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9
La búsqueda de la felicidad
Suena el teléfono y una voz desconocida nos ofrece empezar de nuevo y cambiar la vida que llevamos. En "Seconds", Frankenheimer nos ofrece esa posibilidad en manos de su personaje protagonista, un banquero hastiado de un mundo que no le aporta nada, transformando un drama de ciencia ficción en un intento de cine político y crítico ante el sistema imperante.

Durante poco más de hora y media, este director estadounidense consigue transmitir toda la intensidad emocional que exige el guión mostrando una atmósfera que descansa en los límites de la realidad y el sueño, y unos personajes que juegan con ella y desde dentro de ella.

Frankenheimer se deleita colocando la cámara en los lugares más inesperados permitiendo así al espectador vivir de cerca las emociones de unos personajes que parecen estar luchando con la vida que viven. El delicado tratamiento de los silencios cobra importancia en la figura de un protagonista reflexivo e introvertido retratado a través de innumerables primeros planos en los que la acción se desarrolla de fondo con unos personajes que intentan desesperadamente rellenar los vacíos incómodos, y respaldados por la brillante banda sonora de Jerry Goldsmith.

En esta norteamérica de los años 60, "Seconds" se convierte así en un film sobresaliente que refleja una profunda crítica a la sociedad americana de la época y al concepto capitalista de felicidad que no sólo sigue siendo aplicable en la actualidad sino que además deja abierta la puerta a la reflexión posterior del espectador.
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33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
"Re-nacimiento"
Un hombre de negocios con una vida rutinaria recibe la llamada de un amigo supuestamente fallecido. Al poco tiempo, recibe una oferta singular: una empresa le ofrece “renacer”, proporcionándole la vida que siempre había deseado.

John Frankenhemimer ya había mostrado la aberración que deriva de una mala aplicación del conocimiento científico en “El Mensajero del Miedo” (The Manchurian Candidate, 1962). Con “Plan Diabólico”, basada en el libro de David Ely, el director nos sumerje de nuevo en su visión pesimista del progreso y en el de una sociedad abocada a la pérdida de referencias.

Es una cinta arriesgada, con diálogos fríos y personajes que parecen inacabados. Pero por otro lado son los mismos elementos los que le dan consistencia a la película, porque el pesimismo que Frankenheimer nos quiere transmitir sobre nuestro futuro es así: frío e incompleto.

La película está protagonizada por un excelente Rock Hudson, alejado ya de los papeles de galán y supermacho, interpretando a un hombre en la cincuentena que se ve transtornado por un súbito cambio de vida. Le acompañan una desconocida Salome Jens y un contrastado John Randolph. La película fue nominada a la mejor fotografía en blanco y negro
No recomendable para los que buscan un cambio drástico en su vida.
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31 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
ALGUNOS PELIGROS APAREJADOS AL EXCESIVO VISIONADO DE PELÍCULAS (II)
Ha vuelto a ocurrir; ya sabía yo que esto de bucear en el cine de los clásicos tenía este riesgo, pero qué se le va a hacer, resulta tan difícil resistirse... Me llama la atención que ningún usuario lo haya señalado, pues en mi caso, al poco de discernir las líneas argumentales básicas de esta película, me dí cuenta de que esto ya me lo habían contado, pero en una versión algo distinta, más moderna y cercana; aunque al principio no identificaba qué era lo que estaba recordando, de pronto ví la luz, y "abrí los ojos". Y así, como me ha ocurrido en anteriores ocasiones, constaté que una película que en su momento creí bastante original, resultaba serlo bastante menos, y que el bueno de Amenábar, aunque se cuidó mucho de decirlo, había visto este filme, sacando buenas lecciones.

Desde el principio asistimos a una obra alucinada e irreal, ya sugerida en los títulos de crédito, que encuentran una magnífica continuación en la larga secuencia inicial, profundamente perturbadora, que nos muestra la travesía del protagonista por la Grand Central de New York. La deliberada y fantástica elección de los puntos de vista, que muestran la misma acción de tres formas distintas (un primer plano desencuadrado de un rostro, una cámara a ras de suelo y otra que "flota" tras la espalda del protagonista), nos sumerge en un universo distorsionado en el que predomina una sensación pesadillesca y surrealista. Toda la primera parte del filme conserva este estilo y potencia esta sensación, aún más incrementada conforme vamos averiguando las claves argumentales de la película.

En realidad, y a pesar de todo el envoltorio de ciencia ficción y misterio que rodea la historia (en absoluto policiaca), la idea fundamental que se nos transmite es la dificultad con la que los seres humanos tratamos de encajar en el mundo, problema desasosegante y de difícil solución (a pesar de los esfuerzos de la "Compañía") que aliena a los individuos. A pesar de que la propuesta es, como siempre en Frankenheimer, valiente y muy atractiva, y que formalmente está bien llevada (con una estupenda fotografía, del prestigioso Wong Howe), la segunda parte de la película decae bastante en interés narrativo y en audacia formal, a pesar de la llamativa y muy hippie secuencia de la bacanal báquica. La conclusión es bastante desoladora, pues apunta a la imposibilidad de huir de esa inadaptación al mundo, incluso cuando para lograrlo hemos tratado de manipular la realidad a nuestro antojo.

Soberbiamente interpretada por un Rock Hudson fuera de sus registros habituales, con un guión desigual, con altibajos, pero interesante, la película deja la sensación de que podría haber sido mejor de haber mantenido el tono de los primeros cuarenta minutos, realmente absorbentes e inquietantes.
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27 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Plan diabólico
El mejor trazador de paranoias colectivas del siglo XX bordó otro brutal descenso a los misterios y anhelos de la psique humana en esta formidable película, una fantasía distópica en torno a la búsqueda de la felicidad trocada en claustrofóbica pesadilla dominada por entes superiores que parecen controlar cada palmo de nuestra existencia. Rostros amenazantes, bacanales en honor al dios Pan, droga en la bebida y corporaciones secretas puntean tan inquietante historia para que Frankenheimer la filme en plena posesión (febril) de sus facultades y su talento, completamente desbordado. De paso, Rock Hudson logra la mejor interpretación de toda su carrera. Un clásico a reivindicar.

Lo mejor: la alucinada dirección de Frankenheimer.
Lo peor: un final un poco previsible.
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24 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
BURBUJA INMOVITAL
Devastadora en su fondo de crítica social al sistema y valiente y arriesgada en su forma, en un momento en que su director gozaba del éxito "comercial".

Frankenheimer siempre fue un director comprometido, aquí contaba con 36 años y uno se aventura a suponer que el shock de las ilusiones (ficticias o no) cercenadas del sueño americano que supuso el asesinato de JFK en el 63 y su madurez personal le hicieron atreverse a dar este salto cualitativo que fue repudiado por la critica de su momento y alabado como uno de sus mejores films posteriormente.

La angustia vital que sufre el protagonista, magníficamente interpretados por John Randolf y un Rock Hudson atípico en una de sus mejores composiciones, refleja el vacío existencial que provoca un sistema social basado en uno patrones de éxito económico por encima de cualquier otra consideración y donde los seres humanos somos piezas intercambiables en el engranaje de un Morlock devorador insaciable cuyos hilos son manejados desde la oscuridad.

El sistema de falsas recompensas con que acallar a los más desfavorecidos y marginales es sencillo y se soluciona con bienes de consumo, pero para aquellos que ya gozan de un estatus elevado y descubren la gran mentira, solo queda la promesa engañosa de una nueva vida (juventud, sexo, belleza...etc) o en caso fallido la eliminación. Realmente alguien acertó con el titulo en castellano, porque es un verdadero plan diabólico, aunque supongo y dada la fecha de su estreno que los motivos del cambio fueron más bien comerciales, para una cinta que no lo es. Como siempre la censura picó una vez más en el anzuelo del sexo, cortando dichas escenas, cuando la carga de profundidad que implica toda la cinta es mucho más "peligrosa" para los amantes del orden establecido.

La influencia de los movimientos hippies de los 60 estaban en su auge, como alternativa social y Frankenheimer ejerce de visionario cuando los refleja en una gran orgía libertaria que en el fondo también serán absorbidos y manipulados por "la empresa". La fotografía de Wong y la música de Goldsmith son todo un acierto.

En definitiva un joyita que andaba por ahí perdida y que es imprescindible recuperar. Con la que esta cayendo.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Kafka vive y se ha hecho la cirugia.
168/11(08/07/08) Film kafkiano. Film de culto. Film extraño. Film adelantado a su tiempo. Film con un aura especial que te atrae como un imán. Film que hay que ver para reivindicar al gran director John Frankenheimer. Arthur Hamilton recibe la oferta de dejar su aislamiento emocional de clase media a cambio de una nueva vida, siempre que se someta a una intervención quirúrgica radical y se desprenda de su pasado. Este es el argumento en torno al que gira la cinta una especie de moderno "Fausto". La forma de rodar la historia es brillante, desde sus hipnotizantes titulos de crédito, creados por el maestro Saul Bass, pasando por su portentoso director de fotografía James Wong Howe, elemento que se convierte en un actor más ya que consigue introducirnos en la cabeza del protagonista y sintamos lo que el siente, por cierto fué su trabajo nominado al oscar, la música del genial Jerry Goldsmith resulta tambien sobresaliente. Rock Hudson hace su mejor papel de su carrera, está simplemente perfecto en su rol de hombre perdido entre dos mundos y añorando una vida que no existe. Recomendable a todos los amantes del cine. Fuerza y honor!!!
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17 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un plan lleno de sugerencia
Alejado de los papeles que hasta la fecha Rock Hudson solía estar encasillado, en este "Plan diabólico" se ve sumergido en la historia peculiar de un hombre que lleva a cristalizar la idea de alejarse de su vida original sin dejar rastro y al que luego le corroen las dudas. John Frankenheimer no realiza una exhibición con un planteamiento que me ha parecido que podría haber sido más provechoso, porque con una idea así de rara podría haber hecho una película más redonda y en mi opinión se queda algo lejos.

¿Quién no ha pensado en hacer algo parecido? Digo sólo pensarlo, otra cosa es tomar la decisión inamovible de dar el paso y cambiarlo todo, sin vuelta atrás. Especular sobre esa posibilidad da mucho juego, y en eso acierta John Frankenheimer, consigue enseñar al espectador el agobio que sufre el protagonista. Por ello la etiqueta de "thriller psicológico" encaja tan bien y entiendo que no sea del gusto de todos. A su favor siempre tendrá que mucho cine etiquetado de la misma manera y con posterioridad se ha visto influido por este primer "Plan diabólico".
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Valora lo que tienes y no busques utopías
Extraordinario thriller psicológico con ribetes de ciencia ficción y tono deprimente a modo de fabula con trasfondo moralista.
Técnicamente es un film sobresaliente, con una gran dirección de Frankenheimer (con fascinantes movimientos de cámara y angulaciones extrañas) y una fotografía soberbia del maestro James Wong Howe. Lo mismo se puede decir de la genial banda sonora de otro grande, Jerry Goldsmith, que ya desde los créditos iniciales nos anuncia con sus notas perturbadoras lo que puede estar por venir.
A destacar también un reparto que brilla con luz propia, desde el propio Rock Hudson, que consigue una de las mejores interpretaciones de su carrera, hasta los siempre elogiables Will Geer o Jeff Corey, que aquí tienen breves pero significativos papeles que ambos bordan. Y mención especial para John Randolph que, en mi opinión, nos deja la mejor actuación del film, vívida y convincente como pocas.
El guión de Lewis John Carlino es bueno, pero para mi gusto resulta algo superficial y demasiado resumido. No consigue apenas mostrarnos la psicología del personaje interpretado por Hudson. El desencanto con su ¨nueva vida¨ no se refleja de manera satisfactoria. En ese sentido, creo que la trama avanza demasiado rápido y no deja casi tiempo para revelarnos la nueva personalidad del protagonista. La segunda parte del film se resiente de ello y no alcanza el nivel que tiene la primera. Creo que esa laguna en la escritura es lo que le falta a la cinta para alcanzar el estatus de obra maestra. Con todo, es un film brillante.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El fantasma de la libertad
Llegué por absoluta casualidad a esta película de John Frankenheimer, que, pese a la admiración que profeso por él, y más considerando que se sitúa en su gran década creadora de los sesenta, con títulos tan admirables como “El tren”, “El hombre de Alcatraz” o “Siete días de mayo”, la verdad es que no conocía en absoluto, salvo por haber leído el título en obras bibliográficas.

Y lo cierto es que ha supuesto una auténtica revelación, no ya respecto a su filmografía particular, sino en el contexto del cine americano de la segunda mitad de los sesenta, por su apuesta originalidad y creatividad expresiva.

Porqué dicha originalidad no radica en última instancia en la sugerente premisa de un hombre de monótona existencia gris que recibe la propuesta por parte de una misteriosa organización para iniciar una vida nueva, a partir de una radical operación de cirugía estética (operaciones que ya habían aparecido por ejemplo en thrillers como “Senda tenebrosa” o “Jail Bait”, del mismísimo Ed Wood), o ni siquiera en el extraño curso de los acontecimientos, que nos sumergen en una surrealista y malsana fábula de tintes kafkianos, sino (y de una manera que recuerda también el proceder de Welles en su adaptación de “El Proceso"), en la manera cómo esta narrativa adquiere su verdadera densidad onírica y desasosegante mediante el singular manejo de las formas visuales.

Desde el primer fotograma, y gracias a una magnífica fotografía en blanco y negro de James Wong Howe, nos adentramos en un universo distorsionado que nace de extraños y complejos encuadres, juegos angulares, movimientos de cámara, o la marcada profundidad de campo que genera un fuerte contraste entre las proporciones de los rostros —generalmente el sudoroso y angustiado del protagonista— los cuerpos y los objetos. En diversos momentos llama la atención el recurso estilístico, que no recuerdo en el cine de aquel entonces, de acoplar la cámara a la espalda del actor, de tal manera que mientras éste transita de verdad por el escenario, se provoca el inquietante y claustrofóbico efecto de estatismo en su movimiento, pareciendo que es el fondo el que gira vertiginoso a su paso (un recurso, por cierto, utilizado décadas después en la grabación de muchos conciertos de rock, con una pequeña cámara sujeta al mástil de la guitarra).

También es sumamente llamativa la escena de una bacanal orgiástica al aire libre, ante todo por la desinhibición y franqueza sensual y sexual con la que está rodada, incluyendo desnudos integrales y frontales. No conozco la intrahistoria, pero dudo mucho que, no ya en España como es obvio, sino incluso en determinados Estados de los Estados Unidos, las copias no sufrieran los consabidos cortes de rigor.

Y lo que conviene resaltar es la gran interpretación de Rock Hudson, sin duda alguna la mejor, más intensa y conmovedora de toda su carrera con diferencia, lo que nos ofrece como corolario una consideración acerca de cómo el Hollywood clásico (y en muchos aspectos todavía el moderno) desaprovechaba la potencialidad dramática de algunas de sus su estrellas, al encasillarlas en el molde granítico de la simple apostura estética.

El resultado, pues, una película que me parece injustamente olvidada, que reivindica además el indudable talento de Frankenheimer para la puesta en escena y que temáticamente, y superando con creces los aspectos que la atan a su época, como el mencionado episodio hippy, regala sobrados motivos —en curiosa analogía con otra producción japonesa de ese mismo año, “El rostro ajeno”, de Teshigahara— para una generosa reflexión de fondo sobre la búsqueda de la identidad, el poder de la alienación, el vacío existencial o los límites del libre albedrío.
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Deseo y terror en cuestión de segundos
"Plan diabólico" es un film que desasosiega, que inquieta y emociona; es una obra sobre el deseo y el terror que puede generar el deseo, con un final brutal, tremendo, no tan previsible como señala alguien en su crítica. Es una película que hace reflexionar sobre la infelicidad y la felicidad, sobre una sociedad que se basa en desear, en querer cosas, muchas cosas, y en la que la felicidad se ha convertido en un producto más, que es necesario comprar, y que es necesario vender.

Frankenheimer crea una historia entre dos polos, ya que por un lado el enfoque es muy subjetivista, con la cámara normalmente muy cerca de los personajes y sus rostros, y por otro lado hay un enfoque muy pegado a la realidad, muy objetivo, por ejemplo en la estación de tren del comienzo, o bien en las escenas más quirúrgicas.Lo sórdido y lo onírico se alternan, del mismo modo que se alterna la felicidad y la infelicidad, el deseo de seguir hacia delante y el deseo contrario...Como también se alternan el sueño y la pesadilla. La fotografía y la música contribuyen a crear una película de terror basada en los miedos personales, en la cotidianeidad, en deseos que pueden llegar a hacerse realidad...mediante un buen fajo de billetes.

Pese a algunos puntos débiles, un gran film, a reivindicar muy seriamente.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una nueva vida
Película maldita y film de culto del director procedente de la televisión, John Frankenheimer, cuya interesante carrera nos ha proporcionados títulos memorables, “Plan diabólico” es una de las más arriesgadas e interesantes, además de ser una atípica muestra del cine fantástico. El cineasta y su guionista Lewis John Carlino, habían encontrado una historia atractiva en “Seconds” de David Ely, una pequeña novela de corte fantástico. Eligió como protagonista a Rock Hudson, un ejecutivo que decide dar un giro a su monótona y aburrida vida, haciendo uso de un cambio de personalidad mediante una operación quirúrgica. Un film que censura el discurso del sueño americano, por su tono pesimista y desolador, que tuvo muy mala acogida en el Festival de Cannes y mal conocida en España, porque la censura amputó algunas secuencias que lastran la narración, y que por suerte hemos podido ver en el pase por TCM.

Un film nada simpático, a contracorriente y, desde luego, también irregular y no exento de defectos, pero que sin duda se merece una urgente reconsideración. Concebida a modo de experimento formal, con abundantes escenas rodadas cámara en mano y, en ocasiones, usando el impopular objetivo deformante de la imagen conocido como “ojo de pez” (no siempre con acierto, hay que admitirlo), “Plan diabólico” es un perturbador film “kafkiano” excelentemente fotografiado en blanco y negro por James Wong Howe, un clásico en el oficio. Sus primeras escenas, de puro enfáticas, resultan fascinantes, aunque es comprensible que, por esa misma razón, puedan parecer efectistas: Arthur Hamilton (John Randolph) es seguido por un desconocido mientras se dispone a tomar un tren, el cual le entrega un papel con una dirección anotada.

Sentado junto a la ventanilla del tren, Hamilton va viendo como los paisajes, la vida va pasando rápidamente, a toda velocidad, como el convoy donde viaja. No tardaremos en saber cuál es el problema que angustia a nuestro hombre acaudalado: el envejecimiento. Esta apertura es ilustrativa del estilo inquietante y desencantado que el cineasta adopta: la planificación distorsionada anticipa el carácter violador, perturbador de la realidad cotidiana, del orden natural de las cosas, que tendrá la injerencia de la ciencia humana. La puesta en escena, no es elegante, desde luego, pero sí coherente con el planteamiento del relato: árido, frío y de una crueldad clínica aterradora.

Ejemplar me parece la descripción del entorno cotidiano de Hamilton (más tarde, Antiochus Wilson, pintor y con nuevo aspecto, Rock Hudson), de su relación con su esposa, Emily (Frances Reid): su humillación y vergüenza por no poder satisfacerla sexualmente, más la terrible ironía en la forma de comunicarse con la organización secreta que hará posible su deseo de rejuvenecer. Su proceso de adaptación a la nueva vida, le lleva a la liberación sexual, conociendo a una mujer (Salome Jens), desconociendo los peligros que le acechan en su nueva vida, rodeado de amables vecinos que comparten fiestas y también secretos que se afanan en ocultar.
Continúa en spoiler:
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Arriesgada, transgresora, claustrofóbica, perturbadora y desasosegante
Arriesgada, transgresora, claustrofóbica, perturbadora y desasosegante historia del inconformismo con la vida, envejecimiento, las segundas oportunidades, el vacio vital, búsqueda de la felicidad, decadencia de valores, la incapacidad para cambiar nuestra vida, naturaleza o personalidad…

Fausto de Goethe, pérdida del alma. Curiosa metáfora entre la corporación, y el almacén de carnes, donde cuelgan montones de reses sin identidad que también han pasado por un proceso de transformación física después de la muerte.

¿Podrían existir corporaciones secretas con fines similares y medios ilícitos?
¿Es posible realmente romper con todo y empezar una nueva vida?

Interesante bacanal que me recordó, salvando las distancias, a la bajada del vino de Camaretas…
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8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
"Nurse? Cranial Drill"
El excelente rodaje de esta película la hace ser aún más intrigante de lo que el argumento nos proporciona; las escenas a primer plano que te dan una sensación escalofriante, los contrastes bien definidos, los efectos especiales y muchos otros detalles cinematográficos hacen de la película una obra maestra del rodaje de los 60. Paralelamente, el innovador argumento hace que la película fracase como aburrida y sea lo bastante rebuscada para llegar a hacer reflexionar al espectador sobre las opciones que uno llega a tomar cuando las cosas van mal. En definitiva, sin pasarse de largo ni quedarse corto, esta película define lo estrafalario del cine antiguo.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Poder para renacer
Plan diabólico es un curioso thriller que plantea interesantes cuestiones, pero cuyo mayor logro radica en su puesta en escena. La historia nos presenta a Arthur Hamilton (John Randolph), un aburrido banquero cansado de su monótona vida, vida que dará un giro radical cuando reciba la "oferta" de iniciar una nueva…

Sería una irresponsabilidad contar demasiado de la película de Frankenheimer, ya que, como buen thriller, la sorpresa es parte fundamental dentro de la trama. Si bien, lo cierto es que el guión, aunque francamente atractivo, cuenta con ciertas lagunas e incongruencias que hacen que no sea todo lo notable que debiera. Dichas carencias del guión son subsanadas (con creces, desde luego) por Frankenheimer, quien realiza un excelente trabajo verbigracia de sus planos imposibles (magnífica la introducción y la manera en la que el director sitúa la cámara en lugares insospechados), los cuales dotan a la historia de un ambiente malsano, paranoico y pesadillesco (véase la escena de la… ¿romería?) que le van de maravilla.

También es de gran ayuda su fotografía, su banda sonora y la labor de sus interpretes, destacando Hudson, quien se aleja de su imagen de galán (típica de sus archifamosas comedias románticas) para realizar una interpretación compleja y acertada. No me extraña nada que Plan diabólico no fuese comprendida en su día (de ahí su gran fracaso comercial), ni tampoco que el tiempo la haya puesto en su lugar, tal vez no sea una película de culto, pero sí una película arriesgada a reivindicar.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Renacer sin haber muerto del todo debe ser jodido.
¿De qué va?:

Un directivo de banco llamado Arthur Hamilton cuya vida matrimonial lleva años en vía muerta, lleva un par de días dándole vueltas a la cabeza. Ha recibido una extraña llamada de un íntimo amigo suyo al que creía muerto. Éste le hace llegar un papel con una dirección...

Crítica:

Desde el principio con esos planos deformados que nos van preparando para una película atrevida cuando menos, Frankenheimer hace gala de una solvencia espectacular en el terreno de la íntriga e incluso coquetea con la ciencia ficción o el terror (en menor medida) sin despeinarse. La película comienza fuerte y no decae en ningún momento. Quizá la escena de los enólogos hippies se alargue un poco más de la cuenta, pero se le perdona por la fuerza hipnótica de la misma y por el hecho de poder ver unas cuantas tetas y culos femeninos en blanco y negro, algo poco habitual y que se agradece, no nos engañemos.

Aparte del buen trabajo del director, Rock Hudson hace una interpretación brillante y John Randolph como un agobiado Arthur Hamilton lleva el peso del primer tercio de la película magníficamente. La música de Jerry Goldsmith como siempre perfecta.

El resultado final es una muy buena película que bebe de diferentes estilos y que sin duda recuerda sobremanera en su conjunto y vista con perspectiva a las historietas que poblarían en los años siguientes las páginas de revistas de cómics de terror como la añorada Creepy. Quizá no profundice demasiado en lo filosófico pero a veces se agradece la 'ligereza argumental' en aras de un mayor entretenimiento.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Huir hacia Ninguna Parte
En un mundo que predica el "tanto tienes, tanto vales" qué se puede esperar.
Gente afanándose por conseguir un éxito moral y financiero antes de que puedan comprender qué son ninguna de las dos cosas, rutinarias vidas de idas y venidas, decepciones, decepciones y decepciones. Toneladas de decepciones.
Primero con tu situación, después con quiénes te rodean y, más tarde, como la gran respuesta que siempre ha estado delante: decepción contigo mismo. Por no vivir feliz entre lo que se supone gente feliz en situaciones felices felizmente casadas.

'Plan Diabólico' se abre con unos incómodos créditos que derivan a una realidad blanco y negro, oscilante hacia el gris.
Con la vida de un hombre, Hamilton, que, como otros, vuelve del trabajo a casa, sin ningún tipo de alteración en su rutina. Para cuando una llamada misteriosa logra desequilibrar su frágil universo los planos cada vez más extrañamente encuadrados y aberrantes hacen aparición, como si fueran la duda que le está picando desde dentro. Una simple pregunta: ¿querría cambiar de vida?
Por todo lo que hemos visto, la respuesta es aún más simple.

En unas instalaciones cuidadas y rígidas, preguntan a Hamilton por el sentido de la vida, el fin último de su propia existencia, y descubre que no tiene. Es, de hecho, casi conmovedor contemplar a un hombre que ya ha dado lo mejor que tiene, y se da cuenta de que no se ha dejado nada para sí.
Tras operaciones, tanto físicas como clandestinas, a Hamilton se le da la vida de un apoderado artista, guapo, y con moderado éxito, viviendo en una casa de barrio rico. Es fascinante el subtexto que esconde esta transformación: de currito de trabajo a vividor que ha convertido su afición en negocio, alguien que de lo único que se tiene que preocupar es de no enfríarse demasiado cuando sale a la playa a las puertas de su casa.
De un extremo al otro, ambos solo separados por dinero, dejando claro que solo eso rige el mundo, pero también que lo que más nos gustaría en esta vida es generarlo tanto y de tal manera que podamos permitirnos ser dueños de nosotros mismos, no de otros.

Cuando conoce a una mujer que le inicia en los placeres que nunca conoció con su esposa, se desata otra parte que los poderosos pueden mostrar más a menudo: el febril y salvaje apetito que guía nuestros instintos más bajos, y por las que alguien como Hamilton ahora no tendrá ningún tipo de consecuencias.
Perderse a uno mismo, dicen, es encontrarse, aunque Hamilton solo encuentra repetición y puertas cerradas, de nuevo una cárcel que él pensaba que cambiaría con otros adornos. La conversación con su ex-mujer, una reliquia de otro hombre que ya apenas puede recordar, es casi desoladora: ella no tiene palabras hirientes para él, solo la más infinita piedad hacia un esposo que veía desvanecerse poco a poco entre obligaciones y responsabilidades, hasta que dejó de ser siquiera un ser humano.
Fracasada su "vida perfecta", es desoladora la mirada de Hamilton, un perfecto Rock Hudson, cuando comprende por fin que se rindió demasiado pronto, que su búsqueda de felicidad era una mentira contada a si mismo.

Probablemente, lo más escalofriante de esta historia, lo que realmente palpita en su interior, es lo más difícil de ver (o aceptar, si uno se reconoce): nada menos que la infructuosa huida de un hombre corriente que quiso ser extraordinario, sin darse cuenta de que nada externo podía concederle ese deseo.
Exige un acto de valentía, pero alguien solo consigue ser extraordinario, como bien recuerda el Doctor (no en vano, el creador de esa fábrica de vidas perfectas) cuando tiene un último centímetro dentro de sí que no ha cedido a las frustraciones o decepciones de la vida moderna. ¿El nombre de ese centímetro? Un sueño, o, si se quiere, una misión.
Algo tan complejo como crear una empresa de la nada, algo tan simple como amar a quien busca alegrarnos el día. Tiene muchas formas, y sin embargo nunca sabemos cuál es hasta que uno mismo no lo construye.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Extraña y fascinante
Se olvidan de decir que esta película es una adaptación cinematográfica de una novela de David Ely titulada "Substitutos". La película sabe reproducir la frialdad emocional y el desconcierto del protagonista ante el resultado de lo que él mismo ha pagado y contratado. ¿Se puede cambiar de vida -y de cuerpo- sin dejar de ser uno mismo? Ésa es la gran pregunta que plantea esta historia y cuya respuesta, a pesar de todas las apariencias, está implícita desde el primer minuto. Tenemos la vida que tenemos porque somos quienes somos y, puesto que eso no podemos cambiarlo, es inútil intentar cambiar lo demás. Si lo intentamos, las consecuencias son las que se muestran en esta película.

Por descontado, no es una película policíaca, pero no por eso es menos inquietante. Un Rock Hudson en el papel más extraño de su carrera sabe conducir una historia fascinante y desoladoramente lógica. La fotografía deliberadamente impersonal de Frankenheimer, que en ocasiones se aproxima al documental o al reportaje periodístico, acentúan la angustia de una cinta desconcertante e inolvidable.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Del objetivo de la perseveración de la existencia por encima de todo y la absurdez de la misma
La idea es de sobresaliente, pero el desarrollo es algo insuficiente y alguno de los giros argumentales previsibles. Pero sea como sea, es una película interesante, con una premisa muy innovadora, estamos hablando de 1966, y merecedora de ser vista al menos una vez.

La película no trata tanto de ser una oda al conformismo, sino una crítica al no dar importancia a los pequeños detalles y valorar lo que ya tenemos (que no es lo mismo), y sobretodo al buscar con avidez una suerte de "nueva vida" mediante un cambio radical, porque no es realista, no es posible. Esto lo representa el protagonista, Hamilton, el cual es un tipo con una vida rutinaria -con todas las distracciones y convenciones sociales que ello acarrea-, y que está extremadamente sumergido en su trabajo de ejecutivo y en lo que le enseñaron que era lo importante (llegar a ser algo). Y el pobre va y se lo cree.

A través de una llamada de un viejo amigo que lo suponía muerto, acaba en una compañía que le ofrece un "renacimiento"; una nueva vida, con un nuevo cuerpo y con la aparente libertad de proporcionarle la vida que él ansiaba.

Las interpretaciones son todas más que decentes, con mención especial a Rock Hudson, y las conversaciones y la fotografía un mero reflejo de lo que intenta decir y representar la película.

Sigo en spoiler desvelándo cosas importantes de la trama.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Las raíces de la identidad
Historia que aúna dos de los temas estandartes de la filmografía de su director por esos años, por un lado las conspiraciones o paranoias colectivas, y por otro, el desencanto del hombre maduro que asume con resignación el desvanecimiento de sus sueños de juventud.

Si en “I walk the line” el sheriff lacónico y meditabundo encontraba la redención en los brazos de una joven despreocupada, en “Seconds” el banquero atrapado en un trabajo monótono y un matrimonio sin pasión llega aún más lejos, la ruptura total con su vida actual: nuevo rostro, nueva voz, nueva identidad, otro lugar donde vivir y hasta nuevo trabajo que se adapte más a sus inquietudes.

El estilo de Frankenheimer se adapta excelentemente al discurrir del argumento, todo lo relacionado con esa extraña y secreta organización que planifica y ejecuta las nuevas identidades está salpicada por esos planos tan personales y peculiares que albergan conversaciones donde lo que se dice es tan importante como la reacción que causa en el que escucha, rostros normalmente enclaustrados en un primer plano que escudriña cualquier mínimo gesto, acompañado de posiciones de cámaras y ángulos agobiantes e irreales que realzan la sensación de desconcierto, de estar inmersos en un mal sueño. En cambio, las escenas íntimas están descritas con el mismo detallismo pero carente de efectismo, los silencios son devastadores y los planos fijos describen sentimientos reprimidos que dejan a uno sin respiración. Magistral resulta la escena inicial en el dormitorio del banquero con su esposa, en la que no pasan desapercibidas las camas separadas, o la crucial escena de la vuelta a la que fue su antigua casa para escuchar de su esposa que “Arthur llevaba muerto ya mucho tiempo antes de que lo encontraran en aquella habitación de hotel”, o “por lo que más lo recuerdo es por sus silencios…”. Una escena con diálogos frases rotundas y planos demoledores.

En ese punto ya tenemos claro cuál es el tema principal de esta historia camuflada de intriga psicológica: el significado de nuestra identidad. ¿Si cambiamos de aspecto, de casa, de trabajo, nos convertimos en otra persona o realmente nuestra identidad está tan arraigada en nuestro interior, nuestra mente y nuestros sentimientos, que nos acompaña allá a donde vayamos independientemente de los otros aspecto físicos?

Bastante mal recibida en su día por la crítica, ha llegado a nuestros días como una película de culto, afortunadamente reivindicada y revalorada, gracias a los muchos aciertos que contiene, desde la “paranoica” dirección de Frankenheimer a la atmosférica música de Jerry Goldsmith o la soberbia fotografía en blanco y negro de James Wong Howe. El argumento mantiene la tensión en todo momento, sirviéndose de varios giros y un final impactante. Gran trabajo de Rock Hudson, al que imagino que vio en su personaje del Sr. Wilson muchas similitudes con su doble vida, la del galán que triunfaba en el mundo del cine y alcanzaba la fama, pero ocultando su homosexualidad para no ver perjudicada su carrera y su imagen.

Peliculón, otro más, de John Frankenheimer.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Buena idea mal contada
Una pena. Elige un tema muy interesante y sugerente, pero lo adereza con tal exceso de excentricidades e incoherencias que no me lo creo. Psicológicamente no hay un personaje que esté bien resuelto, ni una motivación que esté estudiada hasta sus últimas consecuencias. La película entera se queda en un aparataje externo pretendidamente profundo e inquietante, igual que su banda sonora. En mi opinión, es una película con un buen tema y una gran interpretación personal de Rock Hudson, pero que se reduce a escenas gratuitamente largas y absurdas, como la de la bacanal, y a una recreación innecesaria en detalles y planos que no aportan nada. En definitiva, pretenciosa.
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10 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
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