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La noche de los maridos (1957)

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Sinopsis
Cinco amigos se reúnen para celebrar la despedida de soltero de uno de ellos. La noche y el alcohol darán lugar a múltiples confidencias y reflexiones. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Bachelor Party
Duración
92 min.
Guion
Paddy Chayefsky
Música
Paul Mertz
Fotografía
Joseph LaShelle (B&W)
Productora
Hill-Hecht-Lancaster Productions / Norma Productions
Género
Drama
7
THE SADDEST BACHELOR PARTY
Película realizada en 1.957 por el realizador Delbert Mann rodada después de su exitosa “ Marty”, y basada , al igual que ésta, en un guión del dramaturgo Paddy Chayevsky. Ambas pueden definirse como dramas que afectan a personajes deliberadamente corrientes, con un moderado trasfondo social, y muy alejadas de las propuestas propias del “ star system” americano. Vista hoy, no se aprecia la innovación que esto supuso en su tiempo. No estamos ante un melodrama de Elizabeth Taylor para la Metro, o del productor Ross Hunter para la Universal, sino un de un cine que transcurre en simples barrios, donde los conflictos brotan de las preocupaciones inmediatamente cotidianas, e interpretados por buenos actores que nunca antes habían sido protagonistas de una buena producción ( Don Murray, Jack Warden, Ernest Borgine, Betsy Blair).
En “ The bachelor party”, título original de la película, se narra las andanzas de unos compañeros de trabajo en una despedida de soltero. Y todos, a excepción de uno, están casados. Los casados se muestran en la película hastiados de su trabajo y con los sinsabores típicos del matrimonio. Y el soltero, que si en el inicio es presentado como el único que sabe vivir, posteriormente sabremos que sufre de sus propias ansiedades. Incluso el homenajeado alberga muchas dudas respecto a su matrimonio.
Por tanto se trata de una narración pesimista, a momentos verdaderamente lúgubre, de esa noche. No hay brillantes peripecias, sino que más bien apenas hay peripecias: pretenden divertirse y no poseen los medios para conseguirlo. La presunta celebración se alarga hasta el final sin que haya un verdadero motivo para ello: ni los casados tienen ni la destreza ni la experiencia suficientes para divertirse por la noche, ni el soltero hace eso por ninguna otra razón más que no saber hacer otra cosa.
Se trata de un drama macizo, sólido, sin que haya el más mínimo respiro humorístico. Pero no es un melodrama de gran carga emocional, puesto que la acción transcurre lánguidamente en esa noche en la que apenas se suceden cosas. Los personajes se presentan sin embellecimientos, tal cual es el oficinista de a pie, sin pretender hacer de ellos figuras entrañables a ojos del espectador. Todos son distintos, pero todos son muy grises.
Quizás algo plomizo en su desarrollo, se trata de una bien construida película que en su tiempo inauguró una nueva corriente en el cine. No muy conocida y a la sombra de " Marty" , e incluso " Mesas sepadas", película posterior de este realizador que venía de la televisión, pero recomendable.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
LA PELÍCULA DE LAS ESPOSAS
Si el hombre fuese fiel a sí mismo, a sus ideas, a su conciencia; si tuviese absoluta fe en sus posibilidades sin temer a los errores y, sobre todo, sin temer a las opiniones ajenas, este mundo sería otra cosa. Y mucho mejor, seguro. El trascendente preámbulo viene a colación por la reflexión permanente a la que nos obliga esta magnífica "La noche de los maridos" de Delbert Mann. Un irregular director que supo enternecernos con la deliciosa "Marty" (1955) y nos hizo doblarnos de la risa con esa obra maestra de la comedia titulada "Pijama para dos" (1961).
"La noche de los maridos" se convierte en "la película de las esposas". Ninguna debería dejar de verla. Bueno, en realidad ninguna mujer, esposa o no, debería dejar pasar la ocasión de ver actuar a los hombres sin necesidad de una cámara oculta. Las situaciones que describe Mann en 1957 son exactamente las mismas que se producen hoy en día. Calcadas. En los grupos de hombres siempre hay uno como Eddie: amargado, resabiado y, sobre todo, envidioso, cuyo único afán es manipular e intentar destrozar la vida de cuantos le rodean. Es extremadamente pesado, desprecia a las mujeres porque le han dado más boletos que a una tómbola y, no sabe estar solo ni un minuto porque no se aguanta. Cuando a las ocho de la mañana sus compañeros de juerga le dicen que se vaya a su casa, Eddie se retrata contestando: "Qué voy a hacer allí si ya he leído los periódicos".
Frente a semejante sujeto (hoy en día desgraciadamente, en los grupos de hombres, suele haber más de uno) estamos los demás hombres. Si hiciésemos caso de la máxima que encabeza esta crítica, ni perderíamos nuestra dignidad ni se la haríamos perder a nuestras mujeres (ya se lo dice Kenny a Charlie: "Si te vas con otras mujeres ya nunca te sientes capaz de mirar a tu esposa frente a frente). Seríamos verdaderamente libres y nuestros errores serían sólo nuestros. Seguir al fantasma y figurón de turno es hacernos como él: un auténtico mierda. Todo está en nuestras manos. Todo depende de si nos dejamos manejar por el cretino de turno. Ya sé que no es fácil porque estamos rodeados pero... empieza a ser hora de amar y respetar a nuestras mujeres. Aunque no se lleve.
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