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Críticas de davidmdehaza
Críticas ordenadas por:
Madre!
Madre! (2017)
  • 6,3
    21.358
  • Estados Unidos Darren Aronofsky
  • Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, ...
3
Guárdame las vacas
Juntar a Darren Aronofsky, a Jennifer Lawrence y a Javier Bardem probablemente le haga sospechar a uno que no estamos ante la película más sutil del mundo.

Pero tampoco se espera uno encontrar, ¿cómo decirlo?, esto.

“Mother!” se ejecuta en dos actos. Y si Luys de Narváez hizo las variaciones sobre "Guárdame las vacas", Aronofsky hace una variación del primer acto en su segundo, en los que la tranquilidad de una pareja aislada en una casa en medio de la nada se ve perturbada por la llegada de un conjunto de personajes no esperados.

Es verdad que “Mother!” daba para un estudio más o menos interesante en clave de terror sobre los issues de pareja asociados a factores externos, pero la cosa aquí toma unos tintes patafísicos y granguiñolescos desde la primera media hora, con alegorías dizque religiosas y/o pseudoecologistas, que crecen en intensidad para terminar en puramente un esperpento.

Ecos evidentes de “La Semilla Del Diablo”, claro (de hecho, Jennifer Lawrence está incluso bien en su emulación de Mia Farrow / Rosemary Woodhouse), pero también de “Esta Casa Es Una Ruina” dan forma a esta desconcertante barrabasada. Incluso podría verse como una lectura invertida de “El Ángel Exterminador”, porque si en aquella la gente no podía salir de la casa, en “Mother!” no pueden dejar de entrar.

Y, de la misma manera, si en la película de Luis Buñuel el espectador sólo quería quedarse, de la de Aronofsky yo solo quiero huir.

Y cuanto antes.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Day After
The Day After (2017)
  • 6,9
    443
  • Corea del Sur Hong Sang-soo
  • Kim Min-hee, Kwon Hae-hyo, Kim Sae-Byeok, Cho Yun-hee, ...
7
Coyunturas
Sin que apenas nos demos cuenta, Hong Sang-soo está erigiendo con su obra a lo largo del tiempo probablemente el retrato más naturalista y, por eso mismo, más devastador del hombre contemporáneo dentro de la cinematografía actual. “The Day After” es el penúltimo paso en la construcción de dicho retrato, y, aunque se trate de una película en apariencia menor, su supuesta simplicidad es una forma tan o más válida de arañar en la consciencia si la comparamos con obras de mayor aparataje dramático, como “La Mujer Es El Futuro Del Hombre”, “En Otro País” o “Ahora Sí, Antes No”.

Sang-soo pone en liza únicamente a cuatro personajes, cuatro arquetipos clásicos dentro de su filmografía (autor, esposa, amante y muchacha a modo de motor inmóvil), e incide en sus propias obsesiones tanto formales (el dominio del plano fijo sorteado con ocasionales zooms artríticos) como morales (la relación hombre-mujer, el anhelo de felicidad o la naturaleza egoísta del ser humano), aquí reduciendo a la mínima expresión los diálogos, las coyunturas ad hoc de los personajes e incluso la estética, bañando en un apagado blanco y negro las conversaciones que tienen los cuatro protagonistas en las oficinas de una editorial. Al final, uno abandona la sala convencido de que la felicidad es un asunto muy relativo y deseando que Dios dé muchos años de salud y trabajo al bueno de Hong Sang-Soo.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Morir
Morir (2017)
  • 6,0
    1.236
  • España Fernando Franco
  • Marián Álvarez, Andrés Gertrudix, Iñigo Aranburu, Francesco Carril
6
Sic transit
No parece fácil poner en imágenes y sonidos la muerte desde la cercanía más íntima. Y, sin embargo, Fernando Franco sale airoso del trámite, con esta narración minimalista a propósito de la irrupción de una enfermedad terminal en uno de los miembros de una pareja. Tras “La Herida”, las expectaciones a propósito de su segundo largometraje, eran muy altas. Quizás demasiado, a la vista de que “Morir” no consigue realmente impactarnos todo lo que hubiéramos esperado ante una historia así. Sin embargo, hay una cierta inquebrantable virtud en esa contención que se muestra en la película, especialmente en la mirada paciente de Marian Álvarez, en su dureza conmovedora a la hora de reflejar cómo la enfermedad nos hace translúcidos en nuestra humanidad y afloran el egoísmo, el miedo y la impotencia a la hora de dar aquello que quien tenemos a nuestro lado realmente necesita. Película incómoda, imperfecta y notablemente dolorosa. Como la vida, realmente.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Disaster Artist
The Disaster Artist (2017)
  • 6,9
    15.867
  • Estados Unidos James Franco
  • James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Alison Brie, ...
8
Why spend your life making someone else’s dream?
“Visions are worth fighting for. Why spend your life making someone else’s dream?”

James Franco dirige y protagoniza “The Disaster Artist”, traslación a la pantalla del libro de mismo título, que relata la preparación y el rodaje de “The Room”, la cult-movie definitiva del Siglo XXI, una obra vilipendiada y aplaudida a partes iguales, tan abominable como fascinante, delirio loquísimo y fantasía personal de ese misterioso personaje llamado Tommy Wiseau.

La cita que encabeza este texto, por cierto, es una de las frases con las que Orson Welles se dirige a Edward D. Wood Jr. en el encuentro casual en un bar que se produce entre ambos en una de las escenas más bonitas de “Ed Wood”, seguramente la mejor película de Tim Burton. Dicha cita, incluida en la película a la que probablemente más certeramente retrotrae “The Disaster Artist”, no está escogida de manera aleatoria, puesto que la esencia de la cinta de James Franco bien podría resumirse con esas palabras. Y es que “The Disaster Artist” es en realidad una película sobre la obsesión de una persona y la determinación con la que dicha persona quiere dar forma a esa obsesión. La visión perseguida por Tommy Wiseau, su sueño anhelado, es actuar, interpretar, insuflar vida a las palabras escritas en un guion. Y en la persecución de su sueño, ante la falta de oportunidades externas, él decide crear la estructura donde fortificar ese sueño: hacer su propia película, poner las palabras y luego las imágenes para satisfacer esa pulsión vital, creando involuntariamente una de las aberraciones cinematográficas más brillantes que existirán jamás.

Si una de las virtudes de “The Disaster Artist” es la mimetización casi irreal que consigue con “The Room”, calcando al milímetro las icónicas escenas de la película de Wiseau, otra es el demencial juego de máscaras presentado a través de la doble transmutación de los personajes. Así, vemos por ejemplo a James Franco como Tommy Wiseau y a James Franco como Tommy Wiseau como Johnny (el personaje protagonista de “The Room”). Auténtica metaexpresividad, gracias a la cual algunas de las incógnitas que se plantean de forma más o menos velada, como la atracción latente de Wiseau hacia Greg Sestero (Dave Franco en el film), coprotagonista de la película, adquieren una carga dramática casi pasoliniana enfrentada a una hilaridad ciertamente inaudita.

En realidad, pese a que pueda parecer lo contrario, “The Disaster Artist” es una película notablemente compleja. Se trata de un drama canónico, algo que incluso se nos avanza desde el principio de la película con la partitura de entrada, un score grave a cargo de Dave Porter, que remotamente recuerda al de Angelo Badalamenti para “Mulholland Drive” (de nuevo, los sueños truncados de triunfo en Hollywood), pero estamos ante una de las películas más divertidas que he visto en bastante tiempo. De igual forma, por seguir enumerando las virtudes contradictorias de la película, estamos ante grandes interpretaciones dando vida a penosos intérpretes, en una especie de gran broma en continuo sobre los éxitos y miserias de ser actor

Como ocurría con, insisto, su referente más cercano, “Ed Wood”, Franco mantiene el respeto casi compasivo por Wiseau de la misma forma que Burton profería sobre la figura de Wood. Pero, lejos de la romantización del fracaso sugerido en aquella, en “The Disaster Artist” la visión sobre la ruina creativa cinematográfica es descarnada y a la vez hilarante. Se trata en definitiva de un ejercicio único y extremadamente divertido a propósito de las inconscientes maravillas que el caos más puro puede generar. El milagro de la entropía aplicado al acto creativo. Pura orfebrería cinematográfica.
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3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En cuerpo y alma
En cuerpo y alma (2017)
  • 6,8
    2.833
  • Hungría Ildikó Enyedi
  • Morcsányi Géza, Alexandra Borbély, Ervin Nagy, Pál Mácsai, ...
7
Lo que podemos ver y lo que no
El cuerpo y el alma. Lo que podemos ver y lo que no. Del cuerpo y del alma nacen respectivamente los, por así decirlo, defectos, de Endre (Morscsányi Géza) y Mária (Alexandra Borbély), los dos protagonistas de “En Cuerpo y Alma”. Él, de unos cincuenta años, divorciado, jefe de personal de un matadero en Budapest, con una paresia completa del brazo izquierdo; ella, de quizás menos de treinta, sobrentendemos que sin relaciones previas, supervisora de calidad recién incorporada a dicho matadero, con una especie de trastorno de espectro autista con evidentes dificultades socio-conductuales.

El cuerpo y el alma, el paradigma de los opuestos vitales complementarios. La fotografía y su negativo, lo indivisible pero incoalescente. Es este juego de opuestos el que pavimenta no sólo la progresión en la relación de los dos personajes, sino la forma en la que la directora húngara Ildikó Enyedi ejecuta la narración de su película, con la interposición de las composiciones oníricas que finalmente resultan cruciales para el devenir de la historia y las crudas imágenes de la realidad en el matadero.

Ahí, en un matadero, epítome de lugar donde se pone fin a la vida, empieza por así decirlo también la vida para Mária y Endre, dos personas a simple vista (en cuerpo) opuestas, como hemos dicho, pero de alguna forma unidas por una hiperconsciencia (en alma) de sí mismos, de su falibilidad, emparentadas en una cierta atonía vital, cuyo encuentro sirve para ordenar los factores necesarios para su progresión personal interna. Porque, ciertamente, “En Cuerpo y Alma” es una fábula sobre la superación de quien parece abandonado a su suerte emocional, que encuentra milagrosamente un tono dulce y agradablemente cómico en algunas escenas que, replanteadas de otra manera, resultarían casi crueles. Se podría decir que hay algo de Aki Kaurismaki en la cinta de Enyedi, a propósito de esa forma de narrar la cotidianidad con un marcado contraste de tonos: amargura, emoción y una pequeña alegría interna.

El cuerpo y el alma. Lo que podemos tocar y lo que no. Lo palpable y lo intangible, aquello que vertebra el amor o lo que entendemos como amor. Porque “En Cuerpo y Alma” es también, y probablemente aquí radica su más llamativa virtud, un cuento anómalo y bellísimo sobre los inescrutables caminos del amor, con una solución metafórica audaz e inaudita para explicar eso en realidad tan inexplicable que es la atracción entre dos personas: la sincronía de los sueños; la magia entrando por la ventana mientras la razón sale por la puerta.

El enfrentamiento pacífico entre razón y magia, tanto en las formas como en el motor de esta historia, es quizás lo que hace tan especial a la ganadora del Oso de Oro de este año en el Festival de Berlín. Razón y magia en plena revolución: la esencia de la vida, en definitiva. Y cuando alguien es capaz de capturar la poesía de lo imperfecto con gestos e imágenes, con palabras y silencios, con luz y oscuridad, toca reconocer con una discreta sonrisa de reconciliación con el cine que estamos ante una pequeña, cautivadora y maravillosa película.
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24 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anomalisa
Anomalisa (2015)
  • 6,9
    10.168
  • Estados Unidos Charlie Kaufman, Duke Johnson
  • Animation
8
Las cosas más bobas parecen precipicios insalvables
Sinécdoque, Cincinnatti. O el triste sentido de una vida entera condensada en una noche. En su última obra, Charlie Kaufman vuelve a jugar con la geometría narrativa. En este caso, la circularidad de “Anomalisa” da forma a una de las más precisas disecciones por planos de los gozos y, sobre todo, las miserias que alberga la cotidianidad en el hombre actual. Poco o nada me detendré en el prodigio técnico que es la película, aunque qué irónico y significativo me resulta el hecho de que una de las obras cinematográficas recientes que retrata de forma más diáfana y cercana la experiencia íntima del ser humano y la ridiculez intrínseca ligada a la misma esté protagonizada por figuras no humanas, en una especie de transmutación de la nueva vieja carne por la vía del stop motion. Así, en un relato que podríamos catalogar como costumbrismo urbanita, “Anomalisa” destila una magia triste, donde lo real y lo pararreal se entrelazan en forma de pesadillas maravillosas al respecto del nuevo hombre-masa y coños mal comidos.

La circularidad viene subrayada por la circunstancia de que “Anomalisa” se abre y se cierra con una carta escrita por una mujer cuyo destinatario es el mismo hombre. Ese viaje radial que plantean Kaufman y Duke Johnson tiene por tanto en su final un eterno retorno a la casilla de salida, una puerta cerrada a la concreción del amor porque el miedo es real y posiblemente definitivo, aunque exista un matiz de esperanza para quien quiera verlo. Es cuanto menos llamativo que haya un remanente de los Joel y Clementine de “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” en la relación de Michael Stone y Lisa, los protagonistas de esta pequeña elegía moral, ya que, aunque es cierto que es la voz de ese hombre inútil la que resuena durante todo el metraje, la última palabra la tiene siempre la mujer en lo que parece una discreta obsesión del autor a la hora de revelar al mundo un cierto conflicto interno sobre el macho empequeñecido y ridículo en el casus belli emocional.

En definitiva, “Anomalisa” vuelve a reflexionar sobre la intratable metástasis de la repetición de patrones sentimentales y conductuales y sobre la certeza de que el problema está en los ojos del que mira. Y es que si resulta que las chicas sólo quieren divertirse, qué pena que los hombres hayan olvidado cómo hacerlo.
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32 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mi gran noche
Mi gran noche (2015)
  • 5,0
    14.821
  • España Álex de la Iglesia
  • Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, ...
5
A toda mecha. A toda, toda mecha.
Con mayúsculas, pero con unas mayúsculas torcidas y fluorescentes, se debería escribir “Mi Gran Noche“, de Álex de la Iglesia. Se formó la gozadera. Con un Raphael estelar (e interestelar) y con Mario Casas emulando una especie de híbrido entre David Bisbal y el Hansel (Owen Wilson) de “Zoolander“, “Mi Gran Noche” trae inmediatamente a la memoria a la, a mi juicio, obra aún no superada de su autor, la notable “Muertos de Risa”. Igual de reveladora a la hora de mostrar las vergüenzas y sacarle los colores a una cierta España que (nos hacen creer que) aún vive anclada en esa rémora cultural, pero no mediante el retrato del patetismo de secano que de alguna forma traía consigo la cinta protagonizada por Santiago Segura y El Gran Wyoming, sino por la vía de la hipérbole, el despiporre y la bufonada. “Mi Gran Noche” es un sanísimo descalzaperros en el mejor sentido del término, sólo ocasionalmente hilarante, excesiva, naif y gloriosamente absurda. Esencialmente, una auténtica barbaridad entendida como relativo a lo bárbaro, a lo bruto e imprudente. Más allá de cualquier otra consideración, una auténtica barrabasada.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Assassin (La asesina)
The Assassin (La asesina) (2015)
  • 5,6
    2.868
  • Taiwán Hou Hsiao-Hsien
  • Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Juan, ...
8
See that girl, watch that scene, diggin' the dancing queen
La flamante ganadora del (ahora podemos decirlo: merecidísimo) premio a la mejor dirección en Cannes retuerce el género del wuxia por la vía del éxtasis estético en esta historia de dualidad entre los lazos a la familia por lo genético o por la adoptivo. Creo que hace mucho que no gozaba tanto con el sentido de la composición del gran plano como el que hace Hsiao-Hsien en “The Assassin”. De esta manera, el autor convierte su cinta casi en un western paradójico, en tanto que despojado de su épica otrora intrínseca, cuando aleja su mirada, pues aunque los elementos argumentales de la obra podrían invocar a lo heroico y a la redención, aquí quizás importa más la suma de elementos formales que conforman finalmente un relato bastante más íntimo de lo que a priori parece.

Veo por ejemplo un enorme y nada disimulado erotismo en “The Assassin“, desde los continuados planos con velos interpuestos y cortinas circundantes o la gama de rojos intensos que predomina en las escenas interiores hasta la gracia casi estática de los recorridos de la cámara o de los movimientos de los personajes, en una pequeña y sutil coreografía secreta. Incluso se advierte una cierta fisicidad atribuida a elementos no corpóreos, tanto en el plano visual (la densa niebla que cubre las laderas de las montañas) como en el sonoro. Cautivadora, exquisita y de una brillantez ornamental casi dolorosa, toda devoción hacia esta maravillosa película me parece plenamente justificada.
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10 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
High-Rise
High-Rise (2015)
  • 5,0
    4.691
  • Irlanda Ben Wheatley
  • Tom Hiddleston, Sienna Miller, Jeremy Irons, Luke Evans, ...
7
Whatever happened to our love? I wish I understood
Podíamos esperar momentos de gran cine en la confluencia de un director tan ocasionalmente brillante e imaginativo como es Ben Wheatley con un la obra del novelista J.G. Ballard, autor de la también llevada magistralmente al cine “Crash” por medio de David Cronenberg. Tras verla, en mi modesta opinión, creo que efectivamente “High-Rise” es gran, enorme cine.

Llama la atención la precisión de Wheatley a la hora de enmarcar el contexto tanto espacial como temporal en un punto indeterminado e insignificante, en el que no importa lo que está ocurriendo (si es que hay algo ocurriendo) fuera del edificio futurista donde se desarrolla la historia, y donde los únicos inputs del exterior parecen ser algunos avisos meteorológicos. El microcosmos formado por dicho edificio (tan importante o seguramente incluso más que los protagonistas de carne y hueso) y sus habitantes se postula como metáfora misma de un cierto tratado social desequilibrado y, como todo desequilibrio, con una tendencia unívoca hacia la autodestrucción. Como en tantas otras películas capitales en la historia del cine, el espacio determina el pathos general de la obra: “High-Rise” no sólo superpone la claustrofobia / acrofobia a la lucha de clases creando un estado de caos absoluto pero también regenerador, sino que revela cómo la evolución moral articula de algún modo la (r)evolución formal de la película, en tanto que el geometrismo y la pulcritud lineal en su inicio degeneran en una visualidad sincopada y polipoética maravillosa y devastadora.

Se trata, en definitiva, de una obra a primera vista inabarcable, generadora de una cantidad obscena de imágenes memorables e indivisibles del contexto musical que las acompaña. Una película que induce a extenderse sobre ella más de lo que podemos extendernos ahora, no ya mediante una reseña convencional, sino con todo un dossier que intente revelar todas las ecuaciones que se plantean mediante su significado y su significante, y en el que seguir debatiendo sobre su curiosa y depravada circularidad, sobre sus formas de retratar de forma oscilante y finalmente indistinguible la belleza y la miseria o sobre las reflexiones sobre la economía de mercado, el mantra hobbesiano y el eterno retorno estoicista. Una fascinante película, que reubica -como “Spring Breakers“, como “La Gran Belleza“- el núcleo mismo la narración cinematográfica reciente.
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10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nuestra hermana pequeña
Nuestra hermana pequeña (2015)
  • 6,9
    2.838
  • Japón Hirokazu Koreeda
  • Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Kaho, Suzu Hirose, ...
8
Como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie
Ni una sola intersección desajusta el equilibro tonal de la preciosa “Our Little Sister“. La última película de Hirokazu Kore-Eda continúa la senda temática propuesta en “Still Walking” y en “De Tal Padre, Tal Hijo“, e incide en el retrato costumbrista de familias con pequeños y medianos conflictos en su seno abiertos a partir de un hecho no esperado, aquí manifestado mediante la irrupción de una muchacha en la vida de tres hermanas que conviven juntas y con las que compartía progenitor. Como suele ser habitual en Kore-Eda, resulta difícil ya no empatizar, sino finalmente casi llegar a enamorarse de la galería de personajes, principales y secundarios, que habitan en esta sencilla historia sobre la familia y su herencia emocional, la muerte y el perdón.

Qué naturalidad y qué maestría la del cineasta japonés a la hora de enseñar cuán fácil parece hacer las cosas bonitas cuando se hacen bien. Qué forma de mostrar afecto hacia esos personajes, y qué manera de presentarlos, de dibujarlos, especialmente a las cuatro hermanas protagonistas, con apenas un pequeño detalle: una mirada, una sonrisa, una cierta manera de vestir. Es además “Our Little Sister” un pequeño prodigio narrativo, de una fluidez y liviandad que empiezan a parecer realmente inimitables, donde el poso melodramático que inundaba “De Tal Padre, Tal Hijo” desaparece, encontrando un tono más amable, más cercano a “Still Walking“, por ejemplo. No sé si mucha gente admitirá que “Our Little Sister” es su película favorita del festival, pero estoy bastante seguro que prácticamente nadie podrá decir que no le ha gustado. Y si alguien te lo dice, llama urgentemente a un médico, porque esa persona va por ahí andando sin el corazón en su sitio. En definitiva, la expresión “reconciliarse con la vida” adquiere todo su sentido tras ver cine así.
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amama
Amama (2015)
  • 6,4
    1.447
  • España Asier Altuna
  • Iraia Elias, Kandido Uranga, Klara Badiola, Ander Lipus, ...
5
El videoarte no es una opción sexual.
Mucha gente parecía tener en la mente el recuerdo aún reciente de la notabilísima “Loreak” como referencia ante el visionado de “Amama” de Asier Altuna durante este Festival de San Sebastián 2015. Será por aquello de que ambas cintas tienen autoría vasca, ambas se vieron en este festival y ambas llegaron con la premisa de cine intimista. Sin embargo, la referencia más concreta y cercana que asumo a la hora de enfrentarme a “Amama” está en el cortometraje documental de Altuna presentado en el Zinemaldia hace dos años, “Zela Trovke“. Como ocurría allá, en esta “Amama“, una suerte de genealogía íntima sobre una familia vasca fuertemente arraigada a un caserío, lo radicular está marcado a fuego en el paisaje: lo circundante no es ajeno al relato, sino que lo modula, prácticamente lo dicta.

“Amama” narra con notable intensidad a pesar de su cadencia pausada las tensiones que surgen y se entrelazan en una familia a la hora de asumir su propia herencia como núcleo y la mutación de sus raíces y su historia, en un enfrentamiento clásico entre tradición y modernidad. Por la naturaleza de la temática, probablemente estén justificados para remarcar dichas tensiones esos pequeños segmentos intercalados a modo de videoarte, en forma de manchurrones de modernidad sobre el lienzo de lo atávico. Encuentro incómodo, a veces chirriante, ese énfasis a la hora de derruir abruptamente con estos recursos el tono creado durante la globalidad del relato, por otra parte tan acertadamente áspero y sobrio. Esencialmente, regular.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El clan
El clan (2015)
  • 6,7
    9.665
  • Argentina Pablo Trapero
  • Guillermo Francella, Peter Lanzani, Gastón Cocchiarale, Giselle Motta, ...
6
We're no threat, people
“El Clan“ está basada en la historia real del Clan Puccio, un grupúsculo dedicado a secuestrar empresarios durante mediados de los años 80 en Argentina, liderado por Arquímedes Puccio y con miembros de su propia familia formando la estructura criminal. Recientemente galardonada en Venecia con el premio al mejor director, la película mantiene un pulso narrativo tonificado, con una notoria habilidad a la hora de transmutar entre géneros, del cine político al thriller y viceversa sin apenas solución de continuidad.

Aun así, llama la atención el reconocimiento en Venecia a la dirección de Trapero, que resulta de una funcionalidad admirable pero sin grandes alardes creativos, salvo en contados tramos, como por ejemplo quizás ese plano-secuencia determinante al final de la película, posiblemente caprichoso, ciertamente efectivo. Sí tiene un papel preponderante la riquísima en matices interpretación de un camaleónico Guillermo Francella, casi como un Nicolas Cage sobrio y envejecido, que muchas veces sustenta por sí misma la pulsión narrativa del film, algo al alcance de pocos. Algunas figuras de estilo, así como el uso de determinada música como énfasis a veces sarcástico de la narración (como la reincidente “In the summertime” de Mungo Jerry), traen directamente al recuerdo la filmografía de Martin Scorsese, con la que “El Clan” mantiene una cierta relación de, digamos, proximidad. En esencia, una obra que, como todo buen thriller –y este lo es-, pasa rápido, pasa fuerte y pasa agradable. Que no es poco.
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres recuerdos de mi juventud
Tres recuerdos de mi juventud (2015)
  • 6,2
    1.411
  • Francia Arnaud Desplechin
  • Mathieu Amalric, Quentin Dolmaire, Lou Roy-Lecollinet, André Dussollier, ...
9
Aquellos ojos verdes (que yo nunca besaré)
La muy notable “Trois Souvenirs De Ma Jeunesse“ presenta a modo de flashback la vida pretérita de un antropólogo, deteniéndose especialmente en su adolescencia y juventud, etapa capital en la que conoció al amor de su vida. Desplechin recupera a un personaje recurrente en su obra, Paul Dédalus (interpretado por el diosal Mathieu Amalric en su etapa adulta), para elaborar un cuidado discurso que teoriza sobre la probabilidad del amor total en la vida del hombre, a través de sus acciones de juventud y sus reflexiones de madurez, ambas superpuestas para el espectador por la vía de la narración en off.

La inversión y reversión de roles de los personajes en su relación de pareja durante el transcurso de la obra resulta capital para entender esta geneaolgía del amour fou, como una pulsión / pasión contradictoria y absurda, devastadora y maravillosa. Los jóvenes y bellos Paul y Esther (los debutantes Quentin Dolmaire y Lou Roy-Lecollinet) se desean, se odian, se cuidan y se desgastan el uno al otro; asumen prácticamente todos los roles posibles en una relación, alternando sus ubicaciones en la escala de dominación emocional. La caída del Muro de Berlín, momento elegido como trasfondo histórico señalado en el film, apuntala mediante su simbología el devenir de esta apasionada y apasionante historia: ciertos sentimientos parece que nunca podrían derruirse, y ahí están, cayéndose a pedazos de un día para otro, aunque por la ley de la memoria histórica emocional, su recuerdo se hará eterno. Preciosa y de algún modo reconfortante película, que se cierra con la mirada directa de Esther a la cámara, a nosotros, en un gesto de complicidad y advertencia que supone una de la más bellas y prodigiosas rupturas de la cuarta pared vistas en este siglo.
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más allá de las montañas
Más allá de las montañas (2015)
  • 6,5
    1.579
  • China Jia Zhang Ke
  • Tao Zhao, Zhang Yi, Liang Jingdong, Dong Zijian, ...
8
Life is peaceful there
"Mountains may depart" narra veinticinco años en la vida de tres amigos, una mujer y dos hombres, cuyas rutas tomarán caminos distintos a partir de un hecho a priori moderadamente banal, pero a la postre trascendente. Lo que inicialmente es un triángulo amoroso jovial, despreocupado, que recuerda vagamente al de “Banda Aparte” de Jean-Luc Godard, se torna violento e inmanejable cuando aparecen los celos y el ansia de posesión. A partir de aquí, se construye un drama fluido, precioso, moralmente interesantísimo. Ideas a propósito del determinismo, la libertad (emocional pero también económica), la evolución/involución tecnológica o el anhelo de las raíces son tratados de forma tan sensata como inteligente mediante un trazo sencillo, sin saturar en exceso la trama propuesta.

Asimismo, la inclusión de pequeños momentos explosivos de catarsis lúdica, a veces abiertamente cómica, contribuye a que una obra de calado densísimo en su trascendencia personal como es esta, sea ligera en sus formas. Un suspiro de cine total, con una de las escenas de apertura más euforizantes y preciosas que recuerdo haber visto últimamente en una sala. Cabe destacar que se aloja en los primeros minutos de “Mountains May Depart” la que seguramente sea una de las imágenes más bellas de todo el Festival de San Sebastián 2015 para quien esto firma: un gran plano general picado en el que los tres protagonistas en plena juventud se disponen formando un triángulo, como el que forman sentimentalmente, en paralelo a una orilla de la playa mientras se disparan fuegos artificiales. Esta imagen, una metáfora brillante de la eclosión dramática de la película, vale como apertura de un camino donde la sincronía entre lo formal y lo narrativo es verdaderamente irreprochable.
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21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Listen Up Philip
Listen Up Philip (2014)
  • 5,9
    379
  • Estados Unidos Alex Ross Perry
  • Jason Schwartzman, Jonathan Pryce, Krysten Ritter, Joséphine de La Baume, ...
7
Jason Schwartzman te lo pinta
“Listen Up Philip” (Alex Ross Perry, 2014), narra un fragmento en la vida de un escritor en los meses que rodean al lanzamiento de su segunda novela, donde se ve inmerso en una especie de cuadro ansioso con cierto delirio egomaníaco que repercute en sus relaciones más cercanas. Cargado de una retórica extrema, a veces deliciosamente irritante, que de alguna manera le acerca a las propuestas de Whit Stillman, este retrato de un egotista insoportable y a la vez encantador refleja con mucha mala baba, bastante humor negro y no poca inteligencia esa especie de nihilismo fin de siglo del post-treintañero que se sabe mejor que los demás.
Me resulta especialmente interesante como, en un acto casi asumible como justicia poética, Alex Ross Perry le sirve a su anti-héroe Philip Friedman, un Jason Schwartzman que parece rescatar dieciséis años después al Max Fischer de “Rushmore” (Wes Anderson, 1998), una figura paterna en forma de escritor idolatrado (Jonathan Pryce), que lejos de buscar el equilibro emocional del protagonista, muta a una especie de doppelganger con fines de refuerzo conductual. Hiriente, a ratos brillante, esta “Listen Up Philip” nos hace desear ver muy pronto más cosas de este joven cineasta.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kumiko, the Treasure Hunter
Kumiko, the Treasure Hunter (2014)
  • 6,1
    1.005
  • Estados Unidos David Zellner
  • Rinko Kikuchi, Nobuyuki Katsube, Shirley Venard, David Zellner, ...
7
Caperucita roja en el norte de Minnesota
Rinko Kikuchi es la Kumiko del título, una joven apocada y esquiva que cree haber descifrado una especie de mapa del tesoro en una maltrecha copia en VHS de “Fargo” (Joel y Ethan Coen, 1996), lo que le lleva a tomar la decisión no especialmente sensata de dejar su vida en Japón y afrontar esa aventura en solitario. Rodada a medio camino entre Tokyo y varios pueblos del norte de Minnesota, la película de David Zellner propone una fábula que transita por lo metacinematográfico y que juega con el equívoco que se establece en ocasiones entre realidad y ficción, llevándolo hasta su último extremo. Dentro de esta fábula, Kumiko es una especie de Caperucita Roja, parapetada con una sudadera de dicho color, cuya timidez extrema unida a las barreras idiomática y conductual la sitúan en un plano cercano al autismo. Así, para esta moderna y dramática Caperucita, el lobo quizás viva solamente dentro de su cabeza.

“Kumiko, The Treasure Hunter” exalta la ternura y la calidez narrativa dentro de un contexto gélido y agreste. Así, el contraste cromático entre el rojo eterno que cubre la cabeza de Kumiko y el blanco de su rostro y del paisaje nevado circundante crea una sensación de atracción y angustia casi irreal, potenciando el componente casi alegórico y espectral. En definitiva, una experiencia cinematográfica esporádicamente preciosa.
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Heart Machine
The Heart Machine (2014)
  • 5,7
    38
  • Estados Unidos Zachary Wigon
  • John Gallagher Jr., Kate Lyn Sheil, David Call, Louisa Krause, ...
6
Tibio aunque interesante estudio de las cloacas del corazón.
“The Heart Machine” (Zachary Wigon, 2014) escudriña la naturaleza compleja de la pareja como célula emocional de una forma entregada y amarga. ¿Puede construirse el amor también en torno a la mentira? Y si es así, ¿podemos seguir considerándolo amor? Es verdad que el argumento de la cinta de Wigon no es nuevo, y de hecho su tratamiento cada vez empieza a serlo menos. Un joven que mantiene una relación a distancia con una chica a la que nunca ha visto en persona empieza a detectar señales que le hacen temer que su pareja en realidad podría estar viviendo en su misma ciudad. A partir de aquí, se establece un doble juego de sospechas, donde la celotipia emerge como amago de psicopatía, en un entramado argumental tan tramposo como valiente.
Es de especial relevancia incidir en que la génesis del conflicto se establece mediante la confrontación de los cuerpos alejados de Cody y Virginia (meritoriamente interpretados por John Gallagher Jr. y Kate Lyn Sheil), unos cuerpos que las nuevas tecnologías se empeñan en acercar mediante una falacia digital. Facebook, etiquetado de fotografías, Whatsapp, capturas de pantalla, Skype… La red metasocial redefiniendo los paradigmas del contacto humano y destrozando el contrato no escrito emocional entre dos personas. No tan lejos de “Her” (Spike Jonze, 2013) como pudiera parecer, pues con ella comparte esa aura de cine de terror sentimental 3.0, pero sin esa capacidad de removernos interiormente, ya que “The Heart Machine” se instala en los parámetros narrativos del cine de género y apenas se mueve de ahí. En definitiva, un interesante estudio de las cloacas del corazón, resuelto de manera quizás demasiado tibia.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Before I Disappear
Before I Disappear (2014)
  • 6,5
    365
  • Estados Unidos Shawn Christensen
  • Fatima Ptacek, Shawn Christensen, Emmy Rossum, Paul Wesley, ...
6
A Shawn Christensen le gustan grandes
A Shawn Christensen le gustan grandes. Las películas, se entiende. Y es que “Before I Disappear” (Shawn Christensen, 2014) es la versión corregida y aumentada que Christensen quiso hacer de su aclamado cortometraje “Curfew” (Shawn Christensen, 2012), no en vano ganador del Oscar hace ahora exactamente dos años. La relación entre un joven perdedor que va acumulando tentativas de suicidio (interpretado por el propio Christensen) y su sobrina, una niña de clase alta a la que apenas conoce y de la que tiene que hacerse cargo durante una noche, vuelve a incidir en el enfoque tierno y esperanzador del choque cultural en una gran urbe.

Llena de, diríamos, buenas intenciones, la cinta adolece de unos cambios de tono especialmente volubles en el tramo final de la obra, donde coquetea con el melodrama telefilmado cuando desde un inicio la propuesta que se nos vende es la de la comedia gamberra y on drugs. Quizás porque conocemos el núcleo elemental que da vida a la película (la mencionada “Curfew”), queda el regusto de que los mayores aciertos puntuales e individualizables de “Before I Disappear” ya estaban antes ahí (la maravillosa coreografía en la bolera o la escena de los baños públicos), y que alargar la premisa argumental tiene tanto de caprichoso como de errado. Sin embargo, descontextualizado, el largometraje de Christensen sigue siendo un ejercicio gozoso e irregular, cuya sensibilidad pop se manifiesta en numerosas ocasiones a lo largo de la película: desde la inserción de clásicos de ayer y hoy de David Bowie o The War on Drugs al guiño al sonido Italians Do It Better en esa “Sophia, so far” creada para la mencionada y encantadora escena de la bolera, pasando por ese brindis por el reencuentro que evoca el estándar de los años 30 “I’ll be seeing you” de Billie Holiday al final de la película, casi una respuesta al otro estándar coetáneo que aparecía en la original “Curfew”, el “We’ll meet again” de Vera Lynn.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rich Hill
Rich Hill (2014)
  • 6,8
    111
  • Estados Unidos Tracy Droz Tragos, Andrew Droz Palermo
  • Documentary, Alyssa Jewell, Andrew Jewell, Elizabeth Jewell, ...
7
Incómoda e imperecedera disección de la cultura white trash
La cinta de los primos Droz, premiada en Sundance, explora las vidas de tres chicos que viven en los límites del umbral de la pobreza en Rich Hill, una pequeña ciudad al oeste del estado de Missouri, en el centro mismo de los Estados Unidos. Disección precisa y dura de la forma de vida white trash (incluso asistimos al paseo de unos muchachos caracterizados como Juggalos por el vecindario), “Rich Hill” escarba en las otras raíces de la cultura norteamericana y en el impacto que ello supone en la adolescencia, donde las pautas de comportamiento para la edad adulta quedan definitivamente establecidas. Es posible que fuera innecesario enfatizar el elemento dramático en ciertos momentos (especialmente en su desenlace) de este notable y descarnado mural, sin embargo, toda la propuesta funciona con chocante naturalidad y evita en la medida de lo posible, aunque no siempre, caer en efectismos que poco bien le harían a la naturaleza del proyecto.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Wild Canaries
Wild Canaries (2014)
  • 5,7
    42
  • Estados Unidos Lawrence Michael Levine
  • Sophia Takal, Lawrence Michael Levine, Alia Shawkat, Annie Parisse, ...
6
Entrañable calco y puesta al día de "Manhattan Murder Mystery".
Una pareja parcialmente joven, una mejor amiga que comparte piso con ellos, unos vecinos algo particulares y una expareja que además es compañera de trabajo. Súmenle a estos ingredientes Nueva York y un cadáver descubierto en el momento incorrecto y en el lugar menos indicado y entenderán que, de estos elementos, prácticamente solo puede crearse una comedia de enredo y misterio. Eso es exactamente lo que plantea “Wild Canaries” (Lawrence Michael Levine, 2014) y eso es lo que ofrece. Tan liviana como simpática y agradable, “Wild Canaries” se convierte finalmente en un torpe y encantador grand guignol cómico y referencial, casi un calco argumental y estructural de “Manhattan Murder Mystery” (Woody Allen, 1993) sin la brillantez en sus diálogos, con la complicidad espiritual de, por ejemplo, “Cold Weather” (Aaron Katz, 2010). La obra de Levine comparte con la de Katz no sólo la presencia de un personaje femenino que emerge como poderoso elemento axial desde el candor (aquí Sophia Takal como la joven que descubre el cadáver de su vecina; allí Trieste Kelly Dunn como la hermana del chico cuya novia desaparece) y ese aire de frescura propio de algunas cintas de presupuesto limitado, sino también una discreta pero meritoria capacidad de crear empatía con el espectador mediante la creación de espacios comunes, tales como las dudas y los altibajos de la vida en pareja, la asunción de los celos y los egos o el posicionamiento emocional con respecto a terceras personas.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil