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¿Es posible la felicidad?
Último film de Louis Malle. Escrito por André Gregory ("Mi cena con André", Malle, 1981), se basa en la tragicomedia "Tío Vania" (1899), de Antón P. Chéjov, según la versión inglesa de David Mamet. Se rueda en exteriores y en el interior del New Amsterdam Theater (NYC). Gana el Gran Premio del Jurado de Valladolid. Producido por Fred Berner, se proyecta por primera vez en público el 13-IX-1994 (Toronto Film Festival, Canadá).

La acción principal tiene lugar en el New Amsterdam Theater (NYC). Se añade un breve prólogo con la llegada de los actores y actrices al teatro. Vania (Shawn), hermano de la primera mujer del profesor jubilado Alexander Serebryakov (Gaynes), es el administrador de su finca rústica. En las casas de ésta tiene lugar la acción de la obra teatral. Soltero y solitario, se enamora de Elena (Moore), de 27 años, segunda esposa del profesor. Les visita con frecuencia el médico rural Mijail Astrov (Pine), que departe largamente con Sonia (Smith), hija del primer matrimonio del profesor. Vania es rústico y excéntrico, Sonia es solitaria y poco agraciada, Astrov es escéptico y pesimista, Elena es fría y misteriosa. Encarnan el mundo rural Sonia y Vania. El profesor y Elena representan el mundo urbano. Sonia es el contrapunto de Elena.

El film constituye un homenaje de Malle al teatro, al mundo del teatro y a Chéjov. No ofrece teatro filmado, sino que construye una versión cinamatográfica del ensayo de una representación teatral. El realizador, con la colaboración de actores y técnicos, crea una interesantísima propuesta de teatro dentro del cine. Con él enriquece el análisis de un tema abierto y polémico, como el de las relaciones entre cine y teatro. Desarrolla su reflexión de manera directa, sencilla y sincera, libre de afectaciones y artificios. Malle no quita ni disimula el aspecto teatral de la obra, que es fundamentalmente un trabajo de actores y actrices.

Trata temas diversos como el amor, la soledad, la vejez, el deseo, la búsqueda de la felicidad, la desolación, el sinsentido de la vida, la resignación, el vacío existencial, etc. Desde posiciones pesimistas y nihilistas, el texto de Chéjov explica que el amor lleva inevitablemente a situaciones límite de frustración, dolor y amargura. Dicho en otros términos, los seres humanos no son capaces de conseguir la felicidad.

La música, de Joshua Redman, aporta una partitura breve de cortes jazzísticos, de viento y saxo, intensos y vibrantes. La fotografía, de Declan Quinn, subraya el tono sobrio y austero del relato. Los actores visten prendas de calle del momento (1994), de colores oscuros y tonos neutros (marrones, grises, granates y negros). Son similares los colores del escenario. Las tomas son precisas y suaves. La iluminación es escasa y proyecta toques de luz que evocan la iluminación de velas, candiles y quinqués. Las interpretaciones son soberbias. Gran película.
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Uno de los mayores homenajes del cine a la literatura y al teatro.
Una inspirada e intensísima visión, no solo de la obra “Tio Vanya” de Chejov, sino de la literatura y el teatro en general (sobre todo los clásicos), y del papel y lugar que ocupan en el mundo que nos ha tocado vivir.
Creo que es una de las visiones literarias mas acertadas que he visto en el cine, por no decir la más acertada. No solo creo que aborde adecuada y magistralmente la obra de Chejov; no es que sea más o menos fiel al relato o a su espíritu, sino que veo esta película como una visión recreada en el celuloide de la experiencia literaria en general; y para plasmarla Malle no vaga por intrincados vericuetos dialécticos, ni nos sermonea, ni formula un pedante discurso reivindicativo; sino que erige todo un sensible homenaje al teatro y a la literatura, a nuestra experiencia ante las letras, desde la modestia y la honestidad.
Es difícil no emocionarse, tanto por lo que nos transmiten los actores, como considerando la personal, sensible e iluminada mirada de Malle.
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17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El tío Vania por triplicado
Partiendo de los ensayos sobre una pieza teatral de Chéjov –“El tío Vania” –, Louis Malle sitúa a sus actores fuera del contexto de la obra, con ropa de calle, a veces representando simplemente leyendo el texto alrededor de una mesa, sin ni siquiera el decorado que correspondería. De esta forma nos presenta una original puesta en escena teatral pero en la que realiza al mismo tiempo un excelente ejercicio cinematográfico.

El guión de David Mamet llena con el dramatismo apropiado las escenas escritas por el autor ruso un siglo antes, de modo que termina por meter al espectador en la trama quedando olvidada la escenografía y dando así más importancia si cabe a la interpretación de los actores. Porque ésta es fundamentalmente una película de actores, donde su protagonismo aparece subrayado al obligarnos el anacronismo ambiental a centrar nuestra atención en las palabras y los gestos. Julianne Moore borda su papel dejando aquí muestra de sus mejores cualidades como actriz.

En definitiva, estamos ante la unión de tres genialidades: la pluma decimonónica de uno de los escritores rusos imprescindibles, el talento en la adaptación de una de las figuras artísticas estadounidenses más completas del siglo XX (novelista, ensayista, dramaturgo, guionista…), y el testamento cinematográfico de uno de los más prolíficos directores del cine francés y europeo. No es por tanto de extrañar que “Vania en la calle 42” sea sencillamente... ¡brillante!
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Grandes interpretaciones y gran banda sonora
Independientemente del mayor o menor interés de la trama, bastante previsible desde el principio, aun para quien no conozca la obra original de Chéjov, la brillantez de esta película se sostiene en las excelentes interpretaciones de absolutamente todos los actores, que muestran su maestría teatral, sin que por ello la construcción de los personajes parezca excesiva o resulte sobreactuada, teniendo en cuenta que asistimos a ella a través de la gran pantalla y no directamente sobre el escenario.
Se echa quizá en falta una mayor presencia de la banda sonora, de Joshua Redman, cuyo protagonismo al arrancar la película hace pensar que tendrá más importancia de la que al final tiene.
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Prodigioso hecho cultural.
Louis Malle se distinguió a lo largo de su carrera por una calidad constante en sus obras, con alguna obra redonda, y ráfagas perennes de gran cine. Esto le creó un status de maestro del cine y de privilegio que utilizó admirable y modélicamente en la que fue su útlima obra: "Vania en la calle 42". Un proyecto tan sencillo como osadísimo: filmar el ensayo de la obra de Chejov "Tío Vania" en la adaptación de Anton Gregory. El resultado es simple y llanamente prodigioso.
Desde el mismo momento de su inclasificabilidad (teatro filmado; cine teatralizado; documental) se hace fascinante, arrebatadora. El film supone una fusión tal de Cine/Teatro y viceversa que se la puede catalogar como un Hecho Cultural de primerísimo orden que fue acrecentado por su escaso eco comercial contrapuesto a su gigantesco eco crítico (la tragedia de la lógica).
La película o la obra de teatro, es portentosa por la misma base de la que parte, el pluscuamperfecto tapiz de Vida y reflexión acerca de la condición humana (Felicidad, (Des)Amor, Familia, Amistad, Egoísmo) que Chejov legó al mundo en su obra más conocida, absolutamente inmortal, atemporal, imprescindible.
Esa base es trascendida hacia otro prodigio: la Interpretación. "Vania en la calle 42" lleva la Interpretación a sus raíces, al Teatro, el lugar desde el que se aprende a gesticular, transmitir, emocionar, crear. Las interpretaciones son de órdago, soberbias, magistrales, exquisitas, que hacen de la película una delicia que no requiere de nada más que eso: el texto de Chejov y las interpretaciones de ese insuperable equipo de actores que da vida a los complejísimos personajes del autor ruso. Una obra de arte, inexcusable para todos los que creen en la Cultura como recodo, entretenimiento o simple lugar de desarrollo de neuronas. Guión de David Mamet.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
¡Está llena de cosas maravillosas!
La verdad, jamás he leído a Chéjov, ni he asistido a ninguna obra teatral suya. ¡Y ahora siento que me he perdido algo imprescindible!
Ciertamente, "Vania en la calle 42" no es teatro, es teatro pasado por el tamiz del cine. Pero tampoco es una película "y punto". Es una fusión tan maravillosa, hipnótica y refrescante, que te producen sensaciones que se viven muy de tanto en tanto. En lo que a mí concierne, no recuerdo haber asistido a la sensación de "Hay algo nuevo bajo el sol", desde que asistí hace muchos años al estreno de "La rosa púrpura del Cairo", de Woody Allen.
La actuación de de los actores de este supuesto ensayo de "Tío Vaina" es un ejemplo magistral de interpretación. Sin necesidad de artificios especiales, sin necesidad de vestuario o decorados de época, cada actor nos inyecta su personaje "en vena". Cada minuto, cada mirada, cada gesto es un regalo. Actor y personaje se funden con tal acierto, que llegas a comprender (que no a justificar) como hay gente que insulta en mitad de la calle a actores o actrices que han interpretado a notables villanos, confundiendo realidad con fantasía.
"Vania en la calle 42" llevaba años esperando en mi videoteca a ser vista. Si este es su caso... ¡No haga lo que yo y véala ya!
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
“Al mundo no lo destruyen los ladrones ni los incendios, sino el odio”
Publicada en 1899 y estrenada en 1900, bajo la efectiva dirección de Konstantín Stanislavski, “Tío Vania” (Дядя Ваня), es una de las más bellas obras de teatro que haya podido escribir Antón Chéjov, pues, además de ofrecernos unos personajes de gran valor sociológico y muy característicos de las clases altas (en declive en la Rusia zarista), nos ofrece con ellos unos diálogos de un gusto exquisito que enaltecen esa inteligencia que nos distingue de las demás especies, al tiempo que deja demostrado que, el intelecto no es herramienta suficiente para ser feliz en una sociedad en la que pesan muchas otras cosas.

Drama bucólico, protagonizado -con excepción de Sonya y Elena- por personajes que ya han pasado de la mediana edad, “Tío Vania” nos ofrece un entrecruzado conflicto de emociones donde cada quien siente el impulso de querer a quien no le acoge como él o ella quisieran… hasta que los sentimientos comienzan a desbordarse, dirigiéndose a ese extremo donde o se encuentra la cordura o se puede llegar a perder la razón.

Es una historia donde la acción es puramente interior, logrando alcanzar el alma de seres humanos que, pese a las diferencias, pueden estar muy cerca de nosotros. En este nivel, moral, emocional, espiritual incluso, la conexión puede llegar a ser profunda y poderosamente significativa... y simple y llanamente, es esto lo que hace de “Tío Vania” una magistral obra de arte.

En 1989, pensando, quizás, en una celebración del centenario de “Tío Vania”, en el antiguo y abandonado teatro Victory de New York (sede de las famosas Follies de Ziegfeld en la calle 42), el director André Gregory y un grupo de actores, comenzaron a visionar el montaje de una adaptación con puesta al día que, David Mamet, había hecho de la obra de Chéjov. Cuatro años después, la obra se estrenó, por fin, en el teatro American Repertory de Cambridge, Massachusetts.

Gregory pensó entonces en su amigo, el director de cine Louis Malle -con quien había trabajado en la controvertida “Mi cena con André”-, y de sus encuentros se decidió el rodaje de un “ensayo” de la obra, puesta en escena en el Teatro New Amsterdam, ubicado también en la calle 42 de la ciudad de los rascacielos. La escenografía es bastante informal, buscando con una tenue iluminación crear el ambiente de vacío emocional de los personajes; los actores usan ropa de calle muy americana, y todo funciona como teatro en el cine con un escaso público acompañando al director Gregory durante el “ensayo”. El gran error estuvo en el cartel publicitario, pues, el público estadounidense -poco avisado- pensó que Vanya era Julianne Moore, quien es la que resalta en la imagen.

Lo que funcionará de maravilla, son las actuaciones. Wallace Shawn el generoso tío Vanya, Larry Pine, el brillante Dr. Astrov, Julianne Moore, la bella Yelena, y Brooke Smith la insegura Sonya, entre los principales, nos dan una clase de interpretación que no va a dejar indiferente a nadie; y para satisfacer la ‘acción indirecta’ que, con gran visión, reclamaba Chéjov en la interpretación de sus obras, esa evidente apariencia de ensayo, pone a los seres humanos ante el teatro de la vida donde se espera que cada quien la represente de la mejor manera. ¿Lo lograrán los miembros y amigos de esta familia?

Los diálogos añadidos por Mamet (¿y Gregory?), resultaron también bastante atinados… y creo que, a nivel general, donde sea que se encuentre, Chéjov debe de haber sonreído y aplaudido, si se le dio la ocasión de presenciar esta enésima y muy valiosa representación de una de sus más imperecederas obras… y podría creer que, el 23 de noviembre de 1995, se cruzara con Louis Malle en alguna dimensión desconocida y se hubiesen dado un caluroso abrazo.

Dejo registro de una de las más sensatas frases de la esperanzada Sonya:

“Tenemos que seguir viviendo. Viviremos una larga y esperanzada hilera de vidas y de interminables tardes. Habrá que soportar lo que quiera traernos el destino, trabajando día tras día en el beneficio mutuo, ahora y el resto de nuestros días”.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Teatro filmado
Louis Malle se despide del cine a través del teatro, pues la película es la filmación del ensayo de una obra de teatro, la famosa del tío Vania aquí con un guión de David Mamet y con una serie de actores no muy conocidos maravillosos (la única conocida es la que está más flojita).
Esta interesante sobre todo el interrelacionar la obra de teatro con los propios personajes y no resultar tedioso el visionar durante dos horas cómo se ensaya una obra de teatro.
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4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
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