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9
El viaje al corazón de la vida
Una road movie consiste como su nombre indica en una película sobre un viaje. Y un viaje puede dar lugar a infinitas películas, ya que las películas hablan sobre la vida. ¿Y qué es la vida si no un viaje? Ahora bien, de esas infinitas películas, "París, Texas" es una entre un millón.

Travis es un hombre sumido en la más amarga de las perdiciones, la de haber perdido lo que más te importa en la vida, la de curar las heridas que el puto amor deja, la de sentirte un cabronazo por no saber preservar ese tesoro que cada uno tiene en la vida. Ese hombre afortunadamente recibirá una segunda oportunidad para poder arreglar lo que más le importa, coger el toro de la vida por los cuernos y dejar por sentado que ahora manda él y que nada en el mundo le va a impedir que cumpla su misión vital.

Pero él no podrá estar ahí cuando todo se arregle. La felicidad no es para él, para llegar a su destino tendrá que abandonar lo que ya perdió. Tan sólo le quedará un precioso recuerdo, y la certeza de que lo más grande que jamás podrá tener está a salvo y feliz. Quizás no sea el paraíso, pero estará en paz. Su viaje existencial ha llegado al puerto que tenía que llegar. Y la prueba de ello son unas lágrimas imborrables que han brotado tanto por dolor como por felicidad.

París, Texas: un paraíso lleno de polvo, pero más resplandeciente que ninguno. Una película que no es ni forma ni contenido, sino la emoción misma, una emoción que engulle lágrimas, dolores y tristezas, y que deja un estado de tranquilidad y ese poso que sólo sabe dejar el cine más grande.
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197 de 222 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Travis se redime
Wenders se empeña en ser más papista que el Papa exhibiendo una vez más el catálogo iconográfico oficial de la América profunda: rectilíneas carreteras sin fin, solitarias estaciones de servicio, moteles sórdidos y, como no, el polvoriento Mohave. Todo ello impecablemente solapado a una banda sonora que acentúa a la perfección la tremenda carga melancólica de sus imágenes, dicho sea de paso, filmadas con meticuloso empaque.

El germano me engatusó, para que vamos a negarlo, merced a su innegable sensibilidad estética, pero al final el metraje acaba por pasarle factura. Me explico. La peli arranca bien. Enérgicamente. La aparición de un enigmático personaje deambulando en pleno desierto bajo un sol abrasador plantea cierta intriga inicial. Cuando descubrimos que ese pintoresco individuo ataviado con gorra de béisbol roja y traje andrajoso anda desaparecido desde hace cuatro años, nuestro interés aumenta. Su estado pseudocatatónico lo intensifica considerablemente. Sin embargo, a medida que el amnésico Travis (Harry Dean Stanton) va recuperando la memoria y empieza a comportarse como una persona normal, nuestro estímulo decrece paralelamente. Sabemos que tiene un hijo de siete años (Hunter), fruto de su relación con Jane (una bellísima Nastassja Kinski), truncada abruptamente por causa desconocida. Carecemos de indicios y la intriga inicial empieza a tambalearse. Travis y Hunter inician un viaje en búsqueda de Jane, el vértice perdido de ese triangulo familiar desestructurado. Tal vez resulte imposible recomponer esa Sagrada Familia, pero Hunter tiene derecho a conocer a mamá Jane. Y ahí es donde Wenders arrancó mis primeros bostezos, estirando el chicle en demasía. La síntesis narrativa no es su fuerte y en ese punto el chicle pierde elasticidad, se torna fláccido y la peli revela disfunción eréctil. Total, que esos 40 minutos de más le pesan como una losa a “Paris, Texas”, restándole agilidad, contundencia y brillantez .

Afortunadamente, la secuencia de la conversación (monólogo casi) entre Travis y Jane en la cabina del Peep-show remontó mi líbido cinéfila satisfaciéndome plenamente en el rush final. Sin lugar a dudas, uno de los diálogos más bellos, francos y profundos del cine de los ochenta.
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187 de 235 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
De sentimiento
Si alguna vez en tu vida necesitas perderlo todo, tirar los nortes por el sumidero, contar cómo van cayendo uno a uno los pequeños sacos de lastre, hazlo rápidamente y sin titubear. Agarra la puerta y vete, dejando que los recuerdos vayan deslizándose nuca abajo mientras inicias una caminata irresponsable hacia el nacimiento.

Necesitas perder todos los nortes para iniciar la búsqueda ilusionante y dolorosa. Y el desconcierto nos hace tan puros e impredecibles. Es la maravillosa consecuencia de semejante despegue, un mareo...Estás en las arenosas callejuelas de un desierto lleno de viento y sol con la gorra calada hasta las napias. Ya estás lo suficientemente perdido, comienza a encontrar, si quieres. Entonces debes hacer una llamada para que te saquen de allí.

Ahora todo puede ser maravilloso, si nos dejas verlo.
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134 de 180 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Proceso de silencio
La acción empieza cerca de la frontera mexicana, en Texas. En medio de ninguna parte, un hombre aparece en el desierto. Ha cruzado la frontera ilegalmente y después de llevar días caminando se desploma al llegar al primer núcleo urbano. Este hombre ha empezado una exhaustiva búsqueda de su esposa e hijo.
Punto de partida. Aparece un hombre con una gorra roja en medio del desierto. Obsesionado con caminar hacia la nada. Harry Dean Stanton es un cowboy acabado, mudo. Bienvenidos a la América más profunda. Atentos a los movimientos de los personajes, su forma de hablar, sus costumbres, su paisaje rural y urbano, la soledad de los espacios. Toda la historia se mueve en un paisaje íntimo de desolación, que se materializa en imágenes.
El alemán Wim Wenders se alejó del camino emprendido en El estado de las cosas para adentrarse, de la mano del guionista y actor Sam Shepard (autor de las “Crónicas de Motel” en las que se inspiró el filme), en un viaje por las serpenteantes carreteras de la memoria y el olvido. Extraña road movie rodada al mismo ritmo pausado que lleva el tractor de Una historia verdadera (con la que también comparte al actor Harry Dean Stanton), algo que casi siempre entusiasma a los críticos. A mí también.
Desarrollo. Un hombre ayuda a su hermano a recuperar su pasado, que desemboca en la vía adormecida, que no muerta, de Nastassja Kinski, mujer de mirada explícita. Historia de redención, asunción de los errores pasados, madurez y perdón. O película familiar y de amor, donde "lo que no puede ser, no puede ser" por más que lo deseemos, por más que lo necesitemos y por más que parezca ser lo ideal.
Desenlace. Las cabinas. La expiación de las culpas. Ella no lo ve y él no la mira, o ellos se ven, se miran y se dan cuenta de que hay cicatrices que no pueden cerrarse, y que no todo es posible. Nuestros miedos. ¿Que os pasó?. El silencio que toca Ry Cooder nos envuelve.
Hipnótica, humana, magistral. Una historia compleja se transforma en unas vivencias y en una necesidad de libertad a la vez no deseada. Amarga, muy amarga. Como los seres humanos, como somos, incapaces de superar, a cicatrizar, nuestras heridas del pasado.

Gracias por vuestras críticas. Todas son maravillosas.
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93 de 105 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"Ella quería algo y yo no supe ver lo que era"
El alemán Wim Wenders, de cuya extensa filmografía yo sólo conocía la peculiar "El cielo sobre Berlín", me ha hecho transportarme esta vez a los entornos silenciosos y ásperos del desierto de Mojave, en el que el viento trae los lamentos de dramas familiares que quedaron en el aire, sin concluir y en una expectativa vacía y dolorosa.
A veces el amor se vuelve destructivo, y lo que era una continua fuente de alegrías se convierte en un calvario. A veces el amor se torna en obsesión y en prisión y termina por destrozar.
Travis Henderson quizás amó demasiado, de un modo obsesivo y paranoico, haciendo polvo todo lo que amaba. Y todo se rompió. Después, nada le quedaba. Nada más que las ansias de huir. Huir hacia un lugar de silencios, huir de sí mismo, a algún sitio donde no pudiera oír la voz de ella persiguiéndole. ¿Hacia dónde puede ir Travis cuando sabe que toda su vida ha quedado atrás? ¿Qué ha quedado de aquella persona que alguna vez fue, que recuerda vagamente haber saboreado algo que podría ser felicidad? ¿Dónde quedó aquel hombre que era?
En París, Texas, dejó abandonados los sueños que nunca llegó a realizar.
Con el sosiego de una cámara paciente, el polvo desértico arrastra los dolores de la tierra reseca y desolada. Nos hace observar el lento regreso a la vida de un hombre perdido. El vacilante reencuentro de unas personas condenadas a amarse en la distancia. El temor latente a la pérdida definitiva, y a la vez el miedo a tratar de restaurar los fragmentos rotos. Miedo a mirarse en el espejo del pasado y remover el fondo.
Travis regresa desde la dimensión sin memoria en la que ha estado sumergido, resurgiendo de sus cenizas para enfrentarse a los fantasmas que le persiguen. Para buscar el perdón. Para buscar el calor de los rescoldos de aquellas llamas que le abrasaron una vez. Y para ser, por fin y para siempre, el padre que apenas fue. Consciente de que el buen actor sabe retirarse en el momento justo del escenario, cuando ya ha dejado atrás lo mejor que podía dar.
El desierto con sus carreteras interminables como cintas polvorientas que se pierden en la lejanía, es más que un simple accidente geográfico. Es el reflejo de almas portadoras de heridas que no cicatrizan. De personas inconclusas en continuo viaje por las carreteras del corazón, macerando culpas y madurando la difícil aceptación de sus errores, con la esperanza de llegar a un equilibrio en el que sea posible vencer, al menos en parte, los muros de un distanciamiento implacable.
La música triste de Ry Cooder se parece al viento del desierto. Se asemeja a ese paisaje árido, donde el tiempo transcurre más despacio. Notas lánguidas que lloran a solas por esos momentos perdidos que nunca van a regresar.
Así, "París, Texas" es separación y es reencuentro. Es un recordatorio de que el amor es paraíso e infierno, y que es imposible controlar sus arrebatos, a veces más perjudiciales que beneficiosos. Y duele. Duele mucho. Todo el que lleva su marca, la llevará de por vida.
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68 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Los 15 minutos que hicieron grande a una película
París, Texas es una obra maestra gracias a quince minutos inolvidables. Hasta la mitad de la cinta estamos ante una película normal, gran fotografía y excelente banda sonora. Sin embargo, desde el momento en el que Travis comienza el viaje con su hijo para encontrar a su madre, la película adquiere un clima indescriptible. Sabemos que la explicación a todo lo que ha sucedido anteriormente se aproxima, nuestro cerebro lleva rato en marcha, pero es incapaz de imaginar la causa del comportamiento de Travis. Y la respuesta a todo esto nos la sirve Wnders en bandeja de plata, con un plano secuencia que tardará tiempo en ser superado. Quince minutos en el peep-show (cuando veais la película entendereis todo) rodados con ese plano secuencia y con una "cámara en off" para los primeros planos de Jane (una Nastassja Kinski memorable). Esta escena nos enseña las consecuencias del amor, de un amor de verdad pero imposible al mismo tiempo, de un amor cuya única solución es el abandono de mujer e hijo. Por favor, no os perdais esta película (en versión original claro). Seguramente, su principio no entusiasme, e incluso algunos (los menos pacientes) caeréis en la tentación de dejar de verla. Sin embargo, cuando la veais, tendréis ganas de visionarla otra vez. Yo lo hice. Después estareis durante una semana o más (depende de lo filosóficos que seais) estremecidos por toda la película, pero sobre todo por esos quince minutos que ya forman parte de la historia del cine, y que hacen de una película normal, una película imprescindible.
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56 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Orfeo y Eurídice
Travis Henderson desciende “de Orfeo, que marcaba la cadencia de remo de los Argonautas y que bajó al infierno y volvió a subir, menos vivo que antes de la hazaña, pero vivo al fin y al cabo.” (*)

Travis entrevió la figura de Eurídice, fugaz y temblorosa, detrás de la pantalla infranqueable de un peep show. No quiso ni girarse para ver de cerca aquella sepultura.

Su llanto enternecía hasta las fieras.

Comprendió que una forma del amor es la renuncia, el exilio profundo e interior.

Orfeo ya no canta. Sólo escucha la lira de Ry Cooder.
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51 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
París, Texas. Arte, sencillez, calma, con mucho calma porfavor.
París, Texas

París, Texas

París, Texas

Papá y mamá hicieron el amor allí por primera vez.
Es donde empecé.
Yo empecé allí.


Una chica muy joven y guapa, ¿entiendes? y un hombre mucho mayor, algo alocado, rebelde...




Creo en el poder de la imagen, el cine es eso, en mi opinión. Siempre lo he defendido, por encima de la palabra o la música (en el cine, no como artes independientes, en ese caso la valoración es la misma) como ya he dicho, el guión (literatura) y la música pertenecen a otras artes; pero ¿qué importa? cuando ves París Texas, no importa nada. Nada, excepto lo que sientes viéndola, exacto, eso es lo que de verdad importa, porque eso es el arte.

París, Texas, es sencilla, no tiene florituras, ni grandísimos planos, ni un guión propio de un absoluto conocedor del lenguaje. Como ya he dicho no importa, pero importa que no importe; jajajajaja creeréis que estoy de broma. No, es cierto, porque sobra con el sentimiento, no necesita ser recargarda con nada más, la sencillez lo es todo, el amor lo es todo, porque el amor puede volver loco, y no hay nada, por muy cursi que suene, como que te digan:

Te quiero...
Te quiero más que a mi vida...


No hay más que decir sobre esta obra maestra, esta joya para mentes sensibles; siéntense, disfrútenla con calma, déjense llevar por las emociones y todo saldrá bien por París, Texas.
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48 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
PARA LOS QUE UNA VEZ AMARON… Y PERDIERON
Intento normalmente afrontar una crítica de la manera más objetiva y analítica, distanciándome del objeto para desmenuzarlo con la máxima claridad expositiva que pueda. Hoy no puedo. Hoy he visto “París, Texas” ¿Y qué puedo decir? ¿Escribir veinte líneas sobre la estupenda estructura narrativa, de lo pausado pero fascinante de su desarrollo, de las magníficas actuaciones de Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski y Dean Stockwell, de las desoladoras cuerdas de guitarra de Ry Cooder, de las panorámicas del desierto del Mojave y cómo el cabrón de Wenders consigue que te quedes hipnotizado hasta con un letrero de neón?

Paso, porque me quedaría corto. Pocas veces un film emociona y llega al alma de verdad. Algunos tocan cierta parte de ti que un día tuviste. Que te recuerdan cuánto amaste, y el enorme vacío que sucede al darte cuenta que aquello en torno a lo cual giraba tu existencia, se ha perdido y no volverá. Y duele, joder, cómo duele. Aunque haya pasado mucho tiempo y tu corazón esté en otra parte, hay pedazos del alma que una vez se te desprenden, no hay manera de volverlos a pegar. “París, Texas” nos enseña que, a pesar de que las heridas no acaben de cicatrizar del todo jamás, nunca es tarde para intentar hacer lo correcto y quedarnos, al menos, en paz con nosotros mismos. Aunque sea a base de renunciar a recuperar lo que más deseamos en el mundo. Y lo hace con maestría, sin prisas, y con dolor, mucho dolor en el camino. Te odio, Wim Wenders.
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34 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Desoladora y profunda
Un hombre de expresión serena y rostro firme vaga por el desierto con pesar.
Ante su presencia, un coche se para y de él baja un hombre que le reconoce. Dice ser su hermano.
Sin oponer resistencia, sube al coche, pero permanece callado. Impasible.
El conductor insiste, intenta arrancarle palabras, pero sin lograrlo.
Acto seguido, termina cediendo y hablándole sobre sueños rotos y el tiempo pasado.
Finalmente, querrá salir del agujero, despojarse de sus temores y afrontarlos, deslizarse del submundo en el que habitaba y retomar los cabos que quedaron sueltos, debido a su temor, y la culpabilidad...

La soledad y la culpa son monstruos que nos transforman en bestias, incapaces de reaccionar, de tomar el peso en una relación y de salir de nuestro propio mundo en el cual nos sentimos refugiados, pero jamás a gusto.
Ese es el principal inconveniente que Travis halla ante sí, el sentimiento de culpabilidad le desborda y no logra encontrar un sistema de apertura, pues tras su expresión sosegada se encuentra un ser reprimido por sus emociones, por sus remordimientos.
La interpretación de Harry Dean Stanton viene como anillo al dedo al personaje que interpreta, pues con agriedad encauza un papel complicado, y va girando las tornas hasta desenvolver sus verdaderas intenciones.
Ese ritmo impasible que Wenders impone resulta perfecto, rudo y descorazonador, tanto como algunas de las secuencias finales si cabe, que rezuman sentimiento, profundidad y una complejidad tremendas.
Las punzantes notas que suenan a lo largo del film, no hacen más que acrecentar esa angustia, ese dolor.
Imprescindible película. Gracias, señor Wenders.
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35 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
I Knew These People...
Hay lugares donde las cosas que hiciste en el pasado parecen no importar, donde puedes volver a olvidar todo y empezar de nuevo. No son lugares mundanos, parecen pedacitos de otro mundo que por error han llegado al nuestro para reconfortar a los pocos afortunados capaz de buscarlos con suficiente dedicación como para encontrarlos, escondidos en medio de un desierto al que pocos se atreven a enfrentarse. Paris, Texas es uno de esos lugares. La gran obra maestra de Wim Wenders, aquella con la que se alzó con la Palma de Oro en el festival de Cannes de 1984, es para empezar todo un prodigio de la técnica cinematográfico, el perfecto ejemplo de cine como arte dirigido a los sentidos. La maestría de Wenders moviendo la cámara, la fotografía como siempre maravillosa pero nunca tan excepcional de Robby Müller y la música de Ry Cooder, tres genios reunidos y en perfecta conjunción, hacen de esta una película tan bella plásticamente que a veces parece escapar de las convenciones del propio cine. Nadie pinta paisajes como Müller, que hace aquí uso de una fotografía hiperrealista y sobria para traernos el colorido del desierto, de las luces nocturnas de las autopistas, de las puestas de sol y demás espectáculos de la naturaleza con una paleta donde el verde y el rojo parecen querer expresar tantos sentimientos como los propios actores, ofreciendo uno de los mejores trabajos de cinematografía que se han visto probablemente nunca en el cine. Por supuesto, nadie filma road movies como Wenders, el único capaz de transmitir con perfección la soledad y libertad que otorga la autopista con esos planos tan sutiles y elegantes que ya aprendía a usar en su gran obra temprana, "Alicia en las Ciudades". Y Cooder, claro, y su solitaria guitarra tañendo como lamentos salidos del alma del pobre protagonista.
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29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Alma
Si la vida te apuñala, deja de pensar. Sólo así alcanzarás el reconfortante desierto del olvido.

Pero ten cuidado de no caminar demasiado... o cruzarás de nuevo sus límites.

Sin saber muy bien cómo, la razón te indicará el camino de vuelta... y tal vez te acerques demasiado a tus monstruos.
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53 de 83 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
EL AMOR PUEDE CAUSAR DAÑOS IRREPARABLES A QUIENES AMAN
Cuando estrenaron esta película en España y fui a verla, me hallaba yo viviendo un tiempo de melancolia, de modo que comprendí muy bien el sello de soledad, independencia, libertad y fracaso de sus personajes. En un lugar llamado París, del Estado de Texas (EE.UU), con cielos muy azules y tierras anaranjadas, Win Wenders, nos enseña a un hombre ido, extraño, estepario, loco de amor. En un momento determinado este hombre decide dejar su locura de caminar en línea recta sin mirar atrás, para regresar sobre sus pasos y recuperar una pasada vida de amor que ya no existe. Un film muy poético, entrañable, contagiador de la profunda soledad, pesadumbre y pena que arrastran dañados quienes viven y aman. Es lo humano que el que más y el que menos ha vivido en carne propia; por ello nos cala hasta el alma.

Fej Delvahe
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26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Negra es la noche
Film emblemático del realizador alemán Wim Wenders, rodado en EEUU. El guión, del polifacético dramaturgo Sam Shepard (“El diario de Noa”, Cassavetes, 2004) y W. Wenders, desarrolla un argumento adaptado por L. M. Kit Carson, que se inspira en el libro de relatos breves “Motel Chronicles” (1982), del propio Shepard y en la Odisea, de Homero, que Wenders lee antes del comienzo de la producción. Se rueda en escenarios naturales de California (L.A., Burbank, desierto de Mojave...), Texas (Huston, Galvestone...) y Nuevo Méjico. Gana la Palma de oro, el premio FIPRESCI y el Premio Especial del Jurado Ecuménico, de Cannes. Nominado a 4 BAFTA, gana uno (director). Producido por Don Guest y Anatole Dauman para Road Movies (Munich) y Argos Films (París), se estrena el 19-V-1984 (Festival de Cannes, Francia).

La acción dramática tiene lugar en el desierto de Mojave, en las proximidades de la frontera con Méjico, L.A., Huston (Texas) y alrededores, a lo largo de unas pocas semanas. Travis Henderson (Stanton), desaparecido durante 4 años, tras cruzar furtivamente la frontera, desaliñado, sediento y exhausto, anda en busca de su hijo Hunter (Carson), de 7 años, y de su antigua compañera Jean (Kinski),de unos 25 años, con el propósito de reparar antiguos errores. Travis se hundió en un abismo de alcohol y desolación tras abandonar a Jean y Hunter, después de una larga crisis de desequilibrios emocionales, celos patológicos y problemas con el alcohol.

El film suma elementos de drama y “road-movie”. Explora el alma humana de un personaje con sentimientos de culpa, deseos de reparación de viejos errores, experiencias de marginación y exclusión social, problemas de alcoholismo, soledad y mendicidad, disminución de las habilidades de comunicación y relación social, avejentado e inseguro de sí mismo. En un momento dado, el protagonista ha decidido hacer un esfuerzo supremo para acallar sus sentimientos de culpa regresando al pasado con el deseo de poner en orden algunas cosas que le corroen por dentro y que su conciencia no le permite ni aceptar ni olvidar. En él se da una suma de lucidez, firmeza de voluntad, capacidad de reacción y acción, deseos de ponerse a bien consigo mismo y de conciencia de las propias limitaciones, que parece impropia de una persona emocional y psicológicamente frágil, a la que un fondo de celos enfermizos ha arrastrado a una situación personal desesperada y sin vuelta atrás. La naturaleza humana, compleja y contradictoria, da lugar a situaciones sorprendentes e imprevisibles, como la que sobrelleva el protagonista.

El autor sitúa al espectador en una posición que le permite auscultar el pálpito de la emotividad humana, observar las reacciones íntimas de quienes lo han perdido todo, medir el grado de irreductibilidad del sentido de la dignidad y responsabilidad, constatar la fuerza de los instintos, admirar el arrastre personal que en muchos casos tiene el amor de pareja.

(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
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24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Yo empecé allí (El Camino de Redención de un hombre perdido)
Hay un momento en la vida en que uno aparece cuatro años después, salido de la nada, con barba de varios días o varios meses y una gorra roja. Tal vez sea en el desierto de Mojave, paradigma de esa nada, cerca de un pueblo que atiende sugerentemente al nombre de Terlingua. El hombre perdido come hielo, y se desmaya, aunque lleva cuatro años arrastrado por el viento de mil desiertos como éste, o mejor, de un alma desertizada. Aparece un ángel, el ángel telúrico, el hermano que ejemplifica lo que el hombre pudo y no fue, el hermano familiar, con mujer y con hijo (prestado). Al hermano no se lo lleva el viento, es firme, es fiel, es tangible y su corazón no explotó por amar demasiado. El hermano vive, es feliz, y el hombre pudo, fue y quiso o tal vez dejó de serlo, de ser feliz, de vivir. A veces hay viajes que van más allá; a veces hay viajes que llegan hasta el final de la noche.
El hombre limpia botas, a veces, no duerme, no habla, o lo hace poco, pero el hermano le despierta cuatro años después. El hombre es ahora más sabio, quiere pero no puede, sabe que no puede, retomar aquello que una vez se rompió en pedazos; pero sabe, conoce esa fuerza de la tierra, por eso insiste hasta que convence al hijo. Caminamos. No. Caminamos. No. Caminamos. Vale. La fuerza de la tierra une al hombre con su destino. Ese sitio era Paris, Texas. Una foto, una silla, películas de súper 8 , qué raro es ver agua en las fotos, qué raras son las fotos en las que aparece una foto. Vayamos a París, ahora. El hombre y el hijo se reconocen, el hermano deja paso. Pero falta algo. Falta ella. La mujer.
El hombre es un niño, otra vez, el niño y el hombre juntos, walkie talkies, un banco, un garito, un coche rojo.
La mujer, el niño espera.
El hombre y la mujer, un peep-show, una cabina, miradas, espaldas, rostros reflejados, palabras, pocas o muchas, gestos, luces que se apagan, reencuentro. La mujer también había dejado de vivir, o a lo mejor fueron cuatro años de latente existencia. Muchos mirarían, alguno tal vez tocaría, no importa. Volver es imposible, pero queda un lugar, esa tierra, tal vez, y queda otro sitio, esa habitación del Hotel Meridian, la 1520, donde están la mujer y el niño. El hombre ha cumplido, qué pasará luego, quién sabe.
Redención, camino, familia, sudoeste, soledad, culpa, desierto, Travis, Walt, Jane y Hunter.
Esto es París, Texas.
Gracias, alemán, por dejarte caer en ese perdido lugar de otro continente.
Gracias, escritor, por tus Crónicas de Motel.
Gracias, actores, por vuestra entrega.
Gracias, músico, por esos sonidos.
Gracias, hombre de la cámara, por permitirnos ver las luces y los colores de esos lugares.
Gracias a todos por haber hecho una de esas películas que no se olvidan jamás.
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22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Miedo me daba
Había visto esta película a finales de los años ochenta en la televisión y me quedé hipnotizada por la belleza de sus imágenes, la fuerza y la sencillez de la guitarra, la sugerencia en las interpretaciones y sobre todo me impresionaron aquellos planos hermosísimos y desgarradores de Natassja Kinski.
Entonces era casi una niña y no podía entender muchas cosas de la vida y el desamor que ahora - por suerte o por desgracia - sí entiendo. Sin embargo, aunque era pequeña, mucha de aquella información fue calando en mi interior a lo largo de la película, no sé de qué forma, ni a través de qué instrumentos. Es como si aún no conociendo las palabras de un idioma fuera capaz de entender inconscientemente su significado.
Supongo que eso es, o bien la magia del cine, o la habilidad de un buen director.

No obstante (y de ahí el título de mi crítica) muchas veces me ocurre que películas vistas en el pasado, pierden en el presente toda aquella magia.
Tenía miedo de ver París, Texas y encontrarme una película lenta y anticuada. Casi prefería quedarme con aquel recuerdo mágico infantil.
PERO, no, señores, ayer la vi y volví a revivir todas aquellas sensaciones. No es una película lenta y vacía sino una experiencia cinematográfica de primera categoría. Uno de esos momentos únicos que te da el cine.
Esta crítica va dirigida a quienes, como yo, tenían yuyu de ver una película lenta y ochentera. No tengáis miedo y vedla si podéis: es una película hermosa de verdad.
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17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
En busca de la realidad perdida
Hay directores obsesionados con la comunicación, con la incomunicación, con la infancia, con la vejez, la soledad, con las relaciones entre sexos, con la amistad, con la dificultad de vivir, con la decadencia del género humano, con la guerra. A Wim Wenders, al igual que a su admirado director Yasuhiro Ozu, le obsesiona la creación de personajes que tengan vida propia, que se muevan a expensas del actor que les da vida; de la misma maanera le preocupa la construcción de ambientes cargados y los momentos de gran fuerza dramática. Estas expectativas, al menos en París, Texas, nunca defraudan. El esfuerzo del realizador está justificado.
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15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Todos son locos, pero el que analiza su locura es llamado filósofo
Magnífica película independiente franco-alemana aunque en ésta página la coloquen como estadounidense.
Vemos un argumento extremadamente original, que comienza con un dramatismo tal que logrará atrapar hasta al espectador más cansado o indiferente.
El toque de locura que posee el personaje interpretado por Harry Dean Stanton es cautivante y estremecedor, sin decir una palabra es el que impone en la primera parte del film todo el suspenso. Es ese tipo de loco que asusta, porque no dice nada, es impredecible, con una mirada perdida y un pasado oculto.
A medida que se va desarrollando la historia la sensatez y la cordura florecen, pero la película va perdiendo un poco de fuerza, para recuperarla posteriormente con un final memorable a punta de teléfono.
Es de esas películas en las que tratas de elaborar en tu mente un posible sentido o desenlace a la misma, y ésta de golpea sorprendiéndote de la forma más simple, dicen que las explicaciones más sencillas generalmente son las acertadas, acá vemos un ejemplo.
La fotografía es impresionante, vemos un Texas pocas veces visto. La música en guitarra de Ry Cooder es fantástica.
La única falla es la mala edición, ya que cortando varias escenas insulsas e intransigentes se habría logrado un film más corto que no dejaría perder la emotividad que transmite desde la primera toma.
Dr.Juventus
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
2 road movie, una película de amor, todo en uno
Esta película, en poco rato alcanza alta intensidad, unos quince minutos le bastan para captar la atención. La primera parte es entretenida, amena y lineal, la segunda (cuando Hunter emprende el viaje con su papa) es mucho más intima y simbólica.
El director juega con los colores de las vestimentas, las tomas y las imágenes, para crecer en intensidad y llegar al crudo final.
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14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
SOLO LOS PERDEDORES LA ENTENDERAN
El film de Wenders recoge -con un esquematismo simple y lineal- las tenebrosas y oscuras lindes del sufrimiento humano causado por el desamor, un tema tan antiguo como la propia condición humana.
Ese sufrimiento siempre es causa de trastornos, de ansiedades, de remordimientos, de locuras y de comportamientos erráticos que sólo podrán ser comprendidos por aquellos que, alguna vez en su vida, han sufrido en sus carnes el zarpazo del abandono, de la pérdida: dificilmente será entendida por quienes no hayan pasado por ello.
La narración inicial de un singular viaje protagonizado por un deambulante tipo con rasgos de "homeless" resulta impactante así como la ternura y la bondad comprensiva mostrada por su hermano, dispuesto a ayudarle para conectarle con la realidad y curar el gran sufrimiento interno, curación que sólo se adivina en la parte final con un impresionante diálogo, digno de cualquier consulta de terapia psicológica. La música de Ry Cooder simplemente inolvidable.
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
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