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6
Cómo pasa el tiempo...
Cuando una ve esta película en su adolescencia quiere ser Karen Blixen y visitar Kenia, encontrarse con un Denys parecido a Robert Redford y vivir un apasionado romance. Siempre lloraba cuando la veía.
Con el paso de los años, no puedo evitar mirar con cierto sarcasmo esa idealización: en África, aparentemente, no hay mosquitos, cualquiera planta café y le crece, en el corazón de la sabana siempre hay un momento para una cena con vino, velitas y cubertería de plata, los leones obedecen al látigo de una aristócrata danesa y en una mañana uno puede aprender a manejar una avioneta.

Aún así, las primeras impresiones de fascinación que sentí por esta película perviven todavía en mi memoria y si me dejo llevar, casi logro sentir la misma emoción de hace tiempo, con la diferencia de que una ya no se cree los cuentos y ha perdido la esperanza de encontrar alguna vez un lugar como ese, un paraíso (que aún no es un parque nacional) donde apenas ha llegado la civilización y un masai fiel te sigue a todas partes.
Luego te desperezas, te frotas un poco los ojos y ves una típica historia de amor en la que la chica quiere compromiso y el chico quiere libertad. Ambos sufren, porque seguramente se quieren de verdad, pero tienen formas diferentes de entender la vida. Un lugar común, vamos, pero en un entorno de incomparable belleza en el que la música, todo hay que decirlo, ayuda bastante. Inolvidable J. Barry...

Debo estar ya mayor para el romanticismo.
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129 de 166 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
YO TENÍA UNA GRANJA A LOS PIES DE LAS COLINAS DE NGONG
Justo después de mi admirada "Tootsie", el cineasta norteamericano de "Danzad, danzad malditos", Sydney Pollack traslada a la gran pantalla con la colaboración de Kurt Luedtke en tareas de guionista, las memorias autobiográficas de la autora danesa Isak Dinesen, pesudónimo artístico detrás del cual se esconde la verdadera identidad de la baronesa Karen von Blixen-Finecke, durante su estancia de vida en Kenya (1914-1931) en los años dorados del colonialismo británico en aquella zona, y que publicaría en 1937...

Un épico y edénico paseo por paisajes de ensueño y fantasía gracias en gran parte al extraordinario trabajo de fotografía de David Watkin muy en la honda de Freddie Young para las grandes producciones del David Lean más faraónico...y qué de la emblemática y brillante banda sonora a cargo del incombustible John Barry...

Pollack factura una magna obra, a partir de susodichas memorias e ingredientes, con el telón de fondo del sempiternamente anacrónico tema del colonialismo, en aquella época del colonialismo en plena ebullición en el continente africano, en las llanuras de Amboseli, un tanto alejados de las escaramuzas políticas de la capital, Nairobi, y entre rumores que atañían a la reina Victoria de Inglaterra, repartiéndose alegremente el yermo terreno africano con su nieto, el kaiser Guillermo, a quien según cuentan de oídas los lugareños, le regaló las montañas del Kilimanjaro pues no poseía montaña alguna de la cual presumir...

Como si de una historia de Julio Verne se tratara, Pollack va desmenuzando página a página las fantásticas memorias de la interfecta para ir componiendo una sólida estructura, cargada de poesía narrativa y plástica, a través de una fotografía y una banda sonora realmente apabullantes...

Sin dejar de destacar tampoco las brillantes interpretaciones de un reparto coral en estado de gracia, fundamentalmente a cargo de una descomunal Meryl Streep y un majestuoso Robert Redford, y sin olvidarnos tampoco de una carismática interpretación de un contenido Klaus Maria Brandauer...

La eterna fascinación de lo desconocido y del continente africano en particular, origen y cuna de cualquier atisbo de vida, está milimétrica y detalladamente descrita en esta fascinante epopeya edénica sobre la vida en territorio salvaje, y en mitad de una nociva influencia del hombre occidental; la propiedad privada y la rapiña originaria en la que se basa según la irrefutable ley del más fuerte.

Si aún no la has visto, no tardes mucho más en verla pues sería pecado.

Como sucedía con la tierra roja de Tara y lo sacrosanto de la propiedad terrenal para aquella familia de criollos de origen irlandés en la épica odisea de "Lo que el viento se llevó", esta famosa coletilla a modo de prólogo y epílogo de esta otra magna obra "...yo tenía una granja en áfrica, al pie de las colinas de Ngong..." nos hace presagiar también que estamos ante una obra,

I M P R E S C I N D I B L E.
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58 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
como olvidar...
No es posible olvidar una película así. Una música que subyuga,transporta y evoca. Un amor que nos conmueve y nos duele,que casi podemos sentirlo como lo sienten ellos...hermoso como un cuento bien contado,inalcanzable como toda la belleza de Africa. Cómo olvidar una fotografía tan evocadora? Cómo no sentir que se te erizan los pelos ante unas interpretaciones que rozan la perfección? Película imprescindible y redonda hasta límites pocas veces alcanzados en el cine...Única
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44 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Homenaje a Sydney Pollack
Otro grande que se nos fue, aunque cinematográficamente hablando parecía ya que se había marchado mucho tiempo atrás.

“Memorias de África” es y será su obra más recordada, aunque no sea su mejor película sin lugar a dudas. Pero es lo de menos, aquí consigue enganchar a cientos de miles de personas que esperaban algo de cine clásico en la década de los comandos desaparecidos en combate.

Tiene además el mérito de ser una de las verdaderamente primeras películas feministas del cine contemporáneo, porque aunque Robert Redford es el galán que a todas enamorada, Meryl Streep es la única heroína de la película.

Y claro, como decía aquel, en sus virtudes encontrareis sus defectos, y es cierto. La señorita danesa se pinta a sí misma –no olvidemos que no deja de ser una autobiografía- como un deshecho de virtudes, trabajadora, cariñosa, entregada, protectora de los débiles, con carácter, hermosa, buena tiradora, amazona, constante, amante... por eso cuando llegan los problemas de diversa índole que todos conocemos y no hace falta que explique de nuevo consigue darnos lástima, a pesar de su entereza. Evidentemente como toda historia lacrimógena intenta manipular los sentimientos del espectador para llevarle al huerto, y Pollack lo consigue.

Tampoco me convence el papel de Klaus Maria Brandauer. Y digo el papel, no el actor, que hace lo máximo que puede hacer ante un dibujo bastante peyorativo y partidista. No hacía falta a mi juicio contratar a uno de los mejores actores de los años ochenta para darle un personaje de tan segunda fila.

En cuanto al retrato de África, ahí sí opino que es blando, bastante más que la historia de amor, cuando debía ser al contrario. Aquello es ante todo un paisaje turístico, no vemos verdaderas enfermedades, ni plagas, ni sequías, ni guerras, ni a los Mau Mau cortando alguna cabeza blanca, ni verdadero racismo, sólo clasismo. Es decir, utiliza África más como escenario donde transcurre una historia de amor que como elemento protagonista con los elementos que todo territorio tiene, y esos elementos son más que leones hambrientos. Recomiendo para eso visionar "Las montañas de la luna" o leer cualquier libro de mi ídolo Richard Burton.

Y aún y con todo, yo soy el primero en reconocer que es una película estupenda -por supuesto superior a “El paciente inglés”-que los que la hemos visto en pantalla grande sabemos que es un regalo para los sentidos y que como muy bien dice Pablo Kurt sigue siendo uno de los retratos más acertados entre el compromiso y la independencia, y es que en contra de lo que piensan la gente, el personaje atractivo realmente es Robert Redford, no ella, este aventurero naturalista y mujeriego que no está dispuesto a renunciar a saborear todo lo que puede dar la vida sólo por amor. ¿O sí? Nunca lo sabremos.


Nota: 7,5
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34 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"No somos propietarios. Aquí sólo estamos de paso"
A las puertas de la Primera Guerra Mundial, cuando unas cuantas potencias ya se habían repartido África como si se tratara de una partida de Risk, una mujer danesa de familia acomodada rompe los encorsetados esquemas de su época y se erige en una mujer fuerte e independiente que descubre que poseer una granja en África no es un sentimiento exacto; es la granja la que llega a poseerla a ella, la hermosa tierra, la gente que la habita y a la que los intrusos europeos no tienen derecho a pisotear y denigrar. Descubre que el amor no depende de las conveniencias y que no se puede aprisionar.
También descubre amargas decepciones y dolores, pero se siente más viva que nunca mientras aprende a amar la tierra y la gente que se ha apoderado de su alma. Y florece con un amor que saca todo el anhelo y la pasión que lleva dentro pero que es inalcanzable, que no puede ser atrapado y que experimenta con toda la intensidad de lo que puede terminarse en cualquier momento, de lo que no se sabe hasta cuándo puede durar, que se disfruta con el temor de perderlo.
Con ternura y una firme voluntad, Karen deja a su alrededor una huella tan honda como la que África le deja a ella.
Bellísima, delicadamente sensible e inteligente película que despliega la trama de una forma que va hechizando casi imperceptiblemente hasta que ya uno se siente parte de ella y un trozo de nosotros se queda también en África.
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31 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Permanece en nuestra memoria
La música: maravillosa, de las que se recuerda siempre y permanece en nuestro recuerdo y en nuestro corazón. Su artífice: John Barry.

Actores: en estado de gracia, tanto Meryl Streep (una de las mejores actrices de la historia del cine, pese a quien pese) como Robert Redford, además del resto del reparto.

Guión: excelente, basado en "Out of África" (Lejos de África) de la escritora danesa Isak Dinesen. Dice Javier Reverte, gran conocedor del tema (lo ha leído todo o casi todo sobre este fascinante continente, ha escrito sobre ello, conoce el país...), que el suyo es uno de los mejores libros que se ha escrito sobre África. La historia tiene-por tanto- gran interés.

Temas que plantea: el colonialismo, el clasismo y el anacronismo de la sociedad keniata, el machismo imperante, el choque entre civilización y barbarie, el amor en todas sus dimensiones (amistad, desamor, infidelidad, pasión...) y, claro, la fascinación y la seducción de lo desconocido.

Fotografía: preciosa, con esos paisajes de Kenia, donde se rodó la película.

Vestuario: muy adecuado.

Puesta en escena y dirección artística: inmejorable.

Con una envolvente y cautivadora música, una espléndida fotografía, unos actores competentes, una dirección certera de Pollack, una magnífica historia de Isak Dinesen y un excelente guión, no podría resultar sino una recomendable y maravillosa película.
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17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Le sobran minutos
La peli en sí está bien pero es demasiada larga y se hace lenta en algunos momentos. Con dos horas contando los créditos sería suficiente para contarnos lo que nos cuenta, que tampoco es mucho ni nada del otro mundo. El guión es normal, no es ni mucho menos de oscar y bastante previsible. Éste oscar quizá lo hubiera cambiado por el de mejor actriz para Streep.
La fotografía si que es magnífica, paisajes extraordinarios y sobretodo mencionar el momento del vuelo de ellos dos con la avioneta.
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28 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Falta sustancia!!
Buen homenaje a National Geographic, poco más. No hay pasión, no hay calor, ni hambre ni dolor loco ni ninguna muestra de las cosas que yo opino que tiene que tener una historia de amor. Sólo pensar en "Los puentes de Madison" a mí ya me empieza a doler algo y sin embargo visualizo a Streep y a Redford y no me producen ni frío ni calor, me quedo igual. La historia de la baronesa con el cazador no tiene ni la mitad de la vida que la de la ama de casa y el fotógrafo. No sólo le falta química sino que la problemática de su relación es inexistente, él quiere tenerla en casita para ir y venir a su antojo y ella le acusa de ser sincero. Se resuelve con dolor, claro, pero por el efecto de un apunte del guión en forma de desgracia ajeno a ellos, menos mal que antes nos habíamos subido a la avioneta para ver ese despliegue visual, que es lo mejor y lo único. Todo lo demás es un tostón, aburridisímo a más no poder. Y además, el contexto histórico es de lo más feo... una historia de amor en pleno saqueo de África, con el peor colonialismo, el sometimiento del blanquito europeo a los negritos analfabetos. Como poco desafortunado.
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24 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Una película a la altura de los mejores clásicos.
No hay duda. Estamos ante un clásico del cine contemporáneo. Memorias de África nos ofrece una forma de hacer cine que ya no se lleva. Poder sentarte ante una película adulta, serena, elegante, emocionante y preciosa es un lujo que muy pocas veces podemos disfrutar.
Sidney Pollack no falla en ningún momento. Elige el tono y el ritmo adecuados. En la historia ni sobra ni falta nada. Se rodea de un equipo técnico perfecto para poner en imágenes inolvidables una historia romántica y de aventuras ambientada en un lugar y en una época que a todos nos hubiera gustado vivir.
Desde el comienzo, con el ya clásico "yo tenía una granja en África" hasta el plano final en el que se ven dos leones, se suceden secuencias y momentos absolutamente arrebatadores, encabezados por ese vuelo en avioneta que seguramente sea el momento cumbre e la película, donde se juntan la belleza deslumbrante del paisaje con el romanticismo de la historia de amor. Pocas veces un paisaje se convierte en protagonista de una película como en este caso.
Además no hay que olvidar que la protagonista es Meryl Streep, odiada por muchos, y elogiada por la mayoría, entre los que me incluyo. Y aunque su carrera es increíble, seguramente sea este el papel por el que será recordada. Y junto a ella Robert Redford en el mejor momento de su madurez.
Fotografía, vestuario, música (inolvidable John Barry) son detalles que ayudan a redondear una película perfecta.
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Escrito en el Viento
Memorias de África podría servir perfectamente para explicarle a un extraterrestre que es el cine. Algo tan simple como eso es lo que hace a una película que se convierta en un clásico. Y esta, desde luego, ya lo es. En sus imágenes de aliento épico vemos pasar la historia de dos humanos perdidos en la inmensidad de algo más grande que el famoso continente.

África luce aquí además como nuca se ha visto, ni antes ni después. Bandadas de gacelas, cebras, leones, elefantes, jirafas, corren por los inmensos valles, llanuras y ríos de un escenario que también nos dejó ver una de las historias de amor más bellas y más adultas que jamás presenciamos en una sala de cine.

La de Robert Redford y Meryl Streep en Memorias de África es algo que va más allá de la mera interpretación (por otra parte, y como ambos acostumbran, perfecta), ya que construyen a dos personas llenas de matices y sentimientos. No hay un bueno y un malo, no hay un protagonista y un antagonista. Hay dos seres que viven una verdadera estampida de sentimientos bajo un inmenso cielo abovedado, y sobre él (recuerden los planos de la avioneta...). Las escenas que comparten en la película hacen de esta, al margen de sus valores técnicos, la obra maestra que es, ya que tanto uno como otro son seres que se equivocan y aprenden , que se apoyan y discuten, que se enfrentan a sus mayores miedos (como la soledad o la pérdida de todo lo conocido) de manera tal que el espectador se identifica hasta el punto de que se introduce en sus conflictos.

Todo esto es obra, por supuesto, de un espléndido guión, pero también de una maravillosa actuación en la que no ves a Robert Redford y a Meryl Streep. Ves a un cazador lavando el pelo a una acaudalada dama europea a la par que se van desprendiendo de sus durezas y adquiriendo los sentimientos de la otra persona. Ves a dos personas mirando al horizonte desde la inmensidad de la tierra de África, y viviendo todos los pros y los contras de la vida en este pleneta.

También es mérito del añorado Sydney Pollack, en el mejor trabajo de su irregular carrera, el hacer que Memorias de África consiguiera adquirir esa espectacularidad y poética belleza, y a la vez ese intimismo introspectivo en sus personajes y sus arrebatadores sentimientos. Detalles como la secuencia con el médico, o la brújula, o la fiesta de año nuevo, o las historias que la baronesa cuenta, lo sitúan por derecho propio como un artesano, un maestro.

Que una pantalla consiga estremecernos con su último punto de luz, esa luz ocre y cálida de esta cinta, es que realmente hay mucho más detrás de esa pantalla. Hay arte, hay corazón, hay verdad, hay alma.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
Yo tenía una chabola en Las Barranquillas
Yo tenía una chabola en Las Barranquillas. Pero bueno, mi historia empieza mucho antes. Os cuento. Nací en La Moraleja y siempre había llevado una vida normal de pija, pero no era del todo feliz; necesitaba viajar, ver mundo. Y entonces señalé al azar un punto en el mapa y me salió el poblado madrileño de “Las Barranquillas”. Y allí que me fui.

Llegué cargada con mi vajilla de porcelana de Meissen, mi maravilloso mobiliario art-decó y mi colección de zapatos de Louboutin y Manolo Blahnik, equipaje del que bajo ningún concepto puedo prescindir, vaya donde vaya. 25 camiones de mudanzas fueron necesarios para trasladar todos mis enseres, pero mereció la pena porque la chabola se me quedó divina de la muerte.

En cuanto llegué supe que algo tenía que plantar y, tras un exhaustivo estudio de mercado por la zona, concluí en que lo mejor era dedicarme a la marihuana y las setas alucinógenas. También comprobé que las etnias del lugar no tenían muy buenos modales y que apenas sabían hacer cuentas y decidí construir una bonita escuela en una chabola adyacente.

En esto que apareció por el barrio un aguerrido comerciante de productos locales. Era hermoso y rubio como la cerveza, el pecho tatuado con un corazón. Flechazo absoluto. Un día me dijo que si le dejaba lavarme el pelo, que había ido a una academia de peluquería cuando chaval, y yo le dije que sí. Y ahí caí redonda. Qué manos, qué masaje capilar, qué destreza con el secador.

Total, que nos liamos, y fue un flipe. Entre sus habilidades peluqueriles y otras de las que no voy a hablar aquí porque el pudor me lo impide, me hizo superfeliz. Pero claro, entonces a mí me dio por hablar de matrimonio, regularización de papeles y tal, y él se puso nervioso. Era un espíritu libre. No tuvo más remedio que volar. Y bueno, hasta aquí puedo contar. Sydney Pollack me ha pedido los derechos para llevar mi historia al cine, así que si queréis saber más tendréis que ver la película. “Memorias de Las Barranquillas” se va a llamar.

El mundo se divide en tres tipos de personas, según su actitud ante “Memorias de África”: los que flipan y se multiorgasman cuando la ven (un 85% aproximadamente), los que odian a Robert Redford (éstos suelen ser tíos poco agraciados casi todos) y los que odian a Meryl Streep.

Yo pertenezco indiscutiblemente al tercer grupo. Reconozco que en este trabajo está mucho menos paroxísmica y arrebatada que en otros, pero en cambio luce todo el tiempo una especie de expresión estupidiza o estupidizada que no sé si es mejor o peor que los habituales tics Streep. En cualquier caso, absolutamente abominable. Gilbert, lo has clavao.
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19 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"...Dios es grande, Musabu..."
Hoy he vuelto a ver “Memorias de África”, y mientras la veía se me ha ocurrido ir anotando algunos diálogos. Así que esta crítica está más bien destinada a aquellos que ya han visto la película, pues estas frases pueden desvelar ciertos detalles del argumento.
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
"Yo tenía una granja en África..."
La vida de la escritora danesa Karen Blixen (conocida bajo el seudónimo de Isaak Dinsen) fue llevada a la pantalla grande con absoluta maestría por Sidney Pollack en la década de los 80, brindándole a Meryl Sreep la posibilidad de componer una de sus mejores interpretaciones y a Robert Reford, que no le va a la zaga, uno de los personajes más interesantes de su filmografía: el solitario, lacónico y fascinante cazador Denys Finch Haton. Narrando la vida de la baronesa Blixen durante los años en los que vivió en una plantación de café en Kenia, ninguneada por un marido adúltero y ausente, empecinada en sacar adelante un negocio ruinoso que se caía por su propio peso y con el telón de los fuegos de la Primera Guerra Mundial de fondo, Pollack da forma a una de las historias de amor más bellas de los últimos tiempos, otra vez entre seres erráticos y solitarios, no exenta de determinado aliento épico que le viene como anillo al dedo, con majestuosos paisajes, una fotografía exquisita, un guión prodigioso y una banda sonora absolutamente maravillosa e inolvidable. Esto es cine, señores y señoras.
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Para recordar
El título de esta crítica dice mucho de la opinión que tengo de esta película. De ella solo conocía la banda sonora, la cual ya me pareció realmente bonita desde el primer momento. Me dijeron lo impresionanates que son sus imágenes y sobretodo sus interpretaciones. Me había creado grandes ilusiones y desde luego que no me ha decepcionado. Esta película nos habla del amor que se siente no solo hacia una persona sino también hacia la tierra y la gente de un lugar que se aprecia, y sobretodo admira la fuerza que tienen sus protagonistas para sobreponerse a las desgracias y problemas que les azotan. Nadie debería perdérsela.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Pesadilla africana
Lo confieso, cada vez que oigo la frase "Yo tenía una granja en Africa..." a Meryl Streep me entran arcadas. Será una granja, porque tú lo que no tienes es ni media bofetada. ¡Uy lo que he dicho! ¡Qué incorrecto! Vale, tengo prejuicios: odio a Meryl Streep. ¿Qué se le va a hacer? No puedo remediarlo. Por eso se me hace incomprensible no sólo que Robert Redford se enamore de ella, si no que tampoco trago que esté casada con Brandauer. Si hasta cuando sale una fiera estoy deseando que la devore.

Además la película es un coñazo marinero. Se salva la fotografía. La musíca es buena pero para mí cada vez que la oigo es una pesadilla. Sólo oigo: "Yo tenía una granja en Africa..." "Yo tenía una granja en Africa..." "Yo tenía una granja en Africa..." Diosssss, qué cruz. Jesucristo Hijo de Dios ten piedad de mí que soy un pecador.
Como penitencia voy a subirle un poquito la nota para que no se diga.

PD: Curiosamente a Meryl Streep le llegó la redención con "Los puentes de Madison". No, si va a resultar que Clint Eastwood es un enviado...
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42 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Out of Africa
Gran película de Sidney Pollack, que retrata la vida de la condesa danesa Karen Blixen.
Es entretenida y con características geniales. (Destacar fotografía y música).
Los 7 Oscars que ganó están muy merecidos aunque yo hubiera añadido el de Mejor Actriz (Streep).
Toda la película está envuelta en una historia de amor natural y real, que da lugar a situaciones variadas.
En fin casi una obra maestra.
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14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Yo tenía una granja en África...
"Memórias de África" es una de esas películas que tienen un aura de nostalgia y que tiene todos los matices de ciertas películas de John Ford o John Huston: una historia de amor capaz de encandilar a diversas generaciones, la superación personal, grandes paisajes, unos actores en permanente estado de gracia,...
La historia cuenta la llegada de Karen Christensen Dinesen (una Meryl Streep increíble) a África para casarse con el barón Hans Blixen (Klaus Maria Brandauer) y cultivar en un principio ganado.
Al pasar el tiempo, el barón resulta ser un mujeriego, por lo que Karen decide centrarse más en su papel en esta nueva tierra. A lo largo de la película, se ve cómo poco a poco se va involucrando cada vez más por la gente y la tierra africana.
Un día, estando con un viejo conocido llamado Denys George Finch Hatton (un guapo y genial Robert Redford), un cazador bastante enigmático y con unos ideales algo prematuros para la época empieza la historia de amor entre ambos, y ahí es cuando la película cobra las más altas cotas de genialidad, y es que ver a Streep y a Redford sentados almorzando, o alrededor de una hoguera es algo que pocas veces sucede.
Meryl Streep interpreta a Karen ua mujer que en un principio intenta pasar de puntillas por África, y poco a poco, empieza a involucrarse cada vez más, hasta el punto que trabaja por y para dicho continente. Streep demuestra de nuevo que es una actriz capaz de interpretar cualquier papel con gran maestría, y es que el personaje de Karen es uno de esos que convierten a un actor en leyenda. La gran pena es que no le dieron el Oscar, pero quizás Geraldine Page lo merecía desde hacia mucho antes.
Robert Redford interpreta alcazador y como siempre está genial y en esta película se demuestra que es unos de los actores más guapos jamás vistos en una pantalla de cine (junto a Newman, Brando, Stewart, Pitt,...).
Hay ciertas escenas que han quedado para la posteridad y que esta película ha conseguido que sean un referente: por ejemplo, la escena cuando Redford le está lavando la cabeza a Streep, o el vuelo con el avión con la preciosa banda sonora de fondo.
Sin duda, es la película más conocida de Sidney Pollack y la más ambiciosa. Hay que reconocer la maestría de este hombre en esta ocasión, los paisajes de África nunca estuvieron mejor retratados.
Resumiendo, una buena película de amor, en algunos momentos un poco lenta pero que permite ver una de las mejores historias jamás contadas.

Lo mejor: los actores. La dirección de Pollack. La genial banda sonora de John Barry. La fotografía de David Watkin. La escena del avión.

Lo peor: puede que el personaje de Redford debiera tener un poco más de importancia.

Datos interesantes: el trío Streep-Redford-Pollack estuvo a punto de volver a juntarse en el año 1995. Y es que se barajó a Pollack como director de "Los puentes de Madison" y a Redford como actor principal. Pero bueno, Eastwood también hizo una gran película.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
"Yo tenía un gramo de anfeta..."
...asi que decidí tomármelo para resolver la duda de si podía terminar de verla al cuarto intento en veintidos años.

A la media hora ya le estoy hablando a Redford: gilipollas... gilipollas... tío, tú eres gilipollas... La boca comienza a desencajarse y me meto dos litronas de trago mientras me fumo medio paquete en cinco minutos. Los ojos bien abiertos. No puedo dormirme. ¿Qué sucederá después? Ardo en deseos de que un tigre blanco aparezca en cuadro y seccione la aorta de algún ricachón meapilas. No ocurre nada. Continúan hablando, ssshhhh... oigo voces. La soledad grita. Es emocionante pienso. Tan solos todos... tan ricos... tan guapos... y que desgraciados son: "tengo suerte de ser pobre", hurra!

Ni pestañeo cuando Maradona marca el segundo gol a Inglaterra. Petrificado. Enloquecido. Qué gran gol, qué obra de arte Memorias de África señores... cuantos Oscars... Levito cuando Redford le lava el pelo a Meryl Streep. Razono que la escena visualmente es brillante hasta el infinito. O más... Y todavía lo pienso. Qué bueno Sydney, qué momento de genio. Éso te lo concedo, faltaría más. Me fumo otro paquete de tabaco mientras la soledad grita a pecho partido diluida entre las notas de un Mozart remolón. El Pelusa le marca uno a Suiza en semis tan bueno como el anterior. Me quedo convertido en sal. No logro salir del espasmo cuando el cinismo se apodera de los diálogos amorosos de los protas. Pobre amor, que mal te están dejando, no te dan ni chispa ni importancia; qué bajo has caído. En Memorias de África no transmites nada de lo bueno que tienes, y éso que el anormal de Raikkonen ha hecho un trompo y se ha comido una valla. Qué capullo! :) Y qué de desgracias oye, y cuando se supone que he de llorar voy y me meto otra piiiiiiiiiiiiiiii... y me fumo dos litronas más. Qué bonito es África, incluso cuando nieva. Qué grandes son todos, qué nivelazo. Os quiero tíos. Quiero a África. Quiero empaparme de su amor y de su música. Es como tan chic... os quiero tíos.

Y luego un gafapasta de los cojones va y le da al no. Y además da lecciones de cine como si fuéramos anormales... qué guay... yupiiii... dale cien veces, crack, que no imagino mejor sitio en esta crítica que compartir los escaños inferiores con colegas como Gilbert y Kingo, bestias negras de esta sobrevaloradísima película y que dan en el clavo una y otra vez. Gol de Valdano.
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90 de 173 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
A Denys le gustaban los relatos bien contados...
...y a nosotros también Sidney. Y aquí te has lucido, con todas las palabras.

¡ Qué hermosa película ! ¡ Cuánto he disfrutado viéndola ! ¡ Una maravilla !

Me encantan a igual que al personaje interpretado por Robert Redford, que me cuenten historias...historias que te llenen, que te impacten...que me digan algo...y esta lo hace.

Desde un comienzo prometedor con el acuerdo ante su amigo de su " fingido matrimonio " y su posterior viaje a esa Kenia salvaje, colonia británica por ese entonces. Con un primer encuentro con ese cazador profesional, que marcará el paso de la historia.
Vemos el discurrir de esta mujer en un país desconocido, haciendo cosas desconocidas, con personas desconocidas. En ningún momento da el brazo a torcer, incluso cuando aparecen las mayores adversidades, tanto en lo económico...como en lo sentimental. Poco a poco se va superando en todos los aspectos de su nueva vida y ganándose el respeto de todo aquel que la rodea.
La forma de llevar la dirección es magistral, con un ritmo constante y nada cansino para lo largo del metraje. Acompañado de una fotografía colosal ( entre las 5 mejores de toda la historia del cine ), ...no me extraña lo del oscar, esos paisajes...perfectos. Una banda sonora de la mano del también oscarizado John Barry, ¿ quién no ha escuchado alguna vez la melodía de esta película ? Un reparto elegido inteligentemente con una Meryl Streep llevando de manera imponente el peso de la película, de una forma natural y desevolviéndose como pez en el agua en el personaje de Karen. A su lado un colosal Klaus Maria Brandauer, como amigo-marido-amante-mujeriego. Y por último un Redford en la medida que nos tiene acostumbrados, cumplidor sin llegar a sobreactuar...un profesional como la copa de un pino.
Sidney Pollack se ha metido en la " cocina " de Africa y con sus " ingredientes " especiales: argumento convincente, guión magnífico, reparto muy acorde, espectacular fotografía y banda sonora de las que se recordarán toda la vida, nos ha regalado sencillamente...una obra maestra de los últimos años.
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una vida fascinante.
Isak Dinesen (Karen Blixen) y sus cuentos ambientados en África son famosos en el mundo entero. Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, Sidney Pollack decidió afrontar el reto de convertir este periodo de su vida, romántico e intrépido en un melodrama de gran presupuesto con Robert Redford y Meryl Streep como esplendidos protagonistas. Además de inspirarse en la obra autobiográfica que da nombre a la película – un libro demasiado complejo e inconexo para generar un argumento comercial -, y fragmentos de otros libros de la autora, también utilizó una biografía de Denys Finch Hatton escrita por Errol Tzebinski.

Maravillosa historia de amor imposible que suscita dos impresiones poco discutibles, que el amor no es tan bonito como lo pintan, y que los hombres están hermanados por el miedo al compromiso, las mujeres siempre arriesgan más que el hombre. En este caso la baronesa Karen es una mujer con gran determinación, de fuerte carácter y dispuesta a luchar ante la adversidad. A través de su aventura africana, Karen recorrerá un itinerario moral que le servirá para fortalecerse como persona, aprendiendo a valorar lo que de verdad merece la pena y es la aventura de vivir.

Pero no sólo admiramos las peripecias de Karen, y su causa noble por los derechos de los nativos, asistimos a la recreación de una Kenia (y por extensión África) colonizada por los europeos con sus privilegios y servidumbres, con aventureros en busca de emociones y fortuna, que aman su libertad por encima de todo, como Denys (Redford): “En esta vida estamos de paso”, “No te querré más por un trozo de papel”. Un solitario y lacónico que disfruta de la naturaleza y el momento, pero tiene buen gusto…, ama la música de Mozart. Pollack filma con un clasicismo grandioso y sereno, sin prisa pero sin pausa, en unos escenarios naturales maravillosos realizando una película grandiosa que la Academia premió con los Oscars más importantes ese año.

Siempre recordaremos la llegada de la danesa Karen Blixen en 1914 a Nairobi en aquel tren de vapor donde viaja la heroína que nos dejará el legado de sus vivencias, en unas cartas de África que son ejercicios de la memoria impregnados del aura del sueño, que dejaría en ella una huella imborrable. Pero lo que hace de esta película una obra inolvidable, es en mi opinión, la banda sonora emotiva, evocadora y romántica que transmite una sensibilidad arrolladora, compuesta por el maestro John Barry, una de las mejores de su carrera.
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