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Críticas de Quim Casals
Críticas ordenadas por:
Código del hampa
Código del hampa (1964)
  • 7,2
    2.401
  • Estados Unidos Don Siegel
  • Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavetes, Ronald Reagan, ...
8
Los implacables
Penúltima interpretación de Ronald Reagan, antes del papel de su vida como presidente de los Estados Unidos en la superproducción de los 80 "La guerra de las galaxias". Paradojas del destino, lo que en principio era una buena noticia para el buen gusto cinéfilo —su despedida de la industria—, se acabó convirtiendo en una mala película de suspense sobre misiles y armamento nuclear, demostrando que la realidad siempre supera la ficción.

Aún así, hay que reconocerle su buen hacer en este film —quizás lo mejor que legó al séptimo arte— facilitado tal vez porqué su acción más destacada es propinar un bofetón a Angie Dickinson que deja el de Glenn Ford a Gilda en una suave caricia de gatito.

Como se sabe, hay dos factores que condicionan la aproximación a esta obra. El primero es que se trata de un remake de un clásico negro, "Forajidos", de Siodmak, a partir de un relato de Heminway. Pese a que la primera versión, más reputada, se nutre de mitos por defecto inimitables, como Ava Gardner o Burt Lancaster, casi diría que prefiero la de Siegel; por un lado, debido a la presencia de un imponente Lee Marvin y, por otro, a causa de una ligera variación en la construcción del guión: partiendo de una misma base argumental —la reconstrucción mediante flashbacks de una historia que explique porqué alguien, en la primera escena, prefiere dejarse matar— es en la primera versión un personaje externo a todo lo acaecido antes —un agente de una compañía de seguros— quien trata de averiguar qué pasó, mientras que en la segunda son los propios asesinos quienes lo hacen, con lo que "todo queda en casa". Esta variación, como decía, me parece más atractiva y sugerente que el recurso más tópico de su antecesora. Debe reconocerse, eso sí, que los flashbacks no siempre respetan el punto de vista del personaje que los narra —un hecho, por cierto, bastante habitual—, y a menudo vemos acciones dónde ellos no estaban presentes.

El segundo factor a tener en cuenta es que, aunque después exhibido en cines, se trata de un producto para la televisión. Ello repercute, inevitablemente, en una planificación pensada para ser óptima en ese medio (más simplificada y con la preeminencia de planos medios y primeros planos) y con las carencias técnicas de la época (penosas transparencias en escenas con coches de carreras, por ejemplo). Resaltan, no obstante, el extraordinario sentido del ritmo de Siegel, curtido en la concisión narrativa de la serie B, la eficacia de la intrincada trama, con un persuasivo suspense y un final antológico, una fotografía muy pop llena de colores vivos y la banda sonora de un joven John Williams.

Finalmente, como se ha comentado muchas veces, tanto la estética de los sicarios (trajes y gafas de sol), así como algunas escenas inusuales en el cine de género de esos años (momentos donde hablan de asuntos cotidianos mientras comen o viajan) y la alta impresión de violencia suscitada en el espectador, influyeron mucho en el primer Tarantino y allegados.
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25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las furias
Las furias (1950)
  • 7,0
    449
  • Estados Unidos Anthony Mann
  • Barbara Stanwyck, Wendell Corey, Walter Huston, Judith Anderson, ...
8
La mujer del cuadro
Coincidiendo con el inicio del ciclo westerniano de Mann con James Stewart (probablemente, uno de los matrimonios artísticos más fecundos de la historia, comparable con Sternberg/Dietrich o Scorsese/De Niro), el cineasta rodó este hoy poco recordado western —seguramente por la gran fama de aquel ciclo triunfal—, pero a mi juicio excelente y a la altura de sus grandes obras.

El tipo de historia y su tonalidad, con un ambiente cargadísimo, que cantaría Serrat, de pasiones violentas y desatadas, recuerda muchísimo a "Pursued" o "Duelo al sol", lo que no es casual, ya que detrás está la misma pluma literaria de Niven Busch. Más que con un western "químicamente puro", nos encontramos también aquí con un exacerbado melodrama basado en este caso en la edípica relación entre una espléndida Barbara Stanwyck y su padre en la ficción, el no menos sensacional Walter Huston, en su última aparición en la pantalla.

Lo fundamental que me gustaría resaltar, no obstante, es que estos aspectos no vienen significados sólo a partir de los avatares argumentales (como puede suceder en muchos otros films y que, en este caso, encontraríamos en el hecho que el detonante latente de los conflictos siempre sea la no aceptación mutua del padre y la hija ante sus posibles nuevas parejas) sino en los detalles de la puesta en escena de Mann: unos planos, donde en el interior del encuadre vemos el rostro de padre e hija de perfil mirándose fijamente a los ojos, forman una exacta rima visual con otros planos de idéntica planificación entre Stanwyck y sus pretendientes (Gilbert Roland y Wendell Corey). O, en otro momento, ella y Corey también se mirarán a los ojos, pero esta vez de pie en plano general, señalando así con la abismal diferencia de estatura la asunción de la pareja por parte de ella también como figura paterna.

En este mismo sentido merece destacarse la madre de Roland, a quien veremos, en una imagen muy parecida a otra de "Los pájaros", en un marcado primer plano con su hijo empequeñecido al fondo. Y, si ella aparece habitualmente en lo alto de un promontorio, asimismo la esposa/madre fallecida de la pareja "de hecho" protagonista, se visualiza en un gran cuadro en la que fuera su habitación en la parte alta de la casa. No es casualidad que sea precisamente allí dónde la hija se pruebe la ropa materna ni dónde se produzca un momento de gran tensión (para mí una de las mejores escenas del film) entre ella y la novia del padre, como no es tampoco casualidad que en la planta baja domine un gran retrato del padre. No obstante, lo crucial a efectos cinematográficos, en la línea que hablaba antes, no estriba sólo en la presencia simbólica de esos dos retratos, sino en la manera de mostrar dentro del plano a los distintos personajes en relación a ellos. (...)
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21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
De dioses y hombres
De dioses y hombres (2010)
  • 6,6
    6.754
  • Francia Xavier Beauvois
  • Lambert Wilson, Michael Lonsdale, Olivier Rabourdin, Philippe Laudenbach, ...
7
Las razones del corazón
Como "Apolo 13", "Invictus" o, desde la propia temática religiosa, cualquier recreación de la pasión de Juana de Arco, este film narra unos hechos reales cuyo desenlace ya es conocido de antemano por el espectador (en este caso el asesinato en 1996 por parte de integristas musulmanes, durante la guerra argelina, de un grupo de monjes cistercienses del convento de Nôtre-Dame de l’Atlas, que decidieron permanecer allí a pesar de tener la opción de abandonar el país).

Como ocurre con este tipo de películas, una vez eliminado el "suspense" del cómo termina, el interés ha de manifestarse por otros derroteros, siendo siempre el más conveniente la profundización en el trayecto. Esto es lo que logra holgadamente Xavier Beauvois, quien no centra su discurso fílmico en el análisis global del conflicto bélico, sino que dedica sus esfuerzos a intentar reflejar el proceso interior por el cual ese grupo de hombres tomó su decisión. De ahí que no nos apartemos nunca del punto de vista de los monjes.

En unos tiempos donde el cine tiende a mostrar el ámbito de lo religioso —y en particular, lo referente al catolicismo— desde polaridades muy extremas (la burla y la ridiculización por el lado de los detractores, o el fundamentalismo neocon por el de los defensores) se agradece la mirada serena, en absoluto dogmática, del director.

De esta manera no se lleva a cabo, como muchos podrían temer —o desear—, ninguna apología del martirio. Al contrario, lejos de cualquier énfasis simplificador, los recovecos de la fe son recorridos por la racionalidad, con una serie de deliberaciones dónde cada personaje expone, siempre argumentada y nunca fanáticamente, sus razones. Nadie hace gala de ningún heroísmo sobrehumano: en el diálogo surgen las dudas, los miedos, las contradicciones…

La eficacia fílmica de una apuesta de este tipo reside en el acierto en el elenco, y aquí sobresale la grandeza del veteranísimo Michael Lonsdale. Acorde con ese tono ya comentado de sensatez, el director huye de grandilocuencias y efectismos, a riesgo de supeditarse a una austera puesta en escena en determinadas fases algo plana o monocorde. Destacan, eso sí, dos extraordinarios momentos comentados en la zona spoiler.

El título de una magnífica crítica de esta misma página advierte atinadamente que es una película para religiosos y para los que no lo son. Lo primero es cristalinamente evidente y no hace falta abundar en ello (podríamos en todo caso añadir que, más que para creyentes de base o religiosos involucrados en una vida de ayuda a los más desfavorecidos, el visionado del film resulta especialmente indicado para las más altas esferas eclesiales). En cuanto a lo segundo, cabe resaltar que, más allá del hecho que a los personajes les mueva una creencia concreta, estamos a fin de cuentas ante una universal reflexión sobre la coherencia ética de actuar de acuerdo a los propios principios y convicciones, lo cual siempre es importante y pertinente.
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52 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Moonraker
Moonraker (1979)
  • 5,6
    6.458
  • Reino Unido Lewis Gilbert
  • Roger Moore, Lois Chiles, Michael Lonsdale, Richard Kiel, ...
7
Loca evasión
Con este film estamos en el reino de las más altas traiciones. No sólo frente al referente literario (para mí una de las mejores novelas de la saga Bond, de la cual la película toma prestados escasos elementos) y, en general, el imaginario de Ian Fleming para con su agente secreto, sino también frente a las características más específicas y reconocibles de Bond como personaje puramente cinematográfico (que podemos identificar con el encarnado por Sean Connery en los primeros títulos, y que también tiene una entidad propia respecto al de los libros: en este sentido, quizás la traslación más fiel de la página a la pantalla se dé en "Casino Royale"). Para más inri, James Bond convertido en el "agente de las galaxias" por el influjo en esos años de "Star Wars", supuso y supone para muchos seguidores el no va más de lo inaceptable.

Y, sin embargo —seguramente porqué no soy especialmente aficionado al Bond cinematográfico—, "Moonraker" es uno de los episodios que a día de hoy paladeo con mayor gusto. Interviene en este caso un factor autobiográfico, ya que las películas de 007 interpretadas por Roger Moore forman parte del paisaje sentimental de mi infancia. Con el paso de los años, no obstante, me desentendí de los films protagonizados por Timothy Dalton o Pierce Brosnan, al tiempo que me aficioné al Bond novelesco y descubrí, con agrado pero sin excesivo entusiasmo, el de Sean Connery, el único de Lanzeby (que aprovecho para reivindicar como uno de los más estimulantes, al igual que la novela), hasta llegar a Daniel Craig, donde el interés resurgió, al menos en la primera película.

El caso es que después de muchos años sin ver los films de Moore, y cuando en los recuerdos se confunden qué secuencias corresponden a cada entrega, posteriores revisiones me revelaron que la mayoría de los momentos que se habían instalado para siempre en mi memoria visual (Bond "volando" sin paracaídas, Bond preso en una extraña máquina centrifugadora, Bond destrozando vitrinas de cristal en una lucha, Bond en otra lucha sobre el techo de un teleférico con el gigantón, Bond "conduciendo" una góndola sobre la Plaza de San Marcos…) pertenecían precisamente a "Moonraker".

Y el caso es también que, en la actualidad, es de todas ellas la que me sigue resultando más entretenida. Y es más que probable, como decía, que ese efecto tenga que ver, curiosamente, con esas mismas traiciones antes enunciadas respecto al espíritu del personaje: el desenfado generalizado (no hay "alta tensión": en cada situación dónde su vida corre peligro, Bond pronuncia una réplica humorística), la autoparodia evidente, la irrisoria exageración del donjuanismo, la absoluta sobreabundancia de inverosimilitud, etc., me proporcionan el inevitable y entrañable placer asociado al cine que tan sólo pretende ofrecer un rato de la más pura evasión.
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22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre tranquilo
El hombre tranquilo (1952)
  • 8,1
    27.776
  • Estados Unidos John Ford
  • John Wayne, Maureen O'Hara, Barry Fitzgerald, Ward Bond, ...
8
Tierra y libertad
Revisité hace pocas fechas y por enésima vez este clásico con un pase televisivo visionado desde el lugar y las circunstancias menos propicios para la esperanza. En tal contexto, el entregado canto a la vida de esta película me reveló, de manera más poderosa que nunca, su efecto balsámico para el alma.

Está claro que Ford no filma Irlanda. Utiliza sus paisajes, sus brumas, sus tópicos y estereotipos para edificar y hacernos partícipes de su particular Arcadia feliz. Todo es estilizada y bellamente irreal, como ese viento huracanado que propicia la exagerada coreografía que precede al beso.

Contaba el hermano de Maureen O'Hara en un documental de Lindsay Anderson que, en su función de buscar localizaciones, llevó a Ford a lo alto de un montículo, desde el cual se divisaba la estación del tren, con el propósito de convencerle que sería un lugar ideal para filmar la llegada de Sean Thorton a Irlanda. Ford replicó: "Para hablar con alguien, ¿te agachas o te subes a una escalera, o bien permaneces de pie mirándole a los ojos? Pues así es cómo yo filmo mis películas". Y así es cómo, efectivamente, vemos el tren desde la perspectiva que tendría una persona esperando en el andén. La cámara a la altura del ser humano no es una cuestión meramente formal. Simboliza una actitud moral: el profundo humanismo fordiano.

De ahí se deriva el ya mencionado canto a la vida, al amor, a la amistad, a la nobleza de espíritu, tan sincero y arrollador que deja en un segundo plano los aspectos más discutibles, caso del poco disimulado machismo que se manifiesta en el trato dispensado a las mujeres o en esas primitivas ceremonias de virilidad resueltas a base de puñetazos.

Cuando Sean y Mary Kate, al iniciar su noviazgo, huyen en un tándem del carro conducido por su carabina, no reciben ninguna reprimenda. Su "indisciplina" ya forma tácitamente parte de lo establecido. La historia del regreso de Sean Thorton a su tierra natal es la historia de su progresivo acatamiento de unas estrictas normas sociales donde todo, absolutamente todo, está rígidamente ritualizado: los cantos corales comunitarios, los flirteos, las discusiones pecuniarias, las dotes, las borracheras…

Aquí reside la finalmente inesperada gran paradoja de "El hombre tranquilo": tan gozosa es nuestra visita a las mágicas y oníricas tierras de Innisfree, que durante dos horas nos sentimos totalmente libres de nuestras ataduras cotidianas, mientras se nos cuenta la historia de unos hombres y mujeres condenados a perpetuar ad infinitum unas mismas convenciones sociales.
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29 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
El viento de la noche
El viento de la noche (1999)
  • 6,9
    406
  • Francia Philippe Garrel
  • Catherine Deneuve, Daniel Duval, Xavier Beauvois, Jacques Lassalle, ...
8
En brazos de la mujer madura
Si "Cantando bajo la lluvia" es el mejor antidepresivo concebido por el cine, "El viento de la noche" supone, por el contrario, una nada disimulada invitación al nihilismo más desolador.

Por lo que tengo entendido —hasta ahora de Philippe Garrel sólo he visto también "El nacimiento del amor"— la película es coherente temática y tonalmente con el resto de su obra, pero implica en su estilo visual una de sus escasas rupturas, ya que se trata de un cineasta abonado al blanco y negro y al formato cuadrado, que aquí trabaja en color y cinemascope, además de utilizar, también excepcionalmente, a una diva del cine galo como Catherine Deneuve.

Su trabajo con el color —o, mejor, su actitud al afrontarlo— me recuerda a la de muchos grandes directores del cine clásico (léase Ozu, Eisenstein, Kurosawa, Nicholas Ray, Minnelli…) que abordaban sus primeros encuentros con el color, no como una novedad sin más, sino como la exploración a fondo de un nuevo camino expresivo (en definitiva, lo que podríamos llamar el "uso significativo" del color). De esta manera, el reto es conseguido cuando uno percibe que el color resulta indispensable para la comprensión de la obra.

Considero que Garrel sale airoso de ese reto, jugando, por ejemplo, con la presencia de un Porsche rojo donde viajan los dos protagonistas masculinos, y creando así un efecto óptico similar —aunque las intenciones sean opuestas— al de "El globo rojo", o haciendo que la primera vez que Deneuve sube al coche lleve ella también un llamativo abrigo rojo. Hay un trabajo muy cuidado con la luz, el maquillaje y los decorados: Deneuve se muestra siempre etérea, con un rostro blanquecino, y a menudo la vemos ante ventanales donde también se filtra luz blanca. En contraste, la cámara penetra en los surcos cavernosos del rostro del actor Daniel Duval, en el papel de un hombre maduro, que fue joven y entusiasta en el 68, y que arrastra consigo una profunda tragedia personal. Predominan los tonos apagados y discretos, y muchos momentos sin diálogo tienen como único acompañamiento el piano de John Cale, una partitura hermosísima que nos sumerge en un hálito de melancolía.

En este drama a tres bandas, abundan las deliberaciones sobre el desencanto tras el mundo que se negó a cambiar después del mayo del 68, pero no como tema central del film, sino como contexto o telón de fondo dónde ubicar una historia mucho más intemporal y universal, que reflexiona muy dolorosamente sobre la memoria, las relaciones humanas y la búsqueda del amor.

En un momento dado, el personaje encarnado por Daniel Duval le dice al de Catherine Deneuve: "Cuando se hace intensamente el amor se está muy solo. Es precisamente porqué ambos estamos solos que los dos formamos uno".
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24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Serbis (Service)
Serbis (Service) (2008)
  • 6,2
    309
  • Filipinas Brillante Mendoza
  • Gina Pareño, Jacklyn Jose, Julio Diaz, Kristoffer King, ...
8
Y la vida continúa
Me alegra que haya sido ésta mi primera aproximación al cine filipino, dada la gratísima impresión que me ha causado. Ignorando, pues, el grado de representatividad del film y del director en el contexto de su industria, la considero una propuesta sumamente interesante.

Lo primero que sorprende —ya que solemos asociar el cine asiático con la censura en la mostración de lo que eufemísticamente se denomina "vello púbico"— es la explicitud genital, incluyendo masturbaciones, felaciones, etc. Unas escenas que, sin embargo, no son ninguna concesión a la galería ni transmiten una sensación erotizante, ya que están mostradas y se inscriben en un clima de sordidez que impregna absolutamente el metraje.

Casi todo el film transcurre en el interior de un destartalado y maloliente cine, residencia de una numerosa familia que trata de sobrevivir como puede, donde proyectan películas pornográficas al tiempo que sirve de prostíbulo. Digo film, y no historia, porqué ésta ya se inició mucho antes de empezar la película y continuará mucho después que finalice. Asistimos, por tanto, a un fragmento de vida corriente, una dramaturgia que no se apoya en ningún hecho excepcional para esas almas, sino que muestra unos días que son como los que ya fueron y nada, o muy poco, hace presagiar que sean distintos de los que vendrán.

Y, sin embargo, no hay abnegada resignación al pesimismo, tal como parecen dar a entender simbólicamente detalles como cuidar de una rosa, limpiar los baños atascados o intentar repintar de blanco una pared llena de grafitis. De manera análoga, cuando en una de las pocas salidas al exterior la cámara muestra una multitud en procesión con velas rezando el Ave María, el director también parece querer extrapolar ese deseo de esperanza a todo su pueblo.

Conviene destacar la absolutamente natural interpretación de los actores, ante la verdad de la cual uno duda incluso si se trata de profesionales, y la sencilla y funcional puesta en escena de Brillante Mendoza, sin efectismos ni aspavientos, transmitiendo a su vez con gran fuerza esa total sensación de verismo.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La increíble pero cierta historia de Caperucita Roja
La increíble pero cierta historia de Caperucita Roja (2005)
  • 5,5
    7.106
  • Estados Unidos Cory Edwards, Todd Edwards, ...
  • Animation
7
Cuento de primavera
Se respira un delicioso y encantador aire de serie B en esta producción, con sus escasos setenta minutos y unas animaciones informáticas lejos de las prestaciones y la espectacularidad de los films más famosos y premiados en esta especialidad.

Los personajes humanos, como la abuelita y, sobre todo, Caperucita, son los que más se resienten de esta modestia, en el modelado de sus facciones y la consiguiente escasa transmisión de sus emociones. Mucho más lograda es la expresividad de los animales que pueblan la función, con un pelaje muy trabajado, y desprendiendo gran simpatía en sus gestos.

Como en la serie B de toda la vida, la concisión narrativa se revela como una virtud. En esta ocasión, se nos reformula el famoso cuento de Caperucita Roja con una muy acertada estructura narrativa, mezcla de las historias de Poirot y "Rashomon", con cada personaje contando su versión, en un rompecabezas detectivesco que poco a poco va uniendo sus piezas. El corto metraje obvía, también, aquello que normalmente sobra en estas películas, como la redundancia de ciertos pasajes o la inflación de sentimentalismo, dando como resultado un ritmo muy ágil, sin pausas, prácticamente frenético.

Paradójicamente, la presunta protagonista es el personaje más débil, no sólo en el ya comentado apartado visual, sino también en la forma de modelar su personalidad. Por el contrario, el resto de personajes no tiene desperdicio, y deviene una muy imaginativa galería de estereotipos de las narraciones infantiles a los que se les da la vuelta: la abuelita aficionada a los deportes de riesgo, el actor-leñador, la rana-detective… A resaltar, especialmente, el divertido lobo-periodista y, sobre todo, la descacharrante cabra-cantautora más loca que una cabra, que proporciona los momentos más delirantes del fim.

El resultado, pues, un sencillo divertimento familiar (contiene gags para todas las edades) que no pasará a la historia de la animación, pero sí proporcionará un gratísimo rato de sonrisas y deleite, que no es poco.

Finalmente, en una reflexión más allá de esta película, constatar una vez más como en España el doblaje de las propuestas infantiles parece ser lastimosamente un tema que merece muy poca atención, casi desprecio, por parte las distribuidoras. Si en las versiones originales participan famosos intérpretes "metiéndose" muy bien en el papel (en este caso, por ejemplo, actúan Glenn Close, Jim Belushi, Anne Hathaway o Chazz Palminteri) aquí da la impresión que los que son actores lo hagan con desgana, al tiempo que se recurre cada vez más a humoristas o personajes que en el momento del estreno tienen cierta presencia televisiva, llegando a veces incluso a adulterar la traducción.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ascensor para el cadalso
Ascensor para el cadalso (1958)
  • 7,7
    4.825
  • Francia Louis Malle
  • Jeanne Moreau, Maurice Ronet, Georges Poujouly, Yori Bertin, ...
8
Balada triste de trompeta
Jeanne Moreau deambulando en la nocturnidad de las calles. Lo primero que viene a la cabeza es "La noche", de Antonioni; y, sin embargo, esa andadura ya se convirtió aquí en el icono de un film con envoltorio de thriller, pero cuya esencia se podría emparentar con aquella famosa estampa en blanco y negro de James Dean paseando por Times Square, obra del fotógrafo Dennis Stock.

Malle declaró alguna vez que en su debut estaba presente tanto el tributo al género y a Hitchcock en particular, como a Bresson, con quien ya había colaborado. De Hitchcock, más que métodos concretos de planificación, toma ante todo prestada la maliciosa ambigüedad moral con la que el maestro inglés conseguía que el público se identificara con aquello que en teoría no debería desear: respiramos tranquilos cuando por fin se hunde un coche con un cadáver, una criada no abre un arcón donde reposa otro cadáver, o un asesino recupera un objeto entre los dedos de su víctima en un camión de patatas. En este caso, los dos amantes protagonistas no son "malos" como arquetipo, pero sí seres humanos complejos, con la virtud de amarse incondicionalmente pero con la debilidad de ser capaces de cometer un crimen. Y es con ellos —sobre todo ella— con quien Malle consigue que empaticemos.

No obstante, pese a momentos de muy lograda tensión, en cuanto thriller el film adolece de unas costuras demasiado visibles en su construcción. La implacable cadena de acontecimientos (relacionados con una cuerda, un ascensor, un coche robado, un malentendido, un arma, etc.) que cada vez atenaza con más fuerza el plan de los amantes, delata una construcción excesivamente mecanicista y forzada (en el uso del suspense, se necesita precisamente la genialidad de un Hitchcock para que la "inverosimilitud" o suma de casualidades no resulte una rémora) e, incluso entendiéndola como metáfora del "destino", resultaría demasiado poco sutil.

Pero Malle también bebió de Bresson, para quien lo visible es la coartada para llegar a lo intangible. Si Bresson busca una mirada "trascendental", Malle se impregna del espíritu existencialista afín a la intelectualidad de su época (que más tarde desembocará en el nihilismo absoluto de "El fuego fatuo"). Es ahí, donde en un thriller convencional diríamos que la trama se estanca o "no pasa nada", que se encuentran, siempre bajo mi punto de vista, los instantes emocionalmente más intensos y que más poso dejan: el desamparo, como anunciaba al principio, de una Jeanne Moreau cruzando calles llenas de coches y escaparates luminosos, perdida en bares abarrotados de parejas, y capaz de transmitir con el primer plano del rostro (algo sólo al alcance de los más grandes intérpretes) toda la complejidad de quien experimenta al mismo tiempo los más profundos sentimientos encontrados.

Pero no estuvo sola. Miles Davis la abrazó y se fundió con su mezcolanza y desolación. Un par de décadas después, Bernard Herrmann haría lo mismo con un taxista solitario de Nueva York.
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40 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las amargas lágrimas de Petra von Kant
Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972)
  • 7,5
    2.062
  • Alemania del Oeste (RFA) Rainer Werner Fassbinder
  • Margit Carstensen, Hanna Schygulla, Irm Hermann, Katrin Schaake, ...
9
Imitación a la vida
Estamos ante una de las películas que de manera más fehaciente demuestran aquello sobre lo que Hitchcock y Truffaut tan admirablemente insistieron en su memorable libro conjunto, a saber, que llevar el teatro al cine (en este caso, el referente es una pieza del propio Fassbinder) consiste por encima de todo en sacar provecho de las armas del lenguaje específicamente cinematográfico. Por ello, pues, no es obligatorio "airear" la obra, buscando localizaciones y exteriores inexistentes en el original; se puede rodar íntegramente entre cuatro paredes y respetar la totalidad del texto sin que el resultado sea ese híbrido llamado "teatro filmado". Si el en teatro existe un plano secuencia fijo general desde el punto de vista único de cada butaca, en el cine los planos, cada uno con su escala, duración, iluminación, movimiento, disposición de los elementos mostrados o que deliberadamente se dejan de mostrar, rimas o contraste entre ellos, etc, ofrecen una inagotable fuente de significantes que, bien aprovechada, nos permite decir que aquello que transcurre en la pantalla es "puro cine".

Esto es lo que, en mi opinión, se puede concluir de este film. Un ejemplo paralelo lo encontramos en la casi coetánea "Benilde o la virgen madre", para mí una obra maestra de Manoel de Oliveira, que adapta al pie de la letra un texto de José Régio, y donde el cineasta portugués no duda en dejar claro el origen y el carácter representacional de la película haciendo que en los créditos la cámara se pasee entre decorados y bambalinas y sobreponiendo el número de cada acto sobre la pantalla.

La comparación entre estos dos films no es gratuita, ya que ambos, como decía, huyen del naturalismo por la vía de la autodelatación del artificio. En el caso que nos ocupa, Fassbinder procede por una radical estilización en cada encuadre, jugando continuamente con el simbolismo de los fondos (sobre todo un amplio cuadro de desnudos), la disposición de las actrices en varios términos y en las diversas posturas que adoptan, el atrezzo de maniquíes, la declamación lenta que puede recordar a las de Dreyer en largos planos, etc.

Podría pensarse que el formalismo a ultranza sólo puede provocar admiración técnica pero carencia de aliento humano. No obstante, una de las cualidades más fascinantes e inaprehensibles del cine y el arte en general es la posibilidad de generar, desde dicho "distanciamiento" emocional, una sensación última de "autenticidad" o "verdad", capaz de conmover profundamente al espectador (de la misma manera que una película de look totalmente realista nos puede parecer muy "falsa"). Considero que Fassbinder lo consigue y, en el periplo de Petra (gran interpretación de las actrices) desde su máscara, no por casualidad "pétrea", a la fragilidad de sus lágrimas más amargas, derrumba progresivamente las apariencias de cada personaje conduciéndonos por los recovecos más sobrecogedores del alma, allá donde habita el deseo, el amor, la soledad, el dolor, la desesperación.
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34 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
India Song
India Song (1975)
  • 6,9
    369
  • Francia Marguerite Duras
  • Delphine Seyrig, Michael Lonsdale, Mathieu Carrière, Claude Mann, ...
6
Misión imposible
Hay momentos en que "India Song" parece una obra maestra. El problema es saber de qué: ¿del cine?, ¿de la literatura?, ¿de una expresión artística que todavía no tiene nombre? Otros momentos parecen, sin embargo, susceptibles de provocar esa irritación asociada a la pretenciosa oquedad de lo pedante.

Recurramos a las hipotéticas y no contrastadas opiniones de algunas dilectas plumas de esta página y, sin embargo, amigas.

- Servadac poetizaría sobre voces que se ven e imágenes que se escuchan.

- Chago77 dudaría si ponerla por delante o por detrás de "El año pasado en Marienbad" como anuncio de perfume más largo de la historia.

- Helen, curtida ya en las más altas exigencias de gafas de pasta como buena superviviente de las siete horas y media de "Sátántangó", se la comería con patatas (aunque después pediría un chupito de "Vengador tóxico" para hacer la digestión).

- A GVD le gustaría que no le gustara, aunque existe la seria posibilidad que acabara llevándose un disgusto.

- Vivoleyendo se haría el harakiri con la mano izquierda, aprovechando la derecha para teclear y enviar su crítica a FilmAffinity.

- Entrañable la encontraría interesante, pero no tanto como el esperadísimo remake protagonizado por Steven Seagal, donde les corta la cabeza a las voces en off y acaba convirtiendo la película en un cortometraje porqué ya no sabe qué hacer.

- A antipseudo se le haría larga (la película, se entiende).

- Taylor diría: "Es rara de cojones".

- (Por si acaso, el PP la llevaría al Tribunal Constitucional)


En fin, creo que hablar sobre "India Song" es casi más difícil que verla. Como todo aquello que exhibe la etiqueta de "experimental" en su acepción más acérrima y extrema, tiene la capacidad de descolocar al espectador, que puede pasar sin solución de continuidad de la fascinación más boquiabierta al bostezo más exasperante. De ahí mi nota, no como valoración unívoca ni como promedio, sino más bien como signo de mi propia impotencia para saber a qué atenerme.
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23 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Camino cortado
Camino cortado (1955)
  • 6,0
    69
  • España Ignacio F. Iquino
  • Viktor Staal, Laya Raki, Armando Moreno, Eugenio Domingo, ...
7
Forajidos
Una característica común de bastantes policiacos españoles de los 50, que ayuda al verismo que transmiten, es su absoluta autenticidad geográfica —el ejemplo más claro está en "Apartado de correos 1001", donde se nombran las calles y locales barceloneses que aparecen—. En "Camino cortado", las localizaciones y circunstancias del momento (la población de Sant Romà de Sau, desalojada para ser anegada por las aguas del que sería el pantano de Sau) se integran en la ficción. Incluso se reconocen las antiguas carreteras comarcales. La única concesión en este sentido es que en la película la presa está a punto de inaugurarse cuando en realidad eso no se produjo hasta 1962.

Hoy, la vista del pantano desde el lujoso Parador Nacional (otra construcción prototípica de esa época, y que años después tuvo una alta simbología histórica, ya que allí se redactó el Estatut catalán de 1979), rodeado de montes westernianos, es una de las más bellas de la comarca de Osona. El campanario románico del siglo XI sirve al visitante para calibrar de un vistazo el nivel del pantano: cuando está lleno, apenas emerge su punta triangular; en máxima sequía, incluso se puede penetrar en la iglesia. Así pues, aparte de las consideraciones meramente artísticas, el film constituye un importantísimo legado de memoria histórica, a la par que emotivo. Resulta inevitable una cierta desazón al ver las calles y las casas donde transcurrieron vidas, historias, amores, de gente que se vio obligada a abandonarlas sabiendo que serían engullidas por las aguas.

Fue Ignacio F. Iquino un todoterreno que dio lo mejor de si, a mi entender, en el género negro, del que fue el máximo impulsor en España. Con todas las limitaciones presupuestarias de la más estricta serie B, se revela como un artesano, en el buen sentido de la palabra, hábil y eficaz, sin florituras autorales y gran pulso narrativo. Aquí destaca de manera especial el creciente y muy logrado suspense que se obtiene a partir de tres vectores paralelos: por un lado, cuando los bandidos son conscientes que están atrapados en el pueblo fantasma y falta una hora para que se abran las compuertas de la presa; por otro, el asedio al que les somete un guardia civil al que han herido pero al que necesitan porqué es el único que conoce una ruta de salida; y, finalmente, las tensiones internas cada vez más marcadas en el seno del grupo (cada personaje representa un simple y claro arquetipo de actitudes de la serie negra).

En definitiva, aunque estoy convencido que con estas premisas John Huston hubiera rodado una de sus grandes obras maestras, "Camino cortado" no deja de ser, a su escala mucho más modesta, un brillante peldaño de uno de los ciclos genéricos más estimulantes y merecedores de reivindicación de la historia del cine español.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
El comienzo del verano
El comienzo del verano (1951)
  • 8,0
    768
  • Japón Yasujiro Ozu
  • Setsuko Hara, Chishu Ryu, Chikage Awashima, Kuniko Miyaki, ...
9
La voz de la montaña
Sólo la vejez puede comprender que bajo el mágico vuelo de un globo cabalgando sin estribos hacia el cielo

hay un niño que llora.


Agazapada bajo una duna, la cámara se eleva para descubrir a dos mujeres frente al horizonte, sincronizando su libertad.

Libertad rima con soledad.

Todo pasa y todo queda. Travelling por un campo de trigo. En primer término, las espigas cruzan veloces la pantalla. Al fondo de la imagen, una montaña permanece inamovible en el centro del encuadre.
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28 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las mil y una noches
Las mil y una noches (1974)
  • 6,8
    2.543
  • Italia Pier Paolo Pasolini
  • Ninetto Davoli, Franco Merli, Ines Pellegrini, Franco Citti, ...
8
Las mil y una críticas
Aunque a primera vista las películas que componen la "Trilogía de la Vida" de Pasolini ("El Decamerón", "Los cuentos de Canterbury" y "Las mil y una noches"), puedan parecer a fecha de hoy obras desfasadas, ancladas en el tiempo de su realización, en mi opinión siguen manteniendo una gran frescura e interés.

Este presunto anclaje es debido en primer lugar a que se inscriben, y así lo manifestó el propio director, en el contexto histórico y social de la liberación sexual, aprovechando la progresiva permisividad de las diferentes censuras cinematográficas. Pero Pasolini tuvo la gran inteligencia —como también Oshima con "El imperio de los sentidos"— de plantear esa provocación ideológica en obras donde la sexualidad humana constituye la esencia misma del relato, de tal manera que la explicitud de imágenes de cuerpos desnudos y planos de genitales no se percibe como algo gratuito o puesto con calzador, sino más bien lo contrario: filmar esta trilogía de manera "pudorosa" sí se podría considerar un acto de hipocresía o puritanismo trasnochado.

En el plano del lenguaje cinematográfico también se delata en estos films la estética de un cine salpicado de olas y modas "vérité" de los setenta: cámara en mano, un cierto feísmo visual con la negación del esteticismo en las composiciones y la utilización de rostros poco agraciados e interpretaciones primarias de aficionados, un montaje tosco y desaliñado, como si estuviéramos viendo la obra en proceso de construcción, sin pulir, etc. Sin embargo, pienso que dichas características sí se adecúan aquí a un pertinente tono naturalista de proximidad y espontaneidad, logrando la frescura antes enunciada.

Me he referido a las tres películas como una sola, por su unidad estilística y temática que funciona además como muñecas rusas, al tener cada una también un carácter episódico (recuerdo que pasados bastantes años tras un primer visionado, y sin haber leído los referentes literarios, me costaba mentalmente ubicar si un episodio pertenecía a una u otra). Mi preferida es "Las mil y una noches", porqué es en la que advierto que dicho carácter episódico (que para mi gusto perjudica en algunos tramos el interés de las dos primeras) está más compensado, al haber un marco central (los amores entre los personajes de Zumurrud y Nur ed-Din) que cohesiona mejor la historia, al tiempo que las localizaciones en el Yemen y Etiopía refuerzan sensorialmente la atractiva fisicidad y sensualidad del film.

Me parece, pues, un colofón perfecto para la bien llamada "Trilogía de la Vida", porqué es de la Vida, con todos sus matices, de lo que nos habla Pasolini: el goce de los cuerpos, el deseo, la libertad, el amor, la inocencia, la falta de prejuicios, pero también el sentimiento de fugacidad, de dolor, de pérdida… Como anticipando su trágico final, Pasolini no concluirá su carrera con este cántico a la vida. Antes nos sumergirá en la terribilidad mortuoria de "Saló o los 120 días de Sodoma".
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37 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
El canto de los pájaros
El canto de los pájaros (2008)
  • 6,0
    541
  • España Albert Serra
  • Victòria Aragonés, Lluís Carbó, Mark Peranson, Lluís Serrat Batlle, ...
7
El extraño viaje
Al presentar "Honor de cavalleria", Albert Serra comentó no era "la narración de una aventura sino la aventura de una narración". Su aventura siguiente, "El cant dels ocells", prosigue en la misma senda, puliendo algunas aristas, aunque persistiendo en otras limitaciones. En conjunto, me parece un avance respecto a su versión del Quijote, en cuanto percibo en ella una más estructurada unidad formal, y una también más conseguida capacidad de poetizar sus contenidos.

"El cant dels ocells" no narra, pues, sino más bien acompaña parsimoniosamente a los tres Reyes Magos en su errático viaje hacia la adoración del recién nacido. La cámara se muestra más segura en la concepción del plano. A ello contribuye el tratamiento visual en un contrastado blanco y negro (aunque en escenas nocturnas la textura se torna más confusa) que define a los personajes, carentes de cualquier psicologismo, siempre en relación a un paisaje rocoso y lunar —la película se rodó íntegramente en exteriores de Fuerteventura, Tenerife e Islandia, buscando, también en palabras del director, un territorio "abstracto y mítico"—. Esta abstracción, de marcado primitivismo, que podríamos emparentar con la interesante "El tiroteo", de Monte Hellman (tanto en su fisicidad como en su temática metafísica), dota a la película de un poderosísimo magnetismo, ya que éste no brota de la artificiosidad de unos decorados (pensemos en el último Fellini, por ejemplo), sino de una forma de mirar lo que la naturaleza ya ha creado. Es en ese saber mirar donde se concentra la cualidad más pura de Serra como cineasta.

Hay en ese trayecto zigzagueante momentos para el recuerdo: la divertidísima discusión de los Reyes sobre qué camino seguir (que obligatoriamente sólo puede degustarse en su versión original: la dicción profana de los no-actores de Serra es tan esencial en su cine como el automatismo en el habla de los modelos de Bresson), la pasoliniana y heterodoxa recreación de María y José, el momento de la adoración ante el niño, donde escuchamos la melodía que da título al film (aunque hay que admitir que tras la sublime interpretación que en su día inmortalizó Pau Casals, cualquier nueva aproximación siempre resulta menos emocionante), o el baño postrero, inequívoco símbolo de purificación: desde las antípodas del cliché religioso, llegamos sin embargo a una experiencia eminentemente espiritual.

Otros momentos, sin embargo, nos alejan, casi nos expulsan, del film: Serra reincide en la excesiva morosidad de los tiempos muertos. La dilatación de un plano ya dilatado solamente puede conducir a la redundancia. Quizás el director debería tomar nota de su admirado Bresson, al que le bastaba con una hora y poco más para transmitir una visión del mundo. Particularmente, pienso que, planteada en estos términos —una "miniatura", como "Madre e hijo" de Sokurov, o los últimos trabajos de Manoel de Oliveira—, el resultado podría haber sido un poema visual memorable y mágico.

El problema de fondo...
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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las Girls
Las Girls (1957)
  • 6,8
    526
  • Estados Unidos George Cukor
  • Gene Kelly, Mitzi Gaynor, Kay Kendall, Taina Elg, ...
8
Lo que la verdad esconde
La gran mayoría de musicales clásicos acostumbran a tener una trama muy floja, simple pretexto o coartada para encajar el plato fuerte y razón de ser del film, los números musicales. De vez en cuando sí se logra el equilibrio perfecto entre la parte "hablada" y la "cantada/bailada" ("Cantando bajo la lluvia" resulta el ejemplo más paradigmático, y es ahí donde creo que reside su grandeza). En "Las Girls" —como curiosamente ocurre también en el melodrama "Ha nacido una estrella", del propio Cukor—, asistimos a un caso atípico, ya que se trata más bien de una estupendísima alta comedia, con un magnífico guión, aderezada con algunos números; incluso varios de ellos, en lugar de nacer de la "irrealidad" que caracteriza al género, forman parte diegética de la trama: se trata de las chicas del título en el ejercicio de su profesión. Forzando un poco las cosas, esta historia podría incluso no haber sido un musical.

Ello no quita que los números estén plenamente integrados en el film —hacen avanzar la acción—, lo que justifica su presencia, y que algunos de ellos resulten antológicos. Especialmente, para mi gusto, la parodia de "Salvaje" con Kelly y Mitzi Gaynor, o el cómico titulado "You’re Just Too, Too", con Kelly y Kay Kendall. Gene Kelly, además, explora como nunca sus posibilidades expresivas y coreográficas, sobrepasando con creces el típico claqué con el que se le asocia, y llegando plenamente al concepto de danza moderna tal como lo entendemos hoy.

Como se sabe, la estructura argumental se asemeja a la de "Rashomon", con los diferentes personajes dando su versión sobre un mismo caso. Pero incluso me atrevería a decir que su reflexión filosófica de fondo sobre la verdad y la mentira supera la del mítico film japonés, ya que Kurosawa se decanta más por dejar en evidencia la intencionalidad patente y maliciosa de algunos personajes en ofrecer una versión de acuerdo con sus intereses, mientras que aquí cada uno está firme e ingenuamente convencido de "su" verdad, lo que en última instancia nos habla de los límites de la subjetividad y la relatividad de la mirada de una manera más diáfana y, a la vez, más abstracta.

Es importante dejar bien claro que la posible pretenciosidad del párrafo anterior corresponde a las elucubraciones que la película puede provocar a posteriori, en su evocación, pero mientras transcurre ante nuestros ojos no contiene asomo alguno de pedantería. Bien al contrario, tal como expresaba al principio, nos sumerge en una deliciosa, burbujeante y sofisticada comedia, donde la sonrisa perpetua está garantizada. George Cukor demuestra su pleno, elegante y exquisito dominio de la puesta en escena, en majestuoso cinemascope, mientras que el elenco aparece en estado de gracia. Particularmente, me gustaría destacar a la malograda Kay Kendall, digna sucesora de Carole Lombard como finísima y genial comediante, que llega al cénit de la comicidad con una desternillante e impagable escena de borrachera.
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20 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Louis Lumière (TV)
Louis Lumière (TV) (1968)
  • 7,5
    215
  • Francia Éric Rohmer
  • Documentary, Jean Renoir, Henri Langlois
8
Luz silenciosa
Esta antiguo documental extremadamente didáctico —en el mismo y buen sentido de la palabra que se aplica a la también experiencia televisiva de Rossellini, aunque en su caso fuera, inversamente, como culminación de su carrera— se centra en el estudio de Louis Lumière, quien óbviamente por todo amante del cine recibe el culto destinado a los padres fundadores. Sin embargo, aquí no se indaga en los aspectos técnicos que hicieron posible la creación del cinematógrafo, sino en la reivindicación del inventor en su condición pura de "cineasta", es decir, en la posesión, seguramente intuitiva pero no por ello menos real, de un sentido específico de la puesta en escena, que se revela sin necesidad de montaje ni cambio de planos.

Los responsables de hacernos caer en la cuenta de esto son Jean Renoir y Henri Langlois, el mítico fundador de la Cinémathèque. La verdad es que basta oír unos minutos a Renoir para pensar que en una cena con él, uno aprendería más de cine que con todos los libros juntos que ha leído. Las disquisiciones que ambos lanzan se convierten, pues, en una impagable meditación sobre los mecanismos del arte: la realidad, la representación, la creación...

Coherentemente con su forma de entender el cine, sencilla y funcional, Rohmer busca la esencia con los mínimos elementos. Una habitación con dos butacas para los entrevistados, alternándose con visionados de films de Lumière —que por sí mismos ya resultan altamente interesantes—. Oímos su voz interrogando, pero ni una sola vez le vemos (igual que en su cine el plano muchas veces corresponde al que escucha) para centrar todo el interés en las figuras de los entrevistados, filmados en planos medios pero con ligeros zooms de acercamiento. Quizás el único pero es que se desaprovecha la ocasión de tener a estas dos figuras juntas para generar un "debate" entre ellas, y el resultado más bien se asemeja al de dos entrevistas independientes.

Finalmente, una reflexión. Podría pensarse, maliciosamente, en un cierto chovinismo de esta propuesta (un francés que habla con dos franceses sobre otro francés), aunque creo que la talla intelectual de los participantes sortea este peligro. De todas maneras, sería aconsejable que en un país como el nuestro, con tanto gusto por la amnesia (sólo hay que ver la urticaria que provoca en ciertos sectores la expresión "memoria histórica") tomásemos nota. Documentales así podrían y deberían hacerse aquí para no olvidar y homenajear a pioneros tan importantes como Fructuós Gelabert o Segundo de Chomón, entre otros. O, por cambiar de registro, cualquier espectador puede recitar los nombres de los actores españoles que en los últimos quince años han marchado a hacer las Américas; sin embargo, sigue siendo un ilustre olvidado y en absoluto reivindicado el mallorquín Fortunio Bonanova, quien, desde la humildad de pequeños papeles, trabajó ya en los cuarenta con los más grandes: Welles ("Ciudadano Kane"), Wilder ("Perdición"), Ford ("El fugitivo")…
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
El planeta de los simios
El planeta de los simios (1968)
  • 7,5
    54.323
  • Estados Unidos Franklin J. Schaffner
  • Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans, ...
8
La voz solitaria del hombre
Ésta es una de esas películas que, si uno tiene la suerte de verla de niño, le causa una conmoción inenarrable; y, con el paso de los años, los sucesivos visionados desde una mentalidad adulta no sólo no apaciguan la emoción —algo que suele suceder en estos casos— sino que no hacen más que confirmar que estamos ante una de las mejores películas de ciencia-ficción jamás filmadas.

No voy a revelar el final, en base a las reglas del juego de esta página, aunque en este caso probablemente esto sería lo de menos, porqué se trata sin duda del final-sorpresa más popular de la historia del cine, conocido incluso por quienes no la han visto (sería un ejemplo análogo a la sorpresa, en este caso a media película, que suponía la escena de la ducha de "Psicosis"). Sí recalcaré, sin embargo, el profundo poderío cinematográfico de este momento: siendo una sorpresa de tipo "argumental" —es decir, que podría consistir perfectamente en una explicación hablada—, es una espléndida y originalísima idea visual la que determina, en última instancia, la inmortalidad de la escena.

Esto nos revela el talento de Franklin J. Schaffner, hoy un tanto olvidado aunque autor de excelentes obras, un talento que aquí se despliega del primer al último minuto. En efecto, el daño colateral de un final tan emblemático es que tiende a ensombrecer lo que lo ha precedido, que en este caso me parece una historia muy bien construida, con sus momentos climáticos perfectamente organizados, y con una planificación y un ritmo ejemplares. Incluso lo que cuarenta años después tendría más números para quedar obsoleto —el maquillaje y las máscaras de los primates— aparecen hoy con una eficacia, y una gracia, superior a las de los numerosos efectos digitales que invaden las pantallas.

Finalmente, pienso que el gran valor de este film proviene de su capacidad para aunar un sentido muy puro del entretenimiento (iba a escribir casi primario, en honor a los simios que pueblan la película) con una serie de reflexiones de amplio calado filosófico sobre la naturaleza humana (reflexiones que nunca son impostadas, sino que fluyen de manera "orgánica" de la apasionante narración, que es lo meritorio).


(Como no podía ser de otra manera, esta crítica está dedicada a mi amigo Taylor —cuyo nick, no por casualidad, coincide con el apellido del protagonista que encarna Charlton Heston— con quien gozo del privilegio de poder brindar no sólo virtualmente, sino blandiendo jarras auténticas de fresca y noble cerveza. ¡A tu salud!)
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Elena y los hombres
Elena y los hombres (1956)
  • 6,7
    534
  • Francia Jean Renoir
  • Ingrid Bergman, Jean Marais, Mel Ferrer, Jean Richard, ...
9
Los hombres de Félix
Algunos placeres, como la lectura, se degustan en solitario. En otros, como el fútbol, es la masa enfebrecida la que conforma una espiral de sensaciones. El cine, como el catolicismo, nació para ser vivido en comunidad, pero no creo ser nostálgico ni injusto si afirmo que ir al cine ya no es lo que era.

En las últimas décadas, seguramente desde la aparición del vídeo, muchos espectadores confunden sala con salón; a saber: el ruido ambiental antes de la proyección, entre charlas en alta voz y crujir de palomitas, se asemeja a un restaurante en hora punta. Hay quien, quizás como reminiscencias de antiguos hábitos burgueses, considerara aumentada su reputación si accede al recinto diez minutos después de empezada la película, obligando así a algunos a levantarse respetuosamente a su paso. Muchos están tan pendientes de sus obligaciones que no olvidan no desconectar el móvil, e incluso los más responsables mantienen agradables conversaciones cuando éste suena. Y, si uno tiene la extraña fortuna de coincidir con un grupo de adolescentes en celo, sus risitas y aullidos superan con creces la potencia de los altavoces, aunque, eso sí, obtiene a cambio valiosa información para un tratado sobre semiótica cachonda.



Es por eso que, cuando mis amigos del Cineclub Serrano de El Escorial me invitaron a ver con ellos "Elena y los hombres", me sentí inmerso en un feliz anacronismo, una arcadia cinéfila donde el punto de encuentro volvía a ser ese templo sagrado para el goce artístico. En feliz comunión de risas sincronizadas, disfrutamos de lo lindo con esas persecuciones vodevilescas que tanto recuerdan los momentos más jocosos de "La regla del juego", con el ritmo trepidante y sin pausa que impone Renoir, con la belleza irresistible de Ingrid Bergman, con la farsa bajo la cual se agazapa, sin estridencias, una sátira no feroz pero sí sagaz sobre la política, la guerra y el amor, siempre jugando entre la representación y la realidad: aunque no supere "La carroza de oro", gran cima del director que Truffaut tanto defendía, comparte con ella su misma reflexión de fondo sobre "el teatro de la vida".

Y, al término, la tertulia con los amigos y unas jarras en la mano debatiendo, como en la película, sobre los misterios del cine y de la vida.



Esta reseña urgente, manuscrita a toda velocidad —concretamente unos 280 kilómetros por hora, velocidad media del tren AVE entre Madrid y Barcelona—, pretende ser un homenaje a todas aquellas personas y asociaciones culturales que, sin ánimo de lucro, únicamente por amor al arte, promueven una manera de vivir y sentir el cine lamentablemente en vías de extinción.
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28 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fellini, ocho y medio (8½)
Fellini, ocho y medio (8½) (1963)
  • 8,1
    18.852
  • Italia Federico Fellini
  • Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale, Anouk Aimée, Sandra Milo, ...
8
Hasta que llegó mi crítica
J.C. era un usuario de FilmAffinity en crisis. No sabía sobre qué película escribir ni cómo. Así que se encerró en un balneario de almas en busca de inspiración. Bloqueado, buscó recursos nuevos. Siempre dejaba el título de la crítica para el final, así que decidió empezar por el final y buscó un título. Como no encontró ninguno se lo robó a Q, aprovechando el momento que el camarero servía la penúltima ronda de cervezas.

Teniendo el título de la crítica, faltaba elegir el del film, para lo que contaba con la ayuda de sus amigos. "La hija de Ryan" es un peliculón, sentenció X. Sí, pero no estaría de más que también fuese una película, respondió G. El usuario prefería "Breve encuentro", pero concluyó que escribir sobre ella no sería tan fascinante como protagonizar un remake con R. Finalmente, J.C. logró dar con un par de ideas, pero con los nervios se le cayeron al suelo; no tuvo tiempo de agacharse que, raudo, H las recogió y las guardó en una libretita. Es que las ideas escasean, arguyó H, a modo de disculpa.

—Perdone, ¿pero se puede saber que está haciendo, J.C.?

—Estoy intentando escribir una crítica para FilmAffinity. ¿Y usted porqué me interrumpe?

—¿Crítica?, ¿pero qué clase de crítica es ésta? No hace más que hablar de sí mismo.

—Bueno, Fellini también lo hacía… ¡Ah! Qué rapto de inspiración. No sabe usted la idea que me acaba de dar; escribiré sobre "Ocho y medio". Lo que no sé por dónde empezar.

—Pues debería saberlo. Ya ha gastado 1404 caracteres. Oiga, yo le conozco, usted lleva 50 películas reseñadas en esta página…

—49 y medio, si consideramos "Una partida de campo" como un mediometraje. Otro punto a favor para escribir sobre "Ocho y medio". Espere, que me animo. Además, será una crítica en blanco y negro. Y en cinemascope…

—Pare el carro y no desvaríe más. Como le iba diciendo, usted se ha labrado una reputación. Sus críticas son serias, le gusta desmenuzar el lenguaje cinematográfico de las obras tratadas. Tiene incluso un pequeño pero fiel grupo de lectores. ¿Por qué echar a perder cinco años de trabajo y bien ganado respeto con una crítica egocéntrica e insustancial que no habla para nada de la película?

—¿Cómo que no habla de la película? A ver, ¿de qué trata "Ocho y medio"?

—"Ocho y medio" trata de "Ocho y medio".

—Ergo mi crítica de "Ocho y medio" trata de mi crítica de "Ocho y medio". Coherente, ¿no?

—Se me ocurren otros adjetivos. Pero, ¿de veras piensa que alguien podrá encontrar que esto que llama usted "crítica" puede resultar útil y/o interesante?

—Bueno, nunca se sabe. Hay que arriesgarse, que decía Pascal. Déjeme pensar que sí. Soñar es gratis.

—Y morir también.



(Dedicada a Lupo)
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142 de 183 usuarios han encontrado esta crítica útil