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10
Deliciosa, sensual y atractiva bruja
Verónica Lake ¿porqué has sido injustamente olvidada? deberías estar en el olimpo de todos los aficionados al cine al lado de Rita Hayworth y de Betty Grable como el trío indiscutible de diosas del amor de los años 40. En esta tu pequeña obra maestra (de visión obligada para todos los amantes de buen cine clásico). Una pequeña gran joya que 66 años después de filmada aún conserva toda su frescura, picardía y originalidad que la hacen única. Tu carrera duró demasiado poco tiempo, pero ello fue debido a circunstancias de un momento determinado y a que la envídia es muy mala. Por fortuna podemos congratularnos contigo en películas como esta. Tu media mirada de atrevido look capilar y tu sonrisa nos dicen una vez más que quien ríe el último ríe mejor...
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
UNA COMEDIA CASTA Y PURA.
Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde que se filmó la película, fué una gratísima sorpresa. Me interesó la presencia de Verónica Lake y quedé deslumbrada con una actriz que era portadora de una belleza y una gracia increíbles, luce sus dotes de comediante de modo brillante y es un deleite para los ojos. Es una comedia light muy propia de la época pero lo agradable es que no huele a apolillado sino todo lo contrario conserva una frescura espléndida. La historia es sencilla pero simpática. Debido a un hechizo que se realizó hace cientos de años, una brujita aparece en la década del 40 y cae en la casa de un apuesto soltero que está próximo a casarse. La preciosa bruja no sólo es bellísima sino que tiene unos poderes extraños para mover las cosas de lugar, además de poder volar con su escoba y de ser un poquito insolente y descarada. Una clásica comedia blanca muy previsible, pero que al contar con la Lake y con una correcta dirección, es un placer verla. Como la novia abandonada aparece una Susan Hayward muy joven pero que no logra destacarse, porque la increíble hermosura de Verónica opaca todo lo demás. Exquisita película para pasar un buen momento.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La bruja Jennifer
Segundo film americano de René Clair. El guión, de Robert Pirosh (“Un día en las carreras”, Wood, 1937) y Marc Connelly (“Capitanes intrépidos”, Fleming, 1937), con diálogos de René Clair y André Rigaud y con la colaboración no acreditada de Dalton Trumbo, adapta la novela “The Passionate Witch” (1941), de Thorne Smith y Norman Matson. Se rueda en los platós de Paramount Studios (L.A.), con un presupuesto modesto propio de los tiempos de guerra. Es nominado a un Oscar (banda sonora). Producido por René Clair y Preston Sturges (no acreditado), se estrena el 30-X-1942 (EEUU).

La acción dramática principal tiene lugar en Boston (Masachusets) en 1942, con un prólogo situado en las afueras de Salem (Masachusets) en 1672 y un epílogo ubicado en Boston en 1952, aproximadamente, unos diez años después del rodaje del film. Durante una noche de tormenta, un rayo cae accidentalmente sobre la base del tronco de un roble centenario y provoca la liberación de los espíritus del brujo de primera Daniel (Kellaway) y de la bruja de segunda Jennifer (Lake), hija de Daniel, condenados a morir (1672) en la hoguera a raíz de las acusaciones vertidas contra ellos por el predicador puritano Jonathan Wooley (March). La rediviva Jennifer se enamora (1942) de Wallace Wooley (March), por lo que su padre le retira los poderes mágicos que le había dado. Wallace es elegante, serio y candidato a gobernador de Masachusets. Jennifer es atractiva, de carácter independiente, inteligente y seductora.

El film suma comedia, fantasía, horror y romance. Como comedia desarrolla una historia de brujería sazonada de toques fantásticos que dan pie a numerosos lances de humor. El relato es sencillo e ingenioso. La narración incorpora humor, ironía, elegancia, picardía y sutilezas, dentro de un estilo natural, cálido y próximo. Combina melancolía y farsa en el marco de un relato alocado e hilarante. El motor de acción viene dado por la maldición que la bruja Jennifer vierte sobre el predicador Wooley y toda su descendencia, a la que condena (1672) a no conocer ni la felicidad ni el amor conyugal. El uso de la ambigüedad como recurso narrativo plantea interrogantes, siembra dudas y deja sin resolver diversas cuestiones. De ese modo aporta elementos de tensión y de riqueza argumental.

El relato evoca la oscura historia real de las brujas de Salem, que culmina en 1690-92 con la condena a muerte por ahorcamiento de 25 personas (hombres y mujeres) y a penas de prisión de dos centenares de víctimas. Las acusaciones apelan a hechos inverosímiles, como los “diabólicos” cambios de color de ovejas y vacas, que se veían verdes o azules, a causa de la maléfica influencia de brujos y brujas. Los hechos del film se sitúan (1672) 20 años antes de la masacre de 1690-92.

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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Una pequeña gran peli
A una obra como esta hay que acercarse con la idea de que vale mucho más por lo que representa que por lo que es. Se trata de una modesta pero muy ingeniosa película que se beneficia del exquisito talento del gran Rene Clair y sobre todo de la fascinante Veronica Lake que ya de por si es un aliciente que justifica sobradamente su visión.
Desde luego no figurará en los anales de la historia de la comedia, pero aún asi determinados detalles, su sutil ironía, su inocencia veladamente transgresora y ese sabor a viejo gran cine la convierten en una obra más que recomendable.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Embrujo apolillado.
Director de personajes y planos detalle, con Clair el plano se organiza en torno al movimiento de los actores y la disposición de los decorados. El francés pasó a la historia como uno de los grandes de la comedia ligera francesa, con un curiosísimo, para la época, gusto por la comedia fantástica, y por su inevitable influencia en el realismo poético francés (posteriormente aparecerían nombres como Feyder, Becker, Carné…). Con estos antecedentes creo que cualquier aficionado puede anticipar el estilo sencillo y afable que define el cine de René Clair.

Visualmente la película es de una añeja modestia, aunque con bonitos efectos especiales, que busca las virtudes de la sencillez de un estilo que a día de hoy se queda excesivamente escueto a la hora de plantear con lo justo las escenas. Los gags son insulsos de pura candidez (falta corrosión en la receta), pero tienen a su favor estar apuntalados por un costumbrismo certero en el que los decorados, las conversaciones, el vuelo de las faldas de satén y las pajaritas ajustadas de los esmóquines se convierten, ante nuestros ojos de siglo XXI, en auténticos protagonistas. Y las chimeneas, las camas con dosel, las escaleras de roble… Y una simpática banda sonora que fue nominada al oscar (partitura de Roy Webb, autor también versátil en esto de poner sus composiciones al servicio de la historia que hubiera que presentar).

Encantadora, sí (como V. Lake). Envejecida, también (como los mohines de F. March).
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
HABERLAS HAYLAS
Segunda de las cuatro películas de Clair en Hollywood, que no debemos confundir con el remake "Me enamoré de una bruja" de Richard Quine en el 58.

Este entretenido y "original" cuento de brujas da pie a una comedia romantica agradable, bien interpretada y con un equipo de profesionales de peso detrás, acreditados o no. El cabeza de cartel Frederic March tuvo que ceder espacio y aguantar lo suyo a la malograda Veronica Lake que con sus veinte añitos venía arrasando con todo y se comía la pantalla y todo lo que le pusieran por delante. March, como otros después, se negó a volver a trabajar con ella. Aquí está deliciosa y capaz de embrujar al público como así hizo.

Clair dirige con su acreditado feeling para la comedia y los efectos especiales funcionan en toda su encantadora simplicidad. Cecill Kellaway compone un padre brujo malvado y divertido a la vez y Susan Hayward saca petroleo de su secundario prefigurando éxitos posteriores.

A la comedia el tiempo la ha tratado con condescendencia a pesar de que se notan las arrugas. En los 60 la serie de tv "Embrujada" prolongó el acierto de mezclar el reino de los brujos con los simples mortales.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una comedia con escoba, fantasmas de humo y una bella bruja
Cuando una mujer no sabe de tolerancia algo le falta de mujer, porque la tolerancia, aunque es patrimonio de todos, es esencialmente femenina. Cuando una mujer no sabe de perdón, tiende a perder lo más valioso de su vida, porque el perdón es sinónimo de entendimiento y sabiduría. Cuando una mujer no sabe ser bella y sencilla a la vez, será admirada, pero a la vez despreciada, y esto traerá a su vida irremediables pesares.

Jennifer, la magnífica bruja de esta película, sabe de estas cosas, y cuando su padre la incita para que mantenga la tradición de maldecir hasta la eternidad a todos los descendientes de Jonathan Wooley -el verdugo de ambos en tiempos de la perversa Inquisición- ella, como hermosa y digna mujer, siente que es capaz de revalorar las viejas tradiciones. Sobre todo, porque es tan idiota, absurdo y desquiciado, juzgar a un hombre por lo que hicieron sus padres, sus abuelos o sus tatarabuelos, como pensar que un hombre vale más que otro sólo porque el color de su piel es distinto.

Se lamenta que un hombre tan culto como René Clair, diera por sentado que fueron, efectivamente, brujas y brujos capaces de montar en escobas y manipular objetos y personas, quienes fueron torturados y llevados a la hoguera en el Salem del siglo XVII, pues bien se conoce ya la historia verdadera colmada de infamia, mentiras y abusos.

Pero, si logramos sustraernos a esto, se tiene ante los ojos un filme que divierte, que cuenta con un compacto grupo de intérpretes y que juega con situaciones bastante divertidas. Me encanta la escena de la pretendida boda con la soprano que trata de interpretar, incesante e interrumpidamente, “I love you Wooley”. Me divierten ciertos diálogos bastante socarrones como cuando Daniel, el padre de Jennifer, le dice: “Maldecirle para que le vaya mal en el matrimonio es una estupidez. A todos los hombres les va mal en el matrimonio”. Y los efectos especiales, no obstante lo modestos que resultan ahora, preservan ese halo de encanto y poesía con que los ha revestido Clair para dar forma a su fantasía.

Es seguro que quienes vieron, “ME CASÉ CON UNA BRUJA”, por aquellos años 40’, de seguro se sintieron más fascinados de lo que podemos sentirnos ahora, y una buena razón, debe haber sido la sugestiva presencia de esa Barbie rompecorazones llamada Veronica Lake. Para nosotros, en cambio, se preserva ese gusto por el buen sentir y la capacidad de trascender un anclado paradigma que, por varios siglos, mantuvo en el atraso a una que otra cultura.

Si puedes, mira esta película acompañado de alguna hermosa bruja.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
MATRIMONIO A LA AMERICANA... POR UN FRANCÉS
Es curioso que uno de los pilares sobre los que se constituye la actual comedia romántica americana lo proyectara un francés. René Clair pasó como tantos otros los años de la guerra en Hollywood, aunque luego regresase también como otros tantos a Europa. Y a tenor de este famoso título, se supo adaptar muy bien a su nuevo público sin perder su personalidad liberal, "francesa" que diría un americano.

El matrimonio es tratado de un modo mordaz, y el director sabe manejar las críticas veladas a las costumbres e instituciones americanas sin resultar grosero. Para ello, bien es verdad, que ayuda el hecho de manejarse en los terrenos de la comedia. Por desgracia el tono general de la película resulta hoy un tanto anticuado, pero es valorable la enorme influencia que ejercería en un género tan americano. Me refiero por ejemplo al elemento fantástico, no como hasta entonces con el acento milagrero y puritano, sino con el uso de lo perverso y lo prohibido como motor de los acontecimientos. No falta tampoco, quizás lo mejor de la cinta, las bodas imposibles y locas cargadas de carcajadas, o la huida hacia adelante de los personajes ante los problemas. Todos estos aspectos, y otros, los vemos desde entonces repetidos en multitud de comedias americanas. Y tampoco faltan elementos instalados en el cine desde mucho antes de la llegada del francés, como el enredo y los equívocos, la sátira y los dobles sentidos de la mejor comedia loca.

Aparte queda comentar el uso de los efectos especiales que aún hoy no han perdido su gracia y que beben del mismo Méliès, a quien Clair siempre admiró. Lástima que con tantos argumentos a favor, no me acabe de convencer Fredric March, y el pelo desmelenado de Veronica Lake no sea hoy tan incitador, o que por momentos la película no logra más que hacernos sonreír que ya es bastante. Clair, tan grande como fue en su día, no es hoy un Renoir, ni tiene el encanto de Carné o Feyder, ni la fuerza de Clouzot, Bresson o Becker, por mucho que queramos hoy recuperarlo. No obstante dibuja bien lo que fue el cine francés antes de la "Nouvelle Vague" y esta película es de obligado visionado para cualquier cinéfilo... o para cualquiera que quiera pasar un buen rato.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La bruja Lake.
Comedia que parte de un argumento ligeramente ingenioso (la historia de amor de una bruja del siglo XVII por el descendiente del hombre que ordenó que la quemaran en la hoguera, el cual está a punto de casarse) y que vista hoy, entretiene sin más, resultando una comedia fantástica eficaz y digna, pero nunca brillante y sí avejentada. René Clair, no obstante, pudo con ella seguir con el tipo de películas que estaba realizando en Francia, mucho mejores que ésta.
Lo mejor de la película es la pequeña, rubia y coyunturalmente famosa Veronica Lake, con su famoso también peinado. Pero sin pasarse tampoco, bien es cierto.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una comedia bastante agradable de ver.
Una película agradable de ver a pesar de los pocos medios que la película dispone.
Una historia que da comienzo unos 270 años antes con la ejecución de una bruja y su padre los cuales aparecerán años más tarde, tema popular del que se han hecho cientos de películas, un tema que siempre resultó bastante atractivo al cine.
Esta vez los medios son pocos pero la imaginación bastante grande, el humo, escobas volando, fuego, coches volando, elementos clásicos de la brujería, serán los que mostrarán la magia de estos brujos malos y perversos que aparecerán en medio de un incendio provocado por ellos para conseguir enamorarse la hija de una persona influyente en la sociedad, el simple hecho de enamorarse será simplemente para poder conseguir diversión en ambos brujos hasta que la bella y atractiva brujita se enamorará de verdad.
La historia resulta interesante y atractiva a pesar de que los medios no sean muy buenos para conseguir los efectos de brujería que se persiguen pero el film resulta agradable de ver gracias a la presencia de estos dos actores que hacen de esta comedia un pastel delicioso.
Así es lo que pasa con las comedias amorosas normales, resultan atrayentes cuando las caras de los actores dan ese toque especial, esa guinda que adorna el pastel.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
UNA SORPRESA DEL MÁS ALLÁ
La película enseguida consigue poner al público de su parte gracias a la sencillez de su planteamiento, lo cómico de su desarrollo y la originalidad de algunas situaciones.
Inocentona y provocadora.
Todo en una clave de un humor diáfano y distendido que siembra complacencia y bienestar entre suaves requiebros amorosos con sus correspondientes equívocos intrascendentes pero divertidos.

Guión, director y reparto en general merecen felicitaciones pero hay que reconocer que a V. Lake le corresponde buena parte del mérito por ese singular modo de desenvolverse frente a la cámara.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Las brujas también se equivocan.
Muy simpática película ( algo avejentada, cierto), que mezcla la comedia amable con elementos fantásticos y que, vista hoy en día, te hace pasar un rato agradable vista desde la concepción de un tema que luego sería copiado hasta la saciedad en numerosos films y series de televisión.
En el siglo XVII en Salem, la puritana sociedad llevó a la hoguera a varias personas acusadas de brujería. Ésta es la historia de un padre y su hija quemados en la hoguera no sin antes haber lanzado una maldición a sus verdugos...Él y todos sus descendientes, serán desgraciados en el amor y sus matrimonios serán un desastre.
Pero en el siglo XX, una tormenta liberará el espíritu de estos dos brujos que yacían atrapados en un árbol próximo a donde fueron quemados. La venganza sobre los descendientes no se hará esperar. Será necesario un cuerpo en el que materializarse y...voilá. Aparece Veronica Lake.
Un inciso...Verónica Lake fue una actriz que ahora está algo olvidada que sin embargo, causó sensación en los años previos a la segunda Guerra Mundial. De baja estatura pero un cuerpo sensacional y muy bella, fue su atrevido peinado lo que causó furor, hasta el punto de que no había muchacha norteamericana que no quisiera emularla. De hecho, cuando estalló la segunda Guerra Mundial y los hombres fueron a combatir, las fábricas se llenaron de personal femenino con ondulantes melenas que tapaban media cara, e impedían la eficacia de sus labores, provocando muchos accidentes cuando sus cabellos quedaban atrapados en las máquinas.
Tuvo que hacer falta un llamamiento del Gobierno, invocando al patriotismo de las chicas y la propia Verónica Lake tuvo que cortarse el pelo, para que esa "fiebre" remitiera y las mujeres no pusieran en peligro su integridad física por una cuestión de coquetería.
Esa melena ha quedado en la Historia. De hecho, la Jessica Rabbitt de la película ¿Quién mató a Roger Rabbitt?, está claramente inspirada en esta actriz y es que el fetichismo ha llegado a nuestros días.
Por otra parte, Verónica quizá no haya destacado mucho como actriz, aunque tiene protagonismo en películas memorables como "Los viajes de Sullivan", estupenda comedia de Preston Sturges, así como algunas cintas de cine negro muy recomendables. Pero eso sí. Siempre es un placer contemplarla.
Continuando con la peli, es una comedia blanda y agradable, muy bien hecha, no pensada para arrancar ninguna carcajada, sino para recrearte en una historia para todos los públicos tierna y simpática.
Quizá el público actual no aprecie este tipo de cine, pero yo que no soy nada objetivo ni pretendo serlo, estas películas me causan un placer tranquilo y sosegado, con cierto toque nostálgico, que me animan la velada rememorando esa forma de hacer cine, ingenuo y elegante. Muy disfrutable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
MEJOR UNA BRUJA QUE UNA ESTIRADA
Bonita película de los años de la 2ª guerra mundial. Un comedia con un guión simpático. No sé si la posterior "Embrujada" se basaría algo en esta película.

La pareja de actores protagonista representan bastante bien la obra. Los efectos especiales de entonces no son los de ahora pero no están mal y la banda sonora fue inclusonominada por la Academia.

La historia es realmente simple pero la cuentan bien, sin cosas raras por el medio, una bruja de 270 años, acompañada por su padre vuelve al mundo tras la caída de un relampago y toda la trama se basa en querer conquistar a un político bien parecido de una gran reputación y a punto de contraer matrimonio. Que lo consiga o no dependerá de muchas cosas, pero la principal de que su padre, un brujo mucho más añejo, lo consienta o no, una vez lo consulte con la bebida.
Una película entre pasable e interesante.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El amor puede con la brujería
Simpática, alegre, elegante,desenfadada, entrañable, encantadora y genuina producción que consigue ofrecer momentos llenos de ingenio con unos personajes que conquistan la pantalla por su carisma y simpatía.
Fabulosos los protagonistas, creando una pareja ideal en pantalla, aunque en el rodaje no se pudieran ni ver.
Lo que consiguen Fredric March y Veronica Lake, es pura brujería y consiguen hechizar al público, ofreciendo un entretenimiento de primera clase con el que disfrutar.
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