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9
La carreta inmortal
Aunque lamentablemente es difícil de visionar, sobretodo en su versión íntegra y restaurada, se trata en mi opinión de una de las más grandes obras del cine mudo —o, para ser más exactos del cine a secas—, comparable a "La pasión de Juana de Arco", "El acorazado Potemkin" o "El último".
Es, sin embargo, bastante más antigua que las otras que he citado, lo que le confiere si cabe más mérito a sus hallazgos expresivos. Entre ellos se encuentra, naturalmente, la visualización del carro mortal que atraviesa la noche y el mar en mágica sobreimpresión, creando imágenes emblemáticas que por sí mismas explican y definen, mejor que cualquier tratado, qué es el cine.
Pero más allá de la terrible belleza de esta secuencia inmortal, la película se alza como un todo a partir de un espléndido y muy complejo guión —que parte del problema del alcoholismo para desembocar en un sobrecogedor cuento moral—, unas interpretaciones siempre mesuradas y una puesta en escena limpia, rítmica y elegante secundada, como se ha dicho, por una genial fotografía donde los frecuentes trucajes nunca resultan gratuitos.
Como complemento, o para quien no pueda verla, tiene un gran interés "Creadores de imágenes", uno de los últimos trabajos exclusivamente para la televisión de Bergman, donde aparecen como personajes el propio Victor Sjöstrom, la autora de la novela original Selma Lagerlöf, y se proyectan precisamente fragmentos de "La carreta fantasma".
En fin, la sombra de Bergman en el cine sueco es tan —justamente— alargada, que a Sjöstrom se le suele recordar únicamente como el intérprete de "Fresas salvajes", pero no debería caer en el olvido su inmenso talento como director, parejo al de su coetáneo y también reivindicable Mauritz Stiller, autor de otra gran obra maestra como "El tesoro de Arne", donde destaca una procesión fúnebre sobre el hielo, que el mismísimo Eisenstein recreó en "Iván el Terrible".
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88 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una de las películas con las que el cine se hizo mayor.
75/04(03/04/08)Un éxito mundial en su estreno, cimentó la fama de su director, guionista y actor sueco, tuvo una gran influencia artística en muchos directores y productores. Fué la primera cinta que representó en mundo espiritual como un limbo entre el cielo y la tierra. Realizada en una serie de dobles exposiciones sencillas y meticulosamente organizada, exigieron mucho tiempo, el director, su fotógrafo y un experto de laboratorio crearon la ilusión tridimensional de un mundo fantasmal que nunca se había visto en el cine. También muy importante fué la narración vista a través de una serie de flasbacks, incluso unos flasbacks dentro de otros, que elevararon este duro relato de pobreza y degradacción a la excelencia poética. El oscuro destino de los personajes principales, que casi llega a su conclusión lógica si no fuese por un final melodramático, nunca deja de impresionar. Recomendable para todos los amantes del Cine con mayúscula. Fuerza y honor!!!
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41 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Las eternas tribulaciones del cine sueco
Basada en la leyenda sueca de la carreta de la Muerte que recoge las almas de los muertos y que en vísperas del Año Nuevo recorre las calles en busca de cochero, hay, al margen de su atractivo argumento inicial, cosas que sorprenden en esta película: los elementales pero eficacísimos efectos visuales, la sencilla y elocuente imaginería de la muerte o la seriedad con que se aborda el género fantástico…, pero sobre todo es interesantísimo comprobar cómo ya en los años 20 el cine sueco, en las manos de Victor Sjöström, está imbuido de unas obsesiones trascendentes que le confieren un hondo transfondo espiritual, en un camino que continuarán Dreyer y Bergman.
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24 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El Cochero de la Muerte
El director-actor sueco al que yo conocía por su intervención en “Fresas salvajes” de Bergman, contribuyó en la década de los veinte al cine pionero de quienes forjaban los primeros compases de un arte en gestación.
Técnicamente, su largometraje que desarrolla un relato de la galardonada con el Premio Nobel, Selma Lagerlöf, es sólido y muy destacable. La nitidez de la vieja fotografía sorprende agradablemente, tratada con matices de color de un modo semejante a como lo había hecho Robert Wiene en “El gabinete del doctor Caligari”. Emplea tonos azules para los gélidos exteriores y terrosos para los interiores. Y los efectos especiales son dignos de elogio, en las figuras semitransparentes de ultratumba.
Los actores interpretan con una naturalidad poco afectada, sin recurrir a la exageración. Sjöström, por lo menos en lo que yo he percibido en este caso, no se adscribió al expresionismo que se ponía en boga en Alemania. Sus escenarios son realistas, los personajes no están excesivamente maquillados, los gestos no se salen de los parámetros corrientes. Pero se consigue una ambientación difusamente fantasmagórica en esos planos nocturnos cargados de sufrimiento y amenaza, y en el relato de un borracho que habla sobre el Cochero de la Muerte. Crítica social, leyenda, mito y religión cohabitan en este cuento moralista sobre el bien y el mal
Y aquí viene el pero. La narración me recuerda a una edificante lección del catecismo carente de gracia. Es como impartir una clase de moralidad o religión sin chispa. David Holm se vuelve tan malvado y plano en su maldad y descreimiento que pierde interés. La monja Edit del Ejército de Salvación es tan sumamente buena e ingenua que acaba cayendo mal. El resto del reparto tampoco tiene demasiada miga, salvándose únicamente la esposa de Holm, cuyo rostro consigue transmitir lo que los otros no logran. Otro que también resulta atrayente es el conductor del carro, silueta atemporal y misteriosa con su guadaña y la carga de almas que recoge cuando acaban de desprenderse del cuerpo en el momento de morir.
Interesante la idea del cochero que es reemplazado cada Nochevieja por otro. La última persona que muere cada año es la que debe empuñar las riendas del carro durante el año siguiente y realizar la ingrata tarea de llevarse los espíritus al otro mundo. Interesante idea, sí, pero con un desarrollo poco arrebatador.
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25 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
DONDE SE DETIENE NUESTRA SENSIBILIDAD
Uno no espera que comentando films del año 21 (a no mucho tardar habrá que precisarlo bien: 1921) se puedan provocar pasiones desatadas, audiencias record y fenómenos mediáticos de masas. No. Hasta ahí llego. ¿Que pretendo entonces con mi paleontología cinematográfica? Pues, tan solo recordar que el cine no nació en el siglo XXI. y que cuando aquellos chalados con sus locos cacharros colgados al hombro o en primitivos soportes, imaginaban historias y las filmaban, el ordenador no era ni siquiera una sospecha y no habían más discos duros que los que lanzaba el Discóbolo de Mirón. No pretendo emigraciones masivas del cine de ahora al cine de antes. Lo que el viento se llevó, se lo llevó y bien llevado está, pero lo mismo que nuestra sensibilidad se detiene todavía ante un alfarero que juega con el barro y produce maravillas o un orfebre que sopla y de su aliento nace la magia del vidrio, esta es una llamada a detenerse ante una de las obras mayores de la creación cinematográfica: La carreta fantasma.

La carreta fantasma es la transposición al celuloide de una leyenda popular europea que afirma que quien muere justo antes de la última campanada de la última noche del año está condenado a servir a la muerte y ser el conductor de la carreta mortuoria. Este es el punto de partida de la obra de Victor Sjöström, recordado por ser el protagonista de Fresas Salvajes, la excelente película de Bergman. De nuevo la muerte entremezclada en el cine sueco como en El séptimo sello, tal vez como secuela de esa Europa oscura que no terminaba de soltar el lastre de sus terrores medievales. Sin embargo, en La carreta fantasma, Sjöström encuentra entre las innegables negruras del tema, luces de esperanza redentoras lo cual beneficia al film en cuanto a aceptación popular pero que le resta, en mi opinión, integridad argumental.

Con todo y ello estamos ante una obra excelente, con escenas de manual de la historia del cine. La carreta sobre las aguas o el destrozo del abrigo son instantes de absoluto impacto para nuestra sensibilidad amante del cine. Instantes a veces mágicos, muchas veces duros y siempre ajustados a una historia que se nos cuenta de manera magistral e innovadora para la época, mediante flashbacks tan imbricados en el guión que, desconociendo a veces si estamos en el pasado o en el presente, en todo momento la historia se manifiesta clara y meridiana. Y es que el talento como el cine no nació con Tarantino. Y si traigo a colación su nombre aquí, es porque considero que tiene talento y mucho... No saquen conclusiones equivocadas
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16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Una película que no es de este mundo
Misticismo. Epifanía.
Cine en estado puro.

Antes de que Bergman presentara a su hombre-condón como la muerte en ‘El séptimo sello’.
Antes de que Jack Torrance aplicara el filo de su hacha sobre la puerta del baño del hotel Overlook.
Antes de que ‘Ciudadano Kane’ pasara a la historia del séptimo arte como el coloso narrativo de los flashbacks impagables.
Antes que todo eso, Victor Sjöström: ‘Körkarlen’.

Así podría dar comienzo una crítica altiva y pomposa de ‘La carreta fantasma’ (no sin razón). En su lugar, he preferido una especie de crónica sobre cómo yo viví esta película anoche.

[SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ]

… A decir verdad, me esperaba un trabajo notable del que ir paladeando detalles, pero sin ánimo de empatizar, sin ánimo de estrechar distancias emocionales. En muchas películas de cine mudo pasa que el alejamiento cultural entre el espectador de las primeras décadas del siglo XX y nosotros -los sujetos posmodernos-, de tan inmenso, no nos permite conectar con el cine de por entonces, tan acostumbrado a emplear motivos argumentales muy básicos, cuando no patrióticos, propagandísticos o explícitamente ideológicos.

… Comienza la película (Importante: la versión que yo tuve la suerte de ver fue la restaurada y reeditada, mejorando por mucho la calidad de la imagen y permitiendo apreciar infinidad de detalles que de lo contrario se perderían, sustituyendo el blanco y negro puro por varias capas de color (fundamentalmente sepia y azul) e incorporando una 'banda sonora' atmosférica mediante la que la película comunica mucho más). Las primeras escenas me resultan elegantes, y agradezco la parsimonia con la que se van sucediendo los hechos (muy distinta del ritmo frenético a que algunas producciones célebres de cine mudo nos tienen acostumbrados). Los planos de los borrachos, absolutamente excepcionales, introducen el cromatismo azulado y fantasmal que esta versión aplica a los exteriores frente al sepia de los interiores.
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16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cuento moralista
Un cuento navideño moralista del tipo "¿que pasaría si...'" Como el cuento del espíritu de las navidades pasadas que nos enseña a...

Todo esto mezclado con la tétrica de una muerte presente en todo el film.

Contado de manera magistral con saltos en el tiempo atrás y adelante y con historias dentro de historias. En este sentido el desarrollo de la trama, no tiene nada que envidiarle a Origen de Nolan o Reservoig Dogs de Tarantino. Muy bien contada de forma entendible y clara.

Perfecto acompañamiento musical, donde el violin va de la mano de la estridente muerte, el piano para las escenas más tranquilas y trompeta para algunas con toque cómico. Todo bien sincronizado y acorde con cada momento.

Es obligatorio mencionar los efectos visuales, te dejan enganchados a la pantalla aunque ya hayas visto Matrix o Star Wars. Sobre todo si piensas en el cómo se hizo.

Aunque el que lea esta crítica, en parte ya le gusta, animo a todo el mundo a que vea estas películas sin prejuicios hacia lo mudo e insonoro; los argumentos, historias, interpretaciones y demás factores hacen que sea CINE CINE.

La interpretación es mas que buena en especial de Sjöström, me encanta como expresa ese momento... (sigue en spoiler)
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Obra maestra
Es una obra maestra. Nada más el hecho de que el propio Dreyer bebiera de su cine lo dice todo. Tiene todo que justifique su maestría: maravillosos planos, esas transparencias propias del cine sueco de entonces, la dramatización de los personajes, la fotografía exquisita, esos flash-backs fantásticos y tan bien hilados...No me extraña que fuera un referente para tantos directores, incluso para Kubrick con el plano de Nicholson atravesando la puerta. Las escenas en la habitación de María, ¿no recuerda a la trilogía maravillosa del director danés? esa sobriedad del atrezzo...Y dejo para el final uno de los aspectos que más me han llamado la atención: la música está sobresaliente, hasta el punto de que quiero esa BSO, tan acorde a los momentos de la película. En fin, una película que merece todos los honores de obra maestra.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
ÚLTIMA LLAMADA PARA UN MUERTO
Magnífica obra de un Victor Sjöstrom a quien hasta el momento presente solo conocía en su faceta de intérprete, y que logra en este filme un acertado retrato de las debilidades humanas, así como del poder milagroso (nunca mejor dicho) de la redención.

Estos temas centrales son desarrollados a través de la historia de David Holms, un hombre débil, autodestructivo y despreciable que, cuando encuentra la muerte (de forma igualmente patética), está lejos de suponer que entonces se inicia para él una última posibilidad, una postrera llamada para su salvación y la de otros. La sorprendente imbricación de estos argumentos -reforzados por constantes prevenciones morales acerca de los vicios y enfermedades- con el elemento fantástico que constituye la carreta fantasma, cabe atribuírselo a la autora de la novela (que fue un encargo del gobierno sueco, precisamente para prevenir las infecciones y contagios), pero su soberbia plasmación en imágenes es responsabilidad de Sjöstrom y su equipo, que logran conformar un peculiar ambiente de ensoñación dentro de lo real.

Seguramente a algunos espectadores pueda resultarles pesada o extraña esa mezcla, especialmente cuando se reiteran los mensajes más moralistas, o cuando se insiste en subrayar los peligros del alcohol y el "mal camino", pero más allá de estos aspectos (cuya existencia tiene que ver con la fidelidad a la obra original) y de las creencias particulares de cada uno, el mensaje esperanzado que anida en la película resulta emocionante y hermoso, pues como se dice en un momento de una película mucho más reciente "la esperanza es algo bueno, quizás lo mejor de todo, y las cosas buenas no mueren", afirmación que en el presente caso se ajusta perfectamente a lo que sucede en el filme.

No añadiré mucho más acerca de cuestiones formales, pues otros usuarios ya han señalado perfectamente la excelencia de sus trucajes, decorados (para los que se reprodujo, en estudio, el cementerio y la iglesia de la ciudad real en la que transcurre la historia), fotografía, o efectos especiales. Todo ello está diseñado y pensado al pleno servicio de lo narrado, y de ahí que resulte tan brillante, del mismo modo que el guión adaptado y las interpretaciones, bastante más contenidas de lo que suele ser habitual en el cine mudo, y francamente emocionantes. Acaba en spoiler.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El temprano cine escandinavo.
Corren los primeros años de cine y este, a la vez que va enriqueciendo sus recursos, se va afianzando en todo el mundo. Los países escandinavos resultaron ser una buena "cuna" de directores durante esta época, hablamos de figuras míticas como Dreyer, Stiller o Sjostrom del que nos ocupamos a continuación.
Sin duda esta es una de la obras más innovadoras del excelente director sueco. Basada en relato tradicional sueco en torno a la nochevieja. En dónde se supone que la última persona muerta antes de la medianoche será la encargada de dirigir la carreta fantasma todo el año entrante.
Sjostrom muestra una gran técnica, avanzada para la época, a la hora de reconstruir la supuesta carreta fantasmagórica. Sin duda la imagen que todo espectador asocia al film.
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17 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
CINE CON ALMA
Una de sus últimas películas suecas, dicen que no la mejor de ellas, alcanzó una gran aceptación internacional que le sirvió para dar el salto al cine Norteamericano, donde no fue capaz de mantener su nivel y acabó regresando a Suecia dedicándose a su faceta actoral hasta el final de sus días. Considerada un clásico del cine mudo, tres son los aspectos a resaltar en este melodrama moral al estilo de "Cuento de Navidad" de Dickens, de la premio Nobel Selma Lagerlof, habitual inspiradora no solo de Sjöström sino también de su compatriota Stiller. El primero es la acertada utilización de la técnica del flash-back para conducir la narración y la doble imagen como recurso técnico para los personajes del más allá. Dichos recursos técnicos parece que tuvieron gran acogida entre los profesionales del momento. La cuidada dirección de actores, a los que le concede el tiempo que necesitan para expresar lo que sienten, alejados de exageraciones teatrales, en las que destaca como actor el propio director y por último abrir la puerta a las posibilidades del cine fantástico y de terror, aunque este no lo sea. Una gran fotografía y ambientes muy cuidados terminan por hacer que "La carreta...", aún después de 93 años se siga con interés, por encima de su moralina superficial y sus protagonistas nos arrastren a compartir con ellos sus cruces existenciales.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La noche helada, la lluvia, la soledad, la tele y el cinéfilo.
Huyamos de los grandes titulares: "En la lista de las mejores películas de la historia", "Cumbre del fantástico", "Obra genial del cine mudo", "Precursora de tal y tal.." Huyamos, porque aquí no hay que vender nada. La película es buena, pero como hay miles. Sí es admirable que sea precursora de algunas cosas, no solo de efectos especiales, sino también del tratamiento psicológico de la imagen, (esto es, que la imagen diga más de lo que, simplemente, se ve), con que los cineastas nórdicos iban a entrar en el alma para ejemplo de tantos imitadores cercanos o lejanos aún en el tiempo. Quién sabe si Woody Allen, por irnos lejos, jamás hubiera existido sin este primer eslabón sjostromniano. Pero ser precursor de algo no es siempre un valor artístico añadido, al menos no para mí. Otro día hablamos de por qué tengo razón.
Tiene mérito, una película rodada hace casi 100 años con una estructura narrativa tan compleja, con tan logrados ambientes fúnebres, con esas poderorísimas actuaciones naturalistas, mantenidas en quietud por la cámara, nada de los histrionismos habituales del cine mudo, (la actuación del propio Sjöstrom, para las antologías, impresionante). Resulta premonitorio el tratamiento sobrio de cada escena, despojada de atrezzo, de distracciones, de movimiento; resulta abrumador el retrato de la angustia existencial, la desesperación con que todo se baña, por más que haya moralejas dickensianas que ni el realizador se cree... los nórdicos, siempre igual...les falta luz y alegría; pronto Dreyer, Bergman...
Por supuesto, como en todo melodrama desaforado, también hay elementos chirriantes. Para qué entrar con spoiler. Precisamente, en esa vertiente "melodrama desaforado" es donde más peros se pueden poner, no por vieja, sino por desaforada.
Nada que objetar a la vertiente "fantastique", ideal para visionar en solitario en una lúgubre noche de invierno con la lluvia pegando en los cristales y en una buena tele, (porque lo que es en el cine, la llevas clara); y estupenda la vertiente moralista, con un retrato del alcoholismo a la altura de "Días de vino y rosas", pero más sucio, sin esa falsa brillantez en la realización; y otro retrato de la posesión masculina sobre la hembra que nos da pistas de lo antigua que es la lacra de la violencia de género.
Así que, no por tener 100 años es una bisabuela. Se mantiene todo lo joven que un buen cinéfilo, (y solo un buen cinéfilo, huyan los demás), sepa ver, con los ojos adecuados.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Eterna
Tengo que confesar que, por ejemplo, aunque adoro la «Nosferatu» de Murnau, a veces tengo que ponerla en su contexto para comprender por qué es una obra maestra. No es que sea una película que me deje indiferente y el peso de su leyenda me haga ir diciendo por ahí que me encanta. Realmente me gusta muchísimo, pero me pregunto si es porque es un «mito» del cine, una especie de «pieza de museo», o si es por las emociones que me despierta. Quizá un poco de ambas.

«La carreta fantasma» es algo distinto. No necesito un contexto para justificar por qué me parece maravillosa. En su momento fue revolucionaria, de acuerdo. Destaca (en cuanto a su nivel técnico, narrativo y estilístico) entre las obras de su época, vale. Y es una obra especialísima, adelantada a su tiempo. Pero lo más importante es que todo esto me da realmente igual. Lo veo, pero si me encanta sé que es únicamente porque desde el primer minuto hasta el último quedé encandilado, y porque a día de hoy la obra de Sjöström sigue siendo sorprendente, hermosa y hasta a ratos perturbadora.

El tiempo no existe para «Amanecer», «Metrópolis», «La pasión de Juana de Arco», «El gabinete del doctor Caligari» o esta genialidad del sueco. Han pasado casi 90 años (más incluso para alguna) y se mantienen vivas con toda su fuerza, porque son obras inmortales, y sobrevivirán al paso de los siglos. Para ninguna de ellas necesito un contexto, no necesito enmarcarlas en ningún momento o lugar para justificar su grandeza. Me vale con dejar que empiece de nuevo y quedar fascinado una vez más.

Larga vida.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Cuento de navidad dickensiano.
Es curioso como culturalmente han pasado al subconsciente colectivo de muchas generaciones grandes clásicos como son “El cuento de navidad” de Dickens, que ha dado lugar a innumerables adaptaciones tanto cinematográficas como teatrales, la película de Capra: “Que bello es vivir” de recurrente reposición año tras año, o algunos cuentos de los Grimm o de Hans Christian Andersen siempre presentes en nuestra memoria. En cambio, no sé si es pobreza cultural o ignorancia mía, han quedado fuera de ese colectivo, en un incomprensible olvido, joyas del séptimo arte tan atractivas como esta película de Sjöström sobre una leyenda sueca (o francesa?? según fuentes) en la que si uno muere durante las campanadas de fin de año, su alma vagará conduciendo la carreta de la muerte recogiendo las almas de los que perezcan durante el año siguiente hasta encontrar a su nuevo sustituto. Historia que sirve para redimir el mal incrustado en el alma del protagonista: David Holm, tal y como lo fueron en su momento: Scrooge, George Bailey... y tantos otros personajes inmortales.

Eso sí, escarbando un poco, esta obra injustamente olvidada en el acervo popular es muy querida, valorada y citada en los círculos cinematográficos más intelectuales y además con múltiples influencias posteriores en otros tantos grandes cineastas. Está claro que la globalización cultural no siempre llega a todas partes.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Körkarlen
Para empezar a hablar de Körkarlen hay que contar la historia que relata: Edit (Astrid Holm) una joven víctima de la tuberculosis, en su lecho de muerte, el último día del año, pide que llamen a David Holme (interpretado por el propio Sjöström) antes de que ella muera. “¿Pero quién cojones es David Holme?” es la pregunta inmediata que uno se hace como espectador y desde ese momento ya se es presa del misterio y la incómoda inquietud. Aunque la petición resulta absurda para quienes la reciben, siendo el deseo de una moribunda salen a buscar al sujeto en cuestión y, por supuesto, el condenado vago no aparece por ningún lado. Esta es la mamuschka mayor de la película; así es, esta es una narración en cajas chinas en una producción de 1921. “¿Pero qué diablos es esto que estoy viendo?” es el pensamiento que se vuelve dominante desde aquí. Una segunda historia: tres hombres con apariencia de indigentes están en el cementerio embriagándose para celebrar el fin del año. Uno de ellos resulta ser David Holme, quien les cuenta a los otros dos la historia (otra caja china) de un viejo que conoció años atrás, también un 31 de diciembre, quien le relató una terrible leyenda: la última persona en morir cada año es condenado a adquirir la maldita tarea de manejar la carroza de la muerte por un año humano, equivalente a un larguísimo periodo de martirio en el mundo de los muertos, relevando a su predecesor, y dedicarse a cobrar las almas de los pecadores. Ese hombre, presa del destino trágico, murió el año anterior, justo el último día del año.
Cuando por fin llegan a buscar a David Holme para que vaya a cumplir el último deseo de esa mujer moribunda, este se niega para seguir bebiendo, porque es básicamente un desgraciado borracho y psicópata. Sus compañeros de juerga, indignados, se lían a golpes con Holme, quitándole la vida en el último minuto del año. Por supuesto, aquí aparece entonces aquel mismo compañero que le contara la terrible leyenda de la carroza de la muerte y le anuncia que él deberá tomar su lugar en tan triste tarea. Y aquí viene una muñeca rusa más, cuando, como una negra y sórdida relectura del fantasma de Carroll, ese cobrador de almas le muestra a Holme cómo se degradó su vida por culpa del alcohol y cómo arruinó la vida de todos los que, a pesar de ser un patán indeseable, lo amaban. Hasta ahí cuento para no arruinarle a nadie las sorpresas del final. “¿Pero qué condenada genialidad es esta?” es ahora el pensamiento que impera al ver la película.
Bueno, esto por sí mismo no implica nada más que un interesante esquema narrativo sumamente curioso para su época, por supuesto, sin embargo, en esta película ese sistema de cajas chinas permite un flujo narrativo que se mece como la marea llevando al espectador por una aventura emocional que arranca ya en un pico de intriga del que uno no puede soltarse. Se termina entonces inevitablemente atrapado en ese laberinto de historias porque, además, todas son fascinantes y presentan unos personajes tremendamente complejos y sórdidos, empezando, cómo no, con el de David Holme, quien tiene detalles tan dicientes y memorables como aquel de arrancar los remiendos que le hiciera la buena de Edit en sus desgarradas ropas de indigente, solo por el placer de la humillación y el desprecio más deshumanizados.
A nivel visual, los recursos están impecablemente utilizados. Obviamente son limitados; a fin de cuentas estamos empezando los años veinte, el cine es aún un arte que gatea, e incluso los procesos de su arte materna, la fotografía, son todavía muy jóvenes, pero eso no detiene de manera alguna a Sjöström, quien recurre a la doble exposición para generar el efecto de lo fantasmagórico. Un recurso que nos podría parecer ridículo en estos tiempos en que el digital permite la creación de mundos fantásticos, pero que resulta natural al ojo, hasta el punto de que me atrevería a decir lo siguiente: si su director hiciera esta película hoy, utilizando las mismas técnicas visuales, se vería perfecta y no extrañaría al ojo.
Aparte de esto que es lo más obvio, la película hace uso de una composición pictórica fluida y expresiva que además se alimenta de unos negros y grises llenos de riqueza que hacen casi sentir texturas de oleo seco.
Sumémosle a esto el hecho de que los actores, apoderándose de esos personajes tan complejos, hacen de las suyas y lo dejan a uno boquiabierto, especialmente los dos protagonistas.
Sjöström es un hechicero que consigue anclar los ojos a la pantalla incluso en planos larguísimos y que lleva al espectador a su mundo oscuro y tenebroso con una facilidad pasmosa. Crea de esta manera la que posiblemente sea una de las mejores, si no la mejor, película de misterio y temática sobrenatural que haya yo tenido el placer de ver.
Todo en esta película está al servicio de una gran capacidad de moción de las pasiones y de impacto al alma que genera experiencias hiperestésicas constantes. La experiencia de verla es incluso agotadora y hacerlo en soledad, como yo lo hice, se torna horriblemente frustrante, hasta el punto de querer salir por la ventana a gritarle al mundo que esto existe y debe ser visto.
Qué inútil e incompleto se siente uno cuando descubre que lleva toda su vida sin conocer algo tan grandioso. Pero qué invaluable es la sensación de descubrir algo sensacional; ese placer solo se vive una vez con obras como esta y ya solo queda invitar a otros a que lo experimenten también.
Körkarlen es una de esas películas por las que un cinéfilo pierde la cabeza. La experiencia que se vive con ella es esa que todos los amantes del cine buscamos cada día y que nos motiva a salir de la cama. Y la promesa de volver a ese paraíso perdido que implica descubrir semejante joya, es lo que hace que jamás podamos parar de ver más y más y más cine.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un paso más allá en la narrativa cinematográfica.
Ingmar Bergman adoraba a Victor Sjöström, y si algo admiraba Bergman de la filmografía de Sjöström era su película “La Carreta Fantasma” (Körkarlen, 1921), una de las joyas del cine silente, un film a mitad de camino entre lo fantástico y el naturalismo más desgarrador. Se considera que es la mejor película sueca de su época, un mérito nada desdeñable puesto que Sjöström fue coetáneo de Mauritz Stiller y de Georg af Klercker, otros dos pesos pesados del cine escandinavo. Sjöström dirigió cuarenta y un películas entre 1912 y 1923, por aquel entonces, el “Séptimo Arte” se encontraba en plena expansión en Suecia, sus producciones destacaban por su pulcra captación de los paisajes naturales, por basarse a menudo en obras literarias contemporáneas y por tratar temas como la redención, el destino o la muerte con una exquisita madurez, “La Carreta Fantasma” se enmarca en esta corriente.

Narrativamente es una película de endiablada modernidad, la historia se desarrolla mediante flashbacks muy bien entrelazados, creando un “in crescendo” dramático muy apropiado. Al inicio de la película, el espectador ya conoce las consecuencias provocadas por las malas acciones del protagonista, David Holm, sin ni siquiera atisbar las causas exactas que han conducido a ese punto. La audaz propuesta de Sjöström arranca con el conflicto que se expone plenamente desarrollado y no será hasta pasados unos veinte minutos cuando se comience a verter luz sobre la oscura historia del señor Holm y su complicada relación con el resto de personajes.

Pero Sjöström no era únicamente un creador atrevido y rompedor, sino que también se revela en “La Carreta Fantasma” como un cineasta de un enorme dominio del medio que no teme en recrearse en algunas de las imágenes y escenas que filma. El ritmo de la película es bastante lento, pero no de forma gratuita, sino porque a Sjöström le interesa detenerse en los detalles y gestos que le interesan, darles todo el tiempo necesario para sacar de ellos el máximo provecho posible. Esto funciona también porque el trabajo que hacen los actores es magnífico, especialmente el propio Sjöström como protagonista, que tiene que dar forma a un personaje difícil de interpretar sin caer en los tópicos, un David Holm despreciable al que se hace difícil dotar de humanidad. Sjöström consigue que ese David Holm sea creíble y tenga personalidad propia, de hecho, la forma como éste trata con tanto desprecio al resto de personajes resulta tan auténtica que en ocasiones nos resulta hasta hiriente.

La película fue rodada en mayo de 1920. Frente a la costumbre de la época en Hollywood, Sjöström optó por rodar en localizaciones exteriores, demostrando un gran manejo de la luz. Julius Jaenzon, realizador de contrastada trayectoria en el cine silente sueco, se ocupó de la dirección de fotografía. Sjöström y Jaenzon demuestran un gran dominio de la técnica y del medio cinematográfico, hacen alarde de una gran precisión en el dominio de la doble exposición dejando para los anales de la historia escenas memorables como el penoso viaje de la carreta recogiendo las almas de los muertos o la vaporosa figura del carretero. Por otra parte, sobresalen los encadenados, que incrementan la complejidad del montaje. También resulta interesante el cuidado tratamiento de las luces y la exquisita composición de los planos.

Una de las obras cumbre del cine mudo, un film increíblemente moderno para su época que puso de manifiesto la madurez de la narrativa cinematográfica, que ya se había solidificado con el estilo clásico de Griffith y que autores como Sjöström se atrevieron a llevar un paso más allá, un director que, desgraciadamente, hoy en día ha quedado prácticamente olvidado, pero que merecería ser justamente recordado por lo que realmente fue: uno de los primeros grandes cineastas de la historia.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
C) Culminación de una forma lingüística
(Tercer artículo del Ciclo del Cine Mudo - http://cinemaspotting.net/2013/01/15/c-asentamiento-de-un-lenguaje/ -)

Del último artículo referente a la película Intolerancia y a su condición de pieza cinematográfica pionera saltamos a La carreta fantasma, película en done las imágenes ya no describen las palabras que anuncia el intertítulo ni desarrollan la situación planteada por el mismo sino que esbozan la situación mediante un hábil discurso visual en el que cada imagen aporta nueva información. Llegamos a un momento en el que el objetivo del director ya no es encontrar nuevas formas para deslumbrar, sino sacar el máximo provecho de la imagen como vehículo narrativo.

EVOLUCIÓN DE LA IMAGEN EN EL CAMPO ESTÉTICO

El aspecto que más destaca en el film La carreta fantasma como una de las características principales de esta evolución visual es su elegancia. Como dijimos, Sjstrom ya no pretende impresionar con imágenes deslumbrantes por su grandeza sino que recurre al minimalismo para componer cada plano con una belleza majestuosa. La disposición del espacio presenta una belleza sin precedentes y ofrece un orden y equilibro tan harmónico que nunca perdemos de vista la situación espacial de los personajes. La reacción sensorial que producen las imágenes está por encima de la sensación que pueda transmitir cualquier palabra escrita, lo que se traduce en una clara voluntad por hacer evidente el espacio a través de mostrar diversos escenarios de rasgos determinados según su carácter, algo que crea una impactante sensación de inmensidad uniforme.

Tal efecto no se debe únicamente a una cuestión estética, sino también a una magnífica planificación conscientemente pensada para el montaje. Ahora ya no descubrimos los espacios mediante un simple plano general, sino que se nos ofrece un minucioso y esquemático conjunto de planos que dibujan con minuciosidad la situación, el movimiento y el recorrido de los personajes junto al lugar en que están situados; todo ello con la ayuda de un apropiado uso del rácord (es decir, la continuidad visual).

Recordemos que en sus inicios los actores de cine (entonces claramente menospreciados por la dirección y producción) tendían a imitar al teatro, algo que explica la exagerada sobreactuación presente en buena parte del cine mudo. Por eso se presenta como otro síntoma de cambio el que en la pieza que nos ocupa los actores tiendan más a la expresión facial que a la corporal, a la predilección por el ácting contenido a la sobreactuación caricaturesca. Este es el punto a partir del cual empiezan a tomar forma la coexistencia de ácting y cámara y el valor de las acciones dramáticas de los personajes, entendidas ahora como un dispositivo narrativo más.

Esta capacidad expresiva de la actuación se explota con tanta profundidad (no es casual que el director sea también el actor protagonista) que los intertítulos resultan innecesarios en varios planteamientos dramáticos. Por ejemplo, entendemos las grandes esperanzas que tiene depositadas en David Holm la enfermera Edit cuando Sjöström nos muestra la cara de la joven rebosante de entusiasmo justo después de que él y su esposa se reencuentren.

EVOLUCIÓN DE LA IMAGEN EN EL CAMPO NARRATIVO

Y con la mencionada introducción del ácting al desarrollo del relato saltamos al siguiente campo: la narrativa. Retomando el aspecto de los intertítulos, La carreta Fantasma supone en cierto modo una inversión de papeles narrativos, ya que ahora es la imagen la que muestra al tiempo que las palabras complementan. Por ejemplo, la imagen descuidada de David Holm nos lleva a hacernos una idea característica de dicho personaje, que a su vez será confirmada por su forma de hablar (algo que conoceremos mediante los intertítulos). Así se reparten los papeles entre palabra e imagen, quedando situada esta última en primer plano.

Y algo muy parecido ocurre con los espacios, que también son usadas a modo de expresión narrativa. Un ejemplo de ello es la secuencia en la que vemos la imagen del piso del matrimonio vacío con muebles y objetos desperdigados por el suelo y entendemos que Mrs. Holm ha abandonado a su esposo. De nuevo resulta innecesario el uso de ningún intertítulo, puesto que las imágenes hablan por si solas.

Pero yendo más allá de las evidencias visuales mencionadas hasta ahora, la evolución de la imagen llega a suponer un cambio en la narrativa desde puntos de vista aún más abstractos. Me estoy refiriendo a la despreocupación con que la película se permite presentar a su protagonista largo rato después del comienzo de la misma, como si de un personaje secundario se tratara. A partir de su aparición, este va adquiriendo protagonismo mediante la imagen narrativa, gracias a la aparición de un conjunto de flashbacks en lo que casi podría denominarse como un engaño hacia el espectador: una vez empezada la historia se va descubriendo poco a poco cuál es el verdadero personaje principal.

CINE MUDO MODERNO

La carreta fantasma puede verse como película en la que culminan gran parte de los recursos narrativos cinematográficos descubiertos por directores como George Méliès o D.W. Griffith. Pero la llegada del sonido supondría, en cierto modo, un retroceso lingüístico que dejaría desplazados temporalmente aspectos tan importantes como el rácord de movimiento. El resultado es que La carreta fantasma, a pesar de formar parte del cine mudo, cuenta con un lenguaje narrativo mucho más avanzado que buena parte de las primeras películas sonoras, lenguaje que tardaría décadas en ser igualado.
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10
Pilar del Cine.
Un título capital de la Historia del Cine y, en consecuencia, en la filmografía de uno de los maestros pioneros de este Arte, el sueco Sjöstrom. Basada en una novela de Selma Lagerlöf, parte de una extraordinaria base argumental, absolutamente optimizada a todos los niveles por el director. (aquí, actor principal además).
En Nochevieja, tres borrachos evocan la leyenda según la cual aquel último gran pecador que fallezca antes de terminar el año estará condenado todo el año siguientea conducir la carreta fantasma, cuyo cometido es recoger las almas de los muertos...
Sjöstrom enriquece asombrosamente la narración a través de inauditos "flash backs" y utilizando, pues, diversos tempos narrativos, hasta conducir la historia a un ovillo perfecto y admirable. De no poca osadía temática y con una excelente utilización de los medios fantástico/técnicos de la época, "La carreta fantasma" es una gran reflexión acerca de la Muerte como fin quizás no definitivo, puesto que los actos en Vida son los que pudieran hacer pervivir nuestra alma en el tiempo. Sjöstrom usa la variabilidad cromática como recurso dramático y obtiene una fábula moral asombrosa que abraza el tema/conflicto religioso ejemplar y profundamente (bondad, caridad, redención, pecado...). Dividida en 5 partes, es indiscutible la influencia de este autor en la obra de alguien tan fundamental como Bergman e incluso en coetáneos tan importantes como Dreyer. Imprescindible.

P.D.: "Señor, haz que mi alma madure antes de recogerla". Por cierto, Kubrick copió descaradamente una secuencia (la del hacha) para la sobrevalorada "El resplandor".
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9
Gran película
Una película muda en blanco y negro que os recomiendo encarecidamente. Sería un auténtico taquillazo si se hiciera una adaptación con los medios actuales, mientras nos tendremos que conformar con la versión que dispone de banda sonora. Esta basada en una novela sueca, su autora Selma Lagerlöf fue la primera mujer en recibir un nobel.
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10
OBRA MAESTRA del CINE MUDO
Por lo general, no experimentamos atracción inicial por el cine mudo dadas sus peculiares características (yo por el contrario le llamaría excelsas virtudes en muchos casos) que llevan hoy día a que el espectador deba meterse en la cadencia monótona de esos tiempos de filmación, no escuchando otra cosa que la música injertada para darle algo de más vida a las escenas y a los diálogos escritos. Sin embargo, existen grandes excepciones a estas reglas, y una de ellas sin duda es esta magnífica cinta sueca de Victor Sjöström de 1921; y si tomamos en cuenta que en este año 2016 está cumpliendo sus "jóvenes" 95 años, entonces su valor y medida artística se vuelven imponderables. No la conocía y llegó a mi conocimiento por un posible o eventual plagio de una escena que Stanley Kubrick habría tomado de ella para filmar la similar en "The Shining " (El resplandor). Véanla y entérense de lo que decimos!. Pero sin salirnos del tema específico, "La carreta fantasma" (título que tampoco dice nada y no llama la atención por la simpleza de su enunciación) es una verdadera Obra Maestra que contiene todo lo que un espectador algo avezado exige y desea ver en cine; esto es: magistrales actuaciones de sus intérpretes donde ninguno desentona; efectos especiales inauditos y casi increíbles para la época de filmación; una espléndida fotografía de primerísimos planos con múltiples detalles escénicos; una música muy bien dosificada que acompaña las escenas a la perfección; trama con flash backs editados mediante cambio de colores que calzan perfectamente para mantenerse en el hilo de la historia; una notable cuota de suspenso que no termina de definirse y por lo que agrega mayor tensión al espectador aguardando el "qué pasará ahora?"; y una historia que se introduce en lo más recóndito del alma y la conducta humanas; y hasta puedo quedarme corto con estos simples comentarios, pero: se puede pedir más para una película que está por cumplir además casi 100 años de existencia?. Contesto rotundamente: NO
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