componer un personaje simpático y atractivo.
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Separación peligrosa
Separación peligrosa (1945)
  • 6,8
    33
  • Reino Unido Alexander Korda
  • Robert Donat, Deborah Kerr, Glynis Johns, Ann Todd, ...
5
Lástima de historia desaprovechada
A pesar del Óscar con que se premió el guión, éste presenta, a mi modo de ver, lagunas importantes. Tiene , eso sí, la habilidad de despertar en el espectador la complicidad necesaria para que sobre los escasos datos que se nos facilitan capaces de explicar la evolución de los protagonistas, ese espectador, a favor del viento de la película, incorpore unos sentimientos propios que navegan en el sentido de la historia. La escasa calidad del guión se pone particularmente de manifiesto en los quince o veinte minutos finales del film: los fundamentales. El encuentro matrimonial, que se aventura tan conflictivo como definitivo, no nos aporta un solo dato de relevancia que justifique el final. Eso que tan bien sabía hacer, por ejemplo, John Ford, que con una mirada, una broma, una risa, un detalle de la historia, ahondaba en ella y nos ampliaba nuestro punto de vista, no existe lamentablemente en esta película.
Sin embargo, no negaremos que la película tiene su interés, sobre todo por el hecho de aportar un tema original y novedoso que no suele ser común en el género bélico: los efectos de la guerra sobre la evolución psicológica de los personajes. No pasaremos por alto el excelente trabajo de los protagonistas ni el cuidado que se pone en los detalles más nimios de vestuario y escenografía.
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Desire Me
Desire Me (1947)
  • Estados Unidos Jack Conway, George Cukor, ...
  • Greer Garson, Robert Mitchum, Richard Hart, Morris Ankrum, ...
6
Cuatro directores para una película
Se me ocurre que Hitchcock hubiera aprobado la intensa sensación de suspense que esta película genera en el espectador. Incluso en su guión se sigue el principio del director inglés de que éste (el espectador) sepa tanto como sabe el propio director. En todo instante y pese a los iniciales momentos de duda respecto de la suerte seguida por uno de los dos protagonistas masculinos - del otro no hay duda alguna - el espectador está al corriente del futuro de la película y de sus personajes principales. Sin embargo, el suspense se apodera de la acción debido a que el público ignora el momento en que se va a producir el estallido pasional que ha de llevar al desenlace y premiar o castigar a quien lo haya merecido. Quizá no sea una gran película, pero tampoco es como para prescindir de ella alegremente. Hay que tener en cuenta también que en 1947, a los dos años de acabada la II Guerra Mundial, el espíritu del tiempo, aquel sentimiento que consciente o inconscientemente se compartía de forma natural, rellenaba los eventuales huecos que ahora, pasados más de setenta años, pudiéramos acusar en la trama.
Por otra parte, cuatro batutas subieron al atril de esta película, y no de escaso fuste: Jack Conway, George Cukor, Mervyn Le Roy y Victor Saville. No está mal.
Greer Garson vivía los años álgidos de su carrera - La señora Miniver, Niebla en el pasado, Madame Curie, La señora Parkington, El valle del destino, La dinastía de los Forsyte... - y se enseñorea de la película. El pobre Robert Mitchum, estrella ascendente entonces, resulta arrinconado por un guaperas, Richard Hart, que tiene mucho más papel que él y que por tanto disfruta de mayor cuota de pantalla. Desgraciadamente su suerte actoral no tardaría en torcerse y su trayectoria sería muy breve, pues un ataque al corazón se lo llevó por delante con tan solo 35 años.
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El gangster y la bailarina
El gangster y la bailarina (1940)
  • 6,4
    36
  • Estados Unidos Archie Mayo
  • George Raft, Joan Bennett, Lloyd Nolan, Walter Pidgeon, ...
5
La casa de la bahía
¿A santo de qué una película titulada en su lengua original "La casa de la bahía" se convierte por arte de birlibirloque en "El gángster y la bailarina" cuando se la lleva al español? "La casa de la bahía" tiene un sentido claro y hace referencia a la que alquila la protagonista, que quiere tener a la vista la cárcel de Alcatraz; el gángster y la bailarina, como título, me parece una chuminada infausta de alguien que llegó un lunes por la mañana a su despacho después de un fin de semana agitado y con la mente obtusa. Dejada ya constancia de mi protesta por este título tontorrón, vayamos a la película.
El gángster Steve Lawrit se enamora profundamente de Brenda Bentley, una de las bailarinas que actúan en su local y, contra lo que suele ser corriente en este tipo de cintas, se casa con ella. Un atentado contra su marido, atribuible a un competidor con quien ha entrado en conflicto, lleva a Brenda a tomar una decisión (que años más tarde tomará también, y por la misma razón, el amor, el "Noodles" de "Érase una vez en América"): denunciar a su marido a la justicia por una cuestión de evasión de impuestos, que a ella le parece peccata minuta, en la confianza de que de esta forma conseguirá tenerlo a buen recaudo en la cárcel durante unos meses y a salvo de las asechanzas de sus enemigos. Pero las cosas se le complican...
La película, la verdad, no da para mucho. Quizá, como moraleja, podría extraerse la de que no es conveniente en la vida dejar a su albur a una hermosa mujer como Joan Bennett. Porque Steve sí parece estar verdaderamente enamorado de Brenda, y bien que lo demuestra, pero ella, por los motivos que sea, tiene una innegable tendencia a dejarse mecer por las olas de la vida la lleven adonde la lleven. Es una moraleja muy poco a propósito para los tiempos que corren, pero es la que nos deja entrever la película de que tratamos.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fin de semana
Fin de semana (1945)
  • 5,7
    39
  • Estados Unidos Robert Z. Leonard
  • Ginger Rogers, Lana Turner, Walter Pidgeon, Van Johnson, ...
4
¡Qué solos se quedan los muertos!
O dicho de otra manera, cómo pasa el tiempo y cómo va limando lo que otrora fuera esplendoroso. La película que en 1945 alcanzó un éxito avasallador, con un reparto cuajado de estrellas, va perdiendo brillo con los años y se va volviendo mate Los que en 1945 ya pisábamos tierra o, mejor, gateábamos por ella todavía podemos responder a preguntas sobre estos personajes, pero pocos serán los que, nacidos veinte o treinta años después, sepan darte razón. Y esta es la soledad de los muertos.
He de empezar confesando que le tengo una cierta tirria a Ginger Rogers, salvo cuando se busca un partenaire convincente para deslizarse por la pista de baile al son de la música de la época. Entonces está sublime. Pero no consigo que me guste físicamente; me parece un antecedente, un trasunto de Doris Day, pero con menos gracia. En cambio, me resulta simpático Walter Pidgeon, e ignoro la razón. Tal vez porque siempre me mueve hasta el llanto cuando en "La señora Miniver" vuelve en su lancha, agotado, tras haber participado en el rescate de sus compatriotas arrinconados y condenados a perecer en las playas de Dunkerke. Lana Turner, quien tan solo cuatro años antes, en "Quiero a este hombre" estaba preciosa, aquí, como estenógrafa del Waldorf Astoria dispuesta a venderse enterita al mejor postor de sus carnes, deja mucho que desear: mal peinada y no mucho mejor vestida, no acabas de entender el éxito que tiene entre Edward Arnold, quien se la quiere merendar quieras que no, y Van Heflin, el inocentón y honesto personaje del film. Y puestos a confesar filias y fobias, diré que me gusta siempre Edward Arnold - no puedo olvidarle como implacable empresario padre de James Stewart en "Vive como quieras" - y me distrae, me aparta de la historia que se me cuenta, la presencia de cualquiera de los "Van", ya sea Van Johnson, aquí, ya Van Heflin en otras muchas películas. Manías que tiene uno.
Soy plenamente consciente de que me he ido por los cerros de Úbeda y de que no he dicho palabra de la película en sí. Y la razón es que no hay mucho que decir. He estado dudando entre darle un 5, "pasable", o castigarla más duramente con un 4, "regular".
Empezaremos diciendo que lo más interesante de la película sucede cuando su director olvida que está en funciones dramáticas y se vuelve hacia el puro documentalismo: interesa cuando se muestran las interioridades de un hotel de tanta solera como el Waldorf, sobre todo en esa época. La recepción y distribución de la prensa, las secciones de lavado y planchado de la ropa, el examen a que se somete a diario al ejército de botones, las interminables filas de telefonistas atendiendo las llamadas, aunque esto ya está más visto, etc. etc. Supongo que algo tendría que ver la producción y el pastón que amollaría sin duda la propiedad del Waldorf. ¡Ahí es nada la publicidad que se le hace al hotel!
¿Lo demás?. Lo demás se desliza parsimoniosamente sin interesar a nadie en exceso. Inspirada en la clásica - entonces - novela de Vicky Baum, que ya había dado lugar a otra exitosa película "Gran Hotel", esta parece querer repetir la fórmula: un número considerable de personajes que comparten vivienda en un hotel de lujo y las eventuales tramas pasionales (no tienen porqué ser amorosas) a que esa convivencia da lugar. Lujo, riqueza, abundancia...y, sobre todo, resolución anticipada de cualquier problema que al huésped pudiera surgirle.
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Dos hermanos
Dos hermanos (2010)
  • 5,8
    991
  • Argentina Daniel Burman
  • Antonio Gasalla, Graciela Borges, Elena Lucena, Rita Cortese, ...
8
Comunidad de propietarios
No he leído el resto de las críticas de los que me han precedido, cosa que siempre suelo hacer, leerlas quiero decir; por tanto no sé si alguien se habrá referido ya a lo que yo pretendo decir, que es lo siguiente. Empiezo viendo que la calificación media es relativamente baja, un 5,8 no es para entusiasmar a nadie. Yo le puse un 8, un notable alto. Y esta nota, a mi entender, se la ganaría la película aunque solo tuviera una duración de cinco minutos que es aproximadamente lo que dura la escena que la abre, en concreto son tres minutos y algo más. Esa escena en el portal de un edificio de Buenos Aires donde se reúnen los vecinos para decidir de qué manera homenajearán a uno de ellos que acaba de fallecer la encuentro magistral. En ocasiones me paso esos tres primeros minutos de la película para disfrutar de la actuación de los diversos actores, empezando por quien lleva la voz cantante de la propuesta - desconozco su nombre, pero es una actriz como la copa de un pino - de comprar una corona de flores y acabando por el resto del elenco. Notable
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Sheriff, hora H
Sheriff, hora H (1958)
  • 5,4
    57
  • Estados Unidos Harry Keller
  • Fred MacMurray, Joan Weldon, John Ericson, Robert Middleton, ...
5
En la senda de "Solo ante el peligro"
Convencional western que trata de seguir la senda trazada seis años antes por Fred Zinnemann en "Solo ante el peligro", aunque con menos fortuna e intención. El juez Jim Scott, interpretado por ese gran actor que era Fred MacMurray, aquí ya tratando de mantener el tipo como galán cuando había cumplido el medio siglo, debe tomar una decisión que puede enfrentarle no solamente a una banda de malhechores, sino incluso a la totalidad del pueblo, temeroso de su venganza; es decir, un hombre solo frente a los malvados y a su propia comunidad. Las complicaciones sentimentales no podían faltar, y su novia, la bella Joan Weldon (cuyo airoso cuello conviene destacar) parece tontear más de lo conveniente con el joven y atractivo sheriff (John Ericson). En fin, todo se desarrolla como es preceptivo, sin aburrir en ningún momento, aunque sin aportar tampoco nada nuevo ni de especial interés.
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Dos cuentos para dos
Dos cuentos para dos (1947)
  • 5,6
    109
  • España Luis Lucia
  • Tony Leblanc, Carlota Bilbao, Eduardo Fajardo, José Isbert, ...
2
De tan mala hasta resulta interesante
La verdad es que no hay por donde cogerla. Un argumento que no tiene pies ni cabeza, absurdo, pero absurdo a fuerza de estúpido, incongruente e increíble; situaciones que no se admitirían ni en el peor cuento infantil para niños menores de tres años. en fin ¿para qué seguir?. Uno se pregunta que a quién se le ocurriría llevar al cine la novelita de la que procede esta película.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Milou en mayo
Milou en mayo (1990)
  • 7,1
    820
  • Francia Louis Malle
  • Michel Piccoli, Miou-Miou, Michel Duchaussoy, Dominique Blanc, ...
3
Patochada insigne
Seré lo más breve posible. El arranque de la película, de no ser porque el protagonista, Michel Piccoli, es un actor que no soporto, vaya Vd. a saber porqué, promete mucho. Lamentablemente todo se queda en promesas, porque a partir de un momento determinado, hacia la mitad del film, la cosa no hace sino seguir el camino del desastre. Y ahí acaba.
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Infielmente tuyo
Infielmente tuyo (1948)
  • 7,0
    426
  • Estados Unidos Preston Sturges
  • Rex Harrison, Linda Darnell, Kurt Kreuger, Barbara Lawrence, ...
3
Previsible, aburrida, inacabable
Sturges muere en 1959 a los sesenta años. Apenas transcurridos diez años de su muerte se inicia la operación de recuperar su figura como gran director de la comedia norteamericana. Se trataba de auparlo hasta el Olimpo que acogía a gente como Lubitsch, Wilder o Hawks, por citar solo a tres de los más destacados. Tengo la impresión de que la operación no dio resultado. De los catorces films dirigidos por Sturges no recuerdo uno solo que pueda resistir la comparación con la obra de esos maestros con los que se pretendía igualarlo. Ni uno solo. Éste que nos ocupa, "Infielmente tuyo", es un buen ejemplo de lo que andamos diciendo. El pobre Rex Harrison lo hace lo mejor que puede, y puede mucho, pero el guión y los diálogos son más planos que el pecho de aquellas mujeres de las que se decía en épocas más políticamente incorrectas, pero más libres, que eran campeonas de natación: nada por delante, nada por detrás.
Hay que reconocerle el mérito de estar solo ante la cámara destrozando “casualmente” su casa, sin un solo diálogo que echarse al coleto y trabajando una escena que ha tenido que montarse previamente al milímetro. Y esto, como digo, tiene mérito. La lástima es que el esfuerzo es baldío y no tiene la menor gracia: cuando se le rompe una silla, el espectador ha visto que se rompería cinco minutos antes. Y así todo. El papel de la pobre Linda Darnell es totalmente irrelevante. Tanto da que fuera ella quien lo interpretara; podrían haberse ahorrado un montón de dinero contratando a otra actriz con un caché inferior. En fin, que mejor que se busquen otro entretenimiento si el que se les ofrece es éste.
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La habitación del hijo
La habitación del hijo (2001)
  • 7,1
    13.439
  • Italia Nanni Moretti
  • Nanni Moretti, Laura Morante, Jasmine Trinca, Giuseppe Sanfelice, ...
8
Canciones de los niños muertos.
Cuando se estrenó esta película, y por razones que no hacen al caso, no quise verla. Ahora, pasados quince años de la fecha de su estreno, he querido pasar por la experiencia. Creo que vale la pena hacerlo. Es una película interesante y conmovedora en grado sumo. De todas maneras, no puedo evitar pensar en qué llevaría a Nanni Moretti a realizarla. No soy particularmente supersticioso ni dependo en mi vida anímica de creencias extrarracionales, pero tampoco desprecio la influencia que puedan tener experiencias como las de Friedrich Rückert, el autor de los poemas sobre los que Gustav Mahler compondría su célebre ciclo de cinco canciones "Kindertotenlieder" (Canciones de los niños muertos). Rückert creó su ciclo de poemas tras haber sufrido la muerte de dos de sus diez hijos. Y el propio compositor sufrió la muerte, debido a la difteria, de una de sus hijas tres años después de haber acabado de poner música a su ciclo de canciones. La propia Alma Mahler, su esposa, se manifiesta seriamente contrariada por el propósito de su marido, y dice:« Puedo entender que alguien que no tenga hijos o que haya perdido a alguno escriba unos poemas tan terribles. Pero me resulta incomprensible que se pueda cantar la muerte de niños cuando media hora antes los has tenido en tus brazos y los has besado". Vaya esto por delante respecto al proyecto que concibió Moretti. Me produce la impresión de estar desafiando al destino (y solo creo en él en el sentido en que creían los griegos, como hijo de nuestra idiosincrasia) y a las fuerzas de la naturaleza juntos. Y no me gusta...
Dicho esto, añadiré que me gustó mucho la película, es valiente y trata el tema con rigor, sensibilidad y respeto. La selección de materiales - desde la elección de pacientes del psicoanalista hasta los fragmentos de sus respectivos tratamientos, el papel de la hermana, etc - me parece acertada. En cierta manera podría calificarse del negativo de lo que hubiera hecho un Bergman. Lo que en éste sería discursivo y largo, en Moretti son simples apuntes, salpicaduras, que resultan tan ilustrativas como en el otro caso, pero mucho más digeribles. Quizás el papel de la madre resulta cojo ante la avasalladora presencia de la figura paterna, que monopoliza prácticamente la relación con el hijo, dejándola a ella muy en la sombra. Demasiado.
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Un lugar en la cumbre
Un lugar en la cumbre (1959)
  • 7,5
    1.164
  • Reino Unido Jack Clayton
  • Simone Signoret, Laurence Harvey, Heather Sears, Hermione Baddeley, ...
8
El modelo de "Match Point"
¡Qué difícil resulta hacer algo bien! En este caso se trata de una película, pero puede ser cualquier otra cosa que se haya de hacer, ¡Cuántas veces recogemos el DVD, en casa, apagamos la TV o salimos del cine con la sensación, quizá no de haber perdido exactamente el tiempo, pero sí de haber visto algo que a las pocas horas se nos habrá borrado de la memoria. La mayoría de las veces que nos situamos frente a una pantalla de proyección, éste es el resultado: una película que se deja simplemente ver, un pasatiempo, pero no algo memorable. "Un lugar en la cumbre" es algo memorable. Su trasfondo argumental y el asunto moral es el mismo que utilizó Woody Allen para su "Match Point": la ambición desmedida de quien, nacido en humilde cuna, pero desde la que podría haber hallado un acomodo vital satisfactorio (junto a Alice Aisgill en esta película, a Nola Rice, en la de Allen), lleva a los protagonistas a traicionarse a sí mismos en aras de obtener riquezas sin cuento y ascender en la escala social. Una seria y hermosa Simone Signoret, que se ganó merecidamente el Óscar por su trabajo en esta película, da la réplica a Laurence Harvey, un actor con no demasiado predicamento en los medios de la crítica y que lamentablemente falleció pronto, a los 45 años de un cáncer de estómago, dejando una filmografía no despreciable (63) películas, aunque de calidad como mínimo discutible.
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Amoríos
Amoríos (1933)
  • 7,3
    257
  • Alemania Max Ophüls
  • Paul Hörbiger, Magda Schneider, Luise Ullrich, Gustaf Gründgens, ...
8
¡Una auténtica maravilla!
Preciosa película que lleva hasta nuestros asombrados y plebeyos ojos un resumen magnífico de los postreros días de la sociedad aristocrática de finales del XIX y principios del XX en la Austria imperial. El guión surge de la pieza teatral de Arthur Schnitzler y su desarrollo es magistral. Todo encaja como la maquinaria bien engrasada de un reloj de bolsillo. Se atisban también los primeros avances de conciencia burguesa en el ferviente rechazo con que el teniente Theo Kaiser se enfrenta a lo inevitable en su defensa de su amigo el teniente Fritz Lobheimer. Y no digo más por no tener que trasladarme al trozo de comentario reservado al spoiler. Por si fuera poco, se asoman en el reparto una serie de nombres que a todos nos han de sonar, empezando por Paul Hörbiger, a quien todos recordarán cuando lo vean aparecer en pantalla como padre de la encantadora Magda Schneider, en su papel de portero, asesinado por no haber sabido mantener la boca cerrada, de "El tercer hombre". ¿Y Magda Schneider, una jovencita de 24 añitos que no tardaría más que cinco años en dar a luz a su hija Romy?. Por no hablar de otra figura de la cinematografía, el teatro y la política alemana, Gustaf Gründgens, que supo ganarse primero el ascenso a la primera división de la cultura antes de la guerra casándose con la hija mayor de Thomas Mann, una figura capital de la cultura alemana, para luego acomodarse al nazismo y alcanzar cargos políticos en él sin que ello le impidiera caer de pie, una vez acabada la guerra, y seguir adelante con su carrera teatral como director del Deutsches Schauspielhaus de Hamburgo, el teatro de mayor aforo de Alemania, con solo sacudirse las motas de polvo nazi que se le habían quedado prendidas de la levita. Y acabemos con Wolfgang Liebeneiner, actor y director alemán con más de cien películas en su haber, entre las que se cuenta, por ejemplo, la primera versión de "La familia Trapp".
En fin, una maravilla de película que tiene, además, el valor añadido de todos estos nudos vitales y personales que hemos mencionado.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil