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Nos vemos allá arriba (2017)

Nos vemos allá arriba
Trailer
6,9
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Sinopsis
Noviembre de 1919. Dos supervivientes de las trincheras, uno un magnífico ilustrador y el otro, un modesto contable, montan una estafa sobre los monumentos a los muertos de la guerra. En la Francia de los años veinte, el proyecto se convierte en algo tan peligroso como espectacular. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Au revoir là-haut
Duración
114 min.
Estreno
29 de junio de 2018
Guion
Albert Dupontel, Pierre Lemaitre (Novela: Pierre Lemaitre )
Fotografía
Vincent Mathias
Productora
ADCB Films / Manchester Films
Género
Drama Años 1910-1919
7
Lo que deja tras de sí una guerra.
El, hasta ahora, el electrón libre del cine francés, Albert Dupontel, actor, guionista y director, sube de categoría con esta película, confirmando lo que su anterior obra, "9 mois ferme", ya anunciaba, un verdadero autor que sabe compaginar el gran espectáculo con la reflexión más lúcida.
La adaptación de la novela homónima, premiada con el Goncourt 2013, de Pierre Lemaitre le venía como anillo al dedo al cineasta francés. Dos universos muy próximos para una historia de dos soldados que, tras la gran guerra, regresan del frente y se tienen que buscar la vida, sin la ayuda de nadie, ni de la familia ni del Estado.
Con su sexta película el cineasta francés emociona, intriga, apasiona y deslumbra, manteniendo su marca de la casa, su afilada y visceral critica de la sociedad.

Adaptar un gran libro, como lo es este, nunca ha sido una tarea fácil. Llevar a la gran pantalla una historia que se desarrolla hace un siglo, en plena guerra, en las calles de París, representa en lo que a la producción respecta, un reto en toda regla si se quiere conservar el ambiente realista a la par que se le otorga la importancia que le corresponde a dicha obra.
Gracias a la singularidad de un cineasta, que desde siempre, se ha sentido muy cómodo dentro del registro del humor negro iconoclasta y desesperado, el resultado ha dado la talla; una película en la que la dureza del argumento se hace accesible al público general.

Reconstruyendo hábilmente la época gracias a los efectos especiales, "Nos vemos allá arriba" prefiere alejarse gradualmente del realismo para centrarse en las emociones de sus protagonistas; emociones marcadas a fuego por con una guerra que se extiende de otra manera cuando regresan a la vida civil. Vidas magulladas, especuladores del conflicto, el frenesí del comienzo de los locos años veinte. Una inmersión en la historia cuya ironía chirriante no enmascara la profunda tragedia humana a todos los niveles de la sociedad. La historia se desarrolla en un estilo narrativo a veces un poco acelerado, que no resta valor a la calidad general de una película popular que se ha adaptado de manera flexible a la vasta riqueza del material literario original.

Magnifica y original historia de post guerra francesa ,drama y con sus puntos de humor e ironia francés, .buenas actuaciones, atención a Nahuel Pérez Biscayart. Imposible no reconocer el talento de un actor cuando este tiene que interpretar, prácticamente todo la película, con máscaras que cubren su rostro (por cierto, las 20 máscaras de las 40 que creó Cécile Kretschmar son verdaderas joyas de imaginación). Otra proeza más para este actor argentino: perfecta expresión corporal, una mirada de múltiples significados y un cuerpo que parece expresarse por sí mismo. Unos esplendidos planos-secuencias y movimientos de cámara junto con una muy buena ambientación de los años veinte,las mascaras geniales y una preciosa música conjuntan a esta pélicula de producción francesa.

Una película que dió mucha guerra en la ceremonia de los César y que se encuentró, por alguna extraña y misteriosa razón, fuera de concurso en San Sebastián. Y cosa rara entre las adaptaciones literarias: me encantó y me fascina la película.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Papá... ¡mírame! Estoy aquí abajo
La I Guerra Mundial (1914-1918), tan cruel como innecesaria, tan salvaje como olvidada… Significó el fin rotundo del antiguo régimen clasista, elitista y predemocrático que hoy nos resulta tan lejano como incomprensible, que además señaló el entierro de la ensimismada, prepotente y opulenta Europa como dueña y señora en materia política, económica y cultural. Los millones de muertos y mutilados por aquella farsa promovida por unas aristocracias ajadas – que creían poder resolver los conflictos en meriendas versallescas ajenas a las necesidades de sus conciudadanos – aún no han sido ni sepultados ni sanados. Nadie como Kubrick en su magistral “Senderos de gloria” (1957) reflejó aquel aquelarre funesto y patético que trajo unos diluvios nacionalistas que aún hoy asolan nuestras fatigadas tierras patrias, que malviven hurgándose el ombligo y desdeñando, como avestruces, los problemas reales que nada tienen que ver con la ajada estructura política que tenemos.

Esta película francesa – adaptación de una novela de éxito – vuelve sobre aquellos aciagos días bañados de sangre, trincheras infectas y mugre purulenta, tratando de recrear aquella matanza europea, basculando entre la farsa y el esperpento, para desentrañar algunas de sus tenaces consecuencias que aún nos asolan: corrupción, picaresca, insensibilidad y barbarie. Cuando ignoramos de dónde venimos, estamos abocados a repetir los errores y horrores del pasado. Aunque el tema central de esta cinta orbita sobre un dolor más intimo y personal: la mirada (ausente o indiferente) del padre. Cuando creemos que nuestro progenitor no nos ama o nos rechaza, nuestra orfandad semeja un pozo sin fondo donde nos hundimos sin remisión y donde el resentimiento tiñe nuestra mirada hasta volvernos ciegos. Querer ser vistos, identificados y aprobados es nuestra común aspiración y nada de lo que podamos acometer tendrá gusto alguno si no percibimos al acompañamiento y complicidad de nuestra progenie.

Por ello, al tiempo que se nos ofrece un retablo sobrecogedor de aquella infausta carnicería se nos presenta una herida más honda y visceral que no tiene cura ni bálsamo cicatrizante que la sane: la apatía o rechazo de nuestra estirpe, la falta de amor, la ausencia de cariño y tolerancia por quién somos – aunque eso signifique no cumplir con las expectativas que habían depositado implícita o explícitamente sobre nosotros. El abandono y soledad en la que ese repudio e incomprensión nos despeña nos durará toda la vida y nos marcará para siempre como un juguete roto, inservible para la vida.

Barroca y teatrera, ampulosa y sobrecargada, sin embargo, nos consigue emocionar y seducir pese a su excesiva exuberancia y artificiosidad. Hay mucho amor en la mirada que nos refleja el calvario íntimo de dos perdedores de una contienda incivil y fraudulenta. Y cuando llega el perdón, volamos.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil