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El color de la esperanza no se ve con los ojos
Qué Bergman tan joven. Tan dulce. No meloso ni empachoso, porque él nunca lo era. Pero sus primeros dramas con aires neorrealistas reflejaban la esperanza del amor y una tímida fe en el futuro. Sus personajes pasaban por vicisitudes y malos tragos, pero no vivían todavía en un perpetuo tormento interior. Digamos que eran mucho más planos y sencillos. Pero el sello del director ya estaba presente. Pinceladas de su escepticismo y sus dudas religiosas y existenciales, de su estilo que bajo la superficie sugiere más profundidad que la aparente, de diálogos acerados y afilados, y escenas que desafiaban el puritanismo (un fugaz y fresco desnudo, mención de un embarazo fuera del matrimonio).
Probablemente uno de los romances cinematográficos más bonitos y tiernos de toda la filmografía del sueco esté aquí.
Un muchacho de buena familia que ha recibido una buena educación se queda ciego tras un accidente. Inteligente y habilidoso, sobre todo para la música, pronto es capaz de valerse, pero el mundo pone muchas trabas a los minusválidos, tanto físicas como sociales. Bajo la tapadera de la "eliminación de las barreras", la integración y las prestaciones, se sigue mirando con condescendencia a los disminuidos, entendida en su sentido negativo de amabilidad forzada y poco benevolente.
Bengt es orgulloso, odia sentirse inútil pero lo que más detesta es inspirar compasión, de manera que se busca trabajo y vivienda propia. Como siempre necesita alguna ayuda, tiene que depender en cierta medida de otros y probará el sabor de los desencantos al toparse con gente con pocos escrúpulos.
Pero hay una amiga, Ingrid, que en los primeros tiempos de su ceguera no sólo no lo trató con esa lástima fría y casi indiferente con la que después lo tratarían. Ingrid lo admiraba, lo idolatraba. Era una jovencita empleada de hogar que se enamoró de él pero se sentía minúscula, no había acabado sus estudios y, creía ella, no había desarrollado ninguna cualidad interesante ni distinguida, era insignificante comparada con un chico cultivado como Bengt. Bergman enseña ese dedo público acusador que censura las situaciones "irregulares". La relación entre un hombre y una mujer de estratos diferentes estaba mal vista. Y más aún la de una persona "normal y sana" con alguien con taras. Mucho pregonar en teoría la tolerancia y la igualdad de los desfavorecidos, pero la práctica dejaba bastante que desear.
Como Ingrid se veía tan poca cosa, se marchó a la ciudad a continuar sus estudios y mejorar su posición, y sus caminos se separaron. Temporalmente al menos. El destino aún tiene cartas que jugar...
Una de las más brillantes interpretaciones de una persona invidente que he visto, en un papel contenido pero matizado y rico. El actor está fantástico. Me costaba recordar que en su vida real no era ciego.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
ES MEJOR QUE TE ENGAÑEN POR MALICIA QUE POR LÁSTIMA
Al parecer BERGMAN quería que ésta fuera en todo momento una película entretenida. Lo logra. Sin embargo, resulta en cierto modo decepcionante. El comienzo con la repentina ceguera onírica del protagonista -un muy mejorado BIRGER MALMSTEN- y la tierna y dulce historia de amor con la "sirvienta" hacían presagiar mejores desenlaces. El trasero matutino de la joven recuerda al de HARRIET ANDERSSON en UN VERANO CON MÓNICA. Y la SONATA CLARO DE LUNA de BEETHOVEN -que sólo tres años antes fuera utilizada en la espléndida "EL RETRATO DE DORIAN GRAY"- es de una fuerza delicada que conforta.

Mucho más prometía cuando aparece en escena GUNNAR BJÖRNSTRAND, una vez superado el idílico y platónico romance, una vez superada la esperanza del desesperanzado. Cuando ha tenido que dejar la carrera de música por vivir tocando el piano en un restaurante de un sinescrúpulos sacacuartos. Y GUNNAR BJÖRNSTRAND, decía, le decía: "Es mejor que te engañen por malicia que por lástima". Frase que prepara a nuestro protagonista para la rendición, acto seguido, ante el sinescrúpulos sacacuartos que le condena a esclavitud so pena de denuncia injusta por maltrato ... por estafa. Este maltrato al chico-para-todo del restaurante, se convierte en la pelea de la película, una constante en todas las del principio de la carrera del director.

Continúa con spoiler:
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