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El Califa del reino Taifa de Sevilla
El antiguo reino Taifa de Sevilla, en sus inicios, comprendía las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz y el sur de Portugal. Aunque fue enterrado en el siglo XI por los Almorávides, durante finales de los ochenta y principio de los noventa del siglo pasado el Reino Taifa volvió a resurgir de sus cenizas. Su Califa, era un borracho llamado Silvio.

Silvio fue un músico, nacido de la ola rock-fusión (normalmente flamenco) andaluza de los setenta que llego a lo más alto en Sevilla y su Reino Taifa. Silvio no vendió apenas un disco, porque Silvio prefería tocar todos los fines de semana en los pueblos, en sus verbenas y en sus ferias, donde con su espectacular show terminaba por salir en brazos de cualquier población en la que se encontrara en ese momento. Silvio era el Califa de su Reino Taifa, y casi nunca quiso salir de ahí. Yo, en el fondo, siempre he visto este gesto más como cobardía o miedo que otra cosa. Un "prefiero ser cabeza de ratón que cola de león". Por eso Silvio no se lanzo al panorama nacional. Se sentía fuerte en su plaza.

El documental trata de recuperar la figura de este gran artista, ya que, como vuelvo a decir, lo que era vender, Silvio vendía poco, y por tanto discos suyos no hay muchos, aunque todo el mundo lo conocía. Era una figura pública querida por todos (sólo un sevillista acérrimo como él podía dedicarle el mejor himno rock de la historia al Betis). Con esto quiero decir que su figura, tras su muerte, desaparece a pasos agigantados, de la misma manera que el Reino Taifa de Sevilla se borro del mapa en un abrir y cerrar de ojos. Apenas existen documentos audiovisuales de sus conciertos en directos, autentico motivo de su éxito. La gente joven desconoce quien fue Silvio. Sus discos han pasado a ser una rareza muy preciada.

El documental nos recupera la memoria de este gran músico. Pero desgraciadamente no profundiza en sus claros y oscuros, porque Silvio tuvo muchos nubarrones. Silvio era un alcohólico desde su juventud, e ir a sus conciertos era una lotería; lo mismo le daba por no salir que hacer el concierto de su vida. Jamás tuvo término medio. Nunca lo quiso así. El siempre tuvo claro que moriría por el alcohol, y lo asumió muy tranquilo, decidiendo que mientras tanto, haría lo que le saliera de los cojones y cuando le diera la puta gana.

Así acabaron todos los nuevos rockeros o flamencos andaluces que en los setenta y ochenta empezaron a asomar en el panorama musical andaluz y nacional. Decidieron suicidarse entre picos y rayas, tras unas cuantas copas de más y con una sobredosis de caballo. Silvio fue el penúltimo en irse por la puerta de atrás.

Sigo en el Spoiler. Leer sin miedo.
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22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Eh, tú.
Acabo de ver A la diestra del cielo. Vaya tío más crack. Hay dos momentos en el documental que son estelares. Uno es cuando el colega de juergas dice, sentado en una fuente, que Silvio fue tan grande porque hizo lo que le dio la gana, que unos tenían que tocar, otros cantar, pero él siempre hizo lo que le dio la gana. El segundo es cuando se está masacrando, que coge el tío la guitarra sentado y empieza a tocar. No toca la guitarra tan bien como se debiera tocar, pero parece que sus dedos en las cuerdas transmiten en el sonido esa tristeza, esa desdicha que por siempre, aunque pocos se paren a pensarlo en toda su dimensión, tuvo y tendría hasta su muerte.

Otro frustrado, aunque se pintara de ganador como le dijo al Quintero, que buscaba una salida, a través de su pasión, que no encontró.

Ya lo dijo la madre, bebía y se mataba y parecía que algo le atormentaba. No pasaba de todo, al revés, todo le importaba, por mucho que intentara metérselo en la cabezota, aunque su todo en la vida fuese coger 300.000 pesetas al mes y dárselas a su mujercita.
Pero con ello no daba, sus idas y venidas no le conducían a nada, pero se subía a un escenario y decía esto y aquello, algunas veces cantaba, lo que la tranca le permitía, y el aplauso se ganaba. Por encima del bien y del mal vivía, por siempre en la nuca sentada su hermana estaría.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Un genio
Sin duda, una de los mejores documentales biográficos que he visto en mi vida. Me lo he pasado en grande descubriendo la figura de Sílvio, hasta me llegue a emocionar y me saltaron dos lagrimas en la ultima parte. Magnifico el trabajo de los realizadores que han sabido construir un gran documental y sobre todo retratar la figura legendaria de un mito en Sevilla con sus claros y oscuros. Lo llegue a ver en directo el las fiestas de mi pueblo siendo muy joven y recuerdo que cantaba con un cubata en la mano algunas canciones en italiano o ingles y hasta por Antonio Molína, ¡ pensaba que era de otro país ¡ Luego supe que era mas sevillano que la giralda. Siempre me gusto su música. Espero que este documental sirva para que futuras generaciones conozcan su música que esta por encima de su alcoholismo y su azarosa vida.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El Mito
Tuve la suerte de ver a Silvio actuar en diez o doce ocasiones; a la primera corrían los primeros años 80, finales de los 70, al borde mismo de la explosión de la llamada "movida" musical - madrileña o de donde fuera - que iba a cambiar los gustos y el panorama musical del país en cuestión de un plis plás.

Los conciertos de Silvio eran especiales, y divertidísimos. Tuve la suerte también de que siempre que lo vi actuar, el concierto salió unas veces genial, otras veces muy bien, y nunca mal, aunque me consta por otros amigos y admiradores que efectivamente, podía llegar a tocar y pegar la "espantá", o simplemente llegar con una "papa del 15" como se dice en Sevilla, y no estar siquiera en condiciones de salir al escenario.

La persona de Silvio, además de su figura pública, como músico, y después más mediática, radiofónica y televisiva, sobre todo por las entrevistas que le hizo el periodista Jesús Quintero, era también singular.
Es cierto que Silvio era especial, y que su forma de ser en la vida, de actuar, sin tapujos, "auténtica" - como decíamos entonces - era en él una cualidad sobresaliente. En Sevilla teníamos un verdadero culto por él. Y cada amigo o amiga tenía alguna anécdota que contar sobre él, con él, ya que a Silvio te lo podías encontrar cualquier noche de viernes o de sábado, por los bares de la ciudad, y acercarte y entablar - o tratar de entablar - conversación. Era cercano y le gustaba que sus admiradores nos acercáramos a saludarle. Otra cosa bien distinta sería poner en pie.... de qué hablaste con él, de qué te reiste con él, qué te contó, qué le contaste.... porque todo podía llegar a ser un poco caótico e impredecible, a la vez que intenso.

Yo también tuve mis encuentros con él, y alguno realmente divertido. También lo encontré en sus últimos años y me estremecí por su deterioro. Contarlos estaría de más. Son mis recuerdos, imagino, parecidos a los de muchos que le conocieron.

La película documental de Paco Bech me parece un trabajo inconmesurable de amor y devoción por el personaje. La aparición de Sammy, el hijo de Silvio... una forma asombrosa de estructurar y darle sentido a todo lo que se nos cuenta sobre la persona. No creo que Paco Bech quisiera profundizar en la parte oscura del personaje, y me parece lo más inteligente. Lo más fácil hubiera sido quizás hacer esto mismo. Tratar de construir una típica historia de personaje auto-destructivo, en plan Baudelaire, o no sé qué.... sin embargo, y sin que esto no quede lo suficientemente bien sugerido, Paco Bech opta por el optimismo de Silvio, por su amor a la vida, por el "avanti con la guaracha" que era una actitud muy definitoria y definitiva del personaje, y esto hace además que su película se multiplique y se vuelva más compleja y descriptiva para crearnos una imagen más amplia, y no caer en aquellos tópicos o lugares comunes de siempre.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Su hijo
Creo que el documental esta muy bien. Muestra muchas imágenes y entrevistas de Silvio, y la gente que colabora cuenta anécdotas curiosas. Sin embargo hay algo que me falto... Spoiler
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