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Una buena idea absolutamente desaprovechada que no ha resistido el paso del tiempo
Recuerdo que vi esta película en una sesión de sábado tarde, cuando tenía unos once o doce años, y me causó una honda impresión la idea de una ciudad submarina desafiando multitudes de leyes físicas. Por otra parte, el mundo de la ciencia había hecho mella en mí con la lectura de algunas novelas del mítico y genio maravilloso Julio Verne. "20.000 leguas de viaje submarino" fue adaptada al cine de manera excelsa en uno de los mejores trabajos llevados a cabo por la factoría Disney, con unos sensacionales Kirk Douglas, James Mason y Peter Lorre en el reparto y se había convertido en mis películas favoritas...

Unos 25 años después, y casi entrando en los cuarenta, tuve la fortuna de ver por segunda vez esta vuelta de tuerca de la novela de Verne "20.000 leguas de viaje submarino", sustituyendo el Nautilus por "Templemar", una especie de sociedad independiente del mundo sumergida a 5000 brazas de profundidad, y he de decir que, en esta ocasión, mi fantasía del niño no ha podido superar la prueba del tiempo, que ha pasado como una apisonadora sobre "La ciudad de oro del Capitán Nemo". Palidece mucho en comparación a la adaptación de Disney protagonizada por Kirk Douglas, a pesar de haber sido rodada casi 20 años después.

No diré que Robert Ryan o Chuck Connors no tengan solera, pero ni de lejos llegan a caracterizar tan bien personajes que deben estar bien definidos por axioma literario. Las mujeres están de pleno adorno y aportan papeles muy insustanciales, en consonancia al cine un pelín machista de la época, los efectos especiales parecen impropios de 1969, el mismo año en el que Kubrick rodó "2001, una odisea en el espacio" (¿presupuesto reducido, quizás?); se notan demasiado los trucos de las maquetas, la escala reducida de los exteriores acuáticos y el cartón piedra de los decorados, bastante horteras, por cierto. Además, ¿cómo diablos hay tanta luz y se ve la superficie del mar en una profundidad de 5000 brazas? Y, aparte de estos problemas técnicos, me da la impresión de que los guionistas no sacaron ni un 10% del jugo que se le suponía a una idea de adaptación de novela verniana tan fantástica, a raíz de los resultados tan discretos del filme.

Con todo, ha sido emocionante volver a encontrarme con una película que marcó mi infancia, tanto tiempo después, y haber tenido un hueco para la reflexión interesantísima que nos solemos hacer todos sobre sociedades ideales, idílicas, endogámicas o automáticas. Otras películas de concepto similar que explotan las posibilidades de sociedades utópicas son "La fuga de Logan" o la excelente serie de TV "Goliath está esperando", que plantean dudas e hipótesis similares desde puntos de vista muy originales. Tal vez sea el momento de recordar que nosotros habitamos nuestro propio "Templemar", frágil y delicado, que es nuestro planeta Tierra.

Y, qué demonios, los recuerdos de la infancia bien merecen subirle un puntito a la película.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Otra lectura de 20.000 leguas de un viaje submarino
Nueva adaptación del clásico de Verne, una producción de Disney, con un toque algo kitsch, pero bastante entretenida. Bien Robert Ryan como el estricto capitán Nemo, y divertida la pareja de rateros de baja estofa, que hurden el plan final para huir de la ciudad flotante.
No se encuentran grandes alardes en los efectos especiales: decorados de cartón piedra y cámaras en movimiento para fingir un derrumbamiento; un muñeco ampliado como el kraken desfigurado por las explosiones ocasionadas en la construcción de Templemer, pero es una película vistosa y notable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Festival psicodelico submarino
Hay que ver esta película sin complejos de ningún tipo ni comparándola con "20.000 leguas...", es un pasote de soluciones ingeniosas y de como hacer una película molona con un presupuesto bajisimo, vamos, que debería enseñarse en la escuela de cine. Los ingleses, a diferencia de los gringos, son especialistas en sacar provecho del bajo presupuesto, fijaos en las series de la BBC.
Los actores tienen carisma, los secundarios son graciosos, los decorados son destrozables, de hecho, se destrozan, y el vestuario es digno de Abba. Te ríes y te lo pasas bien recordando tu infancia, una infancia que no volverá, leches, pero que de vez en cuando abres una ventana a ella, usando recuerdos, libros, comics, fotos, pinturas o, películas, como es el caso.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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