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Esmeralda, la zíngara (1939)

Esmeralda, la zíngara
Trailer
7,4
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Sinopsis
A finales del siglo XV, en París conviven un pueblo ignorante, un rey comprensivo, un malvado juez y una organización de mendigos que servirán de comparsas a dos personajes marginados: la gitana Esmeralda y Quasimodo, el jorobado campanero de Notre Dame. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Hunchback of Notre Dame
Duración
116 min.
Guion
Sonya Levien (Novela: Victor Hugo)
Música
Alfred Newman
Fotografía
Joseph August (B&W)
Productora
RKO Radio Pictures
Género
Drama Edad Media Siglo XV
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Victor Hugo El jorobado de Notre Dame
8
La mejor adaptación de Hugo en cine.
Leer a Victor Hugo, sobre todo leerlo a temprana edad es como el equivalente literario a encontrar el primer amor: su profundo idealismo, su fe en el ser humano, la diafanidad de sus principios, su capacidad descriptiva, su talento para evocar las emociones más acendradas del espectro humano, son tan seductores a nivel novelesco que otras lecturas inmediatamente posteriores se antojan pálidas y carentes de ímpetu o interés. El escritor y poeta francés fue exponente único y maravilloso de una prosa que mezclaba sabiamente lo humano con lo etéreo, lo universal con lo místico, lo carnal con lo espiritual y lo decadente con lo exuberante y resulta tan potente el deslumbramiento que su brillantez provoca en una mente tan impresionable como la de un lector joven, que una no puede evitar, pasados los años, regresar la vista atrás para tratar de recuperar la esencia de esa emoción genuina que sintió entonces como el que busca el rastro de un amante perdido, pero nunca olvidado.

"Nuestra Señora de París" una de sus novelas más populares y conocidas, conserva su capacidad de fascinación intacta a través de los años. Es la historia de una desdichada criatura, Quasimodo, el campanero jorobado de Notre Dame, que se enamora de una zíngara que a su vez, es pretendida por el siniestro archidiácono de la catedral, dom Frollo. Los acontecimientos, cuya incansable sucesión delatan el origen folletinesco de la trama, se suceden en torno a la muda estampa de la catedral de Notre Dame, que es, alternativamente, tumba, cuna, amenaza, refugio: su eternidad confluye con la temporalidad de las existencias de aquellos que la rodean y moran en ella y reduce a lo anecdótico el intenso dramatismo de sus desventuras.

La versión de Dieterle, es quizás la única traslación cinematográfica que de verdad merece la pena ver. Es una hermosa película por sí misma, sin necesidad de acudir a la fuente y abunda en momentos memorables (la aparición heroica de Quasimodo al grito de "¡Santuario!" sigue poniendo los pelos de punta). Pero por otro lado, hay muchos factores que convergen para convertir esta película en la adaptación casi perfecta: Maureen O'Hara, la sublime ambientación gótica, la mirada de Frollo desde lo alto de la catedral, la perfecta plasmación del obscurantismo medieval, lo grotesco de la Corte de los Milagros, etc...

Y por encima de todo ello planea el monstruoso talento de un hombre llamado Charles Laughton, una criatura completamente excepcional ante cuya efigie deberían arrodillarse todo aquel que pretenda llamarse a sí mismo "actor".
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30 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
DIETERLE: UN DIRECTOR PARA REVISAR
Esmeralda, la zíngara (para los amigos, El Jorobado de Notre Dame) es una película francamente interesante por muchas razones.

Vayamos por orden, la primera razón es la fantástica actuación de un actor irrepetible como Charles Laughton. No puedo afirmar que su caracterización como Quasimodo sea su mas notoria interpretación, porque sus trabajos con Alexander Korda (Rembrandt y La vida privada de Enrique VIII) y sobre todo su Sir Wilfrid Roberts en Testigo de cargo de Billy Wilder son de tal calidad que cualquier comparación entre estas películas además de odiosa sería imposible.

¿Otras razones?: Muchísimas. El increíble trabajo de maquillaje. Por cierto, no me cabe duda que el jorobado de Disney se inspiró en este de Dieterle en lo que a sus facciones se refiere. Las actuaciones de Thomas Mitchell y Harry Davenport (Luis XI). Especialmente el primero, secundario de lujo, que hace muchísimo tiempo me ganó para su causa. La aparición estelar de Maureen O,hara, aunque no sea su mejor interpretación pero ya prometía buenos momentos cinematográficos. Y, muy en especial, el trabajo, las ideas y la forma de representarlas de un director con sangre alemana en sus venas y que la ha derramado en su propia obra, especialmente en ese submundo preñado de sombras y deformidades, en esa corte de los prodigios donde ven los ciegos y andan los tullidos.

Dieterle es un director para revisar. Indudablemente. Especialmente después de ver dos espléndidas obras del séptimo arte como son esta que acabo de comentar y La vida de Emile Zola. Apuntaré en la agenda otras obras suyas. Jennie ó Cartas a mi amada, por ejemplo.
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil