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Críticas de Jon Alonso
Críticas ordenadas por:
The Honourable Woman (Miniserie de TV)
The Honourable Woman (Miniserie de TV) (2014)
  • 7,3
    2.188
  • Reino Unido Hugo Blick
  • Maggie Gyllenhaal, Stephen Rea, Lubna Azabal, Andrew Buchan, ...
9
The Honourable Woman is Great (2014)
The honourable Woman (2014) es una historia apasionante, resultado de un guion original, que hereda todo el suspense de la excelsa prosa británica del género de espías y misterio. Deudor directo de escritores insignes (Greene, Le Carre, Forsyth o el caso de su última joya, A. Horowith) que nos han dado grandes día de gloria— y, siguen dándolos— ya fueran sus novelas in situ o en las magníficas adaptaciones a la gran pantalla. Tramas donde política, corrupción e información confidencial bailan al son de un tango de Gardel en una embajada de su graciosa majestad. Si todo ello lo aderezamos de una salsa de pistacho con mucho Shakespeare, el público se sentirá más que agradecido. La BBC siempre se ha caracterizado por el trabajo bien hecho; estilo, realismo, detallismo y academicismo. Conceptos que funcionan y de qué manera… Además, en estos últimos años su apuesta por la coproducción es más que evidente. Desde la majestuosa Roma (2005) junto a la omnipresente HBO, hasta este último producto coproducido con el canal del hombre de Utah, Robert Redford y su pulcro Channel Sundance TV. La honorable mujer —para los más castizos— está barnizada de política de altos vuelos, corrupción y dobles espías al servicio de su graciosa majestad. Envuelta en un exquisito halo de misterio y delicado realismo. Dentro de un contexto geoestratégico-político demasiado complejo: Medio Oriente. Tenemos por delante ocho horas (ocho capítulos), donde su creador Hugo Blick ha escrito, dirigido y producido esta ficción que destila autenticidad y complicidad mediática. Puede que se trate de una historia con demasiada enjundia que no sabemos cómo terminará. Lo que sí que podemos afirmar que estamos ante una de las mejores producciones de este 2014. Un fascinante retrato oscuro sobre una mujer en pleno conflicto palestino-israelí sólido y demoledor. Por momentos, se atisba la angustia y tormento de la protagonista. Su reparto es extraordinario —con unos actores muy bien dirigidos— apoyados en unos precisos diálogos, gracias a la brillantez de las costuras del guion de Blick. Tenemos, por un lado a su protagonista absoluta; Nessa Stein de 36 años (Maggie Gyllenhaal), hija de un poderoso empresario británico-israelí, Eli Stein. Durante muchos años se ha labrado un prestigio dentro de la alta sociedad británica, como hombre de negocios. Pero la verdad es que Mr. Stein es sólo una mentira y una pose; su corporación encubre una red de tráfico de armas con el beneplácito de los servicios secretos del Reino Unido. La acción se inicia con el brutal asesinato del magnate delante de sus hijos Nessa y Ephra (Andrew Buchan) en un restaurante, que elípticamente, 29 años después vuelve a ser el escenario natural de una conmemoración familiar y homenaje a la figura del difunto. En el local, avistamos a nuestros jóvenes protagonistas, los cuales, se han convertido en unos respetables herederos del negocio de su padre; la Fundación Stein Group. Nessa, convertida en un miembro de la cámara de los lores—affaire, el cual, no está exento de una gran polvareda entre los corrillos de Westminster—quiere hacer de la corporación una pasarela filantrópica para establecer puentes de reconciliación entre Occidente y Oriente medio. Sin embargo, los problemas surgen; quid pro quo es un juego diabólico dónde lo que aparentemente es benigno se vuelve turbio y letal. Las buenas voluntades y los pretextos de garantizar una pax romana sobre un bidón de nitroglicerina, no son bien recibidas por parte de todos los implicados (el entorno de la familia Stein, el gobierno británico, la Cia y los mandatarios de Gaza y Jerusalén) llenos de frustración e ira. Nessa y Ephra entran en contacto con Sir Hugh Hayden-Hoyle (Stephen Rea), el jefe saliente de la inteligencia británica en Oriente Medio, y la funcionaria, Julia Walsh (Janet McTeer), que actúa como espía del MI6. El drama analiza la sensación del concepto de aquel individuo que padece el síndrome del eterno exiliado. Mal visto por los de tu condición y peor visto por los que nos son de tu misma sangre. La sensación de ahogo se percibe en Nessa. Tan sólo su sagacidad y frialdad podrán, en cierta medida, contrarrestar las máximas más arcaicas de su entorno y presentar su cara más humana. Malos disfrazados en cuerpos de cervatillos y corderos escondiendo sus fauces de lobos.Ninguna subtrama de la historia sugiere que es correcto e incorrecto por los pérfidos maximalismos, en ese callejón sin salida del mundo. Una historia de ritmo lento donde se ve la influencia de grandes series cercanas a esta temática. Desde la mítica Sleeper Cell 2005 de Showtime, pasando por Rubicon 2010 (AMC), House of Saddam 2008 (BBC) o la reciente Homeland 2011 (Showtime) en su primera temporada. La revisión de la felicidad del individuo y su modus vivendi: la familia.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cannon (Serie de TV)
Cannon (Serie de TV) (1971)
  • 5,9
    108
  • Estados Unidos Jimmy Sangster, E. Arthur Kean, ...
  • William Conrad, Patrick Culliton, Tom Pittman, Charles Bateman, ...
7
"43 años del Genial Cannon" (1973)
A veces, las locuras son lo más ingenioso del tedioso mundo del espectáculo. Evidentemente, nunca serán del agrado de todo aquel que arriesga su capital; pero cosas más absurdas se han visto en este mundo del entretenimiento. Una manera de romper moldes; es contar con gente atrevida y sobrada de talento. Si bien, el género de detectives de los 70 se caracterizó por un relativo conservadurismo, nuevamente, la excepción la encontramos en la CBS. Una cadena fiel a su estilo y tradición diferenciadora del dial manual. Apostó todo al rojo en la ruleta rusa, con un comodín debajo de la manga; el mago Quinn Martin. Mientras la competencia estaba por la labor de satisfacer a un público mucho más joven de la sempiterna franja entre 18 a 30 años—consumidores natos de TV—, Mr. Martin y el guionista Edward Hume desarrollaron un show, donde el protagonista era lo más antagónico visto hasta entonces, en el mundo del crimen televisivo. Algunos críticos definieron la serie como Cannon detective del geriátrico. Cannon (William Conrad), actor de largo recorrido como secundario en Noirs tanto de la clase A y B, así como en alguna producción de renombre y a la postre, reconvertido en actor de doblaje; le llegó su hora. Tarde, pero acudió a su puerta. Cannon era la antítesis del detective privado visto en el cine y la TV hasta entonces. A día de hoy, estaría haciendo cola en la consulta de su médico de cabecera, hastiado de las recomendaciones de cardiólogos y endocrinos. No obstante, Frank Cannon pese a su lejanía de la imagen del ideal masculino televisivo; gustaba a la gente. Ya que no estaba tan lejos de la cercana realidad, del día a día, en una agencia de detectives de los 70 Made in Usa. Tenía conquistados los corazones de todos los americanos entre 40 a 70 años. El 14 de septiembre de 1971 se emitía el primer episodio de esta divertida y entretenida serie hasta finalizar, el 3 de marzo de 1976 tras 124 capítulos. FC era sagaz, concienzudo, sibarita y tenía malas pulgas. Inicialmente, trabajaba en el departamento de policía de los Angeles hasta que abandonó el cuerpo debido al fallecimiento de su esposa e hijo en un accidente de tráfico y así terminó convertido en detective privado. Obviamente, las causas de las muertes de su esposa e hijo no estuvieron muy claras durante las primeras cuatro temporadas. En el primer episodio de la quinta y última temporada se centra en la investigación de Cannon sobre el hecho y descubrimiento de la razón de ambas muertes. Una de las características por las que identificamos al detective Frank Cannon es por su automóvil. De igual modo, que Colombo iba con el cochambroso Peugeot y ese aspecto de no haberse lavado en una semana.
Cannon es un esteta del buen gusto y exquisitas formas. Siempre lo recordaremos, cuando se bajaba de su flamante, plateado y reluciente Linconln Continental Mark III del 71. Igual que su adicción por los buenos habanos, el tabaco de pipa o las fondues. En la tercera temporada, la pipa tan Conandoyleana terminó por desparecer. Una de las curiosidades, que hacía las delicias del personal, más adelante lo veríamos en Miami Vice en el super Ferrari Daytona de Don Johnson, es el teléfono móvil de nuestro inquieto detective. Auténtica rara avis, a principios de los 70, FC nos estaba haciendo un guiño de lo que vendría en muy poco tiempo. Cannon comenzaba la llamada pidiéndole a la operadora que le localizara un número y rápidamente tenía conexión directa desde su Cadillac. Aquel teléfono era un modelo Motorola IMTS. Incluso, no sería aventurado pensar en una campaña de telefonía móvil pensando en este personaje digitalizado. En fin, la cosa no será por ideas. Alguna que otra vez, Canon terminaba herido por un tiroteo o alguna pelea con el malhechor de turno. También podían dejarlo inconsciente en el trabajo por motivos espurios.




Sin embargo, mantenía a buen recaudo a los sospechosos con golpes de karate, llaves de Judo, o sus auténticos golpes de tripa (Estos muy conocidos y heredados por el personaje Homer Simpson). Suena chocante, pero tan real como un euro alemán. El panzazo era infalible contra los malvados. No podemos pasar por alto el hecho del modus operandi del detective Cannon a la hora del cobro de honorarios. Su negocio se financiaba, esencialmente, por las fuertes minutas que cobraba a sus clientes más acomodados y con ese dinero podía llevar casos complejos de personas sin recursos. Reiteramos, un personaje en toda regla. La serie fue nominada al Emmy en dos ocasiones, dentro de la categoría de drama y William Conrad una vez. Así, como sus dos nominaciones al Globo de oro como mejor actor. No pudo ser, pues en aquellos 70 el overbooking de detectives era la tónica generalizada. ¿De verdad van a volver a esperar otros 43 años para ver las andanzas de Cannon?
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Peaky Blinders (Serie de TV)
Peaky Blinders (Serie de TV) (2013)
  • 8,2
    21.907
  • Reino Unido Steven Knight (Creator), Colm McCarthy, ...
  • Cillian Murphy, Sam Neill, Paul Anderson, Helen McCrory, ...
8
Peaky Blinders (2013) “Blessed BBC”
Finalizado el visionado del último episodio de Peaky Blinders, uno no puede que pensar en la suerte que tienen los británicos con su maravillosa BBC. Harto de escuchar a políticos de tres al cuarto, mientras se llenan el bolsillo con los dineros públicos que pagamos los sufridos ciudadanos y su perpetua milonga del futuro de TVE. ¿Cuántas veces habré escuchado el redundante mensaje petado de humo vacío? —“Nuestra meta es fijarnos en el modelo público británico de su televisión: la BBC.” Pues, lo siento muchos Sres. Pero va a ser que no. Si el Reino Unido se caracteriza por su altanería y la hipocresía a la hora de tomar el té. La BBC es suya y no hay otra, con tan particular idiosincrasia en el mundo entero. A la vieja Hispania se nos conoce —de sobra— por nuestro carácter envidioso y esa incansable voracidad de “trincasubvenciones”. No sabemos hacer televisión. A pesar de que algunos se empeñen en vendernos “Cuéntame” como “Aquellos maravillosos años” e “Isabel” como los Tudor Vs Austrias. Si me permiten el exabrupto,… Creo que empieza por “M” y no digo más por decoro británico. Evidentemente, La BBC vuelve otra vez a ser el canal que nos enamora, crea, innova y para mayor inri; entretiene a la ciudadanía con una ficción que es una mina de Coltán. Mantiene el espíritu vivo de lo que fue uno de sus viejos estatutos: la formación de profesionales del audiovisual. Y qué plantel de profesionales: guionistas, directores y futuros productores ejecutivos, que se mueven como peces en el agua. Desde las Islas a la utópica USA, no paran de trabajar. Bien sea adaptando sus propias creaciones Made in UK a la ficción USA o viceversa. Lo dicho, bendita BBC y todos sus canales multiplex. Luego, una vez dejada y expuesta mi pataleta de turno, hemos de ir al análisis de una de las series que más devotos ha encontrado a lo largo del viejo continente y allende del nuevo. Esta vez de la mano de BBC2 aterriza un producto apasionante. Partiendo de las viejas leyendas urbanas del vetusto Cheshire Quarry Bank en la década de 1830, saltando unas cuantas lunas en el calendario hasta llegar a 1919, asistimos a una mezcla fascinante de epopeyas familiares y gansteriles. Un drama criminal, en torno a una pandilla —cuasi idéntica, a las de Asbury— muy Gangs of NY versus England; los Peaky Blinders. Personajes tal como hemos precisado de corte histórico, que surgieron a finales del S. XIX. Tipos que marcaban su territorio y las condiciones de supervivencia, que imponía el clan, rasurando en la reyerta al personal con sus hojas de afeitar, que cosían en los bordes de sus gorras de paño. Un producto muy imaginativo que ha escrito, producido y dirigido Steven Knight a un público moderno y en general, cualquier amante de la buena ficción. Uno de los mejores creadores de su generación.
Un tipo que se maceró en programas de entretenimiento y similares, que ha acabado realizando guiones de películas tan excelsas como “Negocios Ocultos” (2002) o “Promesas Del Este” (2007). Es más, este último año, ha dirigido otro de los films más notables que hemos podido ver por nuestras pantallas Locke (2013), siendo un éxito de crítica con una discreta taquilla, donde su actor fetiche Tom Hardy interpreta un papel memorable. Steven Knight es ya un valor seguro, reclamado a ambos lados del Atlántico. En Peaky Blinders nos adentra en el Birmingham de principios del 20. Partiendo de una trama con fuerte componenda histórica (como hemos citado anteriormente) de una banda de ladronzuelos que con el tiempo irán convirtiéndose en auténticos gangsters de finales del Siglo XIX, en las zonas industriales del Noroeste de aquella alquitranada GB. El hilo conductor de los Peaky Blinders parte de un protagonista absoluto, Thomas Shelby, interpretado por el excelente actor irlandés (Cillian Murphy), primoroso donde los hayan. Llevando las riendas de la mayor organización criminal de la ciudad y alrededores de Birmingham. Su gran negocio son las apuestas clandestinas de las carreras de caballos (posteriormente, con el paso de los capítulos serán legales). Así como el trapicheo de alcohol, comida, armas o lo que se tercie. Su forma de tomar las decisiones tiene una gran dosis de compromiso tribal. Pues se reúnen, torno a la mesa del local de apuestas y votan todas las disposiciones que tome el clan (familia al completo). En la primera temporada descubriremos las relaciones puramente comerciales y puntuales de esta banda con el negocio de las carreras de caballos y un affaire con el IRA.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Feud: Bette and Joan (Serie de TV)
Feud: Bette and Joan (Serie de TV) (2017)
  • 7,8
    3.078
  • Estados Unidos Ryan Murphy (Creator), Ryan Murphy, ...
  • Jessica Lange, Susan Sarandon, Alfred Molina, Judy Davis, ...
8
Feud (2017) "Hollywood Decrépito"
Podríamos estar hablando horas y más horas, en torno, a las biografías de las icónicas actrices del siglo XX. Afortunadamente, de las muchas que han existido, tenemos la suerte —en esta ocasión—, de contar con la presencia histórica de dos divas del Hollywood dorado: Joan Crawford y Bette Davis. De repente, nos encontramos con el chico de oro de la ficción norteamericana, Ryan Murphy. Nuevamente, en su productora que lo ha hecho mundialmente reconocido, FXNetworks. ¿Qué puede decirse de este creador, que no se haya dicho, en toda la webesfera? Poco más, que no sepa este mundillo, sobre l´enfant terrible de Indianápolis; exagerado, excesivo, socarrón, macabro y retorcidamente cínico. Empero, con mucho, talento. Lo dije, aquel día que filmó, una de las mejores joyas de la TV, “Nip/Tuck” (2003). Evidentemente, sabe a lo que juega y lo que pretende: entretener en la pantalla pequeña con presupuestos de cine. Feud (2017), tal como suena, es una legendaria historia sobre una enemistad, cuasi, divina y de proporciones cercanas al cainismo más bíblico. Aunque esto, tiene un toque más cool. Estamos en Hollywood, no lo olviden. Un producto suculento, donde se atisba, una propensión exuberante de la exaltación del deseo y la neurosis. Una pelea constante, donde la revancha: es la aniquilación de tu alter ego. Regocijo y horror en el estudio. Mientras, la insolencia de Murphy, navega en la gran broma, de la subyugación de los corazones yankees, donde gravitan ellas: dos divas de finales del S.XX. Jessica Lange (Joan Crawford) y Susan Sarandon (Bette Davis). Sin embargo, ello no es óbice, para comprobar las magníficas interpretaciones, una vez más, en esta nueva serie de Murphy. Dejándose la piel como contendientes perennes, en pleno apogeo, de la decrepitud personal de ambos íconos, de un Hollywood irrepetible. Un lugar con el mayor número de divinitys por m2, que jamás un milenial hubiera imaginado. Una visión más introspectiva de la flaqueza del ser humano; cuando la edad se convierte en tu peor enemigo. Feud arranca en 1978, con el pretexto de la filmación de un documental acerca de la enemistad entre las míticas actrices —un mecanismo narrativo que subraya el concepto de Murphy, en todo show—, en pleno despliegue mediático por la reavivación de sus carreras. Olivia de Havilland (Catherine Zeta-Jones) magnífica interpretación de reparto y Joan Blondell (Kathy Bates), como nos tiene acostumbrados, a lo largo de sus apariciones de la franquicia AHS. De repente, se escucha, una frase genial de OdH, “Las peleas no sustentan en el odio, si no en algo más hondo, el dolor”. Saliendo el plano de su cara, en un prolongado flashback, que alterna con la década de 1960; Joan y Bette están enfrentadas estratégicamente, por dispersos y personalísimos intereses con la Warner Bros, y la falsa apariencia de una deuda moral con Jack Warner —nada más lejos de la verdad— concretamente, en el dinosaurio JW, protagonizado por (Stanley Tucci). Portentosa lección del oficio teatral de un actor impagable. Además, de ser uno de los últimos patriarcas del desvergonzado y viejo Hollywood, que ve su estudio como una especie de establo o burdel, animando la obsesión de cada estrella contra la otra, disfrutando como un niño, en medio de la disputa por los papeles selectos. Así como, su aprobación tácita. Crawford y Davis, llegan a dar, —tal semejante escala— de subordinación laboral y vital, de esta sociedad dónde esos otros, que no vemos, pero, ven en ellas: un modo de nutrición de complejos personales. Decálogo sutil de un maniquiesmo letal. Plasmados en la inferioridad suplementaria que requerirá —probablemente para siempre la asunción, de la culpa—, en particular, la hija de Bette, Barbara Sherry, interpretada por (Kiernan Shipka), algunos la recordarán como la hija mayor de Don Draper en la obra de arte, Mad Men. Volviendo al rodaje que sirve de nexo para narrar toda esta serie y el resto de personajes. No podemos pasar por alto, el director del film, un clásico del oficio, Robert Aldrich. El actor elegido para su recreación no ha sido otro que el británico Alfred Molina, que ha estado a un nivel altísimo. Aquí en el papel del cineasta, que rodó, una película de culto, una obra mayor con un presupuesto de serie B, que se convertiría en un éxito gigantesco y acabaría por conseguir una nueva nominación al Oscar de Bette Davis. Observaremos capítulo a capítulo como la presión del rodaje, el dirimir con los egos de ambas estrellas y de enlace con Jack Warner terminará con su matrimonio. Volviendo al rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? Aquellos días, de trabajo, en el estudio fueron una zona de guerra. Bette Davies es unos pocos años menor que Joan Crawford, lo que enerva la contienda por el orden de papeles, ubicaciones, quien tiene los mejores diálogos, los mejores detalles con el set de rodaje, si Pepsi o Coca/Cola.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Taboo (Serie de TV)
Taboo (Serie de TV) (2017)
  • 7,1
    7.858
  • Reino Unido Steven Knight (Creator), Kristoffer Nyholm, ...
  • Tom Hardy, Oona Chaplin, Leo Bill, David Hayman, ...
8
Taboo (2017) “karma Dickesiano”
Dicen los británicos que Charles Dickens ha sido el mejor representante de los valores del perfecto inglés. Posiblemente, ningún escritor haya dejado una estantería literaria, de semejante calado, sobre la injusticia social. La misma a la que fueron sometidos, aquellos más pobres y débiles de nuestra sociedad. Miles de niños, discapacitados, prostitutas y ancianos fueron el gran botín de los más poderosos. Una interminable conjura de aristócratas y comerciantes que marcó el devenir de un imperio subyugado a las intrigas palaciegas del cuerpo regio victoriano. Dickens, describió todos los rincones del viejo Londres y dejó patente la insalubridad de una ciudad, dura, enferma y pestilente. Una villa donde esos desheredados del bienestar comían restos de animales muertos: perros o caballos, que se agolpaban en el cauce del Támesis. El alma de Taboo, es el detritus de la rabia y la impotencia, de un estómago vacío. Así se presenta esta nueva serie de la prodigiosa BBC. Una creación, del siempre prolífico, Steven Knight y Chips Hardy (padre del actor, protagonista del show). Y el inagotable Ridley Scott. Tom Hardy se podría decir que mantiene una relación profesional con Steven Knight muy cercana. Puro feeling. En 2013 rodaron la brillante Locke (2013) y ahora mismo, está trabajando, en otra de las series estrella de la BBC, Peaky Blinders junto al norirlandés Cillian Murphy, el jefe de la pandilla de gangsters de Birmingham. Steven Knight nos propone una ambiciosa, barroca, oscura y cruda ficción. Un hombre, James Keziah Delany, que se la había dado por muerto, tras un largo viaje a África donde ha pasado, una década, conviviendo con diferentes nativos y gentes, en los lugares más remotos y peligrosos de allende. La primera secuencia del episodio piloto es apoteósico. Un rápido travelling aéreo, nos hace divisar un bergantín, de donde se ve navegar a un hombre, dentro de un pequeño bote. Su figura parece la guadaña de las almas: la muerte. El agua está repleta de una densa niebla. Al fondo se descubre entre claroscuros y grises tonos; la ciudad de Londres. Nuestro protagonista está subido a un espléndido caballo. Se acerca hasta un roble y se baja del equino. Al lado del gran árbol cava en la tierra un agujero y guarda una bolsa de cuero con diamantes. En el puerto y la zona del embarcadero la actividad comercial es excitante: animales y pescados pululan junto al lumpen. La cámara se fija en una de las pasarelas/puente del río y aparece un sequito fúnebre, encabezado por una carroza —que porta un ataúd— tirado por cuatro corceles. Personajes de diversa índole lo integran. Desde un enano ataviado con ropas caras —de un luto riguroso— hasta la joven mujer que se yergue en una hermosa grisácea yegua.

Finalmente, Tom Hardy, llega a la sala de la morgue, donde un cadáver completamente desnudo (su padre), se deja acariciar por la luz —que entra— por las claraboyas de la cúpula. Dos monedas en sus ojos lo exhiben ante Hardy, empapado en lluvia, que le pide perdón a su oído, mientras recoge los metales de sus cuencas y guarda en su bolsillo. Entra la cortinilla de presentación con motivos caleidoscópicos, donde el agua del océano y la infografía juegan con la introducción de los créditos. La fotografía es de Mark Patten, un mago de la luz, que dio el salto de la mano de Mr. Scott con The Martian (2015), realmente exquisita. Los tonos de la pintura de Courbet y Fildes se palpan en cada plano. Al igual que la dirección del episodio, obra del danés, Kristoffer Nyholm. Un cineasta con buen tino, deja su buen oficio, en las interesantes Forbrydelsen (2007) y The Enfield Haunting (2015). Por momentos, Tom Hardy, parece ser el nuevo Edmond Dantès de A. Dumas. Y es que Mr. Knight ha vuelto, a sus texturas favoritas, como viene haciéndolo con su exitosa Peaky Blinders. En Taboo, muestra su devota pasión por el paroxismo teatral y la cruda exuberancia de la escenografía. Eso sí, cambiando el Punk/Gothic/Rock de N. Cave y los White Stripes, por los violines y la electrónica de Max Richter. Una notas musicales que contienen el aliento. Taboo es un gran drama, con elementos históricos, que nos trasladan al Londres de 1815. De repente, nuestro fascinante protagonista, se exhibe en la ceremonia —del réquiem por su padre— como alma en vilo, envuelto en un halo de misterio. La mirada cansada y unas facciones que están marcadas por unas singulares cicatrices. Pasando por delante de los bancos —de la iglesia— donde están sentados su hermana Zilpha (Oona Chaplin) /Black Mirror, The Hour, Quantum of Solace/ y el codicioso esposo, de ésta, Thorne (Jefferson Hall)/Get on the bus, Emma y Powder/. Todo son miradas soslayadas y temerosas. Ellos saben que James Keziah va a reclamar su herencia. Después de la solemne ceremonia, comienza el ágape/pésame, donde el albacea de la familia Robert Thoyt (Nicholas Wooedeson) /Hannah Arendt, Skyfall, Rome/ le comunica, cuál y cómo, es la herencia de su querido padre: un pedazo de tierra envenenada y deseada por muchos miserables en la zona. James Keziah Delany comienza su periplo de visitas y ajustes de asuntos personales. Descubrimos a un gentleman con un abrigo de lo más cool, largo liso, y un sombrero de copa, que encarnan su parodia despectiva hacia la clase alta, dándose pompa y atrevimiento con una cicatriz que arrolla su ojo izquierdo, en forma de estilete.Andares sobrados y un pulido bastón que anhelan al pendenciero Dorian Grey de Penny Dreadful. Eso sí, en cuanto cambia el gesto produce en su contrincante; mucho miedo. No obstante, la venganza y la sangre parecen olerse en la pantalla. Uno de los affaires más importantes, es el asunto, de su testamento. Pero lo primero es volver a casa de su padre. Allí se encontrará con su fiel y viejo criado, de toda la vida, Brace (David Hayman) /Sid&Nancy, My name is Joe, Macbeth/. Un hombre de su padre, uno de los suyos.
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23 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Affair (Serie de TV)
The Affair (Serie de TV) (2014)
  • 7,1
    5.910
  • Estados Unidos Hagai Levi (Creator), Jeffrey Reiner, ...
  • Dominic West, Ruth Wilson, Maura Tierney, Joshua Jackson, ...
8
“The Affair” (2014) Family, Sex & lies
La memoria es tan incierta como maleable. El pasado es un estuario de desechos que acoplamos entre sueños, sentimientos, momentos y sensaciones. Una experiencia compartida no se reduce a una verdad comprometida. The Affair, es un retrato elegante, pulcramente diseñado por Hagai Levi —alma mater— de la fascinante In Treatment (2008) HBO, y la guionista Sara Treem de House of Cards (2013); el adictivo bombón de Netflix y David Fincher. El canal Showtime aborda un drama sobre los páramos de la infidelidad y los daños colaterales que produce entre los humanos. En esta ocasión, son dos de los protagonistas del show: Alison (Ruth Wilson) Luther y Noah Solloway (Dominic West) The Wire. Producción de 10 episodios con derecho a una segunda entrega, dependiendo del share y si éste responde; habrá segunda sesión. The Affair ha pasado la prueba del algodón este otoño se estrena su segunda temporada; una magnífica noticia. Bien, en The Affair nos encontramos con varios puntos de vista donde posicionar al espectador. Desde una sala de interrogatorios de la policía, vamos escuchando la versión de los acontecimientos de toda esta historia —por separado—, a través del recurrido efecto del flashback que nos retrotrae a los momentos más anhelados del ciudadano Noah Solloway y la ciudadana Alison Lockhart. Observamos y escuchamos las preguntas de los investigadores, así como las respuestas de los implicados en toda esta historia, a través de una lente narrativa en paralelo. Recuerdan momentos y circunstancias del pasado, eso sí, con gran dispersión y embadurnadas de ausencias inconscientes o ex profeso.


Obviamente, eso lo tendremos que ir descubriendo a medida que la serie transcurra. Una enésima revisión del efecto Rashomon; la exploración de los acontecimientos desde distintas perspectivas y puntos de inflexión va cambiado nuestra comprensión del encuentro inicial. Atisbar o localizar un sentido a lo desconocido, o quizás lo inescrutable que impregna tan a fondo toda esta relación. El hecho del inminente romance se convierte en el auténtico punto de apoyo, a lo largo de todo el capítulo piloto. Historias rotas, como los recuerdos que se comparten y no florecen. Al igual que un espejo roto y sus interpretaciones desde la lectura más freudiana a la más enigmática. El espectador tiene la potestad de resolver el montón de mentiras que discurren entre los diferentes ángulos de introspección. Alrededor de lo que es infidelidad y lo que significa el engaño. En su primer episodio piloto una hora de duración, cualquier espectador partiendo de un sesgo estadístico se inclinaría por la versión de la fémina, Alison Lockhart sobre lo acontecido: El daño colateral y personal. Ya que el personaje masculino, Noah comienza su andadura, en una soleada mañana neoyorkina por Manhattan. Mr. Solloway es un profesor de escuela secundaria pública y quiere escribir novelas. Mejor dicho, acaba de estrenar su primer trabajo con una editorial low cost. Se siente con muchas ganas pero el camino es muy largo. Su esposa, Helen (Maura Tierney la sempiterna enfermera y posterior Dra. Abby Lockhart en ER) tienen cuatro hijos, los cuales, se preparan para pasar el verano en la mansión de Long Island de sus padres. Ya que el suegro, Bruce Butler (John Doman/aquel cabronazo comandante supervisor del departamento de policía en Baltimore Mr.Rawls), es un consagrado escritor al servicio de la todopoderosa industria de Hollywood. Sus apariciones son una proyección de los diálogos en la mítica serie de culto de HBO.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
American Crime (Serie de TV)
American Crime (Serie de TV) (2015)
  • 6,9
    1.649
  • Estados Unidos John Ridley (Creator), John Ridley, ...
  • Felicity Huffman, Timothy Hutton, Regina King, Lili Taylor, ...
8
American Crime (2015)
Dicen las mentes más ilustradas, esencialmente, aquellas más introducidas en la crítica literaria, que las historias de detectives tienden a caer en el papel del drama moral. Fetén. Pues, yo me hago las siguientes preguntas: ¿qué es la novela negra en el fondo? ¿Por qué toda la cultura del policíaco sigue atrapando a tanta gente? No les pica la nariz… Claro que sí. Es lo más parecido a la realidad diaria. A ver, voy a ponérselo sencillo y práctico: busquen cualquier portada de periódico, la de hoy, ayer o hace un año y mírenlas bien. Leen los mismo que yo: Accidentes aéreos con psicópatas al mando de la nave, asesinatos de menores sin resolver, corrupción política y económica en altos organismos, grandes robos de obras de arte, casos de espionaje por revelación de documentos periodísticos, negligencias médicas y un largo etcétera. En el país de la ficción televisiva por antonomasia, EE.UU, la veterana cadena ABC,—aquella que hace once años—, rompió las audiencias con el drama de Sci-fi espiritual, “Lost” (2004). De nuevo, ha vuelto con una propuesta muy interesante, junto al guionista/realizador John Ridley —ganador en el apartado de guion adaptado de la magnífica “12 años de esclavitud”— y no hace mucho, su primer largometraje; un irregular e interesante biopic del mítico músico Jimi Hendrix. Nos propone un drama criminal que explora la complejidad y la omnipresencia del asesinato, en una sociedad violenta como la norteamericana, desde múltiples puntos de vista. Todo ello aderezado de un sustancioso y bien compactado plus de tensión racial, donde las desigualdades socioeconómicas afloran con fuerza, tras la aparición de un brutal crimen en una pequeña comunidad (Modesto) perteneciente al distrito de los Ángeles. American Crime insiste en la candencia de otros grandes films que han tratado el tema desde la magistral; “En el calor de la noche” (1967) de Norman Jewinson o la premiada “Crash”(2005) de Paul Haggis, más cercanas al modelo americano y el caso de “Babel”(2006) de A.G. Iñárratu, desde una perspectiva más globalizadora de los perpetuos temas que acompañan y seguirán acompañando a la sociedad humana. Así como una visible influencia de dos series de culto: The Wire (2002) o Boss (2011) —concretamente en la concepción visual y estética—, con unos primeros planos y encuadres abrumadores, que nos recuerdan muchísimo a la propuesta de Gus Van Saint. Algo que nos deja confundidos, en cuanto a la elección de un canal convencional es todo ese ambiente a cine independiente Made in Usa bien cosido y planteado. Si American Crime estuviera en la parrilla de Showtime o HBO, nadie se lo cuestionaría; pues, el producto desprende mucha calidad. Exquisita fotografía, buen montaje y muy buena dirección de actores. En American Crime, J. Ridley, ahonda en esa América multicultural donde cada una de las partes del conflicto se ha descrito sin adornos. Es una señal, que nos alerta, de un gravísimo problema de rabiosa actualidad y sigue ahí: el embarazo que todo el mundo evita, en mil eufemismos llamado racismo, que sigue tratando de encontrar una dimensión social, entre lo políticamente correcto y la visión más justa de los EE.UU, los cuales, aspiran a ser la máxima expresión de convivencia de todas las partes que intervienen en el eterno conflicto. Sin embargo, la quimera cae en su propia trampa, cuando descubrimos, a través de las magníficas interpretaciones de los aludidos; el ego de sus particulares creencias y prejuicios que terminará por devorarlos.
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El hombre en el castillo (Serie de TV)
El hombre en el castillo (Serie de TV) (2015)
  • 6,9
    3.794
  • Estados Unidos Frank Spotnitz (Creator), Daniel Percival, ...
  • Luke Kleintank, Arnold Chun, Alexa Davalos, Bernhard Forcher, ...
8
The Man in the High Castle (2015)
La obra del maestro Philip K. Dick es apasionante, compleja y deudora directa de los mayores genios del género de la ciencia ficción: Wells, Asimov, Arthur C. Clark, Bradbury, Bioy Casares y Borges. Un tipo sagaz, irónico y sutil. Evidentemente, PKD, se consagró con un libro que le marcó el devenir del resto de su ingente obra: The Man in the High Castle, que en su momento, se alzó con el premio Hugo (elmayor galardón del a Sci-fi de los EE.UU). Bueno, pues, como diría el más pintao; cosas de la vida —que suelen ocurrir— para bien o para mal. La cuestión es que el interesantísimo libro de TMITH ha sido llevado a la gran pantalla. ¿Por qué no aprovechar esta fascinante obra para que el gigante de Seattle haya decidido llevar TMITHC al cable del streaming? Y lo más curioso, ha sido el público —que compra en Amazon— quien ha dado su visto bueno a esta magnífica propuesta televisiva. Bien, para aquellos más neófitos con el género o la obra de Philip K. Dick, se harán la siguiente pregunta: ¿De qué va esta historia? Nos encontramos en un mundo muy diferente al que conocemos, actualmente. Estamos en 1962 y la Alemania Nazi de Hitler ha ganado la guerra con el reino de Japón. En 1947, se toma la decisión de dividir los Estados Unidos de América. New York tiene un gobierno alemán y San Francisco otro japonés. Únicamente los estados paralelos a las Montañas Rocosas forman una zona neutral, entre las dos superpotencias reinantes, en el planeta tierra. Los Nazis ya estaban en la luna y Marte. Toda la tecnología es mucho más avanzada de lo que era, en la realidad alternativa, de aquel momento. Un joven llamado Luke Kleintank se ofrece a la resistencia en una fábrica metalúrgica —cuyo gerente— es uno de los cabecillas del movimiento opositor a los opresores nazis. Aquí comienza una historia fascinante de 60 minutos, donde Luke Kleintank (Joe Blake, CSI. Miami, Bones y Person of Interest) conducirá un camión repleto de máquinas de café hacia la zona neutral. Ahora, habría que decir aquella frase de culto del sarcástico PKD, ¿Saben cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan. Amazon ha metido un gol por escuadra —de esos, que últimamente no se brinda, a bordar— el portugués cebado de botas de oro. Cuando todo este asunto pendía de un hilo —ya que toda negociación es dinero y el dinero es política, así como ésta; es dialéctica— ya que todo se daba por hecho con la BBC que la convertiría en una miniserie. Nuevamente otro ¿Por qué? Muy fácil; porque el nombre de Sir Ridley Scott y su productora Scott Free es dueña de cientos de libros memorables, y, muchos de ellos innumerables bestsellers.En un principio, el balón lo tenía SyFy, con Frank Spotnitz (uno de los grandes escritores de guiones de Sci-fi, ya lo demostró en expediente-X) con la condición de que el productor fuera Sir Ridley. Al final, los dineros ordenan y la todopoderosa Amazon está haciendo las cosas muy bien. Transparent, Bosch, Hand of Good, Mozart in The Jungle y esperando a Woody Allen. La cuestión que tenemos una primera temporada de 10 episodios. Empero ataron los últimos cabos y se rodó el episodio piloto. La dirección artística es original, muy auténtica, claro está que, habrá quien pueda discrepar y la verá un tanto extraña. Pues, la magia del libro pesa mucho sobre el cuerpo audiovisual. Al igual que Blade Runner, Total Recall o Paycheck, y otras pelis inspiradas en relatos o historias, del genio de Illinois acaban por tener una factura maravillosa. El alma de Dick está en la historia y las imágenes. Observamos un mundo totalitario hecho pedazos. La atmosfera es asfixiante y opresiva. Algunos de los protagonista/antagonistas del libro original han sido eliminados y modificados ad libitum. La protagonista/heroína de la historia es Juliana Crain (Alexa Davalos, Furia de titanes, Mob City o las crónicas de Riddick), una joven que estudia Aikido en San Francisco. Su hermana queda una noche con ella y le enseña un misterioso carrete de película. Inmediatamente, su hermana es ejecutada por los soldados japoneses que le iban persiguiendo. Evidentemente, la hermana de Juliana estaba involucrada en la resistencia y el carrete contiene una película —que tiene unas imágenes— importantísimas para ellos. Decidida en tomar parte por la causa y que el sacrificio de su hermana no sea en balde. Juliana Crain le dice a su novio Frank Frink (Rupert Evans, Ágora, The Village y Hellboy) que le ha pasado y lo que tiene entre manos. Se dirigirá a la Zona Neutral de Colorado para entregar el misterioso paquete. Una gran cantidad del libro de Dick, curiosamente, se trata de la antigua empresa subterránea que falsifica piezas Made in USA 100% (desde pistolas de la Guerra civil a relojes de Mickey Mouse) a fin de venderlos a coleccionistas japoneses hambrientos de la cultura tradicional norteamericana. Uno de los personajes —que está fantástico— es el del malvado Obergruppenführer, John Smith (Rufus Seyer, un general de la SS) que se dedica a espiar y hostigar a la resistencia americana.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Knick (Serie de TV)
The Knick (Serie de TV) (2014)
  • 7,7
    9.104
  • Estados Unidos Jack Amiel (Creator), Michael Begler (Creator), ...
  • Clive Owen, André Holland, Eve Hewson, Juliet Rylance, ...
9
The Knick (2014) “higienización”
H.G. Wells dijo en una ocasión que “La historia humana es en esencia una historia de ideas.” Y es que, obviamente, no ha habido un periodo para la humanidad desde el último cuarto del siglo XIX y el primero del XX, donde la condensación de inventos, ingenios y avances técnicos dejase a uno —asombrado— de la trascendencia de otrora, visionarios, que ya apuntaban a nuestro actual siglo XXI. Este primer cuarto, al que hemos bautizado, como el periodo de la tecnología y la comunicación digital. No es más que el siguiente salto, en la validación de todos aquellos prehistóricos proyectos. En el fondo, somos una pequeña —esencia deudora—de aquellos bisabuelos con anteojos metálicos, barbas y bigotes puntiagudos. El cineasta Steven Soderbergh junto a la productora del canal Cinemax (sucursal de la HBO y gran apuesta en Latinoamérica del grupo Time Warner) junto a tres jóvenes guionistas, en calidad de productores ejecutivos; Jack Amiel, Michael Begler y Steven Kantz han creado una de las series más originales, vibrantes y hermosas, en un tiempo donde el talento de Alva Edison iluminaba la babel de los prodigios: New York. Una historia, en torno a un brillante cirujano muy lejano de toda aparatología Made in CSI y diagnósticos vía Iphone.Eso sí, no renegando de sus manos, —bien limpias— con un primitivo fórceps en la izquierda y escarpelo a la diestra. Dueño absoluto del show, nuestro imperioso protagonista es un médico cirujano, perseverante adicto al trabajo y otros placeres inquietantes: el Dr. Thackery. Interpretado con gran solvencia por el actor británico Clive Owen. Asistimos a su ceremonia de cirugías, desde la platea del claustro universitario, donde alumnos y doctores eméritos asisten a las ingeniosas intervenciones. Todos los procesos están recubiertos de un halo realista no apto para estómagos flojos. Bajo una dirección artística milimetrada, donde destaca esa luz oscura, que nos recuerda a un caótico New York de principios de siglo. Desprendiendo un hálito a las crónicas de Herbert Asbury por todos sus rincones. Así como el perverso aroma al viejo western en Deadwood. Tras una secuencia de diez minutos magistrales de Mr. Soderbergh, donde la cámara empieza la acción tras un John Thackery, que se despierta al lado de una mujer oriental completamente desnuda en la cama de un patético fumadero de opio de ChinaTown, de la vieja calle Mott.Sale a toda pastilla del antro, en un taxi-carruaje y se dirige al hospital Knickerbocker (no desvelamos lo que hace, nuestro querido doctor dentro del coche). La cámara se detiene en el friso del edificio hasta acabar en un plano detalle del delantal de faena y ponerse al lado de su mentor; el jefe de cirugía Dr. Jules Christiansen (Matt Frewer). La cirugía que llevan a cabo, es diga de atención por parte de todo aquel que tenga interés en este campo de la ciencia —reiteramos, nuevamente, la excepción de pálpitos aprensivos por la sangre humana— desgraciadamente, la operación es un fracaso y el Dr. Christiansen acaba suicidándome. Su muerte deja a Thackery muy afectado y tras el funeral el reciente consejo de administración— unos nuevos ricos— con aires filantrópicos, los cuales, quieren un nuevo organigrama y una renovación del utillaje y las estructuras arquitectónicas del viejo hospital.Ante el descontento de Thackery y su equipo de allegados. Cornelia vuelve a insistir en Algernon como revulsivo y su prestigio para hacer del Knickerbocker el hospital más puntero de la ciudad de NY. Obviamente, para la época no deja ser sorprendente y algo difícil de encajar esta situación. Sin embargo, no es tan arriesgado, pues, tanto un personaje como el otro se basan en dos viejas leyendas de la medicina de por aquel entonces. Se podría decir que el fallecido Dr. Christiansen y su legado pasaría a directamente John Thackery estarían inspirados en una de la eminencias de la cirugía norteamericana y mundial de aquella época; el Dr. William Stewart Halsted. Un personaje que convivió con auténticas primeras espadas de la comunidad científica de finales del XIX. En el caso del intrigante Dr. Edward, podría estar basado en un cirujano de Chicago—auténtica rara avis—que asombró al resto de especialistas de su época por sus habilidades para la práctica de la medicina de élite; Dr. Daniel Hale Williams. Lo dicho, se agradece el laborioso trabajo de documentación dosis de realismo en The Knick.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hap and Leonard (Serie de TV)
Hap and Leonard (Serie de TV) (2016)
  • 6,3
    436
  • Estados Unidos Jim Mickle, Nick Gomez
  • James Purefoy, Michael Kenneth Williams, Christina Hendricks, Bill Sage, ...
8
Hap&Leonard (2016) “Pure enjoyment”
No es la primera vez que advertimos sobre un panorama, algo saturado, en esto de la ficción televisiva. Pero no se alarmen y veámoslo como un pequeño toque de atención. Sé que muchos de Uds. se hacen la misma elucubración ¿Está agotándose la ficción Made in USA?—les contesto: No. Si volviéramos a otras viejas críticas, no sería extraño comprobar que el arranque del artículo es el mismo; pero es que han pasado demasiados años y la parroquia—en estos tiempos de vigilia postrera—no es la misma. Los espectadores cambian como los semáforos de las ciudades y uno, por alusiones—servidor—, anda algo mayor. Una generación que creció con SWAT, Cannon, Mike Hammer o Canción triste de Hill Street y el adictivo Falcon Crest, hasta aterrizar en la amadísima y mater familias de la nueva edad de oro de la TV; la mítica Twin Peaks y los pelotazos de HBO, The Sopranos, The Wire o A Six Feet Under. Luego, el caudal de búsqueda de nuevos paramos fértiles, vía streaming y la irrupción de nuevas productoras, sigue en la senda de la explotación, para un mercado aparentemente inaudito y plausible. Un negocio donde el ingenio cuanto más sutil; mejor ejercicio. Bueno, y ¿dónde quiero ir a parar con toda esta valoración de los nuevos parámetros televisivos? Muy fácil, a un lugar donde los campos abonen semillas fructíferas y verdaderas. Por ejemplo, hará unos cinco años —aproximadamente— el canal del guaperas actor de los 70 y nuevo mecenas del buen talento; Robert Redford. Desde su factoría/laboratorio del mejor cine independiente norteamericano y la nueva productora de ficción televisiva Sundance TV está haciendo proyectos realmente adictivos. Algo que comenzó con aquella miniserie australiana dirigida por la no menos prestigiosa, Jane Campion en Top Lake un drama que escondía un thriller de abusos y pequeños ajustes de cuentas políticos, en un lugar recóndito, muy bien hecho. Después nos llegó la magnífica Rectify (a la espera de la 5 temporada, ya estuvimos hablando de ella) con un aura emocional y vibrante denuncia sobre la pena de muerte: exquisita. Manteniendo algunos de esos réditos y formas plásticas de la concepción audiovisual nos encontramos con el film Cold in July (2014). Obra que se ganó el favor de la crítica y fue dirigido por el mismo creador de nuestra nueva serie a comentar; Jim Mickle. Al lado de su inseparable guionista Nick Damici, siguen con la labor de continuar adaptando las novelas del genial escritor Neonoir gótico y slatterpunk; Joe R. Lansdale.Y ahí es donde Sundance TV nos trae Hap and Leonard. Una historia de un par de personajes muy en la línea de los protagonistas de la mencionada CIJ. Partiendo de la colección de novelas del mismo nombre H&L de este singular y divertido escritor: JRL. Los creadores del show Mickle y Damici nos adaptan a estos antihéroes de la Texas de finales de los 80/principios de los 90. Una extraña pareja: Hap Collins, blanco anglosajón, objetor de conciencia al servicio militar, que termina preso (James Purefoy Roma 1997) y Leonard Pine (Michael Kenneth Williams The Wire 2002), veterano afroamericano miembro del cuerpo de marines en Vietnam y abiertamente homosexual. Hay que reconocer que mucha gente no hubiera dado un duro por este dúo de actores. Pero la verdad es que nos encontramos con una pareja muy bien avenida de fina química. Sus vidas están condicionadas por los empleos de poca monta para salir del paso —dando tumbos— por la profunda Texas de finales de los 80 Reeganniana y a un paso de la nueva era de Bush padre. De repente, aparece una hermosa y fantástica, Trudy (Christina Hendricks Mad Men), la ex esposa de Hap con un asunto muy atractivo y con su toque puramente del viejo cine negro. Propuesta de mujer fatal…, cariño sé de un lugar donde hay un potosí. Claro que para llegar a ese Dorado hay que bucear muy hondo, en un río cerca de los cayos, donde los caimanes pasean hambrientos y las aguas son turbiamente profundas: hay que abrir el maletero de un viejo coche, donde reposan los codiciados dólares. Hap&Leonard es un espectáculo muy bien hecho con ecos al disparatado y brillante Hardboiled Banshee de Cinemax, que empuja al género con un ritmos muy sui generis, propios del sello Sundance. La aventura se acompaña de Howard (Bill Sage) —el nuevo esposo de Trudy— en el papel del hippie obsesionado, con salvemos el dinero en paraísos fiscales. Chub (Jeff Pope) un tipo gordo y grandullón heredero de la tipología más Made in Fargo de la factoría Coen Brothers y el ex activista y mercenario revolucionario de rostro desfigurado; Paco (Neil Sandilands) más cercano a un film del difunto Craven. Reunidos en una vieja hacienda semi-abandonada planean la estrategia de recuperación del dinero. No obstante, a todo el variopinto grupo de cazadores de tesoros —que piensan que el dinero se ha quedado atascado en el fango— pero reposa en el maletero de un viejo Ford en lo más hondo del río.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hombre rico, hombre pobre (Miniserie de TV)
Hombre rico, hombre pobre (Miniserie de TV) (1976)
  • 6,7
    1.965
  • Estados Unidos David Greene, Boris Sagal
  • Peter Strauss, Nick Nolte, Susan Blakely, Ed Asner, ...
8
Rich man, Poor man (1976)
Si les soy sincero, me gusta mucho, por no decir muchísimo la ficción de antaño tanto o casi más, que la actual. Y una de mis razones, esenciales, es descubrir que ahora—muchas de aquellas series y miniseries—el paso del tiempo les ha dado el grado óptimo de un buen vino. A día de hoy se pueden encontrar un buen puñado de ellas que siguen siendo fantásticas. Además, unas cuantas ya han sido comentadas por estos lares. ¿Qué es lo que nos lleva a apostillar esta aseveración? Su gran factura en todos los apartados y evidentemente, esa vis creativa cuasi visionaria en algunas propuestas. Es el caso de la miniserie que vamos a analizar hoy. Hubo un tiempo, donde la otrora TVE (única e impoluta, apenas tenía competencia y era su segundo canal) se implicó en una propuesta nocturna—alter prime time ochentero— donde se dejaron ver miniseries y series con un denominador común: la madurez. Cuando aludo a la madurez, lo digo en todos los sentidos. Pues, las temáticas que abarcaban es lo que la vida nos deparará más tarde o más temprano: familia, trabajo enfrentamientos, matrimonios, divorcios, celos, riqueza, pobreza, traición o lealtad. La vida y la muerte. El éxito y el fracaso, tan sólo unas décimas de diferencia. Es la época de unos seriales muy bien hechos, caso de Raíces, Eduardo y la Señora Simpson, Capitanes y Reyes, Vientos de Guerra, Shogun y otras muchas más que intentaremos traer a esta sección de la TV Vintage. En este sentido nos adentramos en una producción que tuvo una audiencia tremenda y generó una gran tómbola mediática —entre los corrillos de los mercados— así como en los almuerzos de trabajo de aquella divertida e ingenua época de la transición Made in Spain. Hombre rico, hombre pobre (1976) es la adaptación de novela del prestigioso escritor, Irvin Shaw de origen judío-ruso (autor del libro el baile de los malditos y víctima del Macartismo) que mantuvo un espaciado exilio en Europa. Periodo en donde su abundancia de títulos fue prolija. La novela tuvo un itinerario curioso, pues una buena parte de ella se publicó, a modo de pequeñas entregas, en la revista Playboy y terminó convertido en un gran best-seller, allá por 1969. Hasta que la cadena ABC— heredera del espíritu innovador— del gran E. Noble compró los derechos, y, en febrero de 1976 puso a trabajar al prestigioso guionista Dean Riesner (Dirty Harry/1971) y tres directores de un gran prestigio televisivo: David Greene, Bill Bixby y Boris Sagal La novela comprende un período de tiempo entre 1945 a 1965 y gira, en torno a dos hermanos de una familia inmigrante: los Jordache. La adaptación sigue los pasos de los vástagos de la familia Jordache — Rudy el apuesto ganador (Peter Strauss) y el perdedor Tom (Nick Nolte) —hasta mediados de los años 60. La ausencia en la miniserie del personaje de la hermana Gretchen Jordache— nunca sabremos muy bien porque se eliminó, pero Riesner era mucho Riesner y lo sustituyó por Julie Prescott (Susan Blakely), novia del instituto de Rudy. Hombre rico, hombre pobre pivotaba en un eje central: la disputa entre los hermanos Jordache. Ejecutando el vetusto, aunque no menos efectivo recurso del paralelismo bíblico; la historia de la historias por excelencia, el conflicto entre Caín y Abel. Hijos de un inmigrante alemán rudo y feroz, Axel Jordache (Edward Asner) y su esposa Mary (Dorothy McGuire), quienes dirigen una panadería en estado de Nueva York. Rudy y Tom inicialmente parecen bien avenidos en los primeros días del fin de la IIGM, pero poco a poco, irán tomando nuevos y distantes itinerarios. Rudy va al colegio y se hace notar, y muy pronto comienza a trabajar para el magnate de los grandes almacenes Duncan Calderwood (Ray Milland). Tom comienza una relación con un ama de casa irlandesa, Clothilde (Fionnula Flanagan), que nos recuerda un poco a ese personaje de la novela de James M. Cain—muy de refilón—pues, el jovenzuelo Tom se enamora de una forma más inocente. Clothilde es la esposa del dueño del taller donde Tom comienza a trabajar como mecánico aprendiz. El esposo se huele el percal y en menos de lo que dura un telediario, Tom se queda sin la compañía de Clothilde.En este tramo de la serie se observarán algunas secuencias memoriales, en un tono erótico, de alto voltaje para una audiencia más acostumbrada a un material mucho más políticamente correcto del dial; La mujer biónica, Los Walton o el hombre de seis millones de dólares y etc. Tom termina conociendo a Teresa Santoro (Talia Shire, que estaba muy cerca de convertirse en la Sra. Balboa) y decide marcharse a California para hacerse boxeador. Curiosa pareja, Shire ya era una de las grandes tras pasar por “El padrino” de Coppola y Nolte estaba a punto de dar el gran salto a Hollywood. El azar le llevará por un viaje, directo a las aguas más profundas del mundo del boxeo. Las cosas se complican por enésima vez y finalmente sale por piernas, enrolándose en un barco mercante. La aureola de Loser la deja caer con gran mimo el guionista Reisner. Paralelamente, vemos el ascenso Rudy dentro de ese hermoso envoltorio del americano protoKennedyano. Su rostro es la expresión de la decencia del trabajo y el éxito el secreto de la supuesta honorabilidad que huele a Washington. No menos interesante es el viraje de Julie; la novia de toda la vida de Rudy. De su trabajo como voluntaria ayudante de enfermería, en el hospital de veteranos y sus coqueteos con un soldado de color, hasta ese viaje —iniciático y rebelde— a un mundo desconocido y excitante: NY.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Channel Zero: Candle Cove (Miniserie de TV)
Channel Zero: Candle Cove (Miniserie de TV) (2016)
  • 5,8
    1.553
  • Estados Unidos Nick Antosca (Creator), Craig William Macneill
  • Paul Schneider, Fiona Shaw, Shaun Benson, Natalie Brown, ...
7
Channel Zero (2016) “Creepypasta horror”
Si somos honestos con la realidad de la ficción actual, diríamos, que el fenómeno zombi de Walking Dead ha arrasado y, de algún modo, ha abierto nuevos senderos —en la nueva ficción norteamericana— del nuevo siglo, por el género terror. Obviamente, uno de los creadores más prolíficos y culpables de este hype/revival por las crónicas sórdidas y las leyendas urbanas; es Ryan Murphy. Eso sí, con permiso del maestro Stephen King. RM es un tipo, de esos, a los que amas o detestas fervorosamente. Empero, la industria audiovisual le debe mucho —ese plus— no es otro; que mucho dinero y gloria. La popularidad, en la solidificación de la serie, por antonomasia y antología: American Horror Story. Archiconocida y famosísima ficción, donde toda una generación de teleadictos ha crecido junto a ella. A partir de su repaso a la historia más escabrosa y oscura de la violenta Norteamérica, por itinerarios, que han hecho mella en el aluvión de nuevas propuestas. Desde los revival 70/80,s con psychokiller fugado de un manicomio. Hasta el fenómeno poltergeist, pasando por las casas encantadas y los salvajes habitantes de esa profunda América con motosierra en ristre. Los ecos del nuevo terror bizarro Made in UK con Black Mirror en Netflix, el tennager de Scream, en la MTV, FOX y su Scream Queens. Nuevamente, Netflix con sus dos —novísimas— apuestas; Hemlock Grove/ Strange Things. La hermana pequeña de HBO, Cinemax, con Outcast, de la mano, del rey de los zombis: Robert Kirkman. Y por último, el terror policíaco, en HBO de Pizzolatto y su adictivo, True Detective. Evidentemente, la lista podría ser todo el artículo, pero no me quiero exceder, y terminaría el recorrido, tras la huellas de Noah Hawley con los remakes de Fargo, mitíco film de culto de los hermanos Coen. Desde el fragor de esta larga subasta —permítanme el deseo— he sucumbido al canal Syfy (caracterizado por su clara apuesta por la ciencia ficción y por producciones de perfil correcto-pasable) con el tráiler de Channel Zero. Obviamente, el interés que ha suscitado esta historieta de terror virtual, es embelesador. Syfy propone con CZ un buen homenaje al género de horror y el buen suspense de los 80. Su adaptación del conocido creepypasta sobre una serie infantil de televisión de los años 80. La pesadilla de Candle Cove parte de una idea de Kris Straub conocido por su web y actividad en la red social. El guionista Nick Antosca (forjado en Hannibal, Last Resort y The Forest). Hace un planteamiento —ad libitum— que no deja indiferente a nadie.


Y uno se pregunta: ¿qué demonios es Candle Cove? Pues, eso, una serie de televisión hecha con marionetas —que narraba las aventuras— de un joven pirata que viajaba en su barco junto a sus compañeros, una pandilla de compinches piratas de rasgos infantiles, pero con unos sentimientos muy retorcidos. Y es que, en los foros y rediles del corral social se afirma que varias personas aseguraban haberla visto en televisión en esa época. Un material que provocaba infinidad de pesadillas y terrores nocturnos al recordar algunas de las angustiosas imágenes emitidas durante la serie. Evidentemente, las inquietantes marionetas, son la constante fuente del escenario perturbador y grotesco del show. Pero es lo que hay, es decir, el concepto creepypasta es eso. Tan sencillas, como los chistes más castizos de tradición oral: historias creadas en la webesfera y compartidas por las redes sociales. Un terror que es horrorífico, desde el plano más ingenuo de la vida, en muchos casos con resultados dañinos. El capítulo piloto mostró visos muy prometedores y, finalmente, Syfy ha firmado dos temporadas de 6 episodios, por entrega. Cada una de ellas se centrará en una nueva historia de terror. El protagonista —absoluto— Mike Painter (Paul Schneider visto por Elisabethtown, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford o Café Society) es la cara que da vida, a la estrella de Channel Zero. Un actor de reparto —muy solvente— de mirada penetrante. Painter está obsesionado con un misterioso programa de televisión de los años 80, y, como influyó, en los acotamientos mortales, de un grupo de chavales que vivían en la localidad de Iron Hill (Ohio). Mike Painter ejerce como psicólogo infantil y se ve obligado a volver para investigar lo que realmente pasó en su ciudad; el cómo, cuándo, dónde y el porqué de esas desapariciones y muertes de su hermano gemelo Eddie y junto, a él, cuatro niños más del pueblo, aquel día, de 1988. Todo ello bajo la pretensión de escribir un libro.Comenzando a revisar documentación y lugares donde ocurrieron los acontecimientos in situ. El primer conocido con quien topa, es su viejo amigo, de aquella infancia, ahora sheriff de la localidad: Gary (Shaun Benson). Un tipo que, en el fondo, mostrará entusiasmo por el retorno de MP y con los días —cierto agobio— por la idea de sacar todo aquel traumático pasado. La madre de Mike, una de las mejores actrices de la serie, Marla (la irlandesa Fiona Shaw) veterana actriz de reparto de largo recorrido; El Árbol de la vida, Harry Potter o la Dalia Negra. En su reencuentro con Mike, deja muy claras sus intenciones, por no revolver el desgraciado pasado de la muerte del pequeño Eddie. Luego está la esposa de Gary, Jessica (Natalie Brown). La amiga de la infancia de Mike, Amy (Luisa D’Oliveira). Todos susceptibles de dejar, en el baúl del trastero, el tormentoso affaire. En el fondo, la herida sigue abierta, y de algún modo, la vuelta de MP no hace más que entorpecer el proceso de cicatrización.
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13 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
La caza (Serie de TV)
La caza (Serie de TV) (2013)
  • 7,3
    6.206
  • Reino Unido Allan Cubitt, Jakob Verbruggen
  • Gillian Anderson, Jamie Dornan, Archie Panjabi, Séainín Brennan, ...
9
The Fall 2013, "The Daddy Killer"
The Fall no es una novela policíaca adaptada para la TV siguiendo la estela del tirón policiaco escandinavo. No. Se trata de pura imaginería Made in UK. Una delicatesen de las últimas creaciones de ese canal cultural—conglomerado de ensoñación— extraordinario. El Northern Ireland Screen, es una factoría de actores, guionistas y directores o localizaciones para rodar. Tanto en el cine como la TV del UK, situado en Belfast capital. Y uno de sus mayores accionistas es la BBC. ¿Qué se lo pregunten al 80% de los actores de Game of Thrones 2011? Lo dicho, estamos ante un magnífico guion creado por el británico Allan Cubbit Sherlock 2010 y el belga Jakob Verbruggen (Code 37 y The bridge 2013). Proponiéndonos el enésimo producto de asesinos en serie. Mejor dicho, la historia de un asesino en serie muy sui generis. Todo haya que decirlo que se estrenó el año pasado y fue un gran despiste por mi parte, pero ya se sabe es imposible estar en todos los frentes. Y vaya por delante, que de mi selección de las mejores 10 series del 2013, una de ellas sería The Fall. Bien, hecha esta apreciación nos encontramos ante una narración meticulosa, sutil y grácil. Adentrándose en la mente oscura y retorcida de un psicópata que mata por placer mujeres de un perfil muy definido. Interpretado por una de las revelaciones de la caja catódica de los últimos años; Jamie Dornan Maria Antonieta (2006) de Sofia Coppola. También ha protagonizado una historia de vampiros con notas gore Beyond the Rave (2008) y la televisiva tennager Once Upon a Time (2011). Pero si les digo la verdad, es que esta joya va a ser el protagonista de la versión cinematográfica del afamado libro las 50 sombras de Grey. Seguro que la cosa comienza a tomar un tono más chocante. En el lado de enfrente, tenemos a la policía caza asesinos en serie: Stella Gibson, una detective de la Policía Metropolitana de Londres —papel que interpreta una exultante Gillian Anderson—afortunadamente, para nuestros paladares. No hay más que ver la rentrée televisiva con la que ha llegado: Hannibal (2013), dando vida a la Dra. Du Maurier, la psicóloga del Dr. Lecter, y próximos proyectos que irán apareciendo en breve.Mucho ha llovido desde aquella jovial Dana Scully en la serie de culto Expediente-X (1993) creada por Chris Carter, donde escribía guiones el hoy todopoderoso Vince Gilligan (Breaking Bad 2008) y su colega, Fox Mulder (David Duchovny). Ahora famoso en el siglo XXI por la serie Californication (2007). Bien, en este sentido, The Fall recuerda a otra serie de culto de la también mítica productora Granada TV, Prime Suspect (1991). Asimismo, al alumbramiento narrativo de los dramas escandinavos tan obsesivamente llevados a los canales de la nueva ficción Made in Usa; The Bridge (2013) y Forbrydelsen la danesa original, convertida en The Killing (2011) por AMC. Donde la protagonista, la oficial Gibson es el alter ego de la detective Jane Tennison (Helen Mirren). Por no decir, casi la inspiración consustancial de Gibson. Desde ese molde, los caracteres confluyen en los mismos temperamentos gélidos e inmutables. Empero, a diferencia de Mirren, Gillian Anderson no tiene que ocultar su feminidad ni ella tiene que actuar como un hombre con el fin de avanzar en sus objetivos. Stella Gibson es más bien un rompecabezas que hay que resolver en su propio derecho. Además de ser norteamericana a diferencia de Mirren, nadie diría que lo es, pues su encomiable trabajo de dicción del inglés británico es sobresaliente. El inconformismo y la asiduidad por lo mórbido en Gibson son compañeros perfectos para sus deseos, y ella no se disculpa o se siente culpable por el cumplimiento de esas necesidades. Y es Anderson, en este rol es donde se siente cómoda, ya que se presenta ante el público con todos los elementos básicos para iniciar el juego. Sin concesiones y férreamente ubicada; irradiando una aura feromonal de fuertes convicciones. El otro protagonista es Paul Spector, un joven padre de familia casado con una enfermera de una unidad de neonatos la actriz irlandesa (Bronagh Waugh) en el rol de Sally-Ann Spector con la que tiene dos hijos. Algo así, como una especie de trabajador social. No se define el grado de titulación, similar a lo que en España conocemos como labores de trabajadores sociales o psicólogos especialistas en el tratamiento de los duelos de las Unidades Oncológicas. Por las noches pone en marcha su enfermiza pasión de asesino en serie. Dentro de esa duplicidad existencial se enfrentará en un duelo sibilino y cruel contra Stella Gibson.Ésta, en el primer capítulo la vemos aterrizar en Belfast para realizar una revisión de 28 días, en torno a la investigación de estos asesinatos múltiples, los cuales, se están convirtiendo en una cuestión de estado. A lo largo de estos magníficos cinco episodios se plantea un tête a tête a dos bandas: el asesino en serie y la burocracia del Úlster. Rígido, mordaz, desangelado y oscuro por la atmósfera de una ciudad con atisbos del viejo conflicto político que todavía prevalecen en una sociedad dividida. No hay más que ver dos personajes masculinos; pura creme, los cuales, contienen suficientes aditivos para proponer una cuantas subtramas a las que enriquecer a toda la propuesta de la nueva alhaja de BBC2.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El prisionero (Serie de TV)
El prisionero (Serie de TV) (1967)
  • 7,3
    643
  • Reino Unido George Markstein (Creator), Patrick McGoohan (Creator), ...
  • Patrick McGoohan, Leo McKern, Colin Gordon, Angelo Muscat, ...
9
The prisioner (1967) “Made in UK”
En medio de la guerra fría de aquellos desangelados 50/60. Cuando el sudeste asiático bramaba su inminente estallido. Aquí en la pacata península ibérica, el flamante ministro de información “il capo”, Mr. Fraga iba vendiendo las bondades —de este castigado país— por la vieja Europa con aquello del “Spain is different”. La libertad de prensa hacía ejercicios gimnásticos porque la premisa era el silencio a golpe de garrote vil. A los feligreses pocas alegrías les quedaban; el guateque en petit comité del domingo, la radio retrasmitiendo al Madrid galáctico de Di Stéfano y la utopía del frágil canal UHF. Lugar donde rebuscar y encontrarse con un personaje que tenía un mundo a su alrededor, pleno de ambiente vanguardista, relleno de una espuma tan asfixiante como la tristona Hispania. El totalitarismo disfrazado de Avant Garde y con nuevo estabilizador bitensional para las ondas hercianas. Hasta que el ITV Channel se le encendió la bombilla.Aquellas mentes creativas de la televisión británica dieron luz a una de las joyas más cool, enigmáticas y seductoras del siglo XX. Un bostezo de aires bizarros, herméticos y surrealistas repleto de cultura LSD —solapado tras un agente secreto—, que avivó la acción de la cultura pop, como nunca se había visto hasta entonces. El prisionero (1967), estaba protagonizado por el gran Patrick McGoohan. A su vez, creador de este singular show junto a la ITV. El propio McGoohan habló de ella en términos de una alegoría a la sociedad del siglo XX: la salvaje industrialización, la opacidad gubernamental, el individualismo contra el colectivismo y la búsqueda del individuo hacía Iusnaturalismo moderno. Resumiendo, la variable filosófica del clásico enfrentamiento teórico y jurídico de los dos modelos por antonomasia: ComunismoVsCapitalismo. The Prisioner, se convirtió en serie de culto, pues fue flor de un año, de 1967 a 1968. Una herencia de 17 episodios en un orden aleatorio. Patrick McGoohan es un espía que renuncia a su puesto para pasar a un retiro apacible. De repente, es secuestrado y llevado a la aldea, una comunidad de prisión, a modo, concepto idílico-falso donde los nombres son reemplazados por números. Estos adquieren nuevas identidades y acatan las nuevas reglas de supervivencia, tan raras como reales.El refinamiento de la propuesta; interrogatorio/lavado de cerebro, alcanzando un clímax de aureola entre lo Orweliano, lo misterioso y onírico: es sencillamente magistral. Un último puzzle sin solución: metáfora de la vida en su Big Brother sempiterno. La ilusión de un mundo feliz, donde todo está planificado. En el fondo, la serie es la manifestación más contundente de la mentalidad sin tapujos a saco del espionaje como forma abstraída de locura masiva, mientras el hedor de experiencia totalitaria, consigue llegar la paranoia desde el posicionamiento del más puro juego de mesa. Conceptualmente, la televisión inglesa nunca había llegado a un refinamiento tan preciso de la sensación, pesadilla kafkiana, como pura expresión de entretenimiento. Producto, esencial en la carrera de cineastas como Lynch o Kubrick y creadores de series de esta última década en la nueva ficción Made in Usa; “24”, “Fringe”, “Lost” o “Walking Dead”. Así, como en otras disciplinas de la pintura, fotografía, escultura, música (Iron Maiden le dedicó un tema del álbum, The number of the beast/1982), cómic o fotografía artística se han acercado a esta alucinación. A posteriori, el canal de cable AMC hizo una miniserie con Jim Caviezel de protagonista, junto a Ian Mc Kellen sin demasiado éxito. TVE la pasó en el año 1967 y en los 80 se volvió a reponer. Actualmente, se puede adquirir en su nueva edición Blu-Ray, con una gran cantidad de extras que harán las delicias de coleccionistas y mitómanos. Seguir leyendo
Jon Alonso https://200mghercianos.wordpress.com
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rectify (Serie de TV)
Rectify (Serie de TV) (2013)
  • 7,1
    1.756
  • Estados Unidos Ray McKinnon (Creator), Stephen Gyllenhaal, ...
  • Aden Young, J. Smith-Cameron, Clayne Crawford, Luke Kirby, ...
8
Rectify (2013) “Vivir de nuevo”
En las montañas nevadas de Utah, la gran estrella de Hollywood il bello de la década de los 70, Robert Redford tomó una decisión histórica; apostar por el cine independiente y por ende, la industria audiovisual indie. Desde 1978 ya ha llovido de aquello. Tanto como de las palabras del creador de esta utopía postmoderna. Estamos aquí porque el cine necesita de nuevas voces y talentos (R.Redford). De todo ese emporio llamado Sundance Festival, surge ahora con más fuerza que nunca, su canal de TV. Sundance Channel es una realidad.100% puro estilo Sundance por sus cuatro costados. Y es en este hermoso paramo donde nos hemos encontrado con esta maravilla, que un servidor dejó pasar por alto el año pasado; Rectify es una serie de seis capítulos de duración fascinante, sobre la historia de la absolución de un preso, Daniel Holden (Aden Young)— actor canadiense, extraordinario— en el corredor de la muerte. La semana pasada se estrenaba el primer capítulo de la segunda entrega. Bien, la cuestión es que gracias a la aportación de una prueba pericial de ADN, de la mano del abogado defensor John Stern (Luke Kirby), nuestro protagonista Daniel Holden es liberado de la prisión estatal de Georgia. Todo el affaire se remonta 20 años atrás, en su pueblo natal —de la profunda América sureña—, siendo acusado del asesinato y la violación de una chica compañera de clase en la escuela de secundaria. Fue detenido tras confesar el crimen en extrañas circunstancias. A esto se le sumó, un torticero y ambiguo testimonio de un amigo de colegio. Dando fe de haber presenciado el acto de violación y asesinato in situ.


A lo largo de esta primera entrega presenciamos flashbacks, donde se atisba a Daniel Holden al lado del cadáver ensangrentado, exánime y cárdeno. Mientras, DH lo acuna. Holden está anonadado y ensimismado con su liberación. Apenas sabe colocarse la americana. Está alucinando con la actitud generosa de uno de sus guardias del corredor. Ya está fuera de prisión y junto a sus familiares muy excitados e igual de nerviosos que los medios de comunicación, presencian su primera rueda de prensa. Daniel Holden está en libertad. Ahí, arranca esta magnífica serie con el tema central de Linda Cohen. Un drama, que adopta un tono más cercano a la espiritual y corrosiva, “A dos metros bajo tierra” (2001) que fue el debut en la HBO de Alan Ball. Holden emite un aura zen, pacífica y lisérgica ante los acontecimientos más peregrinos de la vida: el césped, el cielo, caminar, pedalear en una bicicleta y observar la naturaleza. Una postura entre la angustia de lo pasado en prisión y la sensación de libertad en un mundo que ha cambio demasiado. Un ejercicio de exploración interior donde la mente y el alma de un hombre, se confunden como el personaje de Starman que personificó Jeff Brigdes y el Bowie musical. Empapada en un déjà vu continuado con esos travellings lentos y la aparición de su mejor amigo en el corredor de la muerte, el recluso afroamericano Kevin Whitman (Johnny Ray Gill), donde mantienen conversaciones a través de la rejilla de ventilación situada en los bajos de la pared.




Una charla donde Whitman, como afroamericano, le dice a Daniel que no puede aceptar su sugerencia de lectura, de Somerset Maugham sobre la esclavitud humana, porque trata de alejarse de la literatura. Y continuamente, expresa una gran admiración hacía Daniel por su capacidad de meditación ante la vida que soportan. Lo dicho, por momentos Daniel Holden derrocha ternura y compasión, con la complejidad de no saber si es culpable o inocente. Hay una serie de elementos bizarros en la atmósfera que a lo largo de estos seis capítulos flotaran a modo de sombra, sobre Holden. Algo de complot e intereses espurios se irán dibujando a medida que el serial avance. Las sospechas sobre un ávido y trepa, senador Roland Foulkes (Michael O’Neill. Actor televisivo, inconmensurable y camaleón). Deseoso por cerrar el caso a su favor, es decir, mantener la tesis de que DH, es culpable. Presionando a la mínima que puede sobre el sheriff del condado; Carl Dagget (J.D. Evermore) y la fiscal del condado Sondra Pearson (Sharon Conley). Al igual que la camarilla de viejos amigos del colegio envueltos en un extraño halo de desconfianza. Creada y escrita por Ray McKinnon, un actor conocido por sus actuaciones en Deadwood (el reverendo atormentado y alocado) y Sons of Anarchy, puntualmente. Acierta con la propuesta de drama, cuasi, metafísico, exquisito y de candencia muy lenta, tremendamente paciente. Por momentos, parece que Malick esté detrás de la cámara. No por ello, aburrido ni pretencioso. Directo a la Georgia rural y profunda. Igual que True Detective se marchó a la Luisiana del horror. Ambas surcan los mismos parámetros del desasosiego y el desencanto.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quarry (Serie de TV)
Quarry (Serie de TV) (2016)
  • 7,2
    776
  • Estados Unidos Michael D. Fuller (Creator), Graham Gordy (Creator), ...
  • Logan Marshall-Green, Peter Mullan, Nikki Amuka-Bird, Chloe Elise, ...
9
Quarry (2016) “Supervivencia pragmática del pulp”
El canal pequeño o el hermano menor del cable de la todopoderosa HBO: es Cinemax. Algunos puristas lo consideran el canal satélite y uno de los más atrevidos de la competencia de las empresas de entretenimiento tecnológico. No es la primera ocasión que este canal vuelve a las andadas con sus devaneos de atípicos antihéroes solitarios y adictivos diseñados —ex profeso— para una fidelizada platea. Su última ficción; Quarry se deja querer por los conflictos externos e internos del mundo más Pulp. Tal como ocurría en The Knick con el Dr. John Thackeray o en la divertida, y, taquicárdica Banshee con el atribulado sheriff/ladrón, Lucas Hood. Apenas hace unos meses volvió su nueva apuesta por el terror Outcast —del rey de los zombis R. Kirkman— y de nuevo, con un protagonista angustiado y obcecado; Kyle Barnes. Todos ellos pulidos por el mismo perfil: preparados para realizar grandes hazañas por su propia fuerza y orgullo. Eso sí, pagando un alto precio por el ejercicio de esas acciones. Quarry se basa en la serie de novelas criminales —con el mejor sazonado— de la esencia pulp: violencia, sexo y acción de una gran obra, del siempre prolífico, Max Allan Collins. MAC es uno de los mejores escritores de novela negra del mundo (ha publicado más de un centenar de textos, muchos de ellos bestsellers) les sonará a todos aquellos, que vieron Camino a la perdición —obra de culto— llevada a la gran pantalla por Sam Mendes. Quarry ha sido reescrita por los guionistas Michael D. Fuller y Graham Gordy (forjados en la fragua de la trascendental Rectify) junto con el propio, Max Allan Collins en la producción ejecutiva. Quarry se presenta en su primera temporada con ocho episodios rodados, íntegramente, en New Orleans y Tennessee, que de algún modo, se han convertido en platós de rodaje que simulan de la ciudad de Memphis. La historia nos traslada a la década de los 70, concretamente, al año 1972.A partir de ese instante, observamos en pantalla a su protagonista; Mac Conway interpretado por el actor (Logan Marshall-Green Prometeus) un excepcional intérprete de reparto con unos rasgos similares a los del británico Tom Hardy. MC acaba de llegar de su segundo reenganche, en la guerra de Vietnam, junto a su compañero Arthur (Jamie Hector) el inconfundible: Marlo de The Wire. Implicados, aunque fuera accidentalmente o hipotéticamente, en la matanza de My Lai. Su recepción en el aeropuerto es digna de la puerta de Ferraz 70. No les queda más remedio que cambiarse la ropa militar por otra de civiles y salir destrangis por una puerta colateral, La vida en Memphis es muy diferente, desde la última vez que estuvieron con sus familias. Ahora se sienten solos y desprotegidos por el sistema. Además, el maldito estrés postraumático hace mella. El tío Sam se esfuma y deja a toda una generación de valerosos infantes de marina con la mácula de asesinos de bebés. Iniciar su vida como un ciudadano normal y corriente va a ser muy complicado, pues, el ámbito laboral esgrime un contexto —de crisis cercana al fiasco— debido a la escasez de petróleo en 1973. Pero si tienes contactos; es fácil trabajar. Claro que quienes tienen que intermediar por ti: no saben, no quieren y no contestan. Es muy duro de llevar. Mac está inquieto y sus pensamientos son remordimientos con constantes flashbacks a la jungla vietnamita. Su convivencia con su esposa Joni (Jodi Balfour Bom Girls) se va complicando, a medida, que los días van pasando. Ella mantiene una muy buena amistad con Ruth, la esposa de Arthur, (Nikki Amuka-Bird Luther).Un día Mac se da cuenta que alguien le está observando y tras una conversación con Arthur; le dice a Mac que un tipo obscuro y bizarro; the broker (Peter Mullan Trainspotting Top Lake y Olive Kitterige), el cual, le ha ofrecido un trabajo de sicario para él. Mac no está por la labor y, sólo ayudaría como buen amigo que lo es. Arthur parece asentir y estar convencido que este primer trabajo puede ser el principio de algo bueno. Desgraciadamente, el affaire, es un desastre. Arthur muere en el enfrentamiento, a tiro limpio, con los señalados y Mac tiene que afrontar la deuda del trabajo; 30.000 dólares. Ahí nace Quarry, el asesino a sueldo —esclavizado— del personaje The Broker. Mac se siente alicaído, nervioso y ausente. Sólo sabe que se va a convertir en máquina de matar, beber y fumar. Quarry tiene mucho de Mad Men, cuando vemos al protagonista hacer largos sin parar en la piscina de su casa. La comunión con la plástica del crol y la música de fondo; aflora las raíces de Memphis, Soul y Blues, música que se teje a lo largo, de la aguja del tocadiscos. Y es que Quarry tiene una gran cantidad de escenas de grupos en directo. Garitos de la peor calaña. Desde afthers grasientos a puticlubs de strippers. La BSO de la serie es un flujo constante de carácter diegético; que hace de cada episodio sentirte cómplice con algunos momentos del gozo de su protagonista.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Raíces (Miniserie de TV)
Raíces (Miniserie de TV) (2016)
  • 7,1
    784
  • Estados Unidos Bruce Beresford, Thomas Carter, ...
  • Malachi Kirby, Laurence Fishburne, Forest Whitaker, Emayatzy Corinealdi, ...
7
Roots (2016), el nuevo lifting de Raíces
Dicen los más castizos, aquello, de… “la morcilla siempre se repite”, y la historia también. Han pasado, casi 40 años, del estreno de la legendaria miniserie Raíces en enero de 1977—mejor dicho en enero de este inmediato 2017— por el canal ABC (producida por un viejo conocido en el mundo de los documentales David L. Wolper), cuando se convertía en lo que los popes de hoy en día denominan, eso, de un Hype. Pero no un Hype cualquiera. Raíces fue un grandísimo acontecimiento socio-histórico-cultural, en todos los sentidos, y para la TV una enorme sorpresa dentro del mundo del drama clásico norteamericano de los 70. Hito que superó a la mismísima Nashville de Robert Altman, en 1975, de la gran epopeya, de la película americana por excelencia. Raíces conseguía los laureles, de la auténtica turbia y patética historia de la esclavitud —de un modo más sangrante— a todo el intocable mainstream de clásicas series históricas donde el hombre blanco velaba por los intereses de los ciudadanos de color y los nativo/americanos: aquellos indios, tan queridos por Ford, auténticos pobladores de esa utopía llamada América. Raíces puso en dedo en la llaga y su alegoría de la sociedad afroamericana, como un tema social urgente. Raíces fue capaz de concentrar —delante de pequeña pantalla— a más de 80 millones de espectadores y unos 100, en su capítulo final. Los premios y la crítica coincidían con el trabajo que deslumbraba a propios y extraños. Raíces consiguió más de 39 nominaciones a los Emmys y ganó 9. Además de un Globo de oro. La obra de Alex Haley, un elaboradísimo best seller desmembraba el movimiento genealógico de infinidad de memorándums de investigadores universitarios, donde AH invirtió años en trazar un árbol ascendente del primer afroamericano hasta llegar al continente africano en 1750. No entraremos en el análisis de determinados revisionistas, al respecto de las denuncias por plagio, a las que el autor tuvo que enfrentarse. Empero, más sorprendente, es el hecho, en sí, de la nueva narración del remake, en un ejercicio de revisión de la cuestionada obra de Alex Haley. Alguno se preguntará del porqué de susodicho alboroto, cuando un tal Richard Fleischer rodó toda esta vergonzosa humillación, en torno, a la esclavitud en su maravillosa Mandingo (1975). Claro, que también deberíamos de hablar con el amanuense de esta excelente obra, Kyle Onstott. Pero, ese, es otro cantar. Ahora, en mitad de un país fracturado, que durante estos últimos años ha tenido el primer presidente de color, desde su constitución como nación independiente; Barack Obama. Lo sigue siendo, todavía, ya cuenta los días por horas… Un hombre que parece despedirse de su país, con el pesar de no haber podido cauterizar las viejas heridas raciales, que siguen sangrando a borbotones. Obviamente, el hecho de ponerse delante de un informativo local o nacional de los EE.UU, es una radiografía de un país que narra sin parar enfrentamientos constantes por el odio racial, el abuso de la autoridad policial y las armas de fuego. California, Kentucky, Ohio o Milwaukee son lugares cercanos para cualquier ciudadano anónimo de occidente que anduviese por sus calles comprobaría que Norteamérica dejó de ser una anuncio de Benetton en Venice Beach. Sin embargo, el país, para mayor inri, sigue en metido en una contienda electoral de alto voltaje, con dos candidatos que poco aportan a este problema.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Sails (Serie de TV)
Black Sails (Serie de TV) (2014)
  • 6,9
    6.207
  • Estados Unidos Jonathan E. Steinberg (Creator), Robert Levine (Creator), ...
  • Toby Stephens, Luke Arnold, Toby Schmitz, Hannah New, ...
6
Black Sails (2014) “Piratas descafeinados”
El mundo de la ficción Made in Usa lleva más de 60 años contándonos, desde la vetusta pantalla catódica, historias de policías patrulleros, mafiosos depresivos, espías con hijos en la edad del pavo, asesinos en serie sentados en sillones de piel de vaca, periodistas, políticos corruptos, fugitivos de la ley, vaqueros en el Far West, cárceles de alta seguridad, superhéroes, brujas, magos y un larguísimo etcétera. Hasta caballeros andantes en un mundo psicodélico entre la ficción y el medievo. Bien, llegados a esta ínsula del entretenimiento, nos encontramos con unos piratas en el Caribe de garfio, zarcillo y sable afilado. Black Sails es una de las últimas series que he visto y me quedado a dos velas —no precisamente negras— más bien, grises y pidiendo oxígeno. El canal Starz junto al vidioclipero Michael Bay en la producción ejecutiva, de este carísimo entretenimiento, son responsables de una de las nuevas apuestas en la TV de cable de 2014. La idea parte del guionista Jon Steinberg, un tipo que dejó oficio en la interesante “Jericho” (2006), y de ahí que la decepción sea aún más profunda. La entrega de ocho episodios de una hora de duración está centrada en la edad de oro de la piratería entre el Caribe y el Atlántico. A modo de precuela, sobre la obra del ínclito Stevenson, se nos mezcla el drama y acción entre las bellas aguas del Caribe antillano. Gestándose una trama donde las expectativas, a priori, son mucho más decepcionantes de lo que apunta toda la tramoya del show. Es verdad, que transitan algunos personajes extraídos de la Isla del tesoro como el fascinante John Silver “el largo” pero la historia se le deja al protagonista y ”héroe”; el Capitán Flint (interpretado por el inglés, Toby Stephens, actor que nos dejó un sabor agradable en aquella joya que se llamaba “Fotografiando Hadas” de Nick Willing en 1997 y ahora reconvertido en un actor de ficción BBC y Channel 4) jugando a feroz jefe de una camarillas de piratas, embarcados en un galeón versus la perla negra de Jerry Bruckheimer. La crítica del otro lado del charco llegó a establecer un paralelismo con la serie estandarte de la nueva HBO, Game of Thrones. Todo es opinable. Visto y a toro pasado que diría el maestro Belmonte. Ver para creer. No soy fan de GOT, pero uno lleva mamando la HBO desde su primer combate de boxeo y la factura de los productos Made in HBO tienen un aroma entre lo más original y sublime de la historia de la TV. Ni tampoco el gran western de mediados del primer milenio, Deadwood. Es obvio, que las comparaciones son odiosas. Fetén. Ya quisieran en Starz que —los piratas tan fashion y sexuales de Black Sails— se parecieran un poquitín a aquellos films del ínclito Siodmak. No vamos quitarle al César lo que es suyo. Y la serie tiene los ingredientes idóneos para ser un clásico de la TV. Pero una cosa es querer y otra, no poder. Por mucho que la producción ejecutiva intente inyectar cierta complejidad a la premisa de arena/espadas junto a ese icono de sexo/acción. No es la fantástica Spartacus. No lo es, desgraciadamente. El drama encalla en la ambición de la ausencia de conocimientos básicos en la elaboración de una Biblia en condiciones. “Black Sails”, es una mezcla empapada y ocasionalmente exasperante del cine de serie B (no del bueno, sino el aturullado y algunas veces casposo) desconcertante y poco prometedor. Luego no se sorprendan, porque hablando de aguas bravas llenas de tiburones, valga éste aviso a hipotéticos navegantes. Aunque sobre gustos, ya lo dijo el poeta Ovidio.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bloodline (Serie de TV)
Bloodline (Serie de TV) (2015)
  • 6,9
    2.084
  • Estados Unidos Todd A. Kessler (Creator), Glenn Kessler (Creator), ...
  • Kyle Chandler, Ben Mendelsohn, Sissy Spacek, Sam Shepard, ...
9
Bloodline (2015) "The prodigal son"
Dos cosas son —más que ciertas y hermosas— en esta vida; un amanecer en otoño y una puesta de sol veraniega. Luego, estaría la TV, a pesar de los pesares, la aseveración es categórica: ya que el medio en sí, sigue siendo un gran entrenamiento. Hoy la ficción televisiva goza de un más que reconocido prestigio —lo hemos dicho en otras ocasiones— donde muchos teóricos del séptimo arte, día a día, ven en este entorno una amalgama de posibilidades infinitas. Empero, no corramos y observemos las realidades más inmediatas que están condicionando el mundo televisivo en el siglo XXI. La primera es que la familia sea del tipo que sea, sigue siendo el alma mater de todo guionista—el cual—, se precie a realizar un producto de gran calibre. La segunda que el canal, en comprimido, Netflix está cambiando los hábitos de ver la TV como hasta ahora la habíamos concebido. Buena muestra de ello es la magnífica tercera entrega de House of Cards (vista por este amanuense que les habla, no hace mucho). El dueto Reed Hastings&Marc Randolph —hombres forjados en el negocio del videoclub— saben cómo fidelizar a la parroquia sedienta de entretenimiento. Bajo unas premisas, esencialmente, universales: productos de exquisita factura. Una grandísima promoción. Y por último, una clientela bien fidelizada, que está a punto de superar los 50 millones de consumidores. Eso es Netflix, Sres. Guste o no guste al más pintado, y, futuro ya es presente para la nueva ficción. Recalcado lo dicho. El canal en streaming —nuevamente— ha rebuscado en su chistera mágica y nos han traído una de sus últimas producciones: Bloodline (2015). Luego, ¿qué mejor manera de mantener vigilante a su voraz grey, capaz de fagocitar 13 capítulos de golpe? Sencillo, contar una historia muy lenta, que a modo, de sinfonía decimonónica va, in crescendo, hasta llegar al último capítulo con un final demoledor. Bloodline se apunta a esa táctica, que ya lleva muchos años en los manuales de guion y siempre ha dado tan buenos resultados. De momento, las expectativas creadas, en torno a este thriller melodramático son altas, ya que los telespectadores del canal quieren más. Pero eso, será el año que viene. Una vez vista la primera entrega, crítica y público han aplaudido la nueva serie. Claro, que la pregunta del millón sería; ¿De qué va Bloodline? Fácil, para los más castizos el termino anglosajón podría traducirse por el vocablo “linaje”. Y puede que haya mucho de linaje Shakesperiano y redenciones, a propósito de la parábola del hijo pródigo. Porque Bloodline es en toda regla, un drama familiar disfuncional, relajado, convencional y atípico que se desarrolla por los Cayos de la hermosa Florida. Una serie escrita por los creadores de la inquietante y ambiciosa Damages (2007), Todd Kessler, Daniel Zelman y Glenn Kessler forman un trio muy bien avenido —los cuales—, además de tener buena pluma, suelen dirigir y aquí no han perdido la ocasión, en alguno de los capítulos de esta primera entrega. Vuelven a la carga con una trama más Neonoir, la cual, no por ello deja de tener una miga adictivamente sustanciosa. Si Damages se movía por los vericuetos de la tramoya judicial, con abogados corruptos, peces gordos de corporaciones fantasma e ingenuas trepas a aspirantes a gran toga, donde Gleen Close era la omnipotens domina de la pantalla, en aquel cuerpo a cuerpo, con una jovial Rose Byrne. Aquí, el equipo de guionistas mantienen los ecos repetitivos —concentrados— en una mater familias de la talla de Sally Rayburn (Sissy Spacek) y un marido Robert Rayburn (Sam Shepard); auténticos reyes del clan Rayburn.
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13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Boss (Serie de TV)
Boss (Serie de TV) (2011)
  • 7,4
    1.732
  • Estados Unidos Farhad Safinia (Creator), Gus Van Sant, ...
  • Kelsey Grammer, Connie Nielsen, Kathleen Robertson, Hannah Ware, ...
9
"Boos", great!
Jamás me hubiera imaginado ver al psiquiatra más divertido de la historia de la TV, Frasier convertido en un alcalde versus Ciudadano Kane. Algo de ello queda en el apellido que encarna, este singular administrador de la vigorosa capital de la ciudad del viento, Chicago. Tom Kane es el alcalde más cruel y poderoso del ayuntamiento de tan insigne villa: un tipo curioso. Nuestro protagonista, el carismático, Kelsey Grammer. Actor de los grandes y siempre al servicio de la Tv y las Sitcom. Desde la adorable Cheers hasta el spin-off de ésta, en la aclamada Fraiser. Siempre he sido del pensar aquello, que los actores de comedia son los mejores. Están hechos de otra pasta. Hacer reír es muy difícil. Empero, lo del drama cualquier tuercebotas de un reality Made in Mediaset te lo puede bordar con un poco de cebolla francesa. La cuestión es que Kelsey Grammer se nos ha convertido en el amo, dueño y actor principal de este producto hiperdiseñado por Gus Van Sant.Un director que no vamos a descubrir a nadie que se precie al gusto por el cine indie y derivados. Es evidente, que “Boss” está perfilado por su sabia mano. Desde el guion, obra de Farhad Safinia (que debutó con la maravillosa Apocalypto 2006 de Mel Gibson) muy bien cosido y al cual, GVS pulimenta de una atmósfera muy personal, para darle el plus de producto de autor. Una historia entre lo Skakesperiano, los Gangs de NY y Boardwalk Empire de Scorsese junto al drama de las esquinas de Baltimore (The Wire) y la acidez del personaje de Walter White en Breaking Bad. Un acierto en toda regla del canal Starz, como bien hablé en la reciente Black Sails (2014), y que sigue sin encontrar una buena recompensa para los directivos de esta cadena, desde los tiempos de Spartacus (2010). Una alegoría del mundo de Wolf en su hoguera de las Vanidades. Un discurso feroz y contundente que llega hasta los gangs más enclaustrados en ese cáncer que padece el capitalismo, pero que no tiene cura. Metáfora de toda esta historia, la cual, bebe en cantidades industriales del genial cronista de la historia de América a golpe de hacha y cuchillo, de carnicero afilado: el extraordinario Herbert Asbury. Hasta los sfumatos que nos dibujan a un Dickens, nuevamente, revisados desde la superlativa The Wire.Incluso las mentiras de toda índole por el mero orgullo que nos trasladarían al cinismo de Twain. En esta representación, al lado del protagonista Tom Kane, le acompañan por ese túnel de las tinieblas y la violencia; su esposa, Meredith Kane (Connie Nielsen, la bella actriz danesa que saltó a la fama por su papel de Galeria Lucila/hermana del emperador Cómodo interpretado por Joaquin Phoenix/en Gladiator de R. Scott 2000) como la perfecta pérfida, gélida y distante dama que hace el papel de comparsa y tapadera. No por ello, tiene algunos tics factura del hábitat donde descansa su bunker personal. La convivencia con el monstruo hace que tengas un espejo donde reflejarte, y en demasiadas ocasiones esa refracción nos es más que un acervo de decisiones finales, muchas de ellas letales para quien no empatiza con los caprichos de tan exquisita señora. En segundo lugar, la mano derecha de TK y principal consejero de la tramoya política en el ayuntamiento, Ezra Stone (Martin Donovan, elegante actor que desde sus inicios en el cine indie hasta sus últimas apariciones en los canales del cable sigue teniendo el mismo oficio y poder de atracción) siendo su más fiel asesor político.
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