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Críticas de Ziryab
Críticas ordenadas por:
Resucitado
Resucitado (2016)
  • 5,4
    2.988
  • Estados Unidos Kevin Reynolds
  • Joseph Fiennes, Tom Felton, Cliff Curtis, Peter Firth, ...
6
Una catequesis con estilo
Aunque sólo sea porque hay que tener valor de hacer una película como ésta en pleno siglo XXI, “Resucitado” ya merece una consideración benevolente. Hay más razones para ello: la excelente recreación histórica (sobresaliente la escena inicial de la lucha contra los zelotes), la muy cuidada ambientación y representación escenográfica, el enfoque original (por el tono policíaco) con que se acomete un asunto archiconocido y, a la vez, la correcta adaptación de una parte del relato evangélico apenas tratada en el cine, que huye de la espesura grandilocuente de los peplums religiosos clásicos sin dejar de ser fiel al espíritu de ese relato. Quiero decir: hay muchas películas sobre la pasión y muerte de Cristo pero pocas desarrollan el relato de la resurrección y posteriores apariciones a los discípulos.
Dicho esto, reconozco que esperaba otra película. Esperaba una película sin catequesis y con interrogantes cuya respuesta pudiese quedar al libre albedrío del espectador adulto. Para quien vaya buscando eso, ésta no es su película. A la mitad del metraje, el director prescinde de toda tentación de ambigüedad y enseña las cartas para sorpresa del espectador despistado, como era mi caso: no nos estaba relatando una elucubración histórico-religiosa sino una fiel adaptación del relato evangélico de la resurrección de Cristo.
Y bien pensado, casi mejor así. Elucubrar desde el escepticismo sobre un tema que no tiene sentido más allá de su interés religioso es tarea absurda. Quiero decir (y reconozco que me salgo ya de lo cinéfilo): la resurrección de Cristo es un tema sin interés histórico ni arqueológico ni esotérico, toda vez que hasta el cristianismo actual admite que debe ser considerada en sentido no literal. Partiendo de eso, una cosa como la resurrección de Cristo ni siquiera se debió pasar por la cabeza de sus coetáneos (otra cosa son los Evangelios escritos un siglo después), por lo que me parece de sentido común evitar darle vueltas el asunto para, en su lugar, ir al grano de simplemente contarnos con cierta originalidad la historia que ya conocemos y que, insisto, el cine apenas nos había contado antes. Ése es su interés por tanto, el interés exclusivamente cinematográfico de ver cómo se lleva a la pantalla el último capítulo de los Evangelios sorteando la obviedad. Y resulta que la película está bien hecha, bien narrada y bien enfocada, de lo que acaba resultando en fin una catequesis con estilo. Ésa es la razón de mis seis puntos. Más allá de eso no cuenta nada nuevo.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Blade Runner 2049
Blade Runner 2049 (2017)
  • 7,1
    35.552
  • Estados Unidos Denis Villeneuve
  • Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Jared Leto, ...
5
Sencillamente decepcionante
La verdad es que lo que tengo que decir de Blade Runner 2049 ya lo he leído por aquí, lo cual me alegra porque me permite constatar que no estoy solo en mis percepciones, pero aún así quiero darme el gusto de decirlo yo también.
Lo primero. Que Blade Runner 2049 esté firmada, con permiso de Villeneuve, por las mismas personas que firmaron la película original demuestra hasta qué punto éstas no tienen ni idea de lo que es Blade Runenr ni de lo que significa. Definitivamente Blade Runner la hizo la gente, el público, la hicieron quienes la aman tras años de maceración desde 1982. Esto ya podía intuirse viendo la versión del director de 1994, pero ahora queda despejada toda duda.
Y lo digo por lo siguiente, que es mi segunda conclusión… y que pongo en la zona spoiler.
Y en tercer lugar, y concluyo, Blade Runner 2049 no es una mala película. Incluso podría pasar por interesante. Y además tiene otra cosa que debe serle reconocida: muestra respeto a su predecesora y no intenta remakearla ni emularla, sino que toma su propio camino sin dejar de tenerla continuamente presente. Aún así, no era necesario correr el riesgo de mancillarla.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Madre!
Madre! (2017)
  • 6,3
    21.365
  • Estados Unidos Darren Aronofsky
  • Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, ...
5
Mucho ruido y pocas nueces
Mother! me parece un ejercicio de pretenciosidad. Es más cosas, algunas buenas, pero sobre todo eso: un ejercicio de pretenciosidad. Aronofsky me resulta pretencioso porque se hace el interesante, y se hace el interesante porque encripta un mensaje que resulta ser muy simple, además de manido y poco original. Quien tiene realmente algo que decir puede resultar pretencioso en las formas, pero se le puede excusar por ello si tiene algo que decir. Pero ser pretencioso sin tener nada que decir no tiene excusa y conduce al ridículo. Eso es lo malo de Mother!, que detrás de su amaneramiento no hay nada nuevo. Nos cuenta algo que ya nos han contado mil veces pero lo esconde bajo un abrumador manto de oropel y estilo. Si la intención era acompañar un gran contenido con un continente a la altura, el resultado no puede ser más desafortunado: tanto bombo no hace más que subrayar la ausencia de contenido. Fanfarria al fin. Artificio. Puro amaneramiento. Demasiado ruido para tan pocas nueces.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Crudo
Crudo (2016)
  • 6,3
    10.912
  • Francia Julia Ducournau
  • Garance Marillier, Ella Rumpf, Rabah Nait Oufella, Laurent Lucas, ...
6
Interesante reinvención del género de terror
Lo mejor de Crudo -si no lo único realmente interesante de la película- es su originalidad para reinventar el género de Terror. Porque Crudo, para ser valorada en serio, debe serlo como película de Terror. Crudo es desagradable, incómoda y, lo peor, inverosímil y chirriante hasta que se torna en película de Terror. Ahí la cosa cambia..., bueno, no cambia, pero se le permite lo anterior.
Toda la larga presentación que precede al estallido del drama es una desasosegante película sobre las novatadas execrables que sufren los sumisos alumnos y alumnas del primer curso de una facultad de veterinaria, que podría ser interesante más allá de su morbosidad si no fuera totalmente inverosímil. Y no lo digo por lo excesivo sino por la connivencia total con la que el profesorado asiste a novatadas que son mucho más que simples bromas: los alumnos asisten a clase con pañales puestos, estudian en la biblioteca bañados en sangre de animal (o pintura roja, no sé, da igual) o hacen exámenes disfrazados sin que los profesores se inmuten. Y vemos a una médico del centro atender en consulta a una chica con una fortísima reacción alérgica tras sufrir una novatada sin que la facultativa tenga otra reacción que encenderse un cigarro. Sí, un cigarro. En la consulta médica. Mientras atiende a la joven. Por un momento pensé que la película estaba ambientada en los 70 porque de otro modo es imposible entender esas cosas...
El aire insano que la película te hace respirar desde el primer momento es mérito de una dirección brillante, pero lamentablemente eso no va acompañado de un discurso creíble. Hasta que pasa lo que pasa, que por cierto no te extraña porque lo ves venir sin saber cómo (otro mérito de la directora), y caes en la cuenta de que no te están contando una película de conflictos adolescentes como parecía sino una de Terror en toda regla, y entonces la verosimilitud ya no te importa. Su retorcida escena final no carente de la loable capacidad de reírse de sí misma lo confirma. Y que no me vengan con sesudas lecturas sobre la alienación y el individuo o identidad y adolescencia. ¡Por favor! Crudo es una rompedora y original reinvención del terror teen. Ése es su acierto.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Contratiempo
Contratiempo (2016)
  • 6,8
    17.581
  • España Oriol Paulo
  • Mario Casas, Ana Wagener, Bárbara Lennie, José Coronado, ...
6
El secreto está en la salsa
Me encanta la comida china. A ver: nadie en su sano juicio diría que la comida de un restaurante chino es una excelencia culinaria, pero lo cierto es que en un chino disfrutas comiendo. Quien gusta de la comida china sabe que no falla. Es una apuesta segura. Pero debería saber también que la carne en sí, la comida en sí, la materia, es mala, y que todo su encanto está en el mucho sabor que la salsa le da, que hace jugoso un plato que sin ella no te tragarías. Es lo que tiene la salsa. Como una hamburguesa de McDonald's: quítale el pepinillo, la cebolla y el ketchup y dime a qué sabe esa carne. ¡A nada! ¡Es absolutamente insípida! Pero con salsa, ¡oh!, con salsa me chupo los dedos y salgo contento dispuesto a volver más pronto que tarde.
Pues eso es Contratiempo: comida china para quien gusta de ella. Y como buena comida china tiene salsa, mucha salsa, en forma de continuos giros de guión. Contratiempo es una oda al giro de guión. Cuando estás todavía sorprendido por el primer giro de guión, llega otro y renueva la sorpresa, y aún sorprendido por el nuevo giro, llega un giro más, y luego otro, y... ¡ofú!... ¡no puedes ni pestañear! Contratiempo te pega a la butaca y se te pasa sin respiro, con los ojos como platos todo el rato. No hay contención en su guión pero está bien construido y mejor revisado; cuando crees que vas a atisbar un agujero, el guión va, lo tapa y se queda contigo; todo casa, todo se cierra perfectamente, y el final te da el último giro, el giro definitivo, la puntilla. No se trata de una película con giro final de guión, se trata de una película que ha estado girando todo el rato, repleta de saltos mortales y tirabuzones, y cuyo triple mortal final sirve para poner fin al salto y caer limpiamente a la piscina.
¿Que es inverosímil? Sí. Lo es. Pero, en fin, ¡es cine, carajo! Y Contratiempo no lo es de arte y ensayo ni lo pretende. Es cine del de simplemente entretener un rato. Si quitamos la etiqueta automática de “malo” a este tipo de cine (¡a cuántas películas de Hitchcock o De Palma habría que ponérsela de lo contrario!), Contratiempo puede pasar por ser una buena película. Pero una buena película de entretenimiento y nada más. Que tampoco es poco.
Como la comida china. Para chuparse los dedos. Y me da igual si es buena o mala. Está rica y no mata. Eso sí, que no te engañen: el secreto está en la salsa.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rogue One: Una historia de Star Wars
Rogue One: Una historia de Star Wars (2016)
  • 6,9
    40.994
  • Estados Unidos Gareth Edwards
  • Felicity Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, ...
6
Una grata sorpresa
¿Os imagináis que los prescindibles episodios I y II de La Guerra de las Galaxias se hubieran resumido en uno solo, que el oscuro episodio III hubiera sido el segundo de la serie y que ésta Rogue One fuera el tercero? ¿Y os imagináis también, por supuesto, que ese infame Episodio VII: El despertar de la fuerza no hubiera pasado nunca de ser un mal sueño? De haber sido así, la saga Star Wars -y Lucas por extensión- habría conservado la dignidad que resultó seriamente mancillada con las precuelas y definitivamente perdida con la broma de pésimo gusto que fue la anterior entrega del serial galáctico.
He descubierto la palabra spin-off con la promoción de esta película, pero suena a capricho de márketing. Podría haber llevado perfectamente un número entero si lo hubiera entre el III y el IV, y no es en cualquier caso más ni menos spin-off que los episodios I o II e incluso que La venganza de los Sith. En el discurso narrativo de la saga, Rogue One tiene más coherencia y sentido que cualquiera otra de las películas de Star Wars, trilogía original al margen, por supuesto. Es el preámbulo perfecto de la película original, la de 1977, que empezaba poniendo en poder de la princesa rebelde Leia Organa los planos de la estación espacial Estrella de la Muerte, corazón del poder imperial.
Rogue One nos cuenta la historia de la construcción de la Estrella de la Muerte y el robo de esos planos por los rebeldes, ayudando incluso a entender mejor la trama del episodio IV sin necesidad de reinventar la historia original (como llegan a hacer las precuelas al inventar el personaje de Anakin Skywalker y tratar de justificar su paso al Lado Oscuro convertido en Darth Vader). Antes bien, Rogue One respeta las películas y a los personajes originales, sin tocarlos ni retocarlos, sin matizarlos, sin darnos nuevas explicaciones sobre ellos. Son imágenes de altar que están ahí y punto, que ya tuvieron su historia y a los que no hay que mover más; sólo reverenciarlos. Salen el comandante Tarkin, Darth Vader y algún otro personaje que no revelaré por no hacer spoiler, incluido un inesperado y bienvenido "cameo" final, pero, excepto los dos citados, no intervienen en la trama de esta historia sino que se limitan a redondearla con su presencia, ofreciendo además el guiño cómplice que todo amante de la saga agradece.
La película se distancia del resto de las entregas de la serie sin dejarlas de tener como referencia ni, como hacía el episodio VII, perderles respeto. La música es nueva pero guarda el espíritu de la original (en mi opinión eso es un acierto, y no es tan mala como leo por aquí), la pirotecnia de efectos especiales arropa la historia sin engullirla y los nuevos personajes no pasan de ser secundarios con protagonismo que no aspiran a hacerle sombra a los originales.
Por si no fuera suficiente con esto, la película se deja caer con un tono oscuro y reflexivo totalmente novedoso en relación a cualquier otra película de la serie y plantea un dilema ciertamente incómodo si no fuera porque no es cuestionable quienes son los malos malísimos de la historia y que son malos malísimos. Quiero decir: los rebeldes tienen un perfil espinoso... Me explico mejor en el spoiler.
En definitiva, Rogue One ha sido capaz, contra todo pronóstico, de aportar algo interesante a un universo donde, por la tediosa cadena de tonterías iniciada en 1999 con La amenaza fantasma, realmente parecía que todo lo que había que decir estaba dicho ya en 1983 cuando concluyó la trilogía original.
Una muy grata sorpresa en definitiva, a la que no doy más puntos por no meterle más nota de la que le tengo puesta a la película madre de todo esto.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un monstruo viene a verme
Un monstruo viene a verme (2016)
  • 6,7
    33.190
  • España J.A. Bayona
  • Lewis MacDougall, Sigourney Weaver, Felicity Jones, Liam Neeson, ...
5
Pornografía emocional
No tengo mucho que añadir a lo que ya he leído por aquí pero no quiero dejar de decir algo. Lo primero: creo desde El orfanato que Bayona no tiene sensibilidad artística ninguna; tiene habilidad para manejar la cámara y tiene mucho dinero para sus películas, pero ya está. En realidad, con sólo eso no se necesita más para firmar una "gran" película, ni necesita una "gran" película sensibilidad artística para que se reconozcan sus méritos como producto comercial. Ahora bien, un creador, un artista, sabe que la imaginación, la sensibilidad y la sutileza pueden suplir con creces las carencias que provoca la ausencia de habilidad técnica y, sobre todo, de dinero. A Bayona eso le sube al pairo. Él tiene demasiado dinero a su disposición como para que eso le importe. El cine para él es un producto…, eso que acompaña a una buena ingesta de palomitas. ¿Beneficia eso al cine español? Seguro que sí. No lo dudo. Pero lo hace a costa de parecerse demasiado a lo menos interesante del cine americano.
Dicho esto, y admitiendo por tanto mis prejuicios hacia cualquier cosa firmada por Bayona, reconozco que iba a ver esta película con evidentes reticencias. Dos horas estuve pegado a la butaca sin pestañear, es cierto. También lo es que no se me escapó una sola lágrima. Y no soy de quienes no lloran con una película. Al contrario, me emociono con facilidad. Pero esta película es tan directa, burda, grosera, vulgar y descarada en sus intenciones exclusivamente lacrimógenas que no hace falta ni prevenirse contra ella. Va de frente en ese sentido. Más que de frente: va a saco. Me explico: si algo es carne de llanto sin necesidad de ir al cine es la situación de un niño de 12 años hijo de padres separados que no quiere que se muera su madre enferma terminal de cáncer. Es tan obvio que no tiene interés. Y desde luego Bayona no hace nada por explorar caminos paralelos a los de la obviedad. Que el árbol que se ve desde la ventana sea el pañuelo de lágrimas del chiquillo y de pronto "cobre vida" no es explorar caminos paralelos, es un pretexto para el despliegue de toda la pirotecnia de efectos especiales a la que realmente se terminan reduciendo estos productos.
En fin, no niego que se deja ver y está bien hecha. Pero que no quieran engañarnos: aquí no hay más que cartón. Y pornografía emocional.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Evasión o victoria
Evasión o victoria (1981)
  • 6,6
    19.861
  • Estados Unidos John Huston
  • Sylvester Stallone, Michael Caine, Max von Sydow, Daniel Massey, ...
4
Recuerdos de la infancia
Me cuesta mucho dar 4 puntos a esta película. Peor: me cuesta mucho rebajarle la puntuación al revisarla. “Evasión o victoria” es de esas películas icónicas más allá de su calidad. Mi padre me explicó quienes eran Pelé o Bobby Moore viendo esta película. Su final sigue siendo vibrante por muchas veces que se vea. La idea pueril de que los conflictos entre naciones deberían dirimirse con un partido de fútbol será pueril pero está guapa. Y en definitiva homenajea a “La gran evasión” aderezándola con fútbol.
Dicho lo cual en su haber, la película es mala. E inverosímil. Pero no por la historia que nos cuenta sino por los caprichosos agujeros de un guión errante. Dejo caer en el spoiler sólo cinco, los más gruesos.
En fin, que no dejaré de tener un cariño especial a esta película que por encima de todo enseña sin proponérselo a amar el cine desde la infancia. Quien la ha visto siendo niño no la olvida. Eso no es discutible. Pero tampoco me parece discutible que es mala. He intentado hacer un esfuerzo por valorar sus virtudes emocionales por encima de sus defectos artísticos, pero esta vez no lo he conseguido. Mis respetos a la peli. Pero ésta es mi opinión.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Infierno azul
Infierno azul (2016)
  • 5,4
    11.639
  • Estados Unidos Jaume Collet-Serra
  • Blake Lively, Óscar Jaenada, Brett Cullen, Sedona Legge, ...
4
Nada nuevo
Otra más de tiburones hambrientos sin nada nuevo que contar. Desde que Spielberg estigmatizara a los escualos como el terror de los bañistas, el subgénero de las pelis de tiburones ha ido perdiendo el norte hasta desembocar en la parodia más ridícula, y así pasó del voraz marrajo que amenaza la costa o cerca a unos desdichados abandonados en alta mar (magnífica aquella Open water) a historias progresivamente delirantes de grupos de tiburones genéticamente manipulados, o dotados de una inteligencia excepcional, o provistos de una voracidad fuera de lo común, y seguir con hallazgos desternillantes como el tiburón de dos cabezas, tiburones mutantes de los pantanos o tornados de tiburones. Se le agradece a Collet-Serra que su película abandone esta escalada delirante para recuperar la seriedad y regrese a los caminos de una cierta cordura. La protagonista es una surfera que escapa al ataque de un gran blanco y queda aislada en un arrecife cerca de la playa con el tiburón peinando la zona. Peli claustrofóbica, bien rodada, con un solo escenario y algunas imágenes potentes -la silueta del tiburón tras la ola que remonta Blake Lively con su tabla-, pero que termina sin imaginación imitando más de lo que parece a Spielberg y concluye de manera mucho menos convincente, resultando finalmente eso: más de lo mismo, nada nuevo. Para lucimiento de su protagonista femenina.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La guerra de las galaxias. Episodio III: La venganza de los Sith
La guerra de las galaxias. Episodio III: La venganza de los Sith (2005)
  • 7,1
    99.460
  • Estados Unidos George Lucas
  • Hayden Christensen, Ewan McGregor, Natalie Portman, Ian McDiarmid, ...
5
La mejor de las tres precuelas
A finales de los 90, para justificar las precuelas de La Guerra de las Galaxias, Lucas se inventó eso de que la historia original había sido concebida realmente en nueve entregas de las que en su día decidió rodar -¡ojito con esto!- sólo las tres centrales -ni las primeras ni las últimas: ¡las de enmedio!-, pero lo que tiene toda la pinta de ser lo cierto es que, quince años después del boom de Star Wars, se le antojó seguir estrujando la gallina de los huevos de oro (que en ello sigue). O quizá en el mejor de los casos le apetecía dirigir de nuevo y sabía dos cosas: una, que nada nuevo que creara se acercaría ni remotamente a la magia y el éxito de La Guerra de las Galaxias (Lucas es el arquetipo de creador engullido por su criatura; Lucas es La Guerra de las Galaxias y ya está); y dos, que ya no tenía la imaginación que le hizo crear aquello (esto se pudo comprobar nada más ver las nuevas entregas). En su empeño no le importó incluso manipular a la criatura original y añadirle detalles que sostuvieran su patraña, enervando a quienes -como es mi caso- amaban aquellas películas sin pertenecer ni por asomo a la legión de enceguecidos fanáticos seguidores de Star Wars: añadió el membrete ridículo de "episodio tal o cual" tras cada título, rebautizó con subtítulos las películas originales (La Guerra de las Galaxias pasó a ser Una Nueva Esperanza y El Retorno del Jedi se tituló Star Wars Episodio VI) y remasterizó las viejas películas llenándolas con nuevos efectos digitales, añadiendo lamentables morcillas a los diálogos y -lo peor de todo- llegando a usar los efectos especiales para sustituir de manera imperdonable a un actor por otro en El Retorno del Jedi (Sebastian Shaw por Christensen en la escena final en la aldea Ewok). A la nueva hornada de adolescentes starwarsmaníacos estas cosas le encantarían, pero al cinéfilo que en su infancia descubrió la magia del cine con títulos como los de Lucas y que valoraba esas películas por su ingenuidad sin complejos y su imaginación desbordante esto le abría las carnes. Y además le revelaba una verdad: Lucas demostraba ser más un magnate de la industria que un creador. Y peor: demostraba no tener ningún respeto por su creación.
Entrando en las nuevas películas, en materia estrictamente artística, el resultado fue un mamotrero de abrumantes efectos especiales que suplían con fuegos de artificio la total ausencia de interés. Ni rastro de aquella ingenuidad sin pretensiones que dió autenticidad a aquellas primeras películas y que revolucionó el Cine a finales de los 70. En las nuevas películas todo es pretencioso, artificial, hueco. Se asiste al anacronismo tremendo de ser el de las nuevas películas un mundo mucho más avanzado tecnológicamente que el de las anteriores (todo son droides, armas nuevas y edificios descomunales), aun cuando cuentan una historia anterior en el tiempo. Las tramas que mueven estas tres nuevas películas -las dos primeras, al menos- son insípidas y aburridas hasta decir basta. Los nuevos personajes, tristes émulos de los originales, no pasan de ser muñecos sin alma de cualquier castillo de feria (es odioso comparar a Jar Jar Binks con C3P0 o a Darth Maul con Darth Vader). Y la historia original empieza a recibir explicaciones que no eran en absoluto necesarias y que incluso redibujan a viejos personajes que estaban perfectamente definidos (no hay por qué justificar la maldad de Darth Vader; Darth Vader era malo, y punto).
Las dos primeras películas de la nueva trilogía no merecen mayor comentario. La tercera quizá sí. Sin ánimo de compararla con ninguna de la serie original, es sin duda la mejor de la nueva serie, y lo es por la sencilla razón de que en ella se entronca ya directamente con la historia original y porque aparecen al fin los grandes personajes de la saga: Darth Vader y, si bien sólo como bebés, Luke y Leia. La presentación de Vader en su mítico uniforme, como si de un Frankenstein sideral se tratase, es un destello de genialidad. Y la acción por fin acompaña a los efectos especiales poniéndolos a su servicio, y no al revés. No diré que esta película justifica la trilogía, pero de manera puntual devuelve a la historia destellos de su fulgor primitivo.
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El viejo y el mar (TV)
El viejo y el mar (TV) (1990)
  • 6,1
    423
  • Reino Unido Jud Taylor
  • Anthony Quinn, Gary Cole, Patricia Clarkson, Alexis Cruz, ...
4
Adaptación sin garra
Suele ser frustrante para el lector encantado con un libro compararlo con su versión cinematográfica. Para éste que escribe además es inevitable buscar esa versión para verla aun a sabiendas de que le decepcionará. A veces es simplemente una manera de sellar una gran lectura: ver su adaptación cinematográfica y reafirmarme en lo bueno que es el libro.
El principal problema de esta adaptación de El viejo y el mar es que parece no confiar en el relato de Hemingway. Me explico. Salvo un momento al principio y otro momento al final, toda la novela transcurre en una única localización reducida: la barca del viejo en el mar. La película sin embargo se divide en otros escenarios, como si desconfiase de que la epopeya del viejo pudiera sostenerla por sí misma. Para ello recurre a un par de flashback que no están mal traídos porque cuentan cosas que están en la novela y a un par de subtramas inventadas de las que no puedo decir lo mismo.
La primera subtrama, la del escritor atraído por la figura del viejo pescador, podría estar justificada porque es evidente que alude al propio Hemingway y su proceso de creación de la novela, pero se echa a perder porque se le dedican tantos minutos -y además sin ningún contenido- como a la historia misma del viejo. La segunda, la de la hija del viejo que siente remordimientos por no atender más a su padre, no tiene ningún sentido y parece metida sólo para dar unos minutos de película a la hija de Quinn.
Aparte de ello, la historia en sí del viejo, el pez y las amenazas del mar está contada de forma simplemente correcta, sin la intensidad que tiene el libro. Tampoco Quinn se sale del pellejo con su trabajo, aunque sea resolutivo.
En fin, película para distraer el rato de una siesta de verano y poco más, que podrá gustar algo a quienes desconozcan el original literario pero que dejará más bien fríos a quienes sí.
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Julieta
Julieta (2016)
  • 6,3
    15.674
  • España Pedro Almodóvar
  • Emma Suárez, Adriana Ugarte, Daniel Grao, Inma Cuesta, ...
8
El Almodóvar sin estridencias
No soy “almodovariano” pero tengo un gran respeto por el cine estridente que hizo Almodóvar en los años 80 y la mayor parte de los 90. Luego, a partir de “Todo sobre mi madre”, me descolocó porque, aunque siempre ha sido dramático –tragicómico si se prefiere–, desde ese momento quiso ser también hondo, grave, profundo, y lo quiso ser sin renunciar a las señas de identidad que le definen, ese “almodovarianismo” que bebe de las fuentes de una comicidad entre surrealista y delirante. Y a mí esa mezcla (hondura con estridencia) se me atraganta. Sin embargo –¡paradoja donde las haya!–, el Almodóvar que más hondamente ha llegado a calarme fue el de “Hable con ella” y lo ha vuelto a ser ahora con “Julieta”. Y lo es por la soberbia lección de cine que suponen estas películas y por la honda emoción que me han causado desde la delicadeza sin estridencias con que están hechas. Sin estridencias, sí. Porque carecen de estridencia en la manera en que yo entiendo la estridencia almodovariana. Los “almodovarianos” dirán –sobre todo de la primera– que son las películas menos almodovarianas (¿personales?) de Almodóvar, y quizá ello explica mi inclinación por ellas, pero no me importa. Me gustan. Mucho.
Julieta es un personaje femenino desgarrado, uno más en la filmografía del Manchego abundante en ellos, pero su fragilidad expresa, su explícita tristeza, ese sentimiento de culpa tan pernicioso como entendible y la honestidad radical de una inercia vital que la lleva a la consunción la convierten en antiheroína singular de una manera que no tiene más remedio que ser conmovedora. Soberbia Enma Suárez en el papel. Magnífica Adriana Ugarte.
No quiero perder de vista que buena parte del mérito sea quizá también de los relatos originales de Alice Munro en los que Almodóvar se basa para construir la película –uso el subjuntivo porque no los he leído–, aunque no lo digo con intención de desmerecer en lo más mínimo al director porque un buen relato no garantiza una buena película. De hecho creo que el guión está muy bien elaborado y que no se notan las costuras que hilvanan los tres relatos.
En definitiva, una muy grata sorpresa de un director con el que guardo las distancias a partes iguales desde el respeto y desde la desconfianza y que nunca acierto a saber por dónde me va a salir. Eso es punto a su favor.
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Oficial y caballero
Oficial y caballero (1982)
  • 6,0
    56.176
  • Estados Unidos Taylor Hackford
  • Richard Gere, Debra Winger, Louis Gossett Jr., David Caruso, ...
6
Rancia pero icónica
He vuelto a ver "Oficial y caballero" desde no sé cuando que la vi por vez primera. Han pasado muchos años y muchas películas ante mis ojos, y la mirada se hace adulta. No es una película bien valorada por el cinéfilo "serio". Pese a que marcó una época y reventó taquillas, pocos se atreverían a defenderla. Y sin embargo tengo la sensación de que quien la menosprecia por su repelente contenido sin importarle su buena factura como producto cinematográfico elogiaría "El nacimiento de una nación" por sus valores artísticos sin importarle su contenido dudasamente moral. ¡Benditas paradojas! ¡Nos dan coartadas para todo! A mí el primero.
"Oficial y caballero" es una película rancia. Evidentemente hay cosas en ella que no pasarían por el filtro de lo políticamente correcto hoy día ¡y por suerte! (aunque alguna de ellas la firmase el mismísimo Kubrick pocos años después), pero, prejuicios y morales inquisidoras de la postmodernidad aparte, sigue funcionando como una buena película de entretenimiento. Y tiene escenas icónicas -por ridículas que sean, que lo son- que seguirán perdurando.
Si la hubiera descubierto ahora no tendría piedad con ella, pero pertenece a otra época que también fue mía. Y no soy de los que acostumbra a renegar de la patria de sus años mozos. Así que no seré yo quien la defenestre.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El manantial
El manantial (1949)
  • 7,6
    4.809
  • Estados Unidos King Vidor
  • Gary Cooper, Patricia Neal, Raymond Massey, Kent Smith, ...
7
Cuestionando a Rousseau
"El manantial" es una película con profunda carga ideológica, que plantea un interesante conflicto ético y toma partido. Puedo entender perfectamente a quienes la tachan de liberal, en el sentido peyorativo actual del término, pero no a quienes ven en ella tufos nazistoides. "El manantial" reivindica la libertad del individuo en general frente a la sumisión a la masa, a la moda social, al decreto de los medios de comunicación o a lo políticamente correcto. Justo lo contrario que los fascismos, que organizan su status quo sobre la base del culto al líder, esto es, la sumisión de la masa en general y del individuo en particular a los dictados de un único individuo, uno, uno sólo, llámese führer, duce, caudillo o como se le quiera llamar. No. No es justo ensombrecer esta película por querer leerla en términos políticos como el enfrentamiento entre socialismo y fascismo. Si acaso hay que remontarse un poco más atrás: en mi opinión, opone al socialismo rousseuniano el individualismo maquiavélico (y nietzscheano). La película cuestiona el “contrato social” del que habló Rousseau y reivindica la fuerza del individualismo transformador como fuente del bien común que sostuvo Maquiavelo.
Desde luego, este conflicto ideológico, que ha hecho correr ríos de tinta en libros fundamentales del pensamiento humano desde el Renacimiento a nuestros días, no se resuelve por obra y gracia de la locuacidad de un arquitecto brillante e iluminado en la exposición de su defensa frente al tribunal que le juzga por amenaza social. Ni siquiera aunque el discurso venga por boca de un impecable Gary Cooper. No. Siempre habría un Yves Montad para sostener lo contrario con la misma locuacidad. Resolver las cosas tan fácilmente es cosa de películas. ¿Y qué? ¿No estamos hablando de cine? De buenas películas es resolverlas además de manera convincente. Y ésta lo es. Indudablemente.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Caballero sin espada
Caballero sin espada (1939)
  • 7,9
    11.686
  • Estados Unidos Frank Capra
  • James Stewart, Jean Arthur, Claude Rains, Edward Arnold, ...
6
Buenismo bienintencionado
“Caballero sin espada” cuenta el periplo de un hombre íntegro que llega a la política creyendo que ésta consiste en servir honestamente al pueblo y descubre que en realidad consta de un entramado de redes al servicio de los intereses de las grandes fortunas, las cuales se amasan precisamente tejiendo esas redes en una especie de círculo vicioso donde, por supuesto, el control de los medios de comunicación y de la opinión pública es pieza clave. Por muy actual que parezca este discurso, la película es de los años treinta... Da qué pensar.
El caso es que las intenciones de la película son muy buenas; y su discurso ciertamente también, aunque populista y maniqueo hasta decir basta. Que las cosas que cuenta la película sean en gran medida ciertas no quiere decir que lo sean de la forma absoluta en que nos las quiere hacer creer. Yo, al menos, no lo creo. Su discurso es demasiado fácil, demasiado plano, demasiado carente de matices..., y eso hace que esta película esté muy bien como entretenimiento para la hora de la siesta, pero, seriamente considerada, no pasa de ahí (por cierto que Costa-Gavras, más dramático, más profundo, también cuajaba un discurso sin matices en su aclamada “Z”... ¿Acaso esto del simplismo discursivo es connatural a la naturaleza del Cine? Conozco la respuesta. Y sé que es no).
En otro orden de cosas está el desarrollo del periplo de Smith en sí mismo –el guión, vamos– y la manera de resolverlo, que se ve venir desde el principio porque se da por hecho que la película no puede acabar mal y, a nada que se piense un poco, se deduce que no puede haber otra solución que la solución que acaba habiendo.
En resumen, una película entretenida y pretendidamente pensante, pero para pensantes sin mucha profundidad.
Me quedo con su bienintencionado buenismo y con el descubrimiento de Jean Arthur, a quien no conocía y que merecía haber recibido de la historia del Cine algún papel carismático que la hubiera hecho más conocida para el gran público (he leído por algún lado que estuvo a un tris de ser Escarlata O'Hara).
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sharknado (TV)
Sharknado (TV) (2013)
  • 3,4
    8.191
  • Estados Unidos Anthony C. Ferrante
  • Ian Ziering, Tara Reid, John Heard, Cassandra Scerbo, ...
1
Nos os engañen mis puntos: ¡hay que verla!
La vida puede ser encantadora. Cuando menos te lo esperas va y te sorprende maravillosamente. No os engañe mi puntuación: ¡esta película hay que verla!
En mi imaginario particular del cutrecine no existía película peor que “Marabunta” (no confundir con la de Charlton Heston). Sí, amigos, amigas, aquélla en la que una legión de voraces hormigas asesinas era capaz de devorar el cuero cabelludo de un desdichado sin moverle un solo pelo de la cabeza, y de cubrirle respetuosamente con una manta al terminar el festín, y de procesionar el dedo del finado como un trofeo de caza... Los amantes de las cutrepelis saben que es un clásico. Cada vez que la ponen me la trago. La sorpresa de ayer fue descubrir que existe algo peor –o mejor, según se mire–. Sí, amigos, amigas, existe algo más infame, más delirante, más absurdo y, por añadidura, más desternillante que “Marabunta” y que cualquier cosa vista hasta ahora por mis ojos. Ese algo es “Sharknado”. La traducción sería algo así como “tiburón-tornado” o "tornatiburón", y sí, amigos, amigas, de eso se trata, de eso que estáis pensado: ¡un tornado de tiburones!
La sinopsis es insuperable: un maremoto provoca una serie de tornados en alta mar que, al succionar lo que pillan en la base, se cargan de tiburones y penetran hasta la costa californiana con los escualos dando rulos en el aire y sembrando el pánico entre la infeliz población. No importa que los lindos pececitos queden así fuera del agua ni que permanezcan horas dando más vueltas que un trompo: su voracidad no tiene límites. Rulan y rulan por el aire dando bocados a diestra y siniestra sin parar. Caen despedidos sobre las calles y sobre las casas con las bocas abiertas de par en par ansiosos por tragarse lo que pase por su lado. Nada se les resiste: ¡son capaces de caer sobre el techo de un coche en marcha, mantenerse arriba y abrir el techo a bocados! ¡Juas juas juas juas! Sí, amigos, amigas, ¡lo que os digo! O son capaces de tragarse en el aire a personas que caen de un helicóptero cual halcón peregrino cazando codornices. ¡Que sí, que sí! ¡Que es así! ¡Tal cual! ¿No os lo creéis? Pues vedla, por favor. ¡Vedla sin perder más tiempo! No os vais a arrepentir. Os aseguro que no habréis visto nada igual en vuestra vida. El final ya no os lo cuento para no reventaros la intriga, pero no tiene desperdicio. Es inenarrable. Los ojos se me salían de las órbitas del asombro y el estómago del vientre de la risa.
Hablar de la cutrez de las interpretaciones o de la peripecia familiar que adereza la no-trama no tiene ningún interés. Lo que tiene interés es contemplar hasta donde puede llegar el ridículo delirio imaginado tras una noche de borrachera y la osadía sin complejos de convertirlo película.
¡Qué risa! ¡No me reía tanto desde hacía tiempo!
Y ahora el dilema: ¿cómo carajos se puntúa una cosa así? Lo reconozco: le pongo un punto como podía haberle puesto diez. Eso sí: no tiene término medio.
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Del revés (Inside Out)
Del revés (Inside Out) (2015)
  • 7,8
    74.330
  • Estados Unidos Pete Docter, Ronaldo Del Carmen
  • Animation
9
La niña/El niño que fuimos
No me desharé en alabanzas a Inside Out. Ya se han dicho todas o casi todas y estoy de acuerdo con ellas. Inside Out tiene una factura infantil –es técnicamente asombrosa, no me entendáis mal–, una narración infantil y una estética infantil –aun con pinceladas geniales rabiosamente adultas, como la descripción del pensamiento abstracto–, pero todo ello es un mero vehículo. Inside Out no es una película infantil. Y en esto Pixar no tiene rival: la historia está contada a los adultos en forma de película para niños; los primeros se dan cuenta al momento y los segundos ni se enteran de ello.
Continúo por ahí. Que Inside Out sea una película apta para niños no quiere decir que esté destinada a ellos. Y no lo está porque no pueden entenderla. Es más: ni siquiera conviene que traten de entenderla. Sería cruel explicar a un niño lo que cuenta esta película. Lo entenderán por sí solos a su debido tiempo: precisamente cuando dejen de ser niños.
Inside Out narra el paso de la infancia a la adolescencia, con todo lo que ello conlleva de crisis, de rabia, de bloqueo, de sentimiento de pérdida y también, claro, de esperanza. Y lo cuenta desde una perspectiva singular –ahí reside su acierto genial–: desde la “central” emocional de la joven protagonista, alojada en su psique desorientada y perpleja y personificada en un cuadro de mandos manejado por cinco emociones básicas (la alegría, la tristeza, el miedo, la ira y el asco –o el reparo, mejor–). Hay cosas que se ven venir desde el principio, pero no nos engañemos: no es porque la película sea previsible. Es porque quien ha pasado por ahí ya conoce ese camino. Tildarla de previsible sería como llamar previsible a “Salvar al soldado Ryan” porque al final los aliados ganen la Segunda Guerra Mundial. ¡Estamos! El mérito de Inside Out está precisamente en su coherencia: conocemos el camino y sabemos que es necesariamente triste en muchos tramos. Y ojo que tampoco es sensiblera. Hay cosas que exigen ser narradas con sensibilidad sin que ello convierta en sensiblero a quien lo hace. Por eso no es una película para niños... O mejor pensado, sí es para niños: para el niño que fuimos.
En este sentido no puedo evitar traer a la memoria la dedicatoria de Antoine de Saint-Exupery en “El principito” –libro por el cual, por cierto, no siento especial interés más allá de esa dedicatoria:

A LEÓN WERTH
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande (…) Quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria:
A LEÓN WERTH
CUANDO ERA NIÑO

Pues eso.
A quienes seguimos creyendo que la auténtica patria de cada uno es la infancia, una película así nos arrasa emocionalmente. Pero no os confundáis: eso no significa ponerse triste. Quienes la han visto me entenderán. Quienes no, vedla. No se puede contar mejor lo que cuenta esta película. De otra manera, quizá sí. Mejor no.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre con rayos X en los ojos
El hombre con rayos X en los ojos (1963)
  • 6,7
    4.613
  • Estados Unidos Roger Corman
  • Ray Milland, Diana Dervlis, Harold J. Stone, John Hoyt, ...
6
No quieras ver más de la cuenta
La historia de la conquista del árbol de la ciencia y el consiguiente “castigo divino” a la osadía y la soberbia humanas es más vieja que La Biblia. “El hombre con rayos X en los ojos” se acerca a este clásico de los mitos del hombre desde la perspectiva del científico que, llevado por un fin noble, acaba engullido por sus propios delirios de grandeza.
Con el objeto de alcanzar la infalibilidad en la diagnosis médica, el doctor James inventa de forma clandestina un suero que, aplicado a los ojos, dota a éstos de visión con rayos X. Ello le lleva a formular diagnósticos inequívocos, pero, obligado a guardar el secreto, sus compañeros de profesión le acaban repudiando por caprichoso e insubordinado. Y ahí comienza el principio del fin y su descenso al abismo... Tras el periplo que constituye el grueso de la película y que no relataré, el círculo se cierra -o se cuadra- con un mensaje evangélico: “Si lo que ven tus ojos te escandaliza, arráncatelos”. No digo más.
La “elipsis moral” no deja de ser interesante y la película tampoco, pese a su factura serie B, su flojo guión y sus carencias técnicas -que no le impiden lograr imágenes impactantes (los ojos de James al final o antes al caérsele las gafas en el casino llegan a aterrorizar). Más que interesante, diría que es un título imprescindible de la ciencia ficción.
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Orígenes
Orígenes (2014)
  • 6,8
    22.451
  • Estados Unidos Mike Cahill
  • Michael Pitt, Brit Marling, Astrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun, ...
4
Supe que pasaría el resto de mi vida con una niña...
Hay un momento de esta película –y no desvelo nada para quien no la haya visto– en la que el protagonista dice a su mujer algo así como: “Supe entonces que pasaría el resto de mi vida con una niña…, y supe también que esa relación no iba a durar, que la cortaría yo… Pero no imaginaba que no tendría siquiera la oportunidad de despedirme”. Este momento de la película es muy interesante por su poder dramático y por las implicaciones que tiene esta afirmación para poder construir a partir de ella una espléndida historia. También por el matiz que implica llamar “niños” a quienes no piensan como nosotros porque, afortunados ellos, no han perdido la inocencia por el camino…, sin querer admitir que la inocencia posee mucho de intuición y que en la intuición también está buena parte de la clave del conocimiento. Pero no. No van por ahí los tiros. Lamentablemente. Aparte de esta escena, que apenas dura unos segundos, no hay nada que valga la pena en esta película concebida desde la sensiblería más facilona con envoltorio de cosa trascendente e intelectual. “¿A qué huelen las nubes?”. Pues eso.
Oponer fe y razón, ciencia y religión es una empresa más que estéril y superada a estas alturas del mundo. El debate podía tener razón de ser en la Edad Media y en buena parte de la Edad Moderna… pero ¿en estos tiempos? ¡Si hasta grandes científicos han sido grandes creyentes! También puede tener razón de ser si lo tomas como un juego, pero no si te lo tomas en serio. Y esta peli se lo toma en serio. Muy en serio. Uffff ¡qué seria es! Y lo digo porque uno de los leit motiv que mueven al protagonista de la película, un joven científico experto en biología molecular, es descubrir el origen de la formación del ojo humano como manera de… ¡demostrar la no existencia de Dios! ¿Cómo? ¿Me lo repite? ¿Eh? ¿Pues no se ha demostrado la formación del Universo y el origen de las especies sin que ello haya certificado la muerte de Dios? Empezando por ahí, mal empezamos…
Luego la peli parece enderezarse cuando entra en acción la chica, que representa lo espiritual frente a las certezas científicas…, pero lo bueno dura poco y la cosa pega finalmente el petardazo con su exótico tramo final de todo punto injustificable y lamentable. La película termina no sabiendo a donde quiere ir y perdiendo al espectador por el camino. Es absurda, caprichosa y sensiblera hasta decir basta. Y además de risa: ¡no os perdáis la escena final tras los títulos de crédito! ¿Os acordáis de la escena final de “La Roca”, ése Nicolas Cage mirando un microfilm y diciendo “quieres saber qué fue lo del alien de Roosevelt o quien mató a Kennedy"? Pues esto mismo pero en guay. Los que lo han visto me entenderán. Los que no, me entenderán cuando lo vean.
Y lo siento pero conmigo no. Si vamos al circo, voy encantado. Pero no te vistas de ceremonia para hacerme creer que vamos a otro sitio distinto del circo.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Musarañas
Musarañas (2014)
  • 6,2
    11.666
  • España Juanfer Andrés, Esteban Roel
  • Macarena Gómez, Nadia de Santiago, Hugo Silva, Luis Tosar, ...
5
Ocasión desperdiciada
"Musarañas" podría ser mejor película si sus autores no abusaran tanto de la capacidad de condescendecia de los espectadores. Tiene a favor muchas cosas, casi todo: la agresividad que se espera de un artista novel, una historia claustrofóbica y bien escrita, personajes sólidos, una interpretación principal a cargo de Macarena Gómez que no por exagerada deja de ser memorable, un par de vueltas de tuerca justificadas que dan respuesta a los interrogantes, excesos propios del sello ÁlexDeLaIglesia, buena música, buen guión, buena fotografía, buena realización artística..., en fin..., que está muy bien, la verdad...
¿En qué falla? Pues falla en lo que suelen fallar tanto este tipo de películas: en decisiones capitales que hacen naufragar el barco y que se traducen en un comportamiento de todo punto incomprensible por parte de los personajes. Vamos, que no mola nada que el comportamiento de los personajes “cuerdos” de la historia sea más incomprensible que el de los personajes “locos”, por decirlo mal y pronto. Para mí es fundamental empatizar con los personajes para creerse un asunto; importa mucho más eso que la verosimilitud misma del asunto. Un asunto puede ser increíble pero la historia es válida si es capaz de hacernos sentir como sienten los personajes y si vemos que estos reaccionan como cualquier hijo de vecino reaccionaría. Eso no ocurre en "Musarañas". Y lo peor -lo que me rebela hasta la frustración– es que, en mi opinión, sería muy fácil corregir este error sólo con que el director se preguntase honestamente: “¿yo haría una cosa así en una situación como ésa?”. Me explico en el spoiler.
En fin, que "Musarañas" podría ser una buena película de entretenimiento si no fuera porque tengo la jodida limitación de que a veces, mientras veo algo, a mi cabeza le da por razonar lo que estoy viendo sin yo querer hacerlo -es un acto reflejo–, y cuando lo hago no me trago ciertas cosas..., y entonces lo que veo se me desmorona...
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil