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7
Los muchachos del ferrocarril (6.9)
Una especie de ficción con vocación documental –aunque por aquel entonces este término ni existiría– que narra, con el sentido del espectáculo de John Ford –amor, humor (¡atención a la versión americana de nuestros "juicios rápidos"!), venganzas, indios, peleas y compañerismo–, algunas de las vicisitudes que acontecieron el tendido de la primera red ferroviaria transcontinental en Estados Unidos (1860-1869).

Aunque Ford se desenvuelve bien sin sonido (porque tenía mucho talento el tío), se nota a la legua que es un director sonoro. Comparen esta película con las de Chaplin o Keaton, y verán que el uso de textos es muchísimo mayor, y que la mímica se aprovecha mucho menos.
Precisamente el mayor inconveniente de "El caballo de hierro" es su excesiva duración. En una película muda, cuanto más quieras contar con palabras, más títulos aclaratorios tendrás que poner; y eso se traduce en más metraje, claro.

Muy interesante. Además de entretenida, educativa.
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
AL OESTE Y EN PRIMERA CON JOHN FORD
Creo que muy pocos aficionados pueden decir honestamente que conocen la obra de John Ford; sí se puede dominar su filmografía sonora, pero el resto... esa interminable ristra de filmes que se pierden en la noche del tiempo, cuando casi todos los planos eran fijos y las voces (no la música) inexistentes, siguen siendo un gran misterio para la mayoría.

Y esto tiene su importancia, porque la gran maestría narrativa y cinematográfica de Ford se desarrolló a lo largo de todos aquellos años del cine mudo, hasta el punto de que esta película puede considerarse ya una obra de madurez, un clásico, pues su autor, con apenas veintinueve años por entonces, llevaba a sus espaldas 39 largos, y unos cuantos cortos y medios más. Por lo tanto, en esta su cuadragésima realización, Ford demuestra ya un saber hacer y un dominio de los temas y el estilo muy notables, circunstancia que hace que el filme sea muy reconocible para sus seguidores, entre los que me cuento.

La película tiene un tono épico e histórico, pero sabiamente canalizado y humanizado por medio de los característicos personajes fordianos, que encarnan siempre la tenacidad ante las dificultades, así como el espíritu emprendedor de los pioneros, capaz de vencer todos los peligros en pos de la consecución de ese sueño de libertad y progreso que encarna el Oeste. Aunque existen unos protagonistas claramente marcados, Ford concede máxima importancia a los colectivos que hacen posible la línea férrea, ya sean inmigrantes europeos (irlandeses, italianos) o chinos; los personajes más cómicos del filme se encuentran aquí, con ese trío que conforman sargento, cabo y soldado, en el que podemos reconocer los arquetipos clásicos que tantas veces empleará Ford en sus obras posteriores. La película incluye también a los vaqueros, los indios y las mujeres, y plasma todos los momentos clásicos que caracterizan un Western, como las peleas de Saloon, los duelos, los ataques indios, la lenta pero incansable construcción de las vías, las cabalgadas a través de inmensos espacios, etc. También se mezclan, con pasmosa facilidad, fragmentos épicos, humorísticos y dramáticos, todos ellos bien resueltos, y sabiamente intercalados.

Leo que a algunos usuarios se les hace larga, quizás por cierta sobreabundancia de intertítulos; en efecto, el dominio del cine mudo de Ford, pese a ser considerable, no alcanza la excelencia de un Murnau o un Eisenstein, que no precisaban palabras para expresar todas las emociones posibles. No obstante, a mí no se me ha hecho pesada en ningún momento, y encuentro que es una obra muy ambiciosa, llena de momentos estupendos. Continúa en spoiler.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El nacimiento de una nación.
32(20/01/09) Buena cinta del Gran John Ford, con más valor en su faceta de documento histórico que en su in sustancial y previsible historia de amor. El film lo que realmente nos relata es el nacimiento de una nación que se desangraba por la guerra civil, pero que se unió por los raíles del tren. “El Caballo de Hierro” nos Lo que nos describe es la épica creación de una vía ferrocarril que uniera el Este con el Oeste de U.S.A., una obra colosal, con multitud de dificultades, con pueblos creados y abandonados en un plis-plas, donde la justicia se ejercía en las tabernas en medio de trifulcas, la llegada de trabajadores chinos, como abastecían de comida a estos obreros con búfalos, cazados entre otros por "Bufalo Bill", y como aún así faltaba comida, tenían que traer manadas de vacas desde miles de millas, las carreras entre los trabajadores del Central Pacific (Este) y el Western Pacific (Oeste) para realizar más millas los de un lado que el otro y por supuesto las clásicas batallitas contra los Indios. El film lleva el sello John Ford en multitud de secuencias, en lo entretenido que resulta, en las tomas del mítico Monument Valley, en la camaradería entre amigos, lo bien rodadas que están las secuencias de tiroteos entre los indios y los trabajadores del ferrocarril, ya se empezaba a vislumbrar lo que en años posteriores nos obsequiaría el magnífico director irlandés. Recomendable a los que gusten de cine mudo de aventuras con trasfondo histórico. Fuerza y honor!!!
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Epopeya histórica.
“El caballo de hierro” es el film silente más recordado de John Ford, el nombre poético en sentido figurado del ferrocarril, símbolo de progreso y civilización del siglo XIX. “El caballo de hierro” fue la respuesta rápida y contundente de la Fox al éxito de “La caravana de Oregón”, producida un año antes por la Paramount. El magnate William Fox tiró la casa por la ventana y le dio a John Ford, que nunca antes había contado con tantos medios (5.000 figurantes, 1.300 bisontes, 2.000 caballos, 10.000 cabezas de ganado y un par de locomotoras auténticas), carta blanca para que evocara de la manera más épica posible la construcción del primer tendido ferroviario transcontinental, en el arco temporal comprendido entre los años 1863 y 1869.

A partir de la pugna que se establece entre las compañías Union Pacific y Central Pacific, con el aderezo obligatorio de una historia sentimental protagonizada por Dave Brandon (George O´Brian) y Miriam Marsh (Madge Bellamy), antigua novia de adolescencia a la que Brandon declara su amor mientras busca al asesino de su padre y trabaja en el abastecimiento de los obreros ferroviarios. Pero el director supo nadar eficazmente entre dos aguas: la del superespectáculo que le demandaba el productor y la de su propio concepto del western. Al parecer el gran equipo de rodaje tuvo muchas dificultades por la meteorología, soportando temperaturas de 25 grados bajo cero en el estado de Nevada, lugar del rodaje en el invierno de 1924. Puede ser que la película tenga ese tono ambivalente, improvisado a pesar de que se vislumbre una cuidadosa producción y una dirección tan certera como exclusivamente supeditada a la grandeza del tema, debido a las dificultades intrínsecas del rodaje.

Porque “El caballo de hierro”, que está bien resuelta, no alcanza las cotas inventivas de otros films del cineasta en la misma época muda. Pues oscila entre el sentimiento del espectáculo tradicional y el distanciamiento, recubierto de cierta socarronería a la hora de tratar la gesta épica. La presencia de los tres viejos borrachines de ascendencia irlandesa, naturalmente, viene a agilizar los pasajes más farragosos de la titánica empresa ferroviaria; de la misma forma que resulta bien patente del tono casi caricaturesco que Ford quiere imprimir en algunas ocasiones. La versión que he tenido la ocasión de ver, está restaurada y disfruta de una estupenda banda sonora creada por John Lanchbery. En definitiva, no es un gran Ford, pero cualquier aficionado al cine debería verla, aunque sólo sea por su valor histórico.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
'Manifest Destiny'
El "Manifest Destiny" era una teoría que justificaba la anexión indiscriminada del territorio estadounidense en aras del progreso. John L. O'Sullivan fue uno de los ideólogos de este movimiento.

Esta película dio un gran prestigio a Ford, por ser un film épico e histórico sobre el nacimiento del ferrocarril que contribuyó al desarrollo del país. Como documental histórico tiene cierto interés pero como película falla porque las tramas de la venganza y la amorosa son bastante flojas.

El metraje final de la cinta es excesivo lo que hace que por momentos se haga bastante pesada.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El jefe va delante
Con 30 años, Ford ya ha realizado unas cincuenta películas, si bien, la mayoría eran en realidad cortos o mediometrajes, y muchas de las cuales han desaparecido. La Fox, para mostrarle su confianza, le pide que realice esta película al estilo épico y que pueda competir con los demás estudios. Nuestro director toma como tema un simbolismo de la unión estadounidense: la construcción del ferrocarril que unirá los territorios de la costa este con la costa oeste. Esta historia le permitirá utilizar muchos de los elementos que caracterizan el western, como los enfrentamientos con los indios, desplazamientos de ganado, una estampida de búfalos, y hasta una pelea en el salón. Ford realiza esta película casi como un documental y no desaprovecha introducir una exaltación de lo americano (él se siente tal, pues aunque hijo de inmigrantes irlandeses ha nacido en los Estados Unidos) e introduce un gran momento para la historia de la nación como es la unión de los dos tramos del ferrocarril, la unión de los tendidos de la Union Pacific y de la Central Pacific. En la película están perfectamente combinadas las secuencias de acción con las más íntimas, y no se recata en introducir durante las escenas de gran dramatismo, ciertos momentos de comicidad. En realidad todo esto constituirá más tarde un sello característico de John Ford. La vigorosa interpretación del protagonista se ve mermada por la melindrosa interpretación de su oponente femenina, al parecer una imposición de la Fox. La película tiene más interés como pieza de museo que en su valor cinematográfico y solo os la recomiendo si estáis dispuestos a revisar la filmografía de Ford, que por cierto aquí ya aparece con el nombre de John Ford.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
“Me llamo John Ford y hago películas del Oeste”
“El caballo de hierro” es sin duda la mejor producción muda de Ford. Detrás de la cámara nos encontramos a un joven cineasta de tan sólo 30 años, hijo de inmigrantes irlandeses, que ya ha dirigido medio centenar de películas aunque jamás haya pilotado un proyecto semejante. Hace muy poco que ha empezado a aparecer en los créditos como John Ford, pues su auténtico nombre es Sean Aloysius O´Fearna (Algunas fuentes sostienen que fue registrado como John Martin Feeney), nacido en una granja de Cape Elizabeth, estado de Maine, un 1 de febrero de 1894, en el seno de una numerosísima familia –trece hermanos -cuyos progenitores proceden de Galway, Irlanda.

La película está dedicada a los constructores del primer enlace transcontinental por ferrocarril, que unió las líneas de la Central Pacific y de la Union Pacific. Los exteriores del film se rodaron en las inmediaciones de Reno, en el estado de Nevada, durante el primer trimestre del año 1924, en unas condiciones muy difíciles y penosas, ya que a menudo la temperatura ambiente descendía hasta los 25 grados centígrados bajo cero, o incluso más, y ni el equipo artístico ni el técnico, que habían venido de la vecina y soleada California, estaban preparados para semejante temperatura, pero precisamente esa dura climatología, soportando incluso furiosas ventiscas, colabora eficazmente al verismo de una cinta que ha llegado hasta nosotros en su versión más abreviada, con 133 minutos de duración, cuando la original llegaba hasta los 160. El trabajo de producción fue excelente, casi cinco mil figurantes llegaron a intervenir en la cinta, y se dice que el director quiso que todos ellos llevasen la misma existencia que los pioneros del Far West.

“El Caballo de Hierro” se beneficia de una gratificante mezcla de estilos, pues aparte de constituir un “Western” con mayúsculas, tras cuya estela transitarían películas como “El Maquinista de la General” (The General, Buster Keaton y Clyde Bruckman, 1926), o “Unión Pacífico” (Union Pacific, Cecil B. De Mille, 1939), participa del melodrama, el género histórico-documental, el cine romántico y la comedia costumbrista, y consigue sobrevivir con nota a semejante macedonia estilística. También atestigua el excelente pulso narrativo de Ford, superando el estatismo de las cámaras de entonces con un montaje muy dinámico y una serie de escenas memorables. En general, todas las secuencias de acción están estupendamente rodadas, pero los interludios cómicos no les van a la zaga, con un tratamiento de los característicos y las situaciones que ya prefigura la particular marca de la casa “Fordiana”. La historia de la construcción del primer ferrocarril americano transcontinental fue el mayor reto al que hasta entonces se había enfrentado Ford y cuenta con el mérito de ser la película más larga filmada por el maestro, pero, con todo, no encontramos tiempos muertos, no hay secuencias de relleno, todo en pro de una combinación de secuencias de muy diverso tono que componen una heterogeneidad muy bien llevada, con un sentido del ritmo y una condensación dramática más que dignas.

A la postre, la película costó cerca de 300.000 dólares de la época, una exorbitante cantidad, pero tras su estreno resultó un gran éxito y recaudó diez veces esa cifra, revelándose como un magnífico negocio. Demostró que los films de “El Oeste” podían ser algo más que un rutinario y barato espectáculo para rellenar programas, y apuntaló la cotización de John Ford dentro de la industria, impulsando la carrera de un cineasta que en el futuro llegaría a conquistar cuatro premios “Oscar” al “Mejor Director”, convirtiéndose con el paso del tiempo, bajo mi humilde opinión, en el más grande entre los grandes de la historia del “Séptimo Arte”.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Documental
Como documental, me parece algo excepcional, por su gran recreación, pero he de decir, que como película me parece de lo más aburrido. Por lo tanto, a ustedes les aconsejo que si lo que quieren es ver como se construyó el ferrocarril en USA, no dejen de verla.
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6 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
una autentica odisea
Despues de ver "Avaricia"de muy larga duración aunque cortada (acerca de una de las opiniones de "the iron horse" por su metraje) y, como de costumbre, pensando que estoy trasladándome en el tiempo a un nikelodeon de 1924-25, presiento que el futuro de Ford era el sonoro con las frases justas y en el silente a no demasiados rótulos. Con la calidad gestual suele bastar. El desarrollo, la complicidad con los actores, la lecturas de sus almas, los momentos divertidos y de que los malos eran los indios marcan la pauta de una película, creo lamentablemente, injustamente olvidada para la gran mayoria pero una perita en dulce para los que rebuscamos en los primeros años del séptimo arte. Recomendable al cien por cien pero con los ojos y la mente de entonces. Ahora si se hiciese una reviuw por los magnates de siempre, quedaría "mu potita" pero no es eso, no es eso.A por ella ¡Mas madera!
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3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
O tren que me leva pola beira do miño (Versión USA)
La película es, ante todo, un mural de la historia de los Estados unidos, centrándose en la construcción de la línea ferroviaria que une la Union Pacific y la Central Pacific. Esto sirve, además, para introducir todos los tópicos, leyendas y verdades que rodearon ese momento: las ciudades que iban construyendo por donde el ferrocarril pasaba, los ataques de los indios a este, el telégrafo, el poni-express, la guerra civil...

También es una historia de buenos y malos, de romance y venganza. Esto sirve para contar una historia ficticia dentro de un marco real, siendo esta la parte menos interesante aunque entretenida.

Mención especial para Los tres mosqueteros, borrachines típicos de las pelis de Ford que ponen el punto cómico a la historia.
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