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8
Hasta el Fondo
La sutileza salvaje es la norma desde el principio: nunca nos van a dar un puñetazo, pero sentirás mil pinchazos en la espalda baja.
Una (casi) blancura infinita deja paso a la revisión de un casting que tú estuvieras organizando, con vídeos de jóvenes ambiciosos, atléticos, arriesgados, rompedores, inconformistas, que "no son como los demás", que "intentan transmitir un sentir particular" y demás bla, bla, bla, hablando de mucho sin añadir nada más.
Poco saben ellos que ese televisor por ti observado está cercado entre Luis Buñuel, Dario Argento, Émile Cioran y demás creadores, que sí bordearon el abismo para decir algo más, creando un legado donde el verdadero sentimiento nunca surgía de la comodidad.

'Clímax' es justamente por eso la desintegración de la comodidad, o un averiguar a qué sabe la entrega absoluta.
Una película "orgullosamente francesa" que conjura un templo pagano sobre los deseables, tonificados, poderosos cuerpos de sus bailarines, y les une en una plegaria de extremidades sincronizadas, posturas sobrehumanas o impulsos sin adulterar.
Se basa en unos hechos reales del 1996, y no hace falta que me lo jure el mismísimo Gaspar Noé: yo estuve allí, porque él me ha metido el sentir en vena.

Mensaje no hace falta, ni contexto tampoco, aunque quien los quiera ver allá que se lleva alguna frase intelectual, destacando la apenas entrevista en el inicio para que te pases los siguientes minutos buscando; si es que eres de esos para los que un sentir arrollador no es suficiente.
En este internado abandonado cercado por el invierno se podría hablar de una generación perdida al hedonismo perezoso, siempre mirándose el ombligo fingiendo que conectan con algo, podrían estar hablándonos del progresivo colapso social que a nuestra capacidad de empatizar va matando... pero no, solo charlan varios chicos y chicas, obsesionados con follarse ese culito o montar esa tableta, y puede que ahí esté parte de la provocadora gracia.
En la pista no existen esos antojos sucios y banales, sino más bien un éxtasis dionisíaco en el que es difícil desencajar, y lo único que merecería la pena comprobar es si esa electricidad puede convivir con nuestra compulsiva naturaleza, autodestructiva y preñada de culpa pese a todo lo que queramos esconderla (de hecho, si de algo sirve el niño invitado a la jam, aparte de para temer por su integridad, es para ser un fiel termómetro emocional de todos esos hipócritas que se muestran dulces al verle llegar).

La mirada de la cámara, obsesiva e invasiva, es la mejor aliada para traspasar esta experiencia fuera de la pantalla: siempre en movimiento, siempre atravesado pasillos, siguiendo a Selva desde su espalda, una monumental Sofia Boutella, en interminable odisea por el filo de una cordura que se desvanece cuanto más se intenta aferrar a ella.
Fantasmas sombríos con la cara de (des)conocidos se deslizan por las esquinas de su percepción, bosques pintados en la pared se antojan escapatorias del intenso neón rojo, y llega un momento en que la orquesta de gritos, gemidos o lamentos se vuelve lógica en si misma, siendo el orden de un caos que alcanza sentido porque, según su charla, ¿es lo que todos querían expresar?
Me voy a callar cuál es la amenaza desconocida, pero solo mencionaré que, si decides entrar en el cine y la propuesta, tú también temerás qué nuevos horrores sin careta social te vas a encontrar a cada esquina, yendo de la mano de Selva.

Lo queremos todo, siempre hemos querido todo lo que nos han enseñado, en sus omnipresentes obras maestras, nuestros creadores.
La lujuria, la rabia, la excitación, la libertad y... también la satisfacción tras haberlo conseguido.
Pero tenerlo todo prolongado durante tanto tiempo asegura una dura realidad cuando en algún momento dejamos de tenerlo: una simple idea que Noé ilustra con su truco más cruel, habiéndonos concedido los créditos finales durante atracones de música y baile, privándonos así de recuperar el aliento tras el súper polvazo de hora y media.

¿Y qué pasa si se acaba la fiesta?
Que nos parece mentira que alguna vez hayamos perdido tanto la cabeza.
Tal vez por eso nos hemos acostumbrado a mirar el clímax desde la distancia, y aceptar que su desvanecimiento del "yo" no dura nada.

Aunque a veces, como muestra esta experiencia, sepa a gloria perderse en la profundidad de lo que nos mata.
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47 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Absoluta indiferencia
Esperaba con ganas la última chaladura de este director francés, de hecho estuve a punto de ver Clímax en el cine. Hoy la vi en la comodidad de mi casa y agradecí que así fuera.

Se supone que Noé nos va a volar la cabeza con imágenes retorcidas, personajes violentos y música atronadora, pero Clímax es agua de borrajas. Creo que sólo podría impactar a alguien que no haya visto anteriores obras de este señor o alguien que aún crea en los reyes magos.

Empezamos perdiendo el tiempo con 10 minutos de una especie de entrevistas a los bailarines que no aportan literalmente nada. Luego viene un baile curioso pero que no es ni la mitad de espectacular que lo pintan algunos. A continuación se suceden varias charlas por parejas en las cuales sólo se habla de sexo, Noé nos deja bien claro que al negro le va por detrás. Bien. A eso ya llevamos casi media hora, todos van muy mamados de sangría y a eso de los 50 minutos (sí, 50 minutos ya) empieza la supuesta locura.

¿Pero cuál es el problema?

Que todos estos individuos me traen absolutamente sin cuidado.

Por lo tanto los 40 minutos restantes no son más que gritos, giros de cámara y estupideces varias de unos personajes irrelevantes. ¿La van a palmar por la droga o se acabarán matando entre ellos? A quién le importa. A mi desde luego hace mucho rato que no. Todo es un esfuerzo en balde por querer impactar o resultar incómodo, pero lo único que consigue es aburrir.

En positivo me quedo con los planos secuencia y alguna música. Pero qué decepción. Eso sí, los bailarines estos mueven los brazos que da gusto.

Lo mejor: el uso de la cámara y la música lo son todo en esta película.

Lo peor: es más inofensiva e irrelevante de lo que se piensa.
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17 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Bajo el perfeccionismo formal
Admitámoslo: los autoproclamados “cinéfilos” enfundados en la franja millenial de la edad no podemos resistirnos a Gaspar Noé. Cuando la noticia del último estreno del galo llega a nuestras manos, el cerebro no tarda en accionarnos el mecanismo de la atracción inmediata. Rupturismo formal y provocación desvergonzada: ¿qué más puedes ofrecerle a un chaval que acaba de empezar a ver cine “en serio”?

Bajo los planos cenitales y la colorida estética visual a la que nos tiene acostumbrados, Noé nos expone esta vez una tesis, significativa cuanto menos: la vida en diversidad y/o colectivo es inviable en nuestros estándares de sociedad. “Vivir es una imposibilidad colectiva”, nos dice un título que ocupa toda la superficie del rectángulo. Con tal de trabajar esta idea, el lenguaje cinematográfico del director en Climax destaca como nunca.

Pero vayamos por partes. En la película se identifican dos tratamientos formales muy diferenciados. Por un lado tenemos los planos estáticos de las entrevistas y de las conversaciones del principio de la fiesta. En otras palabras, cuando los personajes están aislados de los demás por medio del corte (o como mucho emparejados por etnia, sexualidad o familia) domina la tranquilidad y el equilibrio. Noé aprovecha estas escenas de diálogo (prácticamente las únicas) para sembrar una mínima información sobre los personajes.

Por otro lado, en cambio, tenemos los famosos planos secuencia, dinámicos y repletos de virguerías técnicas, en los momentos de coreografías de baile y de representación de los efectos de la droga. Esta vez, pero, el movimiento de la cámara se encarga de agrupar a varios de los personajes en un mismo cuadro, o bien, de desplazarse fluidamente de uno a otro. Tanto el baile racional como el éxtasis irracional de la droga suponen momentos de euforia colectiva, o sea que para Noé, el clímax es capaz tanto de conectar a la gente (baile) como de destrozar vidas (droga) al mismo tiempo.

A través del recurso de la toma larga, la música incesante, la interpretación histérica y la iluminación heterogénea, el director nos irá sumiendo en una espiral de clímax orgiástico y alucinógeno hasta que, finalmente, la imagen se tinte de rojo sangre y la cámara voltee a los personajes del revés para traspasarlos al inframundo.

El mensaje es claro: el infierno somos nosotros.
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20 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Clímax – Cuerpos abrasados en el infierno
Igual que hay directores que apelan a los sentimientos, el agrado y las buenas sensaciones, otros realizadores son conocidos por hacer un cine revulsivo. Por provocar, por narrar relatos que buscan incomodarnos, socavar nuestros cimientos y hacernos reflexionar. Sin duda, incluso, desagradables. Estos son los enfant terribles. Su faceta de crueldad lleva a que mucha gente les retire el favor: Lars Von Trier, Michael Haneke, Nicolas Winding Refn, Yorgos Lanthimos… (todos ellos grandes realizadores, maestros con talento). Pero nadie tiene mayor fama de hacer un cine agresivo e, incluso, insultante que el francés Gaspar Noé. Realizador de obra mucho más experimental y minoritaria que aquellos, que recurre sin tapujos y con vehemencia a la estrategia de hacernos odiar su cine (como es el caso de la excelente campaña promocional del filme que nos ocupa). Su nuevo trabajo, el cual pudimos disfrutar en un pase de prensa de Avalon previo a sus andanzas en el venidero festival de Sitges, es Clímax, galardonada con el premio principal de la Quincena de Realizadores durante el último Festival de Cannes. Servidor no sólo no aborrece a Noé, sino que tiene en cierta estima su cine, disfrutando tanto de la impactante Irreversible como de la curiosa y despreciada Love a falta de ver la que es considerada su obra más lograda Enter the void. Es el suyo un cine irregular pero desafiante, personal y formalmente ambicioso, por lo que había muchas ganas de ver la nueva película, de ahí que acudiésemos al pase con entusiasmo. Y si algo está claro es que la propuesta, la cual no puedes prever, no puede dejar indiferente, y sin duda es uno de los visionados más intensos que hemos vivido este año. Pocas películas en tiempos recientes tan sensorialmente apalizantes. Una propuesta radical de rica forma y atractivos preceptos de partida, aunque gratuita, morbosa, misógina y falta de argumento, variedad o personajes definidos. Una película de necesario replanteamiento y difícil revisitación. Pretenciosa, pero con sabrosas ideas y referencias. Desbalanceada pero fascinante.
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18 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Trailer
Gaspar Noé es capaz de mucho más a lo que llega con Clímax, una película que no nos deja crear empatía con ningún personaje (como sí puede ocurrir con Carne, Irreversible o Love). No me conmueve, no está a las altura de su propio trailer (¿Nieve? Todas las escenas de nieve juntas duran un minuto, ¿Sexo?...) y, paradójicamente, la película tiene forma de trailer de hora y media... El comienzo, cargado de fuerza, magnético e incluso misterioso, pone el listón demasiado alto. En la sala del cine a la que he ido había, sobre todo, adolescentes. Este es el público masivo al que le ha llamado la atención la película. Se echa en falta algo que nos retuerza la mente,pues de normal, cuando uno ve una película de Gaspar Noé lo pasa mal en algún momento... pero este no es el caso, pues realmente te da igual lo que pase en esa fiesta.
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24 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Crepúsculo
El límite entre el éxtasis físico y el ocaso emocional es una frontera tenue y temeraria qué puede dar como resultado un salvaje aquelarre que bascula entre la locura y la anarquía. Cuando se tiene un objetivo en la vida – como en este caso, montar una coreografía desquiciada y rupturista – puede activar lo mejor de nosotros mismos, pero cuando se anulan los diques de contención de la cordura, de la convivencia y del freno social básico y se destierran las normas de una mínima convivencia, abriéndose los diques del desenfreno, el resultado puede ser tan aciago como trastornado, destapándose la caja de pandora, anulando cualquier sociabilidad y quedando a merced del delirio y del resentimiento. Nuestros instintos primarios más irrefrenables y coléricos se vuelven en nuestros íntimos enemigos, ya que no controlamos ni su dirección ni su objetivo y nos engullen como un tsunami atroz que nos arrastra por el camino de la vesania y la lujuria.

Esta ingrata y ponzoñosa exploración sobre las drogas psicodélicas no es para paladares inocentes o gazmoños. Asistimos al infierno de la degradación, de la demencia y de la voluptuosidad más horripilante e iracunda que produce tanto asco como fascinación. Presenciar la liviandad de los límites y contrapesos sociales que hacen posible la convivencia nos permite asistir – como si estuviéramos en un aséptico laboratorio o visionando un insólito documental – a los efectos insalubres y tóxicos de los instintos desbocados, crueles y salvajes de una sociedad que todo lo permite, sin sentirnos limitados por ningún juicio moral ni freno ético o estético. El resultado es tan turbador como chocante e increíble. Presenciamos nuestros más íntimos deseos, visionamos nuestras infaustas y atolondradas fabulaciones anímicas, comprobando que tras una fachada de talento, donaire y aparente tacto no queda sino la funambulesca máscara de la muerte, con sus infamantes vicios y espantos.

Al director y guionista se le va a veces la mano en la acumulación de truculencias y despropósitos – quizás debido a que inició el rodaje con apenas media docena de páginas escritas – dejando a la improvisación y al albur de su elenco de talentosos y entregados danzarines y actores, el desarrollo de una acción mínima y sin apenas evolución. La cinta es fruto de un inteligente montaje que combina algunas secuencias muy bien planificadas – como la espectacular danza inicial que subyuga, seduce y asombra en unos diez minutos memorables de un impresionante plano-único telúrico – con otras escenas mucho más breves, toscas, ásperas y abruptas que son como fogonazos del infierno más frenético. A veces tiene uno la sensación de no poder aguantar ya más y uno quiere que todo termine; como un mal viaje o como una resaca vomitiva. Pero ahí radica su máximo logro: el hacinamiento.
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13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un paso más allá en el cine de Noé
Toda nueva película de Gaspar Noé ha de ser celebrada por el cinéfilo, Noé es uno de los directores más audaces e innovadores del momento, poseedor de una gran entidad visual, toda película suya supone un respiro de aire fresco, algo diferente y Climax no es ajeno a ello, es más, en cierto modo es llevar más lejos las ideas de Noé, a saber:
Una búsqueda por hacer sentir al espectador aquello que sienten los protagonistas, buscando el más difícil todavía los protagonistas como ya sucedía en Enter The Void, pero aquí llevado más lejos, están drogados y el director busca que el espectador se sienta igual.
Uso de la imagen y el sonido para epatar al espectador.
Largos planos secuencia con una cámara moviéndose como un personaje más.
Ruptura total del convencionalismo de los títulos de créditos, estos aparecen cuando y como quieren.

He de decir que Climax es un éxito a nivel técnico. Aunque no realiza nada nuevo en su cine, lo lleva todavía más lejos.

Sin embargo es un éxito a medias, pues el relato no está a la altura. Me cuesta mucho puntuar a la película, la cual creo que ganará en una revisión, pues su mayor defecto es que me esperaba más de ella, que fuera más salvaje, más loca, más... Comienza enorme, pero se trata de una película llena de altibajos, que no acaba de ofrecer el clímax brutal que prometía.

Salvo cierta prominencia de Selva (estupenda Sofia Boutella) la película es coral, la cámara se mueve entre los personajes como uno más, haciendo sentir al espectador que forma parte de ello. Este reparto se nos presenta en el prólogo, que sirve además como declaración de intenciones, no hay más que ver las películas cuyas cajas de vídeo se pueden ver a la derecha de la pantalla de muchas de las cuales se nota la inspiración.

Después del prólogo comienza la película con una fuerza enorme, música de Cerrone para un estupendo número musical, un único plano, la cámara moviéndose de manera perfecta, luego la fiesta sigue y la cámara es un personaje más, grandioso...

Pero decae, pasa a una larga secuencia de diálogos en parejas en plano fijo, tan larga como aburrida, y así continúa la película, llena de altibajos, vuelve a destacar en su parte final, no por lo que sucede, por como lo cuenta, esa cámara haciendo llegar al espectador a su clímax, moviéndose lejos del suelo, retorciéndose, volando, esos colores hipnóticos. Técnicamente impecable pero sin apenas historia, apenas relato, y este tenía muchas posibilidades, podía, quería que fuese un delirio brutal, salvaje, llegar tan lejos como algunas de las películas que sirvieron como inspiración y podían verse en el prólogo. Sin embargo, Noé prefiere centrarse en la técnica, cámara, sonido, música, montaje, iluminación, sin importarle el relato. Climax podía ser una obra maestra y se queda en una película interesante, de grandes cualidades que espantará al que busque una película normal y decepcionará al que busque algo más que maestría visual.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
CAGADA MENTAL DE NOÉ Y TOMADURA DE PELO
Este inclasificable director se la habrá colado a más de uno, pero os aseguro que será la última peli que vea de él.
Le pongo un cuatro por la excelente banda sonora y la actuación de danza de los bailarines. Por lo demás es bazofia pretenciosa que se las da de cine de autor. La mitad de la gente de la sala no soportó su visión. Creo que con eso sobran las palabras.
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11 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
"¡¡¡Estáis todos locos!!!"
Kaixo, un cantante de trap gallego, canta en una de sus canciones: "Soy la droga de Gaspar Noé". No entendía la referencia hasta que empecé a ver películas del director. "Climax" entra como un estupefaciente intravenoso y hace honor a la referencia.

Gaspar Noé vuelve a afilar el cuchillo y nos brinda una película polémica, experimental, de una agudeza y catastrófica experiencia visual... con la droga mental y personal del director francés.

La secuencia inicial es sencillamente brillante, con unos planos inmejorables, además de una gran coreografía y una sincronia con la música que te traslada a la pista de baile. Solor por esta escena merece ver la película.

Las actuaciones, por parte de bailarines profesionales (no actores, a excepción de una figura principal como Sofia Boutella) nos regalan una dramatización muy humana, con reacciones muy genuinas. (obviamente dentro de la vorágine y el cerebro exaltado de Noé). La alegoría a Francia, con su particular crítica social implícita a la sexualización, la cultura de la violación, la educación pública nefasta, las drogas y el racismo, Gaspar Noé nos trae una película de consumo rapidísimo pero de digestión complicada.

Dicen que el cine es una experiencia. Existen ciertas películas que no acaban de cumplir esta categorización, pero "Climax" es un claro ejemplo. No dejará indiferente a nadie.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El último baile.
La más reciente película de Gaspar Noé es un interesante ejercicio que parte de una brillante coreografía dando paso a una celebración que se sale de control debido a varios excesos, lo que termina permeando en un relato desbocado y fuera de control.

Un televisor rodeado de libros y películas en video se muestran entrevistas del casting de diferentes bailarines de danza urbana. De ahí la imagen pasa a ritmo de un energético tema a mostrar al diverso grupo de bailarines quienes ejecutan una vistosa coreografía.

El final del tema marca también el fin de último ensayo, motivo por el que los bailarines tienen un festejo con música y bebidas, pero conforme avanza la noche todo se empieza a descontrolar cuando alguien añade al ponche de frutas LSD, lo que lleva a los bailarines a experimentar momentos de locura y excitación fuera de control.

La primera parte de la película es sensacional, casi hipnótica y muy sensorial, Noé consigue empatar los ritmos frenéticos con las imágenes del grupo de jóvenes encerrados que bailan cada uno con un estilo bastante personal, haciendo uso de su habitual estilo, con colores intensos y planos cenitales.

Apenas terminan de bailar, las historias se empiezan a disparar y Noé filma en un larguísimo plano secuencia lo que sucede tanto en la pista como en los pasillos y demás espacios del lugar, pero una mano traviesa añade a una bebida LSD y tanto lo que sucede en la historia como el relato de Noé se desmadra quedando todo envuelto en un insoportable caos.

La segunda mitad de ‘Climax’ se navega entre un relato presuntamente libre, donde todos los integrantes del reparto empiezan a pasar por un mal viaje que desata una serie de conflictos que consigue restarle al filme toda esa atmósfera lucida y embriagante del inicio, que desemboca en un caos donde Noé retoma sus habituales subrayados y una sumatoria de vilezas que demerita la película más lograda de su director en los años recientes.

https://tantocine.com/climax-de-gaspar-noe/
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
Escándalo en la pista de baile
El nuevo trabajo de Gaspar Noé, el director argentino afincado en Francia, vuelve a provocar la polémica, por sus excesos y su riesgo formal, siendo una película difícil de recomendar, y que únicamente gustará al público aficionado a experiencias diferentes. La película tuvo su presentación en el pasado festival de cine de Cannes ya que formaba parte de la prestigiosa sección Quincena de realizadores y fue premiada como la mejor película de la sección. Su éxito más reciente ha sido en nuestro país, en concreto en el festival de Sitges, en donde ha dividido a la crítica y ha sido la gran triunfadora del festival internacional de cinema fantástico al ser premiada como la mejor película de la sección oficial, al que podemos sumar el galardón a la mejor película fantástica europea.
Hasta la fecha únicamente había visto una película de Noé, " Irreversible ( 2002 ) ", que me provocó sensaciones parecidas a las que sufrí en su nuevo trabajo, aunque en aquella ocasión pude soportar mejor esa historia llena de violencia y situaciones difíciles de digerir por ser más joven, pero han transcurrido 15 años desde el momento en el que pude ver el tercer trabajo del director bonaerense y ya no estoy dispuesto a soportar ese nivel de ruido y situaciones absurdas que se desarrollan en el interior de un escenario en donde se mueven los personajes.

Con su anterior trabajo " Love ( 2015 ) ", que también pasó por Sitges, y que todavía sigue inédito en los cines de nuestro país, también provocó mucha polémica en los lugares en donde se proyectó, y lo mismo está provocando esta película que es uno de los casos en donde las críticas son más extremas, ya que o la amas o la odias.
El punto de partida es un grupo de bailarines que realizan coreografía en el interior de una sala, y que ensayan los números de danza moderna, hasta que por una situación que será el giro clave de la película lo que era una aparente calma, pese a que también había algún exceso en la actitud de los personajes, se transforma en una espiral de violencia, sexo y situaciones alocadas, que entendiendo el contexto pueden tener sentido me saturaron y con el paso de los minutos estaba deseando que se terminara la proyección que se me hizo eterna pese a su corta duración. Si a todo ello unimos una música machacona, repetitiva y demasiado fuerte que iba taladrando mis oídos poco a poco. El reparto está encabezado por Sofia Boutella, conocida por su personaje en " La momia ( 2017 ) " protagonizada por Tom Cruise, y el director también interviene en la película como DJ de esa fiesta-orgía que se desarrolla en el interior de un local de baile.

El resultado de esta película original, ya que eso no se le puede negar al cine del director y a este proyecto, es de una de las películas que me provocó más enfado, y de la que únicamente pudo citar cosas positivas en las primeras coreografías que me son interesantes a nivel artístico y el primer plano secuencia ( la película tiene unos cuantos ), ya que los que vemos en la parte final y que tanto gustaron en Sitges siendo originales y diferentes a lo habitual son innecesarios y quizás con el enfado personal por lo visto anteriormente no me permitió valorarlos como merecerían. Vuelvo a reconocer el talento a la hora de rodar de Gaspar Noé, ya que no son fáciles de rodar esos giros de la cámara a gran velocidad durante un plano único, pero le pierden sus situaciones innecesarias y excesivas. En la escena final y en varios momentos el director ha querido homenajear a " All that Jazz, comienza el espectáculo ( 1979 ) " de Bob Fosse, por el empleo de un colirio que se instila uno de los personajes al igual que hace Roy Scheider en esa otra película.
Película que no recomiendo a las personas mayores de 50 años, y si hay un grupo de gente que disfrutarán con el proyecto son los que disfrutaron con " Love " o " Irreversible " y a los más jóvenes que están acostumbrados a una música moderna y excesiva como las que suenan en las pistas de baile de las discotecas.

LO MEJOR: Algunas coreografías en la parte inicial.
LO PEOR: Sus excesos. La música. El guion.

Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
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17 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Tedio truculento
Bodrio estilizado. No le doy un 1 por los minutos de verdadero arte en movimiento que suponen las coreografías de unos/as bailarines/as espectaculares. El resto es innecesario y aburrido por más pátina sonora, visual y violenta con la que se la quiera pretender cubrir. Y digo pretender porque ni sonoramente embauca (la selección musical es un tostón, pese a los celebérrimos grupos/dj's que la encabezan) ni es tan violenta (como pareciera ser su intención), ni visualmente aporta nada salvo saturar la retina de rojo. Hacía tiempo que no me retorcía tanto en una butaca debido a los exasperantes y vacíos diálogos pseudoprovocadores (de caca, culo, pedo y pis) y lo reiterativo de las situaciones que no dan ni para un corto pero este señor se ha empecinado en hacer largometraje. Que nadie se lleve a engaño: si la gente se sale del cine (como he visto hacer hoy) no es por la provocación sino porque valora su tiempo.
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5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un mal viaje
Si algo tiene el cine de Gaspar Noé es que pocas veces deja indiferente. O se le ama, aceptando sus excesos, o se le odia, rehusándolos. La polémica lo ha perseguido ya desde aquel lejano 2002, cuando sorprendió a propios y extraños con aquel plano secuencia donde Mónica Belucci era violada, en una escena de casi10 minutos de duración, ante los ojos atónitos del espectador. Y ese juego, parece que le gustó sobremanera.

Si definiéramos la filmografía del director, ésta presenta un cine de forma, no de contenido. Es decir, las tísicas excusas argumentales le permiten explorar todos los mecanismos del séptimo arte para ofrecer una visión muy propia, crítica con un sistema del que parece huir, y retorciendo parámetros establecidos, como hacían los directores de la Nouvelle Vague o los adscritos al movimiento dogma.

Por si nos cabía alguna duda sobre las influencias de las que bebe su nueva obra, el mismo director nos las dicta en el prólogo, donde montañas de cintas VHS y libros circunscriben una pantalla por donde desfilan los futuros actores. Referencias a "Suspiria" de Argento (la gama de colores usada en la estupenda fotografía), "Saló y las 120 jornadas en Sodoma" de Pasolini (el encierro al que son sometidos los bailarines) o la más representativa, "La Posesión" de Andrzej Zulawski (donde Sofia Boutella recrea la dolorosa posesión de Isabelle Adjani en los pasillos del metro).

Todas estos resortes no son más que puros pretextos para retratar, mediante carambolas imposibles, el infierno que se desata una vez que todo aquello que estaba reprimido se libera, mediante la colaboración inestimada de los estupefacientes. Un infierno en los que los bailarines se ven atrapados, vertiendo las peores versiones de ellos mismos para regocijo del director. Gaspar Noé se siente cómodo y liberado explorando con su cámara los recovecos más oscuros de la psique humana, cebándose con sus pobres personajes, quedando a merced de una pirotecnia visual, a veces excesiva, que los maltrata, hasta llegar a un clímax que muestra las consecuencias de esa liberación del yo interior.

Justa ganadora del último festival de Sitges, el realizador nos brinda toda una pesadilla psicodélica, llevando mucho más allá los logros de su "Enter de Void". Todo un desmesurado espectáculo bizarro a ritmo del primer house de los 90. Si existe el infierno, no debe equidistar mucho de lo mostrado en pantalla.

Lo mejor; Las carambolas visuales del director, desde planos secuencias, inversiones de planos y magníficas coreografías aéreas. (Antológica resulta la primera escena a ritmo de "Supernatural" de Cerrone)

Lo peor; Ese exceso puede verse algo forzado si uno escapa de las redes formales.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Mucho ruido y pocas nueces...
Climax se anunciaba en las pantallas de nuestros televisores mucho antes de su estreno. Bajo luces de neón y usando palabras como rompedora, transgresora, perturbadora,etc… Siempre pienso que cuando se debe anunciar mucho una película es porque su calidad es bien dudosa y la nueva película de Gaspard Noé es otra muestra de ello. Es una obra pretenciosa, pedante y tediosa.

Nunca se cómo enfrentarme a una película de Gaspard Noé. Creo que su cine es del tipo que te parece una puta genialidad o una completa basura. Sin embargo, con Irreversible (que a diferencia de esta, si resultaba rompedora), Enter the void e incluso Love, consiguió cautivarme. Había un trasfondo, una historia detrás de la historia inicial. Un infierno caótico y espeluznante que se dejaba ver justo después de vislumbrar el cielo.

Creo que en esta película en concreto se ha querido abarcar demasiado. No obstante, el resultado supera a las intenciones y Climax no deja de ser una película que no está a la altura del cine anterior de Noé y con la que nunca (válgame la redundancia) se consigue llegar a algún tipo de climax. A pesar de las coreografías tan brutales con las que el grupo de actores y bailarines nos deleitan cada minuto, Climax nunca llega a convertirse en algo más que un videoclip de una hora y media.

Justo al final Noé intenta retomar un discurso bastante potente donde se nos viene a decir que con droga o no, somos unos monstruos que dejan salir por medio de sustancias desinhibidoras al demonio que llevan dentro y que ya vivía agazapado en su interior bajo el corsé de la formalidad y las buenas costumbres. Sin embargo, esto no está demasiado explotado y pasa a ser otra parte más de un decorado donde los cuerpos se contorsionan en una especie de infierno palpitante en el que ya no hay lugar para los cómo o los porque, solo para la provocación instantánea que lo único que intenta alcanzar es una fuerte impresión en los espectadores. De este modo tenemos un film totalmente provisto de significado, que se queda sin arrancar nunca y que podría haber dado mucho más de sí teniendo en cuenta quien es su progenitor.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Extenuante descenso a los infiernos!
Pocas horas después de mi primera proyección en el festival de Sitges ya me encontraba haciendo cola para ver otra peli. La gente comentaba en la cola que “la peli era muy chunga” o que “con este tío a saber que nos espera”. Este tío, de nombre Gaspar Noé, estaba en la sala. El director argentino presentó su película sin darse demasiada importancia: “Clímax es un película pequeña que rodamos muy rápido, sin mucho dinero y sin actores profesionales. Si alguna vez os habéis fumado un porrito y ello os ha dejado algo confusos e incluso os ha dado algo de paranoia, sabréis de que va esta historia. Nada más, quiero que la película hable por si misma, os espero la salida”. Qué cabrón el tío. Qué grande.
Clímax tiene dos partes muy diferenciadas. La primera mitad es la virtuosa coreografía de una danza, el ensayo final de una obra que se ha de representar próximamente. Y esto Noé lo filma con un virtuosismo al alcance de muy pocos. Su habitual uso del plano secuencia aquí es deslumbrante. Aunque todo esto no es más que un calentamiento para la segunda mitad. Nos espera una fiesta que supone un absoluto descenso sensorial a los infiernos. Sientes que tu mente y tu cuerpo acompañan a los bailarines en su involuntario aquelarre. En los últimos 15 minutos el film roza lo insoportable. Se vuelve extenuante. Yo me debatía entre dos sensaciones contrapuestas: por un lado no podía aguantar la desazón y la angustia que me provocaban las imágenes y por otro me era imposible apartar la mirada de la pantalla. Esto pasa muy pocas veces, al menos a este nivel. Muchos dirán que Noé tira de golpes bajos, efectismo fácil e que incluso cae en el ridículo en algunas ocasiones. Y tendrán parte de razón. También dirán aquello de que “es un película vacía”. Lo cuál es un poco absurdo. Pero con todos sus defectos e imperfecciones, Clímax es algo único que merece sin duda todos los premios que el festival le otorgó a posteriori. El cine Retiro rugía de gusto cuando llegaron los títulos de crédito y yo sentía que empezaba a volverme loco con este festival.
Después de la proyección hubo una fiesta en la que el director y los actores ofrecieron a todos los presentes una sangría fresquita, como la de la peli. Toda una meta-party vaya.

(Extracto del artículo "5 días en Sitges", dentro del blog "Antes de parpadear" https://robergcuesta.wixsite.com/antesde)
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5 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
El Arca De Noe.
Ayyyyyyyy ayyyy que engendro de película. No, si la fotografía es la polla, y los números de baile muy chulis, los actores? lo dan todo en las conversaciones de besugo y todo lo demás.
Pero, señor Noe, hasta aquí hemos llegado. Vale que me costó un horror acabar Enter the Void y Love ni me gustó ni me desagrado. Lo seguía desde Irreversible por ser una peli rompedora y desgarradora pero es que aquí no encuentro ni pies ni cabeza. Y me jode, porque tenía las expectativas por las nubes. To dios versando las maravillas de esta barca de seres despreciables, (vale, que sí, que todos hemos leído a Sartre, pero nos resistimos a creer que tor mundo e malo) esto es un desastre muy bonito. Pero desastre a fin de cuentas.
Absurda e infumable. Ahora si Le sirve a usted para darse cuenta que satanás vive entre nosotros. Pues ole.
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Noé atrapado
Parece que el pobre Noé está atrapado en una manera de hacer cine que ya no produce ninguna sorpresa. La produjo "Irreversible". "Irreversible" tenía momentos brutales, aunque es una película vacía que no aguanta un segundo visionado. Una película que incluso puede llegar a ser mala si se ve dos veces. Esta, en cambio, se ve que es mala desde el principio. Intenta ser moderno, supongo que intenta llamar la atención, sorprender, romper..., pero a mí me aburrió sobremanera. Creo que todos los críticos que aplauden están haciendo el ridículo. A lo mejor es que ellos también quieren parecer modernos, críticos abiertos a otras formas... ¡Puaj!
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El infierno del colectivo
La crítica (quizás mejor pequeño análisis) está dividida en dos apartados, separados por el cajón de spoilers, hay spoilers en los dos.


El Clímax humano
La película abre con una chica herida intentando huir a través de un paisaje blanco, lleno de nieve. Somos nosotros, Noé nos va a machacar, nos avisa. Ella se derrumba justo antes de llegar a un árbol mientras se muestran los créditos iniciales. Como bien ha pasado en varias obras del autor juega a romper el esquema con los créditos, en este caso mostrando aquí el final hasta las últimas consecuencias en el mismo inicio.
Después del final, en un único plano nos explica la película; entrevistas a los bailarines en que nos hablan de ellos, de sus aspiraciones y nos mienten, necesitan entrar en la academia y mienten, pero ya entraré después en ello. No menos importantes son las obras que rodean la TV que muestra las entrevistas, obras que nos anticipan puntos que tratará la película: Suspiria en el caos final, Un Perro Andaluz en la provocación y surrealismo de la propuesta o incluso obras de Nietzsche o diversas poesías sobre la ida y la vuleta del infierno, que recuerdan que todas esas aspiraciones artísticas escondidas entre los sentimientos más bajos que pueden esconder están rodeados de los grandes: pensadores y artistas de verdad que van mucho más allá de cuatros niñatos, gente que fue más allá de los estándares y son auténticos genios, gente que no se conformó con el confort para poder crear sus obras magnas.
Una vez acabadas la entrevistas entramos lo que será el infierno, la sala de baile que, como la película, está orgullosa de ser francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Una sala que acoge una de las secuencias de baile más sublimes de la historia del cine, rodada en un plano secuencia que no hace sino demostrar el nivel técnico que adquieren las propuestas de Noé, un baile provocativo dónde se nos muestran las habilidades de cada personaje.
Cuando acaba la cámara empieza a seguir a cada protagonista, girando por toda la sala como si ésta también danzase va mostrando las actitudes de cada personaje, así como el personaje inanimado más importante, la sangría, roja, color que predominará en la parte final. Ésta es una sección en que la cámara da una sensación de estabilidad forzada, cosa que hace que sea algo mareante de primeras, pero puede que nos insinúe algo más: la estabilidad que reina en la sala no es real, puede parecerlo pero cada uno esconde algo más dentro de él que va a aflorar y arrasará con todo.
La cámara se detiene por primera vez en toda la obra para escuchar las conversaciones entre personajes, unas conversaciones que, pese a empezar con temas interesantes, actitudes medianamente inteligentes, van degenerando en la falta de moral, en el follarse a cualquiera y que nada más importante mientras la sangría hace mayor acto de presencia conforme dichas conversaciones demuestran cada vez más las bajezas del ser humano.
Y finalmente el clímax humano, un baile rodado en plano cenital donde cada vez va subiendo la intensidad, la sangría los ha animado, bailan de forma divertida cada vez llegando a movimientos más arriesgados y a estas alturas de la película se muestran los créditos musicales; unos créditos que cambiarán las cosas. Entra el LSD. Volvemos a entrar en el vacío, pero este caso tiene final: el infierno del ser humano donde éste último florece como despertando su verdadero yo.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Expresionismo estético y sustantivo.
Cuando le preguntaron a Paolo Sorrentino por qué buscaba siempre la belleza en todos sus trabajos, este contestó que no entendía cómo podía ganarse la confianza de alguien diciéndole que iba a ver algo feo; las películas, en última instancia, tenían que ser epicúreas y rendirse a lo bello. Entender como Albert Camus, que la belleza nos salvará. Noé hace suya esta tesis y la lleva al paroxismo. Un autor que vuelve a la retórica y a la sustancia del expresionismo abandonando la razón objetiva y abrazando la pasión. Una pista para el espectador: en las épocas donde se rompe con las verdades absolutas, todo esto sale a flote. Pasó en el entreguerras, en el mayo del 68 y está pasado ahora.

‘Climax’ parte de un continuum de la índole de Noé presente en todos sus trabajos, el pestañeo de cámara, la voz complementaria –aquí es la música y los colores que denotan emociones-, la estructura y narración desordenada pero no caótica, el movimiento de cámara que huye del maniqueísmo o los propios planos secuencias que aquí cobran mayor significación y protagonismo llegando a ser elemento constitutivo del film. Además, a los temas ya tratados –drogas, incesto, amor- se les une otros de radical actualidad que conforman el marco posmoderno en el que siempre inserta sus obras; véase la banalización del sexo y del fascismo, la violencia machista o el aborto, el inocente como chivo expiatorio o el papel sobre protector y nocivo sobre los niños.

Por otra parte, la ambición del director argentino de huir de las obras artísticamente monolíticas sigue estando presente, queriendo crear experiencias en movimiento netamente sensoriales. Allí donde lo moral o argumental se cuenta a través de un viaje, aquí se subvierte haciendo que el viaje se vea propiamente como lo moral (o inmoral) y argumental. Quizá su tercer acto sea el más experimental y donde se regodea en sí mismo, cuando la cámara y sus flip-over se convierten en un actor más y nos impiden que toquemos el suelo; nos pone en una posición incómoda y nos prohíbe escapar demostrando, una vez más, que es un genio de la manipulación en sus películas, siendo totalmente efectivo si tú, como espectador, te dejas embaucar.

Las interpretaciones de ‘Climax’ están abiertas más que nunca. Yo prefiero quedarme con la crítica posmoderna de la sociedad, donde los intercambios colectivos tienen sentido únicamente como algo cósico, externo, y como mero medio para afirmar nuestra individualidad que, en el final inevitable, acaba rompiendo todo lo social. A Noé se le podrá acusar de cínico, pero al final es de los pocos que son capaces de demostrar que el esteticismo no siempre choca con lo sustantivo. Cuando lo posmoderno es ley, viene a decirnos, lo contracultural (expresionista) se vuelve orden.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Punto álgido
Climax, siguiendo una premisa tan simple como efectiva, da como resultado uno de las mejores películas de su director. Tras un casting, un grupo de bailarines termina el rodaje de una coreografía en un polideportivo enmedio del campo en plena noche de invierno. Comienza entonces la fiesta, celebración de un trabajo bien hecho, que va sobre ruedas hasta que se descubre que ¡Oh!¡Oh! Alguien ha saboteado ̶e̶l̶ ̶p̶o̶n̶c̶h̶e̶ la sangría.

Tras los créditos iniciales, que en realidad son los finales, al igual que en Enter the void, asistimos a las entrevistas individuales a cada bailarín, proyectadas en un viejo televisor rodeado de DVDs de las películas a las que se hará homenaje, de Posesión (las convulsiones de la bailarina Sofia Boutella contra las paredes) a La noche de los muertos vivientes (la totalidad del reparto) en la próxima hora y media. Y entonces, la magia, un plano secuencia, cargado de zooms y travellings, de la danza colectiva al ritmo de Supernature de Cerrone, cada personaje con su propio estilo, del break al voguing, cada uno con su minuto de gloria en el centro del plano, una introducción insuperable que marca el tono de la primera mitad de la película, la celestial.

La danza, la fiesta, los bailarines hablan de sus esperanzas, de sus sueños, de sus ganas, de sus deseos. Otra secuencia de baile frenético, en plano cenital que cierra la primera parte, literalmente, con otra serie de créditos en neón. Y entonces, el infierno. Todos comienzan a sentirse mal y se descubre que alguien ha puesto droga en la sangría. La paranoia, la desconfianza, la rabia y la líbido se disparan hasta culminar en una explosión de violencia aberrante cuando las luces rojas de emergencia y los movimientos descompuestos de los extasiados asistentes recrean el mismísimo infierno para los espectadores.

Noé ya había jugado con esta transición del cielo al infierno en Irreversible, aunque con un dudoso gusto, situando el cielo en un parque familiar y el infierno en el cuarto oscuro de un bar gay. También podría aplicarse ese paso a Love, de la vida de un joven rebelde sexualmente liberado que termina sus días atrapado por un núcleo familiar tradicional. Sin embargo, en Climax, el paso de la felicidad al horror, más que narrativo, se vuelve espacio-temporal. Es decir, al contrario que las dos anteriores, el tiempo, casi real, en que la droga surte efecto y el espacio cerrado sin escapatoria son los principales propulsores del caos, al margen de las decisiones de los propios personajes.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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