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Prisionero del mar (1957)

6,8
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Sinopsis
En un pueblo de la costa italiana, Giovanni Basso, mejor conocido como Squarcio' (Ives Montand), es un pescador que, en el afán de ofrecer a su familia los recursos necesarios, se ha dedicado a romper las normas pescando con pequeñas bombas que él mismo arma. Pero, un accidente, generará un cambio en los agentes de aduana... y el nuevo brigada estará dispuesto a atraparlo cueste lo que le cueste. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
La grande strada azzurra
Duración
103 min.
Guion
Franco Solinas, Gillo Pontecorvo, Ennio De Concini (Novela: Franco Solinas)
Música
Carlo Franci
Fotografía
Mario Montuori
Productora
Coproducción Italia-Francia-Alemania;
Género
Drama Drama social Pesca
10
¿QUÉ NO HARÁ UN PADRE POR EL BIEN (QUE PUEDE TRANSMUTARSE EN MAL) DE SU FAMILIA?
«Resulta tan difícil vivir, casarse, tener hijos, sacarlos adelante. ¡Sí, por eso ocurren tantas cosas!»

Esta frase que el protagonista principal (Yves Montand), un pescador tramposo que utiliza explosivos para pescar con objeto de ganar más dinero y que su familia no pase necesidades, resume la filosofía entera del filme. Porque las condiciones sociales de estos marineros italianos, en un pequeño poblado de la costa bañada por el Mar Adriático, eran realmente duras, trabajosas y no les permitían nada más que sobrevivir como gente pobre. ¡Eso sí!, eran ricos al tener la mar a su lado, bellísima, el sol y la brisa medicinales, por el hecho de vivir en un lugar tranquilo y sin el infernal ruido de la civilización ansiosa. Sin embargo como nos ocurre a todos, ellos también aspiraban a probar y echarse en manos del progreso ruidoso, desquiciante y ladrón del alma o sencillez de la vida, una civilización que cuando se la conoce a fondo resulta más zarrapastrosa o despreciable que la simple pobreza pueblerina o aldeana. Esto sólo se comprende cuando se experimenta, antes no, antes todo es aspirar a vivir en ese "encanto de mierda".

La película cuenta con el actor español Francisco Rabal en un papel secundario, donde aporta su gravedad interpretativa, su credibilidad y su peso de excelente actor; Rabal transmite realismo y vitalidad marinera. Igualmente los niños de la película, transmiten un vivacidad y una intensidad tan convincente que deslumbran en su interpretación. El niño más pequeño, hijo del director Pontecorvo, hace una escena tristísima de una emoción tal que sólo años después, en 1979, quizás Rick Schroder superaría en el filme "Campeón", de Franco Zeffirelli; pero sólo quizás, porque el niño de "Prisionero del mar”, actuando en plena naturaleza abierta, con la luz, el azul y el salitre marino impregnándolo todo, nos regala un extraordinario naturalismo, que al menos para mí resulta de mayor belleza artística.

Sin duda, estamos ante una joya en bruto de la filmografía italiana, mediterránea y además mundial, debido a la historia tan entrañable y comprensiblemente universal que nos cuenta.

Fej Delvahe
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19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Pescadla antes de que se os olvide que existe (7.9)
Por fin. Por fin la he podido ver. No ha sido fácil, pues es una película desconocida incluso para los seguidores de Pontecorvo. Lo era también para un Jonathan Demme que, en 1999, vio una deteriorada copia en un ciclo dedicado al director italiano en Nueva York. Quedó tan sorprendido con su cine que comenzó a buscar todos los DVD de sus cinco películas editados en Estados Unidos. Se encontró con que ni siquiera existía uno de 'La grande strada azzurra' con subtítulos en inglés. Éste fue el detonante de una obsesión que le llevó a remover cielo e infierno en busca de una copia cuyos derechos pudiera comprar. El proceso fue largo y tedioso, cada pista seguida o se desvanecía en la nada por culpa de la pérdida de archivos, o terminaba en una copia tan deteriorada que su restauración era inabordable, o bien conducía al principio de otro intrincado laberinto de llamadas a productoras italo-americanas. Hasta que, cuando ya casi se había dejado vencer por la frustración, uno de los rastros resultó ser bueno. Seguirían muchos problemas más (burocráticos, legales, económicos...), pero lo difícil, que era encontrar algo que poder restaurar, estaba hecho; el resto sólo era cuestión de tiempo. En todo el proceso, Demme recibió ayuda de la productora de Scorsese, de Dustin Hoffman, de cien mil amigos y hasta del propio Pontecorvo. Finalmente, en 2001 presentaron el DVD de Milestone Film & Video, que seguramente será el que podáis conseguir más fácilmente.

Y centrándonos ya en la película, lo más interesante es ver cómo en su primera experiencia como director, un Pontecorvo que tenía unas ideas clarísimas sobre lo que quería que fuera su estilo (fotografía en blanco y negro de tendencia neorrealista, personas de a pie escogidas entre la gente de la clase social que pretendía reflejar –pescadores en este caso– en vez de actores profesionales; en definitiva, una atmósfera seca y directa alejada del melodrama y próxima al documental), se adapta ejemplarmente a las exigencias del presupuesto y de la productora y se da cuenta de que su criterio no tiene por qué ser el único válido (sólo en 'La batalla de Argel' estuvo realmente cerca de hacer lo que quería con completa libertad). Se encontró con un Yves Montand que le ayudó muchísimo, pues su infancia se asemejaba bastante a la descrita en el guión (sus padres, inmigrantes italianos en la Marsella más pobre, se endeudaron tanto que tuvieron que declararse en bancarrota), con una estupenda fotografía en Ferraniacolor luminosa y cálida que atrae al espectador (al menos a mí me recordó a esas mañanas soleadas de verano entre legañas, en cualquier pueblo mediterráneo tranquilito, en que me despabilo sin necesidad de despertadores), y una música en la que, a pesar de meter mano (como siempre hizo, dado que tenía estudios de música), se sigue un corte muy clásico totalmente efectivo. (Sigue en el spoiler por falta de espacio.)
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16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil