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Críticas de cineclasico73
Críticas ordenadas por:
Marty
Marty (1955)
  • 7,5
    4.478
  • Estados Unidos Delbert Mann
  • Ernest Borgnine, Betsy Blair, Esther Minciotti, Joe Mantell, ...
8
Poderosa sencillez
Cuando se es testigo de que hasta las historias más simples, de esas que todos podemos ser protagonistas, son también maravillosas, sobre todo al observar la delicada y formidable interpretacíón de un magistral Ernest Borgnine, nos regocijamos con el buen cine, y de paso con la vida. No niego, que al final, me hicieron falta unos cinco minutos de más, para observar el desarrolo que tendría la relación entre Marty (Borgnine), hombre sencillo, ponderado, de sentimientos nobles y de vida solitaria con la tierna maestra Clara (Blair), cuyo pecado a cuestas es simplemente no cuadrar con los cánones de belleza externa impuestos por una sociedad que lastimosamente se empecina siempre en anteponer sin importar época o cultura. Porque Marty y Clara, evidentemente son bellos, tal vez no en su aspecto físico, sino en todos lo demás que al fin de cuenta es lo que importa. Y en ello Mann, supo encumbrar lo que se puede tildar de simple, pero no corriente, y moldearlo de tal forma de que en uno o varios sentidos lleguemos a estar identificados o representados. En ello está su maestría, y más si se descubre a un actor que hasta ése momento se veía siempre en roles de trúan y pícaro, dando tal vez su mejor registro, tanto que le valió merecidamente el premio Oscar por su interpretación. Tal vez, muchos objeten la importancia que se dá al tema de conseguir pareja para matrimonio, sobre todo en un hombre jóven en sus tempranos treintas. Pero hay que entender la época del film, donde la presiones sociales eran diferentes a las actuales. Yo, por lo menos, lo traslado a lo que es hoy en día la soledad, mucho más común y más trascendental, sobre todo por el ritmo frenético en que nos movemos y que nos impide la comunicación franca y directa, tan escasa, con el otro. Menos de un fin de semana es el marco en que se mueve el argumento. Suficiente para mostrar todas las virtudes que puede guardar el hombre del común con ilusiones y sueños al exponese en pos de encontrar su complemento afectivo. Mensión aparte, el duro retrato que la película hace de la vejez como injusta carga a una vida dedicada a la familia, cosa en la que desafortunadamente, no se ha cambiado mucho a pesar de los años. Dulce película que deja una muy agradable sensación plácida de un bonito recuerdo. Recomendable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fueros humanos
Fueros humanos (1933)
  • 7,1
    300
  • Estados Unidos Frank Borzage
  • Spencer Tracy, Loretta Young, Marjorie Rambeau, Glenda Farrell, ...
7
Los ojos de Loretta
Desde que me dí a la tarea personal de expresar y comentar sobre películas del gigantezco mundo del cine clásico, sin otro aliciente que el tratar de compartir impresiones y gustos con gente que aprecie del tema, me propuse sobre todo econtrar joyas que de pronto no han sido lo suficientemente valoradas como para que quede en la memoria cinéfila de la gente, y que pueden resultar una grata sorpresa. Afortunadamente, en lo particular, me ha resultado altamente gratificante por las inmensas posibilidades que el querido cine ofrece, sobre todo, el cine de leyenda que tanto añoramos, contrario al insulso que padecemos actualmente. "El castillo del hombre", o "Fueros humanos", retrata los sentimientos enmarcados en una época dura como lo fué la gran depresión económica de los años treinta del siglo pasado, y por ende, refleja una sociedad tremendamente hostil y pesimista que marcó la existencia de personas sin ingreso económico estable, como las encaradas por la pareja protagonista, el gran Spencer Tracy y la dulce Loretta Young. Borzage muestra lo más puro de la condición humana entre dos personajes vitales y dicímiles en sus personalidades que deambulan con la meta de sobrevivir el día a día sin preguntarse por el futuro sombrío. El amor como luz de esperanza y razón de vida, con todos los gestos, con las palabras dulces y fuertes, con las miradas profundas de la hermosa Loretta como testimonio de sinceridad y nobleza ante un porvenir que se quiere construír a fuerza de dificultades y sentimientos. Diría que la historia en sí no tiene mayores pretensiones que la de estimular el corazón independientemente de la época, ya que tiempos difíciles siempre han existido, y ver al mítico dúo complementarse de una manera eficaz y creíble. Además, observar el angelical rostro de esa Loretta de los años treinta, su época más bella, con esa mirada expresiva y única que dice mucho más que cualquier diálogo adicional, da como para tomarse el tiempo de disfrutar su válido ejercico interpretativo, como ejemplo para confirmar su sitio dentro de las grandes de su tiempo. Historia de amor, historia de esperanza, historia de valentía, historia de dolor, historia de corazón. Junto con Tracy, vale la pena. Recomendada.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vidas rebeldes
Vidas rebeldes (1961)
  • 7,5
    5.358
  • Estados Unidos John Huston
  • Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Eli Wallach, ...
8
Melancolía
Es, finalmente, lo que siempre me queda después de haberla visto, no sé ya cuántas veces. No cambia, y no cambiará jamás ese sentimiento. Porque, aunque se le puede añadir la admiración por presenciar juntas a tres de las mayores glorias que ha dado el mundo del cine realizando actuaciones memorables, no se puede desligar a que "The misfits" es clasificado como el testamento fílmico de un Clark Gable soberbio en su rol de vaquero veterano, rebelde a los tiempos modernos y sin futuro cierto; de una Marilyn Monroe sublime en el papel que su hasta entonces marido, Arthur Miller, creó para mostrar toda la fragilidad, la sensibilidad y la lujuria que su mujer despertaba en el mundo; y Montgomery Clift, ejemplo de autodestrucción física como salida de escape a una vida familiar inocua, ejerciendo de jinete de rodeos peligrosos. Asimismo, dos secundarios de postín. Eli Walach, como hombre resentido que se autocompadese por una tragedia personal que no logra solventar. Y la estupenda Thelma Ritter, con el personaje más sincero y auténtico de todos, como la mujer sabia de experiencias vividas. Huston, de la mano de Miller, logra compaginar eficazmente cada historia personal, y saca lo mejor del talento de los tres grandiosos para contar un relato de personajes perdedores, desgarrador y sin esperanza. Lo de los pormenores en la fimación como los acontecimientos fatales subsecuentes ya la leyenda lo ha contado. A mí, particularmente, me queda la imagen de un Gable pletórico y fuerte, de carisma inigualable y con la sufuciente vitalidad para dar la talla a una Marilyn Monroe, agobiada por conflictos personales, pero descomunal en cuanto a su talento, su belleza serena y su infinita sensualidad ahondada esta vez por su profunda mirada triste, delicada y franca. Un ejercicio, sobre todo emocional que vale la pena sobre todo como excusa para verlos juntos y disfrutarlos sin miramientos y prevenciones. Razón más que suficente.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El zorro de los océanos
El zorro de los océanos (1955)
  • 6,2
    486
  • Estados Unidos John Farrow
  • John Wayne, Lana Turner, David Farrar, Lyle Bettger, ...
7
Feo, fuerte y formal
Ese es su epitafio y colocado por petición suya. Un hombre que es pilar de la cultura estadounidense en el mundo y para el mundo. Sobre todo, porque su nombre es marca reconocida como western. Así fué, así es y así será, a pesar que dentro de sus más de ciento cincuenta películas transitó por todos los géneros posibles, como por ejemplo en esta cinta con tintes bélicos y dramáticos. Wayne, con su presencia característica e inigualable, da vida a un capitán de la marina alemán degradado a comandar un viejo buque mercantil, atracado en aguas australianas en el momento en que la segunda guerra mundial empieza a desarrollarse. Su postura es abietamente antinazi, pero evidentemente patriótica, dualidad que lo subyuga a distintas situaciones en pos de hacer llegar su nave y su tripulación a su amada nación sin dejarse capturar por las embarcaciones enemigas, osea los aliados, y en particular por un antiguo amigo suyo de nacionalidad inglesa, que se da a la tarea de detenerlo. Todo complicado aún más por la figura de una espía, arrebatadoramente hermosa, Lana Turner, como la tercera en discordia y pasajera ocacional del barco germano. Creo, que la película quizo abarcar tópicos como la la persecución al barco alemán y el romance inevitable sin finalmente haber evolucionado de manera superlativa en ninguno, a pesar de lo cuidadosas y creibles escenas. Sin embargo, cuando aparecen los dos protagonistas, Wayne y Turner, la tensión romántica y sexual se hace palpable y verosímil, sobretodo, por diálogos concizos, posturas bien manejadas y una química apenas evidente. Lana está más que correcta y valora su importancia dentro de la trama a pesar de ciertos vacíos argumentales que no quebranta su actuación. Lo de su belleza legendaria, con la imagen limpia y colores altivos, no hacen otra cosa que resaltarla y servir el film de testamento verificador de tal afirmación. Bonita oportunidad de contemplar a una pareja protagonista en estado de gracia, y medir a un director de buenas maneras como Farrow, apoyado en el eterno Wayne, esta vez, sin caballo ni pistola pero como siempre bien aplomado, dando clase de versatilidad.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Medianoche
Medianoche (1939)
  • 7,9
    1.722
  • Estados Unidos Mitchell Leisen
  • Claudette Colbert, Don Ameche, John Barrymore, Mary Astor, ...
8
Servicio de taxi
Alguien, hace tiempo, me recomendó "Medianoche" para que la viera en uno de esos días en donde lo cotidiano y el abrumador trajín de ese ritmo infernal en el que vivimos actualmente nos copa nuestras vidas. Pues bien. Un domingo en la tarde, por demás lluvioso, momento en donde generalmente entra esa angustia existencial de lo vivido y lo por vivir, tomé ese sabio consejo y busqué el film para poderlo ver. Eran mis inicios de asiduo espectador del maravilloso mundo del cine clásico, de eso ya hace unos añitos. Leí sobre ella y obviamente, me sedujo la posibilidad de disfrutar una historia tipo Cenicienta, escrita por tal vez sino la mayor, sí una de las principales figuras del séptimo arte detrás de cámaras, como lo fue el gran Billy Wilder, esta vez, como guionista, junto con su compañero de letras, Charles Brackett. Eso me llamó más la atención, que, lo confieso, el nombre del director, el cual, desde ese momento afortunado, empecé a descubrir, ya que el nombre de Mitchell Leisen, me pasaba por desapercibido. Cuando terminé de verla, recuerdo la sensación agradable y fresca de haber visto una delicia. El contemplar a una encantadora y espléndida Claudette Colbert, dando vida a esa mujer risueña, coqueta, algo pícara pero audaz y decidida en vivir a tope sin importar su iliquidez para buscarle el quiebre a la vida y cambiar su situación financiera, involucrándose por cosas del destino, en situaciones inverosímiles con la aristocrasia parisina, haciendo gala de cualidades como el esnobismo, el engaño y la vida superflua que la clase alta atesora como características inherentes y propias, ayudada por un distinguido millonario (John Barrymore) que la quiere utilizar para darle un escarmiento a su infiel esposa (Mary Astor) y su amante de turno (Francis Lederer), atravesándosele un genial taxista de origen húngaro, interpretado por el inefable Don Ameche, de convicciones fuertes y sinceras, por quien surge la inevitable atracción amorosa. Las circunstancias disparatadas, profundizadas con un ritmo sin pausa, además del inconfundible toque de elegancia que Leisen tenía como sello particular en su obra, junto con el guión sólido que muestra el contraste de clases, valores y defectos de la condición humana, todo unido con las grandes actuaciones de sus protagonistas, sobre todo de la inolvidable Claudette, hacen de "Medianoche" una experiencia visual gratificante y placentera. Como para un domingo en la tarde lluvioso, o para cualquier día que se le quiera arrancar una justificada sonrisa de esas que cambian tu interior melancólico y nostálgico. Por lo menos a mí me funcionó. Y de maravillla. Totalmente recomendada.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desengaño
Desengaño (1936)
  • 7,4
    1.049
  • Estados Unidos William Wyler
  • Walter Huston, Ruth Chatterton, Mary Astor, David Niven, ...
8
Huston padre
Dosworth hace parte del gran legado que William Wyler dejó al séptimo arte, con cierto aire de anonimato, tal vez, porque a la luz de hoy, sus protagonistas no sean tan nombrados, o porque su carisma no sean comparados con otros que marcaron la época de su realización. Es una hipótesis. Por eso, pienso que con críticas que inviten al que el espectador disfrute y descubra una buen film con unas actuaciones poderosas, sobre todo del injustamente olvidado Walter Huston, padre del afamado, eso sí, director John Huston, ayudan a sacar a productos como éste del inmerecido baúl de los recuerdos fugaces. Además, que lleva la firma de un tal Wyler, y eso de por sí ya es mucho decir. Con diálogos casi teatrales, pero que dan el contexto sólido de una pareja matrimonial, conformada por el empreasario veterano, honrado, trabajador, rico y jubilado, que después de haber construído un emporio automotriz, decide venderlo y emprender un viaje de merecido descanso, junto con su esposa de más de dos décadas, una gran Ruth Chatterton, por Europa como segunda luna de miel. El viaje es un descubrimiento para ambos en distinta forma y permite, ver las personalidades, intenciones y los distintos objetivos que, por circunstancias del trabajo y el tiempo, se fueron enterrando para así salir a relucir, llevándose consigo, lo que en teoría era una unión fuerte y a largo plazo. Huston, magistral, da vida a un hombre que real y sinceramente ama y en base a ello, se ha entregado sin miramientos en pos de un trabajo, una familia y una esposa, algo menor que él, cuyos apetitos de libertad empiezan a manifestarse llendo en brazos de uno y otro convidado oportunista.La paciencia a veces disfrazada con complicidad es retratada de forma más que digna en la actitud de Dodsworth ante ciertos deslices que su esposa le planta en cara, todo con el fin de solventar esa vida construída y que no se vaya a pique, hasta pasar el punto de lo tolerable. Wyler proporciona una mirada ácida a las consecuencias que la vida en pareja sufre por los distintos factores ya mencionados ahondados por el ambiente cultural y boyante de la sociedad europea antes del la pesadilla de la segunda guerra mundial. El amor, la infidelidad, el desprecio de la vida llevada, el sexo, la familia, y la esperanza en un nuevo renacer sentimental, todos unidos al vaivén de sendos viajes trasatlánticos conforman el marco de esta joya que espero, sea disfrutada por nuevos curiosos del buen cine. Queda, para valorar la maravillosa pareja protagonista junto con la siempre cumplidora, bella y talentosa Mary Astor como soporte final del hombre de negocios incomprendido, además de un muy joven David Niven, en uno de sus primeros papeles en la meca del cine. Totalmente recomendable.
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Dos en la carretera
Dos en la carretera (1967)
  • 7,5
    11.547
  • Reino Unido Stanley Donen
  • Audrey Hepburn, Albert Finney, Eleanor Bron, William Daniels, ...
8
Matrimonio con pasaporte
Tiempo. Ese gran factor que determina nuestras vidas del cual nada ni nadie puede safarse y que influencia absolutamente todo. Y en las relaciones de pareja, no es la excepción. A partir de utilizar como estructura narrativa flashbaks que muestran momentos claves en la relación sentimental entre Mark (Finney) y Johanna (Hepburn) que van magistralmente intercalados sin perder el hilo conductor, teniendo como contexto distintos viajes que los protagonistas realizan por el paisaje francés, Donen expone el inevitable deterioro que el paso de los años y las situaciones causan en ese proyecto de vida tan bello y difícil como es la convivencia en pareja, desde el delicioso enamoramiento hasta cuando, por diferentes motivos y situaciones, en el presente, el matrimonio se ha convertido en más que una insoportable carga emocional, todo con la inolvidable banda sonora de un inmortal Henry Mancini, haciendo que cada beso, cada abrazo, cada discusión, cada mirada tengan un halo de nostalgia que abruma e involucrando al espectador para verse definitivamente reflejado e identificado, sin necesariamente tomar partido por uno u otro. El desarrollo de los personajes en sus distintos estados emocionales además de estar encuadrados en una creciente solidificación económica y una evidente involución conyugal a través de las magníficas interpretaciones de la eterna Audrey Hepburn y su convidado eficaz de aventura Albert Finney, hacen de esta joya a valorar una invitación para observarnos a nosostros mismos reflejados en Mark y Johanna como modelos de una unión con altibajos, a veces insalvables como egoísmos, infidelidades, estancamiento, rutina y demás lastres subsecuentes, mostrados a lo largo de doce años de relación, pero con la esperanza de que el sentimiento primordial con el que se inició todo, vulnerable pero sincero como el amor al otro con todo y sus defectos, sea la base para un nuevo inicio, un nuevo respiro, una nueva esperanza, en ese trayecto, como una carretera que lleva a un fín desconocido pero que hay que transitar. Esa es la enseñanza que, magistralmente deja. Comedia romántica?...así ha sido catalogada la película, pero creo que es más el tránsito en la vida parental de dos personas comúnes con sueños, con ternura, con complicidad, con diálogos sin desperdicio, con lágrimas y risas. Sí. Es un viaje. Un viaje en donde se pasan por distintos estados emocionales, al cual es mejor ir acompañado. Como en la vida misma.Totalmente recomendable, sobre todo porque es una oportunidad de sentir y palpar la melancolía y la nostalgia en un desarrollo poco convencional pero con resultados efectivos, como los utilizados por el director. Ahhh...y Audrey. Siempre Audrey, como razón única.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sucedió una noche
Sucedió una noche (1934)
  • 7,9
    15.455
  • Estados Unidos Frank Capra
  • Clark Gable, Claudette Colbert, Walter Connolly, Roscoe Karns, ...
8
Cosas del destino
A veces sucede, que cuando pareciera todo en contra, sale el mejor resultado posible. Lo es en la vida, y lo es en el cine. Lo digo, porque leyendo sobre los venires y devenires que acompañaron la filmación de esta joya del gran Frank Capra, salta como ejemplo palpable tal afirmación. Un director con un guión que no lo convencía del todo, además de un presupuesto bajo para la realización del film; una actriz que se despachó en caprichos de diva para salvarse de protagonizar la película y que acabado el rodaje, siguiera despotricado de la misma; y un actor que, por querer crecer dentro de su carrera profesional, hace peticiones de mejores papeles al estudio dueño de su contrato, y éste decide "castigarlo" por tal osadía, prestándolo temporalmente a una productora de segunda, para que escarmentara. Eso dice la historia. Y la historia, la premia con cinco premios Oscar, además de un lugar preferencial dentro de las películas memorables de la comedia romántica y de los films en general. En particular, es la cinta que más me gusta del gran director. Y lo es, por la maestría con la que logra manejar el olvidado arte de la insinuasión, ya que la pareja protagonista, de evidente química mutua, no se dan un solo beso en todo el film creando Capra esa atmósfera que hace palpable una tensión sexual y romántica con un tacto de elegancia únicos y de inmejorable buen gusto. Colbert y Gable, lucen sencillamente espléndidos, acompañados por una fotografía cuidada que soporta un desarrollo coherente y sólido de un guión sencillo y a la vez fresco. Sí. Fresco ya que no creo que el paso de los años, hallan hecho mella en él, por el contrario, cada vez que tengo el gusto de verla de nuevo, sigo encontrando unos diálogos más que actuales, unas situaciones chispiantes y unas actuaciones memorables. Habrán, por críticos y espectadores, otros títulos de más relevancia que enmarquen merecidamente lo que fue la gran obra de Capra, como "Qué bello es vivir", o "Arsénico por compasión". En mi caso, me quedo con la pareja perfecta que las dos leyendas del cine protagonizan para dar vida a un romance que nace de las vicitudes de un viaje entre Miami y Nueva York, entre una mujer de clase alta, mimada por la vida y su padre; y un reportero venido a menos, pero de convicciones fuertes. Un canto al romanticismo, un canto a elegancia, un canto a la química abrumadora entre dos gigantes de la pantalla guiados por un maestro que nos recuerda, que en el caso de las comedias románticas, evidentemente, lo pasado sí fue mejor.
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Que el cielo la juzgue
Que el cielo la juzgue (1945)
  • 7,6
    2.907
  • Estados Unidos John M. Stahl
  • Gene Tierney, Cornel Wilde, Jeanne Crain, Vincent Price, ...
8
Gene en technicolor
Estoy convencido de que "Dejarla al cielo" en su traducción literal, o "Que el cielo la juzgue", como es conocida en el mundo hispanohablante es un ejemplo de películas en donde la primera impresión es suceptible de cambio. Y no lo digo por su calidad dramática, de una solidez palpable donde Stahl pone su sello injustamente olvidado por décadas; o por su fotografía rutilante y limpia que permite degustar la belleza de los paisajes sutil y elegantemente involucrados de tal forma para convertilos en escenarios importantes que van desarrollando una trama contada con el ya popular flashback tan utilizado en esa maravillosa década que fue para el cine como los cuarenta del siglo pasado. Lo digo por el personaje principal encarnado por la preciosa Gene Tierney, de belleza legendaria, como de vida trágica en el plano personal. Y es que, en mi caso, cada vez que vuelvo y degusto la cinta, creo que entiendo más los motivos que llevan a Ellen (Tierney) mujer mentalmente inestable, de actuar como actúa frente a las situaciones que se le presentan, relacionadas con su entorno tanto familiar como marital, sin entrar, por supuesto, en el terreno de la justificación de lo injustificable como el homiciodio digamos que involuntario del hermano paralítico de su esposo; o del aborto, éste si muy premeditado de la potencial amenza que para ella representaba ese ser inocente para su vida en pareja. Y digo que la voy entendiendo, dentro de su atmósfera perturbada de amor posesivo, celoso y enfermizo, que su sus motivos, al final de cuentas son hasta lógicos, por cuanto en ciertos pasajes, hasta se pueda simpatizar con ella, como por ejemplo, en la luna de miel interrumpida tanto por un esposo que,embebido por su trabajo que, sin darse cuenta, hace a un lado tan significativo momento íntimo por el amor fraterno hacia su hermano y la visita inoportuna de las familiares de Ellen, sin tener en cuenta ni siquiera la opinión de ella al respecto; o de los celos patológicos que surgen por la sospecha del inicio de una relación entre su marido y su propia hermanastra, a fe, que al final se dá. Por tanto, de la fría, celosa, egoísta, caprichosa y calculadora femme fatale que me quedó la primer vez que ví el film, ha ido pasando a una enferma e impulsiva mujer, con una ambivalente capacidad para el amor y el rencor, que me ha quedado después de haberla visto, afortunadamente ya, varias veces. Lo que sin duda no cambia, y que, por el contrario, el tiempo ha fortalecido aún más es la belleza de leyenda que el sistema de technicolor implementado el director dejó como testamento eterno en el film de la inolvidable Gene. Cada plano, cada mirada, cada gesto de ese rostro mítico, ocupan de lleno la pantalla, dejando en inferioridad manifiesta a un correcto Cornel Wilde, como esposo víctima del comportamiento dispar de su mujer, o una joven y linda Jeanne Craine, como tercera en discordia, pero sin la fuerza necesaria para igualar a la espléndida Tierney, en uno de sus mejores registros. En consecuencia, el gusto de verla más de una vez, y contemplar a una de las bellezas históricas del séptimo arte en estado de gracia es impagable. Y Gene lo merece.
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Las tres noches de Eva
Las tres noches de Eva (1941)
  • 7,5
    3.163
  • Estados Unidos Preston Sturges
  • Barbara Stanwyck, Henry Fonda, Charles Coburn, Eugene Pallette, ...
8
La señora Stanwyck
Carisma y magnetismo. Esos eran los grandes atributos que tenía, y a borbotones, la imperial Barbara Stanwyck, conjugados con un infinito talento interpretativo y versátil. En cada plano, en cada toma, es inevitable no mirarla a ella y contemplar la maravillosa fuerza que encarnaba esta actriz de leyenda, sin importar quién esté a su lado, así sea el gigante Henry Fonda. En "The lady Eve", o "Las tres noches de Eva" como se llegó a comercializar la película por estas latitudes, Preston Sturges, director infravalorado a pesar de contar con incuestionables títulos como éste, junta a dos íconos para dar vida a una disparatada, fina y delirante comedia romántica, mezclando los ires y venires del amor con situaciones sustentadas en el talento de los protagonistas junto con secundarios de talla colosal, como Charles Coburn y Eugene Pallette entre otros. Con elegancía, pero también, con una sorprendente crítica mordaz a la sociedad de clase alta, Sturges hace gala de maestro para incluír cierta carga erótica, impensable para la época en que se realizó obviamente, atenuada con los tíntes cómicos y chispiantes que los diálogos y situaciones supieron complementar perfectamente, para dar como resultado un film claramente atemporal. Sí. Atemporal. Lo digo con infinito respeto con los que piensen que el tiempo ha causado mella en la cinta. Pienso que no es así, puesto que la frescura queda en todo momento tangible y comprobada con el sólo hecho de ver las comedias que se hacen hoy en día y observar, que como en todo, pueden haber algunas que las podríamos calificar de decentes, otras lamentables, pero todas indiscutiblemente olvidables. Con "The lady Eve", se hace el ejercico grato de ver juntas a dos presencias míticas en la historia del cine, desbordando toda su química y capacidad, para mostrar a todas las generaciones, de lo grande que era el séptimo arte de esa época por hacer de la calidad un sello perenne y de las razones justificadas del porqué se tiene en el pedestal a figuras como el fabuloso Fonda y sobre todo a la maravillosa Barbara. Sin duda, cuenta esta cinta como una experiencia deliciosa, de poder disfrutar este testamento fílmico como una razón valedera del buen cine clásico. Y también, de cierta esperanza de que tanto realizadores como los mismos espectadores vean en ella una lección de no conformarse con los mediocres productos actuales. Espero no ser tan ingenuo al respecto. Mientras, seguiremos unos cuantos, disfrutando del legendario Fonda, pero sobre todo, de la Barbara eterna.
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Encuentro en la noche
Encuentro en la noche (1952)
  • 7,2
    1.745
  • Estados Unidos Fritz Lang
  • Barbara Stanwyck, Paul Douglas, Robert Ryan, Marilyn Monroe, ...
8
Naturalmente, Fritz Lang
Leyendo un poco sobre los pormenores de "Encuentros en la noche", generalmente los críticos de cine y espectadores en general tildan a la película de "obra menor" de su genial director. Y con ello, hace que la cinta, de pronto, no halla tenido, ni tenga hasta ahora, una mayor relevancia dentro de la memoria cinéfila colectiva y pase como una más. Me sorprende. No pretendo controvertir, los argumentos dados para que prevalezca ese concepto, en mi criterio injusto. Sin embrago, sí quiero resaltar la grandes cualidades del film para que nuevos curiosos que no la han visto, o para aquellos que ya la vieron y la pusieron dentro del parámetro anteriomente ya mencionado, descubran en ella un magnífico ejemplo de ese cine que muchos añoramos y que, desafortunadamente, es cada vez más esacaso en nuestros días de manera irremediable. Lang, sin hipocresía y gran tino, muestra la imperfección humana llevada en las relaciones personales de amistad, amor y adulterio, enmarcadas dentro de un contexto dual entre la apasible vida de un pueblo pesquero y la fuerza violenta del océano que lo limita, en la costa oeste de los Estados Unidos. Y esa fuerza, ese paralelismo, queda plasmado en el personaje de ese fenómeno descomunal e irrepetible dentro del séptimo arte como lo fue Barbara Stanwyck, el cual, busca, después de diez años y sendos fracasos emocionales, resarcirse volviendo a su pueblo natal, a su casa. Ella es la base de pasiones y sentimientos que enfrenta a dos amigos, muy diferentes los dos, uno de personalidad primaria pero noble, y el otro, amargado por sus propias experiencias, pero con un poder atractivo más acorde con la personalidad de la protagonista. Paul Douglas, soberbio, y Robert Ryan, varonil y básico, hacen de contraparte en ese triángulo amoroso con la inolvidable Barbara, complementados eficazmente con la chispa y sensualidad de una Marilyn Monroe de altura, en un papel secundario pero de buena performance, y que hace de espejo de Mae (Stanwyck), antes de salir de su hogar. Un gran reparto, un director de quilates y una trama sólida, con diálogos que resaltan aún más la capacidad de sus intérpretes, son suficiente garantía para tener a esta pelicula como ejercico de buen cine de siempre y para siempre. Personalmente, el contemplar en escena toda la capacidad de la inmortal Stanwyck. junto con la solvencia de Douglas y Ryan y la belleza y talento de Marilyn son más que suficientes razones para disfrutar de un cine de leyenda. Y si es bajo la lupa de un magnífico Lang..pues mucho mejor.
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El rebelde orgulloso
El rebelde orgulloso (1958)
  • 6,3
    532
  • Estados Unidos Michael Curtiz
  • Alan Ladd, Olivia de Havilland, Dean Jagger, David Ladd, ...
8
Con nobleza
No todos los western tinenen que ser de duelos, indios y disparos por doquier. Y, quizás, esa sea la razón principal por la que "El rebelde orgulloso", halla quedado casi que relegada y desapercibida dentro de ese gigante universo del cine clásico, y dentro del wester en general, siendo, a mi gusto, una cinta de nivel superior. Sobre todo, por la forma elegante, sencilla y firme con que Michael Curtiz, plasma lo que el amor. El amor de padre e hijo, junto con el amor bello entre una mujer fuerte, madura, hermosa y solitaria en un mundo varonil y hostil como lo era el oeste con un hombre que vive para y por su hijo, infante traumado por una experiencia personal violenta dentro de la guerra civil americana; y también, el amor de un niño con su mascota, compañero fiel de andanzas y vida. Alan Ladd, hace pareja con la inolvidable Olivia de Havilland, en un registro muy parecido a Shane,con en el que se le nota fluído y cómodo. La hermosa Olivia, madura, simple. De una belleza serena y sin engaños, muestra el aguerrido lado de la mujer trabajadora, sufrida y valiente, con voluntad infranqueble para salir adelante por sus propios medios. Grandes valores que se van desarrollando dentro de una historia creíble y sólida, sin afán y con toda la sapiencia de un director que se dió la licencia de plasmar en pantalla lo que un western también puede testificar. Ojalá, sea esta cinta lo suficientemente valorada para que no entre en el olvido. De mi parte, sólo espero haber colocado un granito de arena, para que los cinéfilos de esta importante página tomen el testimonio y disfruten. Disfruten de Ladd. Disfruten de Curtiz. Y sobre todo, disfruten de la grandiosa Olivia de Havilland.
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Cielo amarillo
Cielo amarillo (1948)
  • 7,5
    1.860
  • Estados Unidos William A. Wellman
  • Gregory Peck, Anne Baxter, Richard Widmark, Robert Arthur, ...
8
Imprescindible
Y lo es, porque "Yellow sky" es una bonita oportunidad de contemplar las buenas maneras de un director, la verdad, poco valorado como William A. Wellman, desarrollando una historia desoladora y cruda con brillantes imágenes en claros-oscuros que enmarcan el talento reunido en los distintos personajes que la componen. Además, retrata inteligentemente, que las circunstancias pueden direccionar el comportamiento del ser humano, sin que se tilde siempre, sobre todo en un western, de que los buenos son siempre angelicales, o los malos son demonios porque sí. Y creo que esa ambivalencia presente es lo que convierte a la cinta en una joya a valorar, ojalá por siempre, por cualquier estudioso del género o por espectadores del común que encuentren suficientes motivos para verla, dentro de los cuales se pude nombrar sin duda el ver al inmortal Gregory Peck, tan cómodo en su andar por los films de sombrero y caballo, aquí mostrando una dualidad de criminal con principios muy bien lograda; el fantástico Richard Widmark, actor de verdad gigante, sin el aura de otras estrellas como su compañero protagónico, pero con el talento inagotable hasta el fin de sus días, dando su impronta en un personaje frío, calculador y real de acuerdo a su entorno, con tintes de insubordinación; y la bella Anne Baxter, complemento perfecto de mujer dura y femenina en tierras hostiles y ambientes con exceso de testosterona. Avaricia, codicia, lealtad, amistad, añoranza..todos sentimientos que afloran por la fuerza que el oro, ese metal único, despertó en la mente de los que habitaron esas duras tierras en esos lejanos tiempos.Y claro..el amor. No del empalagoso y dulce, sino del recio y fuerte, acorde totalmente con lo que pedía la trama. No cuento más, porque siempre espero que cualquier curioso descubra y se deleite con las bondades de la historia. Y a fé que lo conseguirá, ya que los magníficos secundarios, más el trío de grandes con la dirección de Wellman,son suficiente garantía para ello. De mi parte, sé que la próxima vez que la vea, la disfrutaré como la primer vez porque la tengo dentro de mis inolvidables. Por algo será.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Forajidos
Forajidos (1946)
  • 7,9
    7.821
  • Estados Unidos Robert Siodmak
  • Burt Lancaster, Ava Gardner, Edmond O'Brien, Albert Dekker, ...
8
De aquí a la eternidad
Tomo el título de otra entrañable cinta del gran Lancaster como punto de partida que de The killers sería para las carreras de dos de las más grandes leyendas del cine de todos los tiempos. Y aunque Ava, ya contaba con apariciones fugaces en cintas poco recordadas, además de un protagónico en una cinta poco valorada como "Whistle stop" junto a George Raft, sería en el film de Siodmack junto a su pareja de quilates que producirían ese cisma que los incluiría a ambos dentro del reducido mundo de los inolvidables para jamás salir de ahí. Y es que ambos,o juntos para decirlo mejor, explotaron todo su talento, fuerza y belleza (monumental Ava) en una historia potente y muy bien desarrollada en forma de flashbacks recursivos que muestran la pasión, traición y codicia como condimentos naturales de ese inicio enmarcado por la partitura histórica y sin igual del genial Miklós Rózsa. Y, aunque Lancaster y Gardner, participarían de un par de film más sin estar juntos en escena ("Seven Days in May" y "The Cassandra Crossing"), sería "The killers" el único testamento fílmico para contemplar a los dos colosos juntos y observar que eso que llaman química si se puede plasmar sin opacar al compañero de turno mostrando cada uno sus cualidades y fortalezas. Casi dos décadas después, le harían un decoroso remake sin alcanzar, obviamnete, los quilates del tándem Sodmak, Lancaster y Gardner. Cualquiera que de verdad quiera deleitarse y disfrutar lo que significa una historia atrapante, unos secundarios brillantes, sobre todo Edmond O'Brien, y una pareja sin igual, ayer, hoy y mañana, como lo fueron Ava y Burt, deben tener a esta cinta como de las primeras en la lista. Lo demás, soñar y brindar con la desgracia del sueco y sobre todo...la belleza letal de Kitty. Salud, por los que tienen la dicha de verla por primera vez, o por aquellos que toman la película como ejercico obligado y de infinito placer terrenal que, dentro de los que me incluyo, revitaliza ese gusto incomparable del gran cine de todos los tiempos. El gran cine clásico. El cine de leyenda y de leyendas.
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La usurpadora
La usurpadora (1932)
  • 7,3
    252
  • Estados Unidos John M. Stahl
  • Irene Dunne, John Boles, June Clyde, George Meeker, ...
8
Calle de atrás
Solidez. Palabra sencilla y a la vez difícil de atestiguar al ver innumerables realizaciones que se anteponen el título de drama sin caer en la táctica de la lágrima fácil o las situaciones superpuestas. Stahl, con una visión y un toque de aplaudir, consigue llevarnos a través de esta historia de amor subyugado y de sacrificio, por los vericuetos de la intimidad de los sentimientos y las emociones de forma exquisita y delicada, apoyado en la coherencia de situaciones y tiempo del argumento, además de las actuaciones, sobretodo de la colosal Irene Dunne. La historia de Ray (Dunne), una mujer que como muchas, nos recuerda que la vida no es un camino de rosas y que los finales no son siempre felices, aún más si a conciencia se toman decisiones consientes con el corazón pero en contravía con la razón, como ella lo hace, sacrificando literalmente su felicidad en pos de una relación, la relación de su vida, con un hombre casado. Como siempre, nunca me ha interesado contar apartes del film para decir lo que opino de la película, por el sólo hecho de contribuir a que, tanto los antiguos o nuevos cinéfilos se tomen el tiempo de dejarse sorprender y puedan disfrutar de un trabajo, excelente como éste, y sacar sus propias conclusiones. Simplemente, dejarse llevar y transportarse para entender a éstos personajes que retratan situaciones que pueden ser más comunes de lo que parece sin importar la época o la cultura, y mucho más, si es una película de hace ya más de ochenta años pero que conserva sobre todo la frescura y limpieza que la encuadran dentro de las joyas por valorar y descubrir. Mérito de un cuidadoso argumento. Méritos de un elegante Stahl. Mérito de una inolvidable Dunne.
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Baila, muchacha, baila
Baila, muchacha, baila (1940)
  • 6,5
    152
  • Estados Unidos Dorothy Arzner, Roy Del Ruth
  • Maureen O'Hara, Louis Hayward, Lucille Ball, Virginia Field, ...
6
Maureen en USA
Ya después de haber sido descubierta por el gran Charles Laughton y compartido con él un par de películas, la inolvidable Maureen O`Hara se traslada al país de las estrellas y las barras para empezar lo que sería su carrera dentro del sistema fílmico norteamericano. Y empieza con ésta sencilla película que logra afianzar lo que ya mostraba en sus inicios con Laughton en Europa. Dueña de una belleza dulce y a la vez arrebatadora, que la acompañaría hasta el final de sus días, complementada además de su talento, Maureen, con apenas veinte años, despuntaba lo que sería un lugar respetable dentro del Hollywood clásico y dorado. Acá se junta con la gran Lucille Ball, con un cierto recorrido ya sobre todo en papeles secundarios y películas menores para solventar un guión más bien mediocre que transita por el musical, el drama y la comedia sin sobresalir eficazmente en ninguno de los tres aspectos. Sin embargo, el par de bellezas, cada una con su impronta, hacen olvidar los vacíos y saltos argumentales para llenar por completo con su presencia y su talento la pantalla, opacando a un muy deslucido Louis Hayward y al desaprovechado Ralph Bellamy. No es una joya la cinta, y sobre todo comparada con lo grandioso que se filmó en esos años; sin embargo, el ver juntas a Maureen con Lucille sirve de pretexto para disfrutar un rato que con ellas es más que agradable.
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Entre ladrones anda el amor (Aventura en Bombay)
Entre ladrones anda el amor (Aventura en Bombay) (1941)
  • 5,5
    27
  • Estados Unidos Clarence Brown
  • Clark Gable, Rosalind Russell, Peter Lorre, Jessie Ralph, ...
6
Detalles que cuentan
Pasable comedia romántica, a pesar de un muy prometedor inicio y de el talento y química de la pareja protagonista, evidente en todo su esplendor y plasmado en toda la cinta, Gable y Russell. Creo, que falla el desenlace, que se decidió por no profundizar entre la relación romántica de los dos personajes e incluir una especie de conflicto bélico entre japoneses , chinos y británicos, donde, Gable, hace gala de su presencia central y termina por ser una especie de Rambo moderado, y algo fuera de lugar. Si Clarence Brown y los guionistas del film, hubieran seguido desarrollando con el acertado humor, dejando fluir el magnetismo de las dos leyendas que tenían entre manos, estaríamos hablando de una película memorable. No fue así y termina siendo una más. Agradable, eso sí. Pero te deja el sin sabor de que te faltó algo y todo por tener al gran dúo en pantalla.De todos modos, recomendable para un buen rato.
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Extraño intervalo
Extraño intervalo (1932)
  • 5,5
    26
  • Estados Unidos Robert Z. Leonard
  • Norma Shearer, Clark Gable, Alexander Kirkland, Ralph Morgan, ...
7
Los pensamientos hablan
Muy interesante y valiente film, sobre todo por la época en que se realizó, el cual supo arriesgarse a poner de manifiesto los pensamientos en voz off como parte esencial de la trama que, de por sí, abarca la relación de un triángulo amoroso enmarcada por el paso de los años y las circunstancias. Es cierto, que en ciertos momentos parezcan muy interpuestos esos pensamientos haciendo que ciertas escenas forzadas a mostrar la relevancia del diálogo interior y personal, cosas que como muy bien lo dice al principio de la misma, lo hacemos todos y en todo momento. Pero ésto, no deja que merme la gracia de la cinta, con una muy solvente Norma Shearer, en su rol de mujer centro de las pasiones, consiente del sacrificio de sus emociones en pos de la vida de su hijo concebido en la relación con el hombre que amaría toda la vida interpretado por el gran Clark Gable. Los diálogos, los pensamientos, las circunstancias y el tiempo mismo, gira en torno al sacrificio que hace la pareja de amantes para que el fruto de ese amor que es su hijo, se desarrolle en la vida familiar que la protagonista tenía con un marido al que nunca quiso. Es innegable la química de la Shearer con Gable, expuesta en cada escena compartida. No sé, cuál fue el impacto de la película en el contexto de aquellos tempranos años treinta del siglo pasado, pero imagino que no pasaría inadvertida. De pronto el paso de las años, han causado un poco de mella sobre todo, manifestada en ciertos detalles ya mencionados; pero le sobra méritos para poder visionar tanto a la pareja protagonista, como a unos muy jóvenes Robert Young y Maureen O`Sullivan, así como el ejercicio de mostrar que nuestros diálogos con el yo que llevamos dentro, con aciertos y errores, con emociones y deseos, son parte de nuestra humanidad. Recomendada, a pesar del aparente olvido por parte de los cinéfilos.
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La dama de los trópicos
La dama de los trópicos (1939)
  • Estados Unidos Jack Conway
  • Robert Taylor, Hedy Lamarr, Joseph Schildkraut, Gloria Franklin, ...
7
La dama de Austria
Esta es de esas cintas poco valoradas y olvidas dentro del gran mundo del cine clásico, a pesar de contar con una muy atractiva pareja protagonista que, a mi humilde parecer, sale bien librada en cuanto a su resultado interpretativo. Y todo a pesar de evidentes vacíos argumentales y otros detalles, que a la larga, pasan a un segundo plano, haciendo que "Lady of the Tropics", si bien, no le llegue a los talones a otros clásicos de su época, si deja un buen sabor de boca al apreciar a un ya consagrado Robert Taylor, poniendo otro peldaño a lo que sería una de las carrera más promisorias como galán del cine norteamericano; acompañado de la medalla de bronce, plata u oro en cuanto a la mujer más hermosa que la gran pantalla halla podido ser testigo en su historia, antes de que también supiéramos de que era una inventora genio: Hedy Lamarr. Y es que cuando la cámara nos hace el inmenso favor de consentir ése rostro de leyenda, opaca un poco cierta falta de versatilidad que en un principio de la cinta, pudiera haber tenido Hedy en su papel de mestiza en el siempre misterioso Saigón. Sin embargo, a medida que la carga dramática se intensifica, y de la sapiencia de Jack Conway al explotar la belleza sin igual de la austriaca, Hedy le da la talla a su par protagonista y sin duda se vuelve el eje central del film, con todo y los altibajos del mismo. La trama, gira evidentemente en una historia de amor enmarcada dentro de la sociedad del puerto oriental con chantaje sexual implícito. Se deja ver, sobre todo en los momentos que Taylor y Lamarr comparten pantalla,notándose la buena química y sobre todo la belleza de Hedy. No entra dentro de las inolvidables, pero sí como buena excusa de contemplar a dos leyendas de todos los tiempos juntas.
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Almas desnudas
Almas desnudas (1949)
  • 7,3
    1.556
  • Estados Unidos Max Ophüls
  • James Mason, Joan Bennett, Geraldine Brooks, Henry O'Neill, ...
8
El momento injusto
Como todo en la vida, en el mundo del cine también se cometen injusticias. Y muchas, como por ejemplo, tildar de obra menor a una cinta sumamente bien llevada en todos los aspectos por un director infravalorado como Max Ophüls, además de poner el peso argumental en dos figuras grandes como lo fueron James Mason y la preciosa Joan Bennett. Sobre todo ella, quien con su personaje de madre luchadora, ejemplar y protectora, recorre todos los estados emocionales y hasta físicos que el trabajo de madre de adolescentes conlleva, agregándole un marido ausente y una hija rebelde por cosas de la edad y sin miramientos de unas consecuencias insospechadas, con chantaje y homicidio accidental incluido. Ophüls, a través de Bennett, nos lleva casi que con angustia por toda la película con un ritmo compensado y firme, sin vacíos argumentales notorios y con una calidad de fotografía ejemplares. Mason, como siempre, cumple cabalmente en un personaje dual que se mueve entre el bajo mundo y el sentimiento naciente entre admiración y amor por la mujer que es su víctima.Pero Joan es el centro de la trama. Su fuerza, sus lágrimas, su sentimiento que cobija el bienestar familiar a toda costa y sin miramientos los plasma por completo en pantalla pasándoselos al espectador para que se haga cómplice con su sufrimiento.Y a fe que lo consigue, corroborando lo gran actriz que era. Al final, y después de haberla visto ya unas cuantas veces, me sigo preguntando: Porqué la cinta está casi que el baúl de las olvidadas?, porqué los cinéfilos no le dan la valoración que merece?, porque algunos le siguen diciendo "obra menor" de su director?. Tal vez, nunca tenga las respuestas, o simplemente no las que quisiera ver. Tal vez sea yo el equivocado, con unos cuantos que piensan lo mismo. De pronto sea así, pero nada me quita el gusto de contemplar una película redonda nuevamente, en un futuro muy cercano si el de arriba me lo permite para que en mis adentros pueda decir gracias al gran Ophüls, gracias al gran Mason y muchas gracias a la gigante Joan Bennett.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil