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9
Del amor y las promesas incumplidas
El montaje, el scope, la fotografía en blanco y negro, son característicos del arranque en la nouvelle vague, aunque con Michel Legrand sonando y Jacques Demy dirigiendo el romanticismo y la melancolía también pesan.

Demy, que localiza en Nantes, refrenda su dedicatoria a Max Ophuls uniendo bella e irresistiblemente diferentes pequeñas historias con la llegada de los marineros que desembarcan en la ciudad para conquistar a las chicas, como parte de una secuencia que se repite, así ocurrió con Lola una vez y lo hizo y hará con otras que son reflejos de ella misma, dejando siempre en todas esperanzas y promesas incumplidas.

Anouk Aimée y Marc Michel resultan tan atractivos como lo es el propio film en sí.
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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Historias de Nantes.
Deliciosa cinta que te atrapa en su laberinto de pasiones, de sueños, de anhelos, de un deseo de escapar de un mundo rutinario donde la búsqueda del amor es misión que roza la tragedia griega. Este fue el primer trabajo del director francés Jacques Demy , donde ya se aprecia su sello en muchos detalles, como es el gusto por la buena fotografía, en este caso en blanco y negro rutilante, historias de amor trágicas, donde chocan los sentimientos, normalmente en escenarios que les oprimen y desean dejar atrás, con escenas musicales y de baile. En esta la acción se desarrollo a lo largo de un día en una ciudad costera francesa, en Nantes, donde las vidas de varios personajes se entrecruzan en un continuo ir y venir de pasiones. La película funciona muy bien, sobre todo por sus buenas interpretaciones donde sobresale la bellísima Anouk Aimée dando vida a una bailarina/prostituta (no hay que ser muy listo para saber cuál es su trabajo real) con magnetismo y que deslumbra a su alrededor. Film recomendable a los que gusten las cintas de amor. Fuerza y honor!!!
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16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Poesía, ternura, desenfado.
Primer largometraje del director francés Jacques Demy en 1960, “Lola” empieza con una significativa dedicatoria a Max Ophüls, un homenaje del muy cinéfilo Demy a ese maestro del cine que fue el alemán Ophüls y a su célebre película “Lola Montes”, pero que nadie vea en esta dedicatoria una tentativa de imitar a tan venerado cineasta. Jacques Demy firmó con su ópera prima “Lola” una película original y absolutamente personal que se desarrolla en su ciudad natal Nantes, en donde esos mismos decorados urbanos fueron los que lo vieron crecer y en donde se forjaron sus sueños de niño y su pasión por el cine.

Lola es una atractiva cabaretera, una madre soltera que ha educado sola a su hijo de siete años y que espera con confianza, aunque no con fidelidad, el regreso de su primer amor, ese hombre que se fue a las colonias, que le prometió que un día volvería, una esperanza insensata como lo dice la canción que interpreta Anouk Aimée y que compuso para la película Agnès Varda, la esposa de Jacques Demy y ella misma reputada cineasta. El guión está sabiamente construido a partir de varias acciones paralelas que se entrecruzan en esa ciudad portuaria en donde transcurre la adolescencia de Cécile, en donde Lola trabaja en un cabaret y tiene una relación pasajera con Frankie, un marino americano, en donde Roland, un amigo de la infancia de Lola se enamora de ella sin ser correspondido, una ciudad a la que de pronto llega Michel, el amor absoluto y esperado de la protagonista.

Anouk Aimée está magnífica, lozana, chispeante como una copa de champán, en la representación de la feminidad y del amor en su estado más puro, una mujer que sigue creyendo en ese amor aunque para educar a su hijo y seguir con su carrera de bailarina se acueste con uno u otro cliente del cabaret, a sabiendas de que como en el caso de Frankie no serán el amor de su vida.

Poesía, ternura, desenfado al abordar los sueños humanos y las relaciones sexuales en esos años 60, con un lenguaje directo y de absoluta actualidad. Todo esto es “Lola” una de las grandes películas del cine francés. La crítica de la época, que aplaudió el estreno de “Lola”, calificó con razón a Jacques Demy como “El poeta de la nouvelle vague”.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una maravilla de forma y contenido
Por ese arranque con la 7ª de Beethoven, por el posterior uso de Bach, por la canción de Anouk Aimée, por los "travellings" a través del Pasaje Pommeraye de Nantes, el montaje del final y, sobre todo, por la pureza de los sentimientos que expresa, se merece por lo menos un 9.
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
MARAVILLOSA
Maravillosa película. Obra cumbre del cine mundial.
En el puesto 26 entre las 100 mejores películas de todos los tiempos, según la revista francesa "Cahiers du Cinéma".
Nada mas y nada menos. Y muy merecido.
Espléndida Anouk Aimée.
Enterados quedáis...
Para los paladares exigentes.

IMPRESCINDIBLE
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
HA NACIDO UN DIRECTOR ESTRELLA
Primer largometraje de Jacques Demy, y me ha parecido buenísimo. Con varias historias ambientadas en el Nantes de los 60, intrincadas entre sí, y que muestran las dificultades del ser humano en general para encontrar la felicidad.
Son historias circulares, o por lo menos ovaladas, con puntos de conexión interesentantes entre ellos, algunos obvios desde el principio, otros más sorpresivos.
Y la banda sonora para mí fabulosa.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Lloran los que pueden, ríen los que quieren
Esta es una de esas películas que aparentemente narran una historia de amor, pero que realmente narran el propio amor, el concepto del amor y en contraste el desamor. La historia se fracciona en un caleidoscopio con distintos personajes que viven en una ciudad costera al sur de Francia y que tienen como unión los fuertes deseos de amar. Porque todos los personajes de la película están enamorados y son conscientes de ese amor que profesan, pero a la vez ninguno es correspondido. Es una historia trágica del concepto del amor.

La estructura es dispersa, sin un claro protagonista que impulse la narración, el punto de vista salta de una acción a otra. Y estas acciones revelan siempre los pensamientos y las emociones de los personajes a través de la puesta en escena y el montaje. Hay una transparencia en las imágenes que conecta espectador y actor dejando que las sensaciones fluyan de uno al otro, es una especie de intercambio en el que la fisicidad permite que aquel que mira la película recoja lo que más le interese. Por supuesto que hay una manipulación del relato como ocurre con toda obra de arte, pero la manipulación me parece sincera y flexible, no tengo la sensación de ser engañado, sino de estar leyendo un discurso firme entre las líneas narrativas. Me recuerda tímidamente a otra película que también habla sobre la naturaleza del amor y el deseo humano de huir de la soledad, In the mood for love. En ambos films los sentimientos priman sobre el racionalismo narrativo, es más importante dejar que aflore una emoción que mantener la estructura, el código o las reglas de los manuales de cine. Un buen ejemplo es el momento en el que la niña y el marinero están en la feria, la música clásica acapara todos los sonidos y la cámara de mueve rápidamente de un lugar a otro, o el montaje ralentiza los tiempos para estirar las emociones. Son recursos poéticos arriesgados que dentro de otras narraciones saltarían y romperían el código, pero que en el caso de Jacques Demy lo amplía y estimula, son recursos que van más allá del funcionalismo y que al menos demuestran un análisis concienzudo de la puesta en escena.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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