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7
El nacimiento de una nación
Michael Burgess, un profesor de historia, es autor de un galardonado libro sobre la creación de los EE.UU., cuya adaptación al cine será realizada por Bo Hodges, un director con las ideas claras, nada condescendiente, de aires infantiles, con la cabeza enfundada en una gorra y un caramelo de palo en la boca.

Película escrita y dirigida por Alan Alda, se trata de una dulce y simpática comedia sobre la dificultad entre las personas para consensuar decisiones: Burgess y Hodges, sobre cómo afrontar el enfoque del filme, histórico o lúdico; Burgess y Gretchen Carlsen, sobre cómo afrontar su relación sentimental, por separado o en matrimonio; y Burgess y su madre Cecelia, sobre cómo afrontar la propia existencia, con racionalismo o con idealismo. Una de las grandes bazas de la película son los personajes y sus interpretaciones: Bob Hoskins, como un guionista inseguro incapaz de asumir sus responsabilidades; Michael Caine, como un veterano actor, encantador, arrogante y exhibicionista; y Lillian Gish, una simpática y maniática anciana. Y no se puede dejar en el portapapeles (el tintero pasó a la historia), una frase antológica: “Los adolescentes que van al cine esperan ver tres cosas, desafío a la autoridad, destrucción de la propiedad privada y que la gente se empelote”
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Libertad y compromiso
Segundo largometraje realizado por Alan Alda ("Las cuatro estaciones", 1981), en el que interviene como guionista, actor protagonista y director. Se rueda en Sag Harbour, Southampton y Adventureland Park (Long Island, NY) y Toronto (Canadá). Producida por Martin Bregman, se estrena el 14-V-1986 (EEUU).

La acción tiene lugar en Sayeville, pequeña población del noreste de EEUU, en 1985. Al lugar llega el equipo de rodaje de una película de Hollywood inspirada en la novela histórica escrita por Michael Burgess (Alan Alda), profesor de historia del Instituto, sobre la época de la Guerra de Independencia del país (1776-1783), que se inicia con la declaración de Independiencia (4-VII-1776) y concluye formalmente con la firma del Tratado de París (1783).

La película es una comedia disparatada, alegre y divertida, con toques surrealistas. Muestra un mundo de enredos jocosos que involucran a los residentes en la localidad, actores y técnicos de cine. Hay enredos amorosos, malentendidos, confusiones, engaños, ocultaciones de la verdad, diferentes modos de entender los hechos, opiniones contrapuestas, etc. Explica el estado de conmoción, perplejidad y aturdimiento en el que queda sumido el pueblo a raíz de la llegada de la caravana de personas, medios técnicos, decorados y material diverso, para el rodaje de la película. Visualiza las colisiones de egos que se producen en torno del rodaje entre actores y director, director y novelista, técnicos entre si, personas del cine y del lugar y otros. Pone de manifiesto la práctica imposibilidad de gestionar el desorden derivado de los choques personales y de grupo, fuera y dentro del plató, antes y durante la filmación, en especial de la batalla multitudinaria en campo abierto entre norteamericanos e ingleses. Ironiza sobre la poca relevancia del hecho que la acción se ajuste al guión, ya que los errores se corrigen en el montaje. Se burla del sometimiento de los productores a los gustos extravagantes del público y de las increíbles licencias que se toma en relación a los hechos que se relatan. Funde presente y pasado en planos llenos de hilaridad y de jocoso surrealismo. Se refiere a la libertad, la riqueza de la libre interacción de las personas, la alegría de la vida y la necesidad del compromiso.

La música incluye una banda de temas vibrantes y sonoros, de aires de los años 80. Añade la canción "Something Special Is Gonna Happen Tonight", interpretada por Patti La Belle. La fotografía, de Frank Tidy, se inicia con un largo "travelling" de aproximación a una sala de esgrima y hace uso de planos secuencia en los que la camara cambia a unos protagonistas por otros, encuadres elevados, movimientos generosos de grúa e imágenes chocantes (soldado del XVIII en moto). Concluye con un emocionante "travelling" circular sin fin. Obra entretenida, pese a algunos altibajos, que no perjudican el nivel general.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una comedia de cine.
Quizá pueda parecer irreverente o no interese a nadie mi comentario (siete años sin que nadie haga alguna reseña) sobre este film de Alan Alda, pero tras verlo y comparándolo con la cosecha cinematográfica actual, me siento mucho más motivado a recuperar este tipo de películas que perder mi tiempo y mi dinero en ir al cine a aburrirme y cabrearme con secuelas, pre-secuelas de películas deleznables, o comedietas estúpidas de imperiosa actualidad a las que no pienso dedicar ni un minuto de mi tiempo, pudiendo disfrutar de otro tipo de cine más atractivo e interesante y además gratuito en la comodidad de mi casa.

“Sweet Liberty” es un espléndido trabajo que tiene muy claras y bien definidas sus intenciones, pertenece por derecho propio a un grupo específico del cine dentro del cine, tiene unas cuantas constantes de esas inmutables y, para colmo, posee uno de esos repartos muy apropiados para la historia que trata. Desde el primero hasta el último de sus actores, tiene tras suyo una buena historia de trabajo. Además “Dulce Libertad” trata de amor y de industria, de cine, dos temas indisolubles en una comedia que, teniendo a Hollywood como protagonista y a Lilian Gish como estrella invitada, tanto o más frescas que las otras, se enroscan en sí mismos hasta llegar a tonos delirantemente paródicos, autocríticos y fiablemente saludables.

Un tranquilo profesor universitario, Michael Burguess (Alda), ha escrito una novela sobre la Revolución Americana ganando el Pulitzer y, naturalmente, Hollywood ha puesto sus ojos en ella. Del guión sobre la novela, prácticamente no queda nada del original, su tratado de historia se ha convertido en una alocada comedia de guerra y sexo. El guionista (Bob Hoskins), es un trepa capaz de venderle su alma al diablo e intenta convencer al profesor de diferenciar ficción y realidad, el cine es un medio que para difundir su novela pasa por la chabacanización del contenido. El público manda y el director del film le cuenta las tres “reglas de oro” de toda producción que quiera triunfar: “Hay que desafiar la autoridad, destruir la propiedad y desnudar a la gente, ya sabe, el despelote…”.

Todo ello aderezado con la vida sentimental tormentosa del profesor con su lúcida e irónica novia, las aventuras sexuales del alocado protagonista del film, Michael Caine, y el intento del autor por mejorar el argumento y los diálogos con la actriz protagonista del film, la bella Michelle Pfeiffer. “Dulce Libertad” merece un respeto, cuando menos, pues no es la quintaesencia del cine, ni Alan Alda lo pretende, creo que su trabajo es honesto. Sin efectismos y sin trampas ostentosamente visibles. Su película no tiene el tratamiento crítico de “Dos semanas en otra ciudad”, ni la ampulosidad de “Como plaga de langosta”, no es tan delicada como “Cantando bajo la lluvia”, ni tan agria como “El último magnate”, ni tan amarga como “El crepúsculo de los dioses”. No es tan amoral como “Los insaciables”, no es nada de todo eso y, sin embargo participa, desde otro ángulo, de buena parte de todas ellas.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Aburrida
Totalmente de acuerdo con todo lo mencionado en la crítica anterior. Aunque que Michelle Pfeiffer salga guapísima ni siquiera me ha servido. Se trata de una vulgar copia de las primeras películas mucho más disparatadas de Woody Allen. Pero de una copia realmente nefasta. De una copia asquerosa.

Es ponerse el jodido Alda con el jodido Michael Caine con el jodido esgrima a hacer las jodidas gracias que no hacen jodida gracia cuando empiezo a maldecir al jodido Alda (esta crítica no está siendo escrita por Samuel L. Jackson pese a la cantidad de tacos). Me irrita y mucho y he visto películas mucho más interesantes sobre tipos que quieren dirigir una película (ese es el tema de la peli) como "State and main" o "Vivir rodando" por citar dos que no sean muy antiguas. Los demás actores destacan por su inexistencia. Y Alda por mucho que quiera no es Woody Allen. Y eso que cuando Allen se pone muy pedante no hay ni dios que lo supere. Pero Alda lo consigue. Lo único que quizás me interesa es la visita de Alda a su enferma madre, por lo demás Alda a la hoguera.

Si no os gusta ver una de Woody, si no os gusta una de Woody ver alguna de Billy Wilder y si no os gusta este ya pues la mejor solución, el suicidio. Lo recomiendo.
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6 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
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