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Críticas de 10P24H
Críticas ordenadas por:
Asentamiento
Asentamiento (2002)
  • 7,3
    31
  • Rusia Sergei Loznitsa
  • Documentary
6
La colectividad
El documentalista Ucraniano nacido en territorio bielorruso cuando era parte de la Unión Soviética, inició su carrera a finales de los años noventa, explorando con interés cuestiones relativas a la historia Rusia, la II Guerra Mundial, y últimamente a eventos actuales de su país natal, como por ejemplo Maidan (2014) o Donbass (2018).

Hasta el momento su máximo reconocimiento curiosamente lo alcanzó con un trabajo de ficción, V tumane (En la niebla, 2012), un cruel relato precisamente ambientado en la II Guerra Mundial, en la Bielorrusia invadida por los Nazi, donde los partisanos intentaban hacer su resistencia, temas similares a aquella obra maestra titulada Idi i Smotri (Masacre: Ven y mira, 1985) de Elem Klimov.

Poselenie es su primer largometraje, un curioso trabajo de 77 minutos de duración carente de diálogos. Loznitsa se va a alguna zona rural de Rusia para mostrar una serie de imágenes de un grupo de personas trabajando en una granja, la cámara del director de fotografía Pavel Kostomarov se posa fija y distante, mientras estas personas con pesadez van haciendo sus labores.

El blanco y negro ofrece también una distancia respecto a lo que vemos, parecieran ser imágenes antiguas, de archivo, propias de las granjas colectivas soviéticas. La falta completa de un narrador hace que la imagen tenga una importancia aún mayor, recordando que se trata de un trabajo documental, ¿qué quiere mostrar Loznitsa? ¿Realiza algún juicio de valor?

El director no interviene en lo absoluto en el relato, más allá de que poco a poco comienza a acercarse más y más en los involucrados y así, se comienza a comprender más de que se trata este misterioso lugar, no es lo que inicialmente parecía. Culmina el filme con íntimos primeros planos a los rostros de los personajes que se van observando a lo largo del metraje (muy diferente a la lejanía inicial), con una versión rusa del Ave María.
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Jesús
Jesús (2018)
  • 6,3
    121
  • Japón Hiroshi Okuyama
  • Riki Okuma, Yura Satô
8
El Jesús de Yura
Se estrena comercialmente esta semana en cines españoles el largometraje debut del realizador japonés Hiroshi Okuyama, obra que precisamente había tenido su estreno mundial en el Festival de Cine de San Sebastián hace casi un año atrás, donde compitió en la sección “Nuevos directores”, llevándose el premio a Mejor película en dicho apartado.

Cuando su compatriota Yoichiro Takahashi se convirtió en el primer (y hasta el año pasado único) japonés en ganar este premio, en el año 1998 por Mizu no naka no hachigatsu (Peces en agosto), Okuyama contaba con únicamente dos años de nacido, veinte años después se convertiría en el más joven director en llevarse este galardón.

Y es que además de estos detalles, Boku Wa Iesu-Sama Ga Kirai, que será distribuida con el título Jesus, no deja de tener más particularidades. La obra en cuestión tiene un argumento bastante sencillo, Yura (Yura Sato) es el protagonista, un niño en edad escolar que se traslada junto a su familia desde Tokio a una zona rural, donde comenzará a asistir a un colegio católico, del cual no pareciera entender mayor cosa.

Como es de prever la situación del niño es en un inicio complicada, un contexto geográfico e ideológico que le es completamente ajeno, la falta de interacción con los compañeros y el sentimiento de no encajar le está rondando. Hay una situación familiar que precisamente es lo que produce el traslado de hogar, pero este pareciera ser un problema de “grandes” que no afecta el desenvolvimiento de Yura, quién tiene en este nuevo lugar sus propios problemas.

Se parte de una historia realtivamente sencilla, pero donde despierta la chispa de genialidad de Okuyama es en el giro narrativo que logra consolidar, donde se produce un juego de fantasía con el aspecto religioso de mucho interés. ¿Cómo se sentiría un ferviente católico con la aparición de ese “pequeño Jesús” en pantalla? ¿Cuál será la medida de fe que se le otorgue a este? ¿O será una simple burla?

Lo que es cierto es que este es un recurso que está sutilmente bien utilizado, que sin ir muy a fondo es evidente que es propio de la imaginación de Yura, y que a su vez se sirve de casualidades tan propias de la ficción para ir consolidando su imagen y su sentido dentro de la propuesta argumental, cumpliendo con creces y jugando con un humor fino que va de la mano con lo que vemos en pantalla, sin dejar de lado el aspecto trágico, especialmente sobre el cierre.

Hay ciertas referencias en este argumento que refieren directamente a la vida del director, incluido esa hermosa dedicatoria al final de la película. Podemos ver a este realizador con un potencial bastante bueno, además de su corta edad y de ser director, también funge como guionista, montajista y director de fotografía, de hecho en el Festival Internacional de Dublín en marzo de este año se llevó el reconocimiento en este último apartado.

Tampoco hay que olvidar que Jesus es su tesis de graduación de la Universidad Aoyama Gakuin de Tokio, que el largometraje lo realizó a inicios del 2018 y pudo tenerlo listo para el festival de San Sebastián en setiembre, tras la enorme recepción de su filme en la Donostia el año anterior, no tuvo más que palabras de agradecimiento. Una pequeña joya.
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Dogman
Dogman (2018)
  • 6,9
    5.078
  • Italia Matteo Garrone
  • Marcello Fonte, Edoardo Pesce, Nunzia Schiano, Adamo Dionisi, ...
9
Hundiéndose
Marcello (Marcello Fonte) es un hombre de mediana edad que trabaja en su propia tienda de cuido de perros, estos animales de distintos tamaños y razas son junto con su pequeña hija, su razón de vivir. A pesar de la nobleza de su rostro y la fragilidad de su cuerpo, Marcello vende cocaína, este hecho le va a empezar a generar problemas cuando comienza a relacionarse de más con Simoncino (Edoardo Pesce), un criminal del pueblo que tiene a todos hartos.

Nuevo largometraje del realizador romano Matteo Garrone, quién vuelve a anotarse una obra de índole criminal como lo hiciera en 2008 con Gomorra, basado en la novela de Roberto Saviano, y que a la larga fue la que le generó la exposición a nivel internacional que tiene actualmente. Claro está que Dogman y Gomorra son diametralmente opuestas y mantienen como único punto en común el tema criminal.

Estrenada en el Festival de Cannes de 2018, Dogman relata el lento hundimiento de su protagonista en la desgracia, sus malas decisiones que se ven alimentadas por su ya mencionada fragilidad, en un contexto donde si no se manejan bien las cosas, la vida puede tener ese aire incómodo, es un contexto que puede llegar a asfixiarte.

Todo esto es muy bien representado por Garrone, Nicolai Brüel su director de fotografía entiende a la perfección lo que el realizador desea transmitir, tonos grisáceos, edificios que parecieran abandonados, amplios espacios ocupados por pocas personas, son parte de las características que tiene.

Sin duda, en todo este juego, la elección de Castel Volturno en la Campania ha sido esplendida, este pueblo de obreros y con un alto porcentaje de inmigrantes se convierte en un personaje más, el que quizá de forma más latente presencia la caída del pobre Marcello, protagonista con una enorme evolución que se pone de manifiesto por la gran interpretación de Fonte, al punto de llevarse el premio a Mejor actor en Cannes.

Película a película Garrone continua confirmándose como un realizador de sumo interés, sus historias son atractivas, sus personajes entrañables, aunado a que en los últimos tiempos le gusta trabajar con actores no profesionales, la excepción claro está es Il racconto dei racconti (El cuento de los cuentos, 2015). Vale la pena repasar sus obras.

Dogman no es la excepción, una obra ejemplar de cómo hacer cine, de cómo manejar un guion, escrito junto a sus constantes colaboradores Maurizio Braucci, Ugo Chiti y Massimo Gaudioso, de cómo aprovechar los recursos. Pero más importante, y a pesar de su duro contexto, con un humanismo siempre latente, mucho en parte a su protagonista.
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Climax
Climax (2018)
  • 6,8
    5.212
  • Francia Gaspar Noé
  • Sofia Boutella, Romain Guillermic, Souheila Yacoub, Kiddy Smile, ...
4
"Vivir es una imposibilidad colectiva"
Un grupo de jóvenes bailarines que están llevando a cabo una serie de ensayos para alguna presentación, se quedan celebrando luego de su último baile grupal, entre conversación y conversación las drogas y el licor hacen que comiencen a comportarse de forma violenta.

Escrita y dirigida por Gaspar Noé, el cineasta franco-argentino sigue con su acostumbrada marca a la hora de hacer cine, un irreverente que sin temor alguno sabe cómo impactar al espectador, siempre estilizando de muy buena forma sus propuestas fílmicas.

En Climax el virtuosismo del director es recurrente en distintos tramos, sin embargo en su conjunto la propuesta termina siendo deficiente y ahogándose debido a las pocas ideas que emergen de los personajes en todo momento, basta con ver las conversaciones huecas que tienen posterior al baile inicial.

Baile que, por cierto, sin duda es lo mejor del largometraje, los jóvenes bailarines exudan una energía intensa, se notan inspirados y sedientos de éxito, la canción de Cerrone fue una grandísima elección, y Gaspar derrocha virtuosismo a la hora de erigir esta secuencia.

Por desgracia para la obra, esto se pierde apenas termina el baile, la dirección continua siendo igual de intensa, pero la forma en como es manejada la historia dista de generar aunque sea un mínimo de empatía por estos personajes.

Una propuesta que termina siendo insatisfactoria.
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Un héroe singular
Un héroe singular (2017)
  • 6,3
    215
  • Francia Hubert Charuel
  • Swann Arlaud, Sara Giraudeau, Isabelle Candelier, Bouli Lanners, ...
7
De vacas y humanos
Pierre Chavanges (Swann Arlaud) es un productor de leche que deberá hacer todo lo posible para salvar su ganado, luego de que una terrible epidemia comience a alcanzar a sus animales. La decisión será tratar de salvarlas y ocultar si alguna enferma, para así evitar que todas sean sacrificadas y quede sin nada.

Poco le importa la parte ética de su accionar, o incluso arriesgarse a contraer una enfermedad que aunque se dice que no contagia a humanos, siempre se toman todos los cuidados posibles cuando aparece un nuevo caso. Pierre se arriesgará, y arriesgará a todos los productores de la región donde vive, porque la enfermedad avanza sin mayor freno.

Petit Paysan es el largometraje debut de Hubert Charuel, estrenado en la sección de la Semana de la crítica en Cannes, donde obtuvo buenas críticas. Durante los premios César 2017 obtuvo varios reconocimientos como mejor Opera prima, Mejor actor, Actor de reparto, Guion y Música original.

El guion escrito por el propio realizador junto a Claude Le Pape presenta una interesante posición de ideas, la relación establecida por Pierre con sus animales muestra una clara dedicación y respeto. Charuel es consecuente con esto mostrando de forma repetida el día a día en una granja de este tipo, con algunas secuencias que pueden afectar a personas más sensibles.

Arlaud hace un trabajo bastante creíble y efectivo, donde se mete de lleno en la piel de esta persona, se entienden los motivos que toma su personaje, ante una situación tan desesperante. Es una interpretación íntima que es algo que la película busca transmitir en todo momento, con un ritmo pausado pero que tiene momentos álgidos muy bien manejados.
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Gundermann
Gundermann (2018)
  • Alemania Andreas Dresen
  • Bjarne Mädel, Alexander Scheer, Milan Peschel, Peter Schneider, ...
5
El músico
Película biográfica centrada en Gerhard Gundermann (Alexander Scheer con una extraordinaria interpretación), músico alemán nacido en la República Democrática Alemana, el Estado de izquierda que se originó luego de la derrota de los Nazis en la II Guerra Mundial.

El filme se enfoca en dos tiempos, durante los setentas e inicios de los noventa, en la primera se centra en sus inicios musicales, así como sus labores en unas minas de carbón, más el trabajo que realizaba con la STASI, que era el organismo de seguridad del Estado, bastante temido por buena parte de la ciudadanía.

Durante los noventas, se van detallando puntos alrededor de su accionar en el escenario, así como se empiezan a revelar en distintos personajes su actuar como parte de este organismo, situación que era un tanto desconocida, y que como es de esperar le va a generar ciertos tipos de problemas por ser un trabajo que no es bien visto.

El largometraje presenta varios números musicales donde se muestra al protagonista ensayando con su banda, mientras canta canciones en algunos momentos un tanto relacionada a la trama o en otros donde aborda sus puntos más acostumbrados.

Considero que aunque están muy bien ejecutados, Dresen exagera, muestra muchos de estos números lo que hace que se vuelva muy reiterativo y hasta cansino, vamos que se sobreentiende que la película es sobre él.

Otro de los problemas que tiene el trabajo es que Laila Stieler, y la propia dirección de Dresen no siempre se muestran con claridad, los saltos en el tiempo no muestran mayores diferencias, son como episodios de relación con distintos personajes y no más, esto afecta en el interés hacia el film y mucho más delicado, hacia el protagonista.

Así el metraje va avanzando y parece que no evoluciona mayor cosa, el trabajo, los ensayos, careo con personajes, su pareja, los amigos, su trabajo de nuevo, Gundermann cantando, así sucesivamente. Por tanto esto afecta el ritmo de la película y por supuesto, su desarrollo.
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La mujer de la montaña
La mujer de la montaña (2018)
  • 7,2
    968
  • Islandia Benedikt Erlingsson
  • Halldóra Geirharðsdóttir, Jóhann Sigurðarson, Juan Camilo Roman Estrada, Jörundur Ragnarsson
7
Lucha
Halla (Halldóra Geirharðsdóttir) es una mujer que tiene sus ideales muy marcados, busca desde su trinchera de acción, atacar la industria que está creando grandes cantidades de gases de efecto invernadero en su país, mientras también intenta cumplir el sueño de convertirse en madre, al punto de recibir la noticia de la adopción de una niña ucraniana.

Para hacer lo primero intenta sabotear la línea eléctrica de una planta de aluminio, es por tanto una activista que se toma las cosas en serio y ensucia sus manos para hacerlo, no teme ser perseguida y lucha por lo que cree.

El director del largometraje es Benedikt Erlingsson, consigue un trabajo bastante satisfactorio, se luce en la dirección en reiterados momentos, logra aprovechar los parajes rurales islandeses, además que realiza un juego interesante con el aspecto musical, a cargo de David Thor Jonsson, banda y coros aparecen tocando cada que hay una nota musical, incluso interviniendo un par de veces en las acciones de la trama.

Un recurso interesante, que se antoja divertido e incluso innovador, pero que llegado cierto punto se vuelve casi como un distractor de las acciones. Más allá de eso, la partitura musical es bastante llamativa, y va muy de la mano con las acciones que vemos.

Geirharðsdóttir hace un gran trabajo como protagonista, de hecho cumpliendo un papel doble dentro del argumento, logra enmarcar de forma acertada la diferencia entre ambos personajes. Se mete de lleno en Halla, entendiendo que además de la parte emocional que tiene, hay un lado muy físico que se debe rescatar.

El filme también presenta varias ideas alrededor de la lucha de Halla, los ataques son señalados como terroristas, ¿esto es parte de la exageración de los medios, o es una verdad definitiva? ¿Es un grito desesperado que da el realizador, que es coguionista junto a Ólafur Egilsson, o es simplemente una excusa argumental?

La parte ética está completamente en juego, y esto lo termina sintiendo en carne propia la protagonista, cuando en la cotidianeidad escucha como su actuar es estigmatizado, entendiendo también a Islandia como un país donde esta clase de noticias muy difícilmente lleguen a darse, se puede decir que hay una cultura que no acepta este tipo de movimientos.

Una película correcta que juega a partes iguales con el drama y la comedia, algunos puntos de denuncia como se hizo mención, pero que en ningún momento se denota como algo panfletario, cuestión que evidentemente es de agradecer.
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Yuli
Yuli (2018)
  • 6,6
    1.230
  • España Icíar Bollaín
  • Carlos Acosta, Santiago Alfonso, Keyvin Martínez, Edison Manuel Olvera, ...
8
“Tú eres negro y es la oportunidad de tú vida”
Hay una frase muy fuerte durante la película que escucha Carlos Acosta -alías Yuli- (interpretado por él mismo en la época actual), de boca de su papá, que puede sea parte de la ficción (es decir, no sabremos si en verdad él la dijo) pero aunque así fuera no dejan de ser palabras con una enorme validez actual.

Ante las dudas de su hijo -una de tantas- con el éxito y su profesión, tras haber ganado un premio y ser invitado a participar de la prestigiosa English National Ballet, este le dice: “Tú eres negro y es la oportunidad de tú vida”. Esas pocas palabras reflejan una tremenda realidad de las personas afrodescendientes en lugares tan lejanos como Europa, los Estados Unidos, o Costa Rica.

Quiénes tienen que hacer frente a estigmas sociales sin razón de ser, que la sociedad ha ido empujando y cortando sus posibilidades de alcanzar el éxito, esa oportunidad para Acosta era una enorme excepción, de ahí el impulso de su padre, él siendo hijo de esclavos, trabajando partiéndose el lomo, quería algo mejor para su Yuli.

La nueva película de Bollaín es precisamente un trabajo biográfico sobre la figura de Carlos Acosta, el bailarín cubano más reconocido a nivel mundial, dueño de múltiples distinciones, incluido una imagen de romper ciertas barreras para los bailarines negros.

El film recorre desde la infancia (interpretado acá por Edilson Olbera), pasando por su juventud y éxito (Keyvin Martínez), hasta llegar a la adultez donde se ve al propio Acosta en ensayos preparando una presentación biográfica sobre su vida.

Su niñez muestra a un pequeño bailarín que se muestra reacio a querer ingresar a la academia de ballet, no tenía interés alguno, pero lo que sí tenía era un talento natural que debía ser explotado. Sus momentos en esa época de la vida no fueron tampoco del todo satisfactorios, no se encontraba a gusto y en era ocasiones repelido por sus compañeros.

Conforme fue creciendo, fue llegando el éxito, al punto de dar el salto a las “grandes ligas”, en Londres su potencial fue elevado al máximo y pasó a convertirse en un bailarín respetado y admirado. Sin embargo, como le sucede a tanta gente famosa, su situación no terminaba de llenarlo, su vida estaba en Cuba, con su familia, este elemento es otra de las constantes dentro del relato, aunque sobre el final se resiente que quedan algunos nudos desatados en ese aspecto.

La parte adulta del protagonista, que se puede decir es la actual, lo muestra en los ensayos de su puesta en escena biográfica, mientras va recordando su pasado, que es mostrado con los detalles mencionados previamente. Estos bailes llenos de energía y que van ligados con momentos de lo que se está viendo en los flashback, son los mejores instantes, porque es el reflejo de la intensidad y emotividad vivida por Yuli.

El guion de la película corre a cargo de Paul Laverty, esposo de la realizadora que vio en Yuli la oportunidad de trabajar nuevamente con su pareja. La trama tiene una buena mezcla entre el drama y algunos toques de comedia, los saltos en el tiempo están muy bien realizados, aunque como se dijo previamente no termina de cerrar principalmente las ideas expuestas alrededor de los hermanos del protagonista.

Aun con este detalle, el largometraje es una muy buena propuesta, bien filmada incluyendo las danzas completas en una sola toma, que da un respiro a la narrativa común de un filme. Cabe destacar que Laverty ganó el premio a Mejor guion en el Festival de cine de San Sebastián, convirtiéndose así en el primer guionista en ganar tres veces este galardón en alguno de lo cuatro grandes festivales de cine, luego de haber triunfado en Cannes por Sweet Sixteen (2002) y en Venecia por It's a Free World… (2007), ambas dirigidas por Ken Loach.
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El cuento de las comadrejas
El cuento de las comadrejas (2019)
  • 7,2
    1.014
  • Argentina Juan José Campanella
  • Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni, Clara Lago, ...
8
“Las comadrejas son las que vienen”
El trabajo luego de la obra maestra

El 7 de marzo del 2010, Quentin Tarantino y Pedro Almodóvar le entregaban a Juan José Campanella el premio a Mejor película de habla no inglesa en la 82° edición de los premios Oscar, en un intenso año donde competía con Michael Haneke, Jacques Audiard y Claudia Llosa. La obra ganadora de dicha mención fue El secreto de sus ojos (2009), insuperable filme donde Campanella demuestra toda su maestría.

Como le ha pasado a tantos realizadores, era válido preguntarse después de semejante obra maestra: ¿qué más podría hacer Campanella? En realidad para él la respuesta era sencilla, seguir trabajando igual que siempre, series de televisión principalmente.

Por otro lado, Metegol (2013), fue su primer largometraje posterior, un agradable trabajo de animación en 3D que obtuvo en términos generales una buena aceptación. Seis años más se tomó para presentar su siguiente película, no es más que El cuento de las comadrejas, donde realiza el guion junto a Darren Kloomok, basados en el filme Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976) de José A. Martínez.

De esta película Campanella toma la base del argumento de los personajes centrales, personas adultas mayores que viven juntos, pero quizá lo más importante a destacar en estas referencias es el tono oscuro del humor, que es una constante a lo largo de las poco más de dos horas de duración del film.

¿De qué va?

Uno de los cambios más significativos que hace Campanella es que modifica la profesión de sus personajes, envolviendo a cada uno de ellos con aspectos relacionados al cine, donde de paso el director bonaerense aprovecha para realizar una serie de chistes relativos a su profesión, llegando incluso a quebrar la cuarta pared.

Campanella presenta leyendas ficticias de la cinematografía argentina, un grupo de viejos amigos que trabajaron juntos en varios filmes, actualmente conviven en una enorme mansión que se puede decir es un personaje más de la trama, al punto de convertirse en el detonante del argumento que va a acontecer y la lucha que estas personas tendrán que hacer.

Mara Ordaz (Graciela Borges) fue la máxima estrella del cine argentino de hace cuarenta años, tanto en el cine local como en Hollywood. Ahora vive de los recuerdos, al borde de la locura y con una personalidad chocante, un gran trabajo tanto de Borges como de los guionistas porque el personaje es realmente detestable.

Los otros protagonistas son Norberto Imbert (Oscar Martínez), de los mejores directores de cine del país sudamericano, Martín Saravia (Marcos Mundstock) guionista con una pluma prodigiosa, y Pedro De Córdova (Luis Brandoni), actor que nunca alcanzó el nivel de excelencia en su campo y que es pareja de Mara.

La por momentos ensoñada y por otros momentos caótica vida de estas personas se ve perturbada por la inesperada llegada de dos jóvenes, Bárbara (Clara Lago) y Francisco (Nicolás Francella), que de casualidad llegan a su casa, estos los reconocen y a partir de ese momento comienzan con su juego.

El desarrollo del juego

Sin embargo, esta idea de supuesta eventualidad no engaña a absolutamente a nadie, es muy evidente que la aparición de estos personajes es todo menos aleatoria, ¿defecto en el guion o simpleza narrativa? Es probable, pero también ganas de no excederse en situaciones innecesarias.

El conflicto pronto se conocerá, estas personas lo que buscan es convencer a los protagonistas de que vendan ese enorme terreno que tienen, para así realizar muy probablemente un complejo de apartamentos tan común en nuestros días. Es claro que lo medios para alcanzar esto son poco éticos, de ahí que se genere una afrenta entre ambos bandos.

Aparte de esta trama principal, hay una secundaria que complementa muy bien a la primera, funciona de forma correcta, especialmente en el momento del clímax y que da la nota romántica. La relación entre Mara y Pedro, que como se hizo mención son pareja, dista mucho de estar bien: celos del pasado, resentimientos del presente y trágicas verdades encubiertas, envolverán la trama con más información relativa a estos personajes, que a la larga funcionará para comprender el porqué de su actuar.

---Continúo en "zona spoiler" por falta de espacio---
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Handia
Handia (2017)
  • 6,5
    8.775
  • España Jon Garaño, Aitor Arregi
  • Joseba Usabiaga, Eneko Sagardoy, Ramón Agirre, Iñigo Aranburu, ...
6
Fantasía que no es fantasía
Martin (Joseba Usabiaga) es obligado a participar en la Primera Guerra Carlista, conflictos que se fueron dando a lo largo del siglo XIX en España. Años después cuando vuelve al caserío de su familia, se da cuenta que su hermano Joaquín (Eneko Sagardoy) ha crecido de forma desmedida, convirtiéndose en un “gigante”.

Pronto, la complicada situación económica familiar los llevará a tomar la decisión de llevar a su hermano por distintos lugares en España, y luego por otros países de Europa, presentándolo como una atracción de circo, donde la gente se admiraba al ver a semejante ser de dimensiones exageradas.

Lo más atractivo que tiene esta producción vasca hablada en euskera es el juego que hace con la época en la que se desarrolla el filme, y la fantasía. Joaquín es visto como un gigante por las personas que pagan por verlo, causa asombro, temor, risa y maravilla, pero sabemos que no es tal, y que lo que sucede es que sufre algo que afecta su crecimiento.

De hecho, cuando se muestra frente a un grupo de doctores, el asombro de estos se contrarresta con el interés que tienen en el campo médico, a sabiendas de que el protagonista sufre alguna extraña enfermedad. Los medios tecnológicos claramente también afecta la perspectiva del espectador común de la época.

Visualmente el largometraje está muy bien logrado, siendo este el punto primordial del relato, la ambientación es la ideal. Además los efectos visuales para hacer parecer a Sagardoy de más de dos metros veinte centímetros están muy bien hechos.

Handia logra mantenerse un nivel estable a lo largo de sus casi dos horas de duración, el epilogo se excede en su duración, parece innecesario la explicación que hace Martin porque todo se entiende perfectamente.
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Dolor y gloria
Dolor y gloria (2019)
  • 7,2
    12.342
  • España Pedro Almodóvar
  • Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, ...
10
"El cine me salvó"
Salvador Mallo (Antonio Banderas) es un director de cine con bastante éxito que se ha mantenido alejado de las filmaciones desde un tiempo atrás, aquejado por muchísimos dolores tanto físicos como emocionales que afectan sus ganas de trabajar. El filme sirve para conocer parte de su historia, su niñez, su primer amor, su amor perdido, la relación con su madre, entre muchas otras aristas que lo han llevado a lo que es en la actualidad.

Escrita y dirigida por Pedro Almodóvar, Dolor y gloria es uno de los puntos más altos en la carrera del director manchego, una obra algo -o mucho- biográfica, el laureado director se muestra en un nivel glorioso.

Un guion lleno de guiños a su obra, lleno de detalles que sin duda repitiéndola se pueden visibilizar más, una historia que se teje con llantos y dolores contenidos. Una historia sincera de un personaje que no busca en ningún momento lástima, la honestidad aflora en todo momento, mucho gracias a la enorme interpretación de Banderas, quien deja todo en este trabajo.

Almodóvar también logra incluir pequeñas bromas que funcionan muy bien a lo interno del relato, como para aflojar un poco la tensión que el metraje va desarrollando. Otro aspecto que está poco, pero que aparece en el momento justo es sin duda la música de Alberto Iglesias, un trabajo comedido puesto en instantes muy precisos que acompañan muy bien las imágenes y lo que buscan transmitir.

El repaso en la vida del protagonista es mostrada con gran emotividad, Salvador se intenta salvar aunque pareciera que no lo quiere, hundido en la depresión y aislado comienzan a emerger ciertos respiros que le van incentivando a mejorar su vida. También porque carga con muchas cruces que ha ido obteniendo a lo largo de su vida, lo oculto, una dura separación, el perdón, la muerte de su madre, reconciliaciones, imágenes que se suceden una tras otra llenas de dolor.

Almodóvar logra un nivel de dirección esplendoroso, relata distintas cosas de un gran número de formas, lo cual ofrece un dinamismo muy propio de su forma de dirigir, pero que aquí alcanza la excelencia, y lo mejor, habla del cine, del cine dentro del cine, ver a un director imposibilitado de dirigir, no por agentes externos, sino más bien internos de su ser, ¿y cómo se corta eso? Superando ese dolor.

Porque Dolor y gloria puede verse también como un canto, un poema a múltiples elementos que el realizador ama y que ha ido mostrando a lo largo de su carrera: el cine, sus hombres, su madre, su carrera, su infancia, sus películas, sus amistades. Todos estos elementos se amalgaman de forma perfecta gracias a la dirección de Almodóvar, una obra sublime.
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Júlia ist
Júlia ist (2017)
  • 6,3
    1.360
  • España Elena Martin
  • Elena Martin, Oriol Puig, Laura Weissmahr, Jakob Daprile, ...
4
No hay crisis
Largometraje debut de la realizadora catalana Elena Martin, que también funge como protagonista, productora y coguionista junto a Maria Castellvi, Marta Cruañas y Pol Rebaque, todos debutantes en este apartado.

El filme se centra en Júlia (Elena Martin), una joven estudiante de arquitectura de Barcelona que viaja a Berlín a pasar una temporada siguiendo sus estudios. En casa deja la comodidad del seno familiar y a su novio Jordi (Oriol Puig), en la capital alemana deberá afrontar su nueva vida sola en un lugar que se supone es lejano, afrontando las responsabilidades que esto conlleva.

Una trama que se desarrolla durante noventa minutos donde ese cuerpo de guionistas ya mencionado, no toma decisiones oportunas de acuerdo a lo que intentan contar. La película anda por caminos que se ven llegar a lo lejos, no toma riesgos de ningún tipo, la crisis que se supone debe vivir la protagonista nunca está realmente, nunca se siente.

A saber, la incomodidad por estar en un lugar lejano se pierde rápidamente en el momento en que empieza a encontrar pares catalanes, y cuando comienza a desenvolverse en la universidad, como es de esperar adquiere amistades. Los conflictos con su compañera de cuarto son más una excusa por mostrar algo más, que algo que realmente afecte el devenir de la trama.

El cierre del filme resume perfectamente la trama, puesto que no queda en absolutamente nada, un final que se acerca al estado de incertidumbre que quisieron mostrar a lo largo del metraje pero que no lo hacen, o mejor dicho, la forma en que lo hacen es tan predecible que no se genera ninguna empatía con nadie. Martin, que actúa muy bien, no logra encauzar su ópera prima hacia ningún lugar.
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Reise nach Jerusalem
Reise nach Jerusalem (2018)
  • Alemania Lucia Chiarla
  • Eva Löbau, Beniamino Brogi, Veronika Nowag-Jones, Axel Werner
6
Desempleo
Película en tono de comedia que retrata la triste peripecia existencial que está viviendo Alice (Eva Löbau), una mujer alrededor de los treinta años que se encuentra desempleada, por tanto el desarrollo del largometraje se desarrolla entre su obvia búsqueda de empleo, su asistencia a cursos provistos por el Estado para intentar mejorar sus habilidades a la hora de buscar trabajo, para así mantener la subvención que le dan, y el intento por ocultar sus problemas económicos a sus allegados.

Lucia Chiarla es una realizadora italoalemana, que presenta su primer largometraje de ficción en solitario, basado en un corto propio del año 2011, cuenta con una actriz alemana bastante consolidada, que sostiene de buena forma el filme. Su registro actoral logra transmitir las sensaciones de angustia propias de la situación en la que se encuentra, siendo bastante comedida porque tampoco es que exagera o se desborda emocionalmente, por tanto tampoco se busca manipular emocionalmente al espectador.

El guion realizado por la propia directora peca en cierto momento en que las situaciones del desempleo son reiterativas, lo que hace que la historia se mantenga estancada hasta que vuelve a encauzar su camino. En general la obra mantiene un nivel constante a lo largo de sus dos horas de duración, donde los chistes van calzando bien en la narración, ya la funcionalidad de estos dentro de la película depende de cada quién.

El juego de las sillas cumple con lo que propone sin llegar a maravillar, tiene un personaje que sostiene bien la narración, una dirección activa y movida, la fotografía de Ralf Noack también busca ciertas tomas un poco diferentes y experimentales, especialmente con planos detalle, que entra dentro de la idea caótica que sufre la protagonista.

Lo que se puede entrever que quiere decir la directora dentro de la trama laboral, es la versatilidad de funciones que se debe tener en la actualidad para tener más herramientas y poder ser más atractivo para los empleadores en cuanto a las funciones que se puedan hacer en un trabajo, además de las dificultades de los sistemas de jubilaciones para sostenerse con el paso de los años y la pirámide poblacional que se está formando.

En buena medida la historia de la película se puede mover trasladar incluso hasta nuestro país, aunque Alemania cuenta con una muy baja tasa de desempleo y es un país de “primer mundo”, el desempleo y sus consecuencias son iguales en todo lado, este es un aspecto positivo de la obra, además de que hasta cierto punto puede hacer reflexionar al espectador sobre los problemas de no tener trabajo y como sobrellevarlo.
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La tragedia de Peterloo
La tragedia de Peterloo (2018)
  • 6,2
    117
  • Reino Unido Mike Leigh
  • Rory Kinnear, Maxine Peake, David Bamber, Marion Bailey, ...
9
De Waterloo a Peterloo
Por segundo largometraje consecutivo el realizador Mike Leigh opta por una obra histórica, en Mr. Turner (2014) el punto central del relato es claramente un personaje, al tratarse de la biografía del pintor J.M.W. Turner. En Peterloo no, es claro que hay unos personajes que sobresalen más que otros, pero los hechos narrados tienen como finalidad llegar al momento en que se da la masacre en St. Peter's Field, importa más la colectividad que el individualismo.

De ahí que no debería de extrañar la decisión de Leigh -como guionista- de no dar una resolución a ciertos personajes, aún aquellos importantes como Henry Hunt (Rory Kinnear) o alguno otro de los que incitaba a la manifestación. Más allá de la masacre no valdría la pena ahondar más en ellos, porque la denuncia era clara sobre las malas decisiones y por supuesto, la baja calidad de vida de la sociedad del momento.

Lo que consume buena parte del metraje es el contexto histórico que hace el realizador, las quejas del pueblo, la contraparte de aquellos privilegiados, las proclamas que buscan incentivar a las personas a unirse al movimiento. Aquí el filme es por completo recurrente para presentar escenas con largos debates y diálogos donde los personajes exponen sus puntos, Leigh lo hace hasta el cansancio pero con mucho orden.

No en vano están estos dos hechos, el de la colectividad de los personajes y el de los diálogos, porque están dentro de la idea del realizador, de ser lo más fiel al hecho histórico, sin tratar de que sus personajes ficticios, que por supuesto los hay, le roben mucha atención a lo que le importaba, en especial tratándose de un evento que no es ni siquiera muy conocido dentro de su país natal.

Claramente este discurso político puede no ser muy atractivo para algunos espectadores, más para aquellos que busquen algún personaje central, con un aspecto cuasi heroico como quizá pudo haber sido Joseph (David Moorst), sobreviviente de la batalla de Waterloo que regresa a su pueblo natal iniciando la película, es claro que -pasado pocos minutos- su personaje está muy lejos de ser un protagonista fuerte y heroico como bien se pudo pensar.

El aspecto visual vale la pena rescatar, siendo uno de los puntos más altos del filme, la calidad de diseño de producción es realmente monumental: vestuario, escenarios, ambientación, cada detalle meticulosamente puesto en pantalla. Solo por este punto vale la pena acercarse a una producción de este tipo, que a su vez sirve para conocer la forma de vida de inicio de siglo XIX, y también para conocer las marcadas diferencias sociales existentes.

A fin de cuentas, Peterloo culmina siendo un trabajo bastante bueno, visualmente es un espectáculo, con un elenco amplio bien trabajado, y una reconstrucción de la masacre que tampoco exagera en como lo presenta, y simplemente no hace falta, el impacto emocional se consigue con lo que se muestra.
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Utoya. 22 de julio
Utoya. 22 de julio (2018)
  • 6,7
    1.003
  • Noruega Erik Poppe
  • Andrea Berntzen, Aleksander Holmen, Brede Fristad, Ada Eide, ...
8
Sobreviviendo
Película que busca retratar los eventos del ataque terrorista de julio de 2011 en Noruega, enfocado en el evento más cruel, el que se dio en la isla de Utøya, donde jóvenes del Partido Laborista que asistían a su habitual campamento fueron acribillados. El filme sigue la historia ficticia de Kaja (Andrea Berntzen), quien en medio del caos intenta dar con su hermana mientras huye por su vida.

Creo que fácilmente Erik Poppe puede ser considerado el director noruego más influyente del nuevo milenio, ha mantenido una carrera bastante estable enfocada principalmente en su país natal, la excepción es Tusen ganger god natt (Mil veces buenas noches, 2013), que contó con un elenco un poco más internacional y está filmada fuera de Noruega, sus demás trabajos están muy influenciados por su país.

En Utøya toma decisiones artísticas y de dirección para transmitir el máximo realismo posible a las escenas, un solo plano secuencia coreografiado muy bien por todos, llevando el peso Berntzen que prácticamente pasa todo el filme en pantalla. A partir de esta idea toda la construcción que se hace sigue esta línea, ciertamente el trabajo de ambientación es sobresaliente y efectivo.

En todo momento resulta creíble lo que Poppe muestra, por tanto se debe destacar también el trabajo del director de fotografía Martin Otterbeck, la cámara -y por ende el espectador- se convierte en uno más de estos jóvenes que huyen por sus vidas. Este realismo se ve también aumentado por las decisiones de guion tomadas por Anna Bache-Wiig y Siv Rajendram, detalles simples de ayudas, de humanismo, de pensar que hacer en la situación, o bien reflejándose en un futuro fuera de todo ese panorama.

Es oportuna la idea de no mostrar al asesino, quién apenas se observa a lo lejos un par de veces, pero que está siempre presente por el sonido de las balas que son recurrentes a lo largo de los casi cincuenta minutos que duró el tiroteo. Esto ayuda para manejar la tensión del argumento, que está en todo momento, gracias a los factores ya mencionados y las correctas interpretaciones del elenco.

Poppe se documentó en demasía para intentar dar con un trabajo lo más objetivo posible, fuera de cualquier efecto de mero entretenimiento, por tanto intenta dar el máximo de respeto para los sobrevivientes, con quienes se entrevistó a lo largo de más de un año, además de los papeles de la policía respecto al caso. Buen trabajo.
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El Reino
El Reino (2018)
  • 7,3
    18.719
  • España Rodrigo Sorogoyen
  • Antonio de la Torre, Josep Maria Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, ...
7
El reino hundido
Manuel (Antonio de la Torre) es un influyente político que está a punto de dar el salto a la palestra nacional, sin embargo, un escándalo gigantesco de corrupción en su contra y de varios allegados a su partido, irrumpe en su idílica vida. Manuel se hundirá pero buscará hacer lo posible por no ser el único en caer, a sabiendas que sus acciones no fueron solitarias sino que incluyen a varios de sus compañeros.

El madrileño Rodrigo Sorogoyen realiza su segundo largometraje consecutivo siguiendo la línea del thriller, luego de Que Dios nos perdone (2016). En El reino se encauza también hacia la intriga, con obra con un contenido de impacto, que no se enfoca tanto en la denuncia pero si en el escándalo, que tira dardos por igual de un sistema contaminado, con líneas de corrupción que alcanza todos los aspectos de la sociedad.

Manuel termina siendo un chivo expiatorio, un tipo casi que por azar es el que desencadena todo, de ahí su carrera por lograr demostrar que él es parte de un engranaje muy grande, una simple pieza. Sorogoyen filma con gran pulso, una dirección activa y movediza, recurrente la cámara siguiendo al protagonista, secuencias bien elaboradas y duelos histriónicos de primer nivel.

La música del parisino Olivier Arson es muy constante a lo largo del metraje, punzantes sonidos electrónicos que elevan la intensidad de las imágenes, aunque sí se nota que en varios momentos es un tanto excesiva. Como es su costumbre, el guion de la película corre a cargo del propio Sorogoyen junto a Isabel Peña, peca con un inicio muy acelerado y confuso, con el pasar del tiempo la historia comienza a tomar más forma.

El cierre es magnífico, la idea del papel de la prensa sensacionalista, que está sin duda también llena de intereses, Sorogoyen deja las reflexiones finales para el espectador al cortar de forma abrupta pero efectiva, tras la larga decadencia sufrida por Manuel a lo largo del filme.
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Missing (Desaparecido)
Missing (Desaparecido) (1982)
  • 7,8
    13.546
  • Estados Unidos Costa-Gavras
  • Jack Lemmon, Sissy Spacek, Melanie Mayron, John Shea, ...
9
"¿Qué clase de mundo es este?"
En setiembre de 1973 mediante un vil Golpe de Estado influenciado por los Estados Unidos, llegaría al poder de Chile el militar Augusto Pinochet, tras derrocar a Salvador Allende, mandatario de ideología izquierda que había sido elegido democráticamente. Luego de ese evento el caos social reinó en el país sudamericano, persecuciones, desaparecidos y asesinatos en masa.

La película recoge la historia real de Charles Horman (John Shea), un joven periodista estadounidense que desaparece unos días después del golpe. La trama se enfatiza en la búsqueda por parte de su papá (Jack Lemmon) y su esposa Beth (Sissy Spacek), las pistas que recogen los va llevando por un camino oscuro, que se dispara hacia lo personal y contextual.

En la edición 35 del Festival de Cannes hubo dos ganadoras de la Palme d’Or, Yol (El camino) la obra cumbre del cineasta turco Yilmaz Güney, dirigida en conjunto con Serif Gören, obra con un contexto político muy fuerte alrededor de la figura de Güney. Por supuesto, el otro filme es Missing, obra estadounidense, filmada en México, dirigida por un griego, sobre un evento sucedido en Chile, y con un amplio corte político que no lo desvirtúa en lo absoluto.

En un año donde estuvo como presidente del Jurado Giorgio Strehler, director de teatro italiano afiliado a un partido de izquierda, y que tuvo dentro del jurado entre otros a Gabriel García Márquez, no extraña la elección de estos dos filmes como ganadoras de los premios principales. Aunque es claro que el caso de Missing es una propuesta altamente interesante, que funciona tanto en su denuncia como un drama familiar, e incluso intriga.

Gavras es sumamente detallista y meticuloso, la historia es atractiva y bien ejecutada, es clara la idea de denuncia que tiene a una situación que en el momento de la realización del filme aún continuaba vigente, incluido todo lo relativo a la desaparición de Charles. La música corre a cargo de Vangelis, que con su sello característico es punzante en momentos oportunos, no hay mucha pero lo que está se acuerpa bastante bien a la historia.

Es importante ver como se muestra el juego político de los diplomáticos estadounidenses, que sin duda es fiel reflejo de la perspicacia que se buscaba inducir desde el país norteamericano y la influencia que entretejieron durante esta época en su “patio trasero”. Así mismo el caos reinante en Chile, da énfasis del desorden social que emergió tras este vulgar golpe, que terminó llevando a cientos de personas a la tortura y la muerte.

Del filme gusta mucho la evolución del personaje de Lemmon, quién en un inicio tiene una idealización negativa de su hijo, esto por supuesto se refuerza por su gran actuación, que a la larga le depararía su segundo premio a Mejor actor en Cannes, luego de haber triunfado tres años antes por su trabajo en The China Syndrome (1979) de James Bridges. Lemmon fue el primer actor en repetir este premio, cinco años más tardes un tal Marcello Mastroianni se convertiría en el segundo.

Missing se consolida como una gran película, una obra importante en su momento y que debe rescatarse en la actualidad, un trabajo que no hay que olvidar, muy bien ambientado y mejor dirigido por Gavras, siempre punzante y con una línea de trabajo denunciante.
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The Square
The Square (2017)
  • 6,4
    7.687
  • Suecia Ruben Östlund
  • Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, ...
7
El santuario de confianza y solidaridad
Christian (Claes Bang) es el protagonista de esta película sueca ganadora de la Palme d’Or en la edición 2017 del Festival de Cannes, eje central del relato el filme se mueve entre sus funciones como curador de un afamado museo de arte contemporáneo en Stockholm, capital del país nórdico, y el resultado de la acción tomada luego de que sufriera el hurto de su celular y billetera.

Las ideas expuestas por Östlund en las más de dos horas de duración, parten también hacia dos espacios, el primero es lo referente a la posición actual del arte en la sociedad, no solo el hecho de como este es visualizado y el papel de los museos en sus labores, sino también en qué se está produciendo y hacía donde busca aproximarse. Partiendo de una clara crítica que hace el realizador desde su posición y por supuesto, su punto de vista.

La segunda idea, es presentar una clara visión de las diferencias sociales, y por qué no, visibilizar las del país nórdico, inmigrantes y mendigos, digo visibilizar porque desde esta parte del mundo estos países son vistos como idílicos y sin problemas, nada más alejado de la realidad, a pesar de que sin duda son un modelo a seguir, aún mantienen problemas como todos.

A partir de esas ideas, The Square se desarrolla con el estilo clásico de Östlund, que a su vez se acerca completamente a ese interesante cine sueco del siglo XXI, donde el tono cómico es recurrente, siempre amalgamado con lo absurdo, del cual Roy Andersson es su máximo exponente, desde donde Östlund bebe y se influencia.

Östlund desarrolla este particular cine al máximo, uniéndolo con un estilo visual pulcro y perfeccionista, con secuencias que más parecieran ser gags que seguir una secuencia narrativa. Todo este encanto visual aporta también una distancia con el espectador, al que se le suma unos personajes fríos y apenas expresivos, que intentan sobrellevar sus decisiones argumentales.
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María Candelaria (Xochimilco)
María Candelaria (Xochimilco) (1944)
  • 7,3
    392
  • México Emilio Fernández
  • Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Alberto Galán, Margarita Cortés, ...
8
"Hay cosas que nada más con tocarlas, sangran"
Un maestro pintor (Alberto Galán) le cuenta a una joven periodista (Beatriz Ramos) -que está escribiendo su biografía-, la historia de su cuadro más misterioso, el de una joven indígena, que según sus propias palabras fue causa de una tragedia. Así, el filme se traslada al año 1909, en la localidad de Xochimilco, donde aparece la protagonista de la trama y de aquel cuadro, María Candelaria (Dolores del Río), hermosa nativa que vive en una chinampa donde produce flores, vive a la espera de casarse con Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz).

Sin embargo la vida para esta pareja es todo un martirio, viven marginados, alejados del pueblo debido a que ella siempre ha sido señalada por ser la hija de una prostituta, motivo suficiente para ser rechazada por sus pares. Una deuda impagable a uno de los referentes del poblado y con mayor potencial económico, será el detonante de una serie de tragedias que se sucederán una tras otra.

Es curiosa la estructura lineal que da el director, que también es guionista junto a Mauricio Magdaleno, ya que aborda la historia desde el punto de vista de un personaje ajeno a ese mundo indígena, pero que se mezcla a la perfección con el relato y es el detonante -sin intención- de la mayor desgracia. Película mexicana imprescindible, dramática en exceso a tal punto que convierte a su protagonista en una mártir, prejuiciada por sus pares, perseguida tal cual fuera un miserable animal salvaje y enjuiciada vilmente.

El filme es parte de la época más grande del cine mexicano, un momento lleno de íconos y obras grandes que se antojan muy lejanos e imposibles de alcanzar nuevamente, al menos con ese portento clásico de íconos, temas e impacto cultural en México. Uno de los personajes más reconocidos de este momento histórico es el director de fotografía Gabriel Figueroa, aquí Figueroa se luce en un lugar complicado: múltiples canales, botes, poca luz, maravilloso, y de hecho el clímax sobre el final es de un impacto visual deslumbrante.

Para el “Indio” Fernández es sin duda uno de sus trabajos más reconocidos, donde aborda y consolida el tema indigenista y del México rural tan propio de su filmografía. Durante casi medio siglo este largometraje fue la única película mexicana en ganar el máximo premio en alguno de los cuatro grandes festivales de cine (Berlín, Cannes, San Sebastián y Venecia), en aquel primer año de Cannes donde se premiaron 11 obras con el Grand Prix. Este dato único se quebró en 1993 cuando Arturo Ripstein ganara la Concha de oro por Principio y fin.
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La eternidad y un día
La eternidad y un día (1998)
  • 7,5
    3.454
  • Grecia Theodoros Angelopoulos
  • Bruno Ganz, Isabelle Renauld, Fabrizio Bentivoglio, Achilleas Skevis, ...
9
"Mañana, ¿cuánto tiempo es?"
Hay que tener una idea muy clara como guionista y un manejo sublime del lenguaje cinematográfico para tener el valor de filmar recuerdos, hechos que se entremezclan con la realidad, que siguen a personajes en su melancolía, con algún halo de esperanza, con representaciones idealistas de fallecidos, con anhelos por cambiar lo realizado, sin duda toda esa habilidad Theo Angelopoulos la tenía.

Cineasta griego fallecido atropellado mientras filmaba el cierre de una nueva trilogía en honor a su país, un hecho trágico que marcó la industria fílmica en el año 2012, porque en ocasiones la vida juega estas pasadas dolorosas, para un cineasta lleno de gran conciencia y humanismo, su final al menos tuvo la grandilocuencia de haber llegado cuando hacía lo que amaba, pero que corte más abrupto a una carrera tan grande.

En el año 1998 Theo alcanzó su reconocimiento cinematográfico más grande (y probablemente el de su país) la Palme d’Or del Festival de cine de Cannes. Mia aioniotita kai mia mera tiene como protagonista a Alexandros (un irreconocible Bruno Ganz), un viejo poeta enfermo que busca recuperar el tiempo perdido, rememorando por medio de unas cartas, pero también vivenciando nuevos momentos por medio de un inesperado personaje.

Alexandros en el ocaso de su vida, en su último día, un niño inmigrante ilegal albanés iniciando su andar por el mundo, en un contexto que se le presenta complicado, el futuro tan disímil de ambos por una extraña razón los hace coincidir. El lazo que se crea es creíble, profundo, tierno y angustioso, hermoso y doloroso.

El niño en varios momentos es el acompañante de Alexandros en su andar, una danza que se entremezcla con el marcado estilo del realizador griego, estos planos que se mueven con paciencia, con momentos estáticos y fotogramas que quedan en la retina. Envolviendo todo con un aura de melancolía, lo tenue de los colores, lo grisáceo o derruido del paisaje en momentos claves; lo colorido en aquellos recuerdos que llenan al protagonista.

-Mañana, ¿cuánto tiempo es?
-La eternidad y un día.

Poesía pura.
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