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8
UN MAQUINISTA EN VÍA MUERTA
Un estupendo drama familiar que pone de manifiesto la gran valía de su responsable, un Pietro Germi que dirige, escribe y protagoniza esta historia, fácilmente encuadrable dentro de la corriente neorrealista italiana.

La película narra la desestructuración de una familia humilde encabezada por un maquinista de ferrocarril, Andrea Marcocci (Germi), de carácter impulsivo, ocasionalmente violento, y con una notable tendencia a la bebida; su aspereza y falta de tacto con sus dos hijos mayores (un hijo vago que se mezcla con gente de dudosa reputación y una hija "casada por circunstancias" con la que tiene graves problemas de comunicación), unida al poco caso que hace a su mujer, plantean una realidad conflictiva, apenas atenuada por la presencia del pequeño Sandro, cuya inocencia y simpatía mantienen la unidad familiar y el afecto paterno. De hecho, la película se nos narra desde su punto de vista, lo que constituye un gran acierto, pues aligera la carga dramática del filme, que es algo excesiva (la acumulación de desgracias es un tanto exagerada).

A la realidad familiar se une la laboral, aunque en segundo término, pues los problemas de Marcocci se incrementarán a partir de un suceso trágico, un error humano y una decisión personal -la de no unirse a una huelga de maquinistas-, que tendrán por resultado el aislamiento progresivo del protagonista, cuya vida parece desmoronarse inevitablemente.

Sin entrar en las particularidades y giros dramáticos del argumento, cabe decir que el filme es un eficaz retrato de algunos problemas sociales e íntimos de las clases trabajadoras italianas de la década de los 50, pero que en todo momento elude recurrir a un discurso político o reivindicativo, centrándose la historia en el ámbito familiar y en la figura de Marcocci, estupendamente interpretada por Germi, a quien debemos agradecer también un guión (coescrito por Giannetti y Vincenzoni) francamente notable por su progresión dramática.

La película es rica en momentos de sincera y hermosa emoción, muchos de ellos sugeridos por el pequeño Sandro, perfectamente encarnado por Edoardo Nevola, y por Luisa Della Noce, que interpreta a la madre (impresionante su último plano). Una excelente fotografía y una correcta música culminan esta meritoria obra de un director que, sin ser tan conocido como otros del cine italiano, merece atención, pues su obra es variada en géneros y rica en aciertos, como lo demuestran títulos como "El Camino de la Esperanza" (un drama sobre la emigración), "Un Maldito Embrollo" (peculiar mezcla de cine negro y comedia), y la más conocida "Un Divorcio a la Italiana".
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16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Esas vías del tren: la vida
Cuando algunos de los mejores realizadores italianos de todos los tiempos, véase neorrealismo o no, dirigían a sus protagonistas, lo hacían impregnando las imágenes de una ternura que atravesaba la pantalla. Todo ese deseo de humanidad, de gente desamparada (Rocco y sus hermanos, Umberto D, Ladrón de bicicletas, El limpiabotas...) y de afrontar la vida se veía reflejada en el cine como pocas veces lo han hecho otras cinematografías. En España, por ejemplo, lo realizó Fernando Fernán Gómez en su obra maestra "La vida sigue", por poner sólo un ejemplo. Este tipo de películas está plagada de detalles donde las miradas juegan un papel fundamental, cosa que se ha perdido en el cine reciente. Por eso, y por muchísimas otras cosas, "El ferroviario", como tantas otras películas, quedan para la posteridad como un legado del tipo de cine de un país que ha atravesado fronteras; y que, por lo tanto, es indispensable en la historia del cine, de la cultura de la humanidad.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La realidad sin adornos
Otra joya del cine italiano tal vez más relegada, ya que Pietro Germi tal vez no alcanzó la fama de sus colegas y murió siendo aún joven., pero viendo esta película en este caso por recomendación de los que tienen unos cuántos años más, descubri otra joya del neorrealismo Italiano, No sólo eso sino que al ponerme a pensar cómo se hicieron estas películas hace 50 años me dí cuenta que estaba viendo una especie de obra de arte y no una película, las tomas, los ángulos, la fotografía, los planos secuencia, un montón de cosas..y por supuesto la música
Germi fue el director, interpretó al personaje principal e hizo el guión, pero no le pasó lo que a otros que quieren abarcar todo y hacen un desastre.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sandro, mira a tu padre y aprende, para no repetir sus errores
El neorrealismo es una etiqueta que suena triste y a la vez se ve hermosa. Cuando hablamos de cine sabemos que tras la puerta con ese nombre habrá amargura, tiernas sonrisas, abrazos de madre, puñaladas de amigos, momentos para enmarcar y llamadas a la tierra para que cumpla con su deber de tragarse a los que se equivocan gravemente. Ese "nuevo realismo" viene siempre acompañado por la verdad y hace películas como se hace la vida, con los mismos elementos: pasión, ternura, traición, una pizca de amor y un puñado de llanto.

El ferroviario, del genovés Pietro Germi (1914-!974), tenía a su disposición todos los ingredientes para acercar el resultado artístico a la experiencia vital de muchas familias italianas de mediados del siglo XX; fundiendo ficción y hechos en una inolvidable historia.
Andrea Marcocci, orgulloso ferroviario, es uno más de los muchos obreros que sobrevivían en aquellas fechas tragando sapos, bebiendo vinagre en las tabernas y presumiendo de lo que más carecían todos los de su condición: de la dignidad, secuestrada por el miedo, el hambre y los bajos salarios.
Todos tenían mujeres enlutadas, hijos sin horizonte ni futuro, hijas sin libertad para elegir y pequeñines, como Sandro, que aún tenían al padre como héroe y referente, y a quienes había que ocultar que a veces los hombres lloran y se arrodillan.

Este género cinematográfico raspa, no es de seda; está vestido de áspera pana negra, pero emociona y calienta. Su desnuda y pura ejemplaridad nos hace mejores, al menos durante unas horas, hasta el punto de hacernos exclamar: ¡cómo nos complicamos, si la vida es un suspiro!.
Pietro, guionista, director y actor, procedía de una humilde familia con muchas necesidades; tal vez sus orígenes le sirvan, en esta ocasión, para jugar con ventaja a la hora de transmitirnos veracidad y sentimientos, estos últimos encorchados en quienes nunca tuvieron esas carencias.
Nos toca estar alerta y solidarios porque nadie puede decir de este agua no beberé. Alguien debería recuperar, con carácter educativo y obligatorio, el cine italiano de la posguerra: Roma ciudad abierta, El limpiabotas, Ladrón de bicicletas, Umberto D., Arroz amargo, La tierra tiembla, La strada, Las noches de Cabiria... y por supuesto el hiperrealista y satírico del gran P. Germi.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
La historia de Andrea Marcocci, el ferroviario moñas
Melodramón a la italiana, estupendamente filmado e, incluso, interpretado. Hasta el niño está bien y no parece nada repelente.
El problema es que para la gente con una sensibilidad muy limitada, como es mi caso, toda la historia nos parece un coñazo insufrible. Ni nos emocionamos con las lánguidas miradas, ni nos enternecemos con los gravísimos problemas, ya sean particulares o sociales, que se narran. Sólo nos parece todo el desarrollo lentísimo.
En realidad lo que se cuenta es el drama de un conductor de trenes moñas, cuya afición a las curdas comparte con su insoportable compañero conductor, y que cuando está cocido le da por tocar la guitarrita y entonar canciones populares. Como era previsible, un día tendrán un grave accidente.
Su familia la forman la sufrida madre de familia con enormes ojeras mal maquilladas, un hijo vago y gilipollas que va de golfo listillo, una hija ligerilla de cascos para los cánones de la época y el hijo pequeño, el único simpático y, además, espontáneo. Esa es otra, mucho neorrealismo pero ninguna espontaneidad en las actuaciones. Parece que estamos viendo, salvando las distancias,Tio Vania.
Para genta zafia como yo, lo mejor es el final. Pero no por el tono semioptimista que se permite Germi, sino simplemente porque se acaba y nos podemos levantar de la incómoda butaca. Eso sí, siempre nos espera la parrafada de la novia listilla o el amigo pedante martirizándonos con encuadres, travellings, delicadeza musical y demás parafernalia.
Por eso aviso a la gente poco sensible: cuidado con este coñazo. Y os lo dice alguien que siempre llora cuando ve Umberto D.
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