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Críticas de Maggie Smee
Críticas ordenadas por:
La mujer de la montaña
La mujer de la montaña (2018)
  • 7,2
    538
  • Islandia Benedikt Erlingsson
  • Halldóra Geirharðsdóttir, Jóhann Sigurðarson, Juan Camilo Roman Estrada, Jörundur Ragnarsson
7
Una mujer se rebela
Ante tanto “remake”, o sagas inútiles extendidas hasta el aburrimiento, puede que el futuro del cine esté en pequeñas producciones independientes, sin importar su nacionalidad, con reducido presupuesto, pocas pretensiones y contando historias que, si bien juegan con elementos conocidos, están barajados con eficacia a través de una historia, que en resumidas, está bien narrada. Quizás esto parezca poco, pero teniendo en cuenta los tiempos que corren en el que el espectador (y muchos críticos) parece que se conforman con cualquier basura, es un gran logro.


Este podría ser el caso de “La mujer de la montaña”, película islandesa que ha tenido buena acogida en festivales, sea en el de Sevilla, obteniendo el premio del público, o en Valladolid, donde su protagonista obtuvo el premio a la mejor actriz. Para mí, sin duda, la mayor virtud del film es contar con una actriz estupenda para un cometido más difícil de lo que “a priori” pudiera parecer, como es el caso de Halldóra Geirharösdóttir. Su trabajo es notable, aunque se quedara finalmente nominada pero sin galardón en los premios europeos de cine, eso sí, muy bien secundada por el resto del reparto.


En esta ocasión, Benedikt Erlingsson, su director, se ha desenvuelto con eficacia, más que con el guión que ha elaborado junto a Ólafur Egilsson, donde hay algunas preguntas que se nos quedan sin respuestas. Nada importante, pero creo que hubiera podido ayudar a redondear más la película. Lo plantearemos en el “spoiler”.
Sin ánimos de destripar nada, la ejecución de su banda sonora, adquiere más importancia que en muchas producciones, que es quizás uno de sus puntos que más podrían “despistar” al espectador medio. En cambio, su hermosa fotografía es de lo más “esperable” y aprovecha el entorno islandés, en su gran mayoría, para mostrarnos hermosos parajes, ya que también su guión se centra en el ecologismo y en el respeto medio ambiental de sus tierras.


“La mujer de la montaña”, intenta combinar el cine denuncia, el “thriller”, el drama y el cine intimista. Los ingredientes no es que estén bien dosificados, pero en ningún momento estropean la propuesta y Erlingsson consigue que en ningún momento se le venga abajo. Incluso en ella hay varias secuencias de poderosa belleza o en el que el espectador consigue identificarse con lo que se nos cuenta, lo cual, en definitiva, ayuda, a que una vez finalizada, la sensación que nos queda sea de satisfacción. En su contra pues lo que les pasa a muchas películas “modestas”, que su permanencia en cartelera tiene los días contados, y que por muchos será descubiertas a lo largo del tiempo, mientras otras bazofias del “mainstream” disfruten de inmerecidos privilegios al estar más tiempo en exhibición, sin que eso a muchos les importe, ya que se tratan de producciones que rayan en la estafa y cuya única intención es robarle el dinero al espectador con menos gusto o más idiota.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
María, reina de Escocia
María, reina de Escocia (2018)
  • 6,1
    1.741
  • Reino Unido Josie Rourke
  • Saoirse Ronan, Margot Robbie, Joe Alwyn, Jack Lowden, ...
4
Las reinas del hielo
En 1971, y tras el acierto que supuso “Ana de los mil días”, su director Charles Jarrott volvía al cine histórico con el mismo productor, Hal B. Wallis, rodando “María, reina de Escocia”. La que iba a ser una de las protagonistas, Geneviève Bujold, había roto su contrato porque se sentía asediada tanto por el productor como por el estudio, lo cual originó todo un revuelo que se subsanó con el paso de los años. El caso es que, aunque no fuera como su predecesora, “María, reina de Escocia” resultó un buen film, consiguiendo la mitad de nominaciones que la anterior producción, cinco. Vanessa Redgrave se llevó una nominación por su trabajo, mientras que su compañera, otro animal de la interpretación, Glenda Jackson fue nominada por otra, “Domingo, maldito domingo”, un título polémico de los setenta que le aportó un Bafta. Ese mismo año, Jackson también rueda “Elizabeth R”, una notable miniserie con una de las mejores composiciones que se hayan hecho jamás sobre Elizabeth I de Inglaterra y que pocas podrán igualar.


Me llama la atención que ahora, con esta “nueva” versión de “María, reina de Escocia”, nadie haya señalado que se trate de una especie de “remake” pero de peor calidad. Las comparaciones suelen ser odiosas, pero en este caso, nada más que por la ambientación del film de Jarrott, la música o por supuesto la interpretación de esas dos fieras que son Jackson- Redgrave, más vale , con el fin de dejar lo mejor parada posible esta versión de Josie Rourke, relegar a un segundo plano todo lo dicho hasta ahora.


A mí el cine histórico me gusta, sobre todo porque en hay historias reales (me refiero no ya a que sean concernientes a la realeza, sino a que existieron) y que cuentan con toda clase de ingredientes como para entretener al más incrédulo. Si se narran con acierto y profesionalidad, creo que son clases de Historia que nos ayudan a comprender mejor el presente. Pero el caso de “María, reina de Escocia” es dramático. He intentado convencerme tanto de su utilidad como de que sus aciertos parciales podrían hacer de ella un film meramente pasable. Pero no.


Podrá sumarse este título a la larga lista de películas históricas que pueden resultar un plomo y que vista una vez no creo que nadie tenga mucho interés en volver a revisar, dándole a entender a más de un espectador que esta clase de género es un coñazo, y que por supuesto no es así. El que haya conseguido un par de nominaciones para los Oscars (mejor vestuario y mejor maquillaje/ peluquería) es signo de que a los académicos tampoco ha convencido. Para otros premios sí han tenido en cuenta a Margot Robbie, como mejor secundaria por su papel de Isabel I, y ese desliz sí ha sido más grave, ya que para los “Oscars” sí hubiera sido justa su nominación, pero se nota que el efecto del huracán “Roma” de Cuarón le quitó esa posibilidad. Para su compañera Saoirse Ronan, a pesar de su buen hacer, este año no quedaba hueco para que optara a mejor actriz principal. Nada que objetar al apartado de maquillaje y peluquería que son excelentes, así como al vestuario de Alexandra Byrne, que no parte como favorita, sino la gran Sandy Powell con su doble nominación. En el breve spoiler aclararé otra de las cosas que me han gustado de la película, pero también haciendo mención a su sonido poco más me ha llamado la atención.


En su contra está, por ejemplo, su dirección. Se nota que es inexperta y, como directora que proviene del teatro, hay momentos en que descansa toda la responsabilidad en una “puesta en escena” en la que no hay objetividad, sin aprovechar los recursos cinematográficos, fijándose solamente en sus diálogos y en sus actores, sin llegar a imprimir nervio en ocasiones que podía haberlo hecho. Es de una corrección gélida. En cuanto su fotografía, abusa de “humitos” para que la luz que inunda espacios sombríos no deslumbre, estando más acertada en exteriores, gracias a bonitos paisajes. La música sigue una corriente habitual: a falta de compositores que hagan piezas contundentes, se recurre a un estilo musical que, muy lejanamente nos evoca a Nyman, Mertens o Glass, con el fin de que no huela demasiado a alcanfor. Y ese es una de los problemas también, que exceptuando varias escenas de exteriores, nos falta frío, humedad, solemnidad y tenebrismo.


Para mí su casting es casi un cachondeo y de lo más desafortunado. Con ese afán de incluir a todas las razas posibles, para que cuando vayan al cine no noten “racismo”, se ha incluido a actores negros, o con aspecto oriental o latinos... esto es un despropósito, mucho más en un film “de época”. Y esto es lo que queda, una buena historia, nada aprovechada, que podrá servir de ilustración o de cierto entretenimiento para los menos exigentes, pero que por desgracia podría haber dado más de sí, sobre todo porque esta clase de cine se supone que es muy lucido y falta hace.
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25 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
La favorita
La favorita (2018)
  • 7,3
    12.603
  • Reino Unido Yorgos Lanthimos
  • Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, ...
7
Trío de damas
En un comentario intento no incluir opiniones de otras películas, aunque sean del mismo director, porque el estar de acuerdo en unas y en contra de otras, podrían desvirtuar la crítica en sí. En esta ocasión me temo que me resultará imposible, aunque desde luego no me explayaré en los motivos.


Lo primero que quiero dejar claro es que “La favorita” me parece una buena película, con muchos peros y a pesar de sus pretensiones. La más académica de su director, pero la mejor, aunque no con mucha diferencia del resto porque debo confesar que Yorgos Lanthimos vende mejor que nadie lo que hace, pero carece de toque maestro. Quien alucinó con “Canino”, que fue la que le catapultó a la fama, es porque previamente no había visto “El castillo de la pureza” de Arturo Ripstein, de la que toma bastante. Su supuesta audacia se repite con “Langosta” y con”El sacrificio de un ciervo sagrado”, para mí la más fallida de todas. Ahora con “La favorita”, y gracias a que no participa en su guión, parece que recobra pulso, aunque persiste con sus toques estridentes: sus reiteraciones musicales, su excesiva utilización de tomas con “ojo de pez”, contrapicados y ciertos movimientos de cámara, por lo que algunos quieren seguir viendo en él un sucesor de Kubrick, cosa que ya pasaba sobre todo con su anterior film. Y nada más lejos de la realidad. Una cosa es Kubrick, con un estilo inimitable y que, por desgracia, a fecha de hoy, no ha encontrado sucesor, y otra que se le emule. De hecho ha habido quien compara “La favorita” con “Barry Lyndon”, supongo que por el mero hecho de ser “de época”. El parecido es casi insultante, ni siquiera por la iluminación de las escenas de interiores. “Barry Lyndon” es una obra rotunda y “La favorita” se encuentra a millones de años, es como si se la quiere comparar con “Amadeus” o “Todas las mañanas del mundo”, por el hecho de recrear una época. Este tipo de comparaciones gratuitas no le beneficiarán y, en todo caso le veo más conexión con “María Antonieta” de Sofia Coppola, “Orlando”, de Sally Potter o con “El contrato del dibujante” de Peter Greenaway a la que recuerda en algunos instantes y que, casualmente, se trata de uno de los films favoritos de su director, aunque también carezca de la frescura de tenía el film de Greenaway. Sin duda las manos de Frears o Ang Lee, por ejemplo, la hubieran eximido de detalles “hipsters” y nos hubieran dado un peliculón, quizás más académico, pero menos gratuito. Esto último ya es presuponer demasiado, es cierto, pero al menos nos conformamos que los logros que Lanthimos ha conseguido, aunque sepan a poco.


El guión de Deborah Davis y Tony McNamara está bien tramado y bien desarrollado. Hay quien ha querido ver que es una especie de “Eva al desnudo”, algo que se le ocurrió a Rachel Weisz en una entrevista, pero yo tampoco me lo tomaría muy en serio. Sus diálogos incluso mantienen un buen equilibrio entre el cinismo más puro y la comedia negra, sin caer en el chiste fácil, aunque pequen de cierta crudeza que no viene mal. Pero en algunos momentos se echa en falta ese “hilar fino”, la doble lectura que la época lo daba y era tan común entre seres intrigantes e inteligentes. Para darle vida se ha elaborado una buena elección de actores, aunque sin duda el plato fuerte, no ya en el apartado de actores, si no de la película en sí sea su trío de damas protagonista: Olivia Colman, como la Reina Ana, Rachel Weisz, como Lady Sarah y Emma Stone, como Abigail. Creo que es la mejor interpretación de todas ellas hasta la fecha. Habrán disfrutado de lo lindo, y se nota. A pesar de sus casi constantes planos medios y generales cada una, en un momento determinado, poseen su primer plano. Queden como ejemplo esos primeros planos para demostrar que han hecho unos notables trabajos. Quizás, el cometido más difícil sea el de Colman por no poseer ese alma de arpía tan lucido en estos casos, pero no es impedimento para su resultado. El haber obtenido el premio al mejor reparto en los Critics Choice Award es prueba de ello, porque su labor en conjunto es estupenda, y cabe señalar, lo que son las cosas, que Weisz estuvo acertada al llevarse el ansiado papel que rechazó Kate Winslet. Por eso he utilizado como título al comentario una película de Lazaga de 1960 y que nada tiene que ver, porque, insisto, el trío de damas es lo mejor.


Como no podía ser de otra forma, tanto su dirección artística o su vestuario son muy bonitos y es elogiable el uso que le dan los actores al no dar la impresión de aparecer encorsetados. A pesar del bajo presupuesto han hecho un gran esfuerzo para que no se notara que no había un gran despliegue de medios, lo cual es muy meritorio.


En fin, tenemos a una de las que más nominaciones cosechará para los próximos “Oscars” pero también pudiera ser que sean pocos los premios que finalmente pueda obtener, como le está ocurriendo en la mayoría de los premios, por ahora. Nos alegramos de que sus recaudaciones vayan viento en popa, porque se echa de menos films que se desarrollen en épocas pasadas y que se alejen de los telefilms, pero no hay que dejarse engañar, ya que “La favorita” no será del gusto del público más comercial, de esa clase de gentuza, que la había en la sala, que engulle bolsas de fritos o gusanitos, tanto da, de mierda al fin y al cabo, bolsas que hacen mucho ruido mientras se relamían sus pezuñas pringadas para consultar la hora en el móvil y ver si le quedaba mucho para acabar. A vosotros, evidentemente, no va dirigida.
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8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Roma
Roma (2018)
  • 7,1
    18.473
  • México Alfonso Cuarón
  • Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, ...
9
La gran ciudad
No tenía previsto escribir un comentario acerca de “Roma”, de Alfonso Cuarón. Hubiera sido innecesario nombrar su director, pero era para diferenciarlas de las otras “Roma” que existen, aunque menos célebres al menos en estos momentos, como la de Aristarain o Fellini, por ejemplo. Con la cantidad de críticas y comentarios que a fecha de hoy ya existen no pensé que hiciera falta. Pero ha sido al leer, no con algunas que coincido, si no con memeces que han escrito los más lerdos, lo que me ha impulsado. Me llama la atención que en un foro de supuestos cinéfilos algunos digan que si es “aburrida, snob, innecesaria, estéticamente bonita pero hueca...”. Por muy duro que resulte, estos seres consumirán películas o series, pero de cinefilia tienen muy poco, no ya de sensibilidad, que eso ya poco importa, pero de cine están absolutamente pegados, de ahí sus gustos “chonis” y sus argumentos, los pocos que los han dado, absolutamente ridículos. Esto, sumado a la lamentable exhibición que se le ha dispensado en España, creo que han merecido que hable de ello.


En España la mayoría de las salas las llevan cuatro monos y medio que, en su mayoría, decidieron boicotear “Roma” por ser un producto Netflix que iba a ser emitida en breve en su plataforma. Miopes paletos. Piensan que ni siquiera haber dedicado una sala para su explotación en muchas ciudades y el proyectar en tres o en cuatro el típico ñordo “hollywoodiense”, eso, ¿les habría compensado en taquilla? ¿Piensan que no había un público que hubiera acudido a verla? ¿En un futuro, sea Scorsese o a quien le toque con estas plataformas, piensan seguir evitando el proyectarlas? Es un error, pero perderán ellos, ya que su calidad no queda en entredicho. Las grandes películas perdurarán en el tiempo y la basura que han proyectado pronto se le olvidará a los que hayan pagado por verlas. Y que tengan claro estos exhibidores que van de listillos que el cinéfilo nunca pagará por ver basura. Incluso si “repescaran” clásicos para proyectarlos en cine se asombrarían de la afluencia, pero ese es otro tema. Y ahora hablemos de “Roma”, película que está conquistando muchos premios con toda la justicia del mundo, mucho más teniendo como contrincantes, en su mayoría, subproductos meramente comerciales. De ahí que fuera premiada en Venecia con el León de oro, que es donde empezó su brillante carrera.


“Roma” recupera un cine de “autor” que muy pocos en la actualidad son capaces de rodar, porque aunque alguno lo pretenda de forma gratuita, hay que valer para ello. Más que una lección, lo he vivido como un canto al cine y es también una lección de vida: sutil, modesta, íntima y vital. Como el cine que Cuarón ha visto a lo largo de su vida y le ha fascinado. Como él mismo ha confesado, muchas de ellas no las ha podido ver en una sala de cine, por eso el poder ver “Roma” en pantalla grande también es un privilegio, no ya por su formato espacial, si no también por el extraordinario trabajo que Cuarón hace de su fotografía, en blanco y negro, rica en matices y con unos movimientos de cámara a veces líricos, cuando toca, porque sus planos estáticos logran también el objetivo que pretende en ese momento, y que en el spoiler comentaremos.


Cuarón ha hecho su proyecto más personal, y quizás, el más logrado de su carrera, y eso que a mí hay varios títulos de Cuarón que me gustan mucho, sean también personales o pertenecientes a un cine más comercial. De hecho en esta ocasión él dirige, escribe, produce, se encarga de la fotografía y del montaje. Sale absolutamente airoso de semejante proeza.


Sus actores están estupendos, absolutamente todos componen con acierto el universo familiar, de amigos, la entrañable abuela o el servicio, protagonistas de la historia, especialmente la entrañable Cleo que encarna Yalitza Aparicio que da ejemplo de lo que es “vivir” una propuesta con un personaje que posiblemente entendió a la primera de cambio, sin nociones de interpretación pero con mucha verdad, que eso es fundamental. El hecho de que, según dicen, Cuarón permitiera cierta improvisación a sus actores en alguna que otra escena no es signo de un trabajo previo mal hecho. Es justo lo contrario, de una confianza absoluta que ojalá existiera en todos los rodajes y que sólo los grandes se atreven a hacer, sobre todo cuando confían en ellos mismos y en su equipo.


Hay muchos homenajes al cine, a esas tardes ya perdidas en el tiempo y que jamás se volverán a recuperar, a esa infancia preñada de amor, sea de manera palpable a través de las vivencias o casi imperceptible, utilizando las canciones que suenan o presenciando esa cotidianidad en las tareas domésticas, como la escena que abre la película, ese mar con espuma que forma en el patio al limpiar esa caca de perro casi perenne en el suelo. Y ese es uno de sus más difíciles y evidentes logros.
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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake (2018)
  • 6,3
    2.895
  • Estados Unidos David Robert Mitchell
  • Andrew Garfield, Riley Keough, Callie Hernandez, Topher Grace, ...
7
Maps to the Stars
Tras la proyección de “Lo que esconde Silver Lake” tuve una sensación inusual de embotamiento, tanto argumental como visual, pero en sentido positivo, de hecho aún sigo dándole vueltas. Hacía tiempo que no me ocurría algo así y, también, que no veía una reacción tan dispar entre los asistentes que me recordó al término de “El árbol de la vida” de Malick: mientras una pareja recriminaba el uno a la otra que tenían que haberse metido en otra película, otros algunos salían enojados y tres amigos comentaban tranquilamente la película y todas sus claves... había de todo. Y es que “Lo que esconde Silver Lake” no es apta para el “gran público” que consume sobre todo cine comercial. Para mi sorpresa, este tipo de cine no se suele estrenar en Navidad, aunque entrara en cartelera cual broma el día de los Santos Inocentes, que es cuando las salas proyectan cine familiar a destajo, en muchos casos, de la peor calaña. Al menos yo agradezco el riesgo y la iniciativa de salvar la cartelera navideña.


“Lo que esconde Silver Lake” ha sido para mí un buen film, no del todo rematado, qué pena, con momentos absolutamente arrebatadores, filmada con un lirismo del mejor De Palma, con cierto aire a lo Lynch pero como afectado por Paul Thomas Anderson, Tom Ford, Cronenberg o Jack Smight, rindiendo tributo a Hitchcock y haciendo guiños constantes al cine y a muchos de sus mitos: desde Janet Gaynor, pasando por Marilyn Monroe o James Dean, eso sazonado con el mundo del cómic, de las conspiraciones, de los mensajes secretos en el mundo del arte, la música y la literatura, yendo desde el más puro estilo negro a Pynchon, Auster, J. F Bardin, Westlake o historias que se entrelazan a lo Carver como dirigía el gran Altman. Muchas cosas, quizás demasiados ingredientes, pero creo que aunque haya subtramas o detalles que se le escapen, demasiado bien ha salido su denso guión, con una dirección en la que David Robert Mitchell, tras su “It Follows” rodada hace cuatro años, ha demostrado haber tenido una progresión como autor y como creador sorprendente. Admirable que haya encontrado producción para este inclasificable proyecto. En España hubiera sido impensable que se hubiera llevado a cabo, y encima con un reparto, en la mayoría, no muy conocido, pero que no es impedimento para que todos sus actores se desenvuelvan muy bien, incluso seguro que a más de uno y de una podría significar su descubrimiento, liderados por Andrew Garfield en uno de los papeles más difíciles que ha desempeñado.


Su “look” visual es notable, gracias a un estupendo trabajo de Mike Gioulakis a la fotografía, que inserta breves pero interesantes escenas de animación. En cuanto a la banda sonora, Rich Vreeland, aunque en su comienzo resulte algo grandilocuente luego va como anillo al dedo, con empaque y garra, en la que entrelazan casi un centenar de canciones. Su banda sonora, al menos en canciones, es abrumadora.


El resto, desde el montaje al sonido, hacen un gran esfuerzo por seguir la línea marcada por su “autor”. Ya en el spoiler comentaremos más, pero quiero dejar claro que rompo una lanza a favor de “Lo que esconde Silver Lake”, película tan extravagante como peculiar que me impide recomendarla a cualquiera, porque para mí es un tipo de cine de autor que desgraciadamente, el engancharse a él o el jugar a lo que te plantean no está al alcance de todos. Creo que esto es disculpable entre los espectadores, pero entre los críticos, se supone que “profesionales” o de renombre, es imperdonable que sus pocas entendederas, su sensibilidad de “chichinabo” y su discutible gusto caprichoso o formación de cuarta, les haya impedido ver más allá de sus narices al no defenderla, aunque sea parcialmente, y sigan cobrando un sueldo y disfrutando de un inmerecido estatus entre los espectadores más ingenuos. Por todo ello se trata de una de las buenas películas olvidadas del año, pero que sin duda pasará ser película de culto. Afortunadamente para ellos este es un país sin memoria y con el tiempo cambiarán de opinión, como ha pasado en más de una ocasión, pero para su desgracia para eso está la hemeroteca, para comprobar lo cicateros que fueron en su día.
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11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dogman
Dogman (2018)
  • 7,0
    3.150
  • Italia Matteo Garrone
  • Marcello Fonte, Edoardo Pesce, Nunzia Schiano, Adamo Dionisi, ...
7
El encantador de perros
“La concepción de “Dogman” ha sido un proceso largo. Para que finalmente viera la luz han transcurrido quince años”. Así de claro lo exponía uno de sus guionistas en la presentación previa al pase que hoy día catorce, ha tenido lugar en la víspera de la entrega de los Premios del Cine europeo, que se entregarán mañana en Sevilla. Por esta razón la ciudad está llena de turistas y los hoteles se encuentran casi hasta la bandera.

Cómo no, algunos premios considerados menores ya han sido entregados, para no alargar la ceremonia, digo yo, o cualquier majadería por el estilo. Pero dicho sea de paso que, maldita sea, el considerar de inferior clase a algunas categorías, como: fotografía, música o montaje... Pero, ¿estamos locos o qué? Que eso lo piense el espectador que a pie de calle que esté ajeno al medio es su problema, pero que lo haga la propia industria es de una injusticia y un analfabetismo que clama al cielo. Muy mal, querida industria europea, que muestren sin remilgos su estúpido clasismo y sus pretensiones de acaparar foco con renombres o famositos. Mucho criticar a la industria “hollywoodiense” para luego superarlas en cagadas de este tipo.


Pero centrémonos en “Dogman”, que no sabemos si conseguirá algún premio más, pero ya ha obtenido el de diseño de vestuario para Massimo Cantini Parrini, y el de maquillaje y peluquería, para un extenso equipo liderado por Dalia Colli y Lorenzo Tamburini. Como bien explicaba Cantini, exceptuando algún que otro chándal de marca, el ser realista y fiel a las intenciones de un director en un film de corte casi neorrealista es labor complicada aunque “a priori” no lo parezca. En una producción de época, como confesó, es más fácil y lucido recrearse su apartado que en “Dogman”, por ejemplo, donde su labor puede pasar más desapercibida para el gran público pero que encierra una minuciosa labor. En cuanto a maquillaje y peluquería sobran explicaciones, el espectador lo comprenderá cuando se fije aunque sea solamente en las tremendas escenas violentas.


Con un buen guión, aunque con un tercio final discutible, y una enérgica dirección de Matteo Garrone, “Dogman” consigue el objetivo de atenazar al espectador a la butaca, con la sensación al final de que nos han arreado un puñetazo en el estómago. No es “Gomorra”, a la que al menos yo considero superior, pero sí es un buen film donde la esperanza no brilla por ningún lado, son esos callejones sin salida que nos tiene casi el corazón en un puño.


Antes de pasar al spoiler nos gustaría destacar el estupendo trabajo tanto de localizaciones como su fotografía, su música y el “casting” no ya de actores, si no de perros que aparecen en el film. Hablando de películas “con perro” que no sean infantiles, nos ha recordado a la violenta, casi asfixiante, quizás porque su saña casi era gratuita, el film húngaro de Kornél Mundruczó “White God (Dios blanco)”, con la diferencia a favor de “Dogman” de que aquí su violencia no es tan facilona, es igual de palpable y su mensaje, además de ser adulto es más demoledor.


Por último destacar el impresionante trabajo interpretativo de sus actores, en especial de su dueto protagonista: Marcello Fonte, en el personaje de Marcello, y Edoardo Pesce como el terrorífico Simoncino, que encarnan perfectamente la debilidad humana y la fuerza garrula más sobrecogedora. Y que conste que el equipo de la película destacaba el simpático carácter de ambos y su gran profesionalidad, no vaya a ser también que alguien crea que en la vida real son así, sobre todo Simone. A modo de reflexión ya quisiera Scorsese haber creado recientemente un ser tan malévolo que provocara tanto pánico nada más verlo.
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9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Viudas
Viudas (2018)
  • 6,2
    4.250
  • Reino Unido Steve McQueen
  • Viola Davis, Michelle Rodriguez, Elizabeth Debicki, Colin Farrell, ...
7
Un asunto de mujeres
Me da la sensación que hoy día, el director que pretenda hacer un buen film comercial con un mínimo de dignidad y que satisfaga a una amplia mayoría, lo tiene bastante difícil. Hay demasiada información inmediata, las expectativas del público son, en algunos casos, injustificadamente elevadas, y pocos son los que aceptan cualquier propuesta para degustar el desarrollo por el que han optado.


En mi caso voy al cine sin mucha idea preconcebida y, si me gusta lo que me van contando, entro en el juego. Es simple. Y eso es lo que me ha ocurrido con “Viudas”: es un “thriller” que poco innova a lo aportado hasta la fecha en el género, pero lo que es innegable es que su resultado va por encima de la vulgar media a lo que se nos tiene acostumbrados, y muchos de los espectadores, que no la ven en cine, son muchos los que confunden el término “acción” con un vídeo juego sincopado, con personajes mal estructurados y ritmo “machacón”.


Steve McQueen es un director que llamó poderosamente la atención con “Hunger” y posteriormente con “Shame”. Esa facilidad de narrar sin que le estallara entre las manos la nitroglicerina que empleaba, al menos para mí, quedó en agua de borrajas con su “oscarizada” “12 años de esclavitud”, con la que llegó al gran público, pero se trata de una obra indudablemente menor en su producción. “Viudas” es su cuarto largometraje que, si bien rebasa el nivel superficial de su tercer trabajo, es verdad que sigue estando por debajo de sus posibilidades, aunque no mucho. Pero como hemos dicho, al menos se trata de un buen producto, muy bien facturado y con un reparto muy extenso en el que nadie desentona, ni siquiera el canino que desempeña el papel de la perrita Olivia. Una vez más estamos ante un ejemplo de lo que es una acertada elección de actores muy bien dirigidos, algunos más conocidos que otros, con mayor o menor papel, pero cumpliendo con creces sus cometidos.


Es curiosa la línea que se ha seguido en su narración. Tras un espectacular arranque, en su primer tercio parece que el film sigue una trayectoria de curvas, quizás por su intento de hacer cine denuncia, político, social y reivindicación feminista entre otras cosas. Muchas cosas que se plantean a brochazos pero que no siguen ninguna profundización. No creo que viniera a cuento un estudio concienzudo, como hemos dicho se trata de un film de evasión, y al menos ese intento, para mí, no resulta en vano, me interesa todo lo que plantea aunque su tratamiento sea escueto. Vale, McQueen no es ni Lumet, Costa -Gavras o Coppola, por poner un ejemplo. Pero a medida que la película transcurre parece que optan por seguir en línea recta e interesarse por la historia central, cosa que hacen con soltura, no solo porque McQueen dirija con eficacia, si no por su guión, bien definido y que da los giros necesarios para aumentar el “suspense”. Si sus giros hubieran multiplicado con la intención de ser una una especie de traca, muy posiblemente su credibilidad se hubiera derrumbado y “Viudas” hubiera resultado ser una más, eso en el mejor de los casos, o se hubiera convertido en algo peor, cosa que afortunadamente no ha sido así. El hecho de haber adaptado con modestia la miniserie británica en la que se basa y el evitar, en un par de escenas en concreto, una crueldad gratuita en plan Tarantino tan de moda él y tan imitado, por ejemplo, también ha sido uno de sus aciertos.


Como hemos dicho su reparto es un lujo. La voz cantante la llevan ellas, especialmente Viola Davis, con un estiloso y llamativo vestuario, alejándose del estereotipo de la negrita hortera, porque de todo hay, aunque en el cine no sea habitual. Davis sabe que tiene todo un papelón y le saca el máximo provecho, siendo otro de los nombres que se barajen como posible candidata a optar a los “Oscars”, muy bien seguida por el resto de compañeras protagonistas, como Michelle Rodriguez, una sorpresiva Elizabeth Debicki o Cynthia Erivo con un “look” muy apropiado para el cine de acción. Ellos, con papeles menores o casi incluso como apariciones estelares también se mueven como pez en el agua, sean Liam Neeson, Robert Duvall o especialmente Daniel Kaluuya o Colin Farrell. Lukas Haas como David parece estar desaprovechado, quizás porque el papel de David podría haber dado más de sí, como el rol de Jacki Weaver.


El trabajo de Sean Bobbitt a la fotografía es notable, así como el buen trabajo de su montaje, sonido y, por supuesto, sus efectos de sonido. El siempre ensalzado Hans Zimmer, algunas veces con razón y en otras no tanto, aquí hace una buena labor, combinando su trabajo con más de una docena de temas que adornan su banda sonora. Destacar el tema que canta una “rescatada” Sade y que fácilmente podría también podría aparecer entre las candidatas al “Oscar”.


En taquilla en Estados Unidos no se puede decir que haya arrasado. Lógico, no se trata de la típica producción chiclosa. Puede que Europa haga mejor caja, a menos que finalmente se pueda colar entre las nominadas al “Oscar” que es donde sus beneficios se multiplicarían, pero aún en el peor de los casos quede “Viudas” como un buen film de esos que saben entretener y que no avergüenzan ni al género ni al sufrido espectador.
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23 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
El veredicto (La ley del menor)
El veredicto (La ley del menor) (2017)
  • 6,2
    670
  • Reino Unido Richard Eyre
  • Emma Thompson, Stanley Tucci, Fionn Whitehead, Jason Watkins, ...
5
Mi querida señor juez
Para mí la trayectoria de Richard Eyre es desconcertante: es capaz de hacer proyectos televisivos curiosos, productos mediocres o películas notables como, para mí, la mejor que él ha dirigido, “Diario de un escándalo”. No recuerdo ninguna que sea abiertamente mala, pero sus resultados son muy desiguales. Esto le ocurre a muchos directores y creo que se debe, sobre todo, a que muchas veces, el material que tienen entre manos es más prometedor sobre el papel que a la hora de llevarlos a cabo. Es lo mismo que le ocurre a su novelista, Ian McEwan, autor “de moda”, que al ejercer de guionista le falta el pulso que tiene como novelista, interesando más el tema a tratar que su resultado, y es lo que ocurre sobre todo en esta ocasión con “El veredicto (La ley del menor)”. Y es una pena, porque podía haber salido mejor.


El transcurso del film es como una de las primeras gotas de lluvia que caen sobre el cristal de una ventana, sea en Londres o en Newcastle, precisamente donde se ha rodado: su forma es definida, va marcando un recorrido que, según va bajando, el tamaño de su gota va decreciendo hasta llegar al pretil casi imperceptiblemente. Y esta forma poética de narrarlo me nace, como diría un argentino “de pro”, del mismísimo orto, ya que en su deficiente doblaje por ejemplo, confunden al poeta irlandés Yeats con un mal pronunciado Yates. Mal empezamos, sobre todo en un film “pretendidamente refinado” en el que, lógicamente, el magnífico juego de tonalidades de voz de su protagonista se pierde. Es más, para la creación de su personaje central, Fiona Maye, creo que McEwan ha bebido de la estupenda adaptación que hizo Gerald Ayres de la obra de Joyce Van Druten, “Ricas y famosas”, concretamente del personaje de Liz Hamilton que encarnó Jacqueline Bisset. Aparte de sus ciertas referencias literarias en el spoiler detallaremos más motivos que nos inducen a pensar eso.


El caso es que, como decíamos, el film empieza bien pero según va avanzando va perdiendo fuerza e interés, por lo que al final se queda en un film correcto, pero del montón, que se olvidaría con rapidez, a no ser por unos pocos factores: su interesante banda sonora, el eficiente reparto de secundarios y sobre todo por el descomunal y muy difícil trabajo de su protagonista, Emma Thompson, la cual ya sabíamos que era capaz de muchas cosas como, por ejemplo, tocar el piano o cantar, cosas que hace en la película, muy virtuosa ella por cierto. Pero también es verdad que, aunque atravesó una época que muchos le cogieron cierta “tirria” al ser Doña Perfecta, llevarse un “Oscar” como actriz y otro “Oscar” como guionista al adaptar de maravilla a Jane Austen e imponer a Ang Lee con el mejor olfato del mundo, sigue siendo una actriz con pocas oportunidades para la comedia, pero sus trabajos, en la mayoría de los casos, son toda una lección de interpretación sin ni siquiera aparentar serlo, lo cual es mucho más meritorio, como en este caso. Su posible nominación al “Oscar” podría caer en saco roto, pero no sería ningún favoritismo si acabara siendo una de las finalistas en la próxima edición, aunque la Academia de Hollywood haya determinado hace tiempo que ya ella no esté de moda, quizás por acumular muchos títulos irrelevantes en su carrera. Estas cosas de los premios son así.


Todo es corrección y hay incluso cierta asepsia, cuando no debió ser tan impoluta, al tocar, se supone, un tema espinoso y además pretender poner en tela de juicio, nunca mejor dicho, muchos temas en la palestra. Lo que sí me gusta es que la pareja de forman Thompson y Tucci no sea convencional, sobre todo físicamente, ya que ella es más alta que él, y con tacones más. Está bien que esos detalles dejen de importar.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La buena esposa
La buena esposa (2017)
  • 6,4
    2.227
  • Reino Unido Björn Runge
  • Glenn Close, Jonathan Pryce, Christian Slater, Max Irons, ...
7
Los renglones torcidos de Dios
A lo largo de la historia del cine hay películas que parecen que han surgido sobre todo con el único propósito de que su protagonista se luzca a más no poder. Hay muchas y de diferentes géneros. El caso de “La buena esposa” parece que engrosa esta lista. Y no es porque la película no proponga temas interesantes, pero sin lugar a dudas, si se hubiera elegido a una pareja de protagonistas del montón, sobre todo en el caso de su protagonista femenina, el resultado de la película hubiera quedado reducido a la mínima expresión.

Y ahora vienen los intereses del proyecto: Glenn Close, para mi gusto absolutamente radiante en su papel de Joan Castleman, y nominada al “Oscar” en media docena de ocasiones, podría encontrar, al fin, su oportunidad de llevárselo. En el recuerdo queda el robo perpetrado en la ceremonia de 1988 cuando por su impecable labor de Marquesa de Merteuil en “Las amistades peligrosas” se quedó sin premio: ni Globo de oro, ni “Oscar”, ni Bafta ni nada... visto hoy queda también en los anales de una de las mayores injusticias jamás cometidas. Y eso que fue a parar a una Jodie Foster entregada en cuerpo y alma en “Acusados”, pero por Dios, no cabía comparación alguna. Se ve que Glenn Close va marcando récords de distinta índole...

El caso es que yo pensaba que la versión cinematográfica del musical “Sunset Boulevard” la tendría para este año. Tras miles de avatares y anécdotas, incluyendo la expulsión de Faye Dunaway por parte de su creador, Andrew Lloyd Webber y haber realizado Close una actuación antológica en los escenarios, dejándose poseer por Norma Desmond y recibiendo las bendiciones de Lloyd Webber, nadie le podría rebatir su premio, pero no es así y puede que esté preparada para el año que viene. El caso es que ¿qué hará la Academia? ¿Premiarla este año y el que viene? ¿Dárselo este año? Puede que sí. Ya con Julianne Moore lo hicieron, al igual que con otros muchos ejemplos, de dárselo por trabajos que podrían parecer inferiores a otros de mayor calidad por los que no fueron premiados. Ya se sabe cómo va la ruleta de los “Oscars”.

Y mire usted por donde tocamos uno de los temas de la película en cuestión: el reconocimiento, el premiar el talento y la constancia, y cómo no, la vanidad que poseen muchos. Pero para hablar de ciertas lagunas de su guión lo haremos en el espacio del “spoiler”. Lo que a grandes rasgos propone este film es interesante: el escritor brillante y su sacrificada esposa a la sombra. Un escritor, un sobrio Jonathan Pryce, según vamos descubriendo, narcisista y cretino, que se va empequeñeciendo mientras el personaje de su mujer, más humana, va mostrando mucho más interés. Significativo ese trasvase de importancia de personajes.

Esta coproducción, de no muy alto presupuesto, aprovecha el ambiente frío y oscuro de Escocia y Suecia, donde casi se ha rodado por completo, para desarrollar este drama bien actuado, con actores de reparto interesantes, sea la hija de Glenn Close en la vida real, Annie Starke, que encarna el personaje de la mujer cuando es más joven, el hijo de Jeremy Irons, Max Irons y con el cual Close ya coincidió en “La casa torcida”, un comedido Christian Slater o Elizabeth McGovern, en una breve pero contundente aparición como Elaine Mozell.

Todo en ella está cuidado, desde su vestuario a las localizaciones elegidas. La dirección de Björn Runge es correcta, aunque hay una escena en concreto que se les escapa, siendo muy importante para el desarrollo del film y que comentaremos en su “spoiler”. Quizás lo que más me ha llamado la atención sea la banda sonora de Jocelyn Pook, versátil compositora que ha trabajado con diferentes directores, como Medem, en la que mezcla temas de otros autores, dándole un sentido en todo momento a la música utilizada.
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15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ánimas
Ánimas (2018)
  • 3,9
    262
  • España Laura Alvea, José F. Ortuño
  • Clare Durant, Iván Pellicer, Luis Bermejo, Liz Lobato, ...
4
Ausencia de malicia
Laura Alvea y José F. Ortuño son dos figuras prometedoras del panorama nacional. Cuentan con cierto apoyo de la crítica y seguidores. Eso me alegra. Ambos tienen trayectorias en el mundo audiovisual desde hace tiempo, a pesar de ser jóvenes, y el cine es algo que les encanta. Por todo esto, que no es poco, de verdad esperamos que les vaya aún mejor. Por desgracia, a fecha de hoy, no pude ver su primer largometraje, “The Extraordinary Tale of the Times Table”, que es donde muchos empezaron a tenerles respeto. Para este, su segundo largometraje, han tenido un presupuesto mínimo, aunando fuerzas desde productoras muy modestas, desde Claqueta a Acheron entre otras, y contar con apoyo belga.

Debo decir a su favor que, gente que ha tenido problemas mentales transitorios la ha encontrado interesante. Personalmente me hubiera encantado tirar cohetes tras su visión o al menos que me hubiera convencido, pero no ha sido así. Y me duele. Al cine español le hace falta savia nueva y el que “Ánimas” hubiera salido redonda hubiera constituido más que un milagro. Otra vez será. Pero directamente me voy al espacio de spoiler para explicar mis motivos.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cold War
Cold War (2018)
  • 7,3
    9.025
  • Polonia Pawel Pawlikowski
  • Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, ...
8
Un hombre y una mujer
Pawel Pawlikowski se ha tomado su tiempo. No creo que haya sido porque en Polonia sea más difícil rodar que en otros países, que sin duda lo será, pero Pawlikowski, como se puede comprobar con esta “Cold War” y a raíz del éxito de su anterior película, “Ida”, en la que en su brillante palmarés, por ejemplo, figura el codiciado “Oscar” al mejor film extranjero, sabía que no iba a tener graves problemas de financiación.

Lo llamativo de todo este asunto es que no ha perdido su línea. Sigue siendo cine de autor, puro y duro, lo cual no era impedimento para comprobar que hay un público que esto le interesa y que la sala que la proyectaba, aunque no era enorme, estaba casi abarrotada. Es un lujo, aunque habitualmente parezca que no es así, que existe un público que sabe comportarse en una sala y que le interesa una historia contada sin los “tics” o clichés habituales del cine comercial más previsible. Y ojo, que no es cine “gafapasta” como lo calificarían los descerebrados analfabetos de turno, es, como hemos dicho, cine de autor: manejo del lenguaje cinematográfico y capacidad sensitiva.

En esta ocasión Lukasz Zal se encarga de la fotografía en esta ocasión sin Ryszard Lenczewski que vuelve a ser en blanco y negro. También el guión lo realiza, no con Rebecca Lenkiewicz, si no con Janusz Glowacki y la colaboración de Piotr Borkowski, además de contar con miembros de otras producciones suyas, sean técnicos o actores. También se repiten ciertos escenarios y ciertas constantes, hasta casi la misma escueta duración, pero lo que se nos cuenta nada tiene que ver con su anterior y celebrado trabajo.

Aquí la acción se reparte a lo largo de varios años en diferentes países. En apariencia no es tan claustrofóbica. Hay espacios abiertos, corre aire a través de sus personajes perfectamente definidos y estos se mueven por lógica, siguiendo además sus instintos.

Brillante es su factura técnica, coronada por una fotografía que logra impregnar el film de una nostalgia aplastante, como si hubiera sido rescatada por una filmoteca después de más de cuatro décadas de haber sido rodada, con una vigencia absoluta. Y sus temas musicales, variando según la acción, dentro de un guión medido hasta con compás y regla, conciso y férreo, dirigido con una llamativa precisión: Pawlikowski, experimentado en cine documental, ha tenido una agitada vida, viviendo en varios países y británico en su formación profesional. Conoce bien el ambiente desgarrado de relaciones sentimentales familiares que se pierden y también posee buen gusto. Entre sus films favoritos los hay dispares, como varios títulos del cine de Wajda, junto a “Días del cielo”, “El espejo”, “Taxi Driver”, "La dolce vita" o “Con faldas y a lo loco”. Y algo de todo esto se refleja aquí.

Antes de irnos al spoiler hacer mención al excelente reparto, en espacial al dúo protagonista: Joanna Kulig, la cual tiene estudios de canto, y Tomasz Kot. Ellos encarnan a Zula y Wiktor con perfecta convicción y química. Ambos están muy bien, aunque creemos que la que saldrá más beneficiada será Joanna Kulig que podría significar su salto internacional, así como el caso de su director.

La carrera de “Cold War” no ha hecho nada más que empezar, pero el hecho de que pueda llegar a estrenarse en muchos países es su verdadero triunfo, al pertenecer a una clase de cine cada vez más difícil de ver en circuitos comerciales. Y sin querer destripar nada nos vamos al spoiler.
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112 de 140 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un pequeño favor
Un pequeño favor (2018)
  • 6,0
    3.254
  • Estados Unidos Paul Feig
  • Anna Kendrick, Blake Lively, Henry Golding, Glenda Braganza, ...
6
Amigas para siempre
Antes de nada quiero decir que no voy a caer en el “spoiler” fuera de su espacio o que rehúso a adelantar cualquier posible sorpresa, como han hecho otros usuarios o incluso parte de la “crítica especializada”. Menos mal que cuando voy al cine me informo poco, porque así me ahorro disgustos. Tiene su parte buena y su parte mala: si el film es horrendo, por desgracia, no recibo ninguna advertencia, y si hay algo que no deba saber nadie me la destripa, esa es la ventaja.

Y ahora ciñéndonos al tema en concreto, Paul Feig, tras su sonado batacazo con el “remake” de “Cazafantasmas”, vuelve a la línea trazada en “Espías”, es decir, un film de evasión, con tintes “neo- drag”, sazonado con ciertas dosis de “petardez” y evocaciones a un estilo cinematográfico que ha caído en desuso, aunque he de decir, que en ese sentido, “Espías” me pareció algo más lograda. Es un tipo de cine que a los más exigentes les podrá resultar una simple parida, pero creo que, además de que deban existir toda clase de pasatiempos, hay en ella ciertos factores que la libran de ser claramente una vulgaridad o una mierda, hablando mal y pronto. Es más, incluso a veces se recurre a un intento de recreación de ambiente a lo que muchos mal llamaban “comedia sofisticada” de los años sesenta y parte de los setenta, lo cual a mí me gusta.

De entrada, y ante tanta producción reiterativa, está exenta de testosterona gratuita, violencia de relleno o diálogos trillados. Quizás por esta razón la mayoría del público asistente a la sesión eran mujeres, aunque no se trate en absoluto de un film que solamente le podría interesar a un público femenino. El arranque de “Un pequeño favor” promete mucho, aunque luego ciertos elementos durante el camino no se aprovechen.

De entrada ¡incluyen títulos de crédito! Eso es algo que ya pocos films tienen y que muchos echamos en falta, unos créditos bonitos tanto de color como de diseño. La mayoría de las canciones que se van utilizando parecen un precioso homenaje a la “canción francesa”, con temas cantados por Hardy, la Bardot, Gainsbourg, Zaz o Dutronc, entre otros, y aunque aparezcan brevemente temas de otras épocas y “latitudes” el clima francés reina en la película.

El guión, que no me esperaba que se basara en ninguna novela, en este caso de Darcey Bell, es una acumulación de referencias que pensé que partían de sus creadores, como Paul Feig o Jessica Sharzer, a modo de parodia. Por eso su verdadero fuerte no es su argumento, si no sus diálogos, y sobre todo su acertado “casting” en el que sus dos actrices principales hacen unas composiciones que podrían recibir la sorpresa de aparecer nominadas, por ejemplo, en los Globos de oro, como Anna Kendrick, que parece haber tomado como referencia a la Sally Hawkins de “Happy: Un cuento sobre la felicidad” además de parecerse físicamente a esta gran actriz, y Blake Lively, cuyas referencias las dejaremos para el “spoiler” y hace también un notable trabajo, posiblemente uno de los mejores de su carrera.

Sus giros, sobre todo en la segunda mitad, quizás se exceden tanto en intenciones de sorprender, como de deslumbrar en exceso. Y eso juega en parte en su contra, como también cuando se toma demasiado en serio y se olvidan de que la clave de comedia no se debe perder, porque cae en la inverosimilitud.

Feig hace una buena labor en su dirección, así como el resto del equipo técnico, logrando un correcto “divertimento” para los que busquen específicamente esta clase de género. Y sin más, vamos al spoiler.
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21 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sólo cuando me río
Sólo cuando me río (1981)
  • 5,8
    59
  • Estados Unidos Glenn Jordan
  • Marsha Mason, Kristy McNichol, James Coco, Joan Hackett, ...
8
Una mujer fantástica
El hacer este comentario que no tenía previsto de “Sólo cuando me río”, surge por casualidad, al comprobar que contaba con pocos votos, no había ninguna crítica previa y cuya nota media era baja.

Hace poco, el gran Neil Simon fallecía en su ciudad natal, Nueva York, el 26 de agosto de 2018 a los noventa y un años. Su carrera teatral ha estado plagada de éxitos que fueron llevados a la pantalla, incluso también creó guiones originales para el cine. Colaboró en proyectos para televisión y prensa escrita en la que también encontró gran resonancia popular. Fue nominado a los Emmy, a los Oscars y por supuesto a los Tony de teatro (pocos alcanzarán igualar sus setenta candidaturas), además de obtener otras muchas distinciones y un premio Pulitzer. Sus obras han sido traducidas a muchos idiomas y en España, al igual que en Estados Unidos y en multitud de países, bastantes de sus obras se siguen llevando al escenario, sea para el público o en escuelas de Arte Dramático, donde son ejemplo de estudio y obligadamente sus alumnos montan escenas para adquirir rodaje.

En los años sesenta, la unión con el director Mike Nichols en Broadway, le catapultó definitivamente a la fama para el “gran público” americano, donde empieza un periodo dorado que abarca hasta bien entrado los años noventa. El cenit probablemente sea la casi una década que dura su matrimonio con la actriz Marsha Mason, desde 1973 a 1981, aunque hasta 1983 permanecen colaborando, ya que ella, además, pasa a ser su musa artística en muchos de sus proyectos y en el que Mason consigue ser nominada como mejor actriz principal al “Oscar” en cuatro ocasiones por películas conocidas aquí en España, como “La chica del adiós”, a películas que injustamente pasaron casi desapercibidas como “Capítulo dos” o esta que nos ocupa, “Sólo cuando me río”, que quizás sea la gran desconocida y por la que siento debilidad. Simon, con gran autoridad en el mundo del teatro, llegó a ser uno de los pocos autores cuyo rostro el público conocía como si de un actor se tratara, y llegó a presentar algunos premios de la Academia de Hollywood, como por ejemplo en 1973, junto a su mujer, el “Oscar” al mejor guión original que recayó en David S. Ward por “El golpe”.

“Sólo cuando me río”, como hemos dicho, pasa por nuestro país sin pena ni gloria, de entrada quizás por contar con un mediocre doblaje que anulaba el cinismo y la gracia de sus diálogos. Se trata de una adaptación de una obra de teatro del mismo Neil Simon titulada “The Gingerbread Lady”, uno de sus escasos fracasos comerciales. Por voluntad propia altera la obra, cambia los nombres de los protagonistas y elige a sus actores, reservando el papel principal a Marsha Mason, con el fin de hacer la versión cinematográfica que se le antoja. El guión ha sido imitado miles de veces y es un bombón para cualquiera de sus actores: Georgia Hines, actriz y madre de una hija adolescente, tras varios meses de rehabilitación para dejar el alcohol, recibe el alta en la clínica para cumplir con sus labores como madre, cuidar su reducido círculo de amigos y volver a los escenarios como actriz. Llena de inseguridades, a sus casi cuarenta años, intentará hacer frente a todo por primera vez en su vida. Para colmo, la obra que le ofrece su ex marido es casi un calco de lo que hasta ahora ha sido su vida y se titula “Sólo cuando me río”.

Y es que el humor, a pesar de todo lo dicho, es la base para soportar toda clase de problemas, que es el “leit motiv” no sólo de esta obra sino de gran parte de las obras de Simon. De hecho hay una escena en que su hija, Polly, le pregunta a su madre por el título de la obra y Georgia le explica que todo viene de una anécdota, de un faquir que se introduce un enorme sable y alguien le pregunta si le duele, contestando el faquir: “Sólo cuando me río”. ¡Ay, Dios mío! Es una expresión que he usado tanto con las amigas para expresar mi estado anímico y que aprendí gracias a este film...

Por falta de espacio prosigo en la zona del spoiler sin destripar nada.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La monja
La monja (2018)
  • 4,4
    7.188
  • Estados Unidos Corin Hardy
  • Taissa Farmiga, Demian Bichir, Jonas Bloquet, Bonnie Aarons, ...
5
Sister Act (Una monja de cuidado)
Antes de empezar a hablar de la película en sí, me gustaría dar un toque de atención a los que hacen normas para los cines. No sé si en esto incluye a exhibidores o solamente los ministros, pero como hacen en muchos países, yo pondría obligatorio que en una película no apta para menores de trece, ya que no se les puede prohibir la entrada (y a mí eso de prohibir tampoco me gusta), fuera obligatorio que para acceder a la sala tuvieran que ir acompañados de un adulto, sea un tutor o cualquiera de sus cretinos progenitores, que aunque estén, lógicamente, peor educados que sus hijos, serían los responsables ante cualquier queja o denuncia del cine, sea por incordiar a los espectadores o por romper material, como una butaca, por mera diversión.


El hecho de que se permitan entrar a manadas de menores maleducados y agresivos que no lleguen a los doce años que campen a sus anchas, provocará que el espectador prefiera ver la película tranquilamente en su casa, ahorrándose todo tipo de malos tragos y, con razón, no vuelva jamás al cine. Esto es como el turismo en ciertas zonas: ¿prefieren un turismo que se sepa comportar o el turismo de borrachera? A la larga la segunda opción no es rentable. Los padres caraduras de estos salvajes se quedarán muy a gusto con que seamos los demás los que los tengamos que aguantar mientras ellos se quedan tranquilamente sin ellos, pero lo que es tremendo es que, comparándolos por ejemplo con los “Gremlins”, estas criaturas, además de simpáticas, sean casi de una exquisita educación, pudiéndolos confundir con gente de la nobleza. Son carne de antecedentes, si no los tienen ya. Y dicho esto vamos al tema, que es la película.


“La monja” es un “spin- off”, es decir, una película cuyo protagonista ha aparecido anteriormente en otra con menos papel. Ya con eso, hasta al más ingenuo, le haría intuir que estamos más ante un negocio que ante una película al uso. Y así es. La creación de “Expediente Warren” abrió una gran puerta ante, más que la renovación, la “reavivación” del mejor cine de terror comercial. Han hecho secuela y varios “spin- off” con Annabelle, otro de sus emblemáticos personajes. Ahora, en su afán de sacar más pasta, le ha tocado a “La monja” (que aparecía en su segunda parte), en esta ocasión con un final cerrado sospechosamente de aquella manera, y como será rentable, sacar una segunda parte de este “spin- off” si tienen ganas de seguir haciendo caja. Es como un trabalenguas o un bucle sin fin, secuelas, precuelas, “spin- offs”... eso sin tener en cuenta que puedan hacer lo propio con más personajes o contarnos la historia de todos los trastos que el matrimonio Warren tiene en su sótano y hacernos una serie. Posibilidades y jeta hay.


Pero sin darle más vueltas al tema, lo principal es que James Wan aquí no firma como director, cosa que sí ocurría en los dos “Expediente Warren”, y eso se nota. La idea es de Wan, a la limón con su guionista, Gary Dauberman, pero desgraciadamente su guión es raquítico, apoyándose más en sustos más que en una historia elaborada.


Quizás su dirección artística sea lo más interesante, aunque nos suene que hayan tomado para inspirarse en los interiores en el “Drácula de Bram Stoker” que dirigiera Coppola. La banda sonora de Abel Korzeniowski, aunque no es tan potente como en los films mencionados de Wang, cumple con lo que se lo podía pedir, porque pocas opciones le quedaban. Pero en vez de elegir un cierto aire tibetano, y ambientándose en Rumanía, podía haber elegido una instrumentalización más de acorde con la zona. También su fotografía cumple con las intenciones de “asustar” aunque acierta más en las escenas interiores más que en las exteriores.


Demián Bichir, como el padre Burke, así como Taissa Farmiga, hermana en la vida real de Vera Farmiga, la que encarnó a la señora Warren en las dirigidas por Wang, simplemente se prestan con las mejores intenciones, aunque sus papeles podían haber dado mucho más de sí, aportando mejores interpretaciones, cosa que en los secundarios se nota menos, como el caso de Ingrid Bisu como la hermana Oana, ya que su rol era poca cosa. Es la pena de tener unos personajes desaprovechados, aunque para mí, el mayor desatino es el personaje del “Franchute” Maurice, que lleva a cabo Jonas Bloquet, no por su trabajo, él está vendido, si no porque hecha por tierra la poca seriedad que podía tener el film. Se han preocupado por la atmósfera que podía tener, pero encima de no terminar de lograr sus objetivos este personaje infantiliza demasiado ciertas situaciones.


Ruidos, gritos, carreras, muchos “sustitos” para que el espectador esté entretenido... unos ingredientes no muy atractivos y nada originales, pero que a los “fans” del género que no sean muy exigentes les pueden bastar para pasar un rato “divertido”. Yo tenía claro a lo que iba, y me dejé llevar, aún con sus contradicciones argumentales, pero se trataba de jugar o no jugar. Al menos las reglas principales quedaban claras y no ha habido pretensiones de mayor calibre. Precisamente esta semana me vi “Terror en la ópera” de Dario Argento, que pareciéndose a “La monja” igual que un huevo a una castaña, tenía como principal característica el delirio y la inconsistencia argumental, riéndome incluso, cosa que para los tiempos que corren se agradece. En el spoiler contaré lo que más me llamó la atención del guión de “La monja”, que tuve que reprimir la carcajada, por no querer “estropearle” al público un momento de tensión y convertirme en un “aguafiestas” o en otra puta criatura (con perdón) más maleducada que un “Gremlin” de los que al principio hacíamos referencia.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La gaviota
La gaviota (2018)
  • 6,1
    385
  • Estados Unidos Michael Mayer
  • Annette Bening, Saoirse Ronan, Corey Stoll, Elisabeth Moss, ...
7
Ecos de un verano
El hecho de que se decida hacer una versión para el cine de una obra de Chéjov es, para los tiempos que corren, una buena noticia, aunque su traslación no implique novedad ninguna, sobre todo si nos referimos a lo que es el lenguaje cinematográfico. Y decimos esto porque desde hace tiempo el mundo del teatro, que también aparece reflejado en la misma obra, ha sufrido lo indecible, y más en nuestro país. Ya no es lo que era, y a no ser que se trate de una obra subvencionada (a veces ni por esas), han ido desapareciendo profesiones con los recortes presupuestarios, y se limitan a llevar al escenario una mesa normal y corriente, varias sillas y quizás alguna botella con varios vasitos para servir un supuesto licor de llamativo color. Se acabaron las ambientaciones, los preciosos decorados o los vestuarios de época, sustituidos por rampas, espejos o una actualización casi injustificable en un encuadre obligadamente minimalista, por no decir cutre en muchos casos.


Las obras de Chéjov han sido adaptadas por muchos directores de diferentes nacionalidades a lo largo de décadas, sean para cine o televisión. A bote pronto, una de las más recordadas puede que siga siendo la exquisita “Ojos negros” de Nikita Mikhalkov. Centrándonos más en la obra en cuestión, “La gaviota”, aunque hace mucho que la vi, tengo un buen recuerdo de una versión que hizo Lumet en los sesenta, pero que ejemplos hay para dar y regalar.


De entrada señalar que en esta versión que ha realizado Michael Mayer, a pesar de sus limitaciones en la producción, se ha intentado ser fiel a la época en la que se desarrolla, con unos buenos trabajos en sus decorados, su fotografía o con su cuidado vestuario. Aunque rodada en las afueras de Nueva York, su frondosa vegetación o sus melancólicas puestas de sol, se intenta trasladarnos a Rusia. También a su favor cabe destacar que se ha respetado el texto y sus personajes, al menos no han cometido ninguna tropelía. Pero su ventaja es el mayor inconveniente para el gran público, cada vez menos acostumbrado a ver teatro, aunque fuera del bueno, al placer de las palabras o a las acciones internas más que a ritmos frenéticos físicos, aunque sean injustificados.


Quizás si hubiera habido una planificación más de acorde con el relato y sus intenciones, esta versión de “La gaviota” hubiera ganado muchos enteros. Pero aún así me quedo con su parte positiva, que es mucho mayor que su parte negativa. Para mí ha sido grata el visionarla, sobre todo al poder ver a un buen plantel de actores: Saoirse Ronan hace un trabajo muy digno. Yo físicamente no la veía en el personaje de Nina, aunque haya planos que parece emular a Vanessa Redgrave, la Nina de la versión de Lumet, y no llegue a ese nivel. Pero insistimos que es una labor reseñable, así como la de Corey Stoll o el veterano Brian Dennehy. Algo mejores están Masha, Elizabeth Moss, Mare Winningham, como Polina, donde a pesar de tener un corto papel ha hecho una apuesta fuerte dando ejemplo de lo que es una actriz de reparto eficiente o por supuesto Annette Bening como Irina. Este año fue injustamente ignorada a los Oscars por su espléndida actuación en “Las estrellas de cine no mueren en Liverpool” y por desgracia no creemos que por esta Irina consiga una nueva nominación, ya veremos si lo es por otros trabajos que tiene pendientes de estreno. Pero queda claro que mientras se continúa forjando una carrera con indudables logros que hacen de ella una gran actriz amoldable a cualquier género. Ademá, en principio todo parece indicar, que si no hay sorpresas desagradables, que este será el año de Glenn Close, eterna nominada e injusta perdedora a la que le toca ganarlo ya.


Me ha llamado la atención la extraña utilización de la banda sonora de Nico Muhly y Anton Sarko. En muchos momentos iba de acorde con lo que se podía pedir de ella, pero hay temas que quedaban eliminados a capón, sin terminar de crear la atmósfera necesaria, creando a veces una cierta sensación de “coitus interruptus”. Pero por lo demás, lo dicho, creo que tiene más a favor que en contra, y por supuesto, para los aficionados al teatro toda una oportunidad de revisar un Chéjov sin traicionar su espíritu. Por último, al ser publicado este comentario, comprobé con horror que terminaba casi de forma parecida con la crítica anterior, la de Cinemagavia. Suelo leer nada más que los títulos que las encabezan para no coincidir, pero me temo que debo leer los comentarios también antes de que creer que los he terminado. Me espanta el plagio y, aunque en esta plataforma haya seres mediocres que lo practican, incluso conmigo, me niego a convertirme en uno de ellos aunque sea de manera involuntaria. Eso sí, dicho sea de paso que me alegra muchas veces el coincidir con algunos usuarios en su opinión, mucho más en películas tan peculiares que no vayan a tener gran repercusión, como el caso presente, y como de hecho por ahora le está ocurriendo.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Llenos de vida
Llenos de vida (2018)
  • 5,7
    184
  • Francia Agnès Jaoui
  • Agnès Jaoui, Jean-Pierre Bacri, Léa Drucker, Kévin Azaïs, ...
6
La Boum
A mí me gusta el cine que realiza Agnès Jaoui, y por lo que compruebo viendo las fichas, más que a la mayoría de la prensa o a los usuarios. Puede que sea porque no solo me interese los temas que toca, si no por la hábil y fresca confección de sus guiones, por la fluidez de sus diálogos y la utilización personajes. Aunque ella sea la que dirija, conviene recordar que sus guiones están elaborados a la limón con Jean- Pierre Bacri. Sin duda influye el hecho que Jaoui y Bacri, además de haber sido pareja en la vida real, son excelentes actores, manejan el espacio escénico y saben donde pisan. Jaoui, además, es admiradora de la cultura de otras etnias, compone y canta. En ningún momento hacen alarde de ello, y además, son críticos, tienen la virtud de analizar y son capaces hasta de reírse de ellos mismos, algo fundamental para la comedia, sobre todo si no es comercial al uso.


Ahora nos llega el quinto largometraje de Jaoui y, posiblemente sea el menos logrado de todos, “Llenos de vida”, pero para mí, a pesar de los “peros” que se le puedan achacar, tiene más interés que muchos títulos anodinos que nos llegan y no cuentan nada. Por ello se ha elegido finales del mes de Julio para su estreno en España, una de las peores fechas y también con una escasa publicidad.


De entrada su título en español no es acertado. Su “Place Publique” original implica una exposición de todos sus personajes, mostrar cómo son realmente, que es de eso lo que va la película. Su doblaje tampoco ayuda mucho y, como remate, la opción que elige Jaoui puede hacer que parezca que desaproveche la ocasión para hacer una comedia alocada, siguiendo la línea por ejemplo del gran Blake Edwards en ese clásico que es “El guateque”. Pero no es lo que se pretendía. El que lo ambiente en una fiesta en una mansión idílica, como si hubiera querido que se desarrollara en una verbena o una recepción de un consulado es lo de menos, porque lo que más le interesa es ese rotar de sus personajes, el mostrar sus cualidades y defectos, sus mentiras y miserias, pero dentro de una cotidianidad pasmosa.


Puede que su dirección se haya quedado en una corrección que poco aporta a lo que nos cuenta, pero como hemos señalado anteriormente su guión es bueno y sus diálogos a veces destellan. El trabajo de actores es más que correcto, todo está elaborado en un trabajo coral y no hay desmelenes. Quede claro que por supuesto se aleja de la comedia zafia. Busca más la reflexión que la carcajada, aunque no por ello para algunos no pueda resultar cómica en ocasiones.


La elección de los temas musicales, la mayoría con la banda en directo, es muy curiosa, incluyendo en que Bacri “homenajea” a Yves Montand. Quizás lo más elaborado haya sido su trabajo de sonido, algo que pudiera pasar desapercibido, pero el que no se pierdan los diálogos con la música en directo no ha debido de ser fácil.


Posiblemente, al no ser de lo más destacado de su directora y no contar con ninguna resonancia en la actualidad, pronto pase al olvido y se pudiera convertir en esa clase de películas, que con el tiempo, al espectador más despistado le pueda llegar a sorprender cuando la vea, sobre todo si la descubre en su versión original. Pero, una vez más, nos podría servir de ejemplo para nuestro, cada día más “modesto” cine español. No para copiar, porque eso ya lo hemos hecho mucho y para colmo mal, si no para aprender de una vez por todas cómo se puede llegar a conseguir un buen film. Uff... casi ná.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sácame de dudas
Sácame de dudas (2017)
  • 5,9
    457
  • Francia Carine Tardieu
  • François Damiens, Cécile De France, André Wilms, Alice de Lencquesaing, ...
4
Líos de familia
En el cine francés parece que se cultivan varios tipos de comedia: la obvia, casi podríamos llamarla la zafia o facilona, y otra más “profunda”, tachada por algunos ignorantes garrulos como “gafapasta”, pero que realmente se tratan de comedias agridulces, con fondo y realizadas con mucha inteligencia. En esta ocasión, la película “Sácame de dudas” de Carine Tardieu, pretende entroncar con un cine similar, por ejemplo, al de los aciertos de sus compañeras Coline Serreau o la casi infalible y genial Agnès Jaoui, escribiendo el guión (en colaboración con Michel Leclerc, Raphaële Moussafir y Baya Kasmi), mezclando la comedia y el drama con constantes parecidas, además de dirigirlo todo con “eficacia”.


Pero no. Aunque en futuros intentos puede que acabe consiguiéndolo, al menos en la ocasión presente, aunque gran parte de la crítica nacional haya señalado que no es la típica comedia y que es válida en muchos sentidos, personalmente no lo creo así, es más, a su término huele más a telefilm correcto que a cine, porque lo que empieza pudiendo prometer, se va hundiendo lentamente en una desidia, en algo tan previsible y reiterativo, que en su última media hora se hace cuesta arriba. La fusión entre el drama y la comedia se queda tan mal distribuidos como el agua y el aceite, y aunque en ningún momento llegue a ser irritable, todo en ella es mecánico y a fin de cuentas, poco ha importado lo que se nos ha contado, quizás por ser más pretenciosos que efectivos. También afecta el hecho de que mientras algunos personajes son creíbles, otros no lo son y el hecho de jugar con ciertos giros de guión nada certeros, empañan lo que podía haber sido un entretenimiento intrascendente.


“Sácame de dudas” es un ejemplo de que, aún contando con actores que podrían cumplir, no logran su objetivo. Sus personajes se lo impiden en muchas ocasiones, como a la pareja protagonista: François Damiens o a Cécile de France, muy agradable ella, o incluso el personaje “friki” secundario de Didier llevado a cabo por Estéban.
La dirección es funcional, impersonal casi y tampoco aporta nada.


El mezclar temas clásicos de Vivaldi o de Mozart junto a F. R. David o el simpático tema que cierra el film de las hermanas Barry, entre otros, ha sido un vano intento de revestirlo todo de cierto aire intelectual o retro con intenciones, pero ha quedado lejos de la propuesta en sí: la selección musical es más curiosa que lo que se nos cuenta.


Poco más. El resto está al servicio de lo que se les pedía, pero lo que falla es una base más segura y dejarlo todo en el buen rollo que pretende proporcionar, por lo que se queda en una película que no consigue sus objetivos, plana y olvidable con mucha facilidad.
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5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos vemos allá arriba
Nos vemos allá arriba (2017)
  • 6,7
    1.327
  • Francia Albert Dupontel
  • Albert Dupontel, Nahuel Pérez Biscayart, Niels Arestrup, Émilie Dequenne, ...
8
Senderos de gloria
Recientemente leí un artículo el cual afirmaba que durante los mundiales de fútbol de Rusia, los cines estaban registrando las recaudaciones más bajas en mucho tiempo. Al vivir al margen, en la medida de lo posible, del mundanal ruido y no tener amigos aficionados a esta clase de eventos, nunca pensé que esto guardara algún tipo de relación, fíjese usted dónde llega mi ignorancia. Para colmo, mañana entramos en el mes de Julio, y el verano sigue siendo, no sé por qué una época maldita para la exhibición, cuando en Estados Unidos y en otros países, es cuando las taquillas hacen su agosto, nunca mejor dicho. En España el cine, en teoría no da dinero y no se miden las audiencias en televisión. El mundo al revés. ¿Algún idiota se podría plantear que en pleno siglo XXI y cuando muchos disfrutan de sus vacaciones, es precisamente cuando hay público que puede ver la televisión o ir al cine? ¿O es que los que se van de vacaciones abandonando sus responsabilidades son los jefazos que, al estar apoltronados, no tienen la necesidad de renovarse o esforzarse?


El caso es que ayer se estrenó en nuestro país la película que comentamos, “Nos vemos allá arriba”, y en la sesión de tarde éramos cinco personas. Nadie comía palomitas. Silencio total. Perfecto para visionarla disfrutando. Pero una pena que una película tan interesante vaya a pasar desapercibida para el público y sin hacer la caja que merecería, aunque en su país de origen, Francia, la hayan visto más de dos millones de espectadores y se llevara cinco “Césars” del cine francés de las trece categorías a las que fue candidata. Su pase fuera de concurso en el Festival de San Sebastián tampoco parece que haya repercutido en su escasa asistencia. De cualquier forma, quede ahí nuestra recomendación para cualquiera que quiera ver una buena película y a ser posible en cine, porque en este caso, es para verla en una sala, en pantalla grande y buen sonido.


Albert Dupontel junto a Pierre Lemaître son los encargados de la adaptación a la pantalla de la novela de este último. La gran ventaja de escribir con el autor es la compenetración entre ambos y que, Dupontel, hábil y con cierto rodaje en estas lides, tenía claro qué clave quería utilizar. Sin duda se trata de su proyecto más difícil y ambicioso, pero ha salido muy bien parado. Aunque como actor la Academia de cine francés no le premió, sí le otorgó el premio al mejor guionista y el de mejor director. Su esforzada labor es indiscutible. Este drama, con tintes de humor negro, posee unos personajes perfectamente definidos, aunque el hubiéramos querido saber más sobre cómo se unen los personajes de la niña y de Edouard. Los acontecimientos que se suceden están contados con ritmo, interesando en todo momento. La dirección es muy acertada. En las escenas de batalla y trincheras son impecables, incluso el manejo de la cámara, la fotografía de Vincent Mathias, y toda su planificación. A veces, Dupontel, sigue utilizando la fotografía como objeto de virtuosismo, pero sin excederse, y a medida que el film va avanzando parece que su énfasis se va aplacando, para su mayor acierto. Los ayudantes de dirección incluso se hacen notar, y para bien, en escenas de masas y tumultuosas, perfectamente “orquestadas”.


Los actores están ensamblados en esta maquinaria que Dupontel ha logrado controlar desde el principio: él mismo, como protagonista, pero no como ser egocéntrico, está muy bien. Nahuel Pérez Biscayart como Edouard, quizás el personaje más difícil, logra un trabajo excepcional, aunque ni siquiera fuese nominado. También Niels Arestrup como Marcel, un actor de gran versatilidad al que recordamos sobre todo por su magnífica labor en “Un profeta” y que cada día nos recuerda más a Richard Harris. Y el resto, desde las actrices a cualquier secundario están medidos y más que correctos, sobre todo Laurent Lafitte como el aborrecible Henri, en una de sus más logradas interpretaciones.


Su bestial presupuesto, de casi veinte millones de euros, luce a todo trapo, desde sus efectos visuales y sonoros a su esplendorosa ambientación, tanto barroca como hipnótica a veces, con muy buen gusto: su vestuario, su dirección artística o el precioso diseño de máscaras que, en algunos momentos nos evocan a muchas películas del cine galo y que puede ser hasta casi un homenaje a esos rostros que aparecían en clásicos maravillosos como “Los niños del paraíso” de Carné o a “Los ojos sin rostro” de Franju. Todo resplandece pero en ningún momento se sobrepasan o queda como pretensión de nuevo rico.


La música es buena, pero hay un tema, que se utiliza en varios momentos, por lo que se escucha “demasiado”, que nos suena demasiado a Morricone, no sé a él cómo le habrá sentado, y que nos lleva al Morricone de principios de los setenta, sobre todo a la partitura de “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha”.
Pero poco hay que achacarle a esta gran producción, capaz de demostrar que un gran presupuesto no deshumaniza ninguna película, si hay talento que articule semejante maquinaria y que sea capaz de transmitir las emociones que en cada momento se pretende. A ver si aprendemos nosotros, que tanta falta nos hace y así engrandecer algo nuestro cine patrio. Pero para aprender la lección no solamente haría falta humildad, no escoger a dedo y dejarnos de amiguismos, si no al menos verla.
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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hereditary
Hereditary (2018)
  • 6,6
    13.754
  • Estados Unidos Ari Aster
  • Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Milly Shapiro, ...
6
Asuntos de familia
Creo que lo primero que debo dejar claro es que, “Hereditary” no se trata de un film de terror. Al menos para mí, es una película dramática en la que se tratan diferentes temas inquietantes y aunque no se profundice nunca en ellos, podría resultar interesante en algunos aspectos. De hecho, a la salida, viendo la disparidad de opiniones de los espectadores, me hizo recordar “Amenaza en la sombra”, una controvertida película de “suspense” con la que no guarda ningún paralelismo, excepto el utilizar como punto de arranque el drama, para luego ir sumergiéndose en otro género, con la diferencia de que en el film de Roeg la intriga estaba bien administrada, no se demora y marcó una cierta renovación del género por su tratamiento, convirtiéndose con el tiempo en “película de culto”.


“Hereditary”, nada más que por el hecho de haber pasado por el Festival de Sundance, un festival por cierto cada vez menos independiente como ya en su día recriminaron DiCillo y otros, se le ha pretendido colgar el honor de “película de culto”, pero la distancia entre la mencionada y la “ópera prima” de Ari Aster es abismal. Incluso con las películas que algunos tan ligeramente la comparan, sea “El exorcista”, “El resplandor”... son exageradas y me temo podrían ir en detrimento del “disfrute” de “Hereditary”. El caso más evidente es de donde más bebe, del Polanski de “La semilla del diablo”, una obra maestra, quizás la mejor de su autor, y que solamente mencionarla hace empequeñecer a “Hereditary”. El pretender igualarla es casi ofensivo.


Así que creo que lo mejor que se podría hacer en el caso de querer comentarla objetivamente es dejar al lado las comparaciones, que muchas veces pueden ser odiosas, pero en este caso para mí serían injustificadas, aún insistiendo en que hay cosas en ella que puedan tener valía. Sundance parece que se ha convertido en lanzadera de películas de terror de bajo presupuesto, donde también comenzó la buena carrera comercial de “La bruja”, de Robert Eggers, que tuvo tantos fans como detractores, y cuyo resultado final fue superior al presente.
A mí el terror me interesa en cualquiera de sus variedades: desde el cine cochambre o serie Z, pasando por el comercial o desembocando en su vertiente pretendidamente intelectual como el caso presente. En cuanto a valorar el género exclusivamente he de confesar que “Expediente Warren: The Conjuring” ha sido la última película buena de terror que vi en el cine.


Dicho todo esto, “Hereditary” denota que es una “ópera prima”: no ha calculado bien los espacios de tiempos dedicados exclusivamente al drama o la tardía inclusión del posible “suspense”. La historia se puede seguir con interés pero no agarra en ningún momento al espectador, a pesar de contar con un par de escenas impactantes. Sus aspectos formales técnicos están cuidados, en especial la fotografía de Pawel Pogorzelski. Los actores hacen un buen trabajo, creyendo en sus personajes, y en lo que el proyecto suponía, desde Alex Wolff a Milly Shapiro, de rostro inquietante y personal, como los hijos. Sus dos protagonistas incluso se hicieron coproductores: un comedido y eficaz Gabriel Byrne y Toni Collette, convencida en que el personaje de Annie le podía facilitar un lucimiento mayor de lo que habitualmente le ofrecen.


En conclusión, lo que le hubiera venido bien a “Hereditary” era una revisión de guión. En sus algo más de dos horas, que ya son, se dejan cabos sueltos, hay cosas que no se terminan de explicarse, incluso la aparición de la perra que posee la familia, más bien parece la mascota de alguien del equipo técnico que aparece casi casualmente y cuyo papel que también se desaprovecha. Si se hubieran limado ciertas imperfecciones hubiera ganado más. La toma que abre el film, una idea muy bonita, también ofrece ciertas expectativas creativas que luego tampoco se producen. Eso sí, como es habitual en muchas producciones nada risueñas, cierran sus créditos finales acompañados de un tema de Judy Collins algo almibarado, su célebre “Both Sides Now”, aquí en un intento de abarcar la idea de su creador, el abrazar los dos lados en el constantemente nos movemos: el bien y el mal desde el cinismo, cosa que se echa en falta en muchos momentos del film.
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58 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
El repostero de Berlín
El repostero de Berlín (2017)
  • 6,7
    1.220
  • Israel Ofir Raul Graizer
  • Zohar Shtrauss, Sarah Adler, Tim Kalkhof, Roy Miller, ...
7
Un toque de canela
“El repostero de Berlín” es el debú en el mundo del largometraje de Ofir Raul Graizer, una coproducción germano- israelí en la que él mismo participa, además de encargarse de su guión. La película sirve de tarjeta de presentación de un creador moderado, tanto en intensidad como en propósitos, y que para tratarse de un primer film, ha salido bien parado. En esta ocasión ha optado por darle un tono casi de docudrama. En líneas generales está llevada con corrección y, sobre todo, a pesar de contar con ciertas elipsis que no nos convencen, posee un par de escenas muy logradas que comentaremos brevemente en la zona del spoiler.

“El repostero de Berlín” es una historia de amor e incomprensión, de verdades y mentiras, cuyo personaje central, el de Thomas, llevado a cabo por un comedido Tim Kalkhof, busca respuestas indagando en la vida personal de otros, algo que sabemos gracias a otras obras, sean literarias o cinematográficas, que es una misión bastante arriesgada y que pueden acarrear consecuencias irremediables.

Como decíamos, el tono elegido por Ofir Raul Graizer era quizás el más acorde, no ya por tratarse de un film de bajo presupuesto, si no porque lo que más le interesaba era mostrar eran las diferencias y similitudes de dos culturas, a priori, que nada tienen que ver entre sí. Su ritmo dramático subyace en un segundo plano casi todo el metraje y el desarrollo de las circunstancias se produce sin intentar crear golpes de efecto, simplemente va fluyendo. Su historia es simple, no es complicada, pero lo que cuenta lo hace desde el conocimiento sin caer tampoco en falsos sentimentalismos.

Dominique Charpentier hace un buen trabajo musical, así como Omri Aloni a la fotografía. Quizás, al menos para mí, el punto fuerte y a la par casi imperceptible, sea el trabajo interpretativo de sus actores, que han seguido al pie de la letra la propuesta de una dirección pausada, que no parsimoniosa. Desde el mencionado Kalkhof a Sarah Adler o Zohar Shtrauss, son trabajos que parecen que nacen de la improvisación, pero no es así. La naturalidad, en este caso, se ha impuesto a cualquier ejercicio de reclamo comercial más común.

No sé si con el paso del tiempo será un film a tener en cuenta por el público o si se verá más bien como un film casi costumbrista de consumo y rápido olvido, pero al menos creo que tiene su mérito y detrás hay un director que puede seguir contándonos historias que nos hagan sentir o reflexionar a determinado tipo de público, no elitista, pero sí al que le guste que le cuenten cosas de manera objetiva.
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23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil