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8
Drama psicológico con toques de terror y horror
Film independiente, escrito y dirigido por Samuel Fuller. Se rodó en plató con un presupuesto ínfimo. Fue nominado a un Globo de oro y ganó la Espiga de oro de Valladolid. Se estrenó el 11-IX-1963.

La acción tiene lugar en EEUU, en la sede del diario "Daily Globe" y en el interior de un centro psiquiátrico, durante varios meses, en 1962/63. Narra la historia de John Barret (Peter Breck), de 30 años, periodista ambicioso, casado con Cathy (Constance Towers), que desea conseguir el premio Pulitzer. Acepta la misión de fingir una enfermedad mental, apoyado por el doctor Fong (Philip Ahn), para ingresar en un manicomio en el que se produjo el asesinato del paciente Sloan, cuyos autores no han podido ser identificados ni por la policía ni por el personal del centro.

La película muestra a través de las incidencias de la vida de Johnny en el centro una sucesión delirante de hechos protagonizados por los internos y por el personal sanitario, que sumen su ánimo en la angustia, hieren su espíritu, afectan a su mente y lo introducen en una senda de horrores. Las sesiones de electroshock y las lobotomías son práctica habitual, pese a su inconveniencia terapéutica, porque reducen la agresividad de los enfermos a costa de sus capacidades. El drama psicológico de Johnny pone a prueba su capacidad de resistencia mental en un ambiente de reclusión sin asistencia externa. Mientras sus indagaciones avanzan y rinden resultados esperanzadores, el duro y cruel tratamiento que recibe hacen emerger en él problemas de afasia, a los que siguen otros. La cinta explica mediante voz superpuesta los recuerdos, pensamientos, razonamientos, sueños y alucinaciones del protagonista. La fotografía construye una narración visual sobrecogedora, de planos breves y rápidos, encuadres de detalle (block de notas), ambientes claustrofóbicos, proyección de sombras, superposición de imágenes (baile de la ninfa), espacios de angustiosa profundiad (corredor de paseo) y la presencia de barrotes, rejas, rectángulos, ángulos y sombras lineales cruzadas, que exhalan aires de reclusión, indefensión y muerte. La película propone una seria reflexión sobre los límites del periodismo de investigación, la desmesura de cierto periodismo sensacionalista y las prácticas inhumanas de algunos centros psiquiátricos.

La música incluye fragmentos orquestales que provocan desasosiego, canciones de internos desafinadas y troceadas, como "Dixie", evocación del bando confederado de la Guerra Civil y arias del Barbero de Sevilla. La fotografía realiza una narración realista, sincera, desgarradora y convincente. El guión habla de segregacionismo, Ku-klux-klan, comercio erótico ("striptease" de Cathy) y otros temas, en un afán de crítica global a la sociedad americana. La interpetación de Peter Brek sobresale en intensidad y expresividad. La dirección demuestra una extraordinaria habilidad narrativa.

Película de culto, de imágenes inolvidables y de inusual profundidad dramática.
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30 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
EL VAIVÉN DE LAS VOCES
Sobre texto propio, Sam Fuller produce y dirige con característica vehemencia un drama claustrofóbico: la arriesgada investigación de un periodista que, empujado por el ansia de éxito, se empeña en aclarar un caso abierto de asesinato. Fingiendo desequilibrio, se infiltra en un hospital psiquiátrico para contactar con tres testigos del crimen.

A la intriga creada por el tenso desarrollo de la investigación (dificultad de obtener datos de los testigos; simplemente, de comunicarse con ellos) se añade la creada por el riesgo de adentrarse en los terrenos de la locura: si ese riesgo acabará siendo excesivo, o no.

Visualmente potente y rica, llena de planos vigorosos que se organizan con ritmo enérgico (y alguna tosquedad en el montaje: abundan los fallos de raccord), el intríngulis del argumento pasa, sin embargo, por el juego de las voces.
En la película, la enfermedad mental se manifiesta como multiplicación y descontrol de esas voces, voces que se adueñan de un sujeto y, como vienen, se van, dejándolo a merced de otras que lo ocupan y tiranizan.
En el psiquiátrico, las conciencias tienen voz intermitente. Cuando se eclipsan, manda el griterío, el cántico compulsivo, el monólogo delirante. En ese fracturado coro resuenan el discurso racista, la soflama patriótica, el fanatismo de la investigación nuclear armamentista.
Fuller denuncia lo patológico de estas fuerzas.
En medio de ese vaivén de voces, el periodista busca las que atestiguan el crimen. Su propia voz, a cuyo diálogo interno el espectador tiene acceso, es sometida a una tensión perturbadora, pudiendo inhibirse y hundirse en la afasia cuando más falta hace su clara articulación.

Fuller ingenia recursos: superpuesta como pequeña hada, en el insomnio del periodista se aparece la imagen de su mujer, que le habla y canta.
Y en notable gesto vanguardista, el director inserta fragmentos documentales en color, ilustrando determinados raptos de lucidez en medio de la oscura demencia.
Hay buena psicología en el guión*, pero la parte psiquiátrica se elabora mediante rápidas pinceladas terminológicas y unos retratos de Freud y Jung en la pared.

Con cierto paroxismo, se despliegan peleas de ‘saloon’: series de puñetazos de largo recorrido, con derribo de mobiliario.

Fuller se vacía apasionadamente en la creación de la película; con sus virtudes y defectos, pero en todo caso dotándola de vibrante autenticidad. Incluso transfiere algún detalle autobiográfico al protagonista: el ingreso en un gran periódico como botones, siendo un chaval de 13 ó 14 años, para emprender carrera de reportero.

(7,5)
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23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Fuller y la locura.
Es la película más conocida de Fuller, quizás también la más polémica y su obra más prestigiosa entre la crítica y el público. Siendo como es una obra notable, de apreciable fuerza, con entregadas interpretaciones y una puesta en escena bastante ajena a los tics típicos de su director, tampoco estamos ante una obra maestra o redonda, que pueda servirnos como lección magistral. Su argumento resulta apasionante: el ambicioso periodista Johnny Barrett (Peter Breck), decidido a ganar el premio Pullitzer a toda costa, se hará pasar por loco, siendo internado en psiquiátrico dónde se ha cometido un asesinato, a fin de poder descubrir al autor... La película plantea los límites entre las aspiraciones personales/profesionales de cada uno y el riesgo psicológico al que se somete esa persona, provocando invariables efectos psicopáticos y un drama interior posiblemente irreversible.
Fuller hace, a partir de esta historia, una crítica de la sociedad americana: su loco afán de éxito, sus "malformaciones" congénitas, su "locura", sobre el excesivo empleo de ciertas técnicas en los centros psiquiátricos, sobre los límites del periodismo de investigación y/o sensacionalista.
Con tono de drama claustrofóbico y un realismo onírico, Fuller usa múltiples recursos (uso de recuerdos superpuestos, sueños, alucinaciones) para conseguir un film vigoroso, cerrado, cercano a lo agobiante y al paroxismo.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Gravemente herida
La grave herida de esta película, durante muchos años considerada la mejor de mi admirado y muy querido Sam Fuller, es la obviedad, lo previsible de su trama... cosa que en otras con apariencia vetusta, de esas que al empezar "parece" que se van a ir al garete, no sucede. En este apasionante argumento, los personajes y las situaciones dramáticas resultan abrumadoramente cantados. Fui un encendido admirador de esta película en los años setenta, pero al volver a verla en dvd me decepcionó mucho, cosa que no me ha sucedido con otras del siempre singular maestro.
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20 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La locura según Sam Fuller
Me pareció desconcertante que la investigación del protagonista se fundamentara en los testimonios de los enfermos del centro que, de vez en cuando y sin previo aviso, recobran la lucidez completamente y empiezan a darle datos a Peter Breck hasta que en el momento crucial vuelven a recaer en su locura. Me parece, con diferencia, el aspecto más irritante del film, ¿es que todas las enfermedades mentales son iguales o qué? Cosas de la época supongo, ahora como estamos de series de médicos hasta las cejas todos tenemos un “minimaster” en psicología.

Por otro lado, el ambiente del psiquiátrico está muy bien retratado y el descenso a los infiernos del protagonista resulta lento y angustioso para el espectador. Un notable en este apartado.

Sin embargo, a mi el final me resultó de lo más predecible, incluso desde antes de poner la película me lo imaginaba. Si es que, como he dicho, tanto cine y tanta TV sobre el tema le restan credibilidad y el factor sorpresa. Quizá resulte más interesante como crítica y reflexión sobre los límites del periodismo de investigación.
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12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un mundo enfermo
Es en buena medida comprensible el amor que suscitaba el cineasta Samuel Fuller entre los miembros de la llamada “nueva ola” francesa. Y es comprensible digo, ya que la máxima de este grupo de gente era la denominada “política de autor”, por lo que primaba más el “cómo” que el “qué” en una película y donde se rechazaba en buena parte el cine clásico americano y francés por ser sus realizadores esclavos del guión y por contra, se aplaudía a todo director, para ellos “autor”, que impregnara una película de su particular estilo o de su personalismo punto de vista. Personalmente, el problema fue cuando terminaron por considerar que todo cine de autor, por ser de autor, era bueno, y comenzaron a aplaudirse bodriacos del tamaño de Groenlandia. Pero eso es otra historia.

Así que mientras Fuller era ninguneado en su país de origen, los europeos, con los gabachos a la cabeza, esperaban sus películas como agua de Mayo.

La película en cuestión, descoloca al más pintado, pues al cabo de 10 minutos, Fuller manda a la mierda la genial idea de partida, ya que no le interesa lo más mínimo contar dicha historia, sino, más bien, le sirve como excusa para mostrarnos a tres personas, internas del psiquiátrico, que son la voz de los problemas de la América de aquella época, en una sociedad donde el director viene a decir que lo único decente es estar medio loco. Una sociedad, en suma, enferma.

Así que todo aquel que se acerque al filme esperando ver a un periodista tratando de descubrir un misterioso asesinato ocurrido en un psiquiátrico y que para ello debe hacerse pasar por loco, se van a llevar un chasco.

La peli es un retrato del estado mental de aquella época. Donde el racismo, la guerra fría y las consecuencias de la guerra de Corea hacían estragos.

Samuel Fuller y sus malas pulgas poniendo las cosas en su sitio. No es de extrañar que gustará a los gabachos, no. Fuller contaba las cosas a su manera. Y siempre le importó una mierda que sus maneras no fueran las correctas para la época.
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El Pulitzer entre ceja y ceja
Samuel Fuller iba a tanto a su rollo que por lo visto transitó por el oficio de cineasta con cierta soledad, la que tiene que ver con ser el rarito del grupo, el que hace cosas diferentes y que todo el mundo mira al pasar. No quería saber nada (o poco) de las maneras de hacer cine de toda la vida y le gustaba dar uno o dos pasos adelante, así que no es de extrañar que esa soledad le llevara a contar con muy pocos recursos y que hiciera un tipo de cine más allá de la serie B incluso. Él, sus ideas, su obra y mucha indiferencia respecto a los pocos apoyos que tuvo. Por ello los franceses lo amaban, por ello la etiqueta de cine independiente le viene tan bien y por ello era imprescindible hacer esta introducción sobre "Corredor sin retorno".

La película es arriesgada, supone un clarísimo antecedente de algunas otras que vendrán después (no sé si habrá alguien que no se acuerde de Jack Nicholson después de ver esta película) y cuenta con una originalidad tremenda. Tiene unos fallos en la continuidad de la narración que me han hecho dudar si lo que he visto ha estado recortado por las demoledoras tijeras que tanto daño han hecho a la Historia del Cine. No sabemos qué hace nuestro protagonista en el manicomio y ya dentro descubrimos que busca a un asesino... Fuller sería un iconoclasta y un vanguardista, pero eso en concreto, tan esencial, sospecho que es algo que tiene que ver con las dichosas tijeras.

Si "Corredor sin retorno" es buena es por el desasosiego que es capaz de desarrollar, porque agobia y porque todos los que vemos la película tenemos una mente sana y es horrible observar el decaimiento abrupto de la locura. ¿Podríamos acabar como ellos, encerrados, monigotes y caricaturas enfermas? Fuller señala así a la esencialmente perturbada sociedad profunda estadounidense, lo sé, pero me interesa más el hecho concreto, el tránsito de una mente privilegiada a la oscuridad de la locura. Esa apuesta, esa intención, me parece brillante: cómo alguien con un coeficiente de genio se mete en la boca del lobo a conciencia, con el Pulitzer entre ceja y ceja y sin tener ni idea de lo que se está jugando. No es terror, es horror, y pese a los más que presumibles recortes, un horror muy bien descrito en una buena película.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Eurípides tenía razón
Sinceramente, el hecho de ser presentada hoy en día como una película 'de culto' se debe más a la imagen de iconoclasta de Fuller que a la calidad del film en sí mismo. Bien es cierto que cuando uno lee previamente la trama ésta es ciertamente interesante, pero la puesta en escena decepciona. Es de justicia, con todo, reconocer los 'toques' positivos: la figura interpretada por Peter Breck, el juego de voces basado en la conciencia interior o en la alucinación demente, los pasajes en color que sirven de regresión al tiempo de lucidez de los enfermos mentales, la escena de la lluvia en el corredor. Peor, sin embargo, los momentos patéticos que dan risa: cuando ella, Cathy, novia del protagonista, es una pequeña hada que más parece una mosca cojonera que otra cosa; las penosas peleas de 'saloon' dignas del western de la más baja estofa (en la que se insertan cortes de secuencia que desafían todas las leyes de la física: véase, 'verbigratia', el momento que discurre allá por 1h 31min de la película, donde incluso el celador desmayado en el suelo aparece en dos posiciones diferentes en un pestañear de ojos, con los bidones que le rodean incluidos). Todo ello por no hablar más detalladamente de la continuidad cinematográfica -raccord-, que aquí da lástima. En fin, parece una producción del calibre de esos exámenes que presenta el mal alumno que sólo ha preparado el examen la tarde anterior, conduciendo los devaneos de secuencias por el atajo más directo hacia el telefilm que hace sestear a media España tras la hora de comer.
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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Viaje a la locura mas extrema
Excelente y demoledor film del maestro Fuller, con una película muy cruda y dura, también francamente adelantada a su época, desde la base del intrépido y ambicioso periodista de turno que quiere investigar en un entorno hostil, aquí se demuestran que las peores pesadillas las crea el propio ser humano en su mente,demoledora y sin concesiones con fuertes criticas al ejercicio de la psiquiatria en aquella época y demoledoras criticas al racismo imperante en la epoca que se desarrolla el film , escalofriante y de lo mejor de su director
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Dispersa y sin rumbo
No me parece una buena película, ¡qué quieren que les diga! La vi llevado por las buenas puntuaciones que obtenía, pero el resultado es decepcionante. No es que sea una auténtica pifia, pero no se aprecia la calidad por ningún lado. En primer lugar, el argumento se dispersa bastante. Uno no conoce la verdadera razón del ingreso del periodista en el hospital hasta ya bien entrada la película y después los personajes-testigos van apareciendo por arte de birlibirloque según conviene, sin presentación previa. La voz en off no convence y hasta molesta. Tengo la impresión de que Fuller quiso hacer algo así como una alegoría o enmascarar una crítica social bajo el mundo de los locos (viejo tema del cine y la literatura) y así vemos que los personajes-testigos representan diversos males sociales. Pero tampoco esto queda claro. Y sobre todo lo que da risa son los sueños de él... eso no es serio.
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8 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cuando Dios quiere destruir a alguien, primero le vuelve loco
Pienso que es una de esas películas con mensaje, o de tesis, lo que lastra un poco el resultado final. La moraleja: no te metas donde no te llaman, el que juega con fuego acaba quemándose, etc. Los tres testigos del asesinato que investiga el ambicioso periodista serían los trasuntos de 3 arquetipos del american way of life en su versión enferma: el sureño ignorante e intolerante anticomunista, el racista y el armamentista. Cada uno de ellos tiene regresiones de cordura en color, mientras que la película esta filmada en blanco y negro. Jean-Luc Godard definió Corredor sin retornoc omo “como una obra maestra del cine bárbaro”. En cualquier caso, es una de las películas más representativas a la hora de abordar la locura en el cine. En su metraje se suceden momentos espléndidos, como el del asalto de las ninfómanas, o la situada cerca del final, en la que Barrett imagina que llueve torrencialmente en el interior del recinto psiquiátrico –una secuencia magistral que Fuller se empeñó en rodar pese a las objeciones de los productores
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7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
FALLIDA, PERO CON FOGONAZOS DE INTERÉS
Sobre la base de un planteamiento muy atractivo, un periodista, que poniendo en riesgo su propia salud mental, ingresa en un psiquiátrico para lograr una exclusiva de un asesinato, y conseguir así el Pulitzer, se desarrolla un film, tan alto en expectativas como irrregular en resultados.

Se tiene a esta, como una de las películas más renombradas del más que interesante Samuel Fuller, pero yo no estoy de acuerdo, hay momentos estéticos, sobre todo al inicio del film, que no me encajan, las pesquisas del periodista se resuleven con demasiada facilidad, y el actor protagonista del film, Peter Breck, es mediocre en su interpretación.

No terminamos de empatizar con lo que le ocurre al protagonista, su evolución personal hacia la locura es poco sutil, y sus pesquisas no atraen mucho interés. Si encontramos algunas escenas de impacto y bastante fuertes (se trata de Fuller al fin y al cabo), pero el conjunto no queda muy armónica, y el film, aunque de cierto interés, acaba percibiéndose como un tanto fallido tras sus más que interesantes planteamientos.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Particular como Fuller
Por lo que sé, Samuel Fuller se "distinguía" de otros colegas al uso en cuanto a la realización de sus trabajos. Siempre se caracterizó por imprimir a sus obras un sello personal, literario, extravagante o a contracorriente, lo que le valió la etiqueta de "autor", al menos en Europa -¿qué otro director se habría permitido incrustar escenas a color en esta película?-.

Pero es esa especie de licencia la que hace que este trabajo no termine de resultar redondo, incluso honrado, porque en definitiva de lo que se trata principalmente no es de lo que se vé: de manicomios, de periodistas en busca del Pullitzer o de prácticas psiquiátricas poco recomendables. Finalmente, a uno le queda la sensación de que el argumento es una excusa, extrañamente consistente, para denunciar vergüenzas como la guerra o el racismo en primer plano en aquella época. Es por esta razón por lo que la cinta desasosiega, más que por el propio ambiente que se recrea con correcta maestría. El hilo argumental "sube y baja" demasiado, demasiadas expectativas sin resultado, demasiadas licencias innecesarias. Sin embargo, a la vez, como todo el cine de Fuller, tiene algo que te engancha, que te mantiene pegado al sillón atrayéndote hipnóticamente.

En definitiva, algo irregular, con guión un poco mentirosillo y algunos clamorosos fallos de montaje, pero original, onírica, fría y ardiente a la vez, dura, especial y atractiva. Fulleriana vamos (no confundir con "fullera" ¿o sí?). Se me olvidaba, más que meritoria intrepretación de Peter Breck, todo hay que decirlo.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Locos para todos los gustos
_Realidad y ficción podrían intercambiarse si los locos fueran mayoría. Se encontraría encerrado en una habitación acolchada pensando qué le había pasado al mundo_ así es como Julie Carmen sintetiza la idea de la precaria personalidad humana en la genial "En la boca del miedo" de John Carpenter.

"Corredor sin retorno" trabaja en esa misma dirección y describe círculos alrededor del frágil cisma que impide al hombre encontrar una vara de medir fiable con la que aplicar un axioma o una verdad absoluta en torno a la llamada salud mental. Es lícito pensar que si estuviéramos rodeados de personas que padecen algún tipo de trastorno mental, nuestra propia percepción de la realidad se vería irremediablemente trastocada. Samuel Fuller nos presenta a un protagonista dispuesto a asumir ese papel de cobaya, y como científico inexperto se adentra, por cuestiones no excesivamente éticas, en el terreno resbaladizo de un manicomio: ya no como ente transparente y responsable de su propio ego sino como paciente, utiliza un disfraz para poder penetrar en ese lugar ajeno a su vida cotidiana, con la intención de ser tratado como lo que no es, o al menos, como lo que cree que no es, un loco.

Corredor sin retorno, Espiga de Oro en el festival de Valladolid de 1963, es a la vez todo un alegato contra la ceguera de la medicina mental de la época y una irónica visión de la sociedad estadounidense, víctima de miedos, manías persecutorias y de una melancólica y un tanto errónea visión acerca de la formación de un país tan grande y joven, forjado con balas y polvo. Destacan en la película pacientes trastocados por inciertos ideales patrióticos, como el hombre que cree vivir aún en plena guerra de secesión o el personaje que dice haber sido el fundador del Ku Klux Klan, algo entendible si se tratase de un hombre blanco nacido en Tejas pero no tanto si se trata de un negro. Así, Samuel Fuller va creando una cadena de significantes dentro de ese micromundo que es el manicomio sin ofrecer significados concretos, dejando que su particular Alicia en el país de las maravillas nos paralice los sentidos mientras vemos cómo nuestro Edipo se hunde cada vez más en el lodo de su propio destino, en el insomnio de alguien que quiere dormir, pero que ya lo ha olvidado.

Por encima de todas las virtudes que pueda tener esta arriesgada película de serie B, destacar la excelente interpretación de los actores, en especial de Peter Breck, cuyo rol de periodista es el único papel protagonista de su carrera, el de Constance Towers, que ya trabajara con Fuller en "Naked Kiss" y el de Larry Tucker interpretando a un enorme italo-americano adicto a los conciertos de ópera nocturnos.

Con todo, "Corredor sin retorno" se presenta como una inquietante e irónica muestra de cine moderno, abierta a reinterpretaciones en estos tiempos de sobresaturada impaciencia y de loca insatisfacción.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
J. Lacan también se suicido
"Schock corridor"; "Corredor sin retorno" en castellano; aquí tenemos un claro ejemplo de como una traducción supera al original. Aparte no falta algún otro descuido casi imperdonable, en escenografía como en vestuario, pero se convertirán en una leve cicatriz de la que no gotea sangre, un rasguño menor.
La película da la sensación de estar hecha a toda prisa, sin vacilar y de frente, como se venga la muerte de un ser querido; nada de experimentos ni malabarismos, todo el afán en acertar.
Me pareció una suerte del "Guernica ", utilizando solamente recursos ya reconocidos, y éstos al servicio del espectador asegurándose no dejar la menor duda.
Samuel Fuller se me aparece como un hombre viejo, herido por y con, el psicoanálisis, a traición y en la cabeza; lo veo caer, y a la vez, agarrarse con las dos manos a la venganza.El protagonista en las primeras escenas se burla del psicoanálisis, para luego mucho antes del final mutar en olor a cable quemado; una advertencia en toda regla, con la intención seguramente de disuadir a posibles víctimas futuras.Esta mezcla de cine negro de mafias sudando expresionismo y Peter Breck con su papel paradójico, una víctima que no da pena, le ayudan irrefutablemente a convencernos.

Las imágenes en color?; (me gustan) me apostaría cien yenes a que fueron agregadas al final; un tiro de gracia

En este texto (se nota), no me documento y lo escribo caprichosamente; en realidad solo es mi manera para dar las gracias; a quién?; a quien me regalo la película en la nueva edición nueva en carátula de lata
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
LA OCASIÓN PERDIDA (O CUANDO LO NOTABLE RESULTA INSUFICIENTE)
Nos encontramos, de nuevo, frente a una magnífica idea que resulta fallida en formato cinematofgráfico porque el director no acierta a imprimir en el celuloide esa magia que la fabulación requiere.

Lo que se podría haber convertido en una obra maestra, en un auténtico hito intemporal, se limta a transitar por lo márgenes de lo notable, de lo importante, si se quiere, y de lo valioso, sin nunguna duda.

Pero, a veces, eso no es suficiente.

Es cierto que se convirtió desde su estreno en una de esas películas que nadie puede olvidar.
Lo lamentable es que podía haber llegado mucho más lejos.

Quienes amamos el cine lloramos por la oportunidad perdida.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
"A aquellos que quiere destruir, Dios los vuelve locos primero."
Un periodista, obsesionado con ganar el Pullitzer, decide hacerse pasar por loco para ingresar en un hospital psiquiátrico en el que poco tiempo atrás se cometió un asesinato con el objetivo de descubrir al culpable. Contará, para eso, con la ayuda de su novia y de dos amigos. Con este eje, que poco importa o poco termina por importar, Samuel Fuller se dispone a realizar un retrato de la locura y una crítica feroz al sistema de salud mental tanto como a la ambición de los hombres.
Es cierto; tal vez el tema de la locura no este del todo bien abordado ni del todo profundizado, pero Fuller arma con su ínfimo presupuesto y una historia original una película de una premisa harto interesante que cuenta con la fotografía de Stanley Cortez y la actuación de Peter Breck como mayores virtudes además de, claro, lo dicho: un digno retrato de época y una crítica necesaria hacia el nefasto sistema de salud mental de los Estados Unidos de aquel entonces que, lamentablemente, sigue perpetuándose hoy en todo el mundo bajo otros disfraces.
Lo de Fuller es cuanto menos audaz y vuelve a sacar a relucir su capacidad para crear historias y contarlas con escasez de recursos y con muy buen ojo y pulso para la dirección de actores: Aquellos locos no serán retratados con fidelidad absoluta ni serán fruto de una construcción de personajes cuidada y detallista, pero brillan en escena con desparpajo y algarabía y fluyen perfectamente en el inmersivo ritmo narrativo de Sam, que se nutre de un escenario prácticamente único (El pasillo al que alude el título) a través del cual asistimos a un desfile de planos fantásticos, sencillas pero impecables ambientaciones y sobre todo a un manejo de las luces (más bien las sombras) delicioso. Resta resaltar la música: Una combinación de sonidos punzantes y melodías que se retuercen para configurar la atmosfera enfermiza del film.
Un trabajo que reflexiona livianamente sobre diversos temas siempre presentes en el paradigma social norteamericano de la época como la Guerra Fría o el racismo y que sin ser brillante ni esplendida es una obra interesante del nunca del todo valorado Samuel Fuller.
Tal vez sea criticable, también, el uso de algunos giros oportunos para el avance de la trama que se sienten un poco forzados, pero aun así, otra vez, la película se repone gracias al sello de un director talentoso y distinto a la mayoría de sus contemporáneos. Uno que hizo carrera por los márgenes de las grandes productoras y que supo moverse con la misma lucidez por la comedia, el policial, el western o la crítica social.
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7
Retrato sobre la locura en sus diferentes manifestaciones.
Shock Corridor es una historia sobre la posibilidad de estar a un paso de volverse loco sin saberlo. Es cierto también que hay una crítica bastante clara hacia los métodos utilizados por los enfermeros y psiquiatras: todos los pacientes son tratados de la misma manera, sea cual sea su diagnóstico inicial y su evolución dentro del neuropsiquiátrico.
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4
Penoso retrato de la locura
Esta me parece una de esas películas que su antigüedad le da la mitad de la nota. Si esta película se hubiese rodado tal cual en el momento actual no habría llegado ni al 4 que le he puesto.

Su comienzo es prometedor, y la premisa de la que parte es muy interesante pero en el momento que comienza la investigación en el manicomio la película cae en picado, dándose el tortazo al final. Lo más decepcionante es el tratamiento de la locura. Los personajes son totalmente planos y carecen totalmente de profundidad psicológica, pasan de la más absoluta y absurda locura a la total lucidez para contarle a nuestro protagonista lo que el quiere saber. Parece como si su locura fuera un interruptor de la luz.
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6 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
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