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Críticas de Lucien
Críticas ordenadas por:
Roma
Roma (2018)
  • 7,1
    18.473
  • México Alfonso Cuarón
  • Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, ...
7
'Roma' no es la película que merece Cleo
Finalmente, tras una considerable demora di en ver "Roma". Confieso que se confirmaron mis sospechas, tanto las positivas como las no tan positivas. En esencia, "Roma" me parece un film necesario e importante, hecho con eficiencia artística y técnica, pero en el que se dan cita contradicciones de fondo y forma, éticos y estéticos que socavan sus propias posibilidades.

Del lado de las luces, cabe decir que Cuarón abre la cortina una visibilización urgente de la subalternidad (de género, clase y étnica). Las respuestas racistas y sexistas que se han concitado en la prensa estos meses no hacen sino demostrar cuán necesaria era esta vacuna de diversidad y realidad para nuestro panorama social. No puedo sino celebrar con alborozo el protagonismo de Yulitza Aparicio, pese a las limitaciones de guión, ni la presencia del hermoso idioma mixteco. Tampoco puedo escatimar mi admiración por escenas particularmente brillantes. Acuden a mi memoria la poética toma inicial (que también cierra el filme), el tributo a Proust, las intensísimas escenas en el hospital y la playa y el tributo quizá fellinesco en las escenas del campo de entrenamiento y la fiesta de año nuevo.
Y con todo, confieso que me siento insatisfecho con la película de Cuarón. La aprecio, la valoro, pero me falla en puntos esenciales.

Se ha dicho, y no sin algún fundamento, que una de las fallas de "Roma" radica en su falta de argumento. Ello no me parece exactamente cierto: no es tanto que no haya una trama (que la hay) como que esta es radicalmente plana y casi estereotípica. Inténtese explicar de qué va la película a cualquier persona y uno se verá atorado ante su simplismo. Se podría objetar que la opresión de la mujer indígena por parte de una egoísta clase burguesa en un marco social fundamentalmente sexista y racista requería de una plasmación de una historia tópica. La historia de Cleo debía ser en buena medida una representación de las millones de Cleo que viven en dichas condiciones de anulación vital, no solo en México, sino en Latinoamérica y, con las extrapolaciones necesarias, en otras partes del mundo. Ahora bien, el problema de una representación fundada en la descaracterización individual es que lega la suerte de la protagonista a una suerte de indiferenciación que hace su destino prescindible. Cleo deja de ser un personaje único e individual para ejercer de símbolo social. Ella pasa a ser un espacio vacío donde se concita el prejuicio; es decir, la ausente en esta historia es la propia protagonista.

Finalmente, la raíz de mis problemas con "Roma" parte del punto de vista elegido por el director, uno con el que desde éticamente no puedo concordar. Cuarón decide hacer un homenaje a su niñera, Libo, pero decide hacerlo a partir de SU punto de vista de niño nostálgico. En lugar de ponerse (ponernos) en la piel de aquella a quien se homenajea, se afirma en el terreno de una evocación narcisista. "Roma" es una exploración esteticista anclada en una lente de infancia idealizada. Esta opción, explica los vacíos que reparte la película. Sin embargo, lejos de hacer justicia con un retrato de la opresión de género, clase y raza, se limita a sí misma a ser un buceo poético que contradice y sesga la crudeza de la realidad social de Cleo. La protagonista en este paseo por hermosos fotogramas es una pasajera más a la que no se ha preguntado nada. La estética suaviza una posición ética que requería de otros ojos. Las Cleos del mundo siguen viéndose a través de "Roma" esencialmente como lo mismo, sujetos pasivos de su propia vida, estoicismos sin asomos de vida individual. Cleo vuelve a ser "la india en condiciones de explotación": bienvenidos al cliché. En lugar de hacer una película sobre Cleo, Cuarón la ha hecho sobre sus nostálgicas memorias. (It's about him remembering her; don't be fooled.) Y tal vez esto es lo único que moralmente podía permitirse el director. El problema es que con ello se hermosea lo injusto, se reinvisibiliza al ser invisible y se objetiviza de nuevo por medio de clichés aquel sujeto a quien supuestamente se rendía tributo. La opción esteticista se convierte en apropiación y máscara, tan poderosa visualmente como vacía de auténtica empatía y compromiso.
"Roma" mira a Cleo desde la valla de la incomprensión, desde una externalización por muchos momentos sin alma de la protagonista. Lo que sobra de contemplación behaviorista falta en emoción, lo que sobra en clichés falta en dimensión individual. Y sí, hay clímax emocionales, pero siempre desde una comodificación del otro. Triste es que la gran ausente de este film sea la propia individualidad de la protagonista, cordero sacrificial para su dilentatismo cinéfilo (Wajda, Tarr, Tarkovsky y ecos de neorrealismo italiano).

Si gana esta noche en los Óscars, "Roma" será un triunfo para todos los hispanos, puesto que es una película importante que nos representa. Pero, con todo, no es la película que las Libos o Cleos del mundo se merecen. Aún no. Seguiremos esperando.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los buenos modales
Los buenos modales (2017)
  • 6,2
    354
  • Brasil Marco Dutra, Juliana Rojas
  • Isabél Zuaa, Marjorie Estiano, Miguel Lobo, Cida Moreira, ...
5
"As boas maneiras": apuntes frustrados de la otredad en un orden social opresivo
En "As boas maneiras" los directores Marco Dutra y Juliana Rojas nos proponen un cuestionamiento del orden social. Nos llevan a preguntarnos qué son esas "buenas maneras" socialmente aceptadas, a través de la mirada desde lo otro: lo otro racial, sexual y preternatural, en este caso.

Esta problematización del orden social aparece a partir de sus personajes y la situación preternatural que da trabazón a la historia. De un lado tenemos a Ana, joven blanca de clase alta, marginalizada por su familia por mantener un embarazo indeseado. De otro, a Clara, enfermera afro-brasileña, que trata de sobrevivir en un régimen que apenas si disimula su clasismo y racismo. Entre ellas no solo surge una relación homosexual que, por desobedecer el hetero-patriarcado, ya supone una aceptación de la otredad, sino que desemboca en una fábula aún más turbia de licantropía. Tomando estos elementos podemos decir que el film es una plasmación de la subversión y del desacato a un orden social que no por aceptado deja de ser más pernicioso.

Visto en lo que entiendo es el proyecto autorial de la cinta, la obra tiene una premisa fascinante. Sin embargo, precisamente por lo prometedor de su proyecto, "As boas maneiras" me parece en último término una obra aún más fallida. Las buenas maneras de las que hacen gala los directores (valga el juego de palabras) hacen aún más molesto el fracaso final del film.

Sin desvelar mucho, el problema es que la película es en el fondo dos películas débilmente conjugadas. En una primera mitad la cinta se enfoca en la relación (jerárquica, sexual, problemática) entre las dos protagonistas. En dicho tramo, la historia apunta maneras estéticas y de crítica social: aquí la pulsión erótica echa un puente en un orden social que conspicuamente acepta la clase y la raza como abismos humanos. Esta sección tiene tanta sutileza, tanto calado (y en ello mucho tiene que ver la magnífica interpretación de Isabél Zuaa), que uno no puede sino lamentar su súbita discontinuidad.

En su segunda sección, la película lleva nuestra atención hacia otra dimensión crítica del orden social: cómo vivir con un niño-lobo en un mundo como el nuestro. No niego que sea interesante ver el tema en dos dimensiones distintas, pero echo en falta la sutileza y la dimensión crítica que había en la primera parte. La cinta se vuelve ahora un estudio mucho más estereotípico de la diferencia: ¿puede una madre proteger a su hijo, cuando este viene marcado por una otredad radical? La película se centra ahora en la posibilidad de normalizar una maternidad en un contexto de licantropía. La cinta se vuelve un homenaje al cine B y a cierta forma de musical posmoderno que distrae de lo que parecía ser su meollo, del conflicto que le daba energía y fuerza.

La eliminación gratuita de uno de los personajes principales del comienzo hace que la historia se resienta gravemente. Con su desaparición, raza y clase desaparecen como temas centrales, y el film se vuelve tan desorientado como tedioso. Varios hilos que prometían ulterior desarrollo y complicación se ven abandonados como si fueran distracciones (red-herring) de una novela de detectives, sin más sentido que el de desorientar al espectador y llevarle a ningún lado.

El vagabundeo narrativo final lastima tremendamente una historia con potencial. Su final consuma la caída de la historia con una conclusión que casi da vergüenza ajena.

En resumidas cuentas, "As boas maneiras" termina pasando de puntillas por los temas sociales que conferían gravedad a su historia y, al hacerlo, termina traicionándose a sí misma. Hay cintas que merecen un 5 por su falta de calidad; otras, como "As boas maneiras", merecen esa nota por traicionar las premisas de calidad que auguraban una obra notable. Lástima.
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Wonder Woman
Wonder Woman (2017)
  • 6,4
    29.494
  • Estados Unidos Patty Jenkins
  • Gal Gadot, Chris Pine, David Thewlis, Danny Huston, ...
6
Las buenas intenciones
"Wonder Woman" llega a nuestras salas después de un toma y daca en el seno de la crítica oficial, con varapalos desmedidos y desmedidos elogios. Y uno comprende tanto el entusiasmo como la decepción, porque la película da alimento a ambas posiciones.

Lo extraño de la propuesta de Patty Jenkins es que es extrañamente exitosa en apartados que yo no esperaba (una capacidad para transmitir un impacto emocional a través de las relaciones entre los personajes) e inesperadamente fallida donde precisamente esperaba un mayor oficio (su dimensión heroica y de acción).

Entra uno en la sala y se encuentra realmente conmovido por el comienzo de la cinta con una representación cautivadora de Diana niña. Jenkins sabe mostrar nuevas dimensiones en las relaciones entre mujeres (lo que los finos llaman relaciones homosociales) y lo hace salvándose del tópico y la representación plana. Además es capaz de plasmar mujeres fuertes que siguen siendo mujeres e incluso lo hace meritoriamente a través de un elenco racialmente diverso.

Las interacciones de Diana con Steve y con Etta son otro de los aspectos mejor conseguidos ya que permiten una mirada lúcida de la posición de la mujer en la sociedad moderna, tanto desde el punto de vista institucional como desde el punto de vista sexual y lo lleva a cabo desde la ingenuidad de una protagonista que no conoce más allá de su propio universo y que resulta por ello divertido y concienciador. Estas escenas son sencillamente cautivadoras y permiten una denuncia suave e inteligente de las formas cotidianas de represión de la mujer: desde las limitadoras formas de vestir a las restricciones para hablar en espacios públicos. Chris Pine y Lucy Davis ayudan a que la limitación actoral de Gadot pase desapercibida.

Resulta lastimoso que hasta aquí lleguen los méritos de la cinta. Cuando la película decide meterse en el calzador del género de superhéroes es donde patina. Hay un continuo "hit and miss", donde conviven la eficiencia física de Gadot con la torpeza del CGI (los efectos visuales) y una vergonzosa recaída en el exceso. Imagino que habrá quien compre esas dilatadas luchas absolutamente inverosímiles. A mí me producía vergüenza ajena: pelo al viento, luz deslumbrante, tanques volando. Cuando la épica resulta en comedia es que tenemos un problema.

Da la impresión de que Jenkins quería hacer una película y la presión de la fórmula (de las productoras) la llevó a hacer otra. Entre pinto y valdemoro, "Wonder Woman" se queda como una exploración interesante de nuevas formas de la feminidad (y de la masculinidad) que termina ahogada por el ruido y mainstream.
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96 de 131 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por trece razones (Serie de TV)
Por trece razones (Serie de TV) (2017)
  • 6,9
    20.380
  • Estados Unidos Brian Yorkey (Creator), Thomas McCarthy, ...
  • Dylan Minnette, Katherine Langford, Christian Navarro, Alisha Boe, ...
6
Tan notable como fallida
La primavera de 2017 nos ha venida cargada con nuevas y atractivas series. Entre ellas, qué duda cabe, destaca "13 Reasons Why", producida por Netflix bajo el auspicio de la cantante Selena Gómez. Su acogida en el público ha sido digna de la misma reacción polarizada que recibiera el libro de origen de Jay Asher. En esta reseña haré mención de algunas de estas posiciones al mismo tiempo que emitiré mi veredicto personal.

Del lado positivo, merece la pena mencionar la excelente fotografía y brillante actuación de todos los actores (entre los que brilla con luz propia la joven pareja protagonista Dylan Minnette y Katherine Langford, pero que extiende sobradamente sus méritos en todo el elenco). Son estos dos primeros factores los que atrapan al espectador en una historia que ya conocemos trágica. Nada podría ser menos atractivo que una crónica de suicidio anunciada y, sin embargo, así es. A mi forma de ver, mucho de ello tiene que ver la atención al detalle banal pero significativo que surge en muchos momentos, en especial entre los personajes de Hannah y Clay. Su adolescente torpeza resulta carismática y entrañable. No menos portentosos son los retratos psicológicos que nos dan los actores que interpretan a Justin, Jessica, Tyler y Alex.

También del lado positivo cabe situar otros dos aspectos importantes: una representación natural de la diversidad americana (chicos y chicas de diversas razas, orientaciones sexuales) y una conciencia crítica lúcida sobre el impacto del abuso y las microagresiones en la vida de otros. Ambos factores surgen sin aparente esfuerzo y ejercen un doble y loable servicio social, al mostrarnos con naturalidad un espacio social diverso y al obligarnos a hacer un diagnóstico moral sobre nuestra complicidad en el sufrimiento del prójimo.

Hasta aquí llegan los méritos, pues otros factores entran en contradicción con aquellos, disolviendo el vino en agua.

Un repaso a los sustanciales cambios operados sobre el libro de origen nos permite entender mejor las limitaciones, a mi juicio, de la serie. El primer elemento que salta la vista es la modificación del lapso temporal en que suceden los hechos. Mientras la novela los hechos en un tiempo muy breve (prácticamente una noche), la serie extiende la audición de Clay de las cintas por días y días. He aquí que lo que se gana de un lado se pierde de otro. Mientras que la novela prácticamente aportaba una visión vaga, lejana y afantasmada del fondo social de Hannah en la serie la dilación permite una mejor caracterización de secundarios. El problema radica en que la suspensión de incredulidad necesaria que ya era necesaria para aceptar la premisa argumental de la obra (que una chica grabe una serie de cintas de cassette relatando pormenorizadamente los factores que condujeron hasta su suicidio) llega a hacerse tan inverosímil como realmente frustrante durante 13 largos episodios. No hay modo de visualizar la serie sin que que el espectador se desespere ante una dilación sin verdadera recompensa. La serie hubiera salido mejor parada de haber concentrado los hechos tanto en su estructura temporal como en el número de episodios.

Otro cambio significativo atañe a la caracterización de Hannah que llega a ser verdaderamente antipática en el libro, como no es en la serie. La decisión del autor no era gratuita. Obviamente, Asher nos presenta el retrato de una chica tanto en conflicto consigo misma como en conflicto con los otros. El diseño de su metódica venganza tiene sentido en un personaje moralmente complejo y ambivalente, en muchos casos francamente antipática. Esto mismo no puede ser dicho del personaje en la serie, cuya vulnerabilidad y genuina falta de método contradice el cálculo que presupone la premisa argumental de todo el show.

Más allá de la comparación con la novela surgen otros factores que dejan un sinsabor en espectadores como quien les escribe.

En respuesta al supuesto verismo de la serie, yo discrepo. Como muchos compañeros mencionan en esta plataforma, "13 Reasons Why", aunque ofrece un retrato carismático de los adolescentes, gracias a la labor de sus actores, recae en muchos de los clichés telenovelescos de programas semejantes (¿recuerdan aquel "Al salir de clase"?): las fiestas, la polaridad entre chicos populares y "nerds", etc. La historia se nutre de los cansinos materiales de siempre, las ansiedades juveniles, la inflación sexual y sobredramatizada de conflictos que afortunadamente no forman parte de la experiencia común y que precisan de un oído especialmente empático y perdonador. Es precisamente esa falta de realismo lo que consigna la serie en el rincón de lo retratos olvidables.

Más complicada es la reflexión que nos propone la serie en relación a la violencia sexual y el suicidio. Ambos elementos actúan como cima climática de la serie y son por ello motivo de un enorme debate en la red. Dejando a un lado dimes y diretes morales sobre la posibilidad de que la serie legitime o embellezca el suicidio, juzgo que ambos hechos no están bien encauzados en la serie. La crudeza con que se nos transmite es meramente sensacionalista: se queda corta en crudeza y se queda larga en melodrama. En ese justo medio que ni alienta la náusea ni elide con elegancia su sobrecogedora importancia queda la representación de algunos de los momentos más duros de la serie. La carta de la violación y el suicidio se queda en un recurso más tramposo que honesto, menos denunciatorio que explotador.

Con todo es la insatisfactoria conclusión de la primera temporada lo que más lastima la serie. No era necesario plantar cliffhangers para el futuro. Como espectador esperaba alguna forma de cierre, un broche final para Hannah. Su escamoteo intencional (con visos de una segunda temporada) termina sintiéndose como una estafa.
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29 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dirty Laundry (C)
Dirty Laundry (C) (2012)
  • 6,8
    1.869
  • Estados Unidos Phil Joanou
  • Thomas Jane, Ron Perlman, Sammi Rotibi, Karlin Walker, ...
2
Perpetuación de imaginarios racistas y explotación de la marginalidad con salsa de tomate
La excusa es sencilla. Consiste en remitirse con absoluta fidelidad a la violenta fuente original. En justificar la salida fácil de la sangre gratuita, aunque no exista apoyatura realista que justifique el volar de sesos y el quebrar de tibias y antebrazos.
Como en el circo, como en las plazas de toros, el público estará contento. Confesada o inconfesadamente, la identificación con una justicia hormonal, catártica, frustrada, del ojo por ojo será suficiente.
Nadie se percatará de que el héroe reproduce el ideario de la supremacía blanca (digno de los Bannon que rodean al nuevo presidente americano). Nadie comentará que se pasa voyeurísticamente de puntillas por encima de la violación sexual, del maltrato infantil, o se mencionará, aunque sea de soslayo, que el guión mercadea con la vulnerabilidad real de los desfavorecidos para caja de los mismos de siempre. Pocos comentarán el modo en que se explotan los peores estereotipos del colectivo afroamericano para aplauso de la fantasía blanca y masculinista.
Y esto sucede porque pensar, sentir, desde el sufrimiento de la minoría (de la mujer, del afroamericano) es un lujo. Su explotación ni se siente, puede darse por hecho. No está siquiera presente en el horizonte mental.
Está bien colgar la empatía de la percha más cercana al mirar un cortometraje. Porque la violencia, cuando viene blanca y machista, puede aún sernos completamente indiferentes. Nos parece normal, lógica, legítima (¿no era así la fuente original?, decíamos). Y así nos luce el pelo.
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0 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El editor de libros
El editor de libros (2016)
  • 5,8
    2.611
  • Reino Unido Michael Grandage
  • Colin Firth, Jude Law, Nicole Kidman, Laura Linney, ...
8
Colin Firth y las historias que nos salvan
Como a ese chicuelo desmañado y encogido al que le van a pegar en el patio del colegio, le salen a uno ganas de defender esta película, modesta, hecha a menudo de trazos torpes. Y se le amontonan a uno motivos para inflarle un ocho a cinta meramente decente. Porque una vez más Colin Firth nos conmueve, casi sin descomponer el rostro. Porque hay que aplaudir cada vez que la poesía se hace espacio en esa gran pantalla tan cubierta de morralla. Porque Thomas Wolfe y Max Perkins son dos pilares para cualquiera que ame la literatura. Porque es un tributo a la dura labor de editor y un canto a una amistad forjada desde y contra las palabras. Porque merecen Wolfe y Perkins un espacio en la memoria. Porque en el mar de elegancia formal de un film sin dentadura aparente, la cinta tiene momentos brillantes: dos hombres se sienten como hermanos contemplando la misma ciudad a la que arribé quién sabe cómo.

Por todo esto... y a pesar de la sobreactuación de Law o la infra-actuación de Kidman. Por todo esto y a pesar de que se trata de un biopic con una estructura formularia, una cinta donde parece que sus guionistas olvidaron dibujar los personajes femeninos. Por todo y a pesar de que sabemos casi a los quince minutos cómo se va a desarrollar el resto de la historia.

Porque no todo van a ser superhéroes, explosiones, cine de arte y ensayo (que también veo cuando llega la oportunidad): también hay historias como estas que nos salvan, como hogueras, en medio de la noche. Historias como la amistad de un escritor hoy bastante olvidado (y con tendencia a desmandarse en palabras) y el editor que dedicó afecto, lápiz colorado y tiempo en hacer sus obras inmortales.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bárbaros, el despertar (Serie de TV)
Bárbaros, el despertar (Serie de TV) (2016)
  • 5,3
    180
  • Estados Unidos Simon George, Declan O'Dwyer, ...
  • Documentary, Michael Ealy, Tom Hopper, Steven Waddington, ...
6
Un docudrama útil para atraer a la generación "Juego de Tronos"
Viendo la leña que hacen del árbol caído, uno esperaría que "Barbarians Rising" fuera un total despropósito. Pese a las limitaciones del docudrama (que no pienso ocultar y sobre el que extenderé abajo), considero que reviste cierto interés, por su capacidad para despertar un debate sobre la civilización y la barbarie y su intención de atraer a la generación de "Juego de Tronos" hacia la historia de edad antigua.

Comencemos por el principio. Se trata de un docudrama que mezcla narración histórica con la escenificación de episodios concretos por parte de actores más o menos familiares. La narración en su versión original (que recomiendo) corre a cargo del actor afroamericano Michael Ealy, a quien tal vez conozcan de series de televisión como "Secrets and Lies" y la interrumpida "Almost Human".

La premisa del show parte de una contranarrativa de la edad antigua, según la cual la civilizadora Roma es vista como una fuerza imperial destructora y los bárbaros (es decir los conquistados) son considerados como defensores de la libertad. Si esta inversión simplificadora no fuera suficiente sorpresa a continuación el espectador ve dentro de la misma rúbrica una galería diversa de personajes. A lo largo de cuatro episodios, el show recorre el destino de Aníbal, Viriato, Espartaco, Arminius, Boudica, Fritigerno, Alarico, Atíla y Genserico. Los creadores del docudrama fijan una narrativa continua, a mis ojos inesperada, que abarca desde el siglo II a.C hasta el siglo V d.C. Por un lado, valoro positivamente la intención de forjar una macronarrativa más o menos didáctica con la que ayudar a la comprensión de una historia no poco turbulenta. Sin embargo, este misma maniobra reduce los caracteres específicos de diversas civilizaciones a su mínimo divisor: su antagonismo respecto a Roma. La reinvindicación que se pretende de culturas como la cartaginesa, la celtíbera, celta o visigoda (por mencionar algunas de las más conocidas), termina desapareciendo bajo el signo que precisamente se quiere poner en cuestión: la identificación de Roma con la misión civilizadora. Los "bárbaros" comienzan siendo un antagonista, un Otro, y terminan exactamente en el mismo lugar. El paradigma o el foco tampoco cambia tanto.

Con todo, aprecio el debate que el docudrama pretende despertar. Esta voluntad un tanto polemicista ya declara sus intenciones con la caracterización como negro africano de Aníbal. Este hecho, que tanto malestar parece haber sembrado en las redes, lo leo más como un medio de despertar las agendas ideológicas y raciales que como un fin en sí mismo. Me explico: más allá del color de la piel con que se represente al general cartaginés (cuya imposibilidad de verificación ya ha sido concedida por los historiadores), encontré particularmente significativa la visceralidad con que los defensores de uno y otro bando salieron a la palestra. En realidad, se argumente por medio de la herencia fenicia, se apoye en la posibilidad de mestizaje y en la extensión de numidios negros en el imperio norteafricano, lo importante es que el docudrama ha sacado a la luz precisamente los prejuicios y agendas de cada cual.

El docudrama no oculta, a pesar de la excéntrica selección de entrevistados, su clara filiación: el movimiento de los derechos civiles afroamericanos. No de otra forma se explica la presencia insólita de Jesse Jackson. A medio camino entre el liberalismo y el libertarianismo, el programa hace una propuesta acorde a su visión de la historia, con que se podrá no estar de acuerdo, pero que al menos merece más consideración que irracional ataque.

Los creadores parecen especialmente interesados en valorar las grandes batallas y las grandes estrategias. Pareciera que el show busca ser una guía de navegantes para la decaída América imperialista. Estados Unidos siempre se ha visto como una "alter Roma". Y en programas como este es particularmente visible una dimensión autocrítica. En tiempos convulsos como los que vivimos no deja de parecerme interesante la coincidencia de esta reflexión con la conciencia creciente del daño ejecutado por Estados Unidos en su política internacional.

Dejo aquí las reflexiones que me parecen más productivas. Sin embargo, no quisiera pasar sin incluir algunos de los más molestos errores del show. Uno de ellos es la inconsistencia geográfica. Cualquier espectador conocedor de historia se llevará las manos a la cabeza al descubrir mezclados los nombres de tribus y civilizaciones antiguas, con la geografía política actual y designaciones romanas. El despropósito en este apartado es total. La confusión de adscripciones lleva a usos anacrónicos particularmente indigestos: Viriato es lusitano o portugués según el caso, Arminius es alemán, se nos habla de Italia en el mismo párrafo en que se nos hablaba de los galos. ¿Tan bobos creen a los espectadores que no serán capaces de entender referencias como "peninsula ibérica" "península itálica"?

La escenificación es asimismo bastante desigual. No entraré en profundidad aquí en las omisiones históricas flagrantes de batallas importantes o figuras históricas a las que se olvida impunemente o se tergiversa (¿hablar de Arminius y no mencionar ni una sola vez a Germanicus?, ¿omitir el episodio de Espartaco y los piratas de Cilicia?, ¿por qué vulgarizar el honorable suicidio de Varus documentado por diversos historiadores de la época?,etc. ). Lo peor es que hay una enorme desigualdad en el filmado de estas escenas. Hay un continuo "hit and miss", donde la épica a veces se da la vuelta grotesca, o donde se cargan las tintas con un melodrama de baratillo.

Y con todo, valoro que se hagan docudramas como este. Aprecio que en tiempos de la desmemoria alguien dedique un poquito de su tiempo a reivindicar a Viriato, Alarico, Arminius... Sus historias no desmerecen de las de la épica escapista. Si gracias a tentativas como esta una generación se acerca con amor e interés a estas figuras, tal vez algo se haya conseguido.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Black Panthers: Vanguard of the Revolution
The Black Panthers: Vanguard of the Revolution (2015)
  • 7,1
    188
  • Estados Unidos Stanley Nelson
  • Documentary
7
Una introducción al tema con freno y marcha atrás
La rehistorización afroamericana está de enhorabuena. En los últimos años, puede palparse, quizá como agudo contraste a la pervivencia de la brutalidad policial, una revalorización del gran aporte cultural de la comunidad negra estadounidense. Así, junto a series y documentales que exploran la crónica artística del hip-hop, han comenzado a salir a la luz abundantes publicaciones sobre el legado de la Panteras Negras. A ellas debemos sumar ahora el documental firmado por Stanley Nelson.
Nos encontramos ante un trabajo recomendable como introducción a un capítulo fascinante, complejo y problemático de los Estados Unidos. Sin embargo, más allá de la atención a figuras importantes (el director no olvida a Huey Newton, Bobby Seale, Fred Hampton, Eldridge y Kathleen Cleaver) y más de una declarada intención de imparcialidad, lo que queda del documental para quien algo ha leído sobre el tema es la sensación de superficialidad y, me atrevería a decir, incomodidad política. El director pasa reiteradamente por encima aspectos importantes de la narrativa de los Black Panther. Hay una impresión general no solo de déjà vu, sino de no querer mojarse. Parece un automóvil que ya en marcha echara el freno y volviera marcha atrás. Y uno se pregunta por qué el filme omite las razones de la detención de Newton, por qué omite el caso de Jean Seberg que tanta repercusión internacional tuvo en su momento, los sucesos acaecidos en UCLA y en los que parece reiterarse la pauta de los episodios de Illinois, por qué se evita hablar con más claridad de los disturbios de Watts o por qué se pasa por encima de las conexiones estructurales entre Black Panther y la lucha cubana, la causa de Malcolm X, la lucha de Angela Davis y su Critical Resistance. Son demasiadas la omisiones (y tan ideológicamente relevantes) como para achacarlas a una limitación de tiempo. Es como si, para hacer el producto más digerible a las mentalidades acomodaticias de la clase media de PBS, se prescindiera de la dimensión política de la que se origina el movimiento. Por todo ello, la meritoria contribución de Nelson se queda al final a medio camino: una introducción valiosa, pero de poco recorrido.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los siete magníficos
Los siete magníficos (1960)
  • 7,5
    24.639
  • Estados Unidos John Sturges
  • Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, ...
6
Sturges y su alegoría del intervencionismo americano
¿Qué sucede cuando pasas Kurosawa por la Minipimer del Hollywood de la Guerra fría?

Pues que te salen "Los siete magníficos" de Sturges. Y es toda una lástima. porque tenemos a un director con talento, un elenco deslumbrante, una de las bandas sonoras que mejor definen el séptimo arte, y al final lo que tenemos en una simplista cinta de Estados Unidos salvando al pueblo morenito e inútil que es la quintaesencia del resto del mundo: latinoamérica. Y eso duele.

Y hay que llenarse de paciencia honda para ver cómo la complejidad de la cinta original se convierte en una alegoría del intervencionismo americano más paternalista.

Les paso un par de referencias por si tienen curiosidad en la sección de spoilers (tristemente no hay fuentes críticas disponibles en español, sino en inglés). Le doy un seis por ser una cinta icónica.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La felicidad
La felicidad (1965)
  • 7,2
    675
  • Francia Agnès Varda
  • Jean-Claude Drouot, Marie-France Boyer, Claire Drouot, Olivier Drouot, ...
8
La ficción familiar y otras ironías
Confieso mi debilidad por la habilidad de cirujana de Agnès Varda y esa capacidad para clavar una punzante ironía sin alterar el gesto. Comencemos por el argumento. La historia es simple y casi un cliché: un matrimonio estable y feliz ve su futuro amenazado en el momento en el que el marido protagonista, carpintero como el bíblico José, decide incluir en su vida la presencia de una amante.

La apuesta de Varda es osada ya desde el comienzo, al proponernos una historia cuyo conflicto se demora y que, cuando llega, ni siquiera genera un efecto problemático directo. Ya se sabe que no hay narración sin problema, ni cine sin puntos de giro. Aquí, Varda se hace esperar, nos hace 'des-esperar' en un territorio que, paradójicamente, es el de una felicidad fácil, plana, monocorde, falsa hasta la angustia. Uno está ahí sentado preguntándose qué demonios significa tanto picnic y plenitud de postalita hasta que empieza a darse cuenta de que los seres que están en la pantalla están esforzándose por seguir los dictados de esa ficción social llamada "felicidad".

En "Le bonheur", la directora se dedica a lanzarnos una turbamulta de postales de felicidad familiar para a continuación dejarnos entrever su impostación. Recuérdese que la felicidad a que obedece el título es la de la mediana burguesía. La familia protagonista no pertenece en propiedad ni a la clase feliz ni a su modelo, pero lo incorpora como parte de su vida. Junto a la música de Mozart, colorines, sonrisas, y al lado de la cursilería buscada, Varda ubica diversos universos ficcionales: referencias al cine, anuncios comerciales, etc. Se trata de exhibir la mentira social, que impone códigos y de contrastar dos ficciones: la de la familia feliz, de los productos de moda. Así, por ejemplo, la pareja protagonista replica la escena de una película que aparece en televisión, la esposa se afana por parecerse a Moreau o Bardot, los membretes de negocios apuntan hacia la tentación o la confianza. El bombardeo es total y pasa casi desapercibido. En cierto modo, parece como si los personajes, como maniquíes, fueran llevados a actuar sin conciencia siguiendo el dictado de la publicidad.

En última instancia, lo que vemos en esta película es el mundo obedeciendo inconscientemente al arte, o mejor dicho a las imágenes comerciales burguesas. Es la vida creyendo una mentira. El ejemplo de esta falta de espíritu crítico está personalizada en el esposo Lo más desconcertante de él no es que se lance a una aventura, sino su deseo de naturalizar la ficción e imponer en el marco social del matrimonio la inclusión de su amante. El 'todo vale' sesentero da un marco perfecto para la frivolidad más aparente.

Como es de esperar, al final de la cinta la propuesta machista no funciona, de mantener familia, amante y honestidad. Deja en el camino su esperada víctima. Sin embargo, a pesar del giro trágico del último acto, que prefiero dejar en el aire, lo más impactante no es la muerte de alguno de los personajes tanto como su posibilidad de recambio sin problemas. La despersonalización a que lleva el orden familiar es tal que un personaje muere y otro aparece y la estructura se mantiene, sin cambios. La tragedia mayor es que en este mundo de mentira ni siquiera hay espacio para la tragedia, porque eso sería darle carne a ese inmenso anuncio comercial llamado familia en el que muchos viven. La ficción devora el alma, la felicidad burguesa ha aniquilado la individualidad.

No es casual que la banda sonora haga honor al estilo galante del XVIII, ese siglo de pinturas rococó a lo Watteau o Fragonard, donde la gravedad barroca no existía, donde todo fingía ser joven, natural y nuevo. De ahí que los personajes nos parezcan estúpidos, cínicos, ingenuos o banales. Son el producto de un mundo mercantil, la réplica de un original cuyo origen es el mercado. Los años 60 son un nuevo rococó, parece decirnos Varda.

Para quien no sepa leer entre líneas la cinta, la película parecerá superficial. A mí, por el contrario, me ha dejado la aguja clavada de una punzante crítica ya que es esa superficie sin profundidad en la que hoy vivimos. Algunos la llaman Facebook. En ellas ponen fotos de colores con picnics, amigos y familias perfectas. No sé si les suena.
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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rompenieves (Snowpiercer)
Rompenieves (Snowpiercer) (2013)
  • 6,4
    20.688
  • Corea del Sur Bong Joon-ho
  • Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, ...
8
La esperanza en una página en blanco: reflexiones de historia política en una cinta de acción
"Snowpiercer" es uno de esos films fáciles de encasillar a priori. Sí, ciertamente se trata de cine de acción. Sí, de tomar en cuenta el marco de la narración, daríamos por hecho de que se trata de una crítica futurista de cariz ecológico.
Sin embargo, para mí ambas lecturas solo sirven de marco a lo que de verdad es el meollo del film: una lectura tan cínica como desalentadora de la historia política. Muchos compañeros aquí en Estados Unidos se afanaban en buscar las lagunas argumentarles de la cinta: nada más fácil. Que el guión es previsible, que tal o cual giro argumental resulta forzado, etc. Nuevamente, afrontar desde esta óptica la interpretación de la película es, en mi opinión, anclarse en la superficie.

"Snowpiercer" no trata de ofrecer una visión realista de una realidad distópica. Conociendo el cine de Joon-ho, sabemos cómo se las gasta. Su tendencia hacia lo grotesco y casi surreal no es gratuito, sino que como en el teatro brechtiano apunta a una distancia entre la ficción y el espectador, una distancia que, a priori, le permita tomar la suficiente perspectiva como para ver la película como alegoría y no como mera diversión. No seré yo quien no censure la concesión del director al cine palomitero de acción en esta película en concreto. Sin embargo, no seré yo tampoco quien le reste interés a su reflexión de fondo. Allá van detalles para comprender una interpretación alegórica de la cinta:
1. Por qué un tren. El tren simboliza desde el XIX la imagen de la modernidad, entendida como progreso, como un movimiento siempre hacia adelante. La película parte de una premisa posmoderna en el sentido de que contempla la idea de progreso con escepticismo.
2. Microcosmos. La sociedad del tren representa nuestra mundo es obvio. Yo iría, sin embargo, algo más lejos. Básicamente representa la compartimentación de la sociedad neoliberal, donde una parte del globo se abastece de la mayor parte restante. Huelga añadir nada más a este aspecto.
3. La antorcha. Rinde tributo al famoso cuadro "La libertad guiando al pueblo" de Delacroix. Obviamente demarca el símbolo de la revolución. Se trata, en mi opinión, de la imagen fundamental del film. El que los creadores de la novela gráfica de origen sean franceses justifica aún más esta posibilidad interpretativa.

Hay más símbolos visibles, como las manos amputadas, símbolo de la carencia, pero también de la capacidad de sacrificio (tan distinto su significado en el cine de Buñuel o en la narrativa de Gustavo Martín Garzo), el zapato (¿será mera alegoría social o tal vez un tributo a las reflexiones heideggerianas sobre el cuadro de van Gogh?), etc.

A partir de este marco la película nos plantea una pregunta: ¿es la revolución la enseña de un cambio real o, por el contrario, obedece a las agencia preordenadas de una determinada elite? La historia política, cuando la estudiamos seriamente, no ofrece sino una abundante prueba de los más siniestros intereses. Véase la revolución francesa, orquestada por más por burguesía que por el pueblo que la ha venido a representar en nuestra iconografía; la revuelta antiesclavista americana, programada desde los sectores industrializadores con no tan santos intereses; las revoluciones de independencia, maniobradas para hacerse con el poder de la metrópolis... Y así hasta la exageración. Las revoluciones nacen de dentro y como tales no aspiran sino a modificar el orden jerárquico de un estatus quo.

Hacia esta estación de la desilusión social nos va conduciendo Bong Joon-ho poco a poco en un ir y venir de la esperanza al escepticismo. Su lectura final, a mi forma de ver un alegato antimoderno en pos del primitivismo, no me convence, pero ello no me obliga a restarle calado a una cinta cuyas preguntas, necesarias, parecen haber sido pasadas por alto.

Aviso para navegantes: la cinta es extremadamente violenta. No apta para estómagos especialmente sensibles.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maléfica
Maléfica (2014)
  • 6,0
    36.346
  • Estados Unidos Robert Stromberg
  • Angelina Jolie, Elle Fanning, Juno Temple, Sharlto Copley, ...
5
Cuestionando el patriarcado, desmontando a Disney
Más que por su propia discutible calidad, el interés de "Maleficent" radica en mi opinión en la generación de un interesante debate sobre la posibilidad de reinterpretar los cuentos de hadas.

He mencionado la calidad mediocre de la cinta en primer término y quizá convenga justificar un poco mi posición. El director, Stromberg, ofrece una película cuya fuerza descansa en tres puntos fundamentales: la interpretación de Angelina Jolie, el despliegue visual y el derecho a reinterpretar los códigos sexistas que rigieran la tradición de los cuentos de hadas. La intención es buena, así como meritorio el trabajo interpretativo de Jolie. El problema, como muchos de mis compañeros ya han señalado, es que todo lo demás, repito, todo lo demás falla en la película. El dibujo de los demás personajes resulta tan fallido como ridículo. Ni Aurora, ni Philip, ni Stefan, ni las hadas... presentan ni a nivel actoral como en el plano de la psicología de personajes interés alguno. El contraste con el protagonismo de Maleficent llega a ser por momentos penoso. Stromberg demuestra una paupérrima capacidad de crear personajes que interesen y lo que es peor, la torpeza estilística de su guión tampoco permite mayores alicientes. El trabajo compositivo del músico Newton Howard resulta absolutamente olvidable y el recurso a los efectos visuales completamente banal. Pareciera que el director haya querido hacer una película de adultos con mimbres del cine más infantilizado (ya estoy viendo la atracción correspondiente en Disneylandia) y el príncipe le ha salido rana.

Dicho esto, no creo que nos encontremos ante una película completamente desestimable. Por estos pagos abundan las voces airadas que claman contra una traición de la versión original de 1959. Como estudioso de lo fantástico, me veo obligado a poner todos estos comentarios en cuarentena. A fuerza de tener que desacreditar una preconcepción general, he de recordar que los productos de la factoría Disney distan de ofrecer un mínimo respeto de sus fuentes originales. Entiendo que, imbuidos en los recuerdos de infancia, muchos juzguen los Disney Tales como sus Fairy Tales. Ahora bien, de la vivencia individual al hecho cultural media un abismo. No, señores, ese referente tan querido, de 1959, no es sino una versión (o perversión) de la tradición oral. Lo que el espectador siente traicionado no es sino una ficción popular comercial y reciente. Léase una de las primeras versiones escritas, de pluma de los hermanos Grimm, y se descubrirá que "Sleeping Beauty" se llama "Brier Rose", que ninguno de los personajes recibe los nombres de Aurora, Philip o Maleficent, ni tampoco hay dragones. En fin, lean las lecturas de Bruno Bettelheim, lean las primeras versiones literarias y suelten la mano de un referente que desde su fundación fue siempre una impostura.

No, la evocación de la cinta de 1959 no puede oficiar como referente de una tradición que le precedía, así como tampoco puede limitar las reinterpretaciones modernas. Si a alguien le molestan las reinterpretaciones no tiene nada más que quedarse anclado en sus recuerdos, visionar la cinta de 1959 o hacer acampada en Disneylandia. Más allá de la que "Maléfica" sea una propuesta mediocre, sí juzgo que su mensaje tiene cierta actualidad. Desde títulos como "Brave" o "Frozen", Disney está dando un giro a su cine que considero saludable. Finalmente, la compañía claudica de su ideología "de-passé". No, ya las protagonistas no tienen que ser princesas, ni esperar príncipes azules. Su red de afectos se ha extendido a los otros amores que configuran la vida social de la mujer contemporánea: amigos, familia. Es un buen camino, por más que se haga con torpeza.
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0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Máncora
Máncora (2008)
  • 5,0
    395
  • Perú Ricardo de Montreuil
  • Jason Day, Elsa Pataky, Enrique Murciano, Phellipe Haagensen, ...
5
Un gesto vallejiano para una cinta olvidable
Las comparaciones son odiosas y para el caso de la cinta "Máncora", su parentesco inevitable con la película "Y tu mamá también" arrostra pálidas comparaciones.
La narración comienza con fuerza. Mientras contemplamos al protagonista, Santi, sumirse en el océano, escuchamos, de una voz en off, el hermosísimo poema que encabeza "Los heraldos negros" de César Vallejo. Parece que vamos a adentrarnos en una película profunda y filosófica (ya veremos frustradas nuestras esperanzas más adelante). Sin embargo, las posibilidades de la película se mantienen aún unos compases más. Con franca habilidad, el director simultanea el suicidio del padre de Santi con pasajes de la vida nocturna del joven protagonista, dominada por el alcohol y el sexo.
A partir de ahí, la cinta entra en un estado de sopor del que no termina de despertar. La hermanastra de Santi y su esposo visitan al chico y, tras escuchar su propósito de ir a Máncora en un viaje de redescubrimiento, se animan a acompañarle en el viaje.
El desarrollo, siguiendo los esquemas de la road-movie, presenta en su sección central las premisas acostumbradas: encuentro con hitch-hicker, enfoque en la psicología de personajes por medio de diálogos y recurrencia de las drogas. Aquí el espectador no puede evitar sino hacer memoria de mil películas parecidas (siendo tal vez "Y tu mamá también" la que primero me vino a la cabeza).
A partir de aquí, en una progresión que no deja de ser esperable, la narración desemboca en una relación seudo-incestuosa entre los dos hermanastros y el abandono de los protagonistas en el mundo de las drogas (el ayahuasque) y diversos menage-a-trois, a cuyo erotismo le falta fuerza y propósito.
Con un final no menos anticipado (que no quiero revelar y donde se retorna a la cita vallejiana), concluye la película.
Realmente la impresión final sobre el film es defraudante, no tanto por el visible oficio del director, por una realización fotográfica - diría- digna, sino por un esquema narrativo absolutamente predecible, perjudicado además por una endeble actuación de Elsa Pataky y de Enrique Murciano y por una falta de convicción en el mensaje.
"Máncora", prometiendo tanto, se queda al final a medio gas. Lamentablemente, el vislumbre del comienzo se ataja con un desarrollo mortecino y sin enjundia, tan radicalmente plano que hace del visionado una experiencia francamente olvidable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Lunchbox
The Lunchbox (2013)
  • 6,7
    2.371
  • India Ritesh Batra
  • Irrfan Khan, Nimrat Kaur, Nawazuddin Siddique, Denzil Smith, ...
9
Missing the point: nostalgia del contacto humano en mitad de la sociofuga
A veces sucede que uno lee críticas diversas y uno tiene la impresión de haber contemplado una película diferente.
Peor aún, que muchos espectadores se han quedado en la cáscara de una historia.
De manera recurrente encuentro asociaciones entre este film y "Sleepless in Seattle" (conocida en España como "Algo para recordar"). Ciertamente hay concomitancias evidentes. Un hombre viudo tiene la posibilidad de comenzar de nuevo. La casualidad en la cinta americana es una llamada telefónica realizada por el hijo de Tom Hanks a un programa de radio. A partir de esta premisa, y con intersexualidad incluida de "An Affair to Remember", el espectador sigue la evolución de los hilos del azar en un "sí es no es" donde parece que chico y chica están casi a punto de encontrarse... o casi.
Aquí el suspense es el mismo. Sin embargo, la propuesta de Ritesh Batra tiene lo que Nora Ephron no supo darle a la historia.

En primer lugar está Bombay. Para mí fue un retrato muy fiel de la ciudad. Un retrato donde, después de mucho tiempo, el director evita caer en el exotismo. Aquí no hay gente saltando, exuberancia de colores... No, señores. Batra nos trae un Bombay melancólico, dominado por los efectos de la occidentalización. Un Bombay que empieza a parecerse a Tokyo.

Y aquí es donde está la clave para mí: el supuesto romance no es el meollo del asunto. El meollo del asunto está en la lectura que del aislamiento de la humanidad realiza la película. La cinta nos conduce a una reflexión mucho más profunda que la estúpida síntesis que he tenido la desgracia de leer. Cito: "esta película nos habla de la diferencia entre la vida que soñamos y la que vivimos, y del coraje que hace falta para convertir en realidad nuestras fantasías". Para una película así no hacía falta haber invertido dinero. El crítico que escribió esto no dio en la tecla (o como dicen en estos lares, he absolutely missed the point).

Y es que aquí lo importante es la pérdida del contacto humano. Hace falta un acto de azar para que de repente dos personas solas descubran que hay otra forma de vivir. Una forma de vivir donde hay sorpresa. Donde se escriben y reciben cartas. Donde se crean ilusiones, sin conocer los rostros, como durante siglos lo hicieron hombres y mujeres.
Hace falta un error en ese sistema de transporte de comestibles perfeccionado irónicamente por un tipo de Harvard para que, de esa grieta, pueda nacer la vida.

Igual ustedes tienen suerte: yo llevo años comienzo sandwiches delante de un ordenador. Son los tiempos, dicen. Vivimos en entornos donde comemos sin saber qué hemos comido, si hemos masticado o no. No existen tiempos para saborear el aquí y ahora, de un nosotros y unos otros. Esos modestos "taperwares" a la hindú que pasan de las manos de Ila a las manos de Saajan, nos hablan de otra forma de establecer contacto con el otro, una manera sensitiva que nos revela los tesoros más elementales: una buena comida, una amistad, una conversación que nos haga sentir menos solos.

Los críticos hablan hoy día de la sociofuga, esa tendencia actual que nos lleva a buscar artificios con los que "no estar" con el otro o con nosotros mismos. Piensen en su teléfono móvil y les vale. Piensen en su trayecto en el metro de Madrid o de cualquier ciudad. Miren los rostros que tienen alrededor. Con su auriculares. Sus videojuegos. Sus libros de pasta gruesa que uno casi no puede concebir en tan incómodo rincón.

Y ahora imaginen que son el protagonista. Una oficina llena de papeles. Un despacho dominado por el cálculo y el número. Allí es donde invierten el 80% de su vida. Como cada día. Ignorados. Después no hay mucho más. Un retorno penoso en el autobús, en el coche, en el metro. Imaginen que llegan a casa cada noche para prácticamente irse a la cama y esa es su vida. Un día y otro.
Imaginen que un día ("por los años bisiestos puede venir" decía Pedro Salinas"), que un día les llega una modesta bolsita de comida. Imaginen cómo sabe esa comida tras días de microwave, comida rápida, de comida para llevar del restaurante de la esquina. Imaginen un sabor donde se percibe una dimensión humana, donde se siente un alguien. Una persona consagrada a la tarea invisible de hacer buena comida. Un sabor donde se puede percibir cuidado, ternura. Imaginen que de repente empiezan a existir para alguien. Que ese alguien les hace mejores personas. Que de repente se sienten llevados a dejar de fumar, a ser más amables con los niños-coñazo que juegan a la pelota en la calle. Imaginen que ese momento del almuerzo se convierte en lo único que les redime. Ese diálogo de náufragos. Esos mensajes de una isla a otra en una pequeña botella. Como una diminuta ancla de calor en medio de la soledad.

Bueno, pues ahora vuelvan a las críticas que hablan de Nora Ephron. No me comparen una Estados Unidos para turistas con una Bombay de pequeñas callejuelas, paredes que huelen a moho. No me comparen a los sobresalientes Irrfan Kahn y Nimrat Kaur con la imagen pulida de Hanks o Ryan. No comparen el humor sin ingenio, con esos deliciosos diálogos entre Ila y su tía invisible a través de la ventana (no hace mucho, así eran aún las conversaciones entre vecinas en mi Cádiz natal).

"The Lunchbox" exhibe una honestidad emocional de la que Hollywood carece. ¡Y se agradece tanto!
Así que no esperen una película encaminada a satisfacer a los fanáticos de historias románticas. No esperen recompensas. A lo mejor la recompensa fue poner en solfa el adormecimiento en que se funda nuestra sociedad. Ver que otra forma de vivir es posible.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sigur Rós: Fjögur píanó (C)
Sigur Rós: Fjögur píanó (C) (2012)
  • 6,4
    322
  • Estados Unidos Alma Har'el
  • Shia LaBeouf, Denna Thomsen, Ryan Heffington, Austin Westbay
9
Sigur Rós y la prisión autodestructiva
La banda islandesa Sigur Rós de un tiempo ha esta parte se ha ido haciendo nombre, al menos aquí en los EEUU. En buena medida, eso se debe a su participación en el I Tunes Festival, junto a estrellas de la fama de Lady Gaga o Elton John.

"Fjögur píanó" nace como proyecto a partir de una colección de cortometrajes experimentales basados en la música de la banda (la mayor parte, si no todos, creo recordar que se inspiran en los temas del disco "Valtari").

Con respecto a la interpretación del cortometraje en sí, no es fácil concretarlo. Sí se puede decir que hay dos direcciones claras. De un lado, tenemos el drama interpersonal de una pareja en donde alternan el deseo, la decepción y la violencia. Esta trama tiene una estructura circular que se inaugura con un comienzo "in medias res" y concluye de manera circular.

En él, chico y chica despiertan medio desnudos, con heridas, cicatrices y mariposas disecadas (esta metáfora de la vida disecada es ya maravillosa). El sentido de este comienzo no lo vemos hasta el final en que comprendemos la circularidad de este comienzo. No revelaré nada más. Solo les adelanto que vale la pena esperar hasta ese glorioso minuto final.

La segunda de las tramas, si que se puede hablar de trama en un corto tan poético como éste, apunta a una crítica social. La pareja semeja vivir apresada en un cuarto. Dos tipos, con aspecto de carceleros, los empujan de unos espacios a otros (un cuarto, un pasillo, un automóvil en un aparcamiento, otro cuarto). Vendados y aparentemente drogados o manipulados (el símbolo de la piruleta como imagen del placer como manipulación es significativo), llegan a un automóvil en el que viven otra experiencia de la falsedad, de esa realidad virtual que solo es un telón de fondo del vacío.
Esta línea argumental parece postular una crítica al epicureísmo vacío de la sociedad en la que vivimos, de estímulo en estímulo, pero siempre esclavizados.

No quisiera concluir sin una mención especial a Shia LaBeouf. Considero que en este corto demuestra que es más que el 'chico mono' de "Transformers". Su interpretación es soberbia y emotiva. Cortometraje altamente recomendable, en fin.

Más en spoiler
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mulan
Mulan (1998)
  • 6,7
    82.782
  • Estados Unidos Barry Cook, Tony Bancroft
  • Animation
5
El mismo candy con distinto collar
Siempre tuve la intuición de que "Mulan" no molaba (chiste malo número 1), pero ahora resulta que hablamos de una "gran película de animación" según el voto democrático de filminautas. Esto constituye el chiste malo número dos.

"Mulan" es el mismo candy con distinto collar. Sin embargo el personal ve diferencias muy señaladas. Primera diferencia, la chica es asiática (ostras, qué novedad). Segunda, la película tiene un mensaje socialmente valioso (el feminismo). Junto a dichas novedades tenemos dos valores: la música les ha entusiasmado y el dragón de los cojones les ha partido de risa.

A mí me parece todo lo contrario, que exotizar sin realizar un retrato fiel de otro continente sigue siendo colonialista, que el feminismo no sirve para legitimar una película de continuos e infantiles subrayados, que en la música Disney jugó durante una década al encefalograma plano y que el humor disney es de un tonto que lo flipo (con animalejos haciendo el payaso). En esto último advierto que me empieza a tocar los cojones que siempre usen para el doblaje del animalejo divertido la voz de un actor afroamericano. Esto en mi tierra sería racismo, ejem.

Hombre, pues está bueno lo bueno. Será que a la animación le pedimos poco mensaje (claro, a los niños hay que darles mucho caramelo y moraleja made in McDonalds). "Mulan" resulta que, más allá de lo aparente, es una película absolutamente superficial que se agarra al clavo de la fórmula y del mensaje oportunista para lanzar el anzuelo.

Luego, resulta que un compañero como Alberto Yaya le dais por todas partes porque pone los puntos como las íes. Apostasía del criterio, le llaman.

Señores, con el corazón de la historia del cine, ¿me dan a decir que es buena, que "Mulan" es el "Citizen Kane" de la animación? Con tanto director de animación de calidad, ¿me van a decir eso? Pero, claro, se me olvidaba. ¿Quién va a perder el tiempo con Alexandr Petrov o Kunio Kato?

En fin, 5 pasado porque a pesar del subrayado, me gustó el mensaje y tiene, en medio de lo sonrojante de la propuesta, una intención loable.
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5 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
It Felt Like a Kiss
It Felt Like a Kiss (2009)
  • 7,7
    269
  • Reino Unido Adam Curtis
  • Documentary
9
Caleidoscopio de la perversidad
Los sesenta por mucho tiempo han sido contemplados como años de una década dorada. La música, el cine (comedias y musicales), la forma de vestir han quedado en el recuerdo alimentando la mirada nostálgica. Hoy en día, las series de televisión de esa época regresan a dicha década, como Mad Men, insertando una pequeña grieta en la superficie de aquel retrato perfecto.

Adam Curtis va más allá, al elaborar un caleidoscopio lleno de disonancias. El espectador pasa de una imagen a otra, de un tema a otro (aparentemente) distinto, sorprendiendo conexiones demasiado olvidadas y estableciendo contrastes entre la fachada de una música alegre y una perversidad de fondo.

Por ejemplo, Curtis pasa del recuerdo del mono Enos, mandado al espacio, a la conflagración política gestada por la CIA en Congo, y de ésta a un virus (HIV) cuya existencia se pasó por alto (¿a quién le iba a importar un virus que sólo afectaba a los africanos?, claro). Es sólo un ejemplo, entre muchos otros.

Gran mediometraje que hace gala de la estética del collage y de la noción de rizoma que apunta hacia una visión más compleja de la "H/historia".
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Iron Man 3
Iron Man 3 (2013)
  • 6,1
    47.759
  • Estados Unidos Shane Black
  • Robert Downey Jr., Ben Kingsley, Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, ...
6
¿Un Iron Man con mensaje político?
Eso fue lo primero que pregunté a mis amigos al salir del cine. Y todos me miraron con cara de alienígenas. Voy corriendo a casa, abro el portátil, miro las 10 primeras páginas de reseñas del Filmaffinity y ¿qué me encuentro?, pues que nadie lo comenta (vayan mis perdones si otro compañero/-a dijo algo parecido pasada esa frontera).

Querido compañeros, mi teoría no me la invento. Iron Man 3 es una película confeccionada al calor de la ideología. Respira por los mismo aires de "Zero Dark Thirty", pero sin declararlo.

Mis argumentos en spoiler.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Puzzled Love
Puzzled Love (2011)
  • 5,9
    414
  • España Bruno Sarabia, Pau Balagué, ...
  • Marcel Borràs, Saras Gil, Artur Busquets, Irene C. Rodríguez
3
Echando oficio a ráfagas
Los primeros cortos, los primeros cuentos, los primeros versos o primeros amores marcan. Como autor de ellos son difíciles de juzgar. Como receptor constituyen un terreno complicado: se corre el riesgo de ponerlos fuera de contexto. Por el hecho de nacer son valiosos; por su imperfección son un blanco fácil para la crítica. Sin embargo, aunque carezcan de oficio, esas obras primerizas suplen la carencia por medio de su frescura y sus ganas. He ahí donde triunfan... y he ahí donde tristemente su virtud se detiene.

Con "Puzzled love" esto es lo ocurre. Mis buenos compañeros de Filmaffinity aprecian la esponteidad del relato, toman en cuenta el hecho de que naciera como un trabajo académico a 13 manos. Aprecian el esfuerzo del film y no les falta razón. "Puzzled love" tiene exactamente esa frescura, esa por momentos deliciosa naturalidad; ahora bien, no deja de ser una intentona, un ensayo y, a la postre, una película bastante irregular. No es solo que su factura posea una lógica inconsistencia, es además que ciertos pasajes son extremadamente flojos. En términos de cámara y de guión la cinta flaquea en numerosos momentos, recayendo en tonos más propios de una mediocre serie televisiva que de una buena película. Conste que no se busca hacer sangre: es mi honesta impresión como crítico de cine. No porque estemos antes una ópera prima debemos batir fáciles palmas.

"Puzzled love" tiene su mayor encanto en la honesta naturalidad que transmiten sus actores. Marcel Borràs, como siempre, hace un trabajo solvente, irradiando autenticidad. La bellísima Saras Gil, a pesar de ciertas irregularidades en su interpretación, logra transmitir en las escenas importantes verdadera emoción. De Artur Busquets cabe decir que cumple tan bien con su trabajo que parece que no actúa y fuera alguno de mis viejos colegas. Son, por tanto, los actores los que defienden una historia que, por aparente banalidad, debería desembocar en el bostezo y que sin embargo se sobrepone a sus limitaciones por medio de su humanidad.

Todos, además, podemos sentirnos identificados con el argumento, bien como vivencia propia, bien como experiencia de algún ser cercano. Esta es su arma mayor.

Sin embargo, la película es en general una obra fallida. Explicaré en qué.

El primer problema es el guión. Ya sabemos que hablamos de una historia de amor y que las historias de amor, las de verdad, se basan en diálogos bastante tontos. Todos lo hemos pensado alguna vez: "Si estuviera una cámara aquí con mi novia saldría una película la mar de estúpida". Bueno, pues de algo parecido se resiente el film. Se pretende hacer una crónica del amor, pero se hace tan desde fuera, desde la emulación de lo banal que se vuela demasiado bajo.

He aquí además una premisa equivocada. El deseo de hacer un cine real no significa reducirlo a una fidelidad absoluta sobre el material cotidiano. Quede claro: una cosa es la historia y otra el medio de transmitirla. Algo de esto sabían los grandes novelistas del realismo: escoger el material y darle un tono capaz de transmitir más allá de lo que se ve, he ahí el verdadero objetivo de una obra que trate sobre el amor de pareja. Como espectador asistimos a una historia que se queda ahí, en las afueras, sin terminar de acariciar la piel o entrarnos por el alma.

En términos de novedad, creo que los directores no han sido tampoco suficientemente ambiciosos o rupturistas. Solo uno de los cortos transmite algo sugestivo, aunque no logre limar sus artificiosidad: aquel en que los jóvenes confiesan sus dudas sobre seguir o romper, en un campo de trigo. La escena no está bien rodada, pero al menos el concepto era sugerente.

El otro problema es esa búsqueda del desparpajo que redunda en la tontería. Vayan ejemplos. No comprendo qué se quiere conseguir con la escena en que se imita a las comedias americanas, con risa de fondo. Muchas otras escenas son tan banales, que le hacen sentir a uno vergüenza de contemplarlas. Como aquella en la que ambos chatean por internet. Asimismo, aun tratándose de una película breve, ciertos pasajes se hacen largos, como la escena de Sun en la disco.

Lo peor, de todos modos, son los recesos en los que se quiere estirar el hilo de la pasión y el romance... y se cae en el ridículo. Las escenas de sexo son de lo más tonto que he visto en años. La irregular dirección de actores, probablemente a causa de la diversa gestión detrás de la cámara, hace que en ciertos momentos la credibilidad del romance patine. Esto es serio, porque da al traste con el "suspension of disbelief" forjado en buena parte del metraje.

En fin, un trabajo académico de nota para una película floja que tiene en su frescura y sus ganas sus mayores aliados. Hoy los nombres de estos directores firman una cinta regular. El mañana, estoy seguro, nos arrojará la confirmación de más de una promesa. Seguiremos la pista.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cenicienta
La cenicienta (1981)
  • Italia Jean-Pierre Ponnelle
  • Frederica von Stade, Francisco Araiza, Claudio Desderi, Paolo Montarsolo, ...
8
Tributo cinematográfico de primer orden a una notable ópera
Si trasladar la literatura o el cómic al cine es siempre un reto, no quiero ni decirles lo que supone filmar una ópera. Filmar un texto operístico cuenta con todas las limitaciones del género y pocas de sus retribuciones. Cuanto se perdona en el vivo y en directo escenográfico difícilmente es transigido por un espectador común al llegar al cine. Para que una ópera funcione en cine ha de suspender la credulidad (suspension of disbelief) en un doble plano -como cuento de hadas y como musical sostenido-, a tiempo que ha de funcionar de manera autosuficiente como película.

Por todo ello, lo que hace Jean-Pierre Ponnelle con la ópera de Rossini es de quitarse el sombrero. No es solo la eficiencia con que están rodados los planos, la enorme inteligencia con que sitúa la cámara. Ponnelle consigue que la cenicienta rossiniana funcione por sí mismo a nivel cinematográfico.

La historia puede tener las limitaciones que se quieran (a fin de cuentas no nos encontramos sino con una enrevesada adaptación del cuento de Perrault), pero termina funcionando apoyada por su calidad fílmica y por su apabullante nivel interpretativo musical.

Ponnelle obtiene una actuación que convence, al mismo que musicalmente solvente, de todos sus actores, con especial mención a los personajes femeninos (cenicienta y hermanastras).

Visionado por tanto más que recomendable para todo aquel que desee acercarse a la obra de Rossini desde el salón de su casa.
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