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8
DEL PRIMER BIBERÓN AL PRIMER BESO
El 6 de febrero de 1932 Janine de Monferrand, de 19 años y perteneciente a una respetable familia, dio a luz, a solas, a un niño de nombre François. Dos años después Janine se casaba con el delineante Roland Truffaut que asumió la paternidad del niño y le dio su apellido. El niño tuvo una infancia desgraciada y acabó en manos de la policía que lo internó en un centro de menores. De ahí viene el amor y la ternura que Truffaut sintió siempre por los niños. En esta película hace un retrato de la infancia a través de los alumnos de la escuela de una ciudad francesa, Thiers. Los actores son todos nativos de ella y en la película se cuentan las historias familiares de varios. "Quiero hacer una película sobre la infancia -dijo -desde el primer biberón al primer beso." El título original de la película es "L´argent de poche", El dinero de bolsillo", la calderilla. Aquí en España se cambió por "La piel dura" quizás para hacer juego con otra palícula de Truffaut "La piel suave", que no tiene nada que ver con esta. Los chiquillos de la pequeña ciudad buscan dinerillo para ir al cine o comprar chucherías, de ahí el título. Aunque tampoco está mal "La piel dura". Alude al discurso final de curso que el maestro dedica a sus alumnos en el que habla de la infancia desgraciada de los niños que hace que estos tengan que forjarse una piel dura. En esto reincide Truffaut en lo que ya contaba en "Los cuatrocientos golpes", donde retrata su propia infancia, muy triste. La pelicula se estrenó en el verano de 1976 y tuvo un gran éxito. El rodaje duró dos meses y el trabajo fue muy intendso. Truffaut acabó agotado y el médico le recomendó reposo. Pero una llamada inesperada de Spielberg para interpretar al profesor Lacombe en "Encuentros en la tercera fase" truncaron sus planes. Seguirían después varios rodajes más y el exceso de trabajo le hizo enfermar. Murió a los 52 años. Este hombre se merece un homenaje por su labor cinematográfica. El mejor que podemos hacerle es ver sus películas, ésta es imprescindible.
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23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Intención loable y buena ejecución.
Popurrí de viñetas sobre la infancia.
Aunque no comparable a la denuncia de "los olvidados" de Buñuel y diferente en la forma a "Los 400 golpes" del mismo Truffaut, comparte con ellas el tema de fondo: lo frágil que es la infancia y como los adultos no se preocupan lo más mínimo por ella.
Entre todas las historias hay algunas de clara denuncia, otras entrañables o incluso cómicas... pero sobre todo da la sensación que todas ellas forman parte de un guiso que termina de cocerse con el contundente y emotivo alegato final del profesor (o seguramente, declaración de principios del propio director) - sin duda el mejor momento de la peli, aunque hay escenas geniales a lo largo de toda ella (en el cine, en la ventana, en la feria...).
La única pega (y por poner una), es la falta de un conflicto mayor a todos los "dramas" que nos muestra o un nexo mejor definido entre ellos.

Por cierto, si alguien se espera alguna semejanza con "La piel suave" que se olvide. Lo único que se parece es el título.
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
EL CINE Y LA INFANCIA (versión Truffaut).
Hermosa y sensible disección de la infancia, "La piel dura" genera en el espectador una sensación amable, placentera, circunstancia que es, al menos desde mi punto de vista, el principal punto fuerte de la filmografía de su autor.

Y es que si alguna virtud tiene Truffaut es el sincero cariño, el amor en suma, con el que construye sus personajes, así como el exquisito respeto y cuidado con que nos muestra sus motivaciones y actitudes. En el presente caso se centra en unos cuantos niños de una localidad de provincias, Thiers, a los que vemos en la escuela, en el cine, jugando, iniciándose en el amor, o interactuando con el mundo de los adultos, ya sean padres o maestros. El director, lejos de buscar un argumento central, prefiere realizar una panorámica amplia del mundo de la infancia, si bien escoge unas situaciones y personajes concretos a fin de otorgar coherencia al filme. Tras su célebre debut con "Los cuatrocientos golpes", en el que también abordaba la niñez, aunque desde un punto de vista más autobiográfico, esta obra parece más alegre, más positiva, si bien no por ello se eluden temas como el maltrato infantíl o la incomprensión de los adultos. Pero la conclusión de Truffaut, expresada a través de la charla del maestro, es que los niños serán capaces de sobreponerse, y que por más desgracias que sufran en su infancia siempre tendrán la posibilidad de construir su propia vida y de alcanzar la felicidad; ello se debe a que están llenos de ansia vital, de afán por descubrir el mundo, por experimentarlo plenamente, y este es el mejor certificado de futuro al que los seres humanos pueden aspirar.

La película destaca por su buen guión y por las magníficas y naturales interpretaciones de los niños, que están todos muy bien en sus respectivos papeles. Además, Truffaut nos regala algunas secuencias muy bien planificadas, al tiempo que resultan hermosas y divertidas en su sencillez. Ejemplos de esto serían la del niño y el minino, la de la niña que clama por comida desde una ventana, o la que se desarrolla en la sala de cine (muy divertida); por último, destacaría la filmada en la escalera, con ese primer beso tan veraz e imperfecto como son todos los primeros besos.

Desde una perspectiva actual cabe decir que este tipo de películas, mucho menos rompedoras (sobre todo en lo formal) que las que hacían otros compañeros de generación, han logrado, sin embargo, mantener plena vigencia, resultando hoy tan frescas y lúcidas como cuando se rodaron. Ello es debido, en mi opinión, a que hay ciertas experiencias de la infancia que son universales, que todos hemos vivido y que otros vivirán cuando nosotros sólo podamos recordarlas. Aún así dará igual; por mucho que cambie el mundo, las primeras fantasías y juegos, los primeros besos y aventuras, felices o desdichadas, seguirán siendo siempre el motor principal de la infancia. Esperemos que en el futuro surjan nuevos artistas que, como Truffaut, sepan recordarnos esta gran verdad.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Radiografía infantil
Hace falta ver en La piel dura una epidermis ciertamente transparente, y una red plagada de detalles que hacen de Truffaut un amante del espíritu infantil. La obra posee su propio verosímil, ese que se hace palpable con la escena del gato y el bebé, es allí desde donde debemos posicionarnos para entender La piel dura, desde la mirada indestructible de un niño: la muerte no tiene lugar sino como la amenaza borrosa de un cuento de hadas. Esto no significa que la peli caiga dentro del género fantástico, sino que establece un nuevo género, un registro único que nace ahí mismo y ahí mismo muere.
La noción del peligro está por todos lados, y los tonos siempre derivan en una suerte de extraño juego en donde la amenaza se disuelve sola: no hay lugar, repito, para la muerte como riesgo real, aún cuando se establece un crecimiento por parte de los variopintos protagonistas, todos chicos que abren su mundo ante nosotros.
La obra deviene en un alegato político hasta ese entonces impensado, quizás forzado, quizás no: como si Truffaut nos hablara desde una posición distinta, casi pancartista. Dicha elección política es curiosa, si bien que por otro lado la aparente ausencia de un todo cohercitivo transformaría a La piel dura en una sucesión de secuencias de tono heterogéneo, algunas cómicas, otras de corte más dramático. Por eso mismo creo que el matiz político funciona, si bien algo forzado, como la unión definitiva de esos mundos entrecruzados.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Piel dura, corazón blando.
Panorama caleidoscópico de las experiencias de un grupo de niños en una ciudad provinciana francesa, desde la lactancia hasta la época de la escuela, poniendo especial énfasis en su ingeniosidad espontánea. Con esta película Truffaut culmina su trilogía dedicada a la infancia, iniciada con su aclamada opera prima: “Los cuatrocientos golpes” y continuada con la también muy interesante “El niño salvaje”, el film nos retrotrae inevitablemente a aquellos “400 golpes”, pero aquí el director francés, evita hacer tabla rasa con las desgracias infantiles, y se muestra más optimista. Desde las familias humildes, pero responsables y unidas, hasta el caso del pequeño Leclau, un niño violentamente maltratado, todos tendrán, en más o en menos, una respuesta positiva, incluido un esperanzador futuro.

Una mirada tierna, divertida, agradable y en ocasiones melancólica a la infancia y al mismo tiempo, un homenaje y una defensa de la misma, Truffaut nos reclama para sus muchachos atención, respeto, y sobretodo, cariño. El tono general del film es vital, optimista, nada que ver como ya hemos comentado con su ópera prima “Los cuatrocientos golpes”, donde los adultos eran firmes, severos, duros con la infancia. En “La piel dura” los adultos parecen cómplices de los infantes, los respetan, los cuidan, tienen sumo cuidado con su educación. El único guiño al universo de “Los cuatrocientos golpes” se produce en el personaje de Julien Leclau, el niño pobre que es maltratado por su madre. Una película que rebosa vida por los cuatro costados.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La infancia por Truffaut
Truffaut siempre tuvo algo de niño grande y como tal se interesó especialmente por el mundo de la infancia. En esta película buscó retratar las diferentes vivencias de un grupo de escolares de la localidad de Thiers, desde las geniales ocurrencias de los chavales pasando por el descubrimiento del amor o los maltratos familiares silenciados. El realizador nos regala aquí algunas escenas memorables, como la de la caída desde la ventana o el primer e inocente beso que cierra el film. Una vez más, el do de pecho lo dan los pequeños protagonistas, incluido un breve cameo de la hija del director. También los adultos, encabezados por Jean-François Stevenin, están fantásticos. Nuevamente, Truffaut recuperó para la ocasión alegres piezas clásicas del ya fallecido Maurice Jaubert, compositor al que volverá a recurrir más adelante. La fotografía vuelve a corresponder al ya habitual Pierre-William Glenn.

Una vez más, la lectura del film versa sobre la educación, temática ya abordada en Los 400 golpes pero también en El pequeño salvaje, pudiéndonos remontar incluso hasta el principiador cortometraje de Les Mistons. Pero si en la primera de las aventuras de Antoine Doinel Truffaut se identificaba con el niño rebelde, aquí es el adulto profesor. Resulta interesante comparar la visión que de las instituciones presentan una y otra película. En su opera prima el director entendía la escuela y a la policía como instrumentos represores, pero el paso del tiempo los ha convertido en tutores y protectores de los más pequeños. No obstante, los niños siguen siendo unos grandes olvidados. Esta visión cristaliza en el apasionado discurso final del maestro que no esconde sus ecos autobiográficos, toda una oda a las nuevas generaciones y su valor futuro. Injustamente olvidada dentro de su extensa filmografía, esta película debiera estar considerada como una de las mejores de Truffaut.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
SON COMO NIÑOS, PORQUE SON LO QUE SON,… NIÑOS
François Truffaut amplió a mayúsculas proporciones las conclusiones extraídas de su obra maestra “Los Cuatrocientos Golpes” (Les Quatre cents coups, 1959) pero dejando que aquí que los niños se expresaran en total libertad, vivieran de sus propios sentimientos y emociones y sin una línea argumental fija: en un pueblo de la Francia interior, Thiers, a finales de junio y a pocos días que finalicen las clases, los más jóvenes bajan a toda velocidad por las interminables callejuelas de piedra dispuestos a afrontar el nuevo día: la nueva mañana en las aulas con los profesores Richet (Jean-François Stévenin) y Petit (Chantal Mercier), la inesperada llegada de un alumno nuevo, Julien Leclou (Philippe Goldmann) y el inicio del descubrimiento de la sexualidad en plena pubertad por la atracción que siente Patrick (Geory Desmoceaux) hacia la peluquera madre de uno sus mejores amigos.

Truffaut recurre incluso al surreralismo (la secuencia de la caída desde un último piso quedará en la retina de muchos) para resaltar este canto a la juventud como una advertencia de lo incomprendidos que pueden llegar a ser en su mundo si no son escuchados en la realidad que viven periódicamente los adultos. Esta afectuosa atención se denota claramente a lo largo de la película y en cada uno de sus pequeños protagonistas con sus secretos y juegos. Y el director de “La Noche Americana” (La nuit Americaine, 1973) tampoco se deja caer en la ñoñería: no es una película para niños pero sí un film destinado a ellos por y para ser homenajeados a esa etapa vital del crecimiento del ser humano, decisivo para mostrarnos tal y como seremos en el futuro.

Y en el pueblo rural de Thiers no hay un mar soñado como en “Los Cuatrocientos Golpes”, pero sí unos chicos con ganas de evadirse y hacer volar su imaginación ante la mirada a veces indiferente de unos adultos que prefieren hacerse cargo de la situación en los momentos más difíciles.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Ellos nunca tienen la culpa
La sabia naturaleza dota a los niños de armas defensivas que les permiten hacer frente a la intemperie que cada uno de ellos afronta en la fauna social que les ha tocado en suerte. Unos son violentados, otros poco queridos, algunos tienen poco tiempo para jugar, los hay que tienen verdugos en lugar de padres y quienes sobreviven floreciendo en el mayor de los abandonos... El caparazón que les protege de los dardos es una obra de ingeniería biológica, que para la posibilidad de que la mayoría de ellos pasen a la edad adulta convertidos en auténticos tarados, resentidos o acomplejados; por no decir psicópatas y violadores. Desgraciadamente siempre se cuelan los suficientes para, en el futuro, hacer la vida a los demás bastante más desagradable.

François Truffaut, que tuvo una edad de la inocencia bastante complicada, hace un análisis, casi una tesis doctoral del momento en que estos "locos bajitos", siempre en peligro, se posicionan de cara a las adversas circunstancias, ganando casi siempre la partida al miedo y a la injusticia. El, el sensible director francés, quiere trasladar la idea positiva de que en la etapa que va de los primeros pasos al primer beso no son, a pesar de todo, seres tan desamparados. ¡Tiempo tendrán de empeorar!
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Piel dura, a prueba de golpes
La piel dura de Truffaut es una obra sobre la infancia, la niñez, la pubertad, etc. A Truffaut le deben de gustar mucho los niños, porque también en su película El pequeño salvaje se nos habla del proceso de educación de un niño encontrado en estado salvaje y es el propio Truffaut quien encarna el papel del maestro que se encarga de enseñar al niño cuestiones como la lectura, valores éticos, escritura, etc.

Una de las obras capitales del director francés es Los 400 golpes, donde también muestra una mirada cariñosa al mundo de la infancia, en este caso el protagonista es un niño que aprende a base de golpes, como bien indica el título, cometiendo pequeños hurtos y desengañado por el mundo de los mayores. Una vida parecida a la infancia que tuvo el propio Truffaut, que anduvo por varios reformatorios.

En La piel dura, hay ternura, a veces roza lo cursi, pero también hay verdad, amor a la vida, ilusión y optimismo. Truffaut dijo que quien no ama el cine, no ama la vida, en su cine hay vida y en su vida, cine. Truffaut es un optimista, un enamorado de la personas, en esto es diferente a Godard, que está más maleado.

Me gustan los niños franceses y Francia en general, a veces son retorcidos, cursis, redichos, creídos y orgullosos, pero, como alguien dijo, si no existiera Francia habría que inventarla, porque aporta mucho, aporta pensamiento, abstracción y enredos. Francia, je t'aime.
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0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Documental o película
No entiendo la alta valoración de ésta película, uno de los peores trabajos que he visto de François Truffaut. Más que una película me parece un documental de los malos sobre la infancia, donde los niños, están muy majos, pero cómo se nota que no están actuando, cómo se nota que hay alguien fuera de escena que les dice lo que tienen que hacer o decir, bueno excepto el crio pequeñajo que hace travesuras, cómo estropear la compra de su madre, el mejor de todos.
Para retratos de la infancia o adolescencia, mejor veánse los 400 golpes, eso si que es un trabajo bien hecho de Truffaut.
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2 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
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