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7
Hotel Algiers
"Detroit" se estrena en EEUU justo después de cumplirse 50 años de las graves revueltas raciales acaecidas en el estado de Michigan. Después de "Zero dark thirty", Kathryn Bigelow vuelve a sumergirse en una historia basada en hechos reales para sacar a la superficie la realidad social estadounidense. En esta ocasión centra el objetivo de su cámara en un problema tan amargo como casi ancestral, pero de una actualidad pavorosa: los enfrentamientos raciales entre la policía y la comunidad afroamericana.

Pese a no contar con nombres de primer nivel, el plantel actoral se muestra solvente en todo momento y ayuda al desarrollo argumental aportando una buena dosis de credibilidad y tensión.
En cuanto al apartado técnico es de destacar una fotografía correcta e intencionadamente oscura, algunos planos incluso pueden recordarnos a "The Hurricane" de Norman Jewison. El montaje intercala imágenes de archivo, lo que ayuda a imbuirnos en el caótico ambiente callejero estadounidense de 1967, pero sin resultar estas imágenes excesivas, dosificación que logra que la película no se decante por el mero documental.

Quizás el problema de "Detroit" es precisamente su título, ya que puede pensar el espectador que va a visionar una síntesis cinematográfica de todos aquellos acontecimientos que arrojaron más de 40 muertos y más de 2000 heridos. Nada más lejos de la realidad. El título resulta excesivamente ambicioso y empequeñece involuntariamente a la cinta. La película debería llamarse "Hotel Algiers". Indudablemente sería un título más honrado para el espectador.
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53 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Indignación gratuita
Es una de esas películas construidas para que te indignes sin que te hagas preguntas, o busques entender el contexto. Estarás tan enfadado que no preguntaras ¿por qué hubo disturbios?. El escenario es casi una guerra, veteranos de guerra hicieron comparaciones con Vietnam, había francotiradores sembrando el caos, violencia por todas partes, pero la película se las ingenia para hacer que todo lo malo son un par de policías de personalidad cartón. Cuando termine la película te darás cuenta de que no sabes ni un gramo más sobre Detroit y los graves incidentes que ocurrieron en 1967. El director apela de manera burda a unos policías violentos y a unos negros nada dispuestos a colaborar y que se burlan del ejercito haciéndoles una broma para crear una situación insostenible que de lugar a una violencia que no te permita ver que al final, y después de todo, te lo han dado masticado, para que no te hagas preguntas sobre como se llega hasta ahí. Hubo disturbios en más de 100 ciudades y con numerosos muertos, pero todo se centra en un absurdo incidente que se explota económicamente porque ahora es un tema políticamente correcto. Es un caso basado en hechos reales, pero podrían haber llamado a la película por lo que es, y no por los famosos disturbios que en una película seria no hubieran dejado bien parados a nadie.

La película es dura, pero también aburrida y previsible. Desde el principio te presentan unos personajes y ya sabes de que va todo. El bueno, el malo y el feo. Pero a diferencia de los espagueti western, la vida es más compleja. Y una pseudo guerra merecía algo menos tendencioso.
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120 de 210 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Detroit- Potencia didáctica
Desde hace casi una década, la realizadora norteamericana Kathryn Bigelow está atravesando una excelente racha creativa. Tras hacerse un nombre en los 90 con el redescubierto clásico de acción Le llaman Bodhi y filmar un puñado de thrillers, enamoró a audiencia y crítica con la oscarizada e interesante película bélica En tierra hostil, y se superó a sí misma con la apasionante La noche más oscura, enfocada en la lucha contra el terrorismo islámico. Tras tres años de espera llega su nueva película, de nuevo a partir de un guión de Mark Boal: Detroit, basado en el incidente del Algiers Hotel durante las revueltas de la 12th Street de la ciudad homónima en 1963, del que ahora se cumplen 50 años. Las primeras críticas eran muy positivas, pero si bien acudí a los cines de Covent Garden con poco escepticismo, lo hice con moderado entusiasmo. Las dos obras previas habían sido netamente sobrevaloradas, y el oportunismo político que subyace bajo esta nueva hornada de cine racial no acaba de ser de mi agrado. Pero la épica e intensidad del filme que me iba a encontrar eran absolutamente impredecibles, y pese a no tener la mejor predisposición me sedujeron con voracidad durante el implacable visionado, trepidante y demoledor. Si bien sus perspectivas maniqueas, su desarrollo narrativo no ajeno a convencionalismos y su regodeo escabroso pueden desagradar a los más críticos, la veracidad con la que se recrean los hechos y la magnética intensidad con la que está filmada y montada transforman Detroit en uno de los filmes más impactantes del año.
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34 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
OJALÁ me hubiera gustado más
Soy fan de Bigelow como el que más. En tierra hostil me fascinó. La noche más oscura, también. No he visto nada de lo anterior, así que poco puedo opinar al respecto. Detroit me ha gustado. Menos que esas dos, pero me ha gustado. Esperaba mucho más, cierto. Pero ha cumplido. Ha arrojado luz sobre un episodio de la historia norteamericana que desconocía. He salido indignado, pero ni mucho menos lo que esperaba. No he salido tan cabreado, emocionado ni lloroso que cuando fui a ver Selma o acabé American Crime Story (muchísimo mejores que esta). Los actores están impecables; la fotografía, increíble. Pero más allá de todo eso, me extenderé en las 4 cosillas que no me convencen de esta película:

1) No está bien estructurada. Tenemos un inicio caótico donde uno cree que la película va a abarcar todos los disturbios acaecidos en la ciudad. Hay cambios de escena continuos, la cámara se bambolea de un lado para otro sin saber muy bien dónde quiere Bigelow centrar el objetivo ni qué contar. Luego sobreviene un segundo acto que va a lo concreto de sopetón (los hechos ocurridos en el motel Algiers), alargado en exceso y extenuante en la recreación de la violencia y la humillación (algo de lo que ya adolecía 12 años de esclavitud, de alargarse demasiado en el sufrimiento y la tortura. A veces menos es más). Un segundo acto que ocurre un poco por sorpresa, sin que uno sepa que la película tuviera como objetivo centrarse en ese caso tan concreto, olvidando la panorámica general por la que había apostado en la primera media hora de metraje, hasta el punto de que uno empieza a pensar que el título de la película está algo equivocado. Y luego tenemos un tercer acto apresurado, que se centra demasiado en unos personajes concretos y olvida o no dibuja todo lo bien que debería a los demás, quedándome con las ganas de saber más de lo que ocurrió después del incidente del motel y de los disturbios en general. Qué ocurrió a nivel político, a nivel policial, a nivel de la calle. Todo eso, en Detroit, no está. Hubiese sido más certero haberla titulado Motel Algiers.

2) El mensaje de fondo, el de la brutalidad policial, es demasiado evidente y hasta cierto punto demasiado reiterativo (como ocurría en 12 años de esclavitud, por ejemplo). Es necesaria, es indignante, arroja luz sobre un hecho del que yo, al menos, no había oído hablar. Pero acaba olvidando por un momento que las cosas no son tan blanco y negro como las retrata, que hay matices. No se centra en ningún momento en los negros que participaron en los disturbios, en el papel que jugaron, ni los saca en pantalla tanto para lo bueno como para lo malo. A partir de lo del motel, se olvida del contexto deliberadamente.

3) Es algo fría. Debería haber salido emocionado, con la piel de gallina, rabioso. Y esto no ha ocurrido. Quizás es que Bigelow no ha sabido calcular bien los tiempos (véase punto anterior), o no ha sabido encajar bien sobre quién recaía la acción. Quizás porque no conocía nada del background de los protagonistas. Quizás porque es demasiado obvia.

4) Y, finalmente, si no he acabado mareado durante esa primera media hora ha sido de milagro. Qué manera más parkinsoniana de mover la cámara, qué manera de saltar de plano en plano cada cinco segundos, qué manera de no centrarse en nada y escarbar aquí y allá sin detenerse un segundo. Suerte que durante el segundo acto se relaja la cosa (el movimiento de cámara, que no el espectador).

En este sentido, Selma y American Crime Story, por poner dos ejemplos recientes, son mucho más satisfactorias tanto como radiografías de un momento como poliédricas al abordarlo, no escatimando repartir palos a todo el mundo. Van más allá, intentando sacar conclusiones y entender la mentalidad americana. Además, los realizadores saben imprimir un sello emotivo que esta no es capaz. En Detroit todo es supuestamente indignante, claro, pero de un modo demasiado obvio. Como dice cierto crítico, es un relato despojado de todo trasfondo y absolutamente deshistorizado. Me olvidaré de ella y volveré a revisionar The Wire, que eso sí es realidad intravenosa.

@Cinergicos
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32 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Muermo ideológico
No cabe ninguna duda de que el racismo es uno de los temas políticos de EEUU. Y es difícil hacerlo de una manera más plana y sin mensaje que Bigelow en esta película.

Hay que partir de que la película es aburrida. Muy aburrida. No hay nada que te suscite el menor interés. Ello se debe a la manera caótica que tiene de narrar el suceso histórico. El recurso que utiliza no funciona, está sesgado e intenta predisponer al espectador a que clasifique mentalmente los personajes desde los primeros 20 minutos de película. También se debe a unas actuaciones muy vulgares. Se salvan Will Poulter y Jacob Latimore. Boyega tiene mucho bombo y en esta película da su nivel que en mi opinión, y por ahora, es discreto.

No funciona la historia. No funcionan los personajes. Las conclusiones te las dan masticadas. No genera ningún interés. El metraje es desproporcionado. De ahí el 3. Es una película muy floja.
Sobre la trama, en spoiler.
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35 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Abuso de poder.
Hay películas que son necesarias. Y no solo porque permiten con su presencia recordar hechos olvidados o incluso darles luz para los que, como en mi caso, desconocíamos de su existencia. También porque conllevan una carga crítica, en forma de espejo acusador, hacia determinados abusos que el poder lleva repitiendo desde siempre. Los sucesos que narra esta esplendida película, con la que Kathryn Bigelow se confirma como una de las mejores cronistas de la historia reciente, podrían ser enmarcados en no pocos focos conflictivos de la actualidad. Lo que convierte a “Detroit” en un film cuya denuncia se nos antoja, en realidad, tan próxima que su radical contundencia nos acaba salpicando.

Bigelow apuesta por situarnos en medio de la batalla , sin saber muy bien si formamos parte de los cuerpos policiales o somos uno más de los rehenes. Lo único que tenemos claro es que vivimos con ellos, podemos percibir el miedo y la tensión, y los nervios nos devoran en uno de los momentos más logrados del cine reciente. Esa parte central, en el motel Algiers, que Bigelow plasma en forma de bofetada a la cara del espectador, constituye al mismo tiempo un testimonio estremecedor de lo que realmente pasó y un ejercicio cinematográfico de primer nivel. La habilidad para combinar ambos aspectos, transformar el documento histórico en un placer visual y sonoro, es el mayor triunfo de una película, en los tiempos que corren, de visionado obligatorio.

Lo mejor: la autenticidad que transmite.

Lo peor: la percepción de que a día de hoy siguen habiendo muchos “Detroits” esperando salir a la superficie.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Aquellos monstruos blancos disfrazados de policías
Kathryn Bigelow entrega su mejor película con Detroit, un thriller dramático angustioso inspirado en los fatídicos hechos reales que marcaron un antes y un después allá por 1967 (la película se estrena coincidiendo con el 50º aniversario de los hechos). No es un documental, ni tampoco un entretenimiento bueno de impecable factura. Es una incomodidad digna del peor desasosiego de dos horas y cuarto. Quien ose verla que tenga muy presente que será testigo de una historia estructurada en tres actos que parece esforzarse en hacer que pierdas la esperanza sin piedad.

El primer acto constituye los primeros 35-40 minutos. Hace un gran trabajo presentándonos la tensión racial y a cada uno de los personajes así como lo que persiguen (mención especial a la desgarradora escena del cantante de los Dramatics cantando sólo en el escenario, cegado por conseguir su sueño).

El acto intermedio consta de 45-50 minutos, casi una hora contada a tiempo real -o eso da la sensación- el cual transcurre en el Motel Algiers y no sólo es lo más potente de la película sino que se tercia como una brutal y descarnada película de horror dentro de una que parecía tratar "sólo" acerca de historia, una que parecía pasar por "otra drama de hechos reales capitaneada por personajes emprendedores". No sólo pone a prueba a sus personajes introducidos al inicio, sino que también testa al espectador. Puede que haya gente que defina a Detroit como una película de terror por este acto central, y les daría hasta la razón (hay un momento en que dos personajes tratan de escapar y se ve a un policía a punto de entrar a traición por una puerta, causa un sobresalto digno de una de terror puro y duro). El suspense hace que pierdas la noción del tiempo, el mal rato que hace pasar corre el riesgo de que el nudo en el estómago se te haga insoportable y la indefensión de los personajes ante la abusiva "autoridad" provoca una impotencia que hasta te pueda hacer odiar la película por mostrar eso.

Pero aún queda el tercer acto, los últimos 40-45 minutos, las consecuencias de la tragedia. Si aún quedaba esperanza o se esperaba la aparición de algún deux ex machina milagroso, la película te vuelve a dar una paliza moral hasta hacerte casi cabrear. Nadie dijo que la verdad fuese fácil o bonita, pero el odio interno y externo conjugado con la opresión y el rencor nos coloca aquí en el sitio más oscuro en el que podíamos acabar. Los sueños están rotos y el único sabor de boca que queda es el del vómito del personaje de John Boyega a la salida del juzgado.

La dirección pone los pelos de punta, los aspectos técnicos (edición, montaje, efectos) son de primer orden y las interpretaciones están encaminadas a llevarse algún que otro Óscar (Will Poulter compone uno de los personajes más asquerosos y potentes que se recuerdan, con un físico idóneo para el papel y que me recuerda al Joker de la serie Gotham - John Boyega hace una interpretación sombría y puede que un tanto apagada, pero que se quite de tanto Star Wars y se dedique más a este tipo de papeles porque lo borda). Tras un acto tan increíble como el segundo, la recta final de la cinta se antoja de larga y un tanto inferior, pero a mí no me molestó tanto como para aburrirme o bajarla del notable.

Detroit es una tragedia en tres actos que te perseguirá tras haber acabado de verla y te hará pensar sobre la condición humana, así como en varias preguntas de la actualidad hunden sus respuestas en los fantasmas del pasado. Tan dura como valiente, tan opresiva como necesaria.

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Esta crítica (un poco más extensa) también está disponible en cineredux.com (sitio web dedicado al cine y series el cual recomiendo si se quiere estar a la última con noticias, críticas o artículos).
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23 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Crítica de "Detroit"
-Bigelow vuelve a ponernos en primera línea de fuego, esta vez para lograr que sintamos la furia y la resignación de una raza entera. A cambio trivializa y suprime elementos vitales para cualquier película, crónica o discurso.
-Will Poulter arquea la ceja y se convierte en uno de los villanos más terroríficos del cine reciente.

Kathryn Bigelow, esa irrepetible cronista de la historia de América que siempre nos zambulle en el conflicto con una intensidad dramática casi insoportable por asfixiante. No importa cual sea tal conflicto: Irak, Afganistán o en este caso los disturbios raciales que sacudieron la ciudad de Detroit en julio de 1967. No por alejarse 50 años de la época actual o cambiar el tema central de la propuesta la directora evade el thriller político en contextos bélicos que ha caracterizado sus anteriores películas. Por ello Mark Boal vuelve a estar al frente del guion, encargado esta vez de reconstruir unos terribles hechos a base de declaraciones de testigos y datos históricos. A priori todo comenzó con una redada policial en un bar nocturno sin licencia, pero nosotros sabemos que empezó siglos atrás en la historia americana. Será una narración animada a través de los cuadros de Jacob Lawrence la responsable de hacernos recordar. A partir de ahí, Detroit.
Bigelow da comienzo en la redada policial para abrir ese fresco coral con el que contextualizar aquellos disturbios, una forma de ir incrementando el calor en el ambiente para llevarnos al climax, una escena en la mitad del metraje de la que hablaremos en líneas posteriores. Es ira, miedo, asco y horror in crescendo para los personajes y el espectador. Prevalece la ira, el sentimiento más importante para la directora, que enciende la mecha y pretende enardecer la indignación del público. La mecha va ardiendo poco a poco, como tensión que se palpa en cada plano de una poderosa puesta en escena que busca la sordidez y el realismo áspero emulando cierto tono documental. El enérgico montaje no permite al espectador apartar la mirada aunque a veces den ganas de hacerlo. Mientras tanto cada personaje de color se mueve por la narración con las formas de una oveja que se dirige al matadero, sin importar demasiado nada respecto a él más que su color de piel. El matadero en este caso resulta ser el Hotel Algiers, donde tuvo lugar el episodio de violencia policial que viene a contarnos Bigelow.
La directora logra una de las escenas más sofocantes de toda su filmografía, haciendo presente el mismo infierno entre cuatro paredes. No deja de ser impresionante lo perfectamente planificado y realizado que está dicho clímax, una secuencia digna de estudiar en las escuelas en muchos sentidos. No obstante los problemas llegan tanto del guion como de la propia dirección. Por un lado, debido a un trabajo de Mark Boal carente de matices y aristas, que amenaza constantemente con trivializar temas demasiado relevantes mientras su maniqueísmo y superficialidad rompen toda promesa de veracidad. Lo peor, esos personajes planos y extremos en sus opuestos, con personalidades casi inexistentes y que sirven para lograr enfurecer al espectador en lugar de ser la representación de personas de carne y hueso. En lugar de eso se produce la unidimensional segregación de víctimas-verdugos, en la que los policías parecen más metáforas diabólicas que personas. A partir de ahí entra en juego el efectismo de Bigelow, que parece ser aceptado por la pericia de la cineasta. El problema obviamente no se encuentra en el retrato de una violencia racial indefendible, sino en olvidar a esos personajes y el trasfondo histórico-social para que prevalezca la forma, una cámara que busca insaciablemente el jadeo y el maltrato en su intento de enfurecernos de un modo controvertido. Tras el clímax la película pierde muchos enteros al centrarse en el proceso judicial, un tramo farragoso protagonizado por los errores del guion y en el que completan sus estupendas interpretaciones Algee Smith y Will Poulter.
“Detroit” presenta un marco muy denso y lo desaprovecha por completo dejando mucho flancos desdibujados para centrarse en una escena de terror que no desemboca en las reflexiones indicadas. El pulso de Bigelow sigue tan robusto como sus ambiciones fascinantes, sin embargo el maniqueo y plano guion de Boal sumado al desacertado empleo de los mecanismos dramáticos de la cineasta dan lugar a una experiencia física brutal que no tiene la complejidad esencial ni la moralidad adecuada para convertirse en la notable y necesaria película que se requiere urgentemente para que América entienda algo indispensable: Que ese oscuro pasado que cree haber dejado atrás lo vive ahora igual que hace medio siglo.
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17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Las entrañas de los prejuicios
Han pasado 50 años, pero las similitudes y analogías con el momento actual angustian y horrorizan por igual. La violencia como válvula de escape sin atajos ni disimulos, la crudeza de unos disturbios dantescos que sacan a relucir lo peor de cada cual y resaltan la impotencia de unos – que además dirigen su rabia y su orgía de sangre y saqueos hacia ellos mismos y su comunidad – y la prepotencia de los otros, que tratan de defenderse de sus endémicas suspicacias y fantasías totémicas a base golpes, disparos y abusos. Nada nuevo pero relatado con garra y fuerza, aunque quizás se haga demasiado larga y repetitiva hacia el final de su excesivo metraje, pero ofrece un retablo descorazonador de las miserias más tristes y repugnantes del ser humano, que parece aferrarse como un mantra al terror hacia lo desconocido – lo diferente – cuando no queda otra forma de lenguaje a su alcance.

Quizás su mayor característica – y cortapisa – sea que la potencia de sus imágenes (la recreación de la época, la violencia exacerbada, la arbitrariedad y el terror que irrumpe a cada paso e ilustra la sinrazón del ensañamiento policial) casa mal y resulta incongruente con la debilidad de un guión demasiado plano y repetitivo, poblado por unos personajes reconocibles pero en exceso simples y sin hondura, meros clichés que sirven de pretexto para vehicular una narración intensa y desabrida, hosca y tremebunda, pero que acaba por engullir y neutralizar la ira que pretende reflejar. Vemos, padecemos y nos conmovemos con lo que ocurre, pero nos importan más los hechos y las circunstancias que las personas, el retablo en su conjunto y no tanto los individuos que padecen la vesania de un comportamiento histérico y bestial que sucumbe sin pudor a lo histriónico y de tanto repetirse acaba por repeler y hastiar. Un poco de mesura – o, al menos, una más calibrada dosificación de los atropellos – le habría sentado bien.

Por lo tanto, resulta admirable la intención inconformista y rebelde que recorre toda la cinta, lo oportuno de su denuncia, lo pertinente de su discurso reivindicativo, la virulencia de su compromiso con la igualdad de oportunidades y su acusación agresiva y sin remilgos de los fallos sangrantes y ponzoñosos de un sistema que hace aguas por doquier. Pero al finalizar la proyección queda un cierto regusto de insatisfacción. Como si el ruido y la furia hubieran ahogado los gritos de socorro de las víctimas, abandonadas a su suerte en la cuneta de los deshechos. La abrumadora tensión, virtuosismo y efectividad del montaje nos arrolla, pero no consigue poner en pie una obra inapelable, que trascienda las limitaciones de su punto de partida.
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16 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La “tapada” del año
Una película desgarradora, basada en hechos reales, lo que hace acrecentar el sentimiento de impotencia y rabia durante su visionario. Rodada con una cámara “efecto nervioso” que incrementa la sensación de agobio y tensión, sobretodo en ciertos pases del film. Kathryn Bigelow sabe meternos de lleno en esta historia de racismo y odio con un ritmo de narración que por momentos puede parecernos lento pero que en conjunto y una vez vista la película nos damos cuenta de que es necesario. Esa mezcla de documental con película, le sienta genial, poniendo en pantalla imágenes reales de los hechos narrados lo que ayuda aún más a que empaticemos con sus personajes.
Una de las sorpresas (por lo menos para mí) es Will Poulter, al que llegas a odiar, su interpretación roza el sobresaliente. El resto del reparto está a la altura en una cinta que merecería algún que otro “Oscar”.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Decepcionante
Mediocre en la forma de contar la trama, que en el momento crucial carece de sentido por la actitud de los agredidos. Demasiado larga para el contenido.
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15 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Crítica de Detroit por Cinemagavia
Medio siglo después de los altercados, Kathryn Bigelow (En tierra hostil, Días extraños) reconstruye, a base de conjeturas, las piezas de esos caóticos días que invadieron las calles de la ciudad de Detroit en un film depurado que se postula como su obra más inspirada en años. El largometraje es, además de una clara denuncia social, un oscuro espejo donde sentirnos identificados bajo la piel de aquellos que, desgraciadamente, vivieron una de las grandes manchas en el expediente de Estados Unidos. Estreno el 15 de septiembre.

Tras un breve prólogo, donde la directora focaliza en la historia afroamericana, nos sumergimos rápidamente en el hecho que inició esta desastrosa situación y llevó el vandalismo a las calles. La policía, que tenía intenciones de arrestar a unas pocas personas que celebraban una fiesta, descubrió cómo una multitud que observada las detenciones se volvía cada vez más agresiva, desembocando en los disturbios que darían lugar a uno de los levantamientos más poderosos de la década de los 60.

Entrados ya en materia, la trama se centra paralelamente en las vidas de varios personajes afectados por este turbio contexto que, finalmente, confluirán en La noche más oscura de la cinta, el aún misterioso suceso de la noche del 25 al 26 de julio en el Motel Algiers, testigo de una inhumana técnica de interrogación.

Ya en los primeros minutos de Detroit, y gracias a la espléndida labor de fotografía, el espectador camina por las furiosas calles de esta ciudad en guerra de la mano de sus personajes, indiferentemente de cuál sea el color de su piel. Bigelow, que en esta ocasión renuncia primar la forma sobre el fondo, ejemplifica en la prolongada escena del Motel Algiers todas las denuncias de la película, subrayando especialmente temas como el abuso policial y la supremacía racial. Una vez acabado el visionado, es imposible no reflexionar sobre este claustrofóbico acto que, acompañado de una cámara inquieta, siempre atenta, asfixia y adentra al público en el campo de batalla.

A pesar de la impoluta puesta en escena, los últimos minutos de la película, rebosados de convencionalismos de cine judicial, perjudican al metraje que, perfectamente, podría haberse ahorrado esta parte. Detroit parte de un guion bien estructurado, que remite al reportaje periodístico (en un nivel más elevado), y un hábil conocimiento del montaje, que mantiene constantemente la tensión en gran parte del largometraje; por lo que no nos extraña que su nombre aparezca en próximos premios.

La excelente labor de casting, especialmente el trabajo realizado por Will Poulter como agente sin escrúpulos y Algee Smith, terminan de redondear la cinta. Quizás sea John Boyega, gran cabeza de cartel, quien esté más desaprovechado e, incluso, plano en su actuación.

A pesar del suceso en el Motel Algiers, yo me llevo de Detroit la entristecedora escena que tiene lugar en el teatro donde Larry y la banda, The Dramatics, pierden su oportunidad de actuar. Es conmovedor cómo la directora, precediendo al miedo en estado puro, refleja la inexistencia del humanismo a través de un espacio vacío donde se hunden los sueños. Tal y como está el patio en Estados Unidos, la película no podría haber llegado en mejor momento.

Escrito por Antonio Fuentes Belando
https://cinemagavia.es/pelicula-critica-detroit/
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¿Es mala suerte ser negro en EEUU?
Terminando de ver “Detroit” (2017) de Kathryn Bigelow con John Boyega, Jack Reynor, Hannah Murray, Anthony Mackie, Will Poulter, Jacob Latimore, entre otros. Drama que revive los hechos reales ocurridos en el Algiers Motel, durante los disturbios raciales ocurridos en Detroit, ciudad del Estado de Michigan en EEUU, en el año 1967. La película es a la vez un homenaje al 50° aniversario de los hechos, al tiempo que la directora logra mostrar los acontecimientos de una manera muy realista, como si de un documental se tratase, marca registrada de Bigelow. La historia no deja tiempo al respiro, desde unos créditos iniciales animados, y tras 20 minutos sin diálogo, la realizadora nos pone en situación, una que no deja caer, llena de acción, suspenso y mucha adrenalina. Al tiempo, la película es un “drama de corte”, aunque pienso que debió terminar sin mostrar esta parte, y dejar claro los que pasó con leyendas en los créditos finales, pero eso sería muy típico de una propuesta de género histórico, y Bigelow se arriesga, mostrando la coacción y el miedo psicológico del silencio en las víctimas… a modo de un fantasma acusador que seguirá por siempre a los personajes; y es que la directora no deja muñeco sin cabeza, al menos al final, se desconoce qué pasó con los policías, por lo que evidencia el bando político de “Detroit” Técnicamente, insuperable, y recalco que asombra ver un filme de esta categoría e intensidad a cargo de una mujer; aquí hay demasiados cortes de edición magistrales, y un montaje que bien podría ser perfecto, algo totalmente opuesto al cine de Iñárritu, por ejemplo, con tomas largas, escenas contemplativas y poéticas; aquí todo es crudo, visceral, extremo y real. La directora monta muy bien la película, con buen ritmo, y una consecución de planos donde resalta su maestría; pero se queda corta en la dirección de actores, ninguno del reparto se me hizo empático, pues todos tienen su carga de repelencia; incluso el personaje principal, que a modo de catarsis, se entrega a Dios… La película vale desde lo técnico, con la absoluta dirección, que bien podría llegar a los Oscar. ¿Es mala suerte ser negro en EEUU?
RECOMENDADA.
PRONTO en Lecturas Cinematográficas.
http://lecturascinematograficas.blogspot.com/
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9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tensión insoportable
A pesar de que tiene un tono documental por el hecho de añadir imágenes de archivo y aportar datos biográficos de los protagonistas, la película no es tanto una crónica real de los hechos tal y como ocurrieron, ya que jamás se lograron esclarecer del todo, sino más bien una reinterpretación de los mismos con el fin de denunciar un problema que sí fue muy real en Estados Unidos en aquella época, y que seguramente no se ha terminado nunca de resolver del todo.

Personalmente, me costó entrar en la historia. Los primeros veinte minutos se me hicieron un poco difíciles de seguir, a caballo entre el reportaje y la película, y con esa cámara al hombro a la que cuesta irse acostumbrando. Pero luego la película coge vuelo y la parte central es pura tensión, la vives entre aterrado y estupefacto, y durante todo lo que ocurre en el Motel parece que no pasa el tiempo (una hora y pico de película, que se te pasa en diez minutos).

En el aspecto técnico, toda la obra va dirigida a atrapar al espectador. El guión, la fotografía, la música, todos los aspectos formales del film están rigurosamente hilvanados unos con otros, para formar un producto sólido y desasosegante. Especialmente destacable el montaje, que es el que otorga el sentido narrativo a la película. Todo engrasa bien y el resultado es un film que le produce al espectador un elevado grado de tensión, indignación y pasmo. Definitivamente, estamos ante una película incómoda de ver pero que al mismo tiempo te atrapa por completo.

Hay tres partes muy diferenciadas en la película. La primera, en la que se nos pone en situación, con la redada que dió origen al conflicto y una serie de imágenes de los disturbios. Se nos presentan los personajes principales, el chico negro que trabaja de guardia de seguridad, los cuatro componentes de un grupo musical con aspiraciones de fichar por la Motown, y un par de policías que no tienen problemas en dispararle a un negro. Esta primera parte, como digo, no me convence mucho.

Luego viene la parte central, con todo lo que pasa en el Motel. Es la parte más larga, pero se pasa en un suspiro. Pura tensión, por momentos casi insoportable. Pasan los días y no te lo sacas de la cabeza. Cuando tenía un momento de respiro me daba por pensar que lo que estaba viendo eran hechos reales y todavía lo pasaba peor. Esta parte es tan buena que borra por completo cualquier carencia de las demás. Es cine con mayúsculas. Aquí Bigelow demuestra un pulso narrativo descomunal, una maestría absoluta dirigiendo actores, manejando el tiempo, creando una atmósfera sobrecogedora y claustrofóbica. Absolutamente magistral.

La parte final baja un poco el nivel (lógico, por otra parte). El juicio y el destino de los personajes vuelve a hacerse, como la primera parte del film, de un modo precipitado, demasiado rápido y con muy poco desarrollo. Nada que ver con la parte central, en la que todo pasa casi en tiempo real.

Es la parte negativa de la película, el escaso desarrollo de los acontecimientos previos y los personajes. No se explica muy bien cómo se generó ese odio. No se entiende que los policías sean tan crueles. No hay un desarrollo adecuado de los personajes para que podamos comprender sus motivaciones, ni nos sabe llevar al año 1967 para entender plenamente el contexto en el que se desarrollaron los hechos.

Pese a esos defectos, la película es de obligado visionado. Los amantes de la música disfrutarán con referencias a John Coltrane y a los artistas de la Motown, aparte de escuchar éxitos del citado sello como el tema “Nowhere to run” de Martha & The Vandellas, o el descubrimiento (yo al menos no los conocía) del grupo The Dramatics, cuyos integrantes estaban en el motel aquella noche.

“Detroit” es una película poderosa y desgarradora. Probablemente no tendrá la repercusión de otros trabajos anteriores de la misma directora, pero a mí me gusta más esta película que sus trabajos previos. Y todo ello a pesar de que, como he mencionado, tiene multitud de cosas mejorables, que sales con la sensación de que se podría haber hecho algo mucho mejor, pero joder, lo que hace bien lo hace tan bien…

https://keizzine.wordpress.com/
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El ojo de Bigelow
La cámara se mueve, inquieta, en planos preferiblemente cortos, y el montaje, preciso hasta la extenuación, nos muestra un procedimiento rabiosamente efectivo de contar una historia con las tripas.

Un pretendidamente atrevido striptease de visceralidad, que cristaliza, más en una atmósfera claustrofóbica en la que late el peligro (nunca demasiado explícito), que en los personajes que (quizá) pretendieron ser las estrellas de la misma, pero que, en el fondo, quedan reducidos a meros trazos; a meros comparsas de la lectura verdaderamente protagonista (y tradicionalmente favorita) de Bigelow: la violenta tensión de lo inminente.

Y así, Kathryn nos presenta un cuadro negro, donde el sudor de la humillación brilla en tonos pastel, y donde los trazos (que deberían de haber sido rojos), se diluyen en las precipitadas (y excesivas, por innecesarias) conclusiones propias de una crónica, más que de un thriller, resultando así una obra híbrida, dura de premisa, pero tibia de conclusión.

En resumen: a pesar de todo, interesante.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un infierno de racismo
Desconocía la historia de la película así que fui a ciegas y tras ver los buenos comentarios tanto de crítica como público me lancé a por ella aunque con temor, porque de Bigelow vi En tierra hostil y se me hizo bastante pesada. Finalmente me decidí a verla y he disfrutado tanto que la considero top del 2017 sin ninguna duda. Una película cruda, emocionante, desgarradora y por momentos claustrofóbica. El eje central en el motel recuerda a Funny Games de Haneke. Es agobiante que un chaval tan inocente en Narnia 3 como Will Poulter se haya convertido en un corrupto y racista policía. Una película necesaria, injusta y potente en interpretaciones y guión. Puede que el tramo final se vuelva más convencional pero también sorprende porque no es lo esperado dentro del fondo de la historia. 135 minutos muy intensos que quizás carezcan de talento en la fotografía y banda sonora, pero también hay una buena dirección de actores, un buen desarrollo dramático de personajes como el tema de The Dramatics y mucha crítica social y política al sistema establecido en esos años 60-70. No he visto mucho más de Bigelow sumando Le llaman Bodhi y En tierra hostil, pero el nivel de Detroit me parece sobresaliente, espero que las que me faltan por ver sean de buen nivel para superar algo así y por supuesto espero que opte a premios aunque visto lo visto ya es complicado. Una joya escondida que fracasó en taquilla pero se recordará con el tiempo.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La verdadera cara del sistema en dos horas y cuarto
Retrato crudo de los tristes acontecimientos de Detroit que destaparon la caja de Pandora en las calles. Con un excepcional montaje y movimientos de cámara que le dan ese enfoque entre el reality y el documental de corresponsal de guerra, tan habitual en su cine, Bigelow va en esta ocasión dos pasos más allá, dejando la acción a un lado y consiguiendo un convincente y durísimo film en el que, por fin, se moja de forma clara y consigue calar de un modo que en anteriores trabajos, también basados en hechos reales, no había hecho, no resultando tan aséptica como en otras ocasiones, sino todo lo contrario.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Malvados hombres blancos.
El cine es una herramienta muy importante, que tiene muchísimo poder en el imaginario colectivo, a muchos niveles.
En torno a este gran arte, se crean imperios financieros, se exponen injusticias, nos reímos, lloramos, nos emocionamos y nos indignamos. Nacen personajes, héroes y heroínas atemporales, historias magníficas y géneros únicos. No hay que menospreciar su poder.
Porque también sirve para remover la mierda del pasado, en nuestro propio interés. Sobre todo su nos ayuda a recoger unos cuantos Oscars por el camino.
Así, Bigelow nos cuenta, a su peculiar manera (precisa, técnicamente brillante, vibrante, manipuladora y maniquea) ciertos "hechos" sucedidos en un hotel de Detroit durante los famosos disturbios raciales del 67. El contexto en el film está conformado por un par de brochazos convenientes y sesgados, muy gruesos e imprecisos, y enseguida nos mete en materia: unos personajes caricaturescos en exceso, unos policías que básicamente son el demonio con placa y pistola (gran Will Poulter, qué cara de hijo de puta tiene, que era de lo que se trataba ¿eh Kathryn?) y unos pobres negros perfectos, todo amor y paz, víctimas de estos sádicos Agentes del Orden malignos, policías que parecen más bien sacados de un Slasher de terror que de unos hechos "supuestamente" reales. Y no, es todo tan desmesuradamente exagerado, la violencia tan gratuita y condicionada hacia lo que le interesa a la directora, las escenas tan sutilmente dirigidas para que odiemos sin concesiones al hombre blanco y lo maligno que es, los negros son tan dulces y buenos, tan cool y graciosos, que no me lo trago. Es una película, recordemos eso siempre, y Bigelow ha ido a lo fácil, a lo que más le convenía para volver a optar a las ansiadas estatuillas: asustemos a la gente, seamos lo más brutos y parciales posible. Total...¿quién sabe realmente lo que pasó entre esas cuatro paredes? Me monto mi historia, que el film es mío. Y te enseña lo que quiere, es su juguete manipulador, su historia inventada al 90% (metes un par de fotos reales en el montaje, y ya haces pensar a la gente que todo sucedió como cuentas, es el truco más viejo del mundo). Todos, absolutamente todos los blancos de la película son malos o rematadamente permisivos con la Maldad Blanca: los policías, la guardia nacional, la policía de otros Estados, los jurados, los jueces, etc....Así, es imposible tomarse en serio el film. Es absurdo, ridículo. Los negros, por su parte, son enrollados, nunca se meten en líos, ligones, amables, buenos cantantes, obedientes, víctimas, dóciles....La directora no está hablándonos de personas ni colectivos reales: nos da una "realidad" de mundo de piruleta que ríete de los cómics. Si no, sus escenas no podrían funcionar. El maniqueísmo no podría existir.
Ocurre algo muy curioso: no paré de sentirme emocionalmente manipulado durante toda la película. En cada escena. Sí, lo sé. En estos tiempos que corren, la moda es ser políticamente correcto, pero lo siento. Nunca he sido políticamente correcto, y no voy a empezar a engañarme a mí mismo a estas alturas. Aquí no hay tonos grises, todo es blanco o negro. Todos los blancos son unos hijos de puta que, o matan sin piedad, o se lavan las manos y miran hacia otro lado, y los negros son hermanitas de la caridad que lloran, sufren, obedecen y jamás han roto un plato en su vida. Como un capítulo de Cuentos Asombrosos, queda bien. En la vida real, las cosas no funcionan así. No hay nunca "malos y buenos" tan asombrosamente (¿para bien, para mal?) caracterizados como en este film. Hay personas que viven sus vidas y están rodeadas por circunstancias que no controlan y que los condicionan en todo, hay mil millones de grises en la vida real. Esto es, si quitas toda la paja demagógica de alrededor, un cuento de caperucita y el lobo, pero cambiando los colores de la piel y escudándose en contextos más vagos que el hilo dental que usas por las mañanas. Y es peligroso jugar así con los espectadores y las conciencias, remover así la mierda de hace 50 años sin un motivo concreto (porque no lo hay, más allá de mostrar sangre, la historia no se sostiene por ningún lado, son unas cuantas secuencias seguidas de un corto juicio chapucero y mal montado, sumamente manipulador a su vez, obviando el resultado del mismo en aras de que no fastidie la "historia" de la película), cuando hemos avanzado tanto (sí, amigos de los P.C, hemos avanzado muchísimo en muy poco tiempo) para....simplemente para optar a los premios abogando por algo tan básico y pernicioso como el eterno victimismo de una comunidad entera.
Así no Bigelow, así no se hacen las cosas. Hay que ser objetivos al hacer determinadas películas, y no sesgar, demonizar y moldear una historia como más nos convenga. Te has pasado mucho de frenada, y has derrapado llevándote contigo toda credibilidad que pueda tener la película.
Un dato: Aborrezco profundamente el racismo. Me parece un defecto del género humano que simboliza un paso atrás como especie, y al que poco a poco vamos superando. La segregación de clases debido al color de la piel es absolutamente absurdo desde su misma concepción, y es una vergüenza que se utilicen y manipulen hechos basados en el mismo, sesgando y engañando al público, ya sean en forma de película, libro o cualquier manifestación artística o cultural.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¡Lo que el odio puede causar!
Kathryn Bigelow lleva desde los años 90 que es merecedora de cada uno de los premios que ha ganado. Desde Le llaman Bodhi, Días extraños, En tierra hostil, La noche más oscura y ahora Detroit. Magníficas producciones dignas de una directora que no se satisface con solo entretener al espectador. Kathryn Bigelow intenta, y lo consigue, recrear en la mente del espectador esa sensación de desesperación y de indefensión aprendida. Pocas películas causan tanto coraje e impotencia como las de Kathryn Bigelow.

En este caso estamos ante una producción basada en los sucesos de julio de 1967, el 23 de julio de ese mismo año comenzó la revuelta más sangrienta de los Estados Unidos. Todo comenzó con el desalojamiento de una fiesta organizada sin licencia en el bar after-hours "Blind pig". Los afroamericanos estaban hartos, debido a la masiva manipulación y racismo que se vivía en Detroit. Todos los miembros de la policía, policía estatal, policía nacional y miembros de la justicia eran blancos. Vivían una utopía de libertad y de igualdad racial. Las revueltas duraron 5 días, finalizó con 43 fallecidos, 342 heridos y casi 1.400 edificios quemados.

La película cuenta como vivieron la revuelta de Detroit, Larry Cleveland, Fred Temple y Melvin Dismukes. Larry Cleveland ex-miembro de la banda de soul The Dramatics, Fred Temple el mejor amigo de Larry y Melvin Dismukes un empleado en una compañía de seguridad. Por una serie de sucesos estas 3 personas acabaron en el motel Algiers. A continuación se muestra como los agentes que supuestamente representan la autoridad, la supervisión y la protección de los derechos de los ciudadanos, abusan de su poder para maltratar, atizar y matar.

Esta película es sin duda una muestra de como de dura era la vida de los afroamericanos en esa época, no recomiendo ir si no te armas de valor para ver tanta injusticia junta y tanto odio sin sentido. Tampoco recomiendo ver esta película si eres de las personas que esperan que al final de la película los "antagonistas" sean castigados.

Toda la información sobre la revuelta de Detroit (Detroit Riots) esta sacada de la siguiente fuente:
http://www.history.com/this-day-in-history/the-12th-street-riot
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Sueños rotos
Kathryn ha querido con este relato remover conciencias sobre el racismo y para eso ha escogido los disturbios raciales que ocurrieron en Detroit en el año 1967, podía haber escogido cualquier otro estallido de violencia porque en EEUU han sido varios los sucesos de este tipo que han dado lugar a verdaderas batallas campales con intervención del ejército.

En la película hay una primera parte donde se pone en situación al espectador, se describe el hecho que al parecer provoca el estallido, una redada en un local tras un chivatazo, este momento da lugar al inicio de los disturbios y a la destrucción del barrio, con incendios provocados por los asaltantes y el ataque y pillaje a los establecimientos y tiendas sin diferenciar la raza de los dueños. Describe muy bien los momentos de violencia, la intervención de la policía superada por los acontecimientos y finalmente la ayuda del ejército. La angustia de los ciudadanos de un barrio tomado por los vecinos convertidos en agresores y la policía. Es una primera parte que muy bien pudiera ser un documental teatralizado para la TV.

La segunda parte es el centro de la historia construida a través de los testimonios que se han recogido de los familiares testigos que vivieron el suceso. Porque realmente no se sabe con exactitud cómo fueron los acontecimientos dentro del Motel Algiers. Pero Kathryn consigue un relato duro, donde permaneces angustiado hasta el desenlace, con una interpretación diez por parte de todos los actores, quizá los policías resulten llevados al extremo en sus ademanes y formas pero resulta efectivo para mantener el malestar de los espectadores testigos de la violencia sin sentido.

Además pone de relieve a los que sin intervenir directamente en los actos miraron para otro lado sin hacer nada para evitarlo.

La película es coral pero el hilo conductor es el intérprete del grupo Dramatics que pone hilo a la tercera parte de la historia y cuya banda sonora acompaña todo el metraje.

La tercera parte es la del juicio y el acontecer de todos los personajes que vivieron ese horrible suceso, como les afectó, algunos durante toda su vida y esta parte es al que conmueve por las consecuencias de lo ocurrido. Se nos presentan otros personajes los familiares y amigos a los que les abofetean los acontecimientos sin haberlos vivido, intervenciones breves pero buenísimas e imprescindibles para entender el fin. Una buena película que resulta impactante en todas sus escenas.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
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