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«¿Soy muy poco para ti?»
Película nada intrascendente la que nos deja Manuel Mur Oti en una década de los cincuenta en la que el cine español estaba cada vez más en expansión artística y creativa. De este mismo año es la estupenda «Distrito quinto», de Julio Coll, por cierto, pero ese es otro tema.

Aquí el tema es la mujer. Las mujeres. Esas criaturas vulnerables y sin ningún valor, innecesarias, anexos de los animales que dominan el mundo: el hombre. Así nos lo dice el narrador que rompe la cuarta pared al principio y al final de la película, en un sarcasmo ácido y claramente crítico hacia ese pensamiento que antes que machista yo prefiero llamar misógino. ¿Qué papel tenemos las mujeres en el mundo? ¿A qué podemos aspirar? ¿Qué es, en definitiva, ser una mujer?

En «El batallón de las sombras» podemos encontrar diferentes respuestas, la mayoría contrarias a lo que la opinión pública dicta en la actualidad, pero yo la verdad es que creo que la película tiene mucha más sustancia que a primera vista, y en una lectura antifranquista, podemos dar. La mujer de «El batallón de las sombras» muestra una ambivalencia que me parece necesario destacar: es una mujer que en todo momento se divide entre lo pasivo y lo activo. Es una mujer que puede que no domine la vida pública, pero sí la privada, la del hogar, la del vecindario, la de la escalera, la de los hijos, la de los maridos y amigos, la de la conciencia y la moral. El hombre batalla fuera, sí, y hasta muere fuera, pero la mujer batalla dentro en una labor que otros se han empeñado en quitarle mérito e importancia, cuando es fundamental, imprescindible. Las mujeres de «El batallón de las sombras» pueden vivir perfectamente sin un hombre, algunas lo demuestran y de otras lo intuimos, pero ¿ellos podrían vivir sin una mujer? Lo dudo.

En la película se cuenta la historia de varias mujeres de distintas edades y las vicisitudes que tienen que acarrear, la mayoría por culpa o a consecuencia de los hombres que las rodean. A fin de cuentas, son mujeres enamoradas, y eso también hay que tenerlo en mente a la hora de juzgar el comportamiento más o menos correcto de estas señoras. Mi historia preferida es la de Lola, con una guapísima y carnal Emma Penella, que despertará en nosotros una ternura infinita. Una historia triste y bella que de verdad me hace llorar, y mucho.

Interesante.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Buen cine, pésima moral
Realización impecable, narrativa irregular y moralidad oprobiosa. El tandem Tamayo-Mur Oti quiere hacer pasar por homenaje lo que en realidad es un llamamiento a la mujer para que lleve con resignación, incluso orgullo, una vida de sacrificio en favor del hombre. La falsedad parte ya de la estructura del relato, con varias parejas en las que la esposa realiza las tareas de la casa, cuida de los hijos y aún aporta dinero cosiendo y planchando para fuera, mientras el marido se pasa el día lamentando su mala suerte.

La historia, bien dialogada y bien filmada, camina con paso firme hasta que de golpe, se derrumba. Esto sucede cuando entra en escena el personaje infumable de una prostituta que, en un proceso de conversión, que tiene más de místico que de social, abjura del lujo pecaminoso y abraza la virtud del ama de casa. En consecuencia, cambia sus vestidos de noche por el delantal y disfruta fregando escaleras con un estropajo.

Paralelamente, los maridos, que hasta ese momento han sido mostrados como inútiles, aprovechados, egoístas y ridículos, sufren el ataque de un virus extraño, probablemente la variante masculina del que atacó a la prostituta, y se convierten en hombres de pro. El caso más significativo es el del inventor de cosas inventadas, que sin haber dado jamás un palo al agua, agarra un pico y trabaja veintidós horas seguidas, sin descansar ni para comer, y aún estaría dando picotazos si no se lo hubiera impedido el capataz. El milagro se complementa con la ausencia de agujetas, tirones de espalda u otros achaques que habría sufrido cualquier individuo normal. Pero es que sobre él recae la responsabilidad de reivindicar a su género.

Tratándose de mujeres no podía faltar el tema de la maternidad obligada. Hijos los que Dios envíe, dice la comadrona, y para que así conste, abofetea al padre que reniega de sus hijos, a los que no puede alimentar, cuando se atreve a expresar el deseo de que su mujer, nuevamente embarazada, aborte.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Digna, aunque aún le faltaba mucho para serlo de verdad
El machismo en España en aquella época debió de ser aterrador... tanto como para que un director haya rodado esta película. Una película dedicada (tal como dice al principio) a las mujeres. A esas luchadoras desde la sombra.

Siendo coherente conmigo mismo, aún esta película rebufa machismo y menosprecio a la mujer, pero es tal la lucha (con la censura de la época) que se hace a ella misma, que al final aflora algo de coherencia y de buen hacer, y sobre todo, de reinvindicar el derecho a la mujer, al menos, al ser valorada.

El trato con la iglesia es mínimo, pero está claro que alguna referencia tenían que hacer para que la censura estuviera contenta. La historia de Lola, es un poco denigrante, es quizás la que menos me ha gustado. Pero la del vago, es realmente estremecedor.

Lo que más me ha gustado y con diferencia, es la historia del actor, ese final, con ese aplauso. Se ve raro, pero es que creo que todo el mundo necesita un aplauso en ese momento de nuestra vida, porque es alegría y no tristeza (aunque nuestra cultura así nos lo demuestra), aunque aquí lo enfoquen de otra forma.

En fin, un película que sin mis principios le hubiera dado un 9, pero con ellos, la hubiera hundido más. Así que, le doy una puntuación decente, de un cine español diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Dentro de la sumisa se esconde una mujer poderosa
Se dice aquello de que "detrás de un gran hombre hay una gran mujer" pero me parece que sería más acertado "detrás de un hombre hay una gran mujer". O al menos esa es la tesis de "El batallón de las sombras" según la cual el varón combate a plena luz del día, en el mundo exterior y la mujer en el recinto del hogar, de forma menos ostentosa pero no por ello menos real. De hecho, su pelea es más constante y meritoria, y por eso Manuel Mur Oti se la dedica a todas las mujeres. Así que nos acercamos a un bloque de vecinos donde todos los moradores tienen sus problemas, principalmente económicos, con el común denominador de la inoperancia masculina. A propósito, que para 1957 los años del hambre habían pasado y de hecho la economía española creció más en los años 50, y no digamos a partir de 1959 con el Plan de Estabilización, que en el período posterior a 1975, con la desastrosa democracia liberal. Pero volviendo a la película, ojo al reparto internacional y sobre todo al elenco femenino, porque vaya mujeres. Mi ranking sería de menos a más bella, Elisa Montes (Isabel en la ficción), la alemana Katharina Mayberg (Carmen) y en primer lugar Emma Penella (Lola), que no sólo está guapísima sino que luce unos zapatos, sobre todo los primeros, preciosos.

El caso es que en el coloquio previo se apunta a que aunque se homenajea a la mujer sólo se presenta un único modelo de hembra resignada y que sirve al varón. Esto en parte es cierto pero "El batallón de los sombras" tiene numerosas lecturas y matices a veces contradictorios. La clave es que la vida matrimonial entonces era sagrada, es decir, que el vínculo no se podía romper y sólo en casos más o menos graves se permitía la separación de cuerpos. Estos nos lleva a que los cónyuges tienen que tolerarse mutuamente y en algunos casos este tragar puede ser aberrante, como pasa en una de las tramas. De este modo la película parece defender abiertamente la sumisión de la mujer, dispuesta a soportar lo que le echen. Pero al mismo tiempo desliza la inmensa autoridad femenina, que es la que en la cierto modo tiene que torear o incluso dirigir al hombre para que se comporte como debe. Sin embargo, esta imposición parece más externa que propia de las respectivas esposas, que aunque amagan, no terminan de imponerse, al menos en las cosas importantes. En definitiva, estas mujeres parecen algo más pasivas y sufridas de lo necesario, es el ideal del momento, pero llevan en sí la autoridad y el poderío que terminarán por imponerse felizmente en la década de los 60.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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