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7
La fiesta de la vida y del amor: ¿Eutanasia sí o no?
Sorprende que con unos temas tan poco atrayentes – a priori – e ingratos como son el de la vejez, la enfermedad y la polémica legítima sobre el derecho o no a una muerte digna, se consiga ensamblar una película tan vitalista, desenfadada, simpática y amena como ésta. Sorprende sobre todo por el tono casi de comedia de costumbres que impregna su metraje, donde las situaciones – siempre con la muerte o los padecimientos como eje – resultan cercanas, atractivas, llenas de empatía y plenamente satisfactorias. Quizás el mayor logro sea que consigue rehuir los peligros de devenir en un simple panfleto en favor de la eutanasia y plantea el problema desde un ángulo práctico, pragmático y utilitario que nos hace entender – aunque podamos no compartir su planteamiento – la motivación de todos y cada uno de los personajes que pueblan su trama.

Y el contagioso encanto y adhesión que desprenden los protagonistas se consigue articulando todo el discurso desde un canto a la vida saboreada en plenitud y un amor sano, nutritivo y altruista que une a todos los ancianos atribulados y hace comprensible que traten de remediar en lo posible sufrimientos innecesarios y desproporcionados, más allá de convenciones religiosas o éticas, más allá de dogmatismos maximalistas, alejados de cualquier idealización sobre el valor absoluto de la vida, sino siempre en relación a un bien intangible y etéreo como es el bienestar de tus seres queridos, aún desde la notoria dificultad de aceptar la finitud del ser humano y la complejidad emocional de dejar marchar a nuestros seres queridos, sin obcecaciones de mantenerlos cerca y presentes, como si la muerte fuera lo peor o único malo que nos pudiera pasar.

El amor como único baremo sobre el que deben pivotar las decisiones importantes. Así podría resumirse el relato y regalo que desprenden las amables imágenes de enfermedad, deterioro, sufrimiento y muerte que pueblan la cinta. El fallecimiento como realidad, necesidad vital, capítulo irrenunciable de toda vida, casi siempre ocultado pero fundamento esencial de nuestra existencia. Quien aprende a abrazar la muerte es porque ha sabido abrazar la vida y degustarla en su imprevisible variedad y multiplicidad. Parece increíble, pero uno sale del cine contento de vivir, satisfecho de la presencia mudable y en paz con nuestro inexorable término.

Se hace difícil – por casi inverosímil – recomendar esta película, pero agradecerán haberla visto y se reconciliarán con la vida desde un ángulo imprevisto y sugerente. Todo un hallazgo.
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21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La vejez y la muerte pueden ser divertidas
En una residencia de ancianos de Jerusalem, uno de los residentes construye una máquina de eutanasia para ayudar a un amigo que está enfermo terminal. Cuando empieza a correr la voz sobre la existencia de dicho aparato, otros ancianos comienzan a solicitar también los servicios de la máquina, lo cual crea en el anciano y sus amigos un dilema moral y emocional.

La película plantea el tema de la eutanasia y los problemas morales que origina, pero también pone encima de la mesa el tema de la vejez y los terribles inconvenientes inherentes a la misma, tanto físicos como emocionales, así como el sufrimiento que acarrea.

No obstante, trata estos temas tan terribles apelando en todo momento al humor. Un humor imprescindible para poder soportar lo que aparece en la pantalla, que hace de edulcorante para desdramatizar lo terrible que tiene que ser vivir cuando tu cuerpo ya no está preparado para ello.

En mi caso, la película no funcionó tanto como debería. Ni me provocó lágrimas ni carcajadas, aunque sí sonrisas continuas y un inevitable miedo a envejecer en las condiciones de los que aparecían en la pantalla. Entiendo que la idea de la película era buena, pero el guión creo que es bastante mejorable. No obstante, reconozco que es una película interesante y que recomiendo ver.

“La fiesta de despedida” es una película accesible para cualquier tipo de público. Su humor, no tan negro como debería tratándose del tema que trata, es poco corrosivo y lo acerca al público masivo, al tiempo que hace que la comedia sea cercana, que te toque de algún modo, puesto que todos tenemos o hemos tenido ancianos cerca y podemos entender por lo que pasan.

Dirigida por Sharon Maymon y Tal Granit (ambos firman también el guión), “La fiesta de despedida” destaca por la buena dirección de actores y el perfecto ritmo narrativo. En cuanto a lo menos bueno, diría que no mantiene el tono cómico. La primera parte de la película es comedia continua y a medida que se acerca el final se va volviendo más seria.

Parece una película hecha para viejos, lo cual probablemente le restará espectadores. Yo mismo tuve mis dudas antes de ir a verla. No creo que sea así. Es de viejos, pero no para viejos, sino para cualquiera. Incluso diría que recomiendo más ver la película a los jóvenes que a los viejos. Al fin y al cabo, éstos últimos ya conocen su realidad, los jóvenes no.

Los veteranísimos actores están espléndidos, todos ellos. Hacen un espectacular trabajo y da la impresión de que estás viendo sus propias vidas, no las de los personajes que representan. Ze’ev Revach, Levana Finkelstein, Aliza Rozen, Ilan Dar… actores completamente desconocidos por aquí, derrochan talento y arte para componer sus personajes con firmeza y precisión. Auténticos baluartes de la película.

“La fiesta de despedida” tiene el coraje de poner delante del público el tema de la muerte. Eso en lo que nadie quiere nunca pensar y que inevitablemente a todos nos llega. Y lo hace eliminando el tabú. Quitándole importancia. La muerte es una realidad, sencillamente. Un capítulo más de la vida. El último capítulo. Y es tan natural querer elegir cómo vivir que querer elegir cómo morir.

En definitiva, una buena experiencia. Una película mejorable, pero interesante para pasar a la vez un buen y mal rato. Para pensar que todos tenemos muchas papeletas para llegar a viejos, y que cuando lleguemos las cosas no serán sencillas. Personalmente, me gustaría tener la maquinita esa, por si acaso.

https://keizzine.wordpress.com/
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Díle a Dios que se ponga
Tal Granit y Sharon Maymon nos contaron en la presentación de esta comedia de lo postrero: "Los actores principales pasan todos de los setenta y hemos tardado cinco años en tenerla preparada. Nos decían que nos diéramos prisa porque se les acabaría el tiempo. Afortunadamente todos han podido disfrutar del estreno"

La fiesta de despedida nos habla, con un lenguaje claro y un humor que se agradece, de la eutanasia; esa puerta hacia la muerte digna que los gobiernos y los poderes religiosos se empeñan en cerrar. La manera de tratar el tema es irreprochable: respetuosa y con una calidez humana de la que carecen los que dicen defender la vida; a los que habría que ver tomando decisiones si fueran ellos, o los suyos, quienes tuvieran que pasar por la tortura de seguir penando innecesariamente.

Sería interesante que el jurado de la Seminci se fijara en el trabajo de esta compenetrada pareja, no solo porque merece un reconocimiento, también porque ayudaría a desdramatizar el tema y a darle otra dimensión (naturalidad y dulzura) de la que carece.

Para quienes duden, por el supuesto dramatismo de la propuesta, asegurarles que ha sido la película que más carcajadas ha provocado en el Calderón en esta 59 edición. No os la perdáis.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Eutanasia
Quizá porque empiezo a tener una edad respetable, ultimamente he rehuido todo lo relacionado con la ancianidad, sea en cine, en teatro, literatura, documentales...etc. Esa decrepitud, ese indigno final de la vida, me dan miedo, angustia; y he optado por taparme los ojos.
Por lo tanto he tenido que hacer un esfuerzo para ir al cine a ver la película israelí, " La fiesta de despedida"
La película, realizada con muy pocos medios, no es nada del otro mundo, pero tiene su indudable valor por la defensa a ultranza de la eutanasia.
Cuando alguien quiere morir por un cáncer terminal o un alzheimer (como vemos en la película) le debemos ayudar a dar el paso. Ese es el claro mensaje del film.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Solo te está pidiendo que lo mates
Muy discreta ¿comedia? dramática sobre el triste proceso de envejecer, enfermar y (querer) morir.
Predominan la sensiblería, el ternurismo y la simpleza infantil, todo ribeteado por un humor escaso, demasiado, leve, muy ocasional, famélico.
Recurren a tópicos habituales en estos casos: el inevitable, cada vez más, alzheimer como recurso infalible a la hora de ablandar corazones y provocar llantos, y, en el lado opuesto, la homosexualidad como posible asunto gracioso.
La premisa es interesante y el tono simpático y ligero, pero la acción discurre de forma torpe y tosca, sin "gracia" ninguna.
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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Tragicomedia conseguida
En todo festival estás esperando esa película que te llene y esté plenamente conseguida. En mi caso esta ha sido en la Seminci 2014 mi preferida.
Comedia negra con la eutanasia como tema de fondo.
Tiene esa difícil mezcla que en un plano te mueras de risa y al rato estés casi llorando. Y así sin parar durante todo el film.
Según dijeron los dos directores en la rueda de prensa: “La vida es dura y mejor a través del humor”. En la fase de guión han contado con asesoramiento médico.
Han rodado con actores cómicos de Israel, aunque se han sabido meter en la vena dramática.
Se ha estrenado allí hace unas semanas, llenando las salas, a pesar de ser un tema controvertido allí y además con buenas críticas.
Pienso que es difícil tocar temas dramáticos en forma de comedia y poner el dedo en la llaga, invitando a la reflexión y eso lo consigue este film.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Dignidad.
147/02(03/09/15) Interesante film israelí que dirigen y guionizan Sharon Maymon y Tal Granit, una apreciable oda a la vejez, a la vida y al derecho a morir en dignidad. Un relato centrado en personas en el otoño de la vida, que se toman esta con sentido del humor, el argumento se desarrolla mezclando con esmero la comedia con el abrupto drama de gente en el ocaso de su existencia. Juegan a tratar un tema tan espinoso como la eutanasia con naturalidad, analizando diferentes salidas, lo abordan sin entrar en componentes religiosos o políticos, lo hacen desde una óptica humanista, de ética moral, sobre los dilemas que acarrea, sabiendo ensalzar lo que es una vida plena.
En una residencia de ancianos en Jerusalén vive un matrimonio de setenteros, Yehezkel (Zeev Revah) y su esposa, Levana (Levana Finkelshtein), allí un amigo, Max (Shmuel Lobo), agoniza lentamente por una enfermedad letal, la esposa de este, Yana (Aliza Rozen), pide ayuda a Yehezkel para acabar con su desgarrador sufrimiento, este con la ayuda de un anciano veterinario jubilado, Dr. Daniel (Ilan Dar), y de su amante Raffi (Rafael Tabor), un policía jubilado, decide inventar una máquina para la autoeutanasia, es decir, que el propio enfermo pulse el botón de suicido. Tienen éxito, y “su acto de misericordia” se propaga y otro anciano, Dubek (Yossef Karmon), les pide ayuda para poder utilizar la máquina para su maltrecha esposa.

La cinta rehúsa ser un maniqueo canto a la eutanasia tipo “Mar adentro” (2004), de Amenábar, ni un doliente y cruento tipo “Amour” (2012) de Haneke, se acerca mucho más al estilo vitalista del canadiense Denys Arcand en su “Las Invasiones bárbaras” (2003), es un cálido homenaje a la vida, y un sutil ataque a la muerte en vida que es la lenta agonía, por que estar sufriendo una lenta degradación física y psíquica no es vida, el valor absoluto de la vida como dogma es relativo y discutible, hay momentos en los que se de aceptar la muerte como parte última de un camino, camino que es lo importante, y donde llegar a la meta se ha de intentar acometer con dignidad, los seres queridos han de aceptar que todo tiene un principio... y un fin, donde lo importante es el amor, el cariño, la comprensión, la aceptación, el saber afrontar que la vida puede llevarnos por situaciones espinosas. Es también una oda a la vejez, a como por mucha edad que se tenga se puede disfrutar, se puede tener un sentido vitalista, se habla de cómo tratamos a la tercera edad, como la arrinconamos en nuestra sociedad como se mete en un cajón el móvil obsoleto, son “material” oxidado. También se pone en valía la amistad, el sacrificio por el ser querido, la piedad, la compasión, la autoestima, la solidaridad, Se muestran imágenes del padecimiento de ancianos, pero no se regodea en ello, de hecho lo que hace digerible el film es su meritorio sentido del humor, necesario para afrontar un relato que sin él sería demasiado seco, un humor que no es negro, más bien blanco, esto la hace una película accesible a todos los públicos, esto es una virtud y a la vez u defecto, pues le impide ir un poco más allá, y ser políticamente incorrecta (aún tratando un tema como la eutanasia). Todo esto la hace una dramedia por momentos conmovedora, que te toca la fibra sensible.

Y es que el film tiene sus defectos que le impiden volar más alto, tener un calado mayor, el referido humor es blandito, nada mordaz o corrosivo, le falta punch y valentía para un poquito más lejos, esto hace que el humor no pase de una mueca, la veas con agrado pero no haya sonrisas. El desarrollo en el guión es un tanto apresurado, por momentos con situaciones atropelladas, como es la entrada de la nada del personaje Dubek, y sobre todo se nota una cambio abrupto en el tono entre su dos tercios primeros, más encaminados a crear momentos de humor, con el último donde la acción se torna mucho más seria y adusta. Como bien he leído, y estoy de acuerdo, deberían haber incluido a un personaje joven que supusiera un contraste con los ancianos y que además se pudiera empapar de la sabiduría por viejos zorros de estos, hubiera dado más juego.

El guión construye a personajes muy humanos, con defectos, con aristas, tridimensionales, con los que se empatiza con facilidad. Ayudado esto por unos actores septuagenario excelentes. Zeev Revah está estupendo, desbordando simpatía y picardía bonachona, demostrando gran amor por su esposa, afamado actor de comedias israelís. Levana Finkelshtein desborda ternura, y una fragilidad que la hace muy dulce, con un arco de desarrollo conmovedor, punzante, como cuando dice <Estoy desapareciendo>, posee con Zeev una gran química. Ilan Dar está muy bien en su rol, con una bonita historia con su amante, y su amor escondido. Rafael Tabor cumple muy bien en su papel de amante gay adultero. (sigue en spoiler)
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
No te mueras que me río...
En una residencia de ancianos, un grupo de abuelos que vive allí se dedica a “acompañar” a los más débiles y enfermos en sus angustiosos últimos instantes de vida. Gracias a un artilugio que han inventado para la ocasión, el camino hasta el final del túnel es mucho más llevadero.

La última jornada de cine del Actual 2015 comenzó con una tragicomedia sorprendente. Venía de ganar la Espiga de Oro a la mejor película en la última Seminci y realmente tiene su explicación. Las más sonoras carcajadas de todo el Festival logroñés se escucharon durante su proyección. No es fácil rebajar la dureza del tema que trata de la forma en que lo consiguen los directores israelitas Tal Granit y Sharon Maymon, pero lo logran. Los talluditos y semidesconocidos actores parecen realmente vivir en esa residencia y sin actuar ante las cámaras. Están contando su historia real y tu te la crees. Te la crees y les aplaudes porque además de conmoverte te hacen reír. Y eso en los tiempos que corren, merece la mejor de las ovaciones…a pesar de que los tristones minutos finales rebaja la nota global. Se acabó el humor…se acabó la magia.

Lo mejor: La enorme capacidad de hacer reír con su humor adulto. La llamada de Dios. La genial y redonda escena en el invernadero. El momento armario. Las dos detenciones del policía…

Lo peor: Su último tercio de metraje, donde desaparece el tono cómico y sólo queda la soledad, la pena y la incomprensión. Tal vez insertar a algún actor menos veterano hubiera dado un juego más divertido aún y otra perspectiva. Que seguramente pasará de puntillas por la cartelera española porque las productoras y los espectadores la verán como una película de (y para) viejos.

Nota: 7/10
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
VIVE Y DEJA MORIR
Esta comedia teñida de humor negro en realidad es un lobo con piel de cordero. El derecho a una muerte digna en la mayor parte del mundo aún no es un derecho y seguimos dejando la última palabra de nuestra vida en manos de los dioses, cuando se supone que estos nos dotaron del libre albedrío. Y de nada vale si vives en algún estado laico y no crees en los omnipotentes. Así pues plantear tal cuestión en Israel podría parecer un suicidio y sin embargo la cosa no les ha ido mal a la pareja de directores y la cinta ha tenido una gran acogida fuera y dentro del país.
Está magníficamente interpretada por cómicos reconocidos en su tierra que van entreverando de sonrisas el drama que conlleva dejar partir, si así lo desean, a nuestros seres queridos ahorrándoles el sufrimiento y las miserias de una espera sin esperanza por mucho que, como las meigas, milagros, haberlos haylos. Y de paso, reconocen la pareja de directores guionistas, ponen de nuevo su "pica en flandes" con el tema de la homosexualidad. Cada uno que viva, ame y muera como quiera.
Rara avis, en un tema tan delicado, capaz de hacerle la competencia humildemente a la sacrosanta "Amor" de Haneke
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Ni fu ni fa
Una comedia que acaba en tragedia, jugando con un asunto tan grave como la muerte de la gente a la que quieres. Más que eutanasia es suicidio asistido, que está a un paso del homicidio. Sobre esto se puede discutir mucho pero aquí se trata con una banalidad que disgusta, al menos a mí.
Como película está bien rodada y los actores son excelentes.
Hay algunas chorizadas en el guión como el romance entre dos gay viejunos, políticamente correcto pero estéticamente desagradable.
Una cualidad, es corta.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Demasiado triste
Una idea muy buena pero resulta de un triste agobiante.
Esta idea genial exige ir acompañada de sentido del humor y cierta alegría....aunque sea mas parecida a la vida misma así de triste.

El tema es la vejez, su sufrimiento y la eutanasia.

Bien interpretada por sus actores, con una buena dirección artística. Logra mantener el ritmo todo el tiempo.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La muerte digna
Granit y Maymon nos crean una brillante "dramedia" sobre la muerte y la vejez con brillantes y sorprendentes interpretaciones de los muy veteranos protagonistas y con un sensacional toque de humor negro.

La película logra que lloremos tanto de emoción como de risa, un profundo drama sobre la muerte que aunque golpea contundentemente en el espectador por su entrega y cercanía, es de agradecer el delicioso humor de ciertos momentos que muchos veríamos inesperados en este tipo de cintas.

La cinta llega incluso a realizar un retrato de la situación de la tercera edad en nuestra época; aburridos y encerrados en residencias acabarán creando una máquina para proporcionar una muerte digna e indolora a algunos de sus más sufridos compañeros. El siempre polémico dilema de la eutanasia vuelve a aparecer con total claridad y sin juzgar actos, algo inteligente por parte de los directores, evitando a primera vista los rechazos de los sectores más conservadores o pulcros.

Aún así, muchos espectadores no entrarán en su juego o les parecerá tremendamente sarcástica con tratar temas tan comprometidos como la eutanasia y la muerte con toques de humor negro. Si usted, como yo, acepta e incluso agradece esta nueva mirada, va a entregarse a esta sensacional cinta ya desde el comienzo con su imprescindible y magistral secuencia de la llamada de "Dios" por teléfono a una de las señoras mayores que secundan el filme. Absolutamente deliciosa y recomendable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
En estado de shock
Una comedia/drama que me ha dejado en estado de shock. No deja indiferente, desde luego.

Al principio es verdad que hay comedia pero la poca comedia que hay va desapareciendo según pasa la película hasta que ya al final te da un ataque de risa como reacción a lo deprimente del final. En serio, a mí me dio un ataque de risa, aunque no había NADA de lo que reírse.
No os dejéis engañar por el cartel. No es lo que parece. en principio parecería una peli tipo El jardín de la alegría, pero para nada. Se toca el tema de la eutanasia de forma muy cruda.

Abstente de verla si te deprimes fácilmente.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Excelente
Será por su polémico argumento, quizás por ser un drama contado en clave de comedia. Será porque la clave de la película iba a ser tan cruda que era necesario contárnosla como una anécdota distante y graciosa. Quizá será que los actores se muestran humanos y que sus preocupaciones no están tan lejos de las nuestras. O puede que el guión sea la clave, quizá sea un compendio de todas estas cosas tejidas finamente unas entre las otras para dar paso a un film que cuenta la eutanasia como a todos nos gustaría que existiese. Aceptando el final de una vida con la compañía y el humor que a muchos nos gustaría.

La dirección, el guión y los actores son la clave. Cuentan un drama, con actores cómicos israelís que le dan ese punto agridulce que no cae en la lágrima fácil aunque la eutanasia se preste a ello fácilmente. Las lágrimas son truncadas por la risa o una sonrisa con el gesto fruncido.

Recomendable para una tarde tranquila para reír y estar vivos.
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6
La fiesta de despedida
La vejez y sus achaques, ¡hay quién tuviera una varita mágica o a su hada madrina!
Un tema difícil y peliagudo, más cuando tanta tristeza y desolación se intentan llevar con leves toques de ironía y acidez, cuyo humor negro resultante llega a crear un verdadero clima sádico, complicado de manejar y disfrutar pues, la sonrisa que emerge, está rodeada por excesivo dolor y sufrimiento que nadie, en una sociedad digna, debería llegar a padecer en sus carnes.
La frontera donde situar el límite de la soportable vida y de una merecida muerte que otorge sereno descanso final, esa bienvenida al paraíso decidido de voz propia, un botón y ¡adiós! al padecimiento de un moribundo cuerpo que se consume sin remedio, respiro para un alma que por fin puede partir, donde quiere que vaya -incluso si es a ninguna parte-, y olvidarse de la tortura de una agónica existencia, ya sin sentido.
No creo que abra debate sobre la eutanasia pues la pena, condena y aflicción observadas son suficientes para relegar dicha cuestión al cajón de los asuntos a resolver más tarde, a cambio de una humanidad compasiva que se intenta exponer con esa ocurrencia y gracia, que alivia los momentos más amargos, donde el abatimiento y la desesperanza se adueñan de la situación completa, ese sagaz contraste entre lo dicho y lo visto, entre lo sucedido y la situación ridícula que le precede, o aquella esperpéntica que le sucede, todo para un relax incómodo y tirante donde se expresa, con fascinación y agudeza, “el Señor no puede ponerse porque está en el baño”.
“¡Ayúdame a terminar con esto!”, desfalleciente grito de súplica que encabeza esta peculiar historia israelí, atrevida y valiente, que vende en tono de comedia y sarcasmo, la gran tragedia que tiene lugar cada día cerca de nosotros, provocación inteligente y osadía incisiva para plantear lo que nadie desea, tenues risas que no se atreven a ser descaradas por la solemnidad e inconveniencia del acto, un argumento que valora, hablar y exponer con veracidad, la complicada situación que viven y atraviesan sus personajes sin olvidarse de que, en los espacios más serios y dramáticos es donde la carcajada natural surge con mayor reclamo y vehemencia.
“Por dentro son como niños, sólo el cuerpo a envejecido” y esa es la gran desdicha que se sufre con la longevidad, una mente joven y sana, con ganas de proseguir, aplastada por una materia corporal que se devalúa y extingue a cada día, a cada paso, cada vez más insoportable de llevar, con esa infructuosa resistencia férrea que ya no posee ánimo ni futuro; dos puntos de vista, el del enfermo, sin poder llevar a cabo su no-escuchada voluntad, y el del exasperado familiar que convierte, en posibilidad presente, ese deseo y ansia manifiesta por terminar con el tormento, más esos secundarios que transitan por vidas, tan derrumbadas y al límite, como paseantes ignorantes que prefieren no saber pero, en cambio, juzgan con facilidad pasmosa e inapropiada dureza.
Sensible y emotiva en los sentimientos que genera, resistente y sólida en el contenido que trata, perspicacia para plasmar ambos lados con sabio abrazo, firme resolución y una destreza de planteamiento que envuelve y no te suelta; vas a estar pendiente de estos cabales abuelos, de sus actos y maniobras, de su ansiedad y comprensión, de su astucia y maquinación para conseguir, por cuenta propia, esa urgente ayuda que nadie se quiere molestar en conceder, pues parece que todos tengan más derecho que ellos a decidir sobre su propia muerte; ternura para con los amigos, cobijo para con los desconocidos, amparo mutuo en situación de necesidad extrema que, a pesar del aspecto cómico y divertido con el que se disfraza, duele en el alma por su caminar fúnebre y siniestro.
Según tu sensibilidad y afecto del momento, de ese delicado tiempo de su consumo y digestión, la cogerás con más fervor o menos, reconociendo, siempre y por todas, que es un relato audaz y arriesgado que expone, sin tapujos ni vergüenza, una realidad cercana y consabida, muy presente en la memoria.
Buenas sensaciones y un merecido aplauso para Tal Granit y Sharon Maymom.

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Ya hemos llevado nuestra vida
Vamos a romper tabúes, a desmitificar la supuesta trascendencia de esas vidas ya marchitas y derrotadas por el paso de toda una existencia, y lo vamos a mostrar con ingenio, ternura y enorme simpatía.

La fiesta de despedida es una gran película en su sencillez y profundo humanismo, uno de aquellos trabajos independientes que son de obligado visionado. Todo un canto alegórico a las vidas maduras.
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7
Hablar de la muerte con estilo
Me dicen que hay una película israelita,una comedia negra, que merece la pena ver. Y sí, si ganó en la Seminci, ya es una referencia más que buena. Pero, si bien tiene toques de comedia, no es para nada lo que yo entiendo por comedia negra. Es mucho más que eso, es un canto a la tolerancia, una tierna mirada a nuestros mayores que es también una mirada temerosa a lo que se no viene encima, la vejez, la enfermedad, la soledad, la muerte o, lo peor, las ganas de morirse para dejar de sufrir o por el simple hecho de abandonar una vida que ya no merece la pena vivirse. Actores muy buenos, guión fluido, duración perfecta, tema trascendente tratado con elegancia y con ternura... Una muy buena película que permite acabar de verla y reflexionar sobre lo que hemos visto. Muy, muy recomendable.
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2
Para documentales Informe Semanal
Desilusión. Al ver unos cuantos viejos en pelotas en la foto de la portada, inocentemente pensé yo que estaba ante una comedia. Pues no, no era una comedia. Era un drama de los gordos. Algún chistecillo sí, pero sin mucho acierto. Tampoco es que como película dramática se pasen de acertados. Previsible, algo ñoña y de argumento más que forzado. Vamos, que no cuela. Un documental para reflexionar sobre el complejo tema de la eutanasia, que al fin y al cabo es lo que aquí se pretende, se resuelve en Informe Semanal con diez minutillos. Y así no despistan a nadie.
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3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Ni muerto la vuelvo a ver.
Jamás un tema tan polémico e interesante como la eutanasia fue tratado de manera tan original y a la vez tan aburrida. La verdad es que entiendo que a algunos les haya llegado al alma la película, pero a mi no me ha emocionado lo mas mínimo, y si bien hay partes interesantes (que nunca divertidas), la mayor parte es muy tediosa. Es de agradecer su corta duración y que vaya al grano, pero a pesar de la hora y veinte de film, se me ha hecho muy larga. No es una pésima película ni mucho menos, pero a mi no me ha hecho reflexionar nada, ni, repito, me ha emocionado, no la puedo aprobar porque ni siquiera me ha hecho esbozar una sonrisa en su faceta de comedia. De hecho, en una de las partes simpáticas, me han provocado una arcada de la que casi me ahogo*
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Sin duda, con subvención del gobierno
La calificación de 6 "Interesante" es porque considero de interés saber cómo prefieren adoctrinarme.

Forma parte de toda una saga de films que los gobiernos occidentales, en este caso alemán e israelí, conscientes de lo costoso del gasto de pensiones y habida cuenta del incremento de la expectativa de vida, están promoviendo con una finalidad claramente didáctica. Se apela, obviamente, a las razones del corazón. Y la puesta en escena, genial. ¿Que si tengo algún otro indicio de que está subvencionada?. Claro: la pareja de gays. Si no, bye bye subvención. Confío en que pronto podrán ser emitidas en horario infantil para que el efecto didáctico sea más provechoso. En fin...money, money, money!!!
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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