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Una Reina para el César (1962)

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Sinopsis
Tras la muerte del rey de Egipto, Cleopatra (Pascale Petit) y su hermano Ptolemaio (Corrado Pani), entran a regir los destinos del país, pero entre ellos comienza una rivalidad para quedarse con el poder. Con la ayuda del primer ministro Theodoto, cada quien busca deshacerse de su hermano(a), mientras César (Gordon Scott), avanza con su ejército queriendo tomar a Alejandría. Pero, será Pompeyo (Akim Tamiroff) quien le haga frente, mientras en el palacio de Egipto se decide la suerte de la corona. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Una Regina per Cesare
Duración
95 min.
Guion
Fulvio Gicca Palli, Arrigo Montanari
Música
Michel Michelet
Fotografía
Angelo Lotti, Pier Ludovico Pavoni
Productora
Coproducción Italia-Francia; C.F.P.C / Filmes Cinematografica
Género
Aventuras Romance Histórico Antigua Roma Antiguo Egipto
3
César y Cleopatra se merecen mucho más
Película pusilánime que aborde un tema que no conoce ni tiene ni idea y lo convierte en un espectáculo grotesco montando tal batiburrillo de personajes ridículos que enloda las otras películas tan magníficas como son las de Cleopatra.
Cleopatra, la mítica reina, aquí aparece representada por una actriz más anodina aún que J. Crain en "Nefertiti" que ya es decir. Cleopatra, la mujer que más amó César, más que a sus otras esposas y amantes, ya que lo que hizo por ella no lo hizo por ninguna mujer ¿dónde aparece? Ésto en vez de una reina para César debía ser una reina para perder el tiempo. El reparto es un caos, actores de segunda fila en una película también de segunda fila, rodada un año antes de la formidable Cleopatra de Taylor. No merece la pena en serio, las interpretaciones son absurdas, y el ambiente de cartón piedra no ayuda. Las interpretaciones son patéticas y la dirección pésima.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
“Hay que elegir entre el honor y la deshonra”
Casi podría asegurar que, “UNA REINA PARA EL CÉSAR”, surgió luego de filtrarse que estaba en marcha la superproducción estadounidense “Cleopatra” (1963) que dirigiría Joseph L. Mankiewicz. Era bastante común, por esos años, enterarse de estos hechos, y los productores opacos y oportunistas, se hacían con un guion escrito en una semana, conseguían director, actores y un equipo técnico de segunda categoría, y hacían una puesta en escena de cartón piedra que pudiera tenerse lista en menos tiempo del que tardan ciertos presidentes para decir otra burrada. De esta manera, la película estaba lista en cosa de dos o tres meses, y así conseguía exhibirse anticipadamente, aprovechándose de la enorme publicidad que ya se ha puesto en marcha en todos los medios sobre la cacareada superproducción hollywoodense… y ya sea por ingenuidad o por curiosidad, los que caen son muchos y la película consigue salvarse y quizás hasta dejar unas satisfactorias ganancias.

Guionista de una veintena de títulos (sin relevancia alguna) y director de cuatro películas de aventuras y espadachines (totalmente olvidadas) antes de que se le pusiera a cargo de la realización de “UNA REINA PARA CÉSAR”, Piero Pierotti, hace cuanto puede para sacar adelante una historia que tiene más de picardía que de cualquier otra cosa, y hechas bien las cuentas, uno no se aburre porque la película tiene dos cosas que la favorecen notablemente: La primera, y sin duda significativa es que, argumentalmente, consigue mostrar que, entre las lujosas paredes de los palacios, las conspiraciones, las intestinas luchas por el poder, el guerrerismo, el abuso sexual y otras degradaciones humanas, solían (¿suelen?) estar al orden del día… y ser rey, reina, príncipe, sacerdote o primer ministro, no es garantía de integridad.

En segundo lugar y es lo que más me entretuvo, es la deliciosa Cleopatra que se recrea, logrando el director extraer de la guapa actriz francesa Pascale Petit (“Las brujas de Salem”, “Los Tramposos”, “Amantes de una noche” …), una coquetería y una sensualidad como nunca le habíamos visto. Su personaje, además de un provocativo vestuario, tiene calidez y atractivo a borbotones; es más un juguete del poder que una mujer realmente ambiciosa; y aunque no se parezca en mucho (o en nada) a la verdadera reina de Egipto, nos hace sentir que estamos ante una mujer de esas que, ¡ni el mismísimo César, puede resistir!

La película de Mankiewicz, sin duda majestuosa y con momentos narrativos muy brillantes, pecó de exceso y de aires de grandeza, pero, los hechos históricos tenían relieve, proximidad y significado. En cambio, la película de Pierotti, es superficial, de muy bajo costo y oportunista, pero, tiene una Cleopatra deliciosa y un Pompeyo al que, el gran Akim Tamiroff, impone gracia y mucha picardía. Me gusta, además, Franco Volpi, como el simpático poeta Apollodoro y, como no, también está muy bien, Ennio Balbo, como Theodoto.

Así que se pasa bien el rato, y uno queda con ganas de volver a ver a Pascale Petit, aunque sea en sus atrevimientos cuando decidió trabajar en Alemania para la serie sobre la casta y sexy Susan.

Título para Latinoamérica: CLEOPATRA, UNA REINA PARA EL CÉSAR
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