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10
Un buen hombre, un mal policía...
Barroca hasta los tuétanos, “Sed de mal” es quizá la mejor película realizada por Orson Welles. La razón de que el maestro filmará esta joya del cine la tiene Charlton Heston. En en un primer momento Welles sólo estaba contemplado para interpretar a Hank Quinlan, pantagruélico policía que camina pesadamente entre el filo de lo legal e ilegal para lograr sus propósitos; pero Heston, en la cima de su carrera, entendió que sería Welles quien lo dirigiera y aunque no era así mantuvo esta exigencia y logró que el maestro filmara una de las mejores películas de la historia del cine.
Intriga criminal desarrollada en un pueblo fronterizo entre EE.UU y México, que enfrenta a un Quinlan, amargado y fascista, con su contrario, Vargas (Heston), inquebrantable en su honradez y limpio en sus métodos (ironías del cine). La primera secuencia ha pasado con justicia a la historia del cine. Un plano secuencia de casi tres minutos (ahora en la versión “director’s cut” la podemos ver sin los títulos de crédito que “ensuciaban” esta joya) que comenzando por un plano detalle de una bomba de relojería recorre todo el lenguaje cinematográfico hasta terminar en la explosión que iniciará todo la intriga y la llegada del fascinante Hank Quinlan.
La película es un ejercicio alucinógeno, con una atmósfera pesada, genialmente fotografiada por Russell Mety, que nos transportará a un universo bizarro y putrefacto, con encuadres que subrayan desde la trama a las características de los principales personajes. Esta puesta en escena, llena de encuadres asombrosos y movimientos de cámara para nada gratuitos y de una modernidad asombrosa, destilan la savia que sólo un genio como Welles poseía. Muestra de esto, sería la última secuencia, un ejercicio visual y sonoro que resume el tono alucinante que preside esta película de cine negro, negrísimo.
La actuación de Welles es estremecedora, llena de una hondura psicológica que logra acercarte a ese ser monstruoso que es Quinlan. También encontramos a una Janet Leigh, “prespiscosis”, como esposa del comisario Vargas y también acosada en un motel; y a un Akim Tamiroff como el mafioso mejicano, Tío Joe Grandi. Cuenta también con una serie de cameos: Mercedes McCambridge, Cotten, Zsa Zsa Gabor y una misteriosa Marlene Dietrich, como la gitana Tanya, que dará muestras de su valía en un pequeño papel que llena toda la pantalla y cierra esta historia con una frase que resume toda la película: “un buen hombre, un mal policía”.
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170 de 207 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Más allá del bien y del mal.
Hay muy pocos directores de la época clásica del cine que cuenten con fans en la actualidad. Cuando hablo de fans, lo digo literalmente, me refiero a esa gente que son incondicionales y que resulta en vano dialogar críticamente sobre el personaje en cuestión. Uno de ellos es Alfred Hitchcock y otro desde luego es Orson Welles, uno de los que más seguidores acérrimos tiene.

Los que no somos antiWelles, pero sí creemos que se trata de un director que cuando menos merece una revisitación a la baja, se nos intenta desterrar. De su filmografía uno de los casos más paradigmáticos es sin duda “Sed de mal”, un trabajo bastante desafortunado, donde hay un caos que por mucho que se empeñen los diferentes montajes que se han hecho en la historia, la cosa no funciona.

El reparto es genial, pero desaprovechado, es una mera colección de cromos de Welles donde deambulan algunas de las más grandes estrellas del cine de forma desafortunada – en este capítulo se lleva la palma las escenas de Janet Leigh-. Sigue Welles con su autocomplacencia y su egolatría, que tiende a estar siempre por encima de la historia. Ese afán por gustarse es cansino, momentos interminables donde la luz de la habitación se enciende y se apaga, demuestra que no confia en lo que cuenta y tiene que recurrir siempre a una puesta en escena muy personal para llamar la atención.

Y luego directamente la película es bastante aburrida, su intento de mezclar delitos y comportamientos más modernos, con un aire de cine negro clásico no cuaja en absoluto.

Cuando en los años noventa a “Sed de mal” la empezaron a dar cien mil premios, de esos que valoran un siglo de cine, y que premian a películas “injustamente olvidadas”, se terminó por consagrarla leyenda. Todo es un mero complejo de culpabilidad, como Welles pasó de ser el niño mimado al proscrito de turno, parece que sus películas son valoradas a posteriori con ojos de verdugo arrepentido. Puede que Welles perdiera en su momento el respaldo de la industria, pero ganó algo más importante con los años: El Mito.

Nota: 5,8.
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197 de 283 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Plan 9 from the touch of evil space
De acuerdo, según los más entendidos en cine, el mejor plano secuencia de la historia lo podemos ver al inicio de “Sed de mal”, la fotografía rezuma el expresionismo alemán que refleja a la perfección la opresión del ambiente en que se desarrolla la película. Se dice de ella que es barroca, asfixiante y se justifica su caótico guión diciendo que es una parodia del cine negro.

Documentándome un poco antes de escribir la crítica me gustó una opinión de "Cahiers du cinéma" que en el momento de su estreno la definió como “la mejor película de serie B que jamás se haya hecho”. Y es que si por un momento nos abstraemos de que se trata de una película de Orson Welles, y del famoso plano secuencia inicial, ¿qué nos queda?. Mi impresión personal (y reitero lo de personal porque no pretendo ofender a nadie), una película con una trama caótica, que en ningún momento me enganchó y que roza lo ridículo. Diálogos infantiles; memorable la frase de Susie Vargas a su marido: “me gustaría ser estúpida si mi marido me lo ordena”; acciones no menos absurdas, y aburrimiento, mucho aburrimiento (de hecho, la tuve que ver en diferentes días, retomándola porque se me hacía soporífera).

Charlton Heston haciendo de policía mexicano, Marlene Dietricht haciendo de gitana dueña de un tugurio, personajes secundarios en las escenas iniciales pululando alrededor del gran Orson Welles añadiendo “tensión” a la historia con sus exageradas gesticulaciones... por momentos me pareció estar viendo una peli del mejor Ed Wood.

Si me quedo con algo de “Sed de mal” es con la polémica que la ha envuelto desde que fue rodada, la lucha del director por defender la obra tal y como él la concibió, y sus diferentes lecturas, tal y como podéis comprobar en las críticas de Filmaffinity, o simplemente leyendo a los especialistas en el tema.

Dicen que “Sed de mal” es una de las pelis que hay que ver antes de morir, pues bien, yo ya lo hice y casi muero de aburrimiento mientras la veo.
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158 de 223 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
SINFONÍA DE LA FRONTERA
Diez años después de Macbeth, Orson Welles volvió a Hollywood y convirtió un proyecto de serie B en una colosal sinfonía barroca.
En el preludio exhibe su poderío escenificador: tres minutos largos de plano secuencia; culmina en la explosión de una bomba, colocada en un coche en los primeros segundos.

El eterno mosqueo de OW con los directores de los estudios convirtió el rodaje en un pulso constante.
Heston había intercedido por él y le contrataron para hacer un papel, escribir el guión y dirigir, cobrando por todo un sueldo de actor. OW aceptó sin haber leído la novela de Masterson, una historia ramplona de la que, rompiendo su estructura lineal, en dos semanas sacó un primer guión.
Los productores colocaron espías durante el rodaje en California, y prohibieron a OW filmar en el lado mexicano. Rodaba de noche, reescribía de día y dejaba improvisar a los actores. Marlene Dietrich grabó todo su papel en una sesión; los productores conocieron su participación al ver proyecciones.
Un genio escaldado luchaba por el control.

El agente Vargas (Heston), que llega a la frontera, es un héroe positivo, y se enfrenta a mafias de narcos y oficiales corruptos. Pero el protagonista absoluto es Quinlan (OW), un polizonte sucio, grasiento, podrido.
Me alegrará conocer a Quinlan, dice Vargas.
Eso es lo que usted cree, replica el sargento.
Desde la explosión del coche, los recién casados Vargas no tendrán un segundo de luna de miel, zarandeados en ese mundo limítrofe, repleto de ‘mordidas’, confesiones arrancadas, pruebas amañadas e inculpaciones ficticias.
Un motel con encargado anómalo prefigura “Psicosis” (mismo director artístico en ambos films).
Melodías de una pianola de otro tiempo salen de un solitario cabaret, regido por la gitana Tanya (Marlene Dietrich), de mirada lánguida, echadora de cartas: dice el porvenir, a quien aún lo tiene.

En la fatídica hora del montaje aparecieron los problemas. Hoy existen tres versiones diferentes de “Sed de mal”. La de 1998 tiene la secuencia inicial limpia de rótulos.
El montaje planeado por el cineasta es fragmentador, sincopado.
OW satura el relato con su estilo exuberante: cámara móvil, incansable; angular, picados, grúas, contrapicados, cielos negros, sombras humanas por las paredes, focos de luz en el suelo, lámparas oscilantes, neones intermitentes… Continuas sacudidas para crear una atmósfera desazonante, sin respiro.
La fotografía de R. Metty recorre entero el repertorio expresionista.

Con el avance de la película, la idea de frontera se va cargando de una oscura palpitación metafísica: es la zona donde bien y mal se entrelazan. En esa penumbra moral, un tipo socialmente deleznable puede ser visto como “un hombre extraordinario, ¡qué importa lo que digan los demás!“, frase que OW pone en boca de Tanya y parece resonar para consumo interno.

Tras desbordar el género negro partiendo de presupuestos de capítulo televisivo, Welles abandonó Hollywood de nuevo, con la taquilla de espaldas.
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68 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Cumbre del cine negro...by Orson Welles
En 1958 Orson Welles retornaba a Hollywood, tras un exilio de 10 años, para certificar el principio del fin del sistema de estudios y rodar el testamento fílmico de un genero emblemático como el cine negro que moría en la cumbre con esta joya absoluta e intemporal del cine que es “Sed de mal”.
Contratado como actor, la insistencia de Heston, que solo acepto protagonizar el film si lo dirigía Welles, le permitió transformar lo que probablemente hubiera sido un mediocre thriller en uno de los films más fascinantes, contundentes y poderosos de la historia del cine. Un Welles deslumbrante y omnipresente en su papel del corrupto policía Hank Quinlan, un hombre marcado por el pasado, domina el film desde las paginas del portentoso guión -del mismo Welles- tanto delante como detrás de la cámara. Desde la magistral grúa que abre el film con ese maravilloso plano-secuencia de casi cuatro minutos de duración -de obligado estudio en las escuelas de cine- hasta el violento, estremecedor y trágico final, de una fuerza visual y un lirismo anonadantes, asistimos a una profunda reflexión sobre la ambigüedad de la conducta del ser humano, la honradez y la corrupción y el dilema moral entre respetar la ley o hacer justicia a cualquier precio.
Film perverso y trasgresor, de una puesta en escena y un barroquismo visual subyugantes "Sed de mal" es un arriesgado ejercicio de estilo sustentado en planos-secuencia con angulaciónes y travellings imposibles, con picados y contrapicados de una eficacia aplastante en su función narrativa, potenciados por las luces y las sombras de la fotografía en blanco y negro de Russell Metty y el desasosegante score de Henry Mancini. La sobrecogedora y escalofriante interpretación de Welles encuentra en la de Heston, en un atípico rol de policía mejicano, el adecuado contrapunto. A destacar la corta, pero estelar, intervención de una fascinante y bellísima Marlene Dietrich como la gitana Tanya, la voz de la consciencia de Quinlan, con algunas de las frases más memorables del film. Una de las mejores películas de todos los tiempos, “Sed de mal” es el brillante de la corona de la filmografía de un genio, que fue siempre un rebelde con causa y a quien los mezquinos y mediocres capitostes de Hollywood jamás perdonaron su osadía y su talento.
Obra maestra absoluta del cine para ver una y mil veces, en obligada VOS.


Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 27 de abril de 2006
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76 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Tranquilos, mi sed ha sido apagada de sobras.
Tenía muchas ganas de ver esta película y el principio pareció muy prometedor (estoy de acuerdo en que la primera escena es magnífica) pero el interés se diluyó rapidamente. Las siguientes escenas me parecieron absurdas y el comportamiento de la señora Vargas, incomprensible y pueril. Las escenas en el motel son aburridísimas y se las podrían haber ahorrado. Suprimiéndolas no nos habríamos perdido nada de la historia. Sí, Quinlan es un personaje interesante, pero en mi opinión no está bien implementado: Quinlan es el personaje que más aparece, pero realmente el no es tan importante en la historia. Welles quiere que lo que más nos interese de la película sea la campaña de Vargas contra Quinlan, a mí esto no me importaba lo más mínimo, lo que quería era saber quien es el asesino y es este caso el que pasa a un segundo plano (muy secundario). Así, la película se convierte en un caos soporífero, llena de escenas que hacen que a veces pienses que estás viendo una mala comedia.
El argumento está muy rebuscado y los personajes tienen un comportamiento poco creíble.
Tostón, no estoy seguro de que mereciera mi aprobado, pero como es una "obra maestra"... bueno, pues se lo perdono.
Así que mi sed de ver esta película ha sido apagada, y de sobras (108 minutos que se hacen eternos) y estoy seguro de que lo ha sido de por vida.
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60 de 83 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El porqué de un 7.
Si la notación en Filmaffinity fuera solo el número, le pondría 7 y listo, esta película a mi entender, tiene un par de cosas que la alejan de ser excelente pero tiene otras que la alejan de ser mala.
Pero al 7 le corresponde la palabra "Buena", y la verdad no diría que la película en sí es buena, si no que contiene varios elementos buenos que le suman hasta el 7 pero no lo es como producto en si misma.

LOS ELEMENTOS BUENOS:
- Una actuación impecable de Orson Welles. IMPECABLE. Realmente es de esas actuaciones en las que uno se olvida de que es un actor actuando, incluso que es el mismísimo Welles, simplemente absorbe el personaje a la perfección.

- Una dirección de muy buen gusto. Muchos cinéfilos le critican, como con Kane, el "abuso" de algunos recursos, o incluso que intenta impresionar. Para mí teniendo las ideas y el buen gusto de usarlas en el momento adecuado, hay que hacerlo, y Welles lo hace. *1
- La música. Una vez mas Henry Mancini se luce con una banda sonora muy acertada y muy interesante también como pieza musical fuera de la película.

LOS ELEMENTOS MALOS:
- La trama en sí no despierta ningún interés ni misterio. Todo gira en torno a las acusaciones y el deseo de hundir al otro de cada uno pero toda la historia de lo que se está investigando, jamás hace pié.
- Los personajes. Sacando a Welles, los demás son terriblemente incompletos. Incluso tienen diálogos o toman decisiones de lo más estúpidas. *2

Antes del spoiler, pienso que tal vez debería averiguar más acerca de como se hizo esta pelicula, me refiero a en que condiciones. Porque me parece muy raro que un tipo como Orson Welles pueda oscilar tan rápido en la misma película entre la brillantez y la estupidez. Me paso con "El extranjero" que me pareció bastante mala y después leí que la hizo por trabajo nomás y que no tuvo relevancia en el producto final, me cerró un poco mas así. De esta no encontré mucha información.
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39 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La huella del diablo
Gran film de cine negro, una de las realizaciones más acreditadas de Orson Welles. Éste interviene como director, guionista y actor. El guión se basa en la novela "Badge of Devil" (1956), de Whit Masterson. Se rueda en exteriores de Venice (LA) y en los platós de Universal Studios (Universal City, CA), con un presupuesto de serie B. Producido por Albert Zugsmith para Universal, se estrena el 23-IV-1958 (LA).

La acción dramática tiene lugar en Los Robles, pequeña localidad fronteriza situada a caballo entre Méjico y EEUU, en 1957, a lo largo de un par de días. El inspector de la policía mejicana Ramón Miguel Vargas (Heston) llega al lugar con su mujer Susan (Leigh) en viaje de luna de miel. Poco después se produce en la zona estadounidense una explosión de un automóvil, que cuesta la vida a dos personas. Se hace cargo de la investigación el inspector americano Hank Quinlan (Welles), asistido de su ayudante Pete Menzies (Calleia). Vargas, mejicano, es joven, honesto, riguroso y respetuoso con la ley. Quinlan, de unos 55 años, es obeso, amargado, vanidoso, despótico y carece de escrúpulos. Basa su trabajo en el olfato de sabueso que le asiste, sin reparar en artimañas. Susan, americana, es coqueta, ingenua, inexperta y frágil.

El film es una obra clásica de cine negro. Supone el retorno de Welles a Hollywood, a instancias de Charlton Heston, tras algo más de 8 años de ausencia del país. Ésta fue la última realización del autor en EEUU. La Universal modificó su trabajo introduciendo algunas grabaciones nuevas, cortes y cambios de montaje, que provocaron el rechazo del autor, razonado y fundamentado en un detallado informe escrito. Con motivo de la restauración del film en 1998 y gracias a los archivos de la productora, se pudieron introducir casi todas las modificaciones sugeridas por Welles en su informe (15 en total).

El relato presenta un mundo inquietante y tenebroso, poblado de personajes siniestros, malvados y crueles, movidos por la vanidad, la ambición y la crueldad. La atmósfera que se crea es densa, angustiosa y perversa. Los Robles deviene símbolo de un mundo dominado por el caos, la corrupción y el desgobierno, en el que se confunden el bien y el mal, porque se han perdido las referencias. La venganza, el odio, el chantaje, el secuestro de personas, la violación y el asesinato se han adueñado de la ciudad. En este escenario se entabla entre Quinlan y Vargas una lucha feroz y sin cuartel, que ejemplifica el enfrentamiento entre el bien y el mal. Welles encarna la figura de un servidor público deshonesto, brutal y diabólico. A través de él y de sus colaboradores palpita en el ambiente la presencia del mal y de su poder destructivo. De su mano la verdad se transforma en una ficción, la justicia en un capricho, el orden en el imperio del más fuerte, la honestidad en la aspiración de los proscritos.
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39 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La impunidad del poderoso
Tras haber visto la que considero obra maestra de Welles, "Ciudadano Kane"... El canto de cisne, la fórmula de la máxima exquisitez, no parece repetirse. He contemplado este largometraje de cine negro que contiene esos brillantes efectos y movimientos de cámara y los peculiares planos inconfundibles en la filmografía de Welles, así como el buen hacer del director en su faceta de actor. Me he hallado ante una ambientación tenebrosa y un marco de corrupciones, enfrentamientos, resentimientos personales y desprecios raciales en la conflictiva frontera entre México y Estados Unidos. La podredumbre que nace del odio, de la amargura y del deseo de vengarse de esos fantasmas del pasado que tienen el rostro de cualquiera que se tache como malhechor. Y, cómo no, los que tienen la piel de algún color determinado, a ser posible que no hayan nacido en Estados Unidos y cuya lengua materna no sea el inglés, son automáticamente metidos en el saco de los malhechores.
El capitán Quinlan ha perdido ya la noción de cuándo fue el momento en el que traspasó la línea y se aprovechó de su prestigioso y autoritario puesto en la jerarquía social para convertirse en un criminal encubierto bajo la autoimpuesta premisa de la impunidad. Su olfato detectivesco es muy fino... Pero no le importa realmente si sus cabezas de turco son culpables o no. Y tampoco le preocupa demasiado extralimitarse en su jurisdicción.
Lo que no acabo de encajar muy bien en la trama es el flojo papel del colega de profesión en el lado mexicano, Vargas, un honrado representante de la ley, a diferencia del policía estadounidense. Charlton Heston no ejerce uno de sus mejores roles, junto a Janet Leigh, a todas luces poco sustancial en la historia. Muy llamativa como bonito florero de lengua larga y como reclamo para que los malos fastidien al bueno. Ah, e imagino que fue aquí donde comenzó la idea de hacer que la actriz acabara de una forma o de otra metida en un motel de carretera perdido, con un chiflado recepcionista (que resulta bastante penoso) y con algún que otro peligro encima. Hitchcock tal vez se fijó en ella en esas escenas del motel cuando tenía en mente "Psicosis". La asociación es inevitable.
Y para terminar con el cupo de personajes claramente sobrantes, Marlene Dietrich es la principal candidata. Aparte de que no creo que ganara el Premio al Papel más Expresivo de su carrera.
Un film noir algo rocambolesco que no me ha despertado ningún entusiasmo.
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31 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Sed de cine
Jamás de los jamases se me ocurriría renegar de mi cercanísima vinculación con el proletariado cinéfilo ni de mi insobornable predilección por ese cine de género tan convencional y eficiente que tantas y tantas horas me ha mantenido absorto delante de una pequeña o gran pantalla. Pero, de vez en cuando, también me apetece ver CINE. Cine de verdad. En mayúsculas. Y ello implica que, esporádicamente, esa denodada apuesta por el cine de entretenimiento pierda fuelle en pos de, digámosle, cierta avidez. Una avidez estética, reflexiva, sinergética... Artística, vamos. A mi me gusta llamarla sed. Sed de cine.

Así pues, cada vez que me noto sediento de cine suelo hacer dos cosas. O bien opto por echar mano de alguna de esas “1001 películas que hay que ver antes de morir” (*) o bien voy a tiro hecho y reviso alguno de esos peliculones que vi hace tropecientos mil años y cuyo nostálgico y brumoso recuerdo exige de inmediato una nueva oportunidad. Ese fue el caso de “Sed de mal”. Una peli que no había vuelto a ver desde mediados de los ochenta y que me apetecía mogollón revisar de nuevo.

Como podréis deducir, mi elección no pudo ser más acertada. Y no sólo porque me gustó más que la vez anterior sino porque, sencillamente, aluciné. Aluciné con ese arranque estelar. Con ese pletórico y portentoso despliegue de talento narrativo y visual. Picados, contrapicados, travellings, planos-secuencia, primeros planos, luces, sombras, humo, papeles revoloteando… Dios bendito… ¡Ni un puto mal plano! Aluciné y comprendí que el argumento para Welles -como también para Hitchcock, Kubrick o Leone- no dejaba de ser un mero pretexto para plasmar en el celuloide sus más íntimas y profundas obsesiones. En el caso de “Touch of evil”, la siniestra y ambigua frontera entre el bien y el mal. Un contexto físico y abstracto a la vez que Welles nos describe a través de una atmósfera lúgubre, destartalada y putrefacta. Pero también a través de un memorable ‘face to face’ entre Vargas (Heston) y Quinlan (Welles). Sin lugar a dudas, el detective más grotesco y abyecto del cine clásico americano.

(*) Steven Jay Schneider. Ed. Grijalbo. 10ª Edición, actualizada. Enero de 2010.
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33 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Mucha sed
Notable film del genio llamado Orson Welles. Buen comienzo con el espectacular plano secuencia que nos brinda. El aspecto técnico es una constante en Sed de mal; contrapicados, travellings y mucho movimiento para un film rodado en interiores durante su mayor parte.

Quinlan es, posiblemente, uno de los polis más desagradables que haya protagonizado nunca una película. Independientemente del aspecto técnico antes mencionado, para mí el mayor logro del film es la interpretación de Orson Welles. Un policía tan obeso, desagradable, prepotente y malvado no se ha visto jamás de esta manera en una pantalla de cine. Es la virtud principal de Sed de mal.

Charlton Heston aunque no sea mejicano convence en su papel y Marlene Dietrich aunque breve en sus apariciones sigue siendo una de las actrices más bellas que han existido jamás. Recomendable.
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46 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Contrapicada Pretensión
La película arranca de una manera espectacular, inigualable. Un amigo me enseñó solamente el plano secuencia del principio y me impresionó mucho, tanto que decidí apartar a un lado mis prejuicios sobre el pretencioso y presuntuoso Orson Welles. Hasta que hoy, tres meses después la he puesto desde el principio repitiendo la mejor parte: esos primeros minutos-secuencia.
La historia en sí es normal, no tiene nada de especial. El tema es ya un "cliché" demasiado "tópico", poli malo malísimo corrupto que no soporta que nadie se crea mejor o más listo que él. El guión tiene algunos fallos(en el spoiler), ya que hay muchas situaciones totalmente incoherentes y de hecho éstas son las que dan cabida a la trama principal.
La música es normal, quzá pueda crear algo de tensión, pero como cualquier otra.
Las actuaciones no son nada del otro mundo, para mí están muy forzadas y todos ellos, menos la Sñra. Vargas sobreactúan demasiado.
Todo el mundo alaba la técnica de la película. Puede ser buena para unos y mala para otros. En lo que todos coincidimos (en parte al menos) es en que las distintas posiciones que adopta la cámara son geniales, en que la iluminación y el uso de sombras y nubes están muy conseguidos, con lo que logra una buena atmósfera (envolvente y opresiva); pero el uso y consiguiente abuso del contrapicado le restan muchos puntos a esta película, puesto se termina haciendo consino.
En fin, para mí una película que ha envejecido bastante mal y que lo único bueno son los 4 primeros minutos. Enhorabuena Orson, le acabo de volver a poner las etiquetas que te tenía puestas hace dos horas.
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29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un toque de genialidad con pianola de fondo
"Touch of evil" no es una película redonda, pero demonios tal vez sea la más genial de Orson Welles. Vale que la historia no es nada del otro mundo, pero deja poso, vaya que si deja.

Desde luego, cuando Welles logra volcar su genio egotista en la obra se sale. Parece que aquí quiere rizar el rizo de su Harry Lime, de la película "The third man" de Carol Reed, del aprendió algo, porque aunque la mitología cuenta que fue Welles el secreto director, no es cierto, Reed también tenía talento. Esta película es prima hermana, y deudora, de aquella. Si Harry Lime era un ser despreciable por el que sentíamos simpatía, este Hank Quinlan es asqueroso, racista, tramposo y da mucho repelús. Y aún así logra Welles su propósito. Sin duda ayuda reconvertir la cítara en una pianola, y un par de deslumbrantes apariciones de Marlene Dietrich en estado de gracia.

Es curioso y paradójico como Orson Welles con su gran ego ha compuesto alguno de los mejores personajes secundarios del cine. Tal vez porque es el mejor actor entre los directores que dieron el salto al primer plano.
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29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
"El más valiente suicidio del cine estadounidense".
Los años no pasan por esta brillante película que resulta mucho más moderna y transgresora que la mitad de películas que desfilan por nuestras pantallas en la actualidad. Ya desde un comienzo, con ese conocido y deslumbrante plano secuencia que abre la película nos damos cuenta de que estamos ante un verdadero ejercicio de estilo por parte de uno de los directores tecnicamente más dotados de la historia. Welles deleita al espectador con milimétricos, planos imposibles, contrapicados y más contrapicados, travelings interminables y así un continuo derroche de genialidad. Pero no solo se conforma con dar una clase magistral en la realización si no que se reserva para sí el mejor papel de la película, el del policía corrupto Hank Quinlan, un personaje tremendamente despreciable como repugnantemente entrañable. A todo esto añadir la soberbia ambientación que envuelve todo el film y con la que nos mete desde el primer minuto en esa oscura y peligrosa ciudad fronteriza. La cinta tiene una sublime puesta en escena y la excelente composición de un Henry Mancini en estado de gracia. Sed de Mal es una de las grandes obras de la filmografía de un genio tan peculiar como Orson Welles, una razón más para amar el cine y una de las películas que más lo dignifican como arte.
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29 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
¿Excelente clásico?
Dirán lo que quieran, pero Orson Welles no me convence ni como director ni actor. Gustará a los estudiantes de cine y similares por manejar bien la cámara y su manera de contar historias. Pero, tras ver antes "La dama de Shanghai", "El tercer hombre" y "El extraño", prometo que "Sed de mal" será la última de él que visione. No comprendo su manera de hacer cine. Igual soy yo, pero en mi casa todos coincidimos a la media hora en que esta película está sobrevaloradísima.
No niego que la escena inicial sea magnífica. De hecho, creo que intenté darle una oportunidad precisamente porque me encantó cómo está rodada. También por la banda sonora de Mancini y porque aparece Charlton Heston, junto a un reparto que parecía bueno (Orson Welles está orondo, pero orondo, orondo, a diferencia de su juventud).
El problema de "Sed de mal" es que enmaraña demasiado el guión, con una escena tan forzada como la de los Grandy acechando a Janet Leigh (vamos, que la han seguido porque sabían cuándo iba a cruzar la frontera) y aburre soberanamente. Ni siquiera lo de la bomba ameniza con intriga la cosa. Además, ver a Marlene Dietrich de mexicana es ya directamente risible.
¡Y pensar que este hombre fascinaba a Rita Hayworth! ¡Pues "Ciudadano Kane", que espere!
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33 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La frontera más larga del mundo.
Para comenzar, un arriesgado travelling (el más famoso, seguramente, junto al de las trincheras de Kubrick), a ritmo de jazz y con su propia "presentación, nudo y desenlace" (primer plano de la bomba, grúa, beso y explosión).

Por medio, un poquito de todo: drogas, puñetazos, caracterizaciones legendarias, tecnología, corrupción, secuestro, secundarios de lujo... y el ojo de Welles mirando con libertad, algo no habitual, y desde luego, sí de agradecer, porque tenía la mirada retorcida, y eso nunca agradó a los magnates de la industria.
Y Charlton Heston, el motivo de colgar esta opinión hoy, un actor que me fue gustando más conforme más películas vi de él; al principio no era santo de mi devoción, es verdad, por su continuo gesto de trascendencia, pero que tras verle interpretar a personajes precisamente trascendentes (El Cid, Ben-Hur, George Taylor...) terminé aceptando con agrado.

Y para concluir, pues esa famosísima frase lapidaria.
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30 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Bajémosle un poco los humos a Mr. Welles
Prometo que no hablaré de la genial y mítica escena inicial de 3 minutos, ni de picados y contrapicados. Sólo hablaré del chasco que me he pegado con esta película, que es menos chasco teniendo en cuenta que para mí ya es un clásico, y nunca mejor dicho, pegarme planchazos con los clásicos.

Me centraré en dos aspectos básicos de cualquier película:

1. Guión: absurdo de principio a fin. Diálogos de pura pena y escenas de verosimilitud más que dudosa. Por poner un sólo ejemplo que no desvela nada porque ocurre al principio de la peli: un chorizaco con unas pintas de matón que te mueres intercepta en medio de la calle a la esposa del policía Vargas y la insta a que le siga, que tiene un recado para su marido. Y ella por supuesto, como haría cualquier señora normal de policía, le sigue sin dudarlo y naturalmente se mete en una encerrona. Y esto es nada más empezar, pero podría contar hasta 1500 por el estilo.

2. Caracterizaciones: chuscas como he visto pocas. Charlton Heston es un poli mexicano. Cómorrr? Dirá más de uno. Pues sí, se le pone un fino bigotillo postizo y ya está caracterizado como mexicano. Y la estatura? Dirá algún otro. Qué pasa? Es que nunca has visto a un mexicano de dos metros? Pos no. Y además, para más delito, el resto de mexicanos de la película sí que tienen cara de mexicanos y unos 40 centímetros menos que Heston. Pero qué me decís de Marlene Dietrich haciendo de pitonisa gitana? Cómorrrrrrrrrrrrrr????? Pues también; a ésta se le pone una peluca morena, un montón de colgantes y una baraja de cartas en la mano y ya está caracterizada. Y luego hay un actor que hace de recepcionista de motel totalmente tarado que le hace pensar a una si todos los recepcionistas de motel americanos no serán un colectivo laboral muy perjudicado. A ello contribuye también que la esposa de Vargas-Heston no es otra que Janet Leigh. Sí, señoras y señores, la que también se las tuvo que ver en cierta ocasión con otro recepcionista tarado en un motel de carretera. Supongo que se acordarán.

En fin, un despropósito de principio a fin. Para colmo, aburrida hasta la muerte; la acción, rocambolesca y arrítmica. Lo mismo se para media hora en una memez que no lleva a ninguna parte, que despacha en dos minutos algo que sí tiene un significado importante en la resolución final.

Lo mejor que tiene es que es cortita. Y que, como la vi en casa, pues no pasé sed ni de mal ni de nada.
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28 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Maldita frontera
El cine suele ser agua, aire y algunas veces también es tierra, pero rara vez es fuego y cuando lo es, viene de la mano de unos pocos grandes. Que Welles tiene algo especial que le diferencia de todos los otros, un sello inconfundible, no puede negarse gusten más o menos sus películas. Con ésta en concreto, nos podemos poner en plan frío y sacarle mil defectos en la parte narrativa, pero quien afirme que se trata de un cine vulgar, cine sin alma, está mintiendo.

Oscuridad y grandeza, esos son los rasgos que definen a "Sed de mal" y la grandeza no está en sus personajes o en su fresco de novela pulp a lo James Elroy, sino en la ambientación, el empleo del sonido y la música y la manera en que se está manejando la cámara, la pasión y la concentración monstruosa que destila. La maniobra de Orson Welles es envolvente, no ataca en directo sino que se va acercando por los flancos hasta atrapar en una perfecta concatenación final y aun cuando te chirrían cosas -una cadavérica y horriblemente pintarrajeada Dietrich, con su perfecto acento alemán, encarnando a una adivina ¡mexicana!- escena por escena dinamita cánones, inventa planos, se convierte en cine del futuro pasado. No me encanta, la veo sumamente imperfecta, pero no hay ni un solo segundo en esta película que no esté cargado de una fuerza, de una intensidad acojonantes.

Latigazo negro, thriller cínico, teatral espejismo o las tres cosas más el genio de Welles y el resplandor que aún arrojan los rostros de las estrellas que intuimos largamente muertas: ah, y pasados por fuego, claro, por el fuego. Mucho menos precisa que "Ciudadano Kane" y por eso, será preferida por muchos (pero yo me quedo con ese Kane agonizante en la torre de la madrastra de Blancanieves).

Si es verdad que el cine ha muerto, "Sed de mal" bien podría haber sido un R.I.P. estentóreo, grabado en piedra, frontera y celuloide.
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20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Aquí se pilla al cojo por cojo y por mentiroso
La entrada de la película es brutal.

El efecto de cámara alejándose de algo raro y el mambo que revitaliza la calle por la que se pasea la pareja protagonista es! es! … Inenarrable. Vedlo.
No se puede empezar con más fuerza.

- En seguida hace acto de presencia un Orson zampabollos, apestoso y xenófobo, con pinta de crápula.

- Luego un Heston disfrazado de mexicano porque le pegan un bigote que le hace todavía pronunciar peor el español con el que se prodiga en cortas frases. Pero lo habla.

- Janet Leigh: asombrosa su manía con entrar en moteles de carretera…

- Entretanto Welles se ceba como un puerco para el San Martín, a Marlene Dietrich (grande) se la resbala y casi mastica un cigarro de su boca despectiva mirándolo con infinito hastío, como a lo que es, un cerdo apestoso.

Todos están en su papel.

Historia policíaca en la que el propio Welles reconoce que se ha hecho viejo de una forma patéticamente prematura.

Con este hombre, cañí donde los haya, tenemos servida otra adoración del cine americano a la flaqueza del hombre ante la botella. Y la historia se sucede mientras el malnacido capitán, en otros tiempos, el magnate Kane, se ahoga en brandy. Amén de la demostración fehaciente de lo que él mismo comenta sobre las fronteras: "las peores historias ocurren al borde de la frontera"... Wellcome a todos to Tijuana.

Insólito el planteamiento por denunciar la corrupción inherente a las fronteras echándose una historia de ida y vuelta y no siempre en única dirección hacia el patio trasero, como ocurre a día de hoy, 50 años después del rodaje de esta cinta, en “Traffic” o en “Babel” (donde los malotes son eternamente los mexicanos y además se colorean en tonos sepia las imágenes… ¿en México? ¡Já!). No. Aquí no. Aquí dan todos asco.

Previsible guión final en algunos momentos, pero tan retorcido que es imposible no caer en la duda sembrada por un cártel de corruptos y un plantel de planos imposibles, profundamente estéticos y tan arriesgados que hasta marean en las escenas de mayor acción e intensidad (Vargas caneando a los mexicanos en el tugurio, tela…). Y al final... el eco... (no siempre la ibas a colar viejo crápula)*.

Massiv attack orgiástico incluido que, vaya,… para el año 58, resulta todo un acontecimiento. Lástima que el imbécil del bigote, Heston, permita que se perpetre la infamia sobre la única víctima inocente de esta historia de ambición y cine tan negro como redondo está Welles.

Absolutamente imprescindible.
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Caos intrincado
Orson Welles es aquí un policía corrupto y casi irreconocible, en blanco y negro. Para empezar hay que decir que era imposible que Charlton Heston representara al mejicano Vargas, o Marlene Dietrich, por más pintarrajeada que estuviera, a una mejicana del bajo fondo. Luego podemos agregar que el guión es un caos intrincado que el espectador se tiene que inventar para dar sentido a la historia. Una cierta dosis de infantilismo es necesaria, por otra parte, para aceptar que la flamante esposa americana de Vargas (Janet Leigh) sea dejada por él sola en el medio de la nada en un motel deshabitado y a merced de la mafia de la cual se la quiere preservar y ante la cual, por supuesto, de este modo se la expone. Y no es la primera ni la única vez que se la abandona sola en una ciudad fronteriza entre México y EE.UU. y en un policial negro que aprovecha esta circunstancia (de noche y con luces y sombras horizontales, por supuesto).
No es extraño que la producción le quitara a Orson Welles la película de sus manos.
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22 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
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