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El crack (1981)

El crack
Trailer
7,2
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Sinopsis
Areta, un antiguo policía que trabaja como detective, recibe el encargo de encontrar a la hija de un empresario de Ponferrada. Gracias al novio, averigua que la chica estaba embarazada y huyó de casa. A partir de ese momento, empieza a sufrir todo tipo de presiones para que abandone el caso, pero Areta seguirá investigando hasta el final. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
El crack
Duración
119 min.
Guion
José Luis Garci, Horacio Valcárcel
Música
Jesús Glück
Fotografía
Manuel Rojas
Productora
Nickel Odeon Dos / Acuarius Films
Género
Intriga Cine negro Neo-noir
8
La única película española que se puede considerar, con justicia, de género policíaco.
Ver a Alfredo Landa empuñar una pipa y decir "devuélveme el mechero o te quemo los huevos", mientras come un plato combinado en un bar de carretera con las cintas de Bordon 4, Eugenio y Jeannette al fondo, no tiene precio.

Este es el terreno en el que mejor se mueve Garci, a mi parecer: el retrato costumbrista de la España de los 70’s y 80´s. El colegio cántabro de árbitros, Francisco Medina, Ponferrada, La Gran Vía madrileña y una genial partida de mus (la escena más auténtica que creo haber visto jamás en cine), dan pinceladas al lienzo de una sociedad que aún cojeaba con la pata de palo de la dictadura.
Si este fuese el argumento de la película, sería un coñazo, como lo son tantas y tantas obras al respecto. Pero Garci lo utiliza sólo de trasfondo, no es más que la tela rugosa y en blanco del dibujo.

Porque en la película hay policía, prostitución, tabaco, boxeo, armas y, sobre todo ello, un caso. Si hay caso en una peli de detectives, hay guión. Y, generalmente, si hay guión, hay película. No hay más. Lo demás es metralla.

Alfredo Landa resulta meritoriamente convincente en el papel del detective Areta, un investigador privado de esos que salen en las películas, como dice él: “un tipo duro y solitario que trata de sobrevivir en una sociedad podrida gracias a un trabajo sucio”.
Un tipo al que sólo le conmueven su novia, la hija de su novia y Nueva York.

Cuando El Piojo por fin visita Manhattan, su corazón es una roca de hielo y una gélida mirada al Madison “Escuare” Garden es todo lo que Areta puede regalar ya a La Gran Manzana.
Sólo la venganza tiene cabida ahora en su interior.

Por el guiño a Woody Allen, por su ritmo, por el barbero, por Santa Claus patinando en el Rockefeller Center, por los diálogos, por los giros de guión, el tono anaranjado de la época y su melancólica, nostálgica y triste banda sonora,
un 7 alto.
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160 de 175 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cracks de todo tipo
Sorpresón, señores. Sorpresón de los buenos. “El crack” es española y tiene un título infame, pero es un peliculón como la copa de un pino. Y es que a veces -solo a veces- fiarse de las recomendaciones de usuarios con cierto criterio y credibilidad tiene premio. Como en esta ocasión. ¿El culpable? Sí, claro. Su nombre es Crúpulos. Sines Crúpulos. Leed su crítica. A la voz de ya. Porque cuando escribe en serio (o medio en serio), también es un crack. Un puto crack. Vaya si no.

Pero bueno, después de esta breve sesión de baño y masaje (absolutamente merecido) pasemos a hablar de la peli. Aunque poco podré añadir a lo que ya ha expresado mi colega, por descontado. En cualquier caso quisiera subrayar, sobre todo, que la peli de Garci es, efectivamente, una de las mejores muestras de cine negro que ha dado el cine español. Un trabajo redondo en el que todas y cada una de las piezas corroboran de qué coño estamos hablando cuando aludimos al ‘engranaje perfecto’ de una peli.

Empezaré por el guión. La historia no es sólo buena. Está bien narrada. Lo más curioso es que siendo como es una peli que huele a bocadillo de calamares y a copa de Soberano destila, a su vez, un aroma genuinamente americano. Paradójico pupurri fruto, sin lugar a dudas, de la ferviente devoción de Garci por Hammett en particular y por el cine clásico norteamericano en general. Luego están los personajes. Interpretaciones al margen (Landa está soberbio en la piel de Germán Areta), no falta ni sobra ninguno: el subalterno chorizo, el dandy cabrón, el barbero charlatán... Y por si fuera poco, una exquisita pátina melancólica magistralmente administrada (textura fotográfica, banda sonora,...) le pone la guinda a esta pequeña joya de reivindicación perentoria y clamorosa.

Pero tal vez lo mejor de todo sea ese espléndido tributo al Madrid de la transición. Un tributo que -como buen catalán- ya quisiera yo que alguien, algún día, le dispensara a mi querida Barcelona.
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67 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil