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9
Comedia negra
Octavo largometraje de Charles Chaplin, en el que interviene como guionista, director, productor, compositor de la música y protagonista. El guión desarrolla una idea de Orson Welles, basada en hechos reales. Se rueda a partir de mayo de 1946, en escenarios naturales de CA (Big Bear Lake y Lake Arrowhead) y en los platós de los Chaplin Studios (Hollywood). Es nominado a un Oscar (guión original). Producido por Chaplin para la UA, se estrena el 11-IV-1947 (NYC).

La acción tiene lugar en Francia entre 1932 y 1937. Henri Verdoux (Chaplin), tras 35 años de trabajo como cajero de una oficina bancaria, es despedido (1932) a causa de la Depresión. Para poder atender a su esposa paralítica, Mona (Correll), y a su hijo único, decide dedicarse a una ocupación que le obliga a viajar con frecuencia.

El film suma comedia negra y drama. Con motivo de su estreno obtiene una acogida fría por parte del público y suscita apasionadas descalificaciones de los sectores más conservadores de la sociedad americana. También la crítica le es adversa. Se convierte en la obra más discutida, criticada e incomprendida de Chaplin. El paso del tiempo y la superación de algunos prejuicios permiten descubrir la fuerza y solidez de la cinta.

La película critica la concepción matriarcal de la sociedad americana y la atribución que se establece de papel capital al dinero. Ganarlo es el objetivo principal de la vida humana, el primer centro de interés y el móvil de la acción individual y colectiva. El éxito y el fracaso se miden en términos del dinero ganado o perdido. La doble crítica de Chaplin no agrada a un público poco dado a la relativización y la autocrítica. Hacia el final, el film deviene un alegato pacifista: denuncia el belicismo, la guerra, los negocios de la guerra y los que se enriquecen con ella. La proximidad de la IIGM (1939-45) y las heridas que el conflicto había dejado abiertas hacen que el gran público no se sienta cómodo con las propuestas del realizador.

El relato se inspira en Henry Desiré Landrú (1869-1922), francés, que murió en la guillotina por el asesinato de 10 mujeres. Son escenas destacadas la de la oruga que Verdoux retira del camino para no pisarla, la de la barca en el lago con Annabelle Bonheur (Raye), el encuentro con la amiga de Thelma y los emotivos planos finales. La narración es sobria y fluida. Se sirve de una voz en "off", la del narrador, salida de la tumba de Verdoux (1880-1937).

La música, de Chaplin, corresponde a una partitura original desenfadada y festiva, que subraya con profundidad los momentos dramáticos. La fotografía, de Roland Totheroh, crea composiciones de excelente dibujo, mueve la cámara pausadamente y con precisión, hace uso frecuente de "zooms" de aproximación y deja la cámara inmóvil en el plano final. Notable interpretación de Chaplin y del cuadro principal de actores.
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61 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una de las mejores de Chaplin (9.2)
Chaplin demostró que sabía hacer algo más que chistes mudos y que su repertorio iba más allá del famoso vagabundo. Aprovechó una idea de Orson Welles para elaborar esta elegante y sarcástica película en la que se ofrece una nueva visión del asesino.
Sigue siendo bastante fiel a su estilo. Hay momentos de ternura, dos o tres gags visuales (graciosísimos los de la barca y la boda) y un claro alegato final en contra de la pena de muerte.

Injustamente olvidada.
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60 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un asesino atípico
¿Puede el Charlot de “El chico”, “El circo” o “Luces de ciudad” ser un asesino? ¿Puede una persona tan pegada a un disfraz, convertirse en un barbazul sin rencores?

Este pudiera ser el mayor dilema que encontraron los espectadores al toparse de repente con un Chaplin que no entendían. Esteriotipado como pocos, Chaplin decide romper a lo bestia con este papel lleno de humor negro y con planteamientos filosóficos sobre hacia donde deriva la culpa.

Chaplin ofrece una lección de buen cine. Una historia nada sencilla pero que sabe contar con naturalidad y con un ritmo perfecto. La combinación de ternura que muestra con su mujer (la de toda la vida) e hijo y una inquina hacia un mundo que se le ha mostrado huraño y traicionero.
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38 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Monsieur Chaplin
1947, Charles Chaplin ya era reconocido como unos de los grandes directores y actores en el mundo del cine, obras como El gran dictador (1940), Tiempos modernos (1936) o La quimera de oro (1925) servían como un entretenimiento para el gran público y como un alegato a la moralidad del pueblo, es decir, verdaderas fábulas fílmicas. Si bien es cierto, que el gran dictador, ya le había servido a Chaplin sus primeras criticas por abordar un retrato tan delicado como era el del nazismo en aquellos años. Estas criticas solo servirían como una pequeña antesala frente al aluvión de ataques y censuras que tendrían lugar tras el estreno de Monsieur Verdoux; una película que cosecharía malos resultados en taquilla y que no contaría con el apoyo de la critica.

Técnicamente brillante, Charles vuelve a llevar a cabo un ejercicio de buen cine. Los encuadres son manejados con brillantez, la fotografía magnífica también, y algunos contraluces alcanzan cotas de esplendida calidad. Ciertas escenas de la película son ya parte viva del celuloide, el camino final del protagonista hacia su ejecución refleja de manera impasible, cual ha sido el inevitable destino de Verdoux. Los saltos temporales con sus correspondientes fundidos son al igual que los demás rasgos del film excepcionales, sirva como ejemplo el cambio noche-día cuando Henri asesina a una de sus esposas, muy bien llevado por el propio Chaplin. En el reparto, nos encontramos de nuevo a Chaplin, sin duda el pilar básico de la historia, aunque, ayudado eso si, por unos secundarios de gran solidez: Mady Correll, Allison Roddan, Martha Raye… La música del polifacético director, resulta elegante y adecuada, reforzando momentos de gran dramatismo como la ya nombrada escena final.

En resumen viendo esta película, el espectador se va a encontrar frente a una carnal y sentida historia perfectamente retratada por el mago del cine, Charles Chaplin. Es una lastima, el vago recuerdo que el gran público tiene de esta genial obra.
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33 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"Los números santifican"
Excepcional y tristemente olvidado film de Chaplin. El genio da un vuelco a lo que hasta entonces era su obra, dejando a un lado las comedias alegres y sentimentales (aunque siempre con su punto de tristeza y tragedia, además de crítica) para realizar este inigualable alegato a cerca de la sociedad capitalista americana y su brutalidad, la crítica a todo un sistema y una sociedad que se puede resumir en esta memorable cita extraída de la película y que por tanto no se si debería ir en el *SPOILER* "Un asesinato te convierte en un villano, matar a miles de personas en un héroe, los números santifican".
Esta terrible frase es casi con toda seguridad la frase más horrible lanzada contra una sociedad. Esto enfureció mucho a los americanos, quienes le acabarían echando de su país pocos años después tras realizar la inolvidable 'candilejas'. El mundo no respondió con gran entusiasmo a esta formidable obra, tal vez no estuviera preparado para mirar a la muerte cara a cara y sonreír, y es que Monsieur Verdoux es, como adelantaba su frase promacional 'una comedia de asesinatos', negrísima. Casi podría decirse que Chaplin inventó éste género tal y como lo conocemos hoy. Muy criticada en su tiempo, pero que con los años, ha conseguido consolidarse como una brillantísima y excepcional obra que perdurará siempre como la mayor crítica vertida sobre una sociedad en la historia del cine. la pena de muerte también es tratada al final de la película. Con situaciones realmente divertidas (y otras llenas de auténtico suspense), encuadres extraordinarios (si esque el tipo era perfecto, hay que ver que dominio de la técnica...), interpretaciones memorables, y una buena música a cargo suyo, como no, Chaplin consigue completar un ejercicio cinematográfico esplendoroso y redondo donde no falla nada. Imprescindible lección de cine.
PD: la idea parte de una primera idea del gran orson welles de hacer una especie de documental con Chaplin de protagonista sobre la vida del tipo francés en el que está basada la peli, no recuerdo su nombre. A Chaplin le encantó la historia y la compró, la adaptó a su modo, para escribirla y dirigirla dándole su particular toque de humor.
PD 2: En la última escena del film, deja de ser el entrañable y misterioso asesino filósofo para convertirse de nuevo y por última vez en su mítico y más entrañable aún, personaje de Charlot, el pequeño vagabundo.
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32 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Déssiré Landru
Mucha gente piensa que esta historia es parte de la imaginación de algún dramaturgo. Lamentablemente no es así. Es parte de la verdadera vida de un psicópata francés de principios de siglo. Y que Chaplin suaviza con su estilo las andanzas de este monstruo. Estoy de acuerdo en que Charles Chaplin no esta en su mejor salsa y da patadas de ahogado ante el cine sonoro. Pero indudablemente es un filme de calidad. Tal vez los fans de Chaplin se decepcionan y hacen mal en compararla con “El gran dictador”
Generalmente los asesinos seriales muestran dos facetas totalmente distintas. La casi bondad por un lado y la mas terrible crueldad por otro. Nadie en este mundo en su sano juicio entenderá la mente atormentada de bestias como Landru. Pero si, la de Chaplin arriesgándose en papeles que no le van. Y saliendo bien airado.
Siento que el comediante muchas veces se sintió arrastrado por la vorágine y el cine le dio la oportunidad de hacer catarsis y expulsar el mal que estaba dentro de él, el cual lo convirtió en un gran solitario, como ya he dicho en otra crítica.
En hora buena hijo prodigo del cine de todos los tiempos. Mi querido Chaplin, que regresas a al género que te vió nacer; aunque imaginabas que no era el fin de los chacales de la humanidad.
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Barba Azul
Chaplin ya había enterrado en "El gran dictador" a aquel pequeño y enorme personaje que fue Charlot. Uno de los más tiernos, románticos, cómicos, desgarradores y sutilmente críticos que han atravesado las pantallas, y de esos que el público recuerda década tras década, generación tras generación. Si el cine tiene para mí un símbolo inconfundible, ese símbolo es Charlot. Ya ronda los ochenta años desde que su silueta con bombín, bigotito, traje gastado, andares patosos y bastón apareciera por primera vez. Y sigue tan fresco como entonces.
Chaplin era un artista de múltiples cualidades, y no fue de los que se quedan encallados en un papel. Cierto que no volvería a brillar como en su etapa de cine mudo y comienzos del sonoro, pero encontró la tecla para seguir adelante, conservando esos rasgos de genialidad que lo distinguirían hasta la actualidad.
De nuevo Chaplin da forma y protagoniza una ácida y negrísima crítica humorística, en esta comedia peculiar con el telón de fondo de una punzante amargura. La piedra es lanzada otra vez contra los ritmos deshumanizadores de la civilización, y la esclavitud al dinero.
Henri Verdoux, ese “Barba Azul” que podría haber salido del tétrico cuento de Perrault, es la consecuencia de unas obsesiones inalcanzables de triunfo existencial: la prosperidad económica, la preponderancia social, el bienestar. La sujeción al tren materialista que nos dicta que el buen tono, la clase y la felicidad sólo son posibles si se alcanza una posición elevada en la escala de valores de la Trinidad: riqueza-prestigo-poder.
Verdoux es el paradigma. Ex-empleado de banca, casado y padre. El representante idóneo de la clase media que aspira para él y su familia a un puesto de cierto privilegio simplemente para no ser señalados por el severo dedo de la censura. Pero algo falló. A finales de los años veinte, la economía flotante hundió la banca a nivel mundial. Las quiebras y las bancarrotas se sucedieron en una oleada brutal, dejando millones de desempleados crónicos y reduciendo a la pobreza a montones de desafortunados. Y convirtiendo en más pobres si cabe a los que ya lo eran.
Verdoux se vio afectado por el crack.
Desesperado, sólo pudo ver una salida a su peliaguda situación. Tal vez enloquecido por el caos que se había instalado en su vida, tal vez resentido hacia un sistema que no se compadece de los que pierden el paso, y sobre todo encadenado por unas normas que exigen que las apariencias lo son todo. Por ello, en lugar de dirigirse francamente a su familia y explicarles lo que había, y buscar junto a ellos una manera de salir de los apuros, Verdoux tomó su determinación en solitario.
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El bondadoso asesino.
Esta es sin duda una de las películas menos recordadas de Chaplin, si alguien tiene en su videoteca una colección de las películas de este genio, seguramente le faltará ésta, pero el que esté olvidada por muchos no significa que sea mala sino todo lo contrario.

La película es notable desde muchos puntos de vista, Chaplin interpreta de forma magistral a un despiadado pero a la vez bondadoso asesino, y es que uno ve por la calle a este hombre tan cuidadoso en su aspecto, tan cariñoso con los animales, tan correcto y fino en su trato y que hasta se da el lujo de ser caritativo, que jamás esperarías que pudiera matar a alguien, pero triste realidad, mata, asesina, traiciona, roba, y todo para que: pues para mantener con bien a su inválida esposa y a su pequeño hijo, todas estas sin duda son actitudes contrastantes que solo a un genio como Chaplin pudieron habérsele ocurrido.

La dirección es sensacional, el guión es muy bueno y el final es lógico y coherente (spoiler)
para redondear una gran película, otra más de este icono del cine mundial.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
“Estoy en paz con Dios, mis conflictos son con los hombres
Chaplin, habiendo caracterizado siempre la bondad, nos deleita con esta fabulosa comedia negra (basada en hechos reales) en la que protagoniza a Henri Verdoux, un cajero de un banco que, tras ser despedido durante la depresión comienza su carrera en un nuevo “negocio” seduciendo, robando y asesinando a mujeres ricas con el fin de llevar una vida acomodada y mantener a su mujer y a su hijo.

Y Chaplin hace una reflexión sobre la moral, la vida y los medios para sobrevivir; nos enseña que no hay bien sin mal; critica la justicia, la sociedad, la economía, la guerra, la pena de muerte e incluso a la mujer… y luego nos deja sin moraleja.

“-¿Que va usted a hacer?
-Ahora voy a cumplir mi destino”

Inolvidable obra maestra.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Ensayo sobre el bien y el mal.
En esta película asistimos al asesinato de Charlot, este Verdoux que presenta Chaplin es un personaje fascinante, a ratos puede parecer un cínico y despreciable asesino, o parecer un ser bondadoso con la gente que quiere o con la gente a la que el considera buena. Lo cierto es que Chaplin demuestra tener muchos registros, no solo como autor total, también como un fantástico actor cosa que acabaría de demostrar en su insuperable actuación en Candilejas.
La historia es inverosímil, cierto, pero esto es cine, me quedo con las reflexiones sobre el bien y el mal, me quedo con el humor negro, y el sabor a clásico que desprende.
Fué una obra incomprendida en su tiempo, Chaplin siempre fué un adelantado, no lo entendieron, mala suerte para ellos.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Contra la inclinada balanza de la mal llamada justicia
-Tienen ante ustedes a un monstruo lleno de crueldad y cinismo –dice el fiscal que juzga a Henri Verdoux, y estirando su largo brazo para señalarlo, exclama- ¡Mírenlo! - Al instante, Verdoux mira hacia atrás creyendo que es a otro a quien señalan.

Una imagen impecable, lúcida, dotada de la conciencia precisa que, los mal llamados jueces, ignoran por completo. Porque ante un hombre común, sin influencias de ningún tipo, sin compromisos políticos y sin poder económico que le favorezca, la “justicia” es implacable y hace cuanta alharaca puede de que sí funciona, para aligerar así su turbia conciencia. Lástima que, con su afán paternalista, Chaplin haya caído enseguida – ¡y otra vez! - en la trampa del discurso con el que niega al espectador, medianamente lúcido, el derecho de sacar sus propias conclusiones.

Pero, cuán válida e imprescindible, es la sustentación argumental con la que da a su personaje ese toque profundamente humano que, por entendimiento y no por deber ser, nos induce luego a la tolerancia. Esa esencia primigenia que brota en la escena con la adorable chica (Marilyn Nash) a la que quiere usar como conejillo de indias. Esa aceptación estoica de la derrota cada vez que siente que el universo pone un obstáculo a sus intenciones. O ese acceso final al entendimiento de dar libre paso a lo indefectible -todo muy bien trazado desde lo puramente estético-, hace de “MONSIEUR VERDOUX” una obra cinematográfica digna de una gran acogida.

Los conflictos políticos que generó y la repulsa que le hicieron en algunos lugares, tan sólo daba cuenta de rancios reproches y del efugio patriotero que albergaban ciertas sociedades. Pero, ¡cuanta dolorosa verdad hay en sus frases!:

La chica: -Me casé con un fabricante de municiones.
Verdoux: -Creo que debí dedicarme a eso.
La chica: -Sí, pronto va a dar grandes dividendos.

“Por un asesinato se es un villano, por miles se es un héroe. Los números santifican”.

Un buen elenco, en el que sobresale por su descocada gracia la comediante Martha Raye (Annabella), acompaña este sobresaliente filme, donde desaparecía Charlot, para dar paso a un hombre que por fin aceptó hablar y que tenía unas cuantas cosas que decir.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
No pega
No todo lo que lleve la marca Chaplin tiene que ser, por esa simple razón nominal, excelente. De vez en cuando también dormita Chaplin, que decían los antiguos de Homero, el inmenso creador. Si en los títulos de crédito hubiera constado como director un tal fulanito de cual la gente diría: es simpática, está bien hecha, pero no deja de ser de una sentimentalidad facilona. La sentimentalidad es el fuerte de Chaplin en lo mudo, donde el silencio impone a la narración un esquematismo mayor, pero el lenguaje del sonoro requiere matices más sútiles.
El cinismo del film (especialmente al final) le sienta bien a la idea de Orson Wells, prima hermana del discurso de la Noria de El tercer hombre, pero aquí no pega con la figura de Chaplin. Uno no puede ser un abnegado padre de familia, un salvador de orugas a punto de ser papilla de zapato, y pretender que el público se trague que trata la muerte y extorsión de señoras maduras como un negocio.
La película es tramposa, que le vamos a hacer, y el cinismo nunca casará bien con la ternura.
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12 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un cómico asesino.
Basada en los crímenes de un particular "barbazul" francés, que durante el s. XIX se dedicaba a casarse con adineradas damas para después misteriosamente enviudar un vez tras otra, Chaplin nos lega esta comedia, demostrando con ello, que no solo es un excelente director de cine mudo.
La idea original era de Orson Welles (de ahí a que este se mencione en los créditos), el cual quería hacer un falso documental sobre los hechos, con Chaplin como actor, pero a Charlie le gustó tanto la idea que le compro la historia.
Chaplin crea una imagen gentil de su asesino (interpretado por el mismo), que pese a los hechos en el fondo tiene buen corazón, como acaba demostrado al final, lo que provoca que sintamos compasión por un personaje solitario que intenta subsistir, eso si con un método reprobable.
Film que en su época no tuvo mucho éxito, pero que, como los buenos vinos, ha sabido madurar para convertirse en una de las grandes obras en la filmografía del autor.
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Sin bastón ni bombín mataré por amor.
Apenas llega a ser discutible el que Chaplin haya creado el icono más relevante del séptimo arte. Su vagabundo tierno y cándido, romántico e idealista trasciende y permanece en la memoria colectiva a la vez que sigue atrapando nuevos corazones de generación en generación. Su importancia radica en la universalidad de la propuesta, donde tienen siempre cabida los buenos sentimientos y el amor como leif motiv de nuestros actos. Además sabía y prefería utilizar Chaplin de modo hábil y preciso la tragicomedia para abarcar el mayor número de situaciones posibles, abriéndose un extenso abanico de posibilidades a retratar.

El vagabundo nos acompañó en una serie de cortos y películas inolvidables y comenzó su despedida en El Gran Dictador donde seguía siendo él aunque fuera a través de un barbero judío excombatiente de la primera gran guerra. Sin embargo decidió Charles Chaplin hacerle frente al cine sonoro de una vez por todas despidiéndose de su hasta entonces inseparable alter-ego elaborando una película que rompía totalmente con su pasado, brusca y atrevida, con un humor totalmente nuevo que casi podíamos describir como contrario a lo que hasta entonces había sido su ideario. Monsieur Verdoux nace probablemente de un Chaplin enfadado en ese momento con demasiadas cosas y la primera vez que te enfrentas a ella desconcierta no ya por su temática y contenido si no por venir de quien viene.

Comedia negra sobre un asesino en serie que tiene a su vez una base real, Monsieur Verdoux nos presenta a un Barba Azul de traje impoluto y lengua lisonjera que viaja de un sitio a otro, engatusando a mujeres de mediana edad con su palabrería, para luego asesinarlas y quedarse con su fortuna. Todo ello plagado de situaciones cómicas a veces dialogadas y otras utilizando aún recursos propios del cine mudo. Viene acompañada además de un final si cabe más extraño que el propio argumento en sí, pues Chaplin realiza una serie de afirmaciones cuanto menos curiosas. y no del todo compatibles con el memorable discurso que cerraba El Gran Dictador. Puede entenderse como un alegato en contra de la pena de muerte pero realizado a base de disertaciones donde se denota una cierta ambigüedad.

Porque en realidad Chaplin muestra muchas caras diferentes en este film siendo sin duda la más escalofriante por hermosa a la par que dura y trasgresora, esta vez con el personaje de Verdoux y no con su obra, la que le muestra regresando a su hogar entre crimen y crimen para volver al lado de su hijo y de su esposa invalida, en unas imágenes de enorme belleza y simbolismo, como si en realidad quisiera decirnos, miradme soy Chaplin y aunque ahora me dedique al asesinato, mis ideales no han cambiado demasiado, pues mis crímenes son llevados a cabo única y exclusivamente por amor.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Chaplin y su chantaje sentimentaloide.
Como no vamos a sentir simpatía por un tipo que cuida de su pobre mujer postrada en una silla de ruedas, aunque el tipo se dedique a mandar al otro barrio a mujeres y quedarse con la pasta. Pasta que usa para mantener a su esposa y a su hijo, que solo falta que este fuese ciego para alcanzar cotas de sentimentalismo dignas de Capra o de las películas del tándem Marisol-Joselito.

Después suelta ya un discursito un poco más alejado de sentimentalismos y que tira por echarle la culpa a una sociedad deshumanizada que empuja a cometer malas acciones como metodo de defensa personal. Pues vale, quien no mataría (glup) o haría todo lo posible para mantener a su familia. Corona el discurso con otra excusa de manual: yo solo usaba mi cerebro, me monté mi propio negocio (discurso que parece sacado de un narco recién detenido).

Chaplin borda el personaje de Monsieur Verdoux, con su amaneramiento, sus buenos modales estudiados hasta el extremo y su galantería empalagosa que conquista a las damiselas. Muchos de sus gestos y muecas son sin duda prestados de su Charlot, al que lleva pegado a la piel irremediablemente.

Lo mas divertido de la cinta es la precisión milimétrica que sigue para engañar a varias mujeres a la vez haciéndose pasar por diferentes personas y sus intentos de aniquilar a la suertuda dama de toscos modales a la que le tocó la lotería.

Y un acierto insertar imágenes reales de Hitler y Mussolini para ilustrar una sociedad europea que se iba al garete empujada por la crisis financiera y que se convertía en el caldo de cultivo ideal para estos siniestros personajes.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una comedia negra muy inteligente.
Está claro que aquí Chaplin enterró a Charlot pero me atrevería ha decir que no por completo, lo que está claro que esto sigue siendo Chaplin.
Chaplin vuelve a sus comedias pero esta es ahora áspera y muy negra a pesar de que no se vea ninguna escena de violencia, los actos de este oscuro personaje son bastante oscuros.
Chaplin recurre a un personaje real para basar su siguiente historia y su siguiente crítica fundada, claro está en lo humano.
Chaplin se centra en los actos de Henri Verdoux para su siguiente historia, un asesino en serie que justifica sus actos criminales.
Una obra muy controvertida de Chaplin, una más, él siempre arriesgaba para contar la verdad y aquí lo hace aunque esta duela.
Chaplin entierra a Charlot pero la vestimenta que utiliza Chaplin sigue siendo un tanto parecida a su icono, los movimientos e incluso el bastón y sombrero siguen recordando a su inolvidable Charlot.
La película presenta unas escenas de comedia que en el fondo llevan un fondo criminal y así está el primer logro de Chaplin, una comedia negra.
Chaplin cuida cada escena, cada movimiento y cada diálogo de sus actores para que la película posea un ritmo constante y nunca aburrido.
Sigo en la siguiente parte ya que hablaré del argumento al mismo tiempo que analizo la película.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Las dos caras de la misma moneda
Se puede ver Monsieur Verdoux de dos formas: pensando en Charles Chaplin como el protagonista, o pensando en Orson Welles. Y la segunda forma ofrece una visión del film mucho menos halagatoria.

Lo primero es dejar claro lo obvio, Monsieur Verdoux es un film logrado, con un protagonista de talento (de mucho talento), con una trama interesante y al que solo se le echa en cara que dos horas son muchas para una obra de Chaplin.

Dicho esto, toca elucubrar. Estoy seguro de no ser el único al que le choca bastante que un asesino sanguinario como Verdoux haga en algunas escenas el payaso..., es decir, haga de Charlot.
Y cuando uno conoce los argumentos pre-grabación, entiende bastantes cosas. Entiendo que con semejante trama este era un papel para Welles: un mujeriego asesino, un barbazul, un sádico manipulador.

Al igual que es obvio el nivel del film, es obvio que partes del carácter de Verdoux le vienen algo grandes a Chaplin, simplemente porque no da el perfil.
En consecuencia queda una buena película, con un gran guión y un sospechoso tufillo.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Eramos así
El tema de el pez grande se come al pez chico subyace en esta película.
La crisis lo saca a el del mundo del empleo formal y el se auto-emplea esquilmando a mujeres de clase media de ese tiempo, cuando la situación social lo golpea más, puede ser apresado.
Finalmente el alegato pacifista y moralizante.
Todo redondo, pero cuadrado.
Esta obra es muy buena para su época.
En la actualidad estos temas se tratan con otro vuelo, otra adrenalina.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Chaplin no deja de somprenderme
Es una obra maestra, digan lo que digan. Qué queréis que os diga a mí me ha encantado... Es la tercera película de él que veo y no deja de sorprenderme. Es un genio y punto, haga lo que haga le sale bien! Lo admiro muchísimo y todavía me quedan muchas películas por ver, pero hasta ahora, todas me parecen perfectas.
Esta película, además, es muy original, se sale de lo normal, ya que en sus otras películas suele estar caracterizado como el vagabundo Charlot (lo cual no es malo), y no son nada que se salga de lo normal en cuanto a temática, propia de él. Sin embargo esta es diferente, ya que mezcla comedia con asesinatos, que para nada es fácil, porque si es una película sobre un asesino lo lógico es que no tenga ninguna gracia, no obstante ésta tiene momentos realmente graciosos a lo largo de casi toda la película.
En mi opinión, una obra imprescindible del extraordinario Charles Chaplin.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Simpático cabroncete
No soy nada seguidor de Chaplin y me lo suelo pensar mucho antes de ponerme delante de cualquier película de las suyas, como es el caso de este atípico "Monsieur Verdoux", película en la que aparece su nombre en casi todos los títulos de crédito, vamos, que como es habitual ha hecho de todo, no sólo es el protagonista. Eso sí, realmente lo que nos interesa a todos al fin y al cabo es que aparece él y lo hace bien, lo que interesa es que sea una buena película de verdad, como es este caso, y que incluso los poco seguidores como yo podemos reconocer que se trata de un largometraje muy bueno de principio a fin.

He leído que fue el primer paso que decidió dar para abandonar definitivamente su encasillamiento como vagabundo graciosillo, para dejar atrás al Charlot que todo el mundo conoce. Yo desde aquí y más de medio siglo después aplaudo esa escapada para adelante, el cine ganó con cositas como este raro asesino en serie, encantador y lamentable a la vez. No me extraña que no fuera bien acogida esta sátira en los USA del momento, Chaplin fue en muchas cosas un adelantado y el humor negro que aquí desprende no es para todos, pero lo que entiendo que es más indigerible, y precisamente es lo que más me gusta a mí, es la parte crítica con el absurdo sistema capitalista y la denuncia final contra la pena de muerte. Y es que de este hombre siempre se pueden extraer grandes momentos, yo me quedo con su reflexivo personaje en los últimos quince minutos, con las escenas en el barco y en la boda, con una actuación a su estilo, exagerada y brillante. Lo confieso, no siendo un seguidor suyo, soy capaz de verbalizar que era bueno, muy bueno.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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