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7
El caso del papel de Shanghai
Inusual película de cine negro en tono documental sobre un suceso real que asombró a los Estados Unidos y que se conoció como el caso del papel de Shanghai y en el que el Departamento del Tesoro puso todos los medios a su alcance para desmantelar la peligrosa banda con la infiltración de dos agentes dentro de la organización mafiosa.

Una de las grandes preocupaciones del gobierno federal fue de siempre el tema de la evasión de impuestos, delitos fiscales y falsificación de moneda, por estos temas fue Al Capone a la cárcel y para concienciar de ello y promocionar a los policías que trabajaban en dichos asuntos, durante los años cuarenta hubo un popular cómic que se titulaba como la película T-Men.

Este tipo de subgénero siempre ha gozado de la estima del público norteamericano y para que se hagan una idea sería una especie de aquella protagonizada por James Stewart titulada “El FBI contra el imperio del crimen”, aunque menos propagandística y más oscura y opresiva.

Protagonizada casi en su totalidad por actores casi desconocidos que hacen más real el aire semidocumental, destaca muy especialmente la fotografía y encuadres de John Alton con el que recorreremos los bajos fondos de ciudades como Detroit o Los Ángeles, aunque será en interiores donde encontraremos las mejores imágenes. Aunque no fue la fotografía sino el sonido el que fue nominado al Oscar.

Es la primera buena película de Anthony Mann tras unos titubeantes inicios –junto con “El Gran Flamarión”- que se confirmará en los años 50 sobre todo en otro género mayor, el western.

Recomendable para amantes de los film noir.

La nota clavada: 6,8
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16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
IMÁGENES QUE VALEN MÁS QUE MIL PALABRAS
Y en este título condenso el juicio que me merece esta obra del clásico Anthony Mann; en efecto, la película, que visualmente es deslumbrante, que cuenta con buenas interpretaciones, ásperos y creíbles diálogos, así como una maravillosa puesta en escena y ambientación, no alcanza la categoría de perfecta a causa de los vicios característicos de los filmes propagandísticos con afán de veracidad documental. Dicho afán se traduce aquí en el empleo abusivo e innecesario de la voz en off, que subraya y reitera lo que Mann nos muestra ya perfectamente en imágenes.

Hecha esta salvedad, la cinta me parece magnífica, con una estética y unos valores formales muy dignos de tener en cuenta. La fotografía, en primer lugar, a cargo de John Alton, es de una nocturnidad impresionante, aportando una iluminación de corte tenebrista, con rostros que parecen surgir de la más profunda oscuridad. Mann aprovecha esto como pocos, componiendo unos planos de enorme dramatismo en los que el entorno y la ambientación tienen un peso fundamental, influyendo así directamente en la percepción del espectador. Esta será una característica propia del realizador, que aplicará también a sus más famosos Westerns, que serían mucho menos valiosos sin el marco en el que desarrollan sus argumentos.

Ciertamente, la historia desarrollada en el filme es una clara puesta en valor de la lucha del gobierno federal (aquí representado por el Departamento del Tesoro) contra las múltiples ilegalidades y negocios fraudulentos que florecieron en EEUU a partir de los años veinte. El cine había convertido en héroes a muchos Gángsters durante la década siguiente, y es por ello que la reacción de parte de la industria fue realizar películas como la presente, que trataban de encomiar la labor de las fuerzas del orden (dos precedentes claros y tempranos son "G-Men", de William Keighley, y "The great guy" de Blystone).

De entre todos los momentos brillantes del filme, yo destacaría: el comienzo, en el que la unión de atmósfera, ambientación, fotografía y puesta en escena alcanzan cotas virtuosas; la partida de dados en el garito ilegal, maravillosamente concebida e interpretada; un plano en contrapicado, perfectamente iluminado, en el que Bernie y el "Planificador" contrastan billetes a la luz de una lámpara. Por último, el vaporoso asesinato ambientado en la sauna resulta tan brillante como violento.

Magnífica película, innecesariamente lastrada, pero aún así de obligada visión.
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
En esos tiempos...más que suicida.
Seguir el cine de Anthony Mann es apostar a caballo ganador, siempre te va a mostrar algo interesante, te gustará más o te gustará menos, pero jamás te dejará indiferente.

La brigada suicida trata un tema delicado en la época, y no es precisamente el de las bandas de falsificadores de billetes, poniendo en peligro la economía de un país. Sino, la estrategia a seguir para solucionar ese problema. Hacer que dos agentes en cubierto se internen en dicha banda para dar caza al jefe mayor. Esto era novedoso en esos años, en especial porque conllevaba tener muchos conocimientos y datos, para poder interpretar a un individuo nuevo e inventado y que no fallara el plan. Peligro entrañaba y mucho. Aunque algunos lo critiquen, a mi me ha encantado la presentación en forma de semidocumental, me da igual que una voz en off me cuente lo que es evidente ante mis ojos, pero crea esa atmósfera de tensión que uno pretende encontrar en este tipo de productos.

La introducción es espectacular, situándonos en escena del problema sin perder el hilo en ningún momento, la elección de los polis, su formación, sus contactos, detallado hasta en el más mínimo detalle. La puesta en escena magnífica, con esa capacidad de la pareja elegida para aparentar ser unos verdaderos gángster, indudablemente la fotografía es perfecta y logra lo que a veces las voces no logran.

Las interpretaciones son magistrales, llegando a confundir al espectador si realmente se van a quedar en el lado oscuro o mantendrán la lealtad al departamento que los ha puesto en dicha misión.

Lo dicho, de obligada visión a los amantes del buen cine.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Infiltrados.
T-Men (Brigada suicida, 1947) es una película que podemos clasificar dentro del cine negro y está dirigida por uno de los cineastas más interesantes del cine clásico norteamericano, Antohny Mann. A este director lo acostumbramos a relacionar casi directamente con sus películas Westerns, como Winchester 73 (Winchester 73, 1950) o Bend of the River (Horizontes Lejanos, 1952). Lo cierto es que en la primera etapa del director podemos rastrear películas pertenecientes al cine negro, aunque no tan exitosas como las que le dieron nombre. Otros ejemplos además del que nos ocupa sería The Great Flamarion (El gran Flamarion, 1945) o Desperate (Desesperado, 1947).

Brigada Suicida es una de ellas. Es cierto que la película pertenece al cine negro, pero también tiene sus peculiaridades. Y es que no es habitual que los protagonistas sean dos policías, agentes de la ley, infiltrados en una mafia criminal, sino que el prototipo de protagonista es el detective privado, que tiene al intérprete Humphrey Bogart como su máximo exponente. La obra gira en torno a estos dos infiltrados que se adentran en una banda criminal de falsificadores de dinero para poder desmantelarla y entregarla a la justicia.

Una de las cosas que más choca en la película es precisamente la particular oda que supone Brigada Suicida a la ley y a los organismos policiales que velan por los intereses de la población norteamericana. Ya lo intuimos desde los primeros minutos del largometraje cuando la voz en off (que acompañará al espectador durante todo el filme) nos presenta a uno de los máximos responsables del gobierno, que nos detalla la operación que la película desgrana en su metraje. Hay pues una vena documental bastante notable, que trata de hacer verídica la historia, mostrándonos los hechos que vemos como una operación policial real.

Pero además y como comentaba anteriormente, estos hechos supuestamente verídicos son presentados como una elogio hacía estos organismos . La voz en off nos detalla las virtudes de los policías y exalta en todo momento sus heroicas acciones. Por otra parte, este recurso narrativo es empleado por Mann de manera constante, y es utilizado para destripar todas las secuencias que están teniendo lugar, presentándolas de manera diseccionada al espectador. En ocasiones incluso remarca lo que el propio espectador ya está presenciando con sus ojos.

Lo cierto es que a pesar de que Brigada Suicida no es una película perfecta, nos deja grandes destellos de calidad y anticipa el futuro estrellato de Anthony Mann como realizador. La película crea auténticos moldes iconográficos que posteriormente serían repetidos en muchas otras obras.

Por ejemplo, la infiltración de los dos policías en la banda resulta totalmente modélica. Desde su formación, que es mostrada por el realizador como un ejercicio intensivo que los dos hombres llevan a cabo, hasta una secuencia clave que tiene lugar hacía el final de la película. En esta escena, uno de los dos policías es descubierto por el resto de los criminales, que deciden ajusticiarlo sin piedad. El otro, su compañero, decide callarse porque sabe que si hace algo se delataría y acabaría con la misma fortuna. También podríamos citar la secuencia del asesinato en la sauna y otras tantas que realmente constituyen una creatividad desbordante que posteriormente sería saqueada por numerosas películas.

Incluso más allá de este nivel argumental, hay que destacar las calidades formales que desarrolla Brigada Suicida. Lo cierto es que para un espectador que esté familiarizado con el período artístico más célebre de Mann (sus Westerns) le resultará totalmente sorprendente su uso de una fotografía oscura que engloba a los personajes en las tinieblas más densas. Porque es evidente que el cine negro emplea en líneas generales el claroscuro, pero en Brigada Suicida Antonhy Mann va un paso más allá abigarrando completamente el filme con la oscuridad. Un manierismo estético que en ocasiones incluso impide que el espectador se enteré claramente de lo que está sucediendo, por no poder ver ni el rostro de los personajes que están cometiendo las acciones. Algunos[1] incluso han relacionado esta estética que propone el filme con la obra pictórica de uno de los artistas norteamericanos más populares del Siglo XX, Edward Hopper, que precisamente se especializó en la creación de atmósferas lumínicas. Por todo lo comentado, es imprescindible citar el nombre de John Alton, el director de fotografía de Brigada Suicida, y uno de los hombres que colaborarían con Mann en su primera etapa, más ligada con el cine negro como ya hemos dicho.

[1] Gian Piero Brunetta, Historia Mundial del cine I: Estados Unidos II, Ed. Akal, Madrid 2012, pp. 973


http://neokunst.wordpress.com/2014/11/21/t-men-brigada-suicida-1947/
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El planificador y la sauna
Como otras de la época que ensalzan la labor de la policía contra el crimen, se presenta un caso como de un documental se tratase, poniendo primero al día al espectador sobre departamentos, estadísticas y demás, y luego al pasar al ejemplo del método de actuación, Anthony Mann se encarga de hacerlo al más depurado estilo del cine negro. La policía del Departamento del Tesoro (aquí el equivalente serían los agentes del Servicio de Vigilancia Aduanera del Ministerio de Hacienda), nos hacen ver que resuelven más casos que ninguno (el más famoso el de Al Capone) y en éste, en concreto, se van a ocupar de una red de expertos y escurridizos falsificadores. Por citar un ejemplo de la misma temática se me ocurre nombrar la también muy interesante: Atrapado (1949).

El Departamento utilizará a un par de infiltrados y, como americana que es la película, la finalidad será ensalzar la abnegación de sus agentes en pos del deber y rendirles debido homenaje. En estas artes de la infiltración se juega uno la vida, no hay nada que más cabree a un mafioso que un infiltrado y el director se encarga perfectamente de mostrárnoslo, con gente como el duro Charles McGraw e imágenes de la habitación donde se esconden con una perspectiva asombrosa: primer personaje en la cama, el otro en la puerta y el del fondo en el baño. Además de otras como las del Planificador en la sauna, que a pesar de lo aficionado que es a los baños turcos, va dejando siempre un rastro de olor característico, y más para un sabueso.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Que pena....
Que pena que una película con tan buenos mimbres en su interior esté glorificada a la propaganda más pueril posible, ensalzar las fuerzas del orden americano, en éste caso el departamento del Tesoro.
Sólo imaginarme ver esta película sin la absurda voz en off que baña todo su metraje me haría estremer de placer y haría subir muchos enteros la nota que le he puesto, pues contiene no pocas dosis del buen hacer hollywoodiense, destacando por encima de todas ellas la labor fotográfica de John Alton un auténtico maestro del blanco y negro, con composiciones de cámara verdaderamente arriesgadas. (ojalá Rodriguez hubiera tenido el atrevimiento con su Sin City de hacerlo en imagen real para que todos hubieramos disfrutado con un diseño artístico increíble y de paso homenajear a los grandes maestros de la fotografía en blanco y negro como Alton... pero claro eso cuesta mucho más caro que la dichosa pantallita verde).
En fin una buena película que hubiera alcanzado el rango de obra maestra si no fuera por el maldito mensaje que nos intenta vender.
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10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Amor a la patria... y a la placa...
El interés de esta película es saber cómo se movía en sus inicios Anthony Mann antes de meterle mano al western. Además del nombre propio del director, otros anzuelos que al menos a mí me motivan para tirar para adelante es que es cine negro, estamos en los años cuarenta y a parte de Dennis O'Keefe, el resto de reparto es absolutamente desconocido. Y no está nada mal "La brigada suicida", sobre todo en su inicio, su primera parte, en la que se da mucha más importancia de lo normal en explicar cómo dos policías llegan a infiltrarse en el ambiente de delincuencia que presenta la película. La mayoría de historias que tratan sobre policía infiltrada no ofrecen estos detalles, se limitan a señalar que hay un agente metido en el ajo y listo. En "La brigada suicida" nos presentan un plan, vemos cómo tienen que ir a la biblioteca para informarse de dónde se tienen que meter y vemos cómo ensayan sus papeles. Esa preparación es sublime.

Otra cosa es cuestionar hasta su conducta, tener delante una historia de valientes y no ser capaz de entenderla. Porque ser poli es un trabajo, te pagan por ello. Pero infiltrarse en una banda de falsificadores sabiendo que si te pillan vas a acabar en el fondo de la bahía de la ciudad, pues eso para mí es incomprensible. No es que defienda el mal, es sólo que la policía tan inquebrantable, tan justa y devota, pues no me cuadra. Son capaces de dar la vida por la placa, por la patria. ¿La película es buena?; desde luego, más seguramente de la nota que yo le pongo, merece más. El tono documental me parece muy acertado y al menos a mí la voz en off no me ha molestado en absoluto. Sin embargo el tufillo patriotero, eso de darlo todo ciegamente por el bien, no me gusta demasiado. Es una apología hija de su época.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
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