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55 Críticas de los usuarios

Críticas de los usuarios:
8
La máscara del horror
1976, por poner un solo ejemplo. La isla de Guadalupe está a punto de ser literalmente borrada del mapa debido a la desbocada actividad del volcán La Soufrière. Los científicos, horripilados por la violencia y la rapidez de los eventos, mandan evacuar a toda persona que esté en el radio de actuación de tan devastador fenómeno de la naturaleza. Por supuesto, a Werner Herzog no se le ocurre nada mejor que engatusar a un par de colaboradores habituales, coger unas cuantas cámaras y ponerse a grabar todo lo que se cueza (por lo que pueda llegar a pasar...) en la futurible zona 0. Finalmente lo contaron en el celebrado documental 'La Soufrière' -claro- porque el Apocalipsis decidió, burlándose de todos los pronósticos, dejarlo para otro día... y no está de más recordar a los adictos a ''probarlo en casa'' que en ocasiones cuesta horrores distinguir al idiota de aquel que los tiene cuadraos.

Por su parte, entre 1999 y 2003, Errol Morris emplea su tiempo y sus atributos testiculares en informarse a fondo para poder sentarse en una silla y sacarle a su interlocutor las declaraciones / confesiones más controvertidas. Por ejemplo, es capaz de mantener una conversación fría, pausada y racional con Fred Leuchter y preguntar al que en su día llegó a ser el más reputado ingeniero especializado en máquinas de ejecución, acerca de los motivos que lo impulsaron a afirmar que los campos de exterminio nazis jamás llegaron a existir. Otro: poco a poco, cocinando el plato a la velocidad que a él más le agrada, llega al punto de mirar a los ojos al mismísimo Robert S. Macnamara y averiguar lo cerca que estuvo el mundo de fundirse en las cenizas del holocausto nuclear. Para los interesados: estuvo tan cerca como lo está el idiota del tipo que tiene la suerte -o desgracia- de tenerlos como un toro.

Unos años antes, concretamente en 1965, tiene lugar en Indonesia un sangriento golpe de estado. De la noche a la mañana, a esta gloriosa nación del sudeste asiático le aparecen, como por generación espontánea, terribles enemigos que maquinan a todas horas su aniquilación total. Son los comunistas, entes malignos forjados en las llamas del averno; reconocibles por los cuernos, la cola, el olor a azufre de su aliento y sus diabólicas fechorías, encaminadas todas ellas a destruir todo lo bueno y bello construido con el noble esfuerzo del igualmente noble ''gangster'', en cuyo origen etimológico encontramos, como todo el mundo sabe, las virtudes y bondades del ''hombre libre''. Por suerte para la madre Indonesia, fueron estos mismos valerosos gangsters quienes dieron un paso al frente y lucharon para defender a su querido y desvalido pueblo. Al fin y al cabo, tarde o temprano alguien tenía que tomar cartas en el asunto con respecto a la inminente invasión soviética... ¿qué se le iba a hacer si esto implicaba mancharse las manos? Casi mejor. Dicho y hecho. Muerte al rojo... y a sus familiares, y a sus amigos... y a todo aquel sobre el que pesara la más mínima sospecha o la más infundada de las acusaciones. Y aquí no ha pasado nada. No, mejor dicho, aquí ha pasado todo esto. Y mucho más. Y a mucha honra.

En algunos lugares, la historia la escriben los vencedores, en otros, como España, la historia la escriben los imbéciles (en caso de duda, consulte con su filólogo de íbero favorito, por ejemplo)... en otros la escriben los monstruos. Apadrinado por dos bestias pardas del documental como lo son los citados Werner Herzog y Errol Morris (tan lejos pero a la vez tan cerca el uno del otro), llega por fin el primer trabajo de Joshua Oppenheimer que ha logrado ir más allá de las fronteras de su país. Como para quedarse encerrada... 'The Act of Killing' es mucho más que el sobrecogedor retrato de un genocidio. Es, para empezar, (y yendo a la par de la también imprescindible 'Narco Cultura', la cual, tarde o temprano obviamente también nos llegará... o debería, en ésta nuestra amada nación, que a día de hoy pasa por ocupar el puesto número dos en el ranking mundial de fosas comunes) la constatación de que en este mundo en el que todo parece descubierto y -llamémoslo así- civilizado, sigue habiendo un hueco privilegiado para infiernos que en principio no cabrían ni en la más enferma de las mentes.
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120 de 136 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El hábito malsano del exterminio del prójimo
Pone los pelos de punta contemplar como asesinos irredentos hablan como si tal cosa de sus crímenes y atrocidades de hace medio siglo como si con ello hubieran realizado un favor inevitable a su país (Indonesia) y a la humanidad. Esa total insensibilidad hacia sus víctimas, esa perturbadora y perturbada noción de que matando al prójimo (que piensa diferente, que es diferente o que tiene la nacionalidad o etnia ‘equivocada’) se está limpiando y mejorando el paisaje social. No resulta fácil contemplar tanta impasible demencia – delante de sus familiares, de sus correligionarios o de su pueblo – y tanta falta de remordimiento o de culpa.

Pese a que este documental no muestra ninguna atrocidad ‘real’, sino que se limita a hablar sobre ellas o a recrear de forma fantasiosa o fantástica aquellas notorias vicisitudes, no es para almas sensibles ni para estómagos delicados visionar durante dos horas el infierno encarnado en tus semejantes, tan lunáticos, tan monstruosos, tan obstinada y pertinazmente locos.

Entre esta galería de los horrores hay personajes deleznables que supuran mezquindad y demencia a la legua, aunque también hay alguno que parece sentir y tener cierto corazón y un mínimo de sensibilidad y que a punto está de reconciliarnos con la humanidad, pero uno teme que solo sea un espejismo y que a la primera de cambio renueve su vesania y encuentre una excusa banal para matarte o destrozarte la vida.

Lo dicho: un documental desasosegante, enfermo y extravagante que fascina y repele a partes iguales, que se ve con espantado agrado gracias a la sabia elección de los personajes y a que deja que entre algo de ficción y desvarío (el montaje de un inverosímil musical, con travesti inesperada incluida) que aligera y alivia el dañino tono lúgubre y repugnante que supura su metraje. Un ejercicio brillante en mostrar la locura humana y sus múltiples manifestaciones: necesario, brillante, aterrador e imprescindible pero poco gratificante.
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48 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La arcada como catarsis
¿Cómo afrontar realizar un documental sobre un genocidio en el que los autores (y asesinos) campan a sus anchas triunfantes con los amorales actos cometidos? Joshua Oppenheimer se enfrenta a las matanzas de comunistas en Indonesia durante los 60 mediante un punto de vista fascinante, perturbador y aterrador ya que dota al asesino de un arma (el cine) para transformar en ficción y realidad reinterpretada los crímenes por los que no siente en absoluto remordimientos. El documento (y realidad pasada) pasa el filtro de la ficción y se erige como arma poderosa pero, al mismo tiempo, juega con la moralidad de los actos del ejecutor, la víctima y el propio director. La historia siempre la escriben los vencedores y evidentemente en el inclasificable documental de Oppenheimer el triunfo (si es que existe) lo marca el propio espectador dentro de esos actos (de matar) que solamente pueden ser reproducidos por una lluvia de arcadas.

El documental, la película y el cine ahora son un medio intercomunicado entre el cineasta, los responsables de un genocidio sobre presuntos comunistas tras un golpe militar y las propias víctimas, que poseen los cuerpos de esos actores (in)voluntarios en la farsa, donde poder recrear esa supuesta victoria (y genocidio). Los puntos de vista los determina los vencedores pero aquí aparece el cine y esa idealización del gánster (free-man) imprimado en el cine norteamericano. Desde el musical hasta el cine de terror se dan cita en otra película que subsiste dentro de “The Act of Killing” pero no nos importa, forma parte de ese medio que conoceremos que utilizará el director como un arma punzante y de doble filo. Todo ese conjunto reflexivo, subversivo y excepcional cederá a un surrealismo sobre una tragedia real. El espectador también asiste a la recreación por parte del verdugo real que se congratula de sus actos y apacigua a sus víctimas al conocer que todo forma parte de una ficción. Y si desde una ficción se pude sentir parte del dolor real, ¿qué sufrirán en sus propias carnes las víctimas de los hechos pasados y verídicos? No lo sabemos pero lo intuimos y con esa agonía engendrada dentro de esa otra invención y las implicaciones morales originadas en el posicionamiento de Oppenheimer, ejerciendo de Jigsaw, amarrando poco a poco un conjunto y catarsis desagradable, perturbadora y peligrosa.

La conciencia no perdona y no importa que un aparente abuelo bondadoso —que quiere que sus nietos vean un asesinato ficcionado con torturas como parte de su aprendizaje y actos que le convirtieron en leyenda del país— sea el mayor de los genocidas. Los asesinos bailan sobre las tumbas de sus víctimas, se jactan sobre todos esos seres humanos a las que mataron, alaban el perfeccionamiento de sus métodos de muerte, son salvaguardaos por los gobernantes actuales del país donde dejaron un incontable regadero de muertes y son parte fundamental y respetada de la actual sociedad. Son tratados como héroes nacionales y se cuestionan el debate sobre ‘Los Derechos Humanos’ en el ámbito internacional y lo pero de todo es que pueden sacar los colores a las mayores potencias: vivimos en un mundo genocidas que ocultan sus actos tras el sonido de las trompetas. Tampoco temen ningún acto de venganza o represalia porque mataron a todos aquellos que podrían cometerla y sonríen delante de una cámara mientras se congratulan con tal hecho. «Los asesinos han escapado de la justicia pero no del castigo», señala Werner Herzog, productor del documental. Y es que “The Act of Killing” establece en ese acto de matar y esa película devastadora, desconcertante, que combina a los David Lynch y Busby Berkeley más imaginativos y fantasmagóricos, un ensueño que acaba convertido en pesadilla. Siempre nos quedará Voltaire [«Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes cantidades y al sonido de las trompetas»] y esa excusa para ‘el acto de matar’. Efectivamente sólo queda la arcada como respuesta ante esos escuadrones de la muerte paramilitares y sus sicarios criminales reclutados. La conciencia no perdona y después de todo crimen siempre queda un castigo aunque la arcada sea el único medio que propone esa extraña catarsis y conquista que propone “The Act of Killing”. Lamentablemente no podemos vomitar porque no queda nada en nuestro interior después la experiencia de ver el mejor documental estrenado en 2013.
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30 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
GENIALIDAD
Un documental absolutamente brillante sobre el mal y la percepción de la culpa que a su vez es también un estudio sobre el alma y el "yo" y, por si fuera poco, una reflexión profunda sobre el cine y la ficción.

Uno de estos films que te dejan clavado en la butaca (o en la cama, con el portátil sobre tus rodillas, como ha sido mi caso).

No se puede explicar una película así. Hay que verla, vivirla y reflexionarla.
Una maravilla. Un milagro. Una pesadilla.
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36 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
That's dangerous for our organization's image.
El documental elige una forma extraña de abordar el asunto.
Resulta original y también arriesgado, pues renuncia a ir al grano y a dedicarse a recoger la máxima información que proporcionarían los testimonios de los asesinos filmados al estilo del documental tradicional.
Tarda en ensamblar todos los elementos, pero, cuando los ha dispuesto, las escenas culminantes tienen toda la fuerza de ese aparentemente perdido montón de datos que, bien mirado, es accesible a través de otros medios.
Difícilmente se lograría el efecto de los diálogos espontáneos de los violadores y torturadores o de la escena de la masacre en la aldea de otro modo. Ahí el director maneja el material con maestría, convirtiendo mediante argucias narrativas la recreación en más real y terrorífica que cualquier testimonio. Las escasas luces de los sicarios también ayudan, pues creen estar haciéndose una propaganda beneficiosa y hablan con toda la familiaridad y franqueza del inconsciente o del imbécil, dejándose filmar incluso en plena extorsión.

Por todo ello tal vez no deba abordarse tanto como un documental histórico y sí más como un retrato de la maldad y de los asesinos (de algunos de ellos, pues los instigadores últimos quedan a salvo y son los matachines quienes dan gustosamente la cara).
Esto le permite un planteamiento estético mucho más rico que una convencional entrevista. Es difícil describir lo bizarro y lo elaborado de algunas escenas que logra incluir sin desentonar en una narración de naturaleza tan oscura, o la extraña inventiva de otras escenas, como la del abuelo presenciando el vídeo con sus nietos.
Hay que darle su tiempo y entender lo que ofrece.
Desde luego hace pensar en la ardua labor de higiene que tiene por delante Indonesia, en pleno crecimiento, con organizaciones paramilitares como ésta de 3 millones de miembros.
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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Vuelco al sistema de valores
Anwar Congo, en 1965, pasó de ser un ganster de poca monta que revendía entradas de cine, a capitanear uno de estos escuadrones de la muerte, que buscaban y eliminaban comunistas. Anwar Congo y sus amigos, explican en este documental la manera en la que cometieron esos crímenes en masa. Para ello, el director del documental, Joshua Oppenheimer, les convence para que ellos hagan una película en la que recreen los crímenes, ambientándolos en las películas que a ellos tanto les gustaban (westerns, cine negro, películas bélicas, etc.). Así, ellos dirigen e interpretan la película sobre ellos mismos, representando sus propios papeles y los de sus víctimas, en escenas alucinantes.

Llama la atención desde el principio la impunidad con la que hablan y actúan. Más aún, con el orgullo que lo hacen. Son asesinos en masa y al mismo tiempo son héroes en su pais. Resulta espeluznante una de las primeras escenas en la que Anwar Congo explica que cogían a muchos comunistas, los hacinaban en un patio y les mataban a palos. Pero que esa manera de matarlos no era buena porque echaban muchísima sangre y cuando lo limpiaban quedaba un olor asqueroso. Entonces decidieron matarlos como habían visto en algunas películas, estrangulándolos con un alambre. Esto era mucho más limpio. Todo esto lo cuenta Anwar en una de las primeras escenas, con la sonrisa en la boca todo el tiempo, alardeando de su gran idea, y termina la escena bailando feliz y contento.

En aquellos años, Anwar y sus amigos salían del cine después de ver una película de gansters y se sentían como los personajes que acababan de ver, así que tras ver la película salían a la calle y se dirigían a matar a unos cuantos comunistas del modo en que habían visto a los gansters matar en la pantalla. Yo, que suelo decir que cuando una película me gusta salgo de cine siendo el protagonista de la misma durante unos minutos, me lo pensaré dos veces a partir de ahora.

El documental es muy curioso y original en su forma, y se nota la influencia de Werner Herzog, que es uno de los productores ejecutivos del mismo. Y supongo que también es un aviso al mundo de que hay paises en los que aún suceden cosas impensables, auténticos paraísos para mentes enfermas. Una denuncia de que en el siglo XXI, en algunos lugares tienen una mentalidad parecida a la que había por aquí en la Edad Media.

Ellos están orgullosos de haber matado tantos comunistas. Y la gente de allí les venera porque se encargaron de difundir que los comunistas eran terribles, crueles y lo peor del mundo, que había que exterminarlos porque de lo contrario ellos se cargarían el pais. Una propaganda que ya ha funcionado en otros paises y que el pueblo siempre traga, sea por ignorancia, miedo o instinto de supervivencia. Aunque ahora cuando lo cuentan, uno de los amigos de Anwar dice que no, que era mentira que los comunistas fueran tan crueles, que eran más crueles ellos. Pero no lo cuenta en plan arrepentido, sino todo lo contrario, nosotros eramos más crueles, con la sonrisa y la mirada desafiante, como si dijera que nosotros la tenemos más larga. Los comunistas eran tan nefastos que ni siquiera eran capaces de ser tan crueles como nosotros.


La desfachatez es constante, incluso con el mismo significado de la palabra gánster. Según Congo y sus amigos, gánster significa “hombre libre” (?), y por lo tanto, ser gánster es algo bueno. Así que Indonesia tuvo la suerte de tener estos gansters que lucharon para liberar al pais de la amenaza comunista. Para evitarlo, ellos no tuvieron más remedio que meterse en faena y matar con saña a todos los comunistas que encontraban, a sus familiares y amigos, a los que parecían comunistas y a los que alguna vez podrían llegar a serlo.

Sigo en el spoiler.

http://keizzine.wordpress.com/
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Estremecedora
Me senté a ver la película sin saber exactamente que me iba a encontrar. Seguía la recomendación de mi pareja, cinéfila, como en tantas otras ocasiones.

Después de los primeros minutos comienzas a sentir lo que no va a abandonarte a lo largo de todo el metraje, una sensación de asombro y repugnancia que te obliga a ver la película hasta el final, profundamente incómodo por lo que se está mostrando; y te preguntas como algo así no ha podido ser contado antes.

La manera que tiene la película de mezclar realidad y ficción, y el surrealismo de algunos cortes, provoca un aturdimiento tal que a veces te despegas del documental y apareces en una película de mafiosos para luego volver a golpearte con la crudeza de la realidad. Impresiona en las dramatizaciones como los niños forman parte del reparto de manera inconsciente dotando a la escenas de un horror especial.
Muy interesante es también la evolución del personaje principal de la película, hilo conductor de la historia, que te permite atisbar humanidad detrás de un grueso muro de impunidad e incluso reconocimiento social.

En definitiva, uno de los más impactantes documentales que yo haya visto, una oportunidad de conocer el horror en primera persona a través de unos protagonistas, sobre todo, orgullosos, y, en parte creo que gracias a la película, en ciertos momentos atormentados.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Me pregunto
Mientras veía la película se entremezclaron dentro de mí sentimientos de rabia, tristeza e impotencia. Rabia hacia los autores de los crímenes. Tristeza por las víctimas. Impotencia porque los asesinos han quedado impunes y gozan de reconocimiento dentro de su país.

Sobre la impunidad, busqué por Internet si hay abierto un proceso judicial en el país o a nivel internacional pero lamentablemente no encontré nada. Pensé que quizá Indonesia no sea un país económicamente atractivo y por lo tanto no tiene interés para la comunidad internacional. De todos modos, al final encontré una petición para que se juzguen los crímenes, aunque por ahora sólo tenía unas 2000 firmas.

Luego me quedé pensando sobre qué más se podría hacer. Ese sentimiento de rabia seguía estando presente. Una rabia que se plasmaba mentalmente en actos de violencia hacia los agresores. Pero ¿y la población? En el documental se muestra cómo la población asiste a los mítines y muestra su apoyo hacia los agresores. Me preguntaba si sería suficiente con juzgar a los asesinos, mientras la población sigue pensando igual. ¿Qué más habría que hacer para conseguir un cambio global? ¿Ese cambio global debería ser impuesto desde fuera? Pero me surgían dudas sobre si una imposición externa fuera la mejor forma de conseguir un cambio global sólido. Así que decidí irme a dormir para seguir dándole vueltas al día siguiente.

Cuando me levanté esta mañana, estuve pensando en la banalidad del mal: “algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos” (según la Wikipedia). Me pregunté si también existe la banalidad del bien y si en el fondo son dos conceptos que comparten la misma raíz. La banalidad del bien entendida como hacer el bien sin tener consciencia de ello, obedeciendo órdenes. Estas órdenes pueden venir por ejemplo de un ser superior o de unas leyes internacionales. Soy consciente que la banalidad del bien no merece tanta atención como la del mal, ya que al final, el resultado es positivo. Pero lo que me preguntaba es si los dos tipos de banalidad son igual de frágiles. Frágiles porque son actos que carecen de sentido crítico y de consciencia, en los que los seres humanos nos convertimos en simples autómatas bajo la sumisión de una autoridad externa.

A veces conversando con amigos sobre la corrupción, las desigualdades o la pérdida de derechos sociales que vivimos en los tiempos que corren, tengo la sensación que adoptamos el mismo discurso de sumisión a la autoridad pero dentro de una ideología de izquierdas. La existencia de valores que hay que obedecer sin posibilidad de ponerlos en cuestión ni poder entrar en el debate. Por ejemplo, los derechos humanos están por encima de todo y son indiscutibles. Con esto no quiero decir que no esté de acuerdo con los derechos humanos. Lo que me preocupa es la adopción de unos valores que están por encima de todo y cuyo cuestionamiento implique un rechazo aplastante.

Por ello me pregunto si existen espacios de debate dónde quepan todas las ideologías. O si tenemos las herramientas suficientes para escuchar, exponer y argumentar nuestros puntos de vista sin entrar en la guerra de la discusión emocional o las posiciones inmovilistas. Me pregunto sobre la cantidad de información que está disponible en los tiempos actuales y si somos capaces de asimilarla o bien nos la engullimos directamente. O si la tecnología y el estado del bienestar nos tienen tan eclipsados que ya no hay espacio para la reflexión y el cuestionamiento.

Finalmente, me pregunto qué es más importante, los valores que defendemos o la capacidad de ser críticos con el mundo que nos rodea, independientemente de las conclusiones a las que hayamos llegado.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La Maldad De Los Idiotas.
35/18(23/02/14) Impactante y escalofriante documental realizado por Joshua Openheimer, Christine Cynn y un anónimo indonesio, sutil en no enseñar sangre, ni un solo muerto, nos abre las carnes el relato de estos vanidosos carniceros. Está producido entre otros por el alemán Werner Herzog que dijo cuando lo vio <No he visto nunca una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década>. El escenario es Indonesia, allí se dirigió Oppenheimer a realizar un documental sobre el genocidio que se produjo en el país entre 1965 y 1966, tras el derrocamiento de Suharto al presidente comunista Sukarno, el dictador purgó a una cifra indeterminada de comunistas, van del medio millón a los 2’5 millones de personas, este holocausto fue llevado en gran parte por milicias paramilitares que metían en el saco de comunistas a todo opositor, intelectual, agricultor, chino y más posibles rivales, con el visto bueno de las potencias occidentales que se estaban en plena Guerra Fría. Comenzó el rodaje hace siete años, casi 50 años después poca cosa ha cambiado en la nación asiática, los vencedores siguen en el poder, y su ansiada recopilación de testimonios de los que sufrieron la masacre se encontró con múltiples dificultades, así que cambió el rumbo de su trabajo al darse cuenta que los sicarios o gánsteres, como gusta llamarse, campan a sus anchas, en total impunidad, siendo héroes locales venerados, que aún hoy se jactan de sus asesinatos. El documental tiene 2 versiones, la comercial de 115 minutos, y la versión extendida con 159 minutos, es esta última la que comentaré.

El director se fija en Anwar Congo, anciano de imagen tierna que se vanagloria de haber matado a más de 1000 personas, fue uno de los fundadores de la más grande milicia indonesia, Pemuda Pancasila (organización tiene a ministros en el gobierno), un escuadrón de la muerte sanguinario. Llama la atención de que en sus orígenes Anwar junto a su amigo Adi Zulkadry eran delincuentes en Medan (Sumatra del Norte) dedicados a la reventa de entradas para el cine americano (a las que Anwar es un aficionado, sus ídolos son John Wayne, Elvis Presley y Al Pacino), de gran demanda, llegaron los comunistas al poder y las cintas estadounidenses se cortaron, derivando en el cabreo de Anwar y compañía, por supuesto lo más ‘normal’ es que si luego el entrante dictador les conmina a eliminar a comunistas estos lo hagan encantados, autodenominándose gangsters, palabra que ellos traducen como ‘Hombre Libre’, término con el que se trataba a los piratas en Indonesia. También es protagonista un tipo orondo, Herman Koto, un cuasi-Falete, un admirador de las ‘gestas’ de Anwar, estrafalario hombre que se deleita travistiéndose cual Carmen Miranda.

Oppenheimer tras charlar con algunos de los genocidas y saber de su afición por el cine les propone un retorcido juego, hacer una película sobre sus ‘hazañas’, prepararan un casting para representar ante las cámaras sus barbaridades, en un tono de serie z, los asesinos rememoraran sus matanzas, con estilo revoltijo de géneros que estos desequilibrados más degustan, el cine negro de gangsters y el musical, convirtiéndose el documental en una especie de making-off de este supuesto atroz film, surcado de confesiones desgarradoras de muchos de los que participaron, salvajes que se sienten orgullosos de su trabajo, su fuerza actual radica en sus cruentos métodos de antaño, un hábil descenso a un Infierno donde se da cita aquello que dejó dicho Hanna Arendt <La banalidad del mal>, gente que convivía con el homicidio de modo rutinario, su labor era salir a la calle, atrapar a cualquier sospechosos de disidente, torturarlo y matarlo.

Es una galería de situaciones y de relatos pavorosos, contados de modo tan flemático que te hace dudar si no es un fake, además de mostrar que eran unos Monstruos, que son unos Monstruos, exhiben una mente tan cortita que aterroriza pensar que un país depositará su ‘seguridad’ en manos de estos dementes, con una mentalidad pueril. Macabro trabajo que te deja turbado, deprimente retrato de la Naturaleza del Mal, radiografía de unas personas amorales, desalmadas, asentimentales, Bestias con apariencia humana, seres repulsivos, que con un humor negrísimo describen sus ‘fechorías’ como actos traviesillos que una panda de chiquillos perpetra. El director consigue un enfoque original y desconcertante al dar libertad a las Bestias para que ‘disfruten’ con esta película dentro de una película, se creen unas estrellas hollywoodienses y se vienen arriba, se desinhiben, con el recurso de que se ‘desnuden’ ante la cámara con sus ‘batallitas/recreaciones’ nos deja más helados que con imágenes de archivo, nos asquea y desconcierta la trivialidad con la que nos escupen sus masacres, nos revuelven las tripas con tanta frialdad ‘chistosa’. El film divaga entre el surrealismo, la astracanada y el horror.

Se abre con la cita de Voltaire <Está prohibido matar. Por tanto, todos los asesinatos son castigados. Salvo aquellos que se practican en gran número y acompañados por el sonar de las trompetas>, y se inicia con un desconcertante número musical en un lugar paradisiaco coronado por una bella cascada y un lago, de la boca de un enorme pez de metal salen unas bailarinas comandadas por una especie de Drag Queen, una vez sacudidos por el momento kitsch conocemos a Anwar, nos lleva a una terraza, con total falta de emoción relata cómo asesinaba a los ‘comunistas’, y por el asco que le provocaba los charcos constantes de sangre perfeccionó su técnica hacia el estrangulamiento con un alambre, para lo que lo escenifica con un amigo, cruento, tras lo que dice se iba a disfrutar de una película de Elvis Presley, esto le ponía de buen humor para seguir matando, tramo que marca el tono bizarro del documental, también bailaba y fumaba marihuana para desconectar de su ‘ordinaria’ vida. (Continua en spoiler por falta de espacio)
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La ficción nunca supera a la realidad.
The Act of Killing provoca rechazo, terror, repugnancia, rabia, inquietud, angustia y vergüenza.

Lo peor de todo, lo más oscuro y turbador de este film, es que es solo eso... una película. Solo una pequeña aproximación a las entrañas del mal.

La ficción nunca supera a la realidad... aunque esa ficción sea en clave de documental.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Terrorífico documental en donde los autores de las matanzas escenifican lo sucedido hace 47 años
Parece mentira que las personas que han matado a tanta gente puedan escenificarlo como si no pasara nada. Para ellos el documental les sirve para rememorar sus hazañas sangrientas, en forma de sátira, una escenificación como si estuviéramos viendo una obra musical o una película de gangsters.
El principio de todo fue la llegada a Indonesia de Joshua Oppenheimer para rodar un documental de la naturaleza del país. Ante su sorpresa la gente le contaba lo acontecido 47 años atrás, con lo que el director de documentales se puso manos a la obra para hacer un documental que reflejara lo sucedido.
En este documental los protagonistas son los asesinos, por todos los lugares por donde van son agasajados con honores, les ríen sus gracias, sean niños o ancianos. Sólo hay un pequeño reducto de población que se atreve a abrir la boca, se ve reflejado también, pero siempre a la sombra de Anwar Congo y sus amigos los gangsters.
Van a escuelas, plazas públicas e incluso a los mismos lugares donde tuvieron lugar las matanzas contra los comunistas. No se averguenzan de lo que hicieron, todo lo contrario se ríen cada vez que escenifican con personas reales o maniquíes sus actuaciones.
El director danés sólo coloca la cámara y el único momento en donde conocemos su existencia es en el final, en donde Anwar le nombra cuando están viendo el resultado del documental en pleno proceso de montaje.
En todo momento tenemos claro donde nos encontramos, eso se ve facilitado por el excelente montaje y los carteles informativos donde conocemos quien es cada personaje y su cargo en 1965.
La fotografía está muy bien, vemos las zonas más pobres del país, pero también esos paisajes naturales con una gran cascada de fondo.
Otra vez Avalon se ha atrevido a distribuir un gran documental, es el tercero del año después de " Searching for sugar man " y " El impostor ". Este tipo de documentales son muy modernos, en un género que cada vez es de mayor calidad.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Espeluznante banalidad del mal
Documental estremecedor sobre la persecución y muerte de alrededor de un millón de indonesios, acusados de comunistas, a mediados de los 60 a manos de mercenarios afines al dictador Suharto.
Los verdugos reales de estos asesinatos, héroes anticomunistas para las autoridades del país, se ofrecen a rememorar y recrear escenas de esas ejecuciones con el cinismo y falta de pudor de los vencedores. Es pavorosa y escalofriante la insensibilidad de estos personajes, que muestran lo más abyecto y rastrero a lo que puede llegar el individuo cuando está sometido a la sinrazón de la barbarie fanática.
Abandonas la sala masacrado, conmocionado, tu salud te recomienda olvidarla pero no puedes...
De visión obligatoria para la prevención de integrismos salvapatrias y demás banalidades del mal.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El diablo es de carne y hueso
Esta es una de esas películas (documental) que te remueve por dentro y deja escenas imborrables en tu memoria. Nada más terminar, mis preguntas al aire fueron ¿qué repercusión habrá tenido? Como alguien me comentaba, en su país seguramente no se haya estrenado o eso sería lo "lógico" porque con la forma de ser que muestran sus protagonistas todo es posible y de todos modos tampoco tendría mayor trascendencia en una población que parece zombie cautiva del sistema y supongo que los que tengan sentido común (que los habrá seguro) habrán huido tiempo atrás. Aunque mi mayor duda fue si no ha habido nadie con poder que tras verlo haya dicho "oye, a esta gente hay que llevarla ante la justicia ya", pero bueno, el mundo no funciona ni tan rápido ni bien ni sencillo como debería, aunque no me extrañaría que en un futuro hubieran noticias al respecto.

Centrándonos en lo que nos ocupa, imagináos una película de acción, de gore o ambas donde gobiernos con matones a su servicio matan indiscriminada e impunemente a todo aquel que quieren con la excusa de que son sangrientos y despiadados comunistas a los que hay que eliminar para salvar a los nuestros. Las peores torturas inimaginables a mujeres, niños, ancianos y personas en general, las formas más despiadadas de morir, con todo lujo de detalle, litros de sangre y casquería extremas. Ni con los mejores efectos especiales hubieran conseguido una película tan "molesta" y demoledora como esta. Nos acerca no a actores, sino a sicarios que en los años 60 llevaron a cabo un genocidio indiscriminado y que orgullosos de ello pretenden mostrar al mundo como acababan con incontables vidas en una película que ellos mismos ruedan. Este documental es sobre el rodaje de esa película y los testimonios de los asesinos.

Diría que surrealista pero por desgracia triste realidad como llevaban a cabo sus matanzas sin oposición y ante el terror de las víctimas. Con el respaldo del gobierno hasta hoy en día, con discursos dictatoriales y que hacen apología de la violencia y el asesinato, sus autores se vanaglorian de como torturaban y mataban a personas de toda edad y condición y reconocen como era todo bajo falsos argumentos e historias de oscuros comunistas cuando los únicos despiadados eran ellos. El horrorizante relato no tiene desperdicio y hace aborrecer al ser humano y como puede ser (como ya sabemos) la peor bestia que camina sobre la tierra. Aparte de su complejo y completo análisis del genocidio y todos sus culpables que abarcan practicamente todos los estamentos políticos y sociales, quizá su mayor mérito, virtud o cualidad a destacar es el acercamiento y como "humaniza" a algunos demonios que en realidad son humanos de carne y hueso. El orgullo de algunos, los cargos de conciencia y pesadillas de otros, la carga de lo realizado años atrás, aunque para muchos fuera todo como si jugaran a un videojuego y no estuvieran matando seres humanos o como dicen ellos, simplemente ver películas de mafiosos americanas y hacer sus propios platós en sus calles.

Un documental que se ha llevado alabanzas merecidas y que no dejará indiferente a todo aquel que lo vea. El único "pero" que le puedo poner es que pese a como digo ser muy completo en todos los sentidos, en algunas fases puede resultar repetitivo o redundante y recortándole un poco de metraje ya hubiera sido perfecto.

Nota: 7'5
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Realidad, ficción, pesadilla
En realidad, tengo muy poco que rebatir a quienes consideran que esta pieza documental es una obra maestra. Supongo que como a ellos, a mí también se me han puesto los pelos como escarpias a lo largo de varios momentos ante lo que he visto y lo que he oído. Y ante lo que he intuido que casi es peor. Desde luego mucho más que lo que se cuenta horroriza cómo se cuenta, da auténticos escalofríos ver a ese matón septuagenario confesar a la cámara a cara descubierta los horrendos asesinatos que cometió en su juventud, y recrear con total normalidad los métodos que utilizaba en sus ejecuciones. Como si ya con el paso del tiempo hubiesen prescrito o tuviese que ser exculpado de ellos a causa de su avanzada edad. Pero hay crímenes que nunca deberían prescribir; la indecencia tampoco lo hace .Pobrecito mío, me acordé de la Tatcher suplicando clemencia por el anciano Pinochet cuando Garzón ordenó su encarcelamiento a finales de los noventa. Resulta verdaderamente obsceno observarle paseándose por el escenario de sus crímenes, bromear con quienes entonces eran sus superiores o manejaban la propaganda del régime que los sostenía y les obligaba a perpetrar las atrocidades que nos cuentan.

Hay también quienes tachan este film de inmoral. Y yo me pregunto ¿por qué? ¿dónde está esa presunta inmoralidad? Es francamente meritorio lo que han hecho estos dos señores Joshua Openheimer y Christine Cynn, marcharse a Indonesia, plantar allí su cámara y conseguir los testimonios de estas auténticas bestias pardas. Y mediante una macabra performance que mezcla realidad, ficción y pesadilla reflexionar sobre los orígenes del mismo mal. Alguien ha señalado con acierto los vínculos de la película con el monólogo final del coronel Kurtz/ Marlon Brando en el “Apocalipsis Now” de Coppola. Ya desde su propio título, el film plantea esa profunda reflexión de la que también será partícipe el espectador; su papel de voyeur simplifica y banaliza lo que supone en sí el acto de matar, lo sencillo que es quitar una vida, ya sea en el mundo real o en la ficción. La inmoralidad no está en la película, está en la propia naturaleza humana.

Mi baja valoración final de la obra no se debe pues a prejuicios de tipo moral ni nada por el estilo. Bien es cierto que vi la versión extensa de 159 minutos y se me hizo algo larga. La película contiene un mensaje lo suficientemente rotundo para que siga rondándote en la cabeza horas y hasta días después de haber salido de la proyección, independientemente de su metraje. La excesiva duración del film convierte en reiterativo ese mensaje y lo dispersa. Al menos en la versión que yo vi. Pero la película deja poso y da que pensar, de eso no hay duda.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¿Qué coño acabo de ver?
Hace un año ya advertía, a razón de 'Searching for Sugar Man', que el uso de técnicas propias de la ficción cinematográfica para contar hechos reales en un documental era algo que se me antojaba muy interesante y raro. Pocos meses después, y producida en paralelo, llega este 'The Act of Killing' que ahonda aún de forma más profunda y certera en dicho recurso.

Los protagonistas de unas atrocidades cometidas hace casi 50 años son invitados a recrearlas para explicarlas... y se les va la olla. Montan un follón psicótico lleno de lecturas de todo tipo que hiere de verdad, te explota el cerebro, lo ilumina, lo bloquea, lo eleva a lo mejor y lo hunde en la miseria. Lo mismo con el corazón y lo mismo con el estómago. Desde aquella magnífica-horrorosa película belgo-francesa de 1992, 'Ocurrió Cerca de Su Casa', no había sentido tal grado de angustia real. Y aquello era mentira, una ficción ingeniosa, nada más. Aquí han conseguido que tenga la sensación de ver realmente una snuff movie dentro de un documental sobre como se rueda una snuff movie.

También confluyen en el documental evidentes lecturas mucho más perniciosas. Por ejemplo, y por citar una de las más dolorosas: darnos cuenta que jamás en todo el film hemos visto a los protagonistas como realmente humanos, que hemos sido aprioristas con ellos (así como ellos lo fueron con sus víctimas) hasta el minuto final, cuando vemos su humanidad esencial y común a la nuestra, cuando los vemos sufrir y vomitar por ello. Hasta que no vemos la snuff que los humaniza a ellos y nos señala a nosotros, vaya. La cámara estaba ahí para captar el momento y se produce el milagro. Imagínense ustedes las emociones asquerosas que siente uno por dentro.

Necesario, genial, inclasificable, un martirio muy, muy profundo.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Desconcertante
Si el objetivo que se perseguía con este documental era confundir a la audiencia creo que lo han logrado sobradamente. ¿Hasta qué punto funciona también como denuncia? Eso ya es más discutible.

Parte de una premisa francamente absurda: desde la impunidad total, unos matarifes indonesios pretenden recrear sus pasados crímenes durante la dictadura como si fuera teatro o cine, con una finalidad cuánto menos podríamos decir que equívoca, pues en verdad cuesta discernir si se están vanagloriando sin más, o si más bien se trata de un intento de autojustificación subconsciente con la excusa de una sociedad putrefacta que les premia por sus actos.

Sea como fuere, más allá de eso poco es lo que aporta la obra, pues no se describe el conflicto desde una óptica histórica o global. Son prácticamente dos horas (no quiero ni pensar en la versión extendida) de los vejetes torturadores haciendo el payaso y largando sin parar, simples paridas o grandes verdades de la vida, eso depende de quien lo mire.

Reconozco que me ha descolocado. Sí, se nos permite observar el gran circo donde todos estamos inmersos con gran crudeza, pero paradójicamente el efecto que produce es de irrealidad, como si lo que estuviéramos viendo careciese de sentido. Comprendo que se pueda calificar esto como genial, pero por algún motivo a mi las evoluciones de semejantes fantoches me han acabado por hartar un poco.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Seguir sorprendiéndonos con la humanidad
Uno cree que ya ha visto muchas cosas, que los hombres buenos a veces son malos y que los hombres malos a veces son buenos, y que todo sigue igual. Pero cuando aparecen joyas como este relato documental de The Act of Killing no queda de otra que aplaudir la sorpresa. No creo que muchos se sorprendan al verlo, porque el asombro es patrimonio de los hombres y es una disposición nuestra que consiste en dejarnos llevar por lo que ha pasado, pasa y pasará; sin embargo, hay algo en este filme que seguirá siendo una pregunta arrojada al vacío: ¿por qué el mal logra justificarse? Aquí vemos a criminales que deambulan y recuerdan sus asesinatos, sus torturas, sus desmedidos deseos de "limpiar" la sociedad de lo "otro", lo "extraño", lo que no es "como nosotros", y así justificamos todo. Hay momentos absurdos en los que podemos hasta reírnos de lo que estamos viendo, y aparece una especie de llamado de atención para asumir lo que realmente se esconde en esta historia: la banalidad del mal. Así es, como lo pensó Hannah Arendt.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Cansino Ingenio
Nos encontramos ante un documental difícil de clasificar. Por un lado tenemos la historia reciente de Malasia, que vivió una persecución terrorífica a mediados de la década de los sesenta. La sociedad allí es muy diferente a la nuestra, tan solo hay que ver cómo son tratados los gansters y asesinos. Todos saben de asesinatos. Está en la memoria colectiva y lo que es peor, se concibe como algo normal e incluso, positivo. Haber asesinado a una persona de ideología comunista es algo por lo que un habitante de Malasia se puede sentir orgulloso. Es aterrador.
Por otro lado, tenemos la forma de narrar todo esto. Es muy atrevido e ingenioso, por parte de los realizadores de este documental, sacar a la luz los testimonios de esta serie de asesinos y darles la idea de que van a realizar un film acerca de las atrocidades cometidas. Pero la verdad es que me ha resultado un trabajo muy aburrido del que saco lo que se saca siempre de trabajos de este tipo: Una sociedad atroz que vive en torno a una miseria y corrupción consentida. Es algo que queda claro a los 20 minutos de documental. Alargar este trabajo tanto, hasta las casi tres horas, viendo a los mismos subnormales presumiendo de su demencia, es cansino. Yo al menos no disfruto viendo a semejante pandilla de cretinos en pantalla soltando lo primero que se les pasa por la cabeza. Porque es que encima el documental se nutre, en su mayor parte, por testimonios de chiflados. La verdad es que al menos yo tuve suficiente con los primeros 20 minutos y me atrevo a decir que la mitad de los que le ponen un 8 o 9 a esta obra lo han hecho por postureo y que posiblemente no hayan ni acabado de ver el documental, porque es infumable.

Ni es una obra de arte, ni es rompedor. Es meritorio, pero aburrido a partes iguales. Una vez más, las críticas generalizadas no corresponden con la realidad.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El Acto de Matar: Aterradora y perturbadora obra maestra
The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, Christine Cynn)

“The Act of Killing”, es de uno de los documentales o largometrajes más impresionantes, grotescos, abominables y perturbadores que he visto en los últimos años. Es difícil calificarlo, porque sentí una constante sensación de hastío al verlo, que probablemente no vuelva a verlo jamás. Pero reflexionando, porque es un filme que debe llevar a la inmediata y constante reflexión, reconozco que es uno de los trabajos más brillantes que se han filmado; la forma cómo se hizo y los mecanismos utilizados para mostrar la cara y revivir el pasado de todos esos miserables que asesinaron a tanta gente en el pasado. Y de paso, esos miserables, en ciertos momentos nos muestran y restriegan en la cara verdades y realidades incomodas, que constantemente enfrentan al espectador a sí mismos y a sus propios dilemas morales. Es por esto, que al final me ha resultado un trabajo notable, perturbador, pero necesario. Hay muchas cosas que decir de este documental, en otro post lo ampliaré un poco más (o que cada uno lo averigue y saque sus propias reflexiones), pero una de ellas, es que nos reafirma en críticar sin piedad a todos esos largometrajes de ficción o documentales convertidos en propaganda de cualquier institución. Y demuestra también que los mismos seres humanos somos los seres más aterradores del planeta.

http://www.frasesdepeliculas.com.co/
http://asbvirtualinfo.blogspot.com/
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit"
"Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro"
Así definiría esta GENIAL película-documental, que nos explica con todo lujo de detalles un genocidio del que yo mismo no tenía ni la más remota idea. De verdad que ME ALEGRO PROFUNDAMENTE DE HABERLA VISTO... y eso que no es una película fácil de ver con los asesinos hablando de manera abierta y hasta orgullosa en algunos momentos de como aniquilaban a personas, recreando como ejecutaban a gente con cables, como la interrogaban y torturaban con una tremenda violencia y contando con unas recreaciones fantasiosas de las pesadillas de los asesinos. Y lo mejor es que esos hechos, hoy en día en Indonesia... SON CELEBRADOS Y HONRADOS COMO UNA GESTA NACIONAL.
Y es que ese país no ha pasado página de lo que ocurrió, porque vemos en pleno apogeo a la "Juventud de Pancasila", una organización que recuerda al partido nazi por organización, violencia y autoritarismo y con un papel absolutamente dominante en el estado. También vemos como los ciudadanos chinos todavía temen a esos criminales que todavía los amenazan y les cobran impuestos con el beneplácito del gobierno, que los anima y protege pues muchos pertenecen a sus filas.
"Necesitamos más gangsters" dice el vicepresidente del gobierno indonesio...
Y tan buena como la imagen de esa organización, corrupta, violenta e intolerante que sigue gobernando hoy en día, son las reacciones y declaraciones de los asesinos a lo largo del documental.
Cuando el asesino principal que siempre creyó en la bondad de su misión (Realmente como todo ser humano tenía unas pesadillas horribles por lo que les hizo a esa gente inocente) se va dando cuenta de lo que sufrieron las decenas y decenas de personas a las que asesinó; siente como el peso de su conciencia cae sobre él y lo hace sentirse enfermo y asqueado de sí mismo hasta el vómito.
No le vale el mecanismo de defensa de su subconsciente en el que lo asesinados les dan las gracias por haberlos mandado al cielo, da igual que se justifique con las películas que lo influenciaron o la cultura, o que creyera que era lo necesario... Al ponerse en el lugar del otro, el peso del remordimiento cae sobre sus hombros con todo el peso de las almas que se llevó y de sus crímenes que no fueron nunca juzgados... por nadie que no fuera su propia CONCIENCIA.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
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