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Críticas de lyncheano
Críticas ordenadas por:
A propósito de Llewyn Davis
A propósito de Llewyn Davis (2013)
  • 6,7
    23.986
  • Estados Unidos Joel Coen, Ethan Coen
  • Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, ...
9
Coen brothers. Año 14
«Unas veces cazas al oso, y otras veces el oso te caza a ti».

Ya lo decía el legendario cowboy en la bolera que frecuentaba El Nota. La vida es un continuo cazar o ser cazado, una búsqueda cíclica en la que nunca nos mueve el fantasma del combustible pasado. A dedo en coche y por el mundo helado, autoestopistas greñudos sin ánimo de descansar.

Llewyn Davis es esta vez el cazador, pero al contrario que El Nota, se toma la vida demasiado en serio. Llewyn Davis es un Barton Fink del Greenwich Village de los años 60, un músico folk que solo dice cuando canta, porque hablar habla pero nunca dice. Por la película pasan multitud de artistas o gente que dice ser artista. Todos, sin excepción, hablan de ellos. De su arte. Y a nadie le importa una mierda lo que dicen los demás. Una merienda de egos desnudos, sin dinero. Porque el artista está siempre demasiado ocupado hablando de sí mismo, de su tragedia, de que el chollo se le jodió por culpa de otros. La incomprensión. Con un sofá por cama que a cada día o a cada rato se le cambia de tapicería y de paredes. Vivir para ser artista, no para comer. Comer es para gente que solo existe, gente común que busca un futuro, sin ínfulas. Gilipollas mediocres. Pero Llewyn es especial. Tiene hijos como quien escribe canciones. Los deja estar en Akron cuando sabe que están vivos. No abre la caja, como tampoco la abría Barton en aquella playa de película. Se limita a abortar por filosofía y a vivir su tragedia con ansia felina.
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70 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los límites del control
Los límites del control (2009)
  • 5,9
    3.081
  • Estados Unidos Jim Jarmusch
  • Isaach De Bankolé, Bill Murray, Tilda Swinton, John Hurt, ...
8
El nuevo conquistador
Nuestro hombre se viste de azul, cubriendo su cuerpo enjuto con la pátina de la seriedad que le otorga el traje. Sus movimientos son pausados, seguros; su hablar es confiado, receloso; sus ideas son claras como un día de verano: dos cafés en tazas separadas y nada de sexo con la de las tetazas, que no es lo mismo, pero viene a ser parecido. Todo en esta cinta tiene un propósito, aunque Jim nos lo oculte durante casi todo el metraje. Como es habitual en él, deja que el film respire y tome conciencia de sí mismo, al igual que hace Isaach de Bankolé, cuyos ejercicios de respiración, a pesar de lo que pudiéramos pensar, no son tanto espirituales como puramente físicos. The Limits of Control resulta ser una sucesión de eslabones iguales, pero distintos a nuestros ojos. Al cinéfilo le resaltará especialmente el eslabón de Tilda Swinton, al melómano el de Luis Tosar, al adicto al opio el de Gael García, al físico convencido el de Youki Kudoh... pero, al fin y al cabo, todos ellos resultan ser cimientos de una misma búsqueda. Una búsqueda seria, la más seria que recuerdo, como así nos lo hace ver el héroe de la película. Héroe merecido y sin paliativos, puesto que acaba salvando lo más grande que jamás se haya tenido que salvar en una película. Y eso que salva es aquello que nos hace únicos, aquello que nos define como humanos y que a muchos de nosotros aún nos mantiene respirando en esta vida huérfana de sentido: la cultura. Y más que la cultura, el afán por aprender. El ansia por rebasar nuestros sentidos, por preñar nuestro deleite en favor de una habilidad, de un arte que sublime el conocimiento, que nos haga recordar que el hombre empezó a ser hombre desde el momento en que empezó a trascender su muerte. Mientras tanto, se nos muestra España como nunca antes: un Madrid de graffitis en las esquinas, una Sevilla de azulejos sucios, una Almería de polvo entre matorrales secos. Y por encima de todo, el español como lengua paradigmática de transmisión de la cultura. De hecho, no es descabellado pensar que el personaje de Isaach represente la figura del nuevo conquistador. Como digo, el asunto es serio. Y como nunca antes hubiera esperado, el maniqueismo resulta aquí necesario y hasta esperanzador, aunque no evidente. No sabemos quiénes son los buenos ni quiénes los malos hasta el final, pero sólo porque nuestra mente narrativa, influenciada por las convenciones del género de espías, presupone una búsqueda material y un trabajo de sicario. Y sin embargo, nada más alejado de la verdad.
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34 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un tipo serio
Un tipo serio (2009)
  • 6,1
    22.220
  • Estados Unidos Joel Coen, Ethan Coen
  • Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, ...
10
Los Coen, las bromas y la sobreinterpretación
La broma judía de los Coen tiene esa cualidad mágica que habita en la azotea del cine actual y rasca con los dedos estirados el concepto de maestría, provocando que les perdonemos al instante, como tantas otras veces, las tonterías que asiduamente vienen realizando desde los albores de su carrera. Este Serious Man es el anverso de la moneda que hace tiempo lanzaron al aire los hermanos, y que primero cayó del lado de Barton Fink. Si aquel era un judío altivo que escribía para confirmar su estátus de superhombre que miraba por encima del hombro al vulgo social, este que ahora nos ocupa es un judío reprimido que forma parte de ese vulgo y ni intenta ni desea estar por encima de nadie. Si al primero lo pisaban por querer asomar la cabeza y le dejaban claro que su lugar estaba entre la gente sin talento reconocido, a este le pisan (y retuercen el tacón sobre su cadáver) por ser un pusilánime amante del nonadismo, amparado en la Ley de un Dios judío que está demasiado ocupado no existiendo. En esta ocasión, la cinta, que comienza con un cortometraje que es una píldora del carácter lúdico, enigmático y absurdo de lo que vendrá a continuación, se fundamenta en el humor, la exasperación y la exageración de todos los elementos que la configuran (situaciones, caracteres y actuaciones). Todo esto, que no es más que la definición del cine de los Coen, sublima en el momento en que estos deciden ir un paso más allá y dejar claro que se trata de una obra mayor, una obra de calado. Y la fundamentan en la broma y en la sobreinterpretación, una perfecta simbiosis que puede hacer de nosotros, como espectadores, unos estúpidos pedantes que no sepamos encajar bromas, o unos cachondos sin cerebro que no sepamos leer entre líneas. No hay término medio. Pedes ver un mensaje oculto entre las filas engarzadas de números y letras que doblan el cuadernito del hermano patizambo, o en las muelas yiddish del gentil que acude a la consulta del dentista, así como un lema sagrado en la letra de la canción de los Airplane. Pero no hay nada. Es una broma. Como también parece una broma que los fieles se puedan creer esas palabras vacías de los rabinos sobre aparcamientos y perspectivas. En ellas no hay más encriptación divina de la que pudiera sugerirnos la desorientación de un burro en un garaje. Todos estamos perdidos, y si no hacemos nada más que aceptar las cosas como vienen y achacarlo indefectiblemente a la voluntad de Dios, acabaremos siendo recompensados con un montón de la misma mierda. Suprimir la propia voluntad es la mejor manera de afrontar las calamidades si uno vive en una parcela sin vallar. Por no hacer nada es por lo que se nos castiga, aunque no lo sepamos ni lo podamos entender. Son designios de la Voluntad de Dios y no hay nada que podamos hacer al respecto. ¿O quizá es que no hacer nada es lo más fácil?
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232 de 277 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anticristo
Anticristo (2009)
  • 6,1
    23.653
  • Dinamarca Lars von Trier
  • Willem Dafoe, Charlotte Gainsbourg
9
Eyaculando sangre sobre el rostro de su mujer
Entrar en esta película es enfrentarte con tu propia naturaleza. Es convertirte en testigo de un hecho que revelará algo muy jodido que intuías pero no te atrevías a expresar. Entrar en esta película quizás no tenga vuelta atrás. Como el orondo y ególatra señor Von Trier resulta que es también un virtuoso del cinematógrafo y una persona extremadamente inteligente (y extrañamente desequilibrada, como todo genio) ha sucedido el milagro o el atisbo de magia que consiste en hacer no una película redonda, porque no lo es, pero sí una obra equipada de moralidad ambigua y bien calzada con botas de tacos de madera dispuesta a sacudir una patada en los huevos a aquel que se atreva no a verla, que eso es muy fácil, sino a pensar en ella. Y ojo, que no la considero la cinta más transgresora del danés, por mucho que se esté hablando sobre ello, si acaso la cinta que plantea el tema más espinoso para ciertos sectores del público, que podrán tacharla de misógina y lo harán. Desde luego es la más bella de su director y una de las cintas mejor fotografiadas que haya visto en mi vida. El prólogo en sí mismo es una pequeña obra maestra que forja el equilibrio perfecto entre narración, tono, color, música, ambientación y presentación formal. El caso es que Lars, como no quiere a sus personajes, hace con ellos lo que le sale de la claqueta, y si a eso le añades que suele trabajar con algunos de los actores más valientes y entregados, la mezcla acaba pariendo monstruosidades indeciblemente hermosas, dolorosas y sinceras como esta. ¿Y qué es esto? pues definitivamente es una de las inmersiones más profundas que se hayan practicado jamás en busca del origen de la maldad humana. Y esa maldad, genética y filosóficamente, nace de la madre, como todo ser vivo, como todo en este mundo que pueda circunscribirse a la naturaleza. Poco tiempo después de la tragedia, el marido (¿cuántas personas mencionarían a Dafoe entre los tres mejores actores vivos?) se convierte en el terapeuta de su mujer sin que nadie se lo pida, llevándosela a su casita del bosque para que esta pueda afrontar sus miedos, derivados de un cuadro de duelo patológico. Su duelo, el de él, al parecer es común y acepta la muerte de su bebé con entereza. El concepto del film reside en que esta mujer traumada considera la naturaleza como "la Iglesia de Satán", algo malvado y cruel. Y si la naturaleza es mala, mala será su matriz, su útero, y por ende lo femenino.
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545 de 651 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las vírgenes suicidas
Las vírgenes suicidas (1999)
  • 6,7
    31.635
  • Estados Unidos Sofia Coppola
  • Kirsten Dunst, James Woods, Kathleen Turner, Josh Hartnett, ...
5
Muerte a Videodromo... ¡¡larga vida a la nueva carne!!
Las Vírgenes de Sofía no son el Hanging Rock de Weir, por mucho que esta haya querido que se parecieran. En primer lugar, esta cinta nunca alcanza las cotas de magia límpida, atmósfera cegadora y virginal impacto de su antecesora australiana. Porque en aquella las chicas eran algo así como ángeles que flotaban a cada paso que daban, auténticas criaturas celestiales finalmente reclamadas por la naturaleza, ya que eran parte de ella, tanto como el agua de un arroyo. En esta, en cambio, tenemos a cinco jóvenes, a cada cual más bonita, pero a las que vemos besarse, a las que vemos retozar, a las que vemos mancillarse, y aunque Sofía se empeñe en mostrar su virginal inocencia con primeros planos de sus hermosos rostros, estas ya nunca serán más que adolescentes, como todos hemos sido, ya no formarán parte de la naturaleza más que nosotros. No son agua de arroyo. Pero la cosa no acaba aquí, y tampoco es mi intención comparar ambas películas, pues considero que el principal fallo que desprende esta cinta reside en su intrínseca voluntad de mostrar la adolescencia desde un punto de vista simplista, a pesar de lo complejo que quiera parecer. Quiero decir que, la Coppola se empeña en hacernos creer que los chicos adolescentes no son más que el reflejo de lo que las chicas adolescentes quisieran que fueran. Esto estaría medianamente bien si la voz en off fuera la de una de aquellas chicas, pues entonces al película tendría otro significado, pero es que la voz en off que nos narra los avatares de estas cinco chicas es la de uno de los adolescentes enamorados en silencio de ellas. Y esto no me parece ni medio bien. Los chicos hablan como hablaría una chica de esa edad que leyera poesía, para entendernos. Se estremecen pensando en cómo olerán las nubes y apenas pueden ocultar su deseo de ponerse uno de esos tampones que las féminas guardan a granel en sus armaritos.
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Spider
Spider (2002)
  • 6,6
    6.978
  • Canadá David Cronenberg
  • Ralph Fiennes, Miranda Richardson, Gabriel Byrne, Lynn Redgrave, ...
9
Minimalismo mental para la nueva carne o el alivio del orgasmo.
Spider supone un paso adelante en la progresión de la obra de David Cronenberg. Si bien no es su mejor película, lo cierto es que en ella es apreciable un cambio de registro, o como hemos dicho, una PROGRESIÓN de ese registro hacia algo más allá del ''cine de la nueva carne'' que Cronenberg abanderó en sus comienzos. Normalmente, los personajes de Cronenberg buscan la catarsis a través de la descomposición carnal, mutilan y deforman su cuerpo para metaforizar y metamorfosear una evolución espiritual que rara vez llega a producirse satisfactoriamente (La Mosca, Crash, Videodrome); y sin embargo aquí, la catarsis es buscada de una forma más sutil y críptica para el espectador, más intimista tal vez, a través de la reconstrucción de una mente fragmentada que al final, una vez más, tampoco logrará su propósito. Se trata por tanto de una película inteligente, mental, minimalista, oscura y cifrada para aquellos que no sepan ver más allá de su evidente conclusión y no tan sorprendente final. Es esto lo que nos puede llevar a engaños, pues no es una película de guión, sino el estudio de un personaje cuya enfermedad mental constituye paradójicamente y por extensión el estudio de todos nosotros como seres humanos. Me refiero al engaño al que nos sometemos voluntariamente, a la asimilación de los hechos y a los filtros que impone nuestra propia voluntad (forjada a base de educación, situación social y personalidad), a los recuerdos desvirtuados y a la total imposibilidad de alcanzar un estado objetivo de percepción. Así, internado en un hospicio entre el psiquiátrico y la libertad, donde no recibe los cuidados que necesita, Spider (re)construye su propio pasado en una libreta donde escribe extraños símbolos mientras murmura en una extraña lengua. Esto es lógico, pues para levantar unos recuerdos menos dolorosos y evadirse por tanto de la realidad que compartimos los demás, (es decir, para crear su propia realidad) es necesario poseer una lengua y unos instrumentos propios (como las cuerdas entrelazadas, su pequeña libreta y su minúsculo lapicero). Así pues, Spider busca una base en torno a la que poder vertebrar sus recuerdos y poder continuar su vida, para saber quién es, o al menos poder ser alguien. Pero sus intentos son en balde, pues no consigue más que romper su burbuja de ilusión y caer hacia ese mundo que le es hostil y jamás le permitirá ser nadie. Aquí entra en juego el estudio psicológico del personaje del que antes hablábamos: la esquizofrenia, el complejo de Edipo (metaforizado en esa conversación con su madre sobre las arañas y sus crías), y la falsa sensación de ausencia de peligro que desprende alguien tranquilo, tímido y huidizo como Spider. Se podrían exponer múltiples análisis sobre la enfermedad mental que padece este carismático personaje, pero mejor hablaremos de los elementos que utiliza Cronenberg para mostrarlo en pantalla.
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55 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Calvario
Calvario (2004)
  • 5,4
    1.616
  • Bélgica Fabrice Du Welz
  • Laurent Lucas, Jackie Berroyer, Philippe Nahon, Jean-Luc Couchard, ...
8
La homosexualidad entendida a lo belga
Hay tres cosas que funcionan por encima de todo en Calvaire, esta mezcla de thriller rural y "survival movie" belga. A saber, son: la atmósfera que envuelve la cinta de principio a fin, esa sensación de violencia inminente y sexualidad contenida, a la que ayuda sobremanera una dirección por encima de la media; la segunda es la locura del pueblo como metáfora del paroxismo o exaltación sin límites de la pasión, que provoca en el espectador la sensación justa de irrealidad como para no tomártela en serio; y la tercera es precisamente la boya de realismo en mitad del océano de locura, interpretado con una homosexualidad inherente y una cobardía explícita por el actor protagonista de la cinta, que hace que volvamos a tomárnosla lo suficiéntemente en serio como para pasarlo realmente mal. Y todo esto, como les gusta decir a los progres del género de terror: sin efectismos ni vísceras. Sea como fuere, el gran acierto de la cinta es el impacto que provoca ese comportamiento absolutamente enloquecido del protagonista secuestrado y confundido con la mujer del loco de la posada. A muchos les confundirá, pues estarán acostumbrados a que el que sufre acabe siendo el héroe y se enfrente al sinsentido de la locura de su torturador, convirtiéndose indefectiblemente en un animal y tan asesino como el propio malo de la peli. Pero eso no siempre es así. De hecho, en la cruda cáscara de esta superficie que llamamos realidad, habría más casos de este ejemplo que del otro, tan machacado por los survivals americanos y copiado por todos los demás países.
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27 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Caché (Escondido)
Caché (Escondido) (2005)
  • 6,6
    18.984
  • Francia Michael Haneke
  • Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, ...
10
Con los sesos por fuera
Posiblemente la película más inteligente que haya visto nunca. Es difícil explicarlo, pero podríamos decir que el cine de Lynch (englobando en esta definición toda forma de hacer cine con ese particular halo mágico, críptico, con mayor significación íntima que significado explícito) es de una inteligencia complementaria al cine de Haneke. Lynch nos hace regurgitar sus productos para que podamos encontrar en ellos las claves que nos hagan comprender algo que no necesita ser explicado ni comprendido, pues lo que importa realmente es la angustia, magia y surrealidad que experimentamos al hacerlo; mientras que Haneke, por su parte, se limita a exponer una situación a partir de la cual sucederán una serie de acontecimientos que nos querrán dar a entender algo que jamás se nos contará. Es por tanto un romántico, un artista de los que no quedan, que apuesta y confía ciegamente en la inteligencia de su público, posiblemente porque sabe que sólo podrá llegar a cierto sector minoritario que cumpla dichas expectativas. Su cine es descarnado, pero no por ser especialmente crudo en pantalla, sino por tener esa desconcertante cualidad de hacernos retorcer incómodamente en nuestras butacas mientras lo vemos, quedándosenos pegado al paladar una vez acabamos su visionado. Y aquí más que nunca, Haneke nos hace sentir culpables por ser lo que somos, por vivir en un estado de bienestar como son Francia, España, Austria, Alemania... y haber adquirido esa inquietante forma de vida basada en la monotonía y la falsa seguridad del cobijo familiar. No es ningún juez, sino un ojo clínico y de extremada frialdad que crea en nosotros la alarmante necesidad de ser juzgados. De hecho, nadie puede quedar indiferente ante tales ''acusaciones'', ni el mismísimo creador de esta obra. Haneke enfoca la clase media-alta francesa del siglo XXI como ejemplo generalizado cercano a su experiencia para que un espectador español como soy yo lo pueda extrapolar a su propia experiencia personal (al menos a su ámbito social) y así poder darse cuenta de que ese pacto de convivencia basado en la ocultación de información que es la familia, sólo puede funcionar de la dudosa forma en que de hecho suele funcionar. La familia típica europea que nos propone Haneke es por tanto una suerte de acuerdo en el que ambas partes han tenido que ocultar u omitir información para no confrontar continuamente y hacer que la rueda gire, no se basa tanto en la solidez del amor como en la confortabilidad de no tener que hacer preguntas, de saber que todo marcha mientras haya trabajo y estén ocupados, pues el tiempo en que tengan que coincidir lo rellenarán con asuntos banales que no podrán hacer ningún daño a la estabilidad que tan poco se menciona pero que tantos estragos puede causar si se tambalea y se acaba perdiendo. Y Haneke es experto en hacer tambalear cimientos familiares.
spoiler:
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38 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
El niño de Mâcon
El niño de Mâcon (1993)
  • 6,6
    537
  • Países Bajos (Holanda) Peter Greenaway
  • Julia Ormond, Ralph Fiennes, Philip Stone, Jonathan Lacey, ...
8
Feel the Greenaway Experience...
Desde su primera escena, Greenaway sienta las bases de lo que va a ser su película: un ángel tarado se columpia desde un andamio suspendido en el cielo mientras con su asqueroso, obsceno tartamudeo próximo a la arcada, nos advierte a hombres y mujeres que dejemos de divertirnos en la cama. Lo burdo del maquillaje y el atrezzo nos anticipa que lo que vamos a ver a continuación es una obra teatral de contornos indefinidos; lo elevado de su posición nos indica que será un auto sacramental, de temática religiosa; su tartamudeo y aparente debilidad nos habla de un Cielo moribundo, una época en la que los iconos divinos son creados con la misma facilidad con que son destruidos, y todo por no ser más que meros espejos de la condición humana; por último, la forma en que mete y saca esa convulsa lengua de su boca nos remite al sexo más sucio y a la pura depravación, temática que se mezclará con la religión en un cochino acto sexual durante y a través de toda la cinta, para darnos a entender que estamos ante un retablo de las más bajas perversiones humanas. Greenaway nos cuenta la misma película de siempre, pero esta vez está lo suficientemente cerca del cocinero y el ladrón que es capaz de cocinar una obra cuanto menos exquisita. Los actores de tamaña representación teatral se mezclan con los espectadores que asisten a la función en una amalgama de personajes que bullen por el teatro de la vida, que no es sino la representación de este mundo, unos siglos antes, en el que todos deseamos tener un papel digno de consideración.
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21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Emmanuelle
Emmanuelle (1974)
  • 4,9
    3.597
  • Francia Just Jaeckin
  • Sylvia Kristel, Marika Green, Daniel Sarky, Alain Cuny, ...
3
Emmanuqué?
Después de haber visto esta… película, creo tener en la cabeza las tres columnas sobre las que su director quiso sustentar la trama: la primera es la frase que reza ''la pareja no existe como tal, nunca es cosa de dos, porque aunque sea en la cabeza de alguno de los cónyuges, siempre hay una tercera persona...'', pues bien, como resulta que el director no se llama Stanley Kubrick ni tampoco tiene un mínimo de talento, decide poner a un tailandés pegándose galletas fontaneda con otro y a la cachonda de Emmanuelle chupándole después una brecha (que probablemente se habría hecho con las uñas al secarse el sudor), en lugar de hacer algo digno que pudiera al menos cobijarse bajo la alargada sombra de la posterior ''Eyes Wide Shut''. No pudo ser. El segundo pilar en torno al cual quiso contruír su película es el morbo, la sensualidad, la insinuación, el erotismo... y casi lo consigue con las bellas protagonistas femeninas que pueblan el film, en especial con la delgada y espigada protagonista, pero tantos años después del calentón de nuestros padres, Emmanuelle proporciona tanto placer erótico a quien la ve como un anuncio de compresas. Y de hecho, el tercer pilar que sostiene la obra de... bueno, no sé como se llama y tendría que dejar de escribir para mirarlo, otro día lo pongo; se basa en algo relacionado con las compresas, y no es otra cosa que la más que probable desaparición del flujo menstrual en mujeres de extrema delgadez. Tiene que ser así, porque si no no me explico cómo nadie tiene niños en aquel lugar. A menos, claro, de que sólo se alimenten a base de píldoras anticonceptivas. Por no hablar de las enfermedades de transmisión sexual, que quizá en las exóticas selvas tailandesas no sepan lo que son porque nunca hayan oído hablar de ellas, pero que conste que haberlas haylas... Sea como fuere, la película es más bien mala, sólo merece la pena verla como curiosidad, pero aun así aburre y te deja indiferente. Además, no comparto ni apruebo esa ideología liberadora de la mujer como ente sexualmente independiente sin lazos de ningún tipo (el sexo sin amor, ya me entienden...) ¿Que el amor consiste en permitir al otro la búsqueda del placer?... No, amigo, el amor es aguantar una película como esta hasta el final. Amor al cine, claro. Y eso es lo que sigo sintiendo yo, a pesar de lo de hoy.
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12 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre elefante
El hombre elefante (1980)
  • 8,1
    39.487
  • Estados Unidos David Lynch
  • Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft, John Gielgud, ...
9
Segunda Joya
Comenzamos a ver la película y nos encontramos con ese Lynch que tanto nos gusta y nos inquieta: la escena con los elefantes del inicio, ese rostro de mujer como de plástico, los aspavientos que realiza… pero hasta ahí se permite su sello de irrealidad y abstracción, pues se trata de una cinta que pretendía ser comercial, que de hecho fue nominada a varios Óscar, y que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un clásico, en uno de los films más conmovedores que se hubieran hecho jamás. La historia de un joven grotescamente deformado por unos incontrolables tumores papilomatosos que crecen en su rostro y en su cuerpo por doquier, y que es utilizado como monstruo de barraca por un descorazonado y abominable amo, bien podría haber resultado una historia sensiblera con fines moralistas, pero en manos de Lynch se convierte en una obra maestra que nos produce tristeza, repugnancia, simpatía e inquietud a partes iguales. Anthony Hopkins representa magistralmente al prestigioso doctor que encuentra al hombre elefante y que lo rescata del malvado feriante para intentar ayudarle. Sin embargo, su relación con este no queda aquí, pues el personaje del doctor pronto empezará a plantearse los valores éticos de su rescate: aunque al principio sólo era mera curiosidad médica, con el tiempo, al ir desvelando paulatinamente las cualidades artísticas, sensibles y humanas de John Merrick, se fue encariñando con el chico y lo convertió muy a su pesar en otro monstruo de feria, a quien la sociedad atendía únicamente por curiosidad y puro morbo. Debido a ello, se llegará a plantear si realmente es una buena persona, si sus motivos eran nobles desde un principio, o si lo que pretendía en realidad era afrontar egoístamente uno de los mayores retos de su vida profesional. Por otro lado, tenemos a John Merrick (la fabulosa caracterización e interpretación que John Hurt hace de este personaje bien podría formar parte del manual de lo que se conoce por maquillaje e interpretación en el cine), que se muestra sobrecogido y profundamente agradecido con las personas que ya no le gritan ni se ríen de él. La ternura que nos inspira este personaje es un sentimiento que rara vez consigue igualar ninguna película romántica o dramática, y su realización como ser humano después de toda una vida de vejaciones supone al mismo tiempo una gran satisfacción para el público, que se siente más humano a su vez.
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16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
El luchador
El luchador (2008)
  • 7,2
    43.476
  • Estados Unidos Darren Aronofsky
  • Mickey Rourke, Marisa Tomei, Evan Rachel Wood, Judah Friedlander, ...
9
Poema a la carne de un luchador de plástico duro
Muchas veces he dicho que Darren es el mayor experto en hacer trascender sus imágenes, no sus películas en general, sino todas y cada una de las escenas que componen las mismas. En este caso, Darren hace trascender la basura, el abandono, la decadencia, la brutalidad y, por supuesto, la carne. Ese director de texturas del que espero que sólo haya aparcado momentáneamente su eclecticismo, se centra en revivir la carne, en hacerla bella en su laceración y monstruosa en su grandeza, instrumento que otorga y después priva para siempre, cárcel y útil de vida, carne untada con cerebro que reverdece lo efímero de su apogeo, o nos hace creer en ello a pesar de que somos testigos de su decadencia. Una vez más, el hombre/artista quiere ser especial, y tiene talento para algo. Un algo que quizá sólo le importe a él a ese nivel vital (como toda creación personal), desde luego mucho más que a los fans a los que sólo les satisface un instante, una lágrima de segundo salpicada en sangre en el que poder lanzar un insulto voraz en la cara de alguien mucho más fuerte que ellos para desahogarse de la mierda de sus cochinas vidas en las que nada es especial. Para él, sin embargo, es su vida. Su vida porque es lo único que sabe hacer, o lo único que le hace especial, o lo único que le recuerda que puede ser especial. No obstante, cuando ese algo que te hace especial explota delante de tus ojos y te absorbe, pasa a convertirse en todo lo que eres... y tarde o temprano abandonas a tu hija, abandonas el amor, abandonas tu salud y te abandonas a ti mismo con tal de seguir consumiendo de la droga de ese talento que Dios te ha dado. Y aquí no importa el intelecto. Darren nos ha hablado de dos mundos bien diferenciados en sus películas: el de las drogas y la decadencia, las convenciones de la calle y del mundo del espectáculo, suficientemente alejadas de la intelectualidad como próximas a la sabiduría del oficio; y por otro lado el de los genios matemáticos, eminentes científicos y doctores. Los del primer grupo (Réquiem, y ahora esta Wrestler) buscan ser especiales a partir de la simple facultad de sus virtudes, equivocándose en sus decisiones y echándose a perder (o más bien corroborando esa perdición a la que siempre han estado abocados), pero con el horizonte siempre en mente, negando lo que son y buscando lo que quieren ser. En el segundo grupo están aquellos cuyas complejas virtudes y dotes mentales les impiden saber quiénes son o qué hacen aquí, hasta que les llega la redención en sus prodigiosos finales. De tal forma, Darren les coloca en la misma tesitura de tener que afrontar sus equivocaciones y afrontar su destino, que siempre les será esquivo, independientemente de su status social e intelectual, nivel, oficio, arte, sueños, obra y prodigios.
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33 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
El marido de la peluquera
El marido de la peluquera (1990)
  • 6,9
    8.085
  • Francia Patrice Leconte
  • Jean Rochefort, Anna Galiena, Roland Bertin, Maurice Chevit
10
Corte de aurícula para peinar con raya
La urgencia y la intensidad del momento, la brevedad inconclusa del segundo exaltado, la necesidad de la correspondencia instantánea, la saciedad de la pasión ahogada al minuto… como un baile exótico cuando nadie espera que te pongas a bailar, como la visión de un pecho asomando tímido a través de una bata, como una masturbación robada dónde y cuándo la receptora menos se lo espera, un masaje de cabello con agua caliente, los ojos cerrados y el champú borboteando sobre y a través de una mente en blanco, que se deja llevar por la calidez de una sensual melodía árabe y las manos de una linda peluquera. Ardores de niñez que se desparraman en la vida de un adulto, como si el tiempo no hubiera pasado más que entre bastidores. Como si el tiempo fuera un absurdo que hubiera de exterminar entre el hombre y el niño. La vida no es más que el eterno recuerdo de un verano en la playa, de unas gónadas incómodas o de la primera erección. La vida no es más que la búsqueda del primer recuerdo de amor, o mejor quizás el recuerdo de la primera y única búsqueda de ese mismo amor. Una búsqueda que gira en círculos alrededor de aquel etéreo aroma a sudor fuerte, a jabón y a espuma de afeitar. Un hombre que busca la felicidad a través del amor, a través de ver realizados sus sueños sin más que desearlo tan fuerte como su corazón le permita. Y si no fuera capaz, reventar hasta hacerlo posible. O llamar a aquella pala excavadora para que levante una presa donde nadie pudiera levantarla jamás. Allí donde no llegan las manos, llega el corazón. Una mujer que espera en silencio, que es feliz porque está hecha de melancolía, y que al conocer el amor, su lado triste le impida enfadarse, le obligue a disfrutar intensamente y con fruición de cada gota de placer, de cada lágrima de sexo, de cada baile y cada trago de elixir o de colonia. Pero la pasión es efímera, la inmediatez del enamoramiento es caduca, y sólo la lluvia de la ternura y la cotidianeidad pueden hacer brotar la hierba de la vida en ese erial devastado por la locura de los enamorados.
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18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres colores: Blanco
Tres colores: Blanco (1994)
  • 7,2
    13.515
  • Francia Krzysztof Kieślowski
  • Zbigniew Bielawski, Julie Delpy, Janusz Gajos, Jerzy Stuhr, ...
9
Una sonrisa a medio nacer, una lágrima columpiándose, una muerte blanca...
En Blanco volvemos a ser testigos de un intimista estudio de personajes, una representación de humanidad que se traslada de París a los fríos, blancos y nevados parajes de la Polonia natal de Kieslowski. El tono de esta cinta sin duda es más amable que el de Azul, pero no nos equivoquemos: estamos ante una ''comedia triste'', en palabras del propio director; y aunque por momentos nos haga reír debido a las disparatadas situaciones por las que pasa Karol (deliciosa e ingenuamente interpretado por Zamachowski), no deja de atenazarnos en ningún momento, pues esa actitud de abandono y desorientación debida a la muerte (o quizás debida a la vida) de su anterior obra, pasa a ser aquí un macabro juego relacionado con la propia muerte, una lección de búsqueda de los verdaderos propósitos que nos mueven a hacer lo que hacemos, una historia de amor imposible, retorcida pero a la vez necesaria para dar sentido a los comportamientos que vemos en pantalla... El tema de la bandera francesa en esta cinta pretende ser la igualdad, y así podemos definir esa intención del personaje principal por encauzar su vida, huyendo de un país que le es extraño y que le impide sentirse dueño de sí mismo para poder cumplir con su mujer. Esta (una fría pero maravillosa Julie Delpy, como una gatita continuamente en celo) le abandona por no sentirse satisfecha sexualmente, y Karol decide entonces regresar a Varsovia oculto en una maleta, donde comenzará desde cero e irá amasando inteligentemente una fortuna que le permita volver por todo lo alto. Al principio adivinamos que se trata de un hombre torpe, un peluquero sin recursos que nada puede hacer contra la aparente frivolidad y sangre fría de su mujer, pero poco a poco (como sucede todo en el cine de Kieslowski) vamos descubriendo que detrás de esa apariencia se oculta alguien decidido al que no le importa dejar atrás sus escrúpulos para rehacer su vida (así consigue crear su propia empresa, llega a hacerse rico y devuelve las ganas de vivir a aquel único amigo que le ayudó a salir de París cuando peor estaban las cosas).
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126 de 134 usuarios han encontrado esta crítica útil
Léolo
Léolo (1992)
  • 7,5
    16.238
  • Canadá Jean-Claude Lauzon
  • Maxime Collin, Gilbert Sicotte, Ginette Reno, Julien Guiomar, ...
10
PERMÍTANME QUE ME INMOLE CON MI ÚLTIMA CRÍTICA A MODO DE PUÑAL
Ahora sé que no estoy sólo en este mundo, que ya hubo alguien antes que yo creciendo en los brazos del ensueño y mamando de las cenizas que caían como polvo desde el tejado de su locura. Que cagaba versos infinitamente bellos del color de las tiras de carne desgarrada que le servían viscosas para el más romántico onanismo. Que dejó de vivir el día que dejó de amar, que nunca se atrevió a amar por un miedo que le volvía loco, que en más de una ocasión pudo verse a sí mismo actuando demasiado mal y forzado en la eterna, lúcida, brumosa, plastificada y tenebrosa película de la vida. Ya nunca dejaré de temer la vida ni me ahogaré yo solo con mis sábanas. El tesoro seguirá allí abajo, brillando encostrado entre las encías picadas del mismo río sucio que me devora a cada instante... pero ya no nadaré solo, nunca más volveré a hacerlo solo, ya no. Me bajé de los hombros de mi hermano y nunca más volví a patear las montañas mirando a los demás con desprecio. Seguí escribiendo esperando a que mi amor, mi dulce amor, mi único y verdadero amor, saliese del armario con su luz resplandeciente y me susurrara al oído aquella retahíla de palabras engarzadas. Aquella que guardaba el pueril secreto que Léolo y yo compartimos, pero que nunca podremos contar a nadie más. Porque, después de todo, hemos acabado en la misma sala común del hospital, esa que cercena nuestro ramillete de venas verdes por la esperanza de ser distintos, la sala común que hemos de compartir con nuestra familia, con el resto de los locos. Léolo se rindió y ya nunca más pudo ni quiso volver a soñar. Yo sé que algún día me rendiré y acabaré bañado en su mismo hielo. Sé que la vida acaba con uno mucho antes de que uno encuentre la muerte. Jamás aprendí a vivir en este mundo y ahora sé que no soy el único. Sé que hay personas que sufren, pero la droga del alma es indeciblemente más devastadora que cualquier laxante de pecados en forma de polvo, de pastilla o de alcohol. En contadas ocasiones me había quedado sin palabras ante una película, pero sólo esta he sido capaz de comprender hasta con las uñas de los dedos de los pies. No me queda más que agradecer a Jean-Claude Lauzon que muriera artísticamente delante de nosotros y pintara con su sangre el más bello cuadro en verso que se haya pintado jamás. Poco después murió su carne de forma trágica, pero él ya se había vaciado por entre estos fotogramas. Léolo es Lauzon, y sé que yo soy Léolo. Cualquiera que sea Léolo al ser vomitado encima por esta cinta será Lauzon, y yo seré esa persona.
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198 de 234 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las colinas tienen ojos
Las colinas tienen ojos (2006)
  • 5,6
    19.035
  • Estados Unidos Alexandre Aja
  • Aaron Stanford, Ted Levine, Kathleen Quinlan, Vinessa Shaw, ...
8
... a nosotros nos los arrancaron hace tiempo de la cara.
Aja confirma con esta revisión del clásico de Craven que es uno de los directores de cintas de terror más inteligentes y competentes del momento. Tanto es así que consigue hacer suya la cinta, haciéndonos olvidar que se trata de un remake y (re)tomando la historia desde una perspectiva más interesante y decididamente metafórica. El terror de Alexandre Aja es directo, evidente, sangriento, increíblemente tenso y malsano. Pero también es otra cosa, algo sutilmente más profundo que podemos entender gracias a los primeros treinta minutos de sus películas. Durante ese tiempo, el director francés se toma la licencia de definir sus personajes más profundamente de lo que cualquier otro director de films de terror acostumbre, sobreponiéndose al estereotipismo pero sin renunciar a él, pues la trama y el sentido último de esta obra necesita de ello. Así, 'monsieur Aja' nos presenta una típica familia americana en la que el padre es algo más que un padre, más bien el líder de un grupo humano jerarquizado sobre el que impone su ley, viejo republicano y ex-policía, amante de las armas y líder de su manada ('obliga' a toda su familia, yerno incluído, a pasar las bodas de plata con él y su mujer); después está la madre, antigua hippy y ahora esposa sumisa amante de la dominación impuesta por su marido; la hija reflejo de su madre, casada con el 'nuevo joven americano': demócrata interesado en las nuevas tecnologías que obedece impotente las órdenes de su suegro; el hijo reflejo de su padre y querido heredero de su imperio; la hija pequeña rebelde y dispuesta a no seguir el camino de su madre y hermana mayor (que inevitablemente acabará siguiendo con los años); y la indispensable pareja de pastores alemanes para completar el cuadro de postal americana. No obstante, mediante una serie de detalles que seguramente pasen desapercibidos para la mayoría, Aja nos pretende decir algo más, aún más interesante y que, como decía antes, trascienda los estereotipos:
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9 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Phenomena
Phenomena (1985)
  • 6,2
    2.713
  • Italia Dario Argento
  • Jennifer Connelly, Daria Nicolodi, Donald Pleasence, Fiore Argento, ...
8
Extraña atmósfera agusanada
En Phenomena se nos cuenta una historia muy fantasiosa y poco creíble, y como en Suspiria, no se nos muestran imágenes conmovedoras de compañerismo ni pena por los amigos desaparecidos o incluso violentamente asesinados ante nuestros ojos, pues cada vez que Dario lo intenta, se queda sólo en eso, en un intento sin intención ni pizca alguna de sentimentalismo. No, Dario Argento no sabe enternecernos ni crear en nosotros sentimientos empáticos hacia sus protagonistas, algo que no deja de recordarme a la forma de entender el cine del maestro Alfred Hitchcock. Como él, utiliza a sus personajes para la finalidad última de sus películas: en este caso aterrarnos, crear en nosotros un estado anímico de extrañeza y confusión, sumergirnos de lleno en un universo frío y desolador, donde no hay ningún hombro amigo en kilómetros, donde estamos solos y tenemos que enfrentarnos a situaciones de sumo pánico y repugnancia. Jennifer Connely aparece aquí como la adolescente protagonista hija de un famoso actor que viaja a Suiza (a la Transilvania de Suiza, donde sopla un viento extraño que puede provocar locura) para esudiar en un internado de chicas. Como en Suspiria, nuestra protagonista está sola en un extraño y antiguo edificio de un país extranjero, y alrededor de ella comienzan a suceder cosas realmente extrañas y particularmente violentas que provocan la desconfianza del resto de alumnas y de las detestables profesoras.
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22 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Funny Games
Funny Games (1997)
  • 7,4
    39.149
  • Austria Michael Haneke
  • Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, ...
9
Hola señora... veníamos a por huevos
Quizás hayan escuchado alguna vez que las escenas más brutales que nos ha legado la gran pantalla son las de ''La Matanza de Texas'', algo con lo que estoy muy de acuerdo si a lo que nos referimos es a crudeza gráfica y tensión mortal, pero si lo que queremos es chocar contra la situación más desagradable, cruda, terrible, malvada y desalentadora que nos podamos imaginar, obligatoriamente tenemos que ver esta película de culto, película de autor, película experimental u obra maestra a secas. ''Funny Games'' es lo más horrible y realista que uno pueda sentarse a ver hoy en día. Cinta olvidada por el gran público, algo lógico, pues sus escenas de violencia gratuita y salvaje, aunque jamás se nos llegue a mostrar nada de sangre ni mucho menos ''gore explícito'', no son aptas para todo el mundo. De hecho, apostaría a que más de uno y de dos se vieron obligados a salir de la sala para ir a vomitar su tensión al baño. Y vuelvo a repetir que no aparece nada de casquería, es simplemente que la situación es tan real, tan grave, tan desesperanzadora y, sobre todo, tan posible, que la gente no puede aguantar tal despliegue de maldad humana para con nosotros mismos y prefiere cerrar los ojos y no quedarse a ver algo que probablemente hayan tenido que sufrir algunas personas en sus carnes, pues recordemos que el intrusismo del hogar es algo lamentablemente de moda, y a veces no sólo para robar, como es el caso que nos ocupa.
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48 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
El incidente
El incidente (2008)
  • 5,1
    42.129
  • Estados Unidos M. Night Shyamalan
  • Mark Wahlberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashlyn Sanchez, ...
8
¿ESTÁS ENFADADO PORQUE EL SEÑOR SHYAMALAN TE HACE PENSAR? ES QUE SÍ, JODER QUE ESTAMOS EN VERANO YA...
Es tanta la sutileza de la metáfora cinematográfica de este señor que una vez más vuelve a metérsela doblada a todos aquellos críticos de pacotilla, cinefilillos de pega y público aborregado en general, ávido de burlar el bochorno con el rico aire acondicionado de los grandes cines de nuestros tiempos. No señores, "The Happening" (¿El Incidente?, ¿qué es: un ligero contratiempo lo que sucede en la película?, por el amor de Dios...) no es ni un timo, ni una basura, ni el enésimo resbalón del indio, ni una cacota pinchada en un palo... No. Es una película excelente filmada con maestría, es ni más ni menos que la historia que quería contar Shyamalan justo en este momento, y así lo ha hecho. Como cuando quiso contarnos un cuento e hizo la maravillosa "La Joven del Agua". No estaba pensando en nosotros, en si nos gustaría, en la taquilla que haría, ni mucho menos en apaciguar los ánimos de los que no visteis en "El Bosque" una de las más grandes obras maestras del nuevo siglo. Shyamalan quería contarnos, con toda la economía de medios de que fuera capaz, que el fin del mundo no vendrá, porque ya hace años que llegó. Tampoco es una apología del ecologismo ni una crítica sobre lo malos que somos los seres humanos que contaminamos el planeta. Shyamalan, lejos de ello, nos excusa haciéndonos ver que no nos queda más remedio que seguir siendo torpes humanos y que la guerra contra nosotros mismos en nuestro eterno propósito de autodestruirnos se encuentra ya en tan avanzado estado que lo único que podemos hacer es seguir teniendo hijos y amándonos sin saber amar (la insulsa historia de amor no es más que una muestra más de la artificialidad de nuestros sentimientos y nuestro egoísmo, que encuentran en el amor la manera de seguir tirando hacia delante para dar una razón de ser a nuestro único propósito que es el de continuar expandiéndonos como una enfermedad).
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398 de 663 usuarios han encontrado esta crítica útil
Wolf Creek
Wolf Creek (2005)
  • 5,5
    5.750
  • Australia Greg McLean
  • John Jarratt, Cassandra Magrath, Kestie Morassi, Nathan Phillips, ...
5
Si el asesino hubiera sido Paul Hogan, quizás...
Rodada con la intención de hacer algo genuino que realmente provocase terror, dotándola de un (casi siempre fallido) tono documental con fotografía digital que nos introduce en los vastos y hermosos parajes del desierto australiano, intentando huír de la típica película de terror adolescente y queriendo ante todo revivir esa atmósfera sucia, tosca, carnal y probable de ''La Matanza de Texas''. Lo cierto es que podría escribir sobre cómo y por qué la cinta anterior es imposible de igualar ni tan siquiera remotamente por esta ni por ninguna de las de su calaña, pero tampoco es plan de ponerse demasiado crítico con una buena película de terror como es esta, que por lo menos lo intenta y en ocasiones consigue crear un ambiente malsano y desquiciado, próximo al verdadero terror.
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil